lunes, 2 de febrero de 2026

Sevilla, tierra de emperadores


Se dice, y con razón, que Sevilla tiene un color especial; y no es para menos. La capital andaluza tiene, además de una gran belleza y un grandioso patrimonio artístico, una historia importante a sus espaldas. Como sevillano que soy, no puedo sino dar la razón a los que enaltecen mi tierra. Una tierra que vio nacer a dos de los emperadores romanos mejores considerados en la historia: Trajano y Adriano. Los que somos sevillanos nos resultan ya familiares estos nombres, ya que ambos tienen calles dedicadas en el centro de nuestra ciudad; pero detrás de sus nombres se concentran las historias de dos gobernantes que condujeron a Roma a su punto más glorioso y extenso. 

Tanto Trajano como Adriano nacieron en la conocida ciudad de Itálica (actualmente Santiponce), a pocos kilómetros de Sevilla y ambos fueron reconocidos militares antes de sus respectivos ascensos al trono. Trajano se convirtió en emperador de Roma tras el fallecimiento del emperador Nerva, el cual lo designó hijo adoptivo y sucesor tras una rebelión de la guardia pretoriana. Finalmente, en enero del año 98, Nerva fallece tras un periodo corto de gobierno y Trajano asumió el liderazgo político, administrativo y militar del ya todopoderoso Imperio Romano.

Trajano fue conocido, sobre todo, por su afán de extender los territorios del Imperio, llegando a conquistar Dacia (la actual Rumanía) y otros territorios orientales. Mantuvo durante sus casi veinte años de gobierno una relación cordial y fructífera con el Senado, lo cual era bastante inusual. De carácter pragmático y cercano, Trajano aprobó programas sociales en defensa de los niños más pobres y fue un defensor de las políticas sociales. Llevó a cabo obras públicas en carreteras, foros y acueductos y contó hasta su fallecimiento en agosto del año 117 con el ya comentado apoyo y respeto del Senado, así como del propio ejército y del pueblo. 

En el momento de su muerte se encontraba regresando de una campaña militar en Oriente y dejaba como legado la extensión territorial más grande del Imperio Romano. Tras su enfermedad y posterior muerte, su hijo adoptivo Adriano, el cual era sobrino segundo de él, asumió el trono en un momento de exitosa estabilidad a nivel interno en el Imperio. Adriano, a diferencia de Trajano, no fue un conquistador ni tuvo interés en seguir con la expansión territorial de su padre adoptivo. 

Conocido por ser un gran amante de la cultura y la filosofía griega, prefirió consolidar y defender a ultranza las fronteras del Imperio a la vez que realizó importantes reformas administrativas. Destacado por ser uno de los emperadores que más viajó a las provincias romanas a lo largo de sus veinte años de gobierno, el emperador se hizo famoso por, entre otras cosas, la construcción en Britania del denominado "Muro de Adriano", en su afán por asegurar las fronteras romanas y mantener el orden dentro del Imperio. A su muerte en julio del año 138, su hijo adoptivo, Antonino, se convertiría en el nuevo emperador de Roma. Cabe añadir que aunque Antonino no nació en Itálica, sí tenía igualmente raíces familiares procedentes de la Bética romana.

Este es un breve resumen de la historia de dos emperadores hispanos que han pasado a la historia como referentes de lo que debe de ser, en teoría, un buen gobernante. Aunque de carácter distinto, tanto Trajano como Adriano supieron llevar a Roma a las mayores cuotas de grandeza y estabilidad. Tanto es así que el Senado confirió a Trajano el título honorífico de "Optimus Princeps" (el mejor de los príncipes) y fue el propio Senado el que, durante la época del Bajo Imperio Romano, acuñó una frase histórica a la hora de proclamar a los emperadores de entonces y desearles suerte: "Felicior Augusto, melior Trajano" (más afortunado que Augusto, mejor que Trajano). 

Por supuesto, no me olvido de otro emperador que teóricamente nació también en Itálica (aunque existe controversia sobre este tema): Teodosio I. Pero el mismo hecho de que no se sepa con exactitud el origen natal de Teodosio, hace que mi entrada se centre solamente en los dos emperadores romanos cuyos orígenes hispalenses están confirmados: Trajano y Adriano. Tras la muerte del emperador Antonino, otro hombre con raíces andaluzas fue proclamado emperador de Roma: Marco Aurelio, el cual tenía ascendencia cordobesa. Sin embargo, y aunque no hablé de sus orígenes entonces, Marco Aurelio forma parte de otra entrada que ya escribí hace dos años. 

Esta es pues la historia de dos emperadores que pasaron a la posteridad como ejemplos de gobernantes moderados, reformistas, carismáticos y firmes. Dos emperadores con raíces sevillanas que pasaron de nacer en la Bética romana a gobernar el mundo. Trajano y Adriano forman pues parte no solo de la historia de Roma sino también de la historia de nuestra tierra, la cual ha sido, entre otras grandes cosas, cuna de emperadores que dejaron una huella imborrable en la historia del mundo. 

martes, 27 de enero de 2026

España descarrilada


Hace justo una semana escribí acerca del devastador accidente ferroviario de Adamuz, el cual le ha costado la vida a cuarenta y cinco personas. Ese mismo día que escribí dicha entrada se produjo posteriormente otro accidente ferroviario, esta vez en Barcelona. El resultado fue el fallecimiento del maquinista y varios heridos, algunos de gravedad. 

