miércoles, 10 de junio de 2026

La Biblia: más enigmas e incongruencias


A primeros de año del pasado 2025 escribí una entrada titulada "La Biblia: enigmas e incongruencias", en la que hacía mención a una serie de pasajes bíblicos bastante debatibles e interesantes y en los que expuse mi opinión acerca de los mismos. Ha pasado ya un año y medio de aquella entrada y creo que es hora, y más en estos momentos en los que el Papa León XIV está de visita en España, de hacer una nueva entrada, basándome en otros pasajes, en este caso más centrados en el Antiguo Testamento que en el Nuevo, los cuales no comenté en su momento. 

Por ejemplo, en el Génesis 2:9 se hace mención a la creación por parte de Dios del árbol de la ciencia y del árbol de la vida. Un árbol, este último, que apenas pasa desapercibido en pos del árbol de la ciencia, el cual es el que tanto Eva como Adán comen tentados por la serpiente. Una cuestión, la de la serpiente, sobre la cual ya di mi opinión en la entrada anteriormente citada. Pues bien, una vez cometido el Pecado Original es curiosa la frase que exclamó Dios tras lo ocurrido: "Y dijo Dios: he aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre". Esta frase viene reflejada en Génesis 3:22. Si esto es así, ¿La serpiente tenía razón cuando afirmó aquello de "seréis como dioses"?

Claro, uno lee y relee la frase y lo mínimo que le lleva a plantearse es: ¿Acaso hay alguna forma de que el ser humano llegue a ser igual a Dios? ¿Por qué no iba a querer Dios que comiesen Adán y Eva del árbol de la vida si de esa forma el hombre obtendría la vida eterna sin necesidad del posterior sacrificio de Jesucristo? ¿Acaso Dios no es omnipotente y puede cambiar "las reglas del juego"? ¿Por qué ese empecinamiento en decir, supuestamente a sus ángeles, que rodeasen de querubines el árbol de la vida? ¿Ello llevaba implícito la negación de Dios de que sus hijos tuviesen vida eterna y/o que éstos llegasen a ser iguales a Él, según sus palabras?

¿Desde cuándo el ser humano es posible de igualar a Dios? ¿No somos mero polvo hecho a imagen y semejanza suya? ¿Cómo es posible que unos míseros mortales puedan llegar a alcanzar su poder, su gloria y su sabiduría? Esto solo podría responderse si verdaderamente la Entidad que nos creó no fuese Dios, sino un Ser más adelantado que nosotros, pero igualmente mortal. Otra cuestión bastante interesante la encontramos un poco más atrás, concretamente en Génesis 3:8, donde textualmente dice: "Y oyeron (Adán y Eva) la voz de Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del huerto". 

¿No se supone que Dios no tiene entidad física y es omnipresente? ¿Cómo es posible pues que se pasease por el Jardín del Edén como lo haría cualquier otro ser humano? ¿Acaso Dios tomó forma física para venir al mundo o la tenía desde el principio de los tiempos? Esto va en contradicción completa con lo que refleja Génesis 1:26-27: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Si esto es así, ¿Acaso Dios tiene imagen y semejanza física igual a la raza humana? ¿No entra esto en contradicción con lo que siempre se ha hablado de Dios, cuya Entidad es espiritual y no física?

Por otra parte, es interesante comprobar cómo Dios siempre habla en plural, como si se dirigiese a otros seres similares a Él. ¿A quiénes se está dirigiendo Dios cuando habla de hacernos a imagen y semejanza de ellos? ¿A quiénes habla cuando les ordena que rodeen el árbol de la vida de querubines para que Adán y Eva no coman también de dicho árbol y se conviertan en "uno como nosotros"? Conviene recordar que "Elohim" (el supuesto nombre de Dios) es una palabra plural de origen hebreo que en realidad significa "dioses". Hay que reconocer que, con independencia de las creencias particulares de cada individuo, es, cuando menos, interesante reflexionar sobre estas cuestiones, las cuales han quedado relegadas al olvido de la mayoría de los creyentes.

Por otro lado, en lo que respecta a la descendencia de Adán y Eva nos encontramos con el brevísimo pasaje en Génesis 5:21-24 en donde dice textualmente: "Vivió Enoc sesenta y cinco años y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Camino, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios". 

En este breve pasaje del Génesis se menciona de pasada a Enoc, siendo éste un personaje que también es descrito en el Nuevo Testamento, concretamente en la Epístola a los Hebreos 11:5 y en la Epístola de Judas 1:14. A pesar de su casi nula mención en la Biblia, afortunadamente hay escritos que han perdurado hasta nuestros días, en los que se hace mención detallada de las visiones de Enoc y de lo que éste vio cuando fue conducido a los cielos ante la presencia de Dios. Unos textos apócrifos que no dejan de ser interesantes y que son, cuando menos, bastante polémicos.

Siguiendo con el Génesis, nos encontramos en Génesis 6:1-4 con el pasaje que dice así: "Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Dios: 'No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días de ciento veinte años'. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre". 

Aquí hay que hacer varios comentarios. El primero es que ¿A quiénes se refiere la Biblia cuando menciona a "los hijos de Dios"? ¿A los ángeles? ¿A los demonios? De ser así estaríamos, como siempre se ha debatido, ante la toma de las mujeres por parte de los ángeles caídos que fueron expulsados del cielo a la tierra tras la rebelión de Lucifer. Siendo esto así, ¿Qué sentido tiene denominarles ya "hijos de Dios"? y lo más importante ¿Por qué Dios lo permitió? o mejor dicho, ¿Por qué Dios envío a la tierra a Lucifer y a los ángeles caídos, provocando con ello la desgracia y el mal sobre el ser humano y el mundo? ¿Qué Dios omnipotente y benevolente haría eso por sus hijos?

Por otro lado, se hace mención a la limitación que Dios, alarmado por la maldad del hombre, pone con respecto a la edad del ser humano, limitando sus días de vida a un máximo de ciento veinte años. Es aquí cuando, teóricamente, la humanidad pasa a vivir de varios siglos a poco más de un siglo, lo cual es una realidad hasta nuestros días. En este caso cabe uno se pregunta, si Dios es omnisciente ¿Acaso no sabía que el ser humano acabaría corrompiéndose y más si le llevas al mundo a los ángeles caídos que se han rebelado contra Él? Por otra parte, cabe preguntarse ¿Quiénes eran los gigantes? ¿Seres celestiales o seres demoníacos? ¿Eran amables u hostiles con la humanidad? La Biblia aquí es bastante prudente a la hora de mencionar estos hechos, los cuales han desatado todo tipo de especulaciones.
 
