lunes, 8 de abril de 2024

Los presidentes y las primeras damas


La inestable situación en la que se encuentra en estos momentos el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez, empeora por momentos como consecuencia de las continuas noticias que están apareciendo sobre el tráfico de influencias de la propia Begoña Gómez a la hora de intermediar entre el gobierno y varias empresas privadas para que el ejecutivo que preside su marido concediese adjudicaciones a estas entidades. Esta semana se han publicados cartas firmadas por la propia mujer del presidente del gobierno a la hora de hacer de intermediaria en estas operaciones en plena pandemia. 

Unas operaciones en las que uno de los beneficiados por las adjudicaciones del gobierno fue un sujeto llamado Carlos Barrabés, que "casualmente" fue quien elaboró un máster en la Universidad Complutense de Madrid de la que la esposa del jefe del gobierno es la directora, sin tener siquiera la titulación para ello. Pero aquí no queda la cosa, ya que ayer se ha publicado una información en la que se hace mención a una subvención por parte del gobierno a una tal Begoña Gómez. Una subvención cuyos detalles el gobierno ha bloqueado sin dar más explicaciones. Llegados a este punto, y siguiendo la ironía que la izquierda hacía cuando se preguntaba quién era M. Rajoy en los papeles de Bárcenas, la pregunta que la oposición debería de hacerle al gobierno incesantemente es ¿Quién es Begoña Gómez?

Parece ser que la situación se le va complicando cada vez más a Sánchez y señora; y todo ello cuando parece que lo más gordo está aún por estallar. Eso sí, Feijóo no ve motivos para obligar a comparecer a Begoña Gómez en la comisión que el PP ha creado en el Senado, ya que según el líder de los populares "Ese no es su estilo de hacer política". Mientras tanto, el propio Sánchez ha acudido esta semana pasada al Valle de los Caídos para tirar nuevamente del comodín de Franco. Los vídeos y fotos del jefe del ejecutivo en el osario de la Basílica con los huesos y cráneos de los caídos allí enterrados es el culmen del surrealismo y de la desvergüenza y canallada más absoluta, unida a la falta de ética y moral de un sujeto que no duda en ningún momento en exponerse junto a restos humanos para hacerse fotos y reportajes con ellos, con el fin de sacar rédito electoral al volver a sacar el tema de la Guerra Civil, y de paso tapar el escándalo de corrupción que afecta a su mujer y a él mismo.

Está confirmado que Sánchez es un individuo que carece completamente de cualquier atisbo de moralidad y ética, y si para él es rentable electoralmente hacerse fotos y reportajes con huesos y cráneos humanos, ¿Qué no hará cuando se vea más acorralado? A estas alturas estoy completamente convencido de que, a unas malas y si la situación así lo aconsejase, Sánchez estaría dispuesto a follarse en vivo y en directo a un cerdo, como ocurre en el famoso episodio de la serie Black Mirror, donde el primer ministro británico se ve obligado a mantener relaciones sexuales con un cerdo, emitiéndose el abominable acto en directo por la televisión. Seguramente, y a diferencia del primer ministro de la serie, el propio Sánchez haría este acto por voluntad propia y con disposición plena, si viese que tal aberración le supondría quedarse un tiempo más en la Moncloa y/o le resultase beneficioso en términos electorales.

Basta recordar que sólo de la secretaría general del PSOE, Sánchez fue expulsado hace ocho años tras ser sorprendido metiendo votos con su nombre en una urna oculta y tras casi ser agredido por un miembro del sector de Susana Díaz. Si esto ocurrió siendo solamente Sánchez líder de la oposición, ¿Hasta qué punto llegaremos cuando se vea completamente acorralado y todo Dios le exija la dimisión? Cuidado con esto porque la cosa se va a poner más fea de lo que ya está. Y todo ello mientras tenemos la amnistía pendiente de aprobarse definitivamente el mes que viene, coincidiendo con las elecciones catalanas y el regreso de Puigdemont. La cosa va a reventar más pronto que tarde, y lo irónico de todo esto es que quizás sea lo que España necesita realmente para acabar cuanto antes con todo este caos. Ya he dicho en otras ocasiones que todos los presidentes se han ido por "la puerta grande", y Sánchez estoy convencido que será el que saldrá no ya por la puerta grande, sino por el Arco de Tito.

Por otra parte, y viendo lo que está ocurriendo y lo que está por ocurrir con respecto a Begoña Gómez, me he parado a pensar en otros casos ocurridos en las últimas décadas en España, donde la figura de "la primera dama" ha tenido también su repercusión con otros presidentes del gobierno. De los siete presidentes del gobierno que ha tenido España desde 1977, sólo tres presidentes han estado salpicados por el papel de sus respectivas mujeres en la política activa. Fueron los casos de Felipe González con Carmen Romero, José María Aznar con Ana Botella, y finalmente Pedro Sánchez con Begoña Gómez. Y es que aunque ninguna de las otras dos llegaron al límite que estamos presenciando con los actuales inquilinos de la Moncloa, creo que no está de más hacer un pequeño recordatorio de lo ocurrido en su día con los anteriores inquilinos del palacio presidencial.

En el caso de Felipe González con Carmen Romero podemos dividir su periodo en la Moncloa en dos fases: la primera de 1982 a 1988, años en los que el matrimonio no causó ningún escándalo ni polémica, ya que parece ser que Carmen Romero quería mantener una vida alejada de los focos y sin intervenir en política. La segunda fase ya es completamente distinta. Me refiero al periodo entre 1989 y 1996. Parece ser que a finales de la década de los ochenta, el propio Felipe González le fue infiel a su mujer con una de sus ministras, concretamente con la portavoz Rosa Conde. Y es que aunque los medios y el personal no airease en aquellos años de forma pública este escándalo, parece ser que en aquellos años fue vox populi la relación entre el presidente y su ministra. Una relación que parece ser que tenía su "nido de amor" en la propia Moncloa.

Sí, parece ser que una década antes de que estallase el Caso Lewinsky en Estados Unidos, aquí tuvimos también nuestro particular escándalo sexual en la presidencia del gobierno. Aunque nunca se habló de esto en los medios (Recordemos que estábamos en el cenit de la presidencia de González y en una España fervientemente felipista), los rumores corrieron como la polvora. Parece ser que fue entonces cuando Carmen Romero, tras verse humillada públicamente, exigió a su marido que le diese a cambio un cargo público (Quizás esta exigencia fuese la opción menos traumática, ya que lo contrario podría haber sido el divorcio).
 
Y aquí es donde viene el escándalo. Felipe González, tras siete años en el gobierno, convoca elecciones generales en octubre de 1989, colocando a su mujer como candidata a diputada por la provincia de Cádiz. Claro, uno ve este caso y se echa las manos a la cabeza. ¿En qué país de nuestro entorno se vería como algo natural que el presidente del gobierno coloque como diputada a su propia mujer? Aparte de ser un grave atentado contra la separación de poderes (En este caso el Poder Ejecutivo frente al Poder Legislativo), el caso suponía un escándalo mayúsculo, por mucho que algunos lo tapasen en aquellos años. Un presidente colocando a su señora de diputada para que le vote en el Parlamento los Proyectos de Ley, los Decretos-Ley, etc, a cambio de mantenerla contenta y callada tras serle infiel con una ministra de su gobierno. ¿Acaso alguien se imagina, por ejemplo, al entonces primer ministro británico, John Major, colocando a su esposa en la Cámara de los Comunes? Impensable. El caso más cercano lo encontramos en Bill Clinton y Hillary Clinton cuando, tras el escándalo Lewinsky, la primera dama estadounidenses decidió comenzar su propia carrera política como senadora tras dejar el matrimonio la Casa Blanca en 2001.

Pero a diferencia de los Clinton, los González-Romero estuvieron implicados activamente en política durante los últimos siete años de gobierno del líder socialista. Este caso es una clara muestra de cómo en España existen las dobles varas de medir. ¿Acaso alguien se imagina que Aznar hubiese colocado a Ana Botella como diputada siendo él aún jefe del gobierno? En cualquier país sensato lo ocurrido con el matriminio González-Romero hubiese supuesto casi con toda seguridad la dimisión del propio González como presidente del gobierno. Pero como ya he comentado anteriormente, España vivía en la etapa del felipismo y nadie osaba toser siquiera al entonces presidente. Buena prueba de ello es que, tras colocarla como candidata a diputada en 1989, González volvió a designar a su mujer como diputada en las elecciones generales de 1993 y 1996 (Las que finalmente perdió González contra Aznar). Desde 1989 hasta 1996 la presencia de Carmen Romero en política fue absolutamente activa; todo lo contrario de lo que había sido desde 1982 hasta 1988. Y es que sin duda alguna, unos cuernos lo cambian todo en un matrimonio, y en este caso también en la política española. Finalmente, y tras estar hasta el 2004 como diputada en el Congreso, Carmen Romero se convirtió en 2009 en eurodiputada por el PSOE, dando con ello el salto internacional a su carrera política y manteniéndose en el cargo hasta 2014.

Tras el paso de Felipe González y Carmen Romero por la Moncloa llegó el turno de José María Aznar y Ana Botella. Cuentan Juan Fernández Miranda y Javier Chicote en el polémico libro que salió hace unos tres años, "El jefe de los espías", que días antes de dejar el gobierno, González recibió a Aznar y Botella en Moncloa para enseñarles el palacio presidencial. La visita transcurrió con normalidad hasta que en un momento dado Ana Botella le preguntó a Felipe González dónde estaba la oficina y el personal de la esposa del presidente del gobierno, y si ésta tenía damas de honor. Parece ser que los Aznar-Botella creían que la Moncloa era el Palacio de Versalles y que ambos eran Luis XVI y María Antonieta. Surrealista. Sin embargo la cosa no hizo más que empezar, ya que Ana Botella ejerció durante toda la presidencia de su marido como si de la primera dama de España se tratase. Quizás en el caso de Ana Botella el término de primera dama se queda corto a la hora de referirse a ella, ya que la mujer de Aznar no ejerció sólo como tal, sino incluso como presidenta consorte. Un papel de presidentas consortes que en aquellos años ejercieron también Hillary Clinton en la Casa Blanca y Cherie Blair en Downing Street.

Buena prueba de ello fue un polémico viaje oficial que la propia Botella realizó sola a México en el año 2000 y en calidad de esposa del presidente del gobierno de España. Claro, estamos hablando de hace ya casi veinticinco años y las tornas eran las contrarias a las actuales. En aquel tiempo el PSOE, que se encontraba en la oposición, exigió al gobierno explicaciones sobre la polémica visita oficial de la mujer de Aznar, explicaciones que el gobierno del PP no ofreció. ¿Quién era la mujer de Aznar para hacer una visita oficial en nombre del gobierno español? Absolutamente nadie, ya que la esposa del presidente del gobierno de España no tiene ninguna autoridad para hacer ningún tipo de viaje nacional ni internacional en representación del Estado. Pero claro, era el año en el que comenzó la segunda legislatura de Aznar, donde el ex presidente, con su nueva mayoría absoluta, se creía el rey de España, y la propia Botella, a su vez, la reina consorte. Por aquel entonces las relaciones entre Zarzuela y Moncloa eran muy tensas y la actitud de Aznar y señora con los entonces reyes Juan Carlos y Sofía no eran precisamente las mejores. De hecho no fueron pocas las veces que hubo fallos de protocolo cuando la entonces pareja presidencial acudía a un acto acompañado de los actuales reyes eméritos.