Más de una semana después de los hechos ocurridos en Adamuz, el accidente encierra muchos interrogantes y todo hace indicar que ha sido como consecuencia de una rotura del carril de la vía, la cual no estaba en buenas condiciones y que solo fue parcialmente renovada el año pasado por una empresa que "casualmente" está relacionada con contrataciones previas en el denominado caso Koldo. 

En la entrada que escribí el pasado 20 de enero dije que aún no quería hablar sobre responsabilidades, pero a tenor de lo visto desde ese día hasta la jornada de hoy creo que es bueno decir varias cosas. La primera es la negligencia criminal y absoluta del gobierno de Pedro Sánchez en esta tragedia. Una tragedia que podría haberse evitado si el ministerio de Transportes hubiese realizado una reparación íntegra de las vías afectadas y no una mera renovación. 

Se ve que eso es pedirle demasiado a Óscar Puente, el cual ha estado más dedicado a insultar, calumniar y bloquear a usuarios de Twitter o X que en reparar la red ferroviaria española, la cual se está demostrando en estos días que está en una situación devastadora a nivel nacional. Debido a esta devastadora situación, los trenes de alta velocidad Madrid-Andalucía siguen suspendidos hasta que se completen las reparaciones que en estos momentos se están realizando. Lo mismo ha ocurrido en Cataluña, donde el accidente de Barcelona ha supuesto durante unos días la suspensión temporal de los trenes de cercanías y la convocatoria para febrero de una huelga general ferroviaria en España como consecuencia de la muerte de los dos maquinistas fallecidos en Adamuz y Barcelona.

La segunda cuestión es la actitud frívola, maligna e incluso insultante de los políticos y las instituciones con los familiares de las víctimas. La actitud del rey Felipe VI en su visita a Adamuz, donde en primer lugar se anunció que daría el pésame a los familiares de los fallecidos y posteriormente canceló dicho acto demuestra el cinismo y la nula empatía de las instituciones con los ciudadanos. 

Varios familiares de los fallecidos han sido los que han denunciado la actitud del rey de irse, ya que la presencia de los políticos a su lado podría provocar alteraciones entre éstos y las víctimas. Lo realizado por Felipe VI es un ejercicio de cobardía extrema y una actitud insultante hacia los familiares de las víctimas, por mucho que los medios ahora intenten lavar su imagen anunciando que acudirá a la misa que se celebrará en Huelva el próximo 29 de enero. 

Por si esto fuese poco, tenemos las declaraciones de Pedro Sánchez respaldando a su ministro de Transportes en esta negligencia criminal y señalando que "los accidentes ocurren a veces", lo cual demuestra no solo la arrogancia de este sujeto para con las víctimas y todos los ciudadanos sino también el insulto y la frivolidad con la que el presidente del gobierno trata a la población. 

En otro país de nuestro entorno, dicha desgracia habría supuesto, como también habría supuesto la dana o el apagón, la dimisión del gobierno actual. Sin embargo, aquí nos encontramos con unos individuos amorales que desprecian a los ciudadanos mientras hacen campaña política con la desgracia ocurrida. Una situación anómala en la que de gobernar en estos momentos el PP habría provocado ya protestas masivas y disturbios en las calles. 

Luego está también la actitud del propio gobierno de anunciar un funeral de Estado laico en Huelva para el próximo 31 de enero, el cual ha sido suspendido cuando los familiares de las víctimas han anunciado que no irían a un homenaje orquestado por los verdaderos responsables de esta desgracia, en este caso el gobierno. Un homenaje cuyos familiares han criticado por su carácter laico, ya que deseaban un funeral católico, al cual se negaba el ejecutivo y que finalmente tendrá lugar, como ya he dicho anteriormente, el próximo 29 de enero en el Palacio de Deportes Carolina Marín. Veremos qué ocurre entonces, ya que con la presencia del cobarde de Felipe VI el gobierno se ha visto obligado a acudir igualmente a dicho funeral. 

No quiero extenderme mucho más, ya que de hacerlo escribiría una entrada bastante extensa que seguramente podría llevar a censurarme el blog. Desde aquí traslado de nuevo mi pésame a los familiares de las víctimas y todo mi apoyo en estos durísimos momentos. Unos momentos en los que, al igual que ocurrió en la dana de Valencia, se ha demostrado que solo el pueblo salva al pueblo, ya que la demora con la que Renfe y Adif tardaron en dar la voz de alarma a los servicios de emergencias supuso que muchas víctimas fallecieran cuando ya podían haber sido atendidas por los sanitarios. En lugar de esto, fueron los propios vecinos de Adamuz los que salieron a socorrer a las víctimas. Una situación abominable por parte de las entidades ferroviarias y ejemplar por parte de los ciudadanos que acudieron a ayudar a los afectados. 