Avanzando en el Génesis nos encontramos, ya con Abraham, con otro pasaje bastante interesante. Nos encontramos por primera vez ante lo que algunos han denominado "Teofanías" o "Cristofanías". Hay que añadir que las Teofanías suponen las apariciones de Dios en la tierra (las cuales son creíbles tanto en el Judaísmo como en el Cristianismo), mientras que las Cristofanías son las apariciones de Cristo en la tierra antes de su nacimiento en Belén (Siendo rechazadas de lleno por el Judaísmo y aceptadas absolutamente por el Cristianismo). Pues bien, en Génesis 18:1-2 se dice textualmente "Después le apareció Dios en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él". 

En este pasaje bíblico se narra por primera vez lo que con toda probabilidad podríamos definir como una Teofanía, ya que estamos ante la presencia de Dios mismo ante Abraham; es decir, Dios baja a la tierra físicamente y en forma humana para hablarle a Abraham, antes de que Él prosiga su camino hacia Sodoma y Gomorra, las cuales iban a ser inminentemente destruidas por su perversión y degradación. Aquí hay una cuestión bastante interesante, y es que por primera vez nos encontramos ante un pasaje bíblico donde se menciona la llegada física de Dios en la tierra. 

Pero no solo esto, sino que nos encontramos con la "coincidencia" de que no son uno, sino tres los ángeles o entidades que se aparecen a Abraham. Muchos consideran que esto no sería una cuestión de Teofanía o Cristofanía, sino de una manifestación completa de la Santísima Trinidad. Tres ángeles, tres dioses en uno, lo que da forma a lo que en el Cristianismo se denomina la Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Esto, obviamente, es una teoría más, pero creo que, dentro de las teorías que se han desarrollado, esta es la más factible. Ya di también mi opinión en "La Biblia: enigmas e incongruencias" sobre mi postura con respecto al concepto de la Santísima Trinidad, por lo que no haré de nuevo aquí un manifiesto sobre mi postura. 

Por otro lado, cabe reflexionar sobre una cosa bastante interesante. ¿Por qué Dios tenía tanto interés en destruir Sodoma y Gomorra? Estamos hablando de dos ciudades corrompidas y amorales, sí, pero ¿Qué tenían estas dos ciudades que no tuviesen las otras? ¿Acaso en el mundo no había en aquel instante ciudades e incluso naciones corrompidas y amorales también? ¿Por qué centrarse en esas dos ciudades solamente? Si Sodoma y Gomorra fueron destruidas por Dios como consecuencia de sus pecados, ¿Qué no tendría que hacer ahora Dios con respecto a toda la tierra, donde el mal, la perversión y la degradación se extienden por los cinco continentes? ¿Acaso la situación de ahora a nivel mundial no requiere, cuando menos, una intervención divina similar a las de Sodoma y Gomorra?

Siguiendo con el Libro del Génesis llegamos a Jacob (nieto de Abraham), el cual tiene dos momentos de especial relevancia y enigma dentro de la Biblia: Génesis 28:10-19 y, sobre todo, Génesis 32:22-32. En el primero se hace mención al sueño que Jacob tiene, donde contempla cómo una escalera une el cielo con la tierra (algunos consideran que esa escalera representa a Jesucristo, el cual une el Reino de Dios con el mundo), sobre la cual bajaban y subían ángeles mientras que en lo alto estaba situado Dios, el cual le promete la tierra sobre la que descansaba para él y sus descendientes, así como su promesa de estar junto a él y protegerle todos los días de su vida. 

En lo que respecta a Génesis 32:22-32 es mucho más complejo, ya que en este pasaje se le aparece a Jacob un ángel en mitad de la noche, el cual, sin mediar palabra, comienza a luchar contra él hasta el amanecer. El texto dice así: "Forcejearon durante horas. Ninguno cedía. La lucha era intensa, cuerpo a cuerpo, hasta que comenzó a asomar el amanecer. Al ver que no podía vencer a Jacob, el hombre le tocó la cadera, y en ese instante la articulación se dislocó. Aún así, Jacob no lo soltó. El hombre le dijo 'Déjame ir, porque ya está amaneciendo'. Pero Jacob respondió 'No si no me bendices'. Entonces el hombre le preguntó '¿Cómo te llamas?' 'Jacob' respondió él; y el hombre dijo 'Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido'".

El texto deja lugar a muchas preguntas, ya que si Dios le prometió en el sueño de la escalera a Jacob que lo protegería siempre ¿Por qué lucha contra él poniendo en riesgo su vida? y lo más importante ¿Qué Dios es Aquél que es vencido por un hombre? No tiene ningún sentido que un solo hombre gane en una lucha durante toda una noche contra Dios, a menos que no fuese Dios con quien estuviese luchando, sino con otra identidad que se hacía pasar por él. ¿Lucifer, tal vez? 

En el mismo pasaje Jacob le pregunta posteriormente al ángel que le diga su nombre, a lo que éste le responde: "¿Por qué preguntas mi nombre?", bendiciéndolo posteriormente. Si el ángel era Dios, Éste no menciona su nombre ¿Por qué razón? Lo desconozco. De ser realmente Dios estaríamos hablando nuevamente de una Teofanía, aunque algunos lo consideran una Cristofanía. Yo, personalmente, me decanto por una Teofanía. Eso sí, ¿Por qué iba a traicionar Dios a Jacob prometiéndole protección para posteriormente agredirlo? ¿Quiénes son realmente las entidades que en el Antiguo Testamento se hacen pasar por Dios en la tierra y que representan la Teofanía?

Hay teorías que sostienen que en dichos pasajes no es Dios verdaderamente quien se presenta en la tierra, sino "El Ángel del Señor". Un Ángel que, a diferencia de los demás, se hace pasar por Dios mismo. Esta entidad aparece no solo en el Génesis 16:7-13 (la aparición del Ángel del Señor a Agar en el desierto), sino también en el Éxodo 3:2-6 (la zarza ardiente) y en Jueces 6:11-24 (Gedeón asegura haber visto a Dios cara a cara) y nuevamente en Jueces 13:3-22 (los padres de Sansón creen que morirán, ya que han visto a Dios). 