Cabe decir también que en la visita a Cuba por la cumbre Iberoamericana de 1999 hubo ciertas tensiones, ya que Ana Botella quiso tener su propia agenda como "primera dama" junto al resto de las esposas de los mandatarios. Una agenda que no tenía cabida ya que oficialmente, y aunque no es reconocida oficialmente como tal, la figura de la primera dama en España corresponde en todo caso a la reina consorte, no a la esposa del presidente del gobierno. Un suceso muy similar tuvo lugar hace un par de años en plena cumbre de la OTAN en Madrid, cuando Begoña Gómez quiso ejercer de primera dama, desplazando a Letizia. Una intención que no acabó en buen puerto, ya que parece ser que la mujer de Sánchez recibió un aviso por parte de Zarzuela para dejar claro quién debía ejercer las funciones de primera dama en aquella Cumbre celebrada en 2022.

El paso de Aznar y Botella fue la antesala de lo que ocurriría a partir de 2018 con Pedro Sánchez y Begoña Gómez. El culmen del desprecio de los Aznar-Botella hacia Juan Carlos y Sofía tuvo lugar en la polémica boda de su hija en El Escorial en el año 2002, cuando la pareja presidencial invitó a los por entonces reyes a una boda en la que los padres de la novia quisieron otorgar al enlace matrimonial de su hija el carácter de una boda real. En el 2003, justo un año antes de abandonar su marido la Moncloa, Ana Botella fue fichada por Alberto Ruiz Gallardón para ir en las listas al Ayuntamiento de Madrid. De esta forma, y siguiendo los pasos de su predecesora, Carmen Romero, Ana Botella daba inicio a su propia carrera política. Durante ocho años ejerció de teniente de alcalde del Ayuntamiento madrileño, hasta que en 2011 se acabó convirtiendo en alcaldesa de Madrid, iniciando un mandato que fue todo un fracaso y que finalizó con su renuncia a competir para un segundo mandato en 2015.

Como se puede ver, tanto el paso por la Moncloa de Carmen Romero como de Ana Botella no se caracterizaron precisamente por su discrecionalidad. Ambas ejercieron un papel activo en política durante los mandatos de sus respectivos maridos y quisieron despegar por libre tras la retirada política de sus conyugues. De momento no se tiene constancia de que Begoña Gómez quiera dar su propio salto a la política tras su periodo como primera dama de la Moncloa. Eso sí, todo parece indicar que va a tener el mérito de ser la causa de la salida de su marido del gobierno, que no es poco y que sin duda marcará todo un precedente en la política española. Quizás por ahora sólo quiera seguir dedicándose al tráfico de influencias junto a su marido, pero quién sabe si el día de mañana Begoña Gómez no decide seguir los pasos de sus predecesoras e iniciar por su cuenta su propia carrera política. Lo que está claro es que tanto Carmen Romero hace treinta años, como Ana Botella hace veinticinco y Begoña Gómez en la actualidad han sido "primeras damas" que sin lugar a dudas han marcado las presidencias de sus respectivos maridos a través de la polémica, los escándalos y la presencia activa de las tres en la política. 

martes, 2 de abril de 2024

Lincoln y Kennedy: Dos asesinatos históricos


Si hace un mes escribí en este blog sobre uno de los asesinatos más relevantes de la Historia, como fue el asesinato de Julio César en los idus de marzo, hoy escribo sobre los asesinatos de dos personajes relevantes cuyas vidas y muertes cambiaron respectivamente la Historia del siglo XIX y del siglo XX. El 22 de noviembre del año pasado se cumplieron sesenta años del asesinato de John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963. Un acontecimiento trascendental de la Historia del siglo XX que cambió por completo los acontecimientos que tuvieron lugar tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo desde entonces. Por otro lado, en este mes de abril se cumplen ciento cincuenta y nueve años del asesinato de otro presidente de Estados Unidos: Abraham Lincoln, el cual fue asesinado el 14 de abril de 1865 y ejerció como presidente desde 1861 hasta su asesinato en 1865. Un siglo justo separan la vida de estos dos hombres, cuyos gobiernos y asesinatos cambiaron el curso de la Historia.

De sobra son conocidas las similitudes que siempre han circulado en torno a Lincoln y Kennedy: ambos fueron elegidos presidentes de EEUU justo con un siglo de diferencia: Lincoln en 1860 y Kennedy en 1960; ambos fueron asesinados un viernes, con un siglo de diferencia mientras ejercian de presidentes y con un tiro en la cabeza estando en presencia de sus respectivas esposas; sus presuntos asesinos fueron asesinados poco después de los respectivos magnicidios sin llegar a ser siquiera juzgados; ambos presidentes perdieron un hijo durante sus respectivos mandatos; ambos presidentes fueron sucedidos por sus respectivos vicepresidentes, los cuales se apellidaban Johnson, nacidos ambos con un siglo de diferencia: Andrew Johnson en 1808 y Lyndon B. Johnson en 1908. Y como estos hay un sinfín de extrañas coincidencias entre ambos mandatarios. 

No hay duda de que tanto la sombra de Lincoln como la de Kennedy es alargada, pero también es cierto, en mi opinión, que la leyenda de ambos en la Historia se ha sobrevalorado en cierta forma por el hecho de haber sido asesinados los dos mandatarios mientras estaban en la Casa Blanca. No se puede negar, por supuesto, que ambos presidentes vivieron momentos históricos, sobre todo Lincoln, que fue presidente de EEUU en plena Guerra Civil Estadounidense. Pero quizás si no hubiesen sido asesinados, sus respectivas leyendas habrían sido quizás algo menos profundas. 

En el caso de Lincoln considero que quizás su ferviente interés en aprobar la decimotercera enmienda fue más por cuestiones económico-industriales que por cuestiones morales. No digo yo con esto que no hubiese algún interés moral en ello, que probablemente lo habría también, pero tampoco se puede excluir de esta decisión las transformaciones tanto económicas como industriales que tanto EEUU como el resto de países avanzados habían experimentado a lo largo del siglo XIX y el peso que este factor tuvo en Lincoln a la hora de abolir la esclavitud. De hecho la Proclamación de Emancipación provocó la liberación inmediata de los esclavos negros solo en las zonas del sur, que por aquel entonces, y de la mano del demócrata Jefferson Davis, ya se habían independizado de EEUU, formando los Estados Confederados de América. 

De este modo hay quienes consideran que no solo había ya intereses morales, económicos e industriales de por medio a la hora de abolir la esclavitud en 1862, sino intereses militares y políticos, ya que con la Proclamación de Emancipación que solo se hizo efectiva en un primer momento hacia los esclavos del sur, el debilitamiento militar y político que esta medida provocaría en el sur en mitad de la Guerra de Secesión desencadenaría como resultado la posterior derrota de los Estados Confederados, como así ocurrío en abril de 1865, apenas unos días antes del asesinato de Lincoln. Solo tras la ratificación de la decimotercera enmienda en diciembre de 1865, ocho meses después de la muerte de Lincoln y ya con Andrew Johnson como presidente y una vez efectuada la reunifiación entre los Estados del norte y del sur, fue cuando la esclavitud se prohibió definitivamente en todo el país, incluído los Estados industrializados del norte. 

Aun así los efectos de la guerra, la fragmentación de EEUU durante el conflicto y la liberación de los esclavos tuvieron sus consecuencias incluso después del asesinato de Abraham Lincoln. La reconstrucción y reunificación del país tardó años en dar sus frutos, y la liberación de esclavos tuvo como resultado inmediato la creación de grupos como el Ku Klux Klan por parte de los demócratas del sur. Sí, aunque Biden, Obama, Carter, los Clinton y todos los progres de hoy en día no quieran aceptarlo e intentan tapar este hecho, lo cierto es que la creación de uno de los grupos racistas más relevantes de la Historia tuvo lugar dentro del Partido Demócrata. 

Seguramente si hubiese sido creado dentro del Partido Republicano, éste habría sido ya ilegalizado hace décadas. Pero por ironías de la vida el partido que hoy en día es considerado como racista y ultraconservador fue el que abolió la esclavitud, mientras que el denominado hoy en día partido progresista y defensor de las minorías fue el que más se opuso a esta medida, hasta el punto de que fueron los propios demócratas los que proclamaron la independencia de los Estados del sur antes que aceptar la abolición propuesta por Lincoln, creando con ello los Estados Confederados, que existieron desde su independencia en 1861 hasta su reintegración en la Unión en 1865. 

Debo añadir que gran parte de este periodo es descrito perfectamente por Margaret Mitchell en la obra que posteriormente sería llevada al cine y que es para mí sin duda alguna la mejor película que ha dado la historia cinematográfica: "Lo que el viento se llevó". Obviamente, y como es sabido por todos, tanto la novela como la película protagonizada por los personajes carismáticos y magníficos de Scarlett O'Hara y Rhett Buttler narran los sucesos históricos de la Guerra Civil Estadounidense, la esclavitud y posterior liberación de los negros, los Estados Confederados, la creación de los Ku Klux Klan, la reunificación y el escenario posterior a la guerra desde el punto de vista de las clases altas del sur.

Volviendo al asesinato de Lincoln debo decir que, a pesar de que siempre han circulado teorías de la conspiración en torno a su magnicidio, todo el mundo coincide en que hubo un solo asesino: John Wilkes Booth, el cual disparó a Lincoln en la cabeza mientras éste se encontraba con su esposa, Mary Todd Lincoln, en el teatro. Tras dispararle, el asesino saltó hacia el escenario del teatro y gritó una frase que se atribuye a Marco Junio Bruto tras dar muerte a Julio César en los idus de marzo: "Así siempre con los tiranos". Otras versiones indican que el asesino gritó "El sur ha sido vengado". Aunque el magnicidio contra Lincoln se produjo en la noche del 14 de abril, no fue hasta la madrugada del 15 de abril cuando el presidente falleció a causa de las heridas del disparo. Finalmente Wilkes fue abatido el 26 de abril tras fugarse y permanecer oculto durante casi dos semanas tras el asesinato contra Lincoln.

El mismo día 15 de abril, el vicepresidente Andrew Johnson juró como nuevo presidente de EEUU e inició con ello una presidencia que no estuvo exenta de polémicas. Cabe añadir que Johnson se convirtió en presidente solo un mes después de tomar posesión como vicepresidente, ya que su antecesor en la vicepresidencia durante el primer mandato de Lincoln, Hannibal Hamlin, fue reemplazado en favor de Johnson por el propio Abraham Lincoln cuando el presidente se presentó a la reelección en 1864. Una situación la de Johnson que también la vivieron posteriormente vicepresidentes como Harry S. Truman o Gerald Ford, que de forma inesperada tomaron posesión de la presidencia poco tiempo después de reemplazar a sus antecesores en la vicepresidencia. 

Debido a su militancia en el Partido Demócrata (Lincoln lo eligió como vicepresidente a pesar de ser del partido rival para salvaguardar los intereses del país en aquel contexto bélico), el propio Johnson no era tan excesivamente partidario de la abolición de la esclavitud y de la concesión de derechos a los negros como sí lo era Lincoln y el que posteriormente sería su sucesor en la presidencia: el general Ulysses S. Grant. Su veto a las leyes que le concedían derechos a los negros (lo cual le enfrentó en varias ocasiones con el Congreso republicano), sumado a otros escándalos producidos durante su mandato, acabaron por llevarle a un impeachment del cual salió airoso por los pelos en febrero de 1868, un año antes de dejar la presidencia. 