Ello demuestra una vez más que, tal y como aparece en la ya famosa foto que acompaña a esta entrada, las instituciones y los organismos van por un lado y los ciudadanos por otro. Ha habido una desgracia en la que han muerto muchas personas y cuya responsabilidad recae en aquellos que están al frente de las entidades y administraciones públicas. De momento hace unas horas se ha sabido que la Audiencia Nacional ha abierto diligencias contra Óscar Puente, veremos en qué acaba.
 
Por mi parte solo espero que los miserables que están al frente de las instituciones del Estado paguen por lo ocurrido y se haga Justicia con las víctimas, pero al igual que sucedió con la dana, el volcán o el apagón, estoy convencido de que ninguno de ellos pagarán las consecuencias ni mucho menos asumirán responsabilidades. Buena prueba de ello es que el gobierno de Sánchez está intentando a la desesperada buscar una versión alternativa a las ya publicadas y en evadir desde el minuto uno cualquier responsabilidad en el asunto, en este caso por la falta de mantenimiento de las vías ferroviarias. 

Negligencias gravísimas, reparaciones vinculadas a empresas relacionadas con casos de corrupción, falta de empatía y solidaridad de las instituciones con las víctimas, retrasos a la hora de socorrer a los afectados... muchos son los factores que se han acumulado en esta tragedia, lo cual demuestra que estamos, al igual que con los trenes, en una nación cuyo Estado ha descarrilado y cuyas consecuencias están siendo devastadoras para el país. 

Como ya dije en la entrada del 20 de enero, España se merece algo mejor que lo que venimos sufriendo, pero por desgracia todo hace indicar que el mal que venimos padeciendo lo seguiremos soportando a pesar de todo. España está en una situación irreversible y agónica y nada ni nadie nos puede sacar de este abismo. 

jueves, 22 de enero de 2026

Una presidencia cesarista


Mientras en España seguimos de luto nacional como consecuencia del devastador accidente ferroviario en Adamuz, en Estados Unidos se cumple un año de la segunda llegada de Donald Trump al poder. Un año en el que se ha podido corroborar una teoría que yo sostenía y que se está cumpliendo conforme transcurren los meses: la segunda presidencia de Donald Trump arruinaría lo obtenido durante su primer mandato entre 2017-2021. En estos momentos, EEUU y el mundo se encuentran ante una de las presidencias más agresivas, imperialistas y polarizadora de los últimos tiempos. 

Hace justo un año, EEUU y el mundo despedían una de las presidencias más belicistas, peligrosas e igualmente polarizadora como fue la presidencia de Joe Biden. En aquel entonces era difícil pensar que un año después Donald Trump podría echar por tierra las ansias de cambio por la que sus electores apostaron en noviembre de 2024. Si los votantes de Trump apostaron en 2024 por una vuelta del ex presidente a la Casa Blanca fue porque creían en las promesas del republicano para mejorar la calidad de vida de los estadounidenses en ámbitos como la seguridad, la inmigración, los salarios, la sanidad, la educación, etc. 

A pesar de ello, lo que llevamos visto desde enero de 2025 hasta ahora es una presidencia completamente agresiva en la que Donald Trump ya no tiene nada que perder. Como todos sabemos, la vigésima segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos establece que ninguna persona puede estar más de dos mandatos al frente de la administración norteamericana; esto aclara en parte el porqué Trump está actuando con este despotismo propio de un emperador romano o un monarca absolutista. Sabe que ya no tiene nada que perder y mucho que ganar para pasar a la historia por algo lo suficientemente relevante como para que su presidencia tenga un eco eterno en el futuro. 

Su política agresiva con respecto a los aranceles, su papel para alcanzar la paz en Oriente Medio, su intervención en la guerra de Ucrania, así como su apuesta por la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y, por supuesto, su incesante deseo de anexionar Groenlandia a EEUU está suponiendo toda una presidencia de corte imperialista en la que Trump parece creerse la reencarnación de Augusto César y el deseo de implantar su "Pax Romana", como ya escribí por aquí hace tres meses. Una nueva paz mundial que a Trump le trae sin cuidado, ya que su único deseo e incluso obsesión es la de hacerse con el Premio Nobel de la Paz. El mismo Premio Nobel que María Corina Machado le ha entregado hace tan solo unos días con el objetivo de comprar la presidencia de Venezuela y que Trump ha aceptado con gusto, ya que cree que es merecedor de dicho Nobel. 

Esto no es una obsesión por alcanzar sí o sí la paz mundial, sino por obtener un Premio que por ahora se le resiste y por el cual no parará hasta obtenerlo. Sujetos como Jimmy Carter, Barack Obama o Henry Kissinger, entre otros, han sido algunos de los americanos a los que se les ha concedido este premio y Trump, en su afán por obtenerlo todo a cualquier precio, quiere sumarse a esa lista a toda costa. No estamos pues ante un presidente que esté buscando una paz mundial con la mejor de sus intenciones (las buenas intenciones nunca ocurren en política), sino en buscar una paz a su medida con el objetivo de obtener el Nobel antes mencionado. 