También hay una mención a ese "Ángel del Señor" en Daniel 3:19-25, donde tres jóvenes son arrojados a un horno ardiente hasta que el rey, que estaba presente, pregunta "¿No eran tres los que echamos al fuego? Pues yo veo cuatro hombres... y el cuarto es semejante a un hijo de los dioses". En este último pasaje muchos teólogos discuten sobre si realmente era un Ángel del Señor o era Cristo en persona. Hay quienes consideran esta última posibilidad la más factible, lo que nos llevaría a situar este episodio como un posible caso de Cristofanía. 

Pero volviendo al Éxodo, hay algunos episodios bastante interesantes en los que quiero detenerme. El Éxodo es otro de los pasajes bíblicos donde más casos de Teofanías y/o Cristofanías se producen. Aparte del mencionado pasaje de la zarza ardiente, tenemos la columna con la que Dios guía al pueblo hebreo tras su salida de Egipto. Una columna en la que de día es de nube y de noche de fuego, la cual era vista por todos de forma continua. Otra de ella es Éxodo 14:19-24, donde se produce el paso de los hebreos por el Mar Rojo, donde la columna de nube guía a los hebreos hasta la otra orilla. También en Éxodo 19:20, los hebreos contemplan cómo la nube que los ha guiado bajaba del Monte Sinaí, en medio de humo, fuego, truenos y el sonido de una trompeta sobrenatural, acompañado de un terremoto en dicho lugar. 

Dicho esto, cabe preguntarse ¿Qué Dios benevolente se presenta en medio de fuego, truenos y terremotos, desatando el pánico entre la gente? ¿Es realmente Dios o es, como ya he dicho varias veces a lo largo de esta entrada, una entidad que se hace pasar por Dios? Si realmente es Dios ¿Podemos sentirnos seguros a su lado, o más bien deberíamos alejarnos y temer de su presencia? Volviendo a los textos sagrados, en Éxodo 24:15-18 y en Éxodo 40:34-38 se produce lo que se denomina "La Gloria de Dios", donde la presencia de Dios es vista nuevamente como una nube y una luz intensa, además de un inmenso poder espiritual. En este último pasaje, ocurrido en el Tabernáculo, Dios vive dentro de esa tienda, lo cual nos devuelve a la pregunta inicial: Si Dios es omnipresente, ¿Por qué su presencia está físicamente en el Tabernáculo? ¿Acaso la presencia de Dios no está en todas partes? 

También en el Éxodo 33:11 se dice que Moisés hablaba con Dios "cara a cara". Esta afirmación ha sido discutida por muchos teólogos, ya que consideran que a Dios no se le puede ver cara a cara, ya que el ser humano moriría si lo llegase a ver. Por ello, muchos llegan a la conclusión de que se trata de conversaciones directas entre el propio Moisés y Dios, sin que el líder hebreo pudiese verle su rostro. Sin embargo, el caso más enigmático es el que se produce en Éxodo 33:18-23, donde Moisés pide a Dios ver su gloria. 

Una súplica a la que Dios contesta de esta forma: "No podrás ver mi rostro, porque ningún ser humano puede verme y seguir con vida". Es entonces cuando Dios le ordena a Moisés situarse sobre una peña, añadiendo a continuación: "Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; más no verás mi rostro". 

Este episodio (el cual es junto con los demás claros ejemplos de Teofanía) es otro de los que, como ya he añadido anteriormente, añade una capa más de complejidad e intriga a la historia. Si Dios es una entidad espiritual y omnipresente ¿Cómo es posible que Moisés pudiese ver sus espaldas tras retirarle Dios su mano? ¿Es Dios una entidad espiritual o física? ¿Qué clase de Dios crea el mundo, pero actúa como un militar batallando contra todos los demás pueblos de la tierra en pos del pueblo judío? ¿Es Dios una entidad benévola o no? ¿Es Dios confiable o no? 

¿Es el Dios del Antiguo Testamento el mismo que el del Nuevo Testamento o no? ¿Por qué donde el Dios del Antiguo Testamento exigía sacrificios y matanzas, el Dios del Nuevo Testamento solo pedía arrepentimiento y amor? ¿Por qué el Dios del Antiguo Testamento recurre al "ojo por ojo" y el Dios del Nuevo Testamento a "poner la otra mejilla? ¿Por qué era necesaria la muerte de Jesucristo para redimir a la humanidad de sus pecados, pudiendo Dios haberlo hecho sin necesidad de sacrificar a su Hijo? ¿Acaso eran dioses diferentes? 

Por cierto, con respecto a la pasión y muerte de Jesús conviene reflexionar sobre una cosa bastante interesante. Cuando Jesús conversa con Dimas (el buen ladrón), Cristo le promete a éste que "hoy estarás conmigo en el Paraíso", como consecuencia del arrepentimiento de los pecados de Dimas; sin embargo, si Cristo desciende a los Infiernos para salvar las almas de los justos ¿Cómo se explica que Jesús estuviese en el Paraíso con Dimas y a la misma vez luchando contra Satanás en el Infierno, derrotándolo posteriormente y salvando a los justos? ¿Acaso estaba en ambos lados espiritualmente o quizás la promesa hecha a Dimas nunca se cumplió? Y por último ¿Jesús, en el Infierno, salvó las almas de los justos de Israel o también la de los gentiles? En esta última pregunta se encierra el enigma de si Dios lo es de todos por igual o solo de "las ovejas descarriadas de Israel".

Pero siguiendo con el pasaje de la crucifixión, ahí se produce también otro de los momentos más enigmáticos del Nuevo Testamento, concretamente uno que viene recogido en Marcos 15:34 y en Mateo 27:46, en donde Cristo exclama "Eli, Eli, lama sabactani" (Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?). Esta frase es bastante interesante y debatible, ya que Cristo hace un llamamiento desesperado a su padre en sus últimos momentos de vida. Pero la cuestión aquí es ¿Por qué Jesús llama desesperadamente a Dios Padre? ¿Por qué le pregunta que lo ha abandonado si Jesús, como Dios Hijo que era, sabía que su misión en el mundo era el de consumir el sacrificio por el que había sido enviado a la tierra por su Padre? 