Esto me lleva a una hipótesis bastante interesante y profunda: ¿Fue realmente el asesinato de Lincoln un acto perpetrado de forma aislada por Booth o fue un asesinato donde había más personajes implicados con el fin de evitar las reformas que el presidente ya tenía previsto poner en marcha, una vez acabada la guerra? Es demasiada casualidad que Lincoln (republicano) ganase la reelección a la presidencia pero optase por Johnson (demócrata) como vicepresidente y luego éste último asumiese, contra todo pronóstico, la presidencia. Con la eliminación del presidente republicano, los demócratas volvían de la mano de Johnson a la presidencia pese a haber perdido éstos solo cinco meses antes las elecciones de 1864 con George Brinton McClellan como candidato. Johnson fue de hecho un presidente que frenó en seco y obstaculizó las reformas republicanas que iban encaminadas a la obtencion de derechos por parte de los negros, lo cual refuerza la idea de que pudo haber algo más que un solo actor implicado en la muerte de Lincoln y que dicho asesinato fuese producto de una operación política para minimizar los efectos políticos y legislativos que iban a producirse en Estados Unidos una vez finalizada la guerra. 

Fue el primer presidente en ser sometido a un impeachment y en el que durante su mandato se le compró a Rusia el Estado de Alaska por algo más de 7 millones de dólares en el año 1867, poco antes de que su partido le diera la espalda y no lo nominase de nuevo a la presidencia en favor del general Grant (el cual fue el gran aliado militar y la mano derecha de Lincoln durante la guerra). Tras las elecciones de 1868 en las que Grant resultó elegido presidente, el militar culminó el proceso de reconstrucción iniciado tras la guerra, pero en 1877 y tras ocho años en la Casa Blanca, acabó dejando la presidencia en medio de escándalos y casos de corrupción en su propio gobierno. 

Justo un siglo después llegaría contra todo pronóstico a la Casa Blanca un tipo de clase alta y con fama de mujeriego llamado John Fitzgerald Kennedy. La presidencia de Kennedy, al igual que la de Lincoln, se produjo en un periodo verdaderamente tenso. Al llegar a la Casa Blanca en enero de 1961, EEUU y la Unión Soviética se encontraban en el punto más álgido de la Guerra Fría. Su fracaso a la hora de invadir Cuba a través de la Operación Bahía de Cochinos y su posterior renuncia a intervenir en la isla le llevó a crearse un número considerable de enemigos poderosos, los cuales no le perdonaron nunca que dejase tirada a Cuba en favor de Fidel Castro. Pero si hubo algo por lo que Kennedy ha pasado a la Historia es por la gestión prudente que hizo durante la crisis de los misiles en octubre de 1962. Su negativa a iniciar un conflicto bélico contra los rusos provocó que los altos mandos del Pentágono (los cuales estaban deseosos de enfrentarse a la Unión Soviética) se sumasen también a la ya amplia lista de enemigos de Kennedy.

A menudo me he preguntado qué habría ocurrido de haber sido Richard Nixon o el propio Lyndon B. Johnson los que hubiesen estado en la presidencia en el momento de la Operación de Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles. Es difícil predecir qué habría ocurrido, pero probablemente con Johnson la tensión hubiese ido a más tanto en Bahía de Cochinos como en la crisis de los misiles de Cuba. Solo hay que ver la forma tan cruda con la que gestionó el sucesor de Kennedy la guerra de Vietnam para hacernos una idea de cómo habría gestionado los escenarios a los que se enfrentó su predecesor. 

En otros tiempos he pensado, y de hecho por aquí lo he escrito en otras ocasiones, que quizás con Nixon la respuesta por parte de EEUU tanto en Bahía de Cochinos como en la crisis de los misiles habría sido más dura que la de Kennedy. Pero analizando detenidamente su presidencia y el modo en el que llevó a cabo sus relaciones con la Rusia de Brezhnev y la China de Mao, y la pasividad con la que trató la cuestión de Cuba durante su periodo en la Casa Blanca me hace creer que probablemente su respuesta nos habría sorprendido. No hay que olvidar que la figura de Nixon ha sido dilapidada constantemente en estos cincuenta años, con lo cual es posible que su gestión hubiese probablamente diferente a la que algunos creen que habría llevado a cabo de estar en el pellejo de Kennedy. 

Ni tampoco hay que olvidar que los presidentes que más guerras han ocasionado a lo largo de sus mandatos han sido precisamente presidentes demócratas (Wilson en la Primera Guerra Mundial, Roosevelt en la II Guerra Mundial, Truman en los bombardeos nucleares de Iroshima y Anasaki y en la guerra de Corea, el propio Kennedy y especialmente Johnson en la guerra de Vietnam, Carter en la guerra de Afganistán, Clinton en Irak y Yugoslavia, Obama en Libia y/o Biden en Ucrania). Con esto no quiero decir que los presidentes republicanos hayan sido pacíficos, ni mucho menos (solo hay que recordar la prolongación de la guerra de Vietnam con Nixon, los bombardeos de Reagan sobre Libia y las respectivas guerras en Irak con Bush padre y Bush hijo), pero sí está bien recordar que los presidentes demócratas (esos mismos que han quedado en la prensa y en la Historia como seres de paz) han sido sin embargo los mandatarios estadounidenses que más atrocidades han llevado a cabo a lo largo y ancho del mundo durante las respectivas estancias de todos ellos en la Casa Blanca. 

Volviendo a Kennedy debo decir que, a pesar de sus luces, también tuvo sus sombras. Ya en mayo de 2017 hablé sobre lo sobrevalorada que está su figura en la Historia. A pesar de ser conocido por su firme determinación a la hora de llevar a cabo la reforma de los derechos civiles (la cual acabó aprobando finalmente Johnson en 1964), no hay que olvidar que fue con John F. Kennedy cuando EEUU intervino plenamente en la Guerra de Vietnam. De hecho, Kennedy y la CIA planearon llevar a cabo un golpe de Estado en Vietnam del Sur contra su presidente, Ngo Dinh Diem, el cual fue asesinado "casualmente" días antes del asesinato del propio Kennedy. Por otro lado hay que añadir que aunque hay documentos que demuestran que Kennedy planeaba retirar para el año 1964 de Vietnam los soldados que él mismo había enviado previamente, su asesinato en Dallas cambió por completo esos planes, prolongándose primero con Johnson y luego con Nixon la permanencia de EEUU en la guerra hasta los años setenta. 

Otra cuestión que hay que destacar del propio Kennedy y que nunca suele debatirse es el papel que tuvo junto con su hermano Robert (el cual también sería brutalmente asesinado cuando se postulaba para la presidencia en 1968) en la extraña e inesperada muerte de Marilyn Monroe, la cual había sido amante de los dos hermanos. La intervención de ambos siempre ha estado sobrevolando la misteriosa muerte de la actriz, quien teóricamente había amenazado a los Kennedy con airear sus trapos sucios en 1962. Esa amenaza obviamente nunca se cumplió, ya que la actriz fue encontrada muerta en su domicilio de Los Ángeles el 4 de agosto de 1962 como consecuencia de una sobredosis, según la auptosia oficial. Su muerte se produjo poco después de la amenaza que la actriz había realizado a los hermanos Kennedy. Otras teorías apuntan a la intervención de la mafia. Sea como fuere, la sombra de los Kennedy en esta muerte es algo que después de sesenta años sigue siendo una teoría bastante extendida y creíble por parte de la gente.

Y ya centrándome en lo que respecta al asesinato de Kennedy debo decir que, a diferencia del asesinato de Lincoln, su magnicidio sí ha estado marcado durante estos sesenta años por las teorías de la conspiración, y no es para menos. Aunque el único y oficial asesino fue Lee Harvey Oswald, lo cierto es que las múltiples tesis sobre su asesinato apuntan a diversos frentes: desde el régimen comunista de Fidel Castro hasta la propia CIA, pasando por el FBI de John Edgar Hoover (enemigo acérrimo de los Kennedy); el propio Lyndon Johnson, que fue el gran beneficiario del magnicidio al convertirse en presidente cuando algunas voces apuntaban a que Kennedy iba a prescindir de él para un segundo mandato como vicepresidente; La Reserva Federal; los altos mandos del Pentágono; o incluso el propio Richard Nixon habría sido uno de los implicados en una trama que abarcaría a un gran cúmulo de personas que deseaban eliminar a Kennedy cuanto antes. Sea quien fuese estoy seguro que nunca se sabrá la verdad. 

Después de sesenta años, el asesinato del presidente demócrata sigue siendo un enigma, y todo parece indicar que seguirá siéndolo por muchos años más, a falta de que algún día se desclasifiquen los documentos oficiales. No sé si Oswald pudo estar en cierta forma relacionado con el magnicidio, pero lo que es obvio es que él no fue quien acabó con la vida del presidente estadounidense. Oswald sería asesinado solo dos días después del asesinato de Kennedy sin ser siquiera juzgado por el magnicidio. Poco antes de su asesinato alegó ser un chivo expiatorio en todo aquello. Su misterioso asesinato delante de todas las cámaras evitó que el único acusado pudiese hablar en juicio y explicar quiénes estaban detrás del asesinato. De esta forma y con el carpetazo dado por la Comisión Warren (la cual respaldó la versión oficial de que solo Oswald fue quien fraguó y ejecutó el atentado) se cerró definitivamente la investigación sobre la muerte del presidente.

Después del asesinato de Kennedy, Johnson juraría el cargo como nuevo presidente de EEUU el mismo día del magnicidio, el 22 de noviembre de 1963, en presencia de la viuda del presidente, Jacqueline Kennedy, y a bordo del Air Force One. Tras su juramento, Johnson incrementó aún más el envío de soldados y con ello la intervención de EEUU en la Guerra de Vietnam. A pesar de ser él quien firmó en 1964 la ley primordial de Kennedy, la Ley de Derechos Civiles, y posteriormente la Ley del Derecho al Voto en 1965, Vietnam y la división racial en EEUU acabó con él y con su presidencia. 

A pesar de ser reelegido presidente en 1964 tras comenzar su mandato un año antes como consecuencia del asesinato de Kennedy, en 1968 decidió retirarse de la política y rechazó presentarse a las elecciones de 1968. Unas elecciones que acabó ganándolas con ocho años de retraso Richard Nixon, el cual perdió contra todo pronóstico frente a Kennedy en 1960. Nixon hereda entonces una situación al límite, la cual empeoraría durante su mandato. A pesar de sus promesas electorales de sacar a EEUU de la guerra que habían iniciado los demócratas, el republicano optó, una vez en el poder, por prolongar la Guerra de Vietnam, lo cual provocó un empeoramiento de la tensión social que ya existía en EEUU desde la presidencia de Johnson. 

Finalmente, y con cuatro años de retraso y miles de soldados muertos por el camino, Nixon saca las tropas americanas de Vietnam en enero de 1973, tras comenzar su segundo mandato. Pero a pesar de mejorar las relaciones con la Unión Soviética de Brezneh y la China de Mao, los papeles del Pentágono primero y posteriormente el estallido del caso Watergate acaban con su presidencia, lo que le obliga a dimitir en agosto de 1974, siendo el primer presidente de EEUU en hacerlo. Tras su salida forzosa de la Casa Blanca le sustituyó su vicepresidente Gerald Ford, el cual perdonó a su antecesor por su implicación en el Watergate. Ese perdón le costaría la presidencia a Ford en las elecciones de 1976 en favor de Jimmy Carter, con el cual EEUU empezó a dejar atrás la etapa convulsa que se originó tras el asesinato de Kennedy. Una etapa turbulenta que quedaría cerrada definitivamente con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca en 1981, veinte años después de la llegada de Kennedy al Despacho Oval.

Como se puede ver, las presidencias y asesinatos de Abraham Lincoln y John F. Kennedy son historias paralelas en las que se encierran dos de los muchos periodos tensos y controvertidos que ha vivido EEUU a lo largo de su historia. Aunque algunos quieren hacerlo creer, ninguno de los dos fueron realmente unos angelitos ni mucho menos sujetos que supusieron un grave peligro para el sistema. Fueron líderes que gobernaron en épocas difíciles y que de forma trágica pagaron su precio por gestionar los complicados momentos que les tocaron lidiar. 