De esta forma se está viendo la peor cara de Donald Trump, el cual está demostrando ser un tipo avaricioso y egocéntrico (en esto se parece bastante a Pedro Sánchez) que no parará hasta obtener lo que ansía, aunque por el camino tenga que adoptar medidas impopulares o tomar decisiones que puedan poner aún más en peligro la ya inestabilidad mundial. Su objetivo de tomar por las buenas o por las malas Groenlandia, así como su apuesta por tomar el control de todo el continente americano, siguiendo la Doctrina Monroe, demuestra que cuando Trump hablaba a sus seguidores de "Hacer América grande otra vez" lo hacía de forma literal, es decir, con el objetivo de expandir territorialmente el denominado Imperio Norteamericano. 

Trump se cree, como ya he dicho antes, una especie de Augusto César, un emperador romano del siglo XXI, el cual tiene una misión divina que cumplir, y parte de esa misión consiste en expandir territorialmente EEUU, aunque eso suponga un conflicto con Dinamarca y por ende con Europa. Nada ni nadie parece detener a Trump en su apuesta por comprar o intervenir militarmente Groenlandia, ya que eso sería uno de sus mayores éxitos en la presidencia y uno de sus legados más profundos. Todo esto en solo un año. No sabemos pues qué tendrá en la mente Trump de aquí a enero de 2029, cuando por fin acabe su segunda presidencia. 

Un Trump que, a diferencia de su primer mandato entre 2017-2021, cree absolutamente que salió ileso del atentado que casi le cuesta la vida en julio de 2024 porque Dios le tenía reservado salvar a EEUU de la situación caótica que se encontraba y que aún se encuentra sumido el país. Este es sin duda uno de los fenómenos más peligrosos a los que puede enfrentarse un líder político: creer que todo lo que hace forma parte de un plan divino y que su vida y sus actos están garantizados y justificados porque Dios está de su lado. Como se puede ver, volvemos a tener un paralelismo similar al de los Césares en el Imperio Romano: la creencia de que sus actos están guiados por los dioses o incluso creerse él mismo un Dios.

En definitiva, este primer año de la segunda era de Trump en la Casa Blanca ha sido de todo menos tranquilo, lo cual lleva a uno a preguntarse: si todo esto ha ocurrido en solo un año, ¿Qué no ocurrirá de aquí a tres años? Todo puede ocurrir con un Donald Trump que sabe que el tiempo juega en su contra y que debe aplicar todo lo que tiene en mente antes de que su mandato finalice en enero de 2029. El presidente estadounidense va ya a cara descubierta y nada ni nadie le frenarán a la hora de alcanzar sus objetivos, por muy cuestionables y controvertidos que éstos sean. Trump está, siguiendo el paralelismo cesarista, más dispuesto que nunca a cruzar el Rubicón.

Como ya indiqué cuando ganó en noviembre de 2024, Trump podía verse reflejado en el ex presidente americano Grover Cleveland, cuyo segundo mandato no consecutivo echó por tierra lo obtenido durante su primera presidencia. Todo parece indicar que así será también con Donald Trump en este segundo y definitivo mandato. Un mandato que en noviembre de este año pasará su primera prueba con las elecciones legislativas. Unas elecciones en las que con independencia del resultado, no frenarán a Trump en su agresiva e imperialista política de expandir la hegemonía mundial de Estados Unidos y con ello el legado del propio presidente en la historia. 

martes, 20 de enero de 2026

Nueva tragedia nacional


Cuando estamos a 20 de enero han transcurrido ya cuarenta y ocho horas aproximadamente de uno de los accidentes ferroviarios más graves en la historia reciente de España. Como todos sabemos ya, dos trenes de alta velocidad colisionaron el pasado domingo, 18 de enero, en el municipio de Adamuz, en Córdoba. Dicho accidente mortal ha provocado una cifra superior de cuarenta personas fallecidas. Una cifra que se vislumbra provisional, ya que en estos momentos se están buscando a otras cuarenta personas desaparecidas; todo ello mientras hay una cifra de más de ciento veinte heridos y más de treinta personas que se encuentran en estos momentos en la UCI. 

Este es el desolador balance de un accidente ferroviario mortal. Un accidente que, por lo que se está informando en los medios, se podía haber evitado hace tiempo. Y es que aunque en estos momentos todo son especulaciones, las primeras noticias apuntan al mal estado en el que se encontraban las vías ferroviarias como causa de la desgracia ocurrida. Un mal estado del que se habría dado parte en varias ocasiones en los últimos meses y que sin embargo no se ha tenido en cuenta por parte de las autoridades competentes, en este caso el Ministerio de Transportes, Adif y Renfe. 