Acaso, ciñéndonos por la doctrina de la Santísima Trinidad, si Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo son la misma entidad ¿Por qué entonces Jesucristo suplica a Dios en la cruz si ambos comparten en teoría la misma voluntad al ser uno solo? ¿Acaso ambas entidades son distintas y de ahí que Jesucristo acepte de forma resignada la voluntad de su Padre en Getsemaní con respecto a su destino/misión en la tierra "No se haga mi voluntad, sino la tuya" y luego, mientras está agonizando, exclame a Dios desde la cruz "¿Por qué me has abandonado"?

¿Acaso esperaba Cristo que Dios actuase antes de su muerte y lo salvase? Si Jesús era Dios Hijo sabía perfectamente cuál iba a ser su destino y sabía también que su Padre no iba a interceder por Él, ya que su sacrificio era la única forma de salvar a la humanidad (algo incongruente si tenemos en cuenta que Dios puede, como ya he dicho antes, cambiar las reglas del juego sin necesidad de enviar a su Hijo para la redención del ser humano). Las palabras de Cristo son, en ese sentido, bastante enigmáticas, ya que Él sabía mejor que nadie que Dios Padre no iba a interceder en ningún momento durante la pasión de Jesús.

El mismo Jesús que posteriormente, una vez resucitado, no era reconocido por sus allegados, como sucede en el pasaje evangélico de Lucas 24:13-35, donde dos discípulos caminan junto a Jesús hacia Emaús sin saber éstos que es Él hasta el momento en el que comparten cena y lo ven partir el pan. También en Juan 20:14-16, María Magdalena (la cual no era prostituta, sino que estaba poseída por siete demonios, los cuales fueron expulsados por Jesús) no lo reconoce a primera vista; y por último en Juan 21:4 los discípulos no reconocen a Cristo, el cual está a la orilla del lago. 

Si a todo esto le sumamos que tanto en Juan 20:19 como en Juan 20:26 se menciona el hecho de que Cristo traspasaba las paredes y aparecía y desaparecía frente a los suyos de forma imprevista uno se pregunta ¿Jesucristo resucitó en cuerpo y alma o resucitó solo espiritualmente? El hecho de que pudiese comer y ser tocado como cualquier mortal mientras que a su vez realizaba estos fenómenos sobrenaturales, uno se pregunta ¿Qué tipo de resurrección experimentó Jesucristo? ¿Era un cuerpo resucitado o un alma reencarnada?

Y por último, en lo que respecta a Jesús, cabe añadir otro de los pasajes más intrigantes del Nuevo Testamento, ocurrido antes de la pasión de Cristo. En Juan 8:44 concretamente encontramos una discusión entre los judíos y Jesús. En un momento determinado de la discusión, Jesús les dice "Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois hijos de vuestro padre, el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira". 

Claro, uno lee este pasaje y lo primero que se pregunta es: si los judíos son los hijos de Dios, ya que es su pueblo elegido entre toda la humanidad, ¿Por qué Cristo les dice que son hijos del diablo? Si Jesús habla en nombre de Dios, no tendría que hacerles esa afirmación a los judíos, a menos que Jesús hable en nombre de otro Dios distinto al Dios del Antiguo Testamento. Si esto es así, cabe preguntarse ¿Quién envía pues a Jesús a la tierra? ¿Qué Dios es la entidad por la que Cristo habla? ¿Por qué les dice que no son hijos de Dios si Él mismo lo confirmó así en el Antiguo Testamento?

Si hablásemos del mismo Dios del Antiguo Testamento, no tiene sentido que Jesucristo se contradiga o hable mal de su propio Padre, o de sí mismo, si tenemos en cuenta la doctrina de la Trinidad. Entonces, si Jesús se refiere a los judíos como "hijos del diablo" ¿Quién es el Dios del Antiguo Testamento? ¿Y quién es el Dios del Nuevo Testamento? ¿Y quién es Jesucristo realmente? ¿Quién lo envía? ¿Qué Dios? Muchas preguntas sin respuestas en este pasaje, el cual es igualmente otro de los más enigmáticos e incongruentes del Nuevo Testamento. 

Dicho esto, y volviendo a Dios Padre, cabe preguntarse también ¿Somos indiferentes para Dios o en cambio experimenta con nosotros? ¿Seguimos siendo los gentiles un segundo plato para Él en favor de los judíos? ¿Con qué objetivo nos creó y estamos aquí? Muchas preguntas son las que hay en los textos sagrados que sin embargo a día de hoy siguen sin ser aclaradas. En lo que a mí respecta debo decir, como creyente acérrimo que he sido, que cuanto más leo la Biblia menos creo en Dios. Al menos en el Dios judeocristiano en el que he creído hasta hace unos años. 

Basta recordar los pasajes del Libro de Job que mencioné en mi última entrada titulada "La Iglesia Católica o la Nueva Babilonia", donde exponía las conversaciones que Dios tiene con Satanás en Job 1:6-12 y Job 2:1-7, donde Dios habla con el diablo acerca de Job y Satanás obtiene el permiso de Dios para ponerlo a prueba en los dos pasajes que he mencionado anteriormente. ¿Qué clase de Dios pondría a prueba a sus hijos si ya sabe cómo son sus corazones? 

Lo mismo podría decirse del sacrificio de Isaac. Si Dios sabía que Abraham haría todo lo que Él le pidiese ¿Por qué lo pone a prueba hasta última hora si Él es omnisciente? Estas conversaciones, e incluso complicidad, entre Dios y el diablo solo demuestra que no se nos ha revelado todo lo que la humanidad cree sobre estas entidades. Personalmente no descarto en absoluto que exista una entidad similar a Dios, o incluso Dios mismo, pero desde luego no es como nos lo han presentado hasta ahora. 

jueves, 4 de junio de 2026

La Iglesia Católica o la Nueva Babilonia


En los próximos días se realizará la primera visita de León XIV a España desde que el año pasado fuese elegido Papa. Un papado que durante el año que lleva ejerciendo el americano Robert Prevost se está caracterizando por su prudencia y un matiz de conservadurismo moderado, lo que le diferencia del papado wokista, globalista e izquierdista de Jorge Bergoglio (Francisco). Pero no es respecto a eso sobre lo que quiero escribir esta noche, sino sobre una cuestión que lleva marcando desde hace veintiún siglos a la Iglesia Católica y a sus máximos líderes: la corrupción. 