Aunque la historia y legado de ambos ya están escritos, es casi seguro que aun no sabemos toda la verdad sobre las vidas de estos dos relevantes presidentes, ni seguramente la sabremos nunca. Sobre Lincoln se han hablado muchas cosas, incluso de su pertenencia a la masonería, algo que nunca se ha confirmado oficialmente, ya que seguramente este hecho dañaría de forma póstuma la imagen y prestigio del presidente que gobernó durante la fragmentación de EEUU y la Guerra de Secesión, y quizás sacaría a la luz su lado más oscuro y el verdadero motivo de algunas de sus decisiones durante su mandato.
 
De Kennedy tampoco lo sabemos todo de su controvertida y lujosa vida (no hay que olvidar que pertenecía a una familia de la alta élite política estadounidense), ni sobre todo de su polémica muerte. Seguramente, si algún día se desclasificasen documentos tanto de la presidencia de Kennedy como de su asesinato, quizás el mito que rodea al presidente demócrata podría engrandecerse aún más o caerse de lleno directamente. Por eso probablemente esos documentos nunca lleguen a ver la luz, y si así fuese será cuando haya pasado el tiempo suficiente como para que las generaciones que vivieron aquellos convulsos años de los sesenta y setenta no varíen su opinión sobre un presidente elitista y mujeriego que, como consecuencia de su impactante asesinato, acabó convirtiéndose, al igual que Lincoln, en un mártir. Lo que es un hecho es que tanto el presidente Abraham Lincoln como el presidente John F. Kennedy son un mito y un referente para muchos, y eso es algo que, sin lugar a dudas, forma ya parte de la historia de EEUU y del mundo. 

domingo, 17 de marzo de 2024

Eduardo VIII: Una abdicación política


Debido a toda la polémica que lleva rodeando a la familia real británica desde comienzos de año (los rumores de divorcio inminente entre los príncipes de Gales, el extraño caso que rodea el estado de salud de la propia Kate Middleton, la enfermedad del rey Carlos III, etc) he estado reflexionando sobre un caso que nunca he comentado en este blog y que afecta directamente a los Windsor. Me refiero al caso de la polémica y controvertida abdicación del rey Eduardo VIII en diciembre de 1936. Un caso bastante extraño y enigmático del cual los británicos, y en especial la propia familia real británica, prefieren pasar por alto y no hacer mucho hincapié sobre este asunto.

Y es que los ingleses no son muy dados a airear los sucesos de la Historia que no le son favorables. Un ejemplo de ello es cómo la Historia ha tapado, o infravalorado en cierta forma, la Revolución Inglesa de 1642, la cual acabaría temporalmente con la Monarquía de Carlos I (el cual fue decapitado) y la posterior instauración de la República con Oliver Cromwell como Lord Protector. Una historia que ya comenté en marzo de 2018 y que al recordarla aprovecho para reafirmarme en que para los británicos les resulta más útil meter debajo de la alfombra los sucesos históricos que no le son propicios. Obviamente los que sí le son favorables no tardan en extenderlos por todo el mundo, como es la figura de Winston Churchill, la gloria del Imperio Británico con la reina Victoria a la cabeza, la propia victoria de Reino Unido sobre las potencias del Eje en la II Guerra Mundial, etc.

Sin embargo sobre la historia de Eduardo VIII y su abdicación se ha hablado, sí, pero siempre de una forma un tanto edulcorada. En estos casi noventa años que han transcurrido desde la abdicación se ha venido diciendo que los motivos por los que el joven y controvertido rey renunció al trono británico, y de esta forma a la Jefatura del Estado de una quincena de países más, no fue otro que el hecho de que el monarca (el cual ya tenía fama de mujeriego desde sus años como príncipe de Gales) quería casarse con su por entonces amante, la americana Wallis Simpson. Una mujer de reputación bastante dudosa, la cual se había divorciado en dos ocasiones de los dos matrimonios que había tenido anteriormente y que, a pesar de su nulo atractivo físico, gozaba de una fama sexual bastante extendida.

Obviamente este no era el tipo de mujer que la Casa Real británica, ni la Iglesia anglosajona, ni el gobierno británico ni el propio Reino Unido, así como los países y gobiernos de los demás países bajo el dominio de la Corona inglesa querían como reina consorte del todavía Imperio Británico. Lo demás ya es conocido por todos: la Casa Real, los distintos gobiernos de los distintos países de la Corona liderados por el gobierno británico y la Iglesia Anglicana presionó para que Eduardo renunciase a casarse con Simpson o directamente abdicase, optando el monarca inglés por este último escenario tras solo doce meses de su proclamación como rey en enero de 1936.

Hasta aquí la versión oficial, pero ¿Y si no es verdad lo que nos han contado? No hay que olvidar que estamos hablando de la Monarquía británica. Una Monarquía que por entonces era, y sigue siendo en la actualidad, una institución que ejerce la Jefatura del Estado de quince países. Una cuarta parte del mundo regida por una familia y por su titular, el cual por muy reducidos poderes que tenga no deja de ser un Jefe de Estado de gran relevancia mundial, a la altura de los presidentes de Estados Unidos, Rusia, China o incluso el propio Papa. La Corona británica es pues una institución muy importante a nivel mundial, la cual no es solo pomposidad y simbolismo, sino una institución de altísimo nivel que juega un papel importante en la escena política internacional, a pesar de su mera y aparente figura representativa y simbólica.

De siempre se rumoreó que la abdicación de Eduardo VIII vino influenciada por las relaciones de éste con el régimen nacionalsocialista de Hitler. No es ningún secreto que el monarca británico sentía simpatía por el führer alemán, al cual definió como "un buen tipo", y que incluso se identificó como simpatizante del movimiento nazi. De hecho la propia Wallis Simpson también tenía una relación estrecha con altos dirigentes del nazismo. El propio Adolf Hitler llegó a decir tras una visita de Eduardo y Wallis al líder alemán tras la abdicación del monarca británico, que la propia Simpson "habría sido una gran reina para Inglaterra". Esto, sumado a las fotografías de la pareja real con el dictador alemán y la declaraciones sobre éste por parte del monarca y la propia Simpson, hicieron que la familia real británica y Downing Street vetase la presencia de ambos en Reino Unido.

La abdicación de diciembre de 1936 es pues el desenlace de una situación que ya venía arrastrándose desde hacía tiempo. En mi opinión lo que acaba con el reinado de Eduardo VIII no es ni muchísimo menos el caso Simpson, sino las simpatías que el propio monarca sentía hacia el nacionalsocialismo alemán. En 1936, Hitler ya era una amenaza para los países de Europa, y el hecho de tener a un Jefe del Estado británico aliado de la causa nazi era inimaginable para el sistema británico. Si Eduardo no hubiese abdicado y la II Guerra Mundial hubiese estallado con él al frente del trono, quizás la postura desde Buckingman hubiese sido la de posicionarse al lado de Alemania, lo cual hubiese creado un conflicto geopolítico de grandes dimensiones con respecto a los Aliados y el posterior transcurso y desenlace de la guerra. Había pues muchísimo en juego y el establishment anglosajón no podía permitir que la democracia liberal, la Monarquía británica, y con ello el resto de países bajo su dominio, se posicionasen al lado de un régimen totalitario.

Es pues cuando se pone en marcha la operación para forzar la abdicación del rey, y el caso Simpson les viene a algunos como anillo al dedo a la hora de exponerlo como excusa para que el rey abdique. El monarca británico, desde el Acta de Supremacía en tiempos de Enrique VIII, era, y sigue siendo a día de hoy, el Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra, por lo que un matrimonio entre él y una divorciada no estaba bien visto. Esta fue la excusa perfecta que públicamente el gobierno del entonces primer ministro, Stanley Baldwin, afirmó sobre la conveniencia de que el rey renunciase al trono si quería seguir adelante en su relación con Wallis Simpson. 

Una Wallis Simpson que siempre se rumoreó (aunque nunca se llegó a confirmar) que era en realidad una espía secreta de la Alemania nazi, de ahí sus simpatías hacia el régimen de Hitler, lo cual oscurese aún más este asunto, ya que de haberse casado Eduardo VIII con Wallis Simpson en 1936 estaríamos hablando de una boda protagonizada por un monarca nazi y una espía secreta del nacionalsocialismo alemán. Este caso es, insisto, mucho más turbio de lo que siempre se ha comentado. No estamos hablando de una renuncia por amor, sino de una renuncia en la que había intereses políticos internacionales de por medio. De ahí la urgencia por parte del gobierno británico y de toda la clase política, económica, financiera, eclesiástica, etc por sacar cuanto antes al monarca del trono. 

Tras la abdicación en diciembre de 1936, Eduardo y Wallis Simpson sí pudieron casarse finalmente en 1937, pero ya alejado el ex monarca de la primera línea política y convertido en duque de Windsor por su hermano y sucesor, el rey Jorge VI (el famoso e inesperado rey tartamudo y padre de Isabel II). Eso no impidió que la pareja real siguiese manteniendo relaciones con Hitler y los demás altos cargos del Reich Alemán. De hecho fue el propio Hitler el que tras la abdicación diseñó un plan llamado "Operación Willi" con el objetivo de invadir Reino Unido y reinstaurar a Eduardo VIII como rey de Inglaterra bajo un régimen nazi, convirtiendo de esta forma a las islas británicas en un Estado satélite de la Alemania nacionalsocialista con el propio Eduardo como rey títere impuesto desde Berlín. Un plan con el que obviamente tanto el ex monarca británico como su mujer estaban de acuerdo.

Es por eso que ya en 1940, cuatro años después de la abdicación, el primer ministro Churchill y el rey Jorge VI, deciden mandar al duque de Windsor a las Bahamas como gobernador general (un cargo en donde el gobernador ejerce la representación del rey en ese territorio y asume allí las funciones propias del Jefe del Estado). Era la primera vez en la Historia que un ex rey británico que había abdicado era enviado posteriormente como gobernador y representante de su sucesor a una de sus colonias. Una colonía, en este caso la de las Bahamas, que no fue elegida por Buckingman y Downing Street al azar, ya que este territorio era uno de los que geográficamente se ubicaban más alejados de la Metrópolis londinense. 

De esta forma el rey Jorge VI y el primer ministro, Winston Churchill, querían mantener lo más alejado posible al ex monarca de Londres por si finalmente Hitler invadía Reino Unido y lo reinstauraba a éste en el trono. Solo un mes antes de la caída de Hitler en 1945 y viendo con ello que su regreso a Buckingman era ya imposible, Eduardo (el cual nunca guardó gran recuerdo de las Bahamas y de sus años al frente de las islas) renunció como gobernador general ese mismo año y se exilió junto con Wallis Simpson en Francia, donde acabaría falleciendo en 1972, proscrito por la familia real británica y dilapidado por la abdicación y sus simpatías con el régimen nazi. Al morir su tío, su sobrina, la reina Isabel II, dió su autorización para que Eduardo fuese enterrado en Windsor, pero sin funerales de Estados propios de un monarca.

De esta forma acaba una historia que, en mi opinión, no es la que nos han contado, ya que lo ocurrido en 1936 no fue el desenlace que tiene su origen en una historia de amor, sino que tiene un claro trasfondo político en todo esto. De haber sido así, ¿Por qué no se prohibió en 2005 el matrimonio entre los actuales reyes, Carlos y Camilla? El rey de Inglaterra sigue siendo el Jefe Supremo de la Iglesia, y aunque ya han pasado unas cuantas décadas de aquello, un rey no debería casarse con una mujer divorciada, ya sea Wallis Simpson, ya sea Camilla Parker Bowles. Y tampoco debe ser una excusa que el escenario del año 1936 no era el mismo que el del año 2005, ya que si por algo se caracteriza la Monarquía británica es por sus férreos principios y tradiciones.