En lo que a mí respecta, no voy a profundizar mucho sobre este asunto, ya que han transcurrido apenas cuarenta y ocho horas de la desgracia y las investigaciones están en estos momentos en marcha. Todas las hipótesis están encima de la mesa en estos momentos y no se descarta ninguna; pero el hecho de que se haya denunciado desde hace meses incidencias en la zona del desastre y el hecho de que desde las administraciones públicas no se hayan tenido en cuenta dichas advertencias hace llegar a la conclusión de que, por el momento, nos encontramos ante una negligencia absoluta y criminal por parte de las autoridades competentes.

No son pocas las personas que vienen denunciando de un tiempo a esta parte el grave deterioro en el que se encuentra la red ferroviaria española y el peligro que dicho deterioro lleva consigo; sin embargo, como siempre ocurre en nuestro país, las advertencias se las lleva el viento. Ha tenido que ocurrir una desgracia de esta magnitud para que se corrobore dichas advertencias y algunos agachen la cabeza mientras no tienen ni siquiera la decencia de, no ya dimitir, sino tan solo dar unas explicaciones coherentes. Ni para eso valen siquiera. 

Insisto en que de momento no voy a profundizar más en las responsabilidades sobre la desgracia que se está viviendo desde hace dos días en España, ya que en estos momentos lo único importante son las víctimas. Lo único que puedo hacer es darle mi más sentido pésame y apoyo a los familiares de las víctimas. Unas víctimas de una desgracia que de nuevo ha vuelto a teñir España de luto. Como si de una maldición se tratase, nuestro país no para de recibir desgracia tras desgracia en los últimos años (Pandemias, volcanes, danas, apagones, incendios forestales y ahora esto). 

De momento, lo único que puedo decir es que si verdaderamente ha habido una cadena de negligencias, como todo hace apuntar ya, los responsables paguen por el inmenso e irreparable daño causado. Ya está bien de soportar una situación donde el gobierno de nuestro país se encarga de invertir dinero en redes ferroviarias extranjeras mientras aquí hacen caso omiso a los graves problemas que tienen nuestras vías. Ya está bien de malvivir con servicios públicos altamente mejorables y propio de países tercermundistas. 

Ya está bien de soportar a una clase política parásita y criminal, la cual ya se está lanzando en tromba para sacar rédito político de lo ocurrido con los cadáveres todavía en las vías, y ya está bien de que los españoles paguen con sus vidas las gravísimas negligencias que por parte de los políticos venimos sufriendo. DEP las víctimas y Justicia para todas las familias que lloran a los suyos mientras que otras esperan en estos momentos noticias sobre los familiares que viajaban en esos trenes. España se merece algo mejor de lo que venimos sufriendo.

martes, 6 de enero de 2026

Trump frena el cambio en Venezuela


Hace unas horas, Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta de Venezuela, ha tomado posesión como nueva presidenta del país sudamericano tras la intervención militar del pasado sábado, donde el ejército de Estados Unidos bombardeó puntos claves en Caracas y detuvo al hasta entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro. 

Lo ocurrido en el día de ayer supone la confirmación de algo que no encajaba el sábado pero que ahora sí cobra sentido: Delcy Rodríguez huyó a Rusia y traicionó a Maduro con el fin de obtener a cambio por parte de los americanos la presidencia de Venezuela, aunque ésta sea una presidencia títere y supuestamente provisional donde las verdaderas decisiones se tomarán desde Washington y no desde Caracas.

De esta forma, el chavismo sigue vivo, aunque probablemente tenga ya fecha de caducidad. Ello no excusa que la intervención militar del pasado sábado haya sido un falso espectáculo donde los americanos han paseado como trofeo al ya ex dictador Maduro mientras negociaban con los chavistas la continuidad, al menos durante el corto plazo, del régimen que Hugo Chávez inaugurase en 1998. 

Con esto, el chavismo gana tiempo y el régimen va hacia una prórroga otorgada por Trump mientras el presidente de EEUU amenaza a Rodríguez con "un final peor que el de Maduro" si no se pliega a las órdenes que reciba desde la Casa Blanca. Con este escenario, la izquierda venezolana, y también la española e hispanoamericana, respiran tranquilas mientras la oposición se dá golpes contra la pared mientras observa cómo Trump negocia con los chavistas a cambio de la explotación del petróleo venezolano y pospone una transición democrática en Caracas. 

Todo ello mientras el propio Nicolás Maduro se ha presentado por primera vez en el día de ayer ante el Tribunal Federal de Nueva York, declarándose inocente de los cargos que se le imputan y alegando ser el presidente legítimo de Venezuela, además de reiterar que EEUU lo ha secuestrado. Unas declaraciones que no pillan por sorpresa a nadie en medio de este escenario tan oscuro y contradictorio que se está viviendo desde el pasado sábado. 

Y es que volviendo a lo ocurrido en el día de ayer con respecto a Delcy Rodríguez, cabe preguntarse: ¿Qué se ha ganado con esto por parte de los chavistas? de momento, tiempo y retención del poder, lo cual no es poco. Lo ocurrido el sábado supuso solamente la caída de Maduro, pero no de su régimen izquierdista. De esta forma la cúpula totalitaria venezolana retiene el poder aunque sea con la administración norteamericana ordenándoles a punta de pistola qué, cómo y cuándo actuar. 