En Mateo 16:18 encontramos el pasaje evangélico en el que Cristo confirma a su apostol Simón que desde ese momento se llamará Pedro (que significa "piedra"), añadiendo Jesús posteriormente "Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella". Esto sucede justo después de que Cristo le pregunte a sus apóstoles quién creen que es Él, a lo que Simón le contesta "Tú, Señor, eres el Cristo. El hijo de Dios vivo". 

Estamos, sin lugar a dudas ante un momento de gran relevancia en el Evangelio, ya que es el momento en el que teóricamente Cristo encomienda a Pedro la edificación, o la apertura, de su nueva Iglesia. Una Iglesia que, como ya hemos visto anteriormente, no lograría ser penetrada por las fuerzas oscuras del mal. Pero tras dos mil años de existencia de la Iglesia Católica cabe preguntarse: ¿Ha logrado realmente el Infierno adentrarse y adueñarse de la Iglesia que en su momento fundase Cristo? La pregunta directa es un sí rotundo. 

No debemos irnos muy lejos para ahondar en este hecho. En la misma noche en la que Jesús es arrestado y conducido ante el Sanedrín. En Mateo 26:69-75 un grupo de invididuos reconocen a Pedro y le acusan de ser discípulo de Cristo; una acusación de la que Pedro niega hasta un máximo de tres veces antes de que, como el propio Jesús le vaticinase a éste en la última cena, cantase el gallo. Esto nos da una idea de cómo la propia Iglesia que Jesús crea comienza a corromperse y a renegar de Cristo con el que teológicamente es considerado como "el primer Papa". 

¿Acaso Pedro tuvo menos culpa al renegar de Cristo, incluso delante de su presencia, como afirma Lucas 22:54-62, que Judas cuando lo traicionó? ¿Acaso no traicionó también la "Piedra de la Iglesia" a Jesucristo cuando Éste más lo necesitaba? Si partimos de esa base podemos considerar que la Iglesia Católica se funda bajo la autoridad de un individuo que traicionó y renegó a Jesucristo en el peor momento del hijo de Dios. Es por esto por lo que, una vez resucitado Jesús, en el Evangelio de San Juan, concretamente en Juan 21:15-17, Jesucristo le pregunta hasta tres veces si lo ama, a lo que Pedro le contesta que sí, suponiendo al instante éste que Cristo se lo pregunta tres veces por las tres veces que él lo negó con anterioridad. 

Obviamente, Pedro le responde afirmativamente a Jesús sobre sus sentimientos cuando todo ya ha ocurrido, pero siempre me he preguntado qué habría respondido Pedro si Jesús hubiese sido de nuevo arrestado y él se hubiese visto en el dilema de contestar con un "sí" o con un "no" si de nuevo le hubiesen preguntado públicamente si lo conocían. Esto, por supuesto, es una pregunta que jamás podrá ser contestada, pero cuya duda ahí queda ya sembrada. Quien traiciona una vez, puede hacerlo de nuevo.

Las negaciones de Pedro suponen a su vez el comienzo de la degradación en la Iglesia Católica. Ya en el año 325 se convoca por el emperador romano Constantino el denominado Concilio de Nicea, el cual es, en mi opinión, el más importante en la historia del Catolicismo. En dicho Concilio se reconoce que Cristo es verdaderamente Dios, el cual ha sido engendrado y no creado. Una doctrina que iba en contra de lo defendido por Arrio (el denominado "arrianismo"), el cual consideraba que Cristo no era eterno y fue creado a su vez por Dios Padre, lo cual llevaba implícito que Jesucristo no era plenamente Dios. En dicho Concilio el arrianismo es derrotado en favor de las doctrinas que prevalecen hasta el día de hoy. 

Ya en aquella época se produce a su vez la aceptación y/o rechazo de aquellos Evangelios que son considerados Canónicos y los que han sido definidos como "Apócrifos" hasta la actualidad. Evangélios como el de Tomás, Judas e incluso el del propio Pedro, entre otros, fueron rechazados o bien por su contenido, o bien por la aparición tardía de dichos escritos, lo cual ponía en duda su veracidad. Es decir, ya en los primeros siglos de la Iglesia Católica, el Catolicismo decide qué textos deben ser reconocidos como oficiales y cuales no. Una forma de apartar aquellos Evangelios cuyo contenido pudiese ser contrario a los Dogmas ya plenamente aceptados por la sociedad de entonces. La Iglesia Católica censura pues Evangelios que deberían ser, como mínimo, tenidos en cuenta y que narraban sucesos que no eran descritos en los cuatro Evangelios oficiales (Juan, Marcos, Lucas, Mateo). 

Ya en la Edad Media, la corrupción entra de lleno en la Iglesia Católica, momento en el cual se produce la división en 1054 de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Una vez caído el Imperio Romano, la Iglesia Católica se convierte (y aún lo sigue siendo) en el legado más poderoso de Roma junto al Derecho Romano. Es aquí donde se produce la llegada de algunos Papas, los cuales han sido considerados por muchos historiadores como los más perversos, corruptos y maquiavelos de la historia de la Iglesia. 

Un claro ejemplo lo encontramos en Alejandro VI, el Papa de la polémica dinastía española de los Borgia. A Alejandro VI se le considera el Papa más corrupto de la historia. Conocido por mantener relaciones sexuales con su propia hija, Lucrecia Borgia, y por designar a su hijo, César Borgia, como un líder militar y político, Alejandro gobernó la Iglesia Católica en medio de escándalos de corrupción, envenenamientos, orgías e intrigas. 

Cabe destacar que en aquellos años, la Iglesia había pasado ya de ser una institución espiritual a ser una institución política, donde el Catolicismo se había adueñado de gran parte de la península itálica, pasando a ser denominada "los Estados Pontificios". Un territorio político que Papas como Alejandro VI, entre otros, gobernaron con mano de hierro, despotismo y poca espiritualidad cristiana como si de su propio cortijo personal se tratase. 

Mucho antes de Alejandro VI, hubo otro Papa bastante controvertido, el cual es considerado por muchos como el "Calígula católico": Juan XII. Perteneciente a una de las familias nobles más famosas de Italia, Juan fue elegido máximo dirigente de la Iglesia Católica y, con ello, de los Estados Pontificios con tan solo dieciocho años. Su papado se puede resumir en abusos de poder, orgías y fiestas inmorales, asesinatos, sacrilegios, perjurios, escándalos sexuales y traición contra el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otón I. Juan XII, del cual se dice que tenía nulo interés por la vida espiritual, fue asesinado por un hombre, el cual encontró al Pontífice acostado con su mujer, muriendo a los veintisiete años. 