En definitiva, esta historia fue la de un monarca que se vio forzado a dejar el poder como consecuencia de sus relaciones especiales con la Alemania de Hitler, algo que los ingleses prefieren no hondar en ello, como tampoco le gustan hacerlo con el gobierno pasivo de Neville Chamberlain y su tratado de paz con Hitler y Mussolini en 1937. El rey Jorge V, padre de Eduardo VIII y Jorge VI, afirmó que su hijo acabaría con la Monarquía británica en doce meses, el mismo tiempo que el polémico monarca estuvo en el trono. ¿Cómo habría sido la Historia de no haber abdicado? No lo sé, pero con toda seguridad la historia de la Monarquía británica, la de la II Guerra Mundial, la del propio Reino Unido y la del resto del mundo habría sido completamente distinta a la que finalmente se produjo.

sábado, 16 de marzo de 2024

La cabeza del rey Don Pedro


En Sevilla tenemos una calle en pleno casco histórico que se llama "Cabeza del rey Don Pedro". Este nombre viene dado por una curiosa leyenda situada en el centro de la ciudad durante el reinado de Pedro I "el justiciero". Según cuenta la leyenda, el rey Don Pedro retó a un duelo a un reconocido noble, el cual era enemigo suyo, teniendo lugar dicha lucha en una calle del casco histórico a plena noche. Pedro I dio muerte a su contrincante, pero he aquí que una señora que vivía en esa misma calle se asomó para ver lo que sucedía. Ésta, tras ver lo ocurrido se lo contó a un conocido suyo.

Mientras tanto, el asesinato se supo de forma inminente entre los sevillanos, llegando a oídos del padre del asesinado, el cual le pidió explicaciones al rey. El monarca, al recibirlo en audiencia, le prometió que si descubría al asesino de su hijo mandaría colgar su cabeza en un nicho en el mismo lugar del asesinato. El rey, creyendo sobradamente que la cosa no iba a llevar a ningún lado, emitió un dictamen en el que ofrecía una recompensa al que encontrase al individuo que había asesinado al noble. De esta forma el individuo que había escuchado a través de la señora el relato del duelo se personó en palacio y solicitó audiencia ante el rey. Cuando Don Pedro lo recibió y le pidió el nombre, el individuo pidió al rey que lo acompañase y lo llevó ante un espejo.

Cuando el sujeto le dijo al monarca, una vez ubicado éste frente al espejo, que ése que se veía reflejado en el espejo era el asesino, el rey le reconoció la verdad y le dio su recompensa, no sin antes amenazar al sujeto con ser ahorcado por si éste se iba de la lengua y confesaba públicamente quién había sido el autor. Tras llegar a oídos que se había encontrado al asesino, el padre de la víctima exigió al rey Don Pedro que cumpliese su palabra de exponer la cabeza del asesino. El rey accedió y ordenó exponer la cabeza del culpable en el lugar del asesinato; eso sí, metida en un cajón y guardada entre rejas para que nadie pudiese abrirla. Años más tarde el rey Don Pedro murió y cuando tiempo después se decidió abrir el cajón para saber quién era finalmente el asesino del noble, el personal se encontró con una cabeza de piedra del propio Don Pedro.

Esa cabeza de piedra a día de hoy sigue expuesta en la calle sevillana donde sucedió el asesinato y que ahora tiene el nombre de "Cabeza del rey Don Pedro". Una historia bastante curiosa que demuestra cómo un gobernante vacila a todo el mundo burlando la ley y jugando con las promesas realizadas. Esa fue la historia del rey Don Pedro y algo parecido sucede en pleno 2024 con el actual presidente del gobierno y tocayo del célebre monarca, Pedro Sánchez. Un tipo que de igual forma burla la ley y juega con sus promesas y cuya cabeza política parece estar en estos momentos más en peligro que nunca, a tenor de las circunstancias que estamos viviendo en las últimas semanas, y sobre todo, en los últimos días.

Y es que con las informaciones aparecidas recientemente se confirma que la situación que vive España se agrava por momentos. Tras los inumerables casos de corrupción que afectan al PSOE y que ya alcanzan, como dije en mi última entrada, directamente al propio entorno familiar de Pedro Sánchez a través de su mujer, Begoña Gómez, la situación se ha complicado aun más cuando hoy se ha hecho público que, antes del rescate que aprobó el gobierno de la aerolínea, Air Europa le ofreció a la esposa del presidente del gobierno 40.000 euros anuales, aparte de 15.000 euros en transportes de primera clase para ella y el equipo de la fundación de la que la propia Begoña Gómez era directora. 

Una noticia que pone entre la espada y la pared al propio Sánchez y señora, y que como se puede ver, las informaciones hasta ahora aparecidas sobre el caso de Air Europa parece que solo son el principio de algo mucho más grave que amenaza con llevarse por delante al propio presidente del gobierno. Pero aquí no acaban los problemas para Pedro Sánchez, ya que el pasado miércoles el Parlamento catalán rechazó los presupuestos de la Generalitat catalana, lo que ha llevado al presidente Pere Aragonés ha convocar elecciones anticipadas en Cataluña el próximo 12 de mayo.

Y es que siguiendo lo establecido en la Ley de Murphy, de la cual soy un defensor acérrimo, cuando las cosas parecen no poder empeorar más, acaban empeorando. Por si no tuviésemos bastante con la situación de corrupción institucionalizada que vive España con el gobierno del PSOE, la inestabilidad nacional se fragiliza aun más con esta nueva convocatoria electoral que tendrá lugar dentro de un par de meses (antes del 12 de mayo deben de votar los vascos en las elecciones regionales que ha convocado Urkullu para el 21 de abril). Una convocatoria electoral que será a cara de perro entre los independentistas y que se producirá cuando el trámite parlamentario sobre la Ley de Amnistía esté casi finalizando (si es que acaba por aprobarse definitivamente). 

Tal va a ser el escenario a cara de perro entre los independentistas que hoy se ha publicado que el propio Puigdemont quiere ser candidato a la generalitat y venir a España, con el objetivo de ser detenido y reventar la campaña electoral. Algo que personalmente no creo que suceda, ya que no veo a Puigdemont pegándose un Froilán (un tiro en el pie) y regresando a España antes de que la amnistía entre en vigor, ya que hasta última hora no se sabe lo que puede ocurrir, incluso cuando la amnistía estuviese ya aprobada, sancionada por el rey y publicada en el BOE.

Pero los comicios en Cataluña también han tenido ya su primera repercusión en toda España: el propio presidente Sánchez ha anunciado que debido a la convocatoria electoral catalana, el gobierno renuncia a presentar los Presupuestos Generales del Estado para este año y comienza a preparar ya los de 2025. Sinceramente debo confesar que nunca había visto nada tan repugnante e irresponsable a la vez. Es decir, si el Parlamento catalán rechaza los presupuestos catalanes, quien se queda sin presupuestos finalmente es el conjunto de España. Y todo porque el gobierno, incumpliendo gravemente su obligación establecida en la Constitución y en la Ley del Gobierno 50/1997, renuncia a presentar unos presupuestos estatales por el mero hecho de que no le conviene personalmente al presidente del gobierno, ya que probablemente los independentistas tumbarían los presupuestos y Sánchez se vería abocado a convocar elecciones anticipadas este mismo año. Surrealista.

Pero en lo que no parece haber caído Sánchez (o a lo mejor sí) es que si por H o por B la situación en Cataluña se vuelve insostenible y los catalanes se ven obligados a ir a las urnas de nuevo en 2025, ¿Prorrogará Sánchez los presupuestos del 2023 también en el año 2025? y si hay elecciones de nuevo en 2026, ¿Los prorrogará hasta el año 2027, o mejor aún, hasta el 2028? Sánchez pasa ya absolutamente de todo y de todos, y se conforma con seguir como presidente de un gobierno prácticamente en funciones, el cual no puede aprobar los presupuestos. Pero eso al jefe del gobierno le dá exáctamente igual. Él lo que quiere es seguir como presidente, aunque sea en funciones. Su único objetivo sigue siendo permanecer en el poder y dormir en la Moncloa, aunque esto deje al país sin nuevos presupuestos sine die. Insisto, esto es una tomadura de pelo constante a la población; y lo gracioso (si es que se puede utilizar este término en estas circunstancias) es que al personal le es practicamente indiferente. Como digo una y otra vez, nos merecemos todo lo que nos pase como sociedad.

Pero lo peor no es que el gobierno pase sin más de elaborar los presupuestos, lo cual es ya bastante grave; lo peor es que la oposición se quede de brazos cruzados mientras el gobierno se niega a llevar a las Cortes una Ley Orgánica cuya elaboración y posterior tramitación parlamentaria es de obligado cumplimiento, como son los presupuestos estatales. Pero eso a la oposición también le dá exáctamente igual, ya que todos los partidos son el mismo estiercol pero con diferentes nombres, y en lo último en lo que piensan son en los intereses generales del país y en el cumplimiento de la Ley. Y cuando me refiero a todos digo a todos. Que nadie se crea que aquí hay algún partido, con representación parlamentaria o sin ella, nuevo o viejo, que tiene la solución para acabar con toda la mierda que llevamos cosechada. Esto no lo soluciona nadie, por mucho que algunos crean que con el pasivo Feijóo o con Abascal la situación mejorará. Y si alguien lo sigue creyendo después de lo ocurrido tras el 23-J es que no tiene ni puñetera idea del país en el que vive.

En lo que respecta a Sánchez, y dejando a un lado su situación personal por el escándalo que salpica a su mujer, la situación parece complicársele por momentos. Tiene ahora mismo tres citas electorales de aquí a junio: las del 21 de abril en el País Vasco, las del 12 de mayo en Cataluña y las del 9 de junio para el Parlamento Europeo. Tres comicios electorales ininterrumpidos (y que quede ahí la cosa, no vayamos a tener elecciones en otra comunidad autónoma, o incluso a nivel nacional, y acabemos en un proceso continuo de elecciones de aquí a finales de año). Aunque en la España ingobernable e inestable de Sánchez, todo es posible. El presidente del gobierno está en estos momentos en la cuerda floja tras este inesperado revés producido desde Barcelona.

Por si no tenía poco con las elecciones vascas (en las cuales tendrá que elegir si opta por pactar con Bildu o con el PNV) y con las elecciones europeas (donde se vaticina un batacazo electoral del PSOE a nivel nacional), las elecciones en Cataluña ponen al jefe del gobierno aun más contra las cuerdas y pone en jaque la legislatura. Y es que Sánchez lo tiene bastante crudo, ya que si el PSOE opta por Bildu o el PNV tras las elecciones del 21 de abril, el partido que quede repudiado puede retirarle su apoyo (o no). Y lo mismo sucede con Cataluña, ya que si el PSC decide apoyar a Junts o a ERC tras los comicios, el partido que quede fuera puede, como venganza, mandar la legislatura, y con ello a Sánchez, a paseo.
 
Por no hablar de lo que puede ocurrir si finalmente Puigdemont regresa a España y acaba siendo el candidato de Junts a la Generalitat, como hoy se ha filtrado a la prensa. Si esto se produce y, con independencia de que sea detenido al cruzar la frontera, Puigdemont acaba siendo reelegido presidente de la Generalitat, el pescado ya estaría servido. El regreso de Puigdemont a España (si finalmente la amnistía se aprueba), y su vuelta al gobierno catalán después de casi siete años provocaría con ello el retorno al escenario del año 2017. Un escenario, el de la unilateralidad, en el que el propio Puigdemont ha afirmado en público que hay que volver a poner en marcha cuando la amnistía entre en vigor.