Todo ello mientras aquí en España, Pedro Sánchez se autoproclama antagonista mundial de Trump y lidera junto a la izquierda hispanoamericana el rechazo a lo ocurrido en Venezuela. Si los españoles no teníamos ya pocos problemas internos gracias a la corrupción del gobierno de Sánchez, viene él y nos suma en un nuevo conflicto internacional contra Washington. Como dice la Ley de Murphy, "todo escenario malo es susceptible de empeorar".

Con este mismo escenario, tanto Pedro Sánchez como José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias y toda la morralla izquierdista española respiran de momento tranquilos y aliviados a la espera de cómo se va desarrollando la situación en Venezuela. Ya dije en mi última entrada que la izquierda española tenía mucho que perder si el régimen chavista caía, lo cual no ha ocurrido. 

Teóricamente, se está hablando de la posibilidad de ir a unas elecciones presidenciales para el año que viene. Un tiempo lo suficientemente largo como para que los chavistas puedan entregar, si es que eso ocurre, el poder de forma tranquila, negociada y segura, sin temor a represalias tanto contra ellos como contra los que han respaldado esta dictadura que dura ya casi treinta años, y ahí entra, entre otros actores, la izquierda española.

¿Y qué opina la oposición venezolana de todo esto? Básicamente que Donald Trump se la ha metido doblada a todos ellos al llegar a un acuerdo con los chavistas y evitar de esta forma una caída abrupta y total del régimen. Todo esto mientras, desde Madrid, un cobarde Edmundo González se autoproclamaba de nuevo presidente legítimo de Venezuela a la vez que María Corina Machado aseguraba que está en condiciones de tomar el poder. 

Como se puede apreciar, no dije nada que no fuese cierto cuando afirmé en mi última entrada que la oposición venezolana es, como mínimo, igual de miserable que el régimen dictatorial chavista. La lucha por el poder desde la oposición venezolana ha comenzado, lo cual augura que Juego de Tronos se convertirá en una broma comparada con la lucha de poder que se abrirá a partir de ahora entre los opositores.

Todo esto mientras Donald Trump asegura ahora que no descarta intervenir militarmente en Cuba, México y Colombia, así como anexionarse Groenlandia. Como se puede ver, Trump está decidido de ir a por todas. No se detendrá ante nada ni ante nadie mientras se cree, como ya dije en una de mis últimas entradas, una especie de Augusto del siglo XXI, un emperador del Imperio Norteamericano y, por ende, dueño del mundo actual. 

Esto confirma que la situación es mucho peor de lo que se piensa, ya que no es ninguna novedad que países como Cuba, Venezuela u otros muchos son dictaduras criminales, pero tampoco es menos cierto que en la Casa Blanca hemos pasado de tener a un belicista como Joe Biden a un tipo como Donald Trump que se cree enviado por la Divina Providencia, con la potestad de hacer y deshacer en el mundo a su libre albedrío. 

En definitiva, los chavistas y la izquierda española e hispanoamericana celebran retener el poder en Venezuela, aunque sea a corto plazo, la oposición maldice a Trump por habérsela jugado y frenado el cambio en el país, y el presidente de EEUU ya hace números con respecto a los beneficios que le van a reportar el petróleo venezolano a la par que desecha la margarita mientras decide intervenir o no en otros países, aunque uno de ellos sea la propia Groenlandia danesa. El panorama pues no puede ser más devastador. 

domingo, 4 de enero de 2026

Trump derroca a Maduro


Lo ocurrido en el día de ayer es uno de esos capítulos que pasarán a los anales de la historia y, especialmente, a los anales de la historia de la presidencia de Donald Trump. Hace algo menos de veinticuatro horas, EEUU ha atacado puntos claves en Caracas y han detenido al presidente venezolano, Nicolás Maduro y a su mujer, Cilia Flores, los cuales han sido trasladados hace unas horas a Nueva York para ser enjuiciados por delitos de narcoterrorismo y narcotráfico. 

Tras varios meses de tensión entre EEUU y Venezuela, la Casa Blanca dio ayer la orden de atacar Caracas y capturar a Maduro en una operación relámpago donde al menos cuarenta venezolanos han muerto durante el desarrollo de dicha operación militar. Tras la detención de Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció para informar sobre los detalles del ataque militar y sobre los planes que EEUU tiene previsto hacer a partir de ahora con Venezuela. 

Una Venezuela que, por mucho que algunos crean lo contrario, no ha pasado página del régimen chavista. El ataque militar (o la invasión, como queramos llamarlo) a Venezuela ha supuesto la caída de Maduro, pero no la del régimen totalitario que durante más de veinticinco años lleva oprimiendo a los venezolanos y a intervenido de forma clara en la política interna española. Maduro ha caído, sí, pero el chavismo, por desgracia, sigue vivo.

