Se dice, y con razón, que Sevilla tiene un color especial; y no es para menos. La capital andaluza tiene, además de una gran belleza y un grandioso patrimonio artístico, una historia importante a sus espaldas. Como sevillano que soy, no puedo sino dar la razón a los que enaltecen mi tierra. Una tierra que vio nacer a dos de los emperadores romanos mejores considerados en la historia: Trajano y Adriano. Los que somos sevillanos nos resultan ya familiares estos nombres, ya que ambos tienen calles dedicadas en el centro de nuestra ciudad; pero detrás de sus nombres se concentran las historias de dos gobernantes que condujeron a Roma a su punto más glorioso y extenso.
Tanto Trajano como Adriano nacieron en la conocida ciudad de Itálica (actualmente Santiponce), a pocos kilómetros de Sevilla y ambos fueron reconocidos militares antes de sus respectivos ascensos al trono. Trajano se convirtió en emperador de Roma tras el fallecimiento del emperador Nerva, el cual lo designó hijo adoptivo y sucesor tras una rebelión de la guardia pretoriana. Finalmente, en enero del año 98, Nerva fallece tras un periodo corto de gobierno y Trajano asumió el liderazgo político, administrativo y militar del ya todopoderoso Imperio Romano.
Trajano fue conocido, sobre todo, por su afán de extender los territorios del Imperio, llegando a conquistar Dacia (la actual Rumanía) y otros territorios orientales. Mantuvo durante sus casi veinte años de gobierno una relación cordial y fructífera con el Senado, lo cual era bastante inusual. De carácter pragmático y cercano, Trajano aprobó programas sociales en defensa de los niños más pobres y fue un defensor de las políticas sociales. Llevó a cabo obras públicas en carreteras, foros y acueductos y contó hasta su fallecimiento en agosto del año 117 con el ya comentado apoyo y respeto del Senado, así como del propio ejército y del pueblo.
En el momento de su muerte se encontraba regresando de una campaña militar en Oriente y dejaba como legado la extensión territorial más grande del Imperio Romano. Tras su enfermedad y posterior muerte, su hijo adoptivo Adriano, el cual era sobrino segundo de él, asumió el trono en un momento de exitosa estabilidad a nivel interno en el Imperio. Adriano, a diferencia de Trajano, no fue un conquistador ni tuvo interés en seguir con la expansión territorial de su padre adoptivo.
Conocido por ser un gran amante de la cultura y la filosofía griega, prefirió consolidar y defender a ultranza las fronteras del Imperio a la vez que realizó importantes reformas administrativas. Destacado por ser uno de los emperadores que más viajó a las provincias romanas a lo largo de sus veinte años de gobierno, el emperador se hizo famoso por, entre otras cosas, la construcción en Britania del denominado "Muro de Adriano", en su afán por asegurar las fronteras romanas y mantener el orden dentro del Imperio. A su muerte en julio del año 138, su hijo adoptivo, Antonino, se convertiría en el nuevo emperador de Roma. Cabe añadir que aunque Antonino no nació en Itálica, sí tenía igualmente raíces familiares procedentes de la Bética romana.
Este es un breve resumen de la vida de dos emperadores hispanos que han pasado a la historia como referentes de lo que debe de ser, en teoría, un buen gobernante. Aunque de carácter distinto, tanto Trajano como Adriano supieron llevar a Roma a las mayores cuotas de grandeza y estabilidad. Tanto es así que el Senado confirió a Trajano el título honorífico de "Optimus Princeps" (el mejor de los príncipes) y fue el propio Senado el que, durante la época del Bajo Imperio Romano, acuñó una frase histórica a la hora de proclamar a los emperadores de entonces y desearles suerte: "Felicior Augusto, melior Trajano" (más afortunado que Augusto, mejor que Trajano).
Por supuesto, no me olvido de otro emperador que teóricamente nació también en Itálica (aunque existe controversia sobre este tema): Teodosio I. Pero el mismo hecho de que no se sepa con exactitud el origen natal de Teodosio, hace que mi entrada se centre solamente en los dos emperadores romanos cuyos orígenes hispalenses están confirmados: Trajano y Adriano. Tras la muerte del emperador Antonino, otro hombre con raíces andaluzas fue proclamado emperador de Roma: Marco Aurelio, el cual tenía ascendencia cordobesa. Sin embargo, y aunque no hablé de sus orígenes entonces, Marco Aurelio forma parte de otra entrada que ya escribí hace dos años.
Por último debo añadir que, en lo que respecta a la comparación con la actualidad, no son pocos los escritores, historiadores y analistas políticos que vislumbran en el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a una especie de Adriano de nuestra época (fortalecimiento de las fronteras, seguridad interna, etc). Yo, personalmente, como consecuencia de la situación actual que se vive con Groenlandía y ante el deseo ambicioso de Trump de anexionarse dicho territorio, lo compararía más con Trajano a la hora de equiparar los proyectos de expansión territorial de ambos líderes.
Esta es pues la historia de dos emperadores que pasaron a la posteridad como ejemplos de gobernantes moderados, reformistas, carismáticos y firmes. Dos emperadores con raíces sevillanas que pasaron de nacer en la Bética romana a gobernar el mundo. Trajano y Adriano forman pues parte no solo de la historia de Roma sino también de la historia de nuestra tierra, la cual ha sido, entre otras grandes cosas, cuna de emperadores que dejaron una huella imborrable en la historia del mundo.