Poco antes de Juan XII, se produjo la llegada de otro de los Pontífices más polémicos de la historia: Esteban VI, el cual llegó a la Silla de Pedro en el año 896. Poco después de iniciarse su papado, Esteban ordenó exhumar el cadáver de su predecesor en el cargo, el Papa Formoso, acusándolo de haber accedido al cargo de forma ilícita y de haber cometido perjurio. Vestido con sus ropas papales, el cadáver de Formoso fue declarado culpable en lo que se ha conocido como el "Concilio Cadavérico" y su pontificado, así como sus actos, fueron declarados nulos de forma retroactiva. Tras esto, se le despojó de sus vestiduras papales, se le arrancó tres dedos (los cuales utilizaba para realizar la bendición), se le quemó y finalmente fue arrojado al río Tíber. 

Poco después de este hecho tan espeluznante, se produjo en Roma un terremoto, el cual fue considerado por muchos como un "castigo divino" como consecuencia del asesinato póstumo de Formoso por orden del entonces Papa Esteban VI. A raíz de esto, el pueblo de Roma se dirigió hacia las dependencias del palacio de Esteban, donde el Papa fue estrangulado por los romanos que se habían dirigido hasta allí. De esta forma finalizaba un Papado que duró tan solo un año y que estuvo salpicado por un juicio post mortem de un Papa ya fallecido.

Ya en el siglo XVI, y tras la caída de Alejandro VI (posiblemente envenenado) y la familia Borgia, subió al Papado Julio II, el cual es ampliamente conocido por ser el promotor de la creación de la Capilla Sixtina, la cual fue pintada magistralmente por Miguel Ángel. Pero tras esto se esconden muchos oscuros episodios con respecto a este Papa, cuya agresividad e impulsividad lo hicieron famoso en el mundo. 

Más preocupado por la política y la guerra que por la doctrina Cristiana, Julio II fue más un militar estratégico, sanguinario, belicista y agresivo que un Papa. Inmerso en guerras contra Francia y Venecia durante su Pontificado, Julio II (también denominado "el Papa guerrero") podía considerarse un "Trajano católico", ya que buscaba no solo mantener sino extender los territorios de los Estados Pontificios. Su figura representa el antagonismo de lo que en la actualidad se entiende como un Papa de la Iglesia Católica.

Con el resumen de los Pontificados de estos Papas, los más controvertidos de la Iglesia Católica, entre otros, uno cabe preguntarse: ¿Realmente el Infierno no entró en la Iglesia, como profetizaría Jesucristo? El Infierno, o el mal, se adueñaron de los cimientos de la Iglesia Católica desde sus comienzos. La cuestión es ¿Por qué Dios permitiría que la Iglesia que su hijo creó fuese tomada por el mal desde sus inicios? La cuestión puede verse de dos formas: Cristo no deseaba crear una Iglesia en torno a unas instituciones humanas, las cuales, teóricamente, promueven su palabra (aunque, como ya se ha visto, no siempre ha sido así). 

Puede que Cristo buscase más bien una Iglesia espiritual, donde el ser humano llevase en sus corazones sus palabras y no requiriese de terceros ni de organismos estatales (El Vaticano sigue siendo un Estado a pesar de no poseer ya los Estados Pontificios) para promover sus palabras y sus actos. Probablemente hubiese intereses de por medio tras la muerte de Cristo, especialmente entre los apóstoles iniciales y, sobre todo, sobre un personaje tan controvertido y ocuro como fue Pablo de Tarso, el mismo que invirtió gran parte, por no decir todo el mensaje de Cristo durante los primeros años del Cristianismo y universalizó unas enseñanzas que en un principio solo debían ser dirigidas al pueblo judío.

Ahora cabe la segunda interpretación, y por ello, la más oscura. En el Libro de Job, concretamente en Job 1:6-12, se menciona que varios hijos de Dios, entre ellos Satanás, se personan ante la presencia de Dios, a lo cual Éste le pregunta al demonio de dónde viene. La respuesta de Satanás es directa "De rodear la tierra y de andar por ella". Es aquí cuando se produce una conversación en la cual ambos hacen una especie de "apuesta" para poner a prueba la fidelidad de Job hacia Dios, a lo cual Él accede y autoriza al diablo a que lo utilice con todo, pero sin poner su mano sobre él. Ya en Job 2:1-7 se produce una nueva discusión entre Dios y Satanás, consintiendo además Dios que el diablo lo hiera, pero que no ponga en riesgo su vida. A pesar de las pruebas del demonio, finalmente Job sigue siendo fiel a Dios. 

Dicho esto cabe pensar: ¿Y si Dios y Satanás juegan con el ser humano y tienen más complicidad de la que creemos? ¿Quién nos dice que Jesús crea efectivamente la Iglesia, tal y como la hemos conocido a lo largo de estos siglos, para que el mal finalmente penetrase en ella con la autorización de Dios? ¿Acaso Dios y Satanás "juegan" con el espíritu del ser humano y lo pone a prueba constantemente? ¿Acaso el bien y el mal están más interrelacionados de lo que pensamos y se necesitan mútuamente? ¿Acaso Dios necesita la existencia del mal para poner a prueba al ser humano? De ser así, el concepto que tenemos del bien y el mal se distorsionaría absolutamente y la fe y el concepto de lo que es el bien y el mal se confundirían, sumando al ser humano y al mundo en la crisis más grave de su existencia. 

¿Por qué entonces Jesús pronostica que las puertas del Infierno no prevalecerán contra la Iglesia si finalmente esto sí ha ocurrido? ¿Acaso Cristo no acertó en su profecía? De ser así, ¿Cómo sería posible este fallo? Un fallo que nos recuerda a cuando Cristo habla del fin de los tiempos y del hecho de que "No pasará esta generación que todo esto acontezca". ¿Acaso falló también Cristo en esta profecía sobre el fin de los tiempos, o acaso ese fin de los tiempos al que Jesús hacía mención fue la sublevación judía del año 70 d. C, la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén y Masada? 

Una destrucción del Segundo Templo de Jerusalén que Cristo ya profetiza, entre otros pasajes evangélicos, en Mateo 24:2. ¿De ser así, el fin de los tiempos ya ocurrió y vivimos en el escenario posterior al Apocalipsis sin saberlo? Si Jesús falló en algunas de sus profecías ¿Era o no entonces el hijo de Dios? Si Dios no puede confundirse jamás, ¿Cómo es posible que Jesús lo hiciera en algunas de ellas? Y si Jesucristo no falló en su profecía sobre el fin de los tiempos, ¿Sería la Iglesia Católica la denominada en el Apocalipsis como "la Gran Ramera" o "la Nueva Babilonia"?

En definitiva, y volviendo a la cuestión que hoy planteo, no deja de ser cierto que la Iglesia Católica está repleta de secretos, corrupciones y malicias. Y esto no es algo que haya desaparecido en la actualidad, sino que se mantiene, aunque con más discrección. Buena prueba de ello fue el breve pontificado de treinta y tres días (número relevante en la simbología) de Juan Pablo I, el caso de Vatileaks, el cual llevó a la renuncia de Benedicto XVI como Papa en 2013, o la apuesta de la Iglesia por el wokismo y el globalismo satánico que tan bien encarnó Francisco durante su pontificado y que a la espera estamos aún de lo que haga León XIV tras su primer año al frente de la Iglesia. 

Bien es verdad que desde la extinción de los Estados Pontificios, el Vaticano dejó de tener poder para tener influencia. O quizás nunca perdió del todo ese poder y la Iglesia Católica sigue teniendo, entre las sombras, más poder del que imaginamos. Un paralelismo que podemos hacer perfectamente con las Monarquías Parlamentarias, donde los reyes actuales apenas ejercen poderes constitucionales pero en las sombras ejercen más autoridad de la que se cree. 

Sea como fuere, lo cierto y verdad es que el mensaje de Cristo quedó desarticulado en su totalidad en pos de unos intereses humanos, principalmente por parte de sus seguidores y de Roma (¿Alguien cree que Constantino legalizó el Cristianismo por conversión y no por intereses políticos?), y que ha continuado así hasta la actualidad. Siendo así, y teniendo en cuenta a la Iglesia Católica como una institución humana y a Dios como una entidad ajena a la humanidad, cabe recordar las palabras que Dios mismo dijo en Isaías 55:8-9 "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos". 

martes, 2 de junio de 2026

Fernando VII: una desgracia nacional


A pesar de haber escrito un par de entradas sobre la época, todavía no había dedicado una entrada a uno de los personajes históricos españoles más controvertidos de los últimos doscientos años: Fernando VII, rey de España, denominado por la mayoría como "el rey felón". En estos momentos en los que nuestro país se encuentra sumido en una gravísima crisis de corrupción y de inestabilidad institucional, todas las miradas se fijan ahora en el todavía presidente del gobierno, Pedro Sánchez, un tipo que ha sido definido por muchos como el gobernante más pésimo que ha tenido lugar en España desde Fernando VII. Una comparación que también se hacía en su momento con su mentor y ahora imputado, el ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

En estos momentos en donde hasta la bandera de España se cae al suelo mientras es izada en el desfile de las Fuerzas Armadas, mostrando con ello una metáfora de la fragilidad nacional y de cómo se encuentra el país e incluso supone un mal presagio, según algunos, de lo que estamos viviendo y de lo que nos queda por vivir, creo que es el momento oportuno de hablar de este personaje, Fernando VII. Un personaje el cual no dudó ni un solo momento en traicionar a su padre para convertirse en rey en el fallido intento de golpe de Estado de 1807, conocido como "la conjura de El Escorial". 

Aquella conjura, que acabó con Carlos IV, entonces rey de España, ordenando la detención de su hijo Fernando, entonces príncipe de Asturias, fue solo la antesala de lo que ocurriría al año siguiente, concretamente en marzo de 1808, cuando se produce el motín de Aranjuez y la caída del entonces primer ministro, Manuel de Godoy, leal a Carlos IV, supuesto amante de la reina María Luisa de Parma y enemigo acérrimo del príncipe Fernando. Tras la caída de Godoy por parte de los partidarios de Fernando, se produce la abdicación forzosa de Carlos IV en favor de su hijo. Comienza entonces el primer reinado de Fernando VII, el cual con tan solo veinticuatro años se convierte en rey de España tras un motín popular, planeado por sus partidarios. 

Pero la alegría le iba a durar poco a Fernando, ya que en mayo de 1808 se produce el viaje a Bayona, donde se reunirá con Napoleón Bonaparte (entonces ya emperador de los franceses), con su padre, el destronado Carlos IV, y con Godoy. En una brillante y estratégica encerrona, Napoleón obtiene en tiempo record la abdicación tanto de Fernando (cuya Corona vuelve a ser devuelta a Carlos IV) como de su propio padre, el cual abdica en favor de Napoleón, proclamando posteriormente a su hermano José Bonaparte como nuevo rey de España. Con estas abdicaciones, los Borbones dejan España a merced de los franceses sin importarles demasiado las consecuencias que sufrirá el país que hasta ese momento ellos habían dirigido. 

De esta forma, tanto Fernando como Carlos (al igual que Godoy) se convierten en prisioneros acomodados de Napoleón mientras en nuestro país estalla una de las guerras más cruentas de cuantas se recuerdan en la historia contemporánea de España: la Guerra de la Independencia. Una guerra que duraría seis años mientras José I gobernaba como podía el país y Fernando observaba desde el castillo francés de Valançay los acontecimientos. Fernando tuvo en todo momento una relación cordial e incluso humillante hacia Napoleón, con la esperanza de que éste le devolviese la Corona de España si los acontecimientos en nuestro país acababan finalmente dándole la victoria a los españoles, los cuales luchaban por un rey destronado al cual le era indiferente el destino de sus súbditos. 

Ya en diciembre de 1813, y tras la derrota francesa en España, José I abdica la Corona española y Napoleón designa a Fernando, que entonces cuenta con veintinueve años, como nuevo rey de nuestro país tras ser forzado a abdicar seis años antes en Bayona. ¿Qué ocurre entonces? Que Fernando VII comienza su segundo reinado en un contexto político e histórico completamente distinto al de 1808. Ante la no sumisión de las Cortes españolas a José I y al Estatuto de Bayona (primera Constitución española, aunque nunca reconocida como tal), éstas se reúnen en Cádiz y acuerdan aprobar el 19 de marzo de 1812 la denominada "Constitución de Cádiz". 