Pero por si esto no fuese poco, durante la comparecencia de Trump en su residencia privada en Florida ha afirmado que tras el derrocamiento de Maduro, será EEUU quien se haga cargo del gobierno de Venezuela hasta que el país esté en condiciones de llevar a cabo una transición hacia un sistema democrático. Todo esto tras afirmar Trump que los motivos del ataque contra el dictador venezolano obedecían al hecho de que Maduro dirigía una red de narcotráfico, la cual suministraba cocaína como arma contra EEUU. 

También hizo referencia, como es obvio, a la vulneración de los Derechos Humanos por parte del hasta ayer presidente venezolano y del régimen que lideraba, así como a la decadencia económica, social y política a la que ha llevado a Venezuela. Pero sobre todo hizo hincapié en la cuestión más interesante de todas: el petróleo. Un elemento que pasará teóricamente, según ha afirmado Trump, a manos de Estados Unidos mientras la Administración Trump ocupa el país sudamericano y gobierna el territorio. 

Personalmente, debo decir que se agradece en parte la sinceridad de Trump al hablar de este asunto. Al contrario de lo ocurrido con Bush padre o Bush hijo durante sus intervenciones militares en Irak en 1991 y 2003, Trump no se ha envuelto en la bandera y los valores de la libertad para saquear los fosos de petróleo en Venezuela, sino que directamente ha confirmado que uno de los motivos que ha llevado a EEUU a invadir Caracas es precisamente la "Explotación" del petróleo venezolano. Quien avisa no es traidor.

No es algo nuevo el hecho de que EEUU invada otros países por intereses petrolíferos, pero en este caso no ha habido necesidad de utilizar el tan quemado como falso discurso en favor de la libertad para invadir Venezuela, ya que el propio Trump ha confirmado que entre otras cuestiones, el petróleo era uno de sus objetivos. Por otro lado, resulta curioso cómo el presidente de EEUU se ha quedado tan campante cuando ha dicho que su país permanecerá y gobernará el tiempo que haga falta Venezuela hasta que se den las condiciones para ir hacia un nuevo sistema democrático. 

No ha habido mención ni a María Corina Machado, excepto para aclarar que no es lo suficientemente popular en Venezuela como para ser la futura presidenta, ni al fugado Edmundo González ni a ningún otro líder de la oposición venezolana, lo cual demuestra que los intereses de EEUU con respecto al país sudamericano no son precisamente por cuestiones de democracia y/o totalitarismo. Una oposición venezolana que, todo hay que decirlo, es tan miserable como lo es el propio régimen chavista. 

Un régimen que ha asesinado, expropiado, encarcelado y torturado a miles de venezolanos mientras entrometía sus narices en nuestro país, financiando la aparición de figuras como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero a la par que hacía negocios ilícitos con el ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ahora huérfano de su amigo Nicolás Maduro y probablamente preocupado, al igual que Pedro Sánchez, sobre el devenir de los acontecimientos que se produzcan en Venezuela. 

Dicho esto, conviene preguntarse lo que desde hace unas horas lleva preguntándose todo el mundo: ¿Dónde queda el derecho de soberanía e independencia? ¿Y dónde queda el Derecho Internacional ante esta situación? Maduro es un criminal que merecía lo que le ha ocurrido y más, sí; ¿Pero dónde queda la soberanía, la independencia y la integridad nacional venezolana en todo esto? 

Una vez más, EEUU ejerce, al igual que lo hiciera Roma hace dos mil años, en la hegemónica policía mundial. ¿Acaso Trump tiene derecho a invadir un país y, en cierta forma, convertirlo en una colonia tras detener a su hasta ahora presidente? Con esto no estoy defendiendo, y Dios me libre de ello, a Maduro, ya que hablamos de un dirigente criminal e ilegítimo, pero sí hago hincapié en la invasión ilegítima de la soberanía e independencia de Venezuela en pos de los intereses estadounidenses. Mucho cuidado con esto porque se asienta un precedente bastante peligroso ante el silencio de la mayoría de la Comunidad Internacional.

Ante todo esto cabe preguntarse también ¿Qué papel desarrollarán ahora Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y tantos otros pesos pesados del régimen venezolano? ¿Dejarán que Trump los detenga sin más o colaborarán con la Casa Blanca para evitar que sus cabezas rueden junto con la de Maduro? Por el momento, a Delcy Rodríguez le ha pillado, casualmente, el ataque en Rusia. ¿Acaso estaba avisada del ataque y ha traicionado a Maduro con tal de pagar un precio que veremos próximamente? Sin duda alguna este escenario que se ha abierto es muy extraño a la vez que interesante.

Por supuesto, no voy a hacer más hincapié en la oposición venezolana, ya que la considero, como ya he dicho antes, tan miserable, corrupta y criminal como el propio régimen chavista. ¿Volverá ahora el ganador de las pasadas elecciones, Edmundo González, a Caracas, o seguirá viviendo a cuerpo de rey en el barrio de Salamanca de Madrid? Es muy fácil hablar de libertad y de Derechos Humanos cuando te exilias al otro lado del Atlántico y dejas tirado a los tuyos tras ganar teóricamente unas elecciones por miedo a que caiga tu cabeza, pero eso es lo que representan la mayoría de los dirigentes de la oposición venezolana. Que se lo pregunten también a los ya olvidados Juan Guaidó o Leopoldo López. 