El procés volvería al punto de inicio de hace siete años, pero esta vez con la ley amparando a los separatistas y sin que la Justicia pudiese hacer nada para frenar a los independentistas si éstos declaran nuevamente la independencia y la hacen efectiva. La situación pues parece que es cuestión de meses que explote. Y a no perder de vista lo que ocurra entre Bildu y el PNV, ya que éstos podrían directamente dejar a un lado al PSOE para pactar entre ellos y comenzar de esta forma el proceso independentista en el País Vasco, como algunos ya están advirtiendo.

Y mientras esto ocurre el gobierno se dedica a utilizar nuevamente a la Fiscalía para atacar a Isabel Díaz Ayuso a través de su novio, el cual defraudó cerca de 350.000 euros a Hacienda. Hoy se ha sabido que el propio Fiscal General del Estado fue el que dio la orden para que se hiciesen públicas las conversaciones entre el novio de Ayuso y la Fiscalía. Una demostración más de lo putrefacta que están todas las instituciones, sin exclusión alguna, y de recordarnos nuevamente aquello que dijo Sánchez hace unos años: "¿De quién depende la Fiscalía?". El caso del novio de Ayuso y sus fraudes a Hacienda es una forma más de contraatacar por parte del gobierno mientras éste se ve acorralado por el caso Koldo y el escándalo de Air Europa, con la implicación de la mujer de Sánchez y posterior rescate que el gobierno hizo en 2020 hacia la compañía. Un rescate que se aprobó en Consejo de Ministros y en el que Sánchez debió de haberse ausentado al estar implicada su señora, tal y como indica la Ley 3/2015 sobre los altos cargos de la Administración General del Estado. De hecho el PP ya ha denunciado a Sánchez ante la Oficina de Conflicto de Intereses, aunque obviamente esa denuncia no va a llegar a ningún lado, ya que de abrirse expediente administrativo contra Sánchez, la sanción contra el presidente del gobierno la debería tomar el propio Consejo de Ministros, con lo cual el chiste se cuenta solo.
 
Pero para evitar que se hable de la corrupción del PSOE, de los viajes constantes y sospechosos en el Falcon a la República Dominicana, así como de los oscuros negocios del propio Sánchez y señora, para eso ya está la corrupción que salpica al PP y, en este caso, al novio de Ayuso. Y es que el PP siempre se las apaña para sacarle a Sánchez las castañas de fuego cuando éste se siente más acorralado que nunca. Esta vez es con los fraudes a Hacienda de un tipo que es el novio de la actual presidenta de la Comunidad de Madrid pero que a su vez no lo conoce nadie. Eso sí, sus extrañas actividades tienen más importancia política que las actividades ilícitas que realiza la mujer del presidente del gobierno. Eso es coherencia y lo demás tonterías.

Y sin quitarle su mérito a la propia ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Una sujeta que se dedica a dar información confidencial y personal cuatro horas antes de que la prensa afín al gobierno saque "en exclusiva" esa misma información posteriormente. Una información que está protegida por la Ley de Protección de Datos. Pero qué más dá eso también. Si el propio Cristobal Montoro ya hacía estas sucias e ilegales maniobras siendo ministro de Hacienda con el PP, ¿Por qué no lo va a hacer mi paisana, "la chiqui"? Total, aquí todos son impunes a la hora de vulnerar la Ley. Que se le pregunten al propio Sánchez cuando decida si se autosanciona por vulnerar la Ley (siempre y cuando la Oficina de Conflicto de Intereses le abra expediente administrativo, claro está).

En definitiva, esto es una continua broma de muy mal gusto en la que todos se están riendo a carcajadas de todo el personal. El propio Feijóo ha soltado el pasado viernes su particular chiste en el Congreso cuando se ha debatido y aprobado la Ley de Amnistía para su posterior tramitación al Senado. El líder del PP ha respondido a Patxi López afirmando que su discurso había sido tan bochornoso que hasta el propio Ábalos se había ausentado del debate, lo que provocó el descojone de los diputados del PSOE, PP, etc. Una situación que dá asco, bochorno y repulsión, ya que se trata de una trama de corrupción que afecta al gobierno, pero cuya gravedad radica en que esa trama realizó sus actividades ilícitas aprovechándose de una pandemia en la que morían a miles los ciudadanos por día. Mientras la población moría sin protección alguna, el gobierno del PSOE se enriquecía con la desgracia, y esto es motivo de risa para todo el hemiciclo.

En resumen, una puñetera vergüenza en la que se confirma una vez más cómo esta pandilla de criminales se ríen de todos nosotros. Buena prueba de ello es que el propio Sánchez ha conmemorado el pasado miércoles el cuarto aniversario de la declaración del Estado de Alarma. Sí, ese mismo Estado de Alarma que el Tribunal Constitucional declaró ilegal en dos sentencias diferentes es el mismo que el gobierno rememora justo cuando ha estallado el caso Koldo, en donde se está investigando cómo el gobierno y el PSOE se enriquecieron ilícitamente a través de una desgracia como la pandemia mientras nos tenían confinados ilegalmente gracias a ese mismo Estado de Alarma que Sánchez conmemora orgullosamente. El lema utilizado en el evento fue "El día en que empezamos a vencer". Obviamente se referirán a su situación económica, no a la supervivencia de la población durante la pandemia y el confinamiento ilegal.

Por cierto, una conmemoración que no ha realizado ningún otro gobierno en el mundo, salvo el nuestro. Parece ser que a Sánchez le gusta conmemorar la toma de medidas que el propio Tribunal Constitucional ha declarado ilegales en dos ocasiones. En fin, esto es España. Veamos cómo siguen transcurriendo los acontecimientos, los cuales parece que se van precipitando. De momento la Ley de Amnistía ya está camino del Senado, pendiente de su rechazo en la Cámara Alta y su posterior remisión al Congreso, donde teóricamente, y si nada ni nadie lo impide, en mayo deberá de ser aprobada definitivamente y sancionada por el rey. Todo ello mientras el país se encuentra colapsado por las apariciones constantes y saturadas de casos de corrupción y los sucesivos comicios electorales de aquí hasta las elecciones europeas. La cosa sigue calentándose imparablemente y todo parece indicar que a este paso estallará a partir de junio. Será a partir de entonces cuando veamos si la cabeza política de este otro rey Don Pedro cae finalmente o no. Eso sí, pase lo que pase, la situación seguirá igual o peor, y ellos continuarán impunes ante todo y ante todos mientras se siguen descojonando de nosotros. 

viernes, 15 de marzo de 2024

Los idus de marzo


Hoy se cumplen 2068 años de uno de los asesinatos más trascendentales de la Historia: el asesinato de Cayo Julio César, ocurrido el 15 de marzo del 44 a. C. Un asesinato que ha sido llevado a la literatura y al cine en múltiples ocasiones y que no deja de ser fascinante por la relevancia histórica que tuvo tal suceso. ¿Quién no recuerda la famosa frase del adivino: "César, guárdate de los idus de marzo"? Una frase que de haberla seguido al pie de la letra el propio César habría supuesto un vuelco en el curso de la Historia. 

Varias veces me he preguntado qué habría ocurrido de no haber sido asesinado Julio César. Quizás la República Romana hubiese seguido en vigor, o quizás César hubiese visto culminado su sueño de convertirse en rey. De haberse consumado este hecho es posible que César se hubiese divorciado de Calpurnia para casarse con Cleopatra, con la cual tuvo a su hijo ilegítimo, Cesarión. Quizás con ese matrimonio, César y Cleopatra habrían fusionado los reinos de Roma y Egipto en uno solo con Cesarión como heredero y futuro rey. De hecho hay teorías no demostradas que creen que Cleopatra estuvo implicada en la conspiración, ya que en los idus de marzo ella se encontraba en Roma y seguramente creería que con la caída de César, Cesarión sería proclamado heredero de César.

Otra cuestión que también habría podido suceder de no haber sido asesinado César y de haber contraer matrimonio con Cleopatra era la cuestión religiosa. Con este hipotético enlace matrimonial las religiones romana y egipcia se habrían fusionado y probablemente el Cristianismo no hubiese existido. Hay que destacar de hecho que según el Evangelio de San Lucas, por el Decreto promulgado por César Augusto en el que se obligaba a realizar el censo, José tuvo que ir junto a María desde Nazaret hasta Belén (su tierra natal) para inscribirse como consecuencia de este Decreto. Teóricamente, según la Biblia, fue en este momento en el que Jesús nació, cumpliéndose la profecía de que el Mesías debía nacer en la ciudad de Belén. De no haberse producido el asesinato de Julio César, la llegada posterior de Octavio Augusto no se habría producido nunca, y con ello tampoco el Decreto que obligó a José y a María a ir a Belén, con lo cual el Cristianismo jamás hubiese tenido lugar.

Pero volviendo a los idus de marzo hay muchas cuestiones controvertidas. Según la versión oficial, los conspiradores realizaron el magnicidio con el objetivo de salvar a Roma de la tiranía de César, el cual estaba decidido a convertirse en rey, según ellos. De hecho tanto en "Las vidas paralelas" de Plutarco como en "La vida de los doce Césares" de Suetonio se recoge que en la jornada del asesinato, el Senado (el cual se encontraba temporalmente reunido en la Curia de Pompeyo) tenía previsto realizar una proposición para proclamar a César rey de todo el territorio romano fuera de Italia. De hecho según se cuenta también, fue esta noticia con la que Décimo Bruto (Uno de los conspiradores) convenció a César para que acudiese al Senado, ya que César estaba ya decidido a no ir como consecuencia de las advertencias de Calpurnia por los malos presagios que había tenido esa misma noche mientras dormía.
 
Según la versión oficial, los conspiradores actuaron, entre otras cosas, para detener este hecho y evitar así que César fuese proclamado rey. Pero la realidad es, en mi opinión, otra muy distinta. Julio César fue asesinado por envidia y viejas rencillas que los conspiradores tenían contra el dictador y militar romano. Muchos de los conspiradores fueron rivales de César durante la guerra civil entre éste y su ex yerno y rival político, Pompeyo. César, una vez hecho prisioneros durante la guerra a sus futuros conspiradores, les perdonó la vida y los dejó en libertad y los restituyó en sus cargos. Quizás César era fiel seguidor de la frase "Ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos", el problema está en que este refrán no acabó saliéndole bien al propio Julio, ya que quizás los tuvo más cerca de lo que debía. Cuestión quizás de ingenuidad, falta de réncor o de amabilidad y confianza del propio dictador hacia sus enemigos y futuros conspiradores.

Está claro que muchos de los conspiradores no perdonaron a César su victoria sobre Pompeyo, ni tampoco dejaron pasar que César hubiese llegado tan alto siendo uno más de entre todos ellos. El hecho de que el Senado lo proclamase dictador vitalicio fue ya la gota que colmó el vaso para algunos, que veían como un tipo al que repudiaban podía llegar tan alto dentro de la jerarquía política romana. Cayo Casio Longino, Casca, Décimo Bruto (el cual era partidario de César e incluso luchó a su lado), Lucio Tilio Cimbro (Metelo Címber en la obra de Shakespeare), Trebonio o Cinna (su propio ex cuñado) son los nombres más relevantes de esa lista de políticos que despreciaban a César y querían verle muerto. Eso sí, todo por salvar a Roma de las ambiciones del propio César, según ellos.

En mi opinión está claro que el único que actuó con honradez y creía que lo que se estaba haciendo era por el bien de Roma fue Marco Junio Bruto (familiar de Décimo Bruto). Bruto era uno de los más cercanos amigos de César y aunque luchó contra él en la guerra siempre sintió gran aprecio por él. De hecho son innumerables las voces que han circulado a lo largo de estos siglos afirmando que Bruto era hijo de una relación clandestina entre el propio César y la madre de Bruto, Servilia; y que quizás fue ese el motivo por el que le perdonó la vida cuando se enfrentó a él en la guerra civil. Por este motivo César le diría a Bruto al ser apuñalado por él su mítica frase antes de morir "¿Tú también, hijo mío?", antes de caer muerto a los pies de una estatua de su enemigo Pompeyo. El mismo al que él había derrotado en la batalla de Farsalia. Ironías de la vida.