Una Constitución de corte liberal en la que el rey veía limitado sus poderes y por primera vez se le concedía derechos a los ciudadanos, los cuales eran desde entonces los únicos soberanos de la nación. Ante tal situación, la cual era inconcebible para un monarca de ideas absolutistas y despóticas como Fernando, éste lleva a cabo un golpe de Estado en mayo de 1814, justo tras su regreso a España (sus padres y Godoy siguieron exiliados de por vida), y deroga por completo la Constitución gaditana. Esto provoca un shock en toda la sociedad española, la cual esperaba que el rey por el que muchos habían luchado y muerto durante la Guerra de la Independencia, jurase sobre la denominada "Pepa" y aceptase el nuevo estatus político y jurídico que las Cortes habían inaugurado en 1812. 

¿El resultado de todo esto? Una crisis sin precedentes en España donde los liberales y los absolutistas defenderían hasta el límite sus ideales mientras Fernando VII ordenaba el arresto y la represión de todos aquellos liberales que habían luchado por la Constitución de 1812. Ante esta situación se produce un nuevo escenario de tensión en todo el país, lo que provoca una serie de pronunciamientos militares de tipo liberal mientras Fernando VII gobierna sin límites y devuelve los privilegios estamentales a la nobleza y al clero. 

Todo esto provoca que, como consecuencia de la Guerra de la Independencia y la posterior crisis creada por el rey y las tensiones constantes en la península, las provincias españolas en América comiencen a defender las ideas liberales e incluso la independencia de sus territorios de la Corona española, lo cual se va materializando a lo largo de los próximos años, donde territorios como México, Bolivia, Perú, Argentina, Chile, Venezuela, Ecuador, Panamá, Colombia, etc, se van independizando de España en un periodo de algo más de una década. De esta forma, en poco más de diez años, España pierde de forma progresiva su histórico y extenso Imperio. 

Mientras España pierde su Imperio conforme avanza el reinado de Fernando y sus represiones, en la península se vive en un estado constante de tensión y pánico, el cual acaba finalmente con el pronunciamiento liberal en 1820 del coronel De Riego, iniciando con ello una serie de guerrillas entre los liberales y los absolutistas provocando finalmente la derrota de los estos últimos y el juramento, contra su voluntad, de Fernando VII sobre la Constitución de Cádiz, la cual vuelve a ser restablecida, dando con ello comienzo al denominado "Trienio Liberal". 

Al inicio del Trienio Liberal en 1820, los absolutistas se oponen a todo tipo de instauración liberal y a la apertura de nuevos derechos en España, así como a la supresión de los privilegios del Antiguo Régimen. Fernando se ve obligado mientras tanto a reinar de forma limitada y a ver de forma resignada cómo debe compartir su poder con las Cortes dentro de un sistema que proclama que la soberanía nacional reside en la nación española y no en el rey. El monarca convive pues durante tres años y contra su voluntad con un sistema político que desprecia y rechaza en todas sus vertientes.

Tras varias sublevaciones y el estallido de una Guerra Civil en España en 1822 entre liberales y absolutistas, Fernando decide acudir en ayuda de "la Santa Alianza", un pacto político y militar firmado por las Monarquías absolutistas en Europa tras la caída de Napoleón, con el objetivo de ayudar al país, o mejor dicho, al soberano absolutista que estuviese en serios problemas. Es entonces cuando desde Francia se envían a los denominados "Cien Mil Hijos de San Luis", un contingente del ejército francés que invade España con el objetivo de liberar a Fernando VII del régimen liberal surgido tras el pronunciamiento del coronel De Riego en 1820. De esta forma, los franceses volvían a invadir España, esta vez bajo las súplicas de Fernando ante las Monarquías europeas. ¿El resultado? la victoria de los absolutistas en 1823 y la derogación, nuevamente, del sistema liberal tras la derrota de éstos. 

Comienza entonces el último periodo del reinado de Fernando VII, conocido como "la Década Ominosa", donde la represión contra los liberales y contra la población española en general se volvió más dura que nunca, provocando, entre otras cosas, el cierre de periódicos y universidades, así como la prohibición de las sociedades secretas, entre ellas la masonería. Personalmente, creo que esto último fue lo único bueno que realizó Fernando VII durante su malicioso reinado, junto con el exterminio de la Santa Inquisición; un exterminio que ya fue iniciado por José I. 

Las ejecuciones y las persecuciones se convierten en la dura realidad a la que es sometida España de forma continuada durante aquellos últimos diez años de reinado de Fernando VII, incluyendo el fusilamiento de partidarios del monarca durante la Guerra de la Independencia. Es en aquellos años cuando Fernando ve cómo su salud se deteriora y decide, sin más consultas, promulgar la Pragmática Sanción, con el objetivo de que su hija, la futura reina Isabel II, pueda gobernar, a falta de la existencia de un heredero varón. De esta forma, deslegitimaba al que hasta entonces era el legítimo heredero al trono: el Infante Carlos María Isidro. 

Finalmente, y a pocos días de cumplir los cuarenta y nueve años, Fernando VII fallece en el Palacio Real de Madrid, dejando como regente a su cuarta esposa (que además era su propia sobrina), María Cristina de las Dos Sicilias (una regente corrupta y extranjera, la cual posteriormente tuvo que ser expulsada del país hasta en dos ocasiones), a una niña de tan solo tres años como reina de España que décadas después saldría también huyendo del país en 1868 tras un reinado corrupto e inmoral, a una nación sumida en una nueva guerra civil (la Primera Guerra Carlista como consecuencia de la sucesión del rey) y en una miseria irrespirable, además de una pérdida histórica de los territorios ubicados en América. El reinado de Fernando VII se puede resumir pues en una desgracia nacional. 

Una desgracia que duró veinte años, desde 1813 hasta 1833, y que acabó llevándose por delante el país en medio de un sinfín de sublevaciones militares, guerras consecutivas, ejecuciones y encarcelamientos masivos, así como represión contra la oposición y la población española. Por motivos como los que acabo de resumir, la mayoría de la sociedad española coincide, y yo también, en que Fernando VII es uno de los gobernantes más nefastos que ha dado la historia contemporánea de España. Un listón, el de Fernando VII, bastante alto que algunos en la actualidad están intentando superar, y lo más grave es que lo están consiguiendo.