Y por último, y no menos importante, cabe añadir el papel que desempeñará España a partir de ahora en este nuevo tablero y cómo afectará esto a la izquierda española, tan unida al régimen chavista. Por el momento, Pedro Sánchez ha ofrecido su mediación y ha afirmado de forma cobarde que por parte de España, el gobierno nunca ha reconocido a Maduro como presidente en los últimos años. Hace falta tener cara, cinismo y vergüenza. Por su parte, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, etc, ya han puesto el grito en el cielo por la intervención norteamericana y han exigido que España rompa relaciones con Estados Unidos y abandone de inmediato la OTAN. 

Como se puede ver, el panorama en España también va a afectar y bastante como consecuencia de la invasión de Trump en Venezuela. En estos momentos, tanto Sánchez, Zapatero, Iglesias y otros muchos líderes de la izquierda española están acojonados ante lo que Maduro pueda confesar ahora en Estados Unidos, donde se pide cadena perpetua por los delitos que se le imputan, aunque su condena podría verse reducida si decide "cantar". 

Mucho cuidado con esto, insisto, porque el futuro de España y, sobre todo, de la izquierda española está en juego como Maduro decida confesar sus relaciones e intereses con España. Si la legislatura estaba ya en vía muerta, la invasión de EEUU en Venezuela supone el detonante final en la situación agónica en la que se encuentra Pedro Sánchez en estos momentos donde está más cercado que nunca por la corrupción. 

Veremos pues con qué nos encontramos en las próximas horas, días, semanas y meses. Lo que está claro es que con lo ocurrido ayer en Venezuela, el futuro del país sudamericano no está asegurado en absoluto. Trump ya ha avisado hace unas horas que EEUU está preparada para un nuevo y mayor ataque si las circunstancias así lo exigen. Y mientras, los venezolanos contrarios al régimen chavista celebrando tanto en Caracas como en Madrid la caída de Maduro, creyendo ingenuamente que tras lo ocurrido hace unas horas, Venezuela volverá a vivir en democracia y libertad. 

Por desgracia, y tras ver en directo la comparecencia de Trump y sus intenciones, nada asegura que esa libertad ni esa democracia vayan a volver al país sudamericano ni a corto ni a medio plazo. Venezuela no solo sigue viviendo en la dictadura chavista tras la caída de Maduro, sino que ahora cuenta también con el autoinvitado americano, el cual está dispuesto a arrasar con todas las fuentes de riquezas del país. El futuro, desde luego, no es nada prometedor. 

sábado, 3 de enero de 2026

Diez años de la primera caída política de Sánchez


En este año 2026 que acabamos de empezar se cumplen diez años de la primera caída política de Pedro Sánchez. Me refiero a su convulso año 2016, en el cual se presentó a la investidura como candidato a la presidencia del gobierno, saliendo derrotado de aquella investidura, pasando posteriormente por la repetición electoral en junio de 2016 y finalmente su destitución como secretario general del PSOE el 1 de octubre del mismo año.

Todos sabemos ya cuáles fueron los motivos que llevaron a Pedro Sánchez a dimitir de forma obligada en octubre de hace diez años: desde las elecciones celebradas en diciembre de 2015, Pedro Sánchez intentó formar gobierno sin éxito junto a Albert Rivera en el famoso pacto que firmaron en el Congreso allá por febrero de 2016. Era la época en la que Sánchez iba de moderado e intentaba buscar un gobierno de centro/centro-izquierda con el objetivo de desplazar del gobierno a un PP liderado por Mariano Rajoy, el cual había perdido la mayoría absoluta que los populares obtuvieron en 2011. 

Como ya he añadido, dicho intento por formar gobierno fracasó en marzo de 2016. Pedro Sánchez tendría que esperar dos años más hasta verse en la Moncloa tras la, esta vez sí, exitosa moción de censura contra Rajoy en junio de 2018. Tras el fallido intento, el cual fue responsabilidad de Podemos, los cuales deseaban en aquel entonces una repetición electoral para sobrepasar al PSOE en los siguientes comicios, vinieron las elecciones de junio de 2016. 

Si en diciembre de 2015 el PSOE había obtenido el peor resultado de toda su historia, éste empeoró aún más con la repetición electoral, donde el PP de Mariano Rajoy consiguió un resultado algo mejor que en diciembre como consecuencia del miedo al Brexit (el cual se había votado en Reino Unido tres días antes), el avance de Podemos y la "traición" de Ciudadanos al pactar con Sánchez en febrero, mientras que el PSOE se hundía a unos niveles nunca vistos en la historia reciente de España pero sin sobrepasarles Podemos.

El desenlace de esta historia es de sobra conocido por todos: Pedro Sánchez empezó su lema de "no es no" contra la investidura de Rajoy e intentó por todos los medios un gobierno alternativo, no ya con Ciudadanos, sino