Sea como fuere es cierto que el aprecio de Bruto hacia César era real, pero también es cierto que Bruto comenzó a dejarse influenciar por los conspiradores y a creer realmente que César constituía un peligro para la República. De hecho, y esto se ve claramente reflejado en la gran obra de William Shakespeare "Julio César", es el propio Casio (verdadero instigador de la conspiración y enemigo acérrimo de César) el que convence a Bruto del peligro y de la tiranía de César y del bien que supondría a Roma su desaparición. Bruto finalmente cae en la manipulación y se convirtió en uno de los principales conspiradores. Un conspirador que como afirma Marco Antonio en el final de la obra de Shakespeare "Solo él conspiró creyendo que lo que hacía era por el bien de Roma, mientras que los demás lo hicieron por envidia al gran César".

La caída de César llevó consigo la huída de los conspiradores y con ello el posterior estallido de una nueva guerra civil entre los asesinos del político romano y de los partidarios de César: Octavio y Antonio, los cuales vengaron su asesinato dando muerte a todos los implicados en la conspiración (e incluso a algún que otro que a pesar de su oposición a César no participó en el magnicidio, como fue el célebre político, abogado y orador Marco Tulio Cicerón). Ninguno de los conspiradores sobrevivió a César más de tres años. Todos ellos se suicidaron o fueron asesinados en plena guerra civil, la cual terminó con el suicidio de Casio y Bruto tras su derrota en la batalla de Filipos.

No hay duda de que el asesinato de César marcó un antes y un después en la historia de Roma y por ende en la historia de la humanidad. Si consideramos por un momento que los conspiradores actuaron para salvar a la República (Que no lo hicieron por tal motivo) cabe decir que a la larga consiguieron todo lo contrario. La muerte de César provocó la llegada de su sobrino nieto, Octavio, quien formaría posteriormente un gobierno de tres (triunvirato) junto al fiel amigo de César, Marco Antonio, y uno de los generales más favorables al dictador, Marco Emilio Lépido. La posterior ruptura del triunvirato, la relación amorosa de Marco Antonio con Cleopatra y el posterior estallido de una guerra civil entre Octavio Augusto y Antonio (que acabó con la muerte del propio Antonio y Cleopatra tras la batalla naval de Actium) provocó la instauración del Imperio Romano, convirtiéndose Augusto en el primer emperador de Roma. De esta forma Octavio Augusto consiguió de forma muy inteligente lo que su tío abuelo Julio César no consiguió hacer de forma más brusca: convertirse en un monarca aunque fuese manteniendo simbólicamente los principios de la República a través de un Principado.

Por ello el asesinato de César sirvió a largo plazo para instaurar lo que en teoría los conspiradores rechazaban: el fin de la República y el establecimiento de una Monarquía en Roma. De no haberse producido el asesinato de César es probable que Roma se hubiese convertido en una Monarquía sin disfraz alguno, pero también es cierto que la llegada de Octavio no se habría producido, ni su fiel amigo Marco Antonio hubiese mantenido una relación con Cleopatra, ni la guerra civil entre Antonio y Octavio se hubiese producido, ni seguramente el Imperio Romano y el sistema de gobierno del Principado se hubiese llegado a instaurar. La historia por su parte la habrían escrito otros. César la habría seguido escribiendo de no haber sido asesinado, y seguramente tras él, Cesarión y muchos otros personajes que al final pasaron desapercibidos y/o tuvieron también un trágico final como consecuencia de los históricos sucesos acaecidos en los idus de marzo.

Para finalizar debo añadir que pese a todo y con toda probabilidad, de no haber sido asesinado César en los idus de marzo, su final estaba ya igualmente escrito y próximo. El dictador romano tenía ya demasiados enemigos a sus espaldas y solo era cuestión de tiempo que su magnicidio se produjese. Quizás de no haber logrado los conspiradores su objetivo en los idus de marzo lo habrían retrasado un poco más adelante, quizás antes de que César partiese de nuevo a la guerra para conquistar Partia, que era su próximo objetivo militar. Lo que está claro es que los históricos sucesos producidos en Roma aquel día cambiaron la historia del mundo con la caída de uno de los más grandes personajes en términos políticos y militares de la Historia. Julio César tuvo la virtud de ser un gran estratega militar y probablemente un ingenuo político el cual nunca llegó a pensar que su vida corría más peligro dentro de la política romana que en el campo de batalla. Su ambición, su arrogancia y el exceso de confianza en sí mismo fueron los detonantes, entre otros factores, para que sus enemigos políticos le diesen muerte tras asestarle veintitres puñaladas a la edad de 56 años un día como hoy hace 2068 años. 

jueves, 14 de marzo de 2024

Veinte años de la llegada de Zapatero


El pasado día 11 de marzo escribí una entrada acerca del veinte aniversario de los atentados del 11-M. Hoy la escribo para recordar otro de los días más nefastos que ha tenido España en su historia reciente. Me refiero al veinte aniversario de la victoria inesperada de José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de marzo de 2004, tres días después de los brutales ataques terroristas perpetrados en Madrid. Unos acontecimientos desgarradores que sacudieron a España pero del que este siniestro personaje sacó rédito electoral para provocar un vuelco en las urnas, objetivo que desgraciadamente consiguió. Un objetivo que nunca se cansa de repetir cuando de un tiempo a esta parte acude a un acto arropado por los suyos, alegando, siempre entre risas, que él ganó por sorpresa y que a su partido le gusta ganar por sorpresa. Una falta de respeto absoluta a las víctimas, como ya indiqué en mi última entrada.

Y es que este personaje jamás habría ganado las elecciones ni llegado a la Moncloa en unas circunstancias normales. De hecho en el PSOE se daba ya por descontada la derrota frente al PP de Mariano Rajoy, el cual era quien iba a ganar aquellos comicios, según todas las encuestas. Pero la masacre de Atocha lo cambió todo y en solo tres días lo que para los socialistas era imposible se acabó convirtiendo en una realidad. Un PSOE liderado por un sectario al que apenas nadie conocía cuatro años antes y repleto de inútiles, incompetentes, inexpertos y radicales se hacían con el timón del país cuando nadie daba un duro por ellos solo cuatro días antes. El cambio de gobierno se hizo posible cuando nadie apostaba por él ni lo esperaba.

Desde entonces, y como ya he dicho en mi anterior entrada, todo cambió para mal en España. Aquella famosa frase de Zapatero afirmando que comenzaba "el cambio tranquilo" se entiende ahora perfectamente, ya que la España que vivimos hoy y a la que seguimos encaminándonos es el cambio al que este peligroso sujeto se refirió aquella trágica noche electoral. A partir de la llegada un mes después de Zapatero a la Moncloa se comenzó a iniciar el declive de España. Un declive que en la primera legislatura de este miserable tuvo consecuencias políticas y sociales, mientras que en la segunda lo tuvo en el ámbito económico. Sí, por mucho que ahora algunos no se acuerden o no quieran acordarse, este tipejo dejó más de cinco millones de parados, a España al borde de la quiebra y a punto de ser rescatada por la Unión Europea cuando dejó el cargo en 2011 para pasarle el muerto a Rajoy.

Pero parece ser que a este sujeto lo ocurrido en su segunda legislatura no le interesa recordarlo. Desde hace un año está saliendo de nuevo a la palestra de manera incesante para defender la gestión de Sánchez, defender su legado y darse su particular baño de masas entre los suyos después de estar varios años encerrado en su cueva como consecuencia de su desastroza gestión económica. Pero insisto, él no desea ser recordado por eso. Prefiere en cambio que se le recuerde por las leyes sectarias y extremistas que aprobó en su primera legislatura: las leyes de identidad de género, las leyes discriminatorias del hombre en favor de la mujer, el Estatuto de Cataluña (Origen en gran parte del posterior procés catalán), la Ley de Memoria Histórica y las negociaciones con ETA que acabaron con la integración de la banda terrorista en el escenario político español como si de un partido más se tratase. De eso es de lo que este criminal se siente especialmente orgulloso. De habernos traído a la situación en la que nos encontramos veinte años después de su llegada al gobierno contra todo pronóstico.

Al escribir esta entrada recuerdo unas afirmaciones de la polémica periodista izquierdista, María Antonia Iglesias, en el programa de "La Noria" en Telecinco. En esas declaraciones, realizadas entre 2010 y 2011 (No recuerdo exáctamente la fecha), la propia María Antonia dijo que "Rubalcaba ha frenado muchas de las locuras de Zapatero". Que esto lo dijese una periodista reconocida por su ferviente sectarismo ideológico y su defensa acérrima del PSOE y del propio Zapatero es toda una señal de que incluso veinte años después no sabemos aún las ocurrencias que a este tipejo se le pasó por la cabeza aprobar durante sus años como presidente. Basta recordar que hace solo unos meses, y para justificar la amnistía de Pedro Sánchez a los independentistas, el propio Zapatero afirmó que él mismo se planteó darle la amnistía a los terroristas de ETA durante el proceso de negociación. Un extremo al que no se llegó porque las circunstancias no lo exigieron, según él.

Que este ser despreciable hiciera estas declaraciones demuestra la miseria moral del sujeto y hasta qué punto estuvo dispuesto a llegar con una banda de terroristas asesinos para pasar a la Historia, aunque eso supusiera borrar los delitos por los que fueron asesinadas cerca de 1.000 personas a manos de estos criminales. ¿Cómo se hubiera vendido esa amnistía mientras millones de personas se manifestaban en las calles contra el proceso de negociación? Estoy seguro que la situación se hubiese vuelto insostenible, ya que este ser vomitivo no llegó a aprobar la amnistía por el devenir de los acontecimientos y no porque eso fuese contra sus conviciones. El caso es que, finalmente, ETA dejó las armas bajo su gobierno, como a él le gusta recordar diariamente, sí, pero para bajarse los pantalones ante ella y dejarles integrarse en el sistema político español sin pedir perdón por los crímenes causados.

Para la izquierda, ETA pasaba de ser una banda de terroristas asesinos a ser un partido democrático y progresista tan legítimo como cualquier otro. Vomitivo y repugnante son adjetivos que se quedan cortos a la hora de definir esta postura defendida por la izquierda española. Pero también es algo que tampoco debe de extrañar, ya que la izquierda española siempre ha sentido cierta debilidad por el terrorismo etarra, ya que según decían ellos durante los años del franquismo "ETA mataba para luchar por las libertades". Luego cuando el terrorismo vasco siguió matando tras la aprobación de la Constitución de 1978 tuvieron que cambiar el mensaje, pero sin dejar de hacerle ojitos a la organización terrorista (a excepción de los años del GAL).

El 14 de marzo de 2004 es pues una fecha que, al igual que el 11-M, marcó un antes y un después en la historia reciente de España y que a día de hoy incluso sigue marcando los sucesos devastadores que se están desarrollando en nuestro país, ya que lo recogido ahora es lo sembrado entonces. Y es que Zapatero fue quien dio origen al enfrentamiento, a la división y a la tensión entre los españoles, como él bien le dijo al sectario Iñaki Gabilondo detrás de las cámaras durante la campaña electoral de 2008: "nos conviene que haya tensión". 

Fue con su llegada a la Moncloa cuando apostó por reabrir las heridas ya cicatrizadas de la Guerra Civil y del franquismo, reabrir el debate territorial aprobando el Estatuto catalán, el cual reconocía a Cataluña como nación (Aunque fuese en el Preámbulo) y comenzando con ello el origen de lo que posteriormente sería el procés catalán. Ese mismo procés en el que Zapatero, como buen enemigo de España, defiende de manera ferviente la amnistía para los que quieren acabar con ella (primero fue con los etarras y ahora con los independentistas), lo cual resulta curioso, ya que defiende concederle la amnistía a los implicados en un proceso inconstitucional que tiene su origen, entre otras cosas, en una reforma del Estatuto de Cataluña que tuvo lugar durante su mandato y que él mismo declaró en su momento que sería la solución para Cataluña y el resto de España. Ironías de la vida.

En definitiva, se cumplen veinte años de uno de los momentos más trascendentales de la historia reciente de España: la elección inesperada de este sujeto, el cual es el principal responsable de gran parte de los males que nuestra nación padece actualmente, aunque de eso él se siente muy orgulloso. Cabe añadir como dato curioso que el propio Pedro J. Ramírez ha declarado en alguna ocasión cómo Zapatero lo llamó durante la mañana del 11-M en la que casi entre lágrimas le dijo que si la autora del atentado era ETA tenía perdida las elecciones y los suyos lo echarían a patadas. 

El propio Pedro J. comentó también cómo esa misma noche, el sujeto lo llamó nuevamente de una forma eufórica cuando ya se estaba extendiendo la teoría de que había sido Al Qaeda, lo cual demuestra la bajeza moral de este impresentable, el cual es sin lugar a dudas lo peor que le ha pasado a España junto a sus discípulo aventajado, Sánchez, el cual está cerrando el "cambio tranquilo" que él mismo inauguró en 2004 y que Rajoy dejó intacto cuando tuvo la oportunidad de derogarlo todo una vez llegado al gobierno en 2011. El cambio tranquilo de Zapatero es pues un cambio aceptado por todos los partidos y en el que se pretende ir hacia una II Transición con el objetivo de reabrir el debate constitucional. Esa II Transición la inició Zapatero con su llegada al gobierno hace dos décadas y continúa en marcha en pleno 2024.

lunes, 11 de marzo de 2024

Veinte años del 11-M


Hoy, 11 de marzo de 2024, se cumplen veinte años de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia reciente de España: el 11-M. Una fecha que arrebató la vida a cerca de 200 personas, destrozó la de más de 2.000 y cambió por completo la historia de España y por ende la vida de sus casi 50 millones de habitantes. Una fecha la de este año en la que también prescriben los delitos de este atentado, con lo cual los verdaderos autores intelectuales de esta matanza pueden campar a partir de hoy un poco más a sus anchas, para vergüenza e indignación de todos.

Aunque ya escribí en marzo de 2016 sobre esto, no fue hasta noviembre de 2018 cuando verdaderamente escribí una entrada hablando sobre lo que en mi opinión fue el origen del 11-M. Ya dije entonces que todo comenzó en Perejil allá por julio de 2002, continuó en 2003 con el papel relevante que España asumió en la escena internacional (EEUU como potencial aliado junto a Reino Unido) y acabó en Atocha en 2004 con las explosiones en Madrid. No voy a repetir punto por punto lo que ya dije en aquella entrada, pero después de casi seis años de haberla escrito, con todo lo que llevamos viendo con el gobierno de Sánchez y su sumisión a Marruecos, así como el balance que uno hace de veinte años atrás hasta la fecha creo que puedo decir que corroboro todo lo que dije en aquel momento, y que incluso me quedé corto.

Vaya por delante que yo no defiendo a estas alturas a Aznar ni al PP a la hora de cómo gobernaron España hasta 2004. Jamás defenderé nunca más a ningún partido ni a ningún político. Pero dicho esto debo añadir también que la España del 2024 no se parece en nada a la de 2004. No voy a decir que la situación en nuestro país fuese el paraíso en la tierra, ni muchísimo menos, pero sí era algo mejor y decente que lo que hay ahora. También es verdad que España tenía (y sigue teniendo) muchos enemigos tanto externos como internos. Desde el sur había algunos que no perdonaron la humillación que recibieron dos años antes, y en el norte había otros que no perdonaban que España les pasase por lo alto. España comenzaba a ser escuchada y algo respetada en el mundo y eso para los enemigos de nuestro país era un escenario al que había que darle un vuelco cuanto antes.

Ese vuelco se produjo desgraciadamente el 11 de marzo de 2004. Tras los atentados se celebraron tres días más tarde las elecciones generales del 14 de marzo. Unas elecciones que jamás se debieron celebrar. Siempre he pensado que José María Aznar debió suspender esas elecciones, ya que el país se encontraba en medio del peor ataque terrorista que había sufrido en su historia y la sociedad estaba en shock por lo ocurrido. No se daban las condiciones para celebrar de forma tranquila unas elecciones generales. El escenario nunca antes visto de celebrar unas elecciones generales en medio de tan desgarrador escenario, sumado a una situación tensa en las calles que algunos aprovecharon para sacar rédito electoral de la desgracia, provocaron que el país votase mayoritariamente al PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo partido que días antes iba a perder las elecciones frente al PP de Mariano Rajoy, según vaticinaban todas las encuestas.

Sinceramente no sé qué habría ocurrido de haberse suspendido las elecciones. Quizás los mismos que generaron tensión entre los días 11 y 14 hubiesen hecho lo mismo y habrían tensado aún más el ambiente en la calle hasta que Aznar hubiese convocado las elecciones, provocando con ello una victoria de igual forma o incluso más mayoritaria para el PSOE de Zapatero que la que obtuvo el 14-M. No lo sé. Tampoco sé qué habría ocurrido de haber ganado el PP de Mariano Rajoy las elecciones, con independencia de si se hubiesen celebrado el 14 de marzo o se hubiesen suspendido más adelante (quizás para septiembre, octubre o noviembre de 2004). Quizás Rajoy hubiese continuado con el legado de Aznar, o quizás hubiese llevado a cabo una política completamente diferente a la que realizó su jefe, a tenor de lo sucedido el 11-M y como finalmente hizo cuando llegó a la Moncloa en 2011.

Seguramente Rajoy lo hubiese hecho de haber ganado ya en 2004, aunque probablemente no lo hiciera de la forma tan radical en la que lo hizo Zapatero. Lo que es seguro es que de haber ganado Rajoy y no Zapatero las elecciones generales del 14-M, el entonces líder del PP no hubiese tenido que lidiar nunca con las políticas que le legó su predecesor socialista, ya que dichas políticas nunca se habrían llegado a implantar de no haber ganado el PSOE dichos comicios. Y lo que es más seguro todavía es que España con el atentado recibió un serio aviso por parte de los verdaderos autores intelectuales. De esta forma se avisaba a Aznar y a todo el que quisiese seguir con su política atlantista cuáles eran las consecuencias de que España despegase por su cuenta y se saliese de la pista. Eso lo sabía Aznar, Zapatero, Rajoy y todo el sistema político y financiero en España en el momento de los atentados.

Todos ellos sabían y saben quiénes fueron, pero era mejor mirar a otro lado y no meterse en guerra con dos países vecinos. A pesar de ello Aznar insistió en la sola autoría de ETA. De ser así, ¿Por qué no aplicó el 155 en ese momento para suspender la autonomía vasca y enviar al ejército al País Vasco? Ese procedimiento lo realizó en varias ocasiones el gobierno británico con Irlanda del Norte y el IRA. Y de ser Al Qaeda la autora del atentado, como así pregonaba el PSOE y la izquierda en general, ¿Por qué no se tomó represalias junto a EEUU y la OTAN en aquel momento? Esa fue la respuesta que Bush realizó tras los atentados del 11-S, ¿Por qué no la dio España junto a sus aliados en 2004? Aznar guardó silencio y no hizo nada. Eso sí, en noviembre de aquel año y ya fuera del gobierno se hizo el gallito declarando aquello de "los autores no están en desiertos muy remotos ni en montañas muy lejanas". ¿Sabía entonces quién lo hizo y no lo dijo y por eso autorizó destruir los trenes a las pocas horas del atentado? No sé si ETA pudo estar involucrada en el atentado, aunque visto los beneficios que la organización terrorista ha tenido desde 2004 hasta la fecha no lo descarto en absoluto. Pero que operaron solos, no.

Con toda seguridad jamás sabremos quiénes fueron los criminales que perpetraron verdaderamente esta carnicería. Ya lo dijo el propio Javier Gómez Bermúdez, el Juez que dirigió el juicio del 11-M: "España no está preparada para saber la verdad sobre el 11-M". No hay más palabras, Señoría. Al sistema no le conviene que se sepa la verdad, y si algún día se sabe (cosa que dudo) es porque todos los autores intelectuales están ya muertos y no hay peligro para nada ni para nadie. Así ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo, por desgracia. Mientras tanto los españoles solo podemos hacer nuestro análisis particular de todo aquello y llegar a nuestras propias conclusiones.

España, por su parte, continua de forma imparable su demolición iniciada hace hoy veinte años. Tras el 11-M llegó Zapatero con su "cambio tranquilo". Una frase que en el pasado no entendía pero que ahora sí comprendo perfectamente. El cambio tranquilo era esto, el cambio de una sociedad próspera a una sociedad enfrentada, extremista y sin valores. Zapatero plantó la semilla con sus leyes sectarias y radicales: la Ley de Memoria Histórica, las leyes de identidad de género, las leyes que haciendo gala del feminismo dicriminan al hombre en favor de la mujer, la Ley del Aborto, el Estatuto de Cataluña que nos ha conducido al procés catalán, las negociaciones con ETA y la posterior incorporación del terrrorismo vasco en la política española, acompañada del acercamiento de presos etarras a las cárceles vascas y los beneficios penitenciarios para los terroristas, etc. Por no hablar del grave retroceso internacional que supuso para España pasar en un solo año del trío de las Azores al trío de la Moncloa (la foto de Zapatero posando en la Moncloa junto a Chirac y a Schröder en la que España pasaba de ser socio preferente en el eje atlántico a quedar sumida por completo al eje franco-alemán).

Todo ello lo comenzó este personaje miserable que ahora, tras estar varios años metido en su cueva como consecuencia de su vomitiva gestión, vuelve a salir a las andadas diariamente afirmando en reiteradas ocasiones y siempre entre risas que él ganó "por sorpresa". Unas declaraciones que suponen todo un insulto a las víctimas y a sus familias, pero que a este peligroso sujeto le es indiferente, ya que sabe mejor que nadie que gracias a ese atentado consiguió lo que nunca habría conseguido en circunstancias normales: ganar las elecciones y llegar a la Moncloa para plantar la semilla de odio y discordia entre los españoles. Una semilla que Rajoy se negó a cortar cuando finalmente llegó al gobierno en 2011 y que acabó estallándole en la cara con la declaración de independencia de Cataluña. En 2018 llegó Sánchez, siendo él el encargado de seguir regando la semilla de odio y tensión (esa misma tensión que Zapatero dijo en 2008 que le convenía) y que ahora nos conduce de forma imparable a nuestra destrucción como sociedad.

Este es el desalentador panorama que vive España dos décadas después del 11-M. Este es el legado que junto a las pérdidas de vidas humanas, los heridos causados y las vidas destrozadas de miles de familias provocó esta masacre terrorista: la de una nación condenada a su descomposición mientras la sociedad es destruída a todos los niveles: moral, económico, cultural, familiar, religioso, etc. Todo ello como consecuencia de los continuos gobiernos que esta nación lleva padeciendo desde hace veinte años. Por mi parte solo me queda darle el pésame a los familiares de las víctimas, mi apoyo a los heridos y mi deseo de que, aun sabiendo de que desgraciadamente jamás se logrará saber lo que verdaderamente ocurrió, ojalá algún día, más pronto que tarde, se sepa toda la verdad y se haga Justicia a las víctimas, a sus familias y a toda la sociedad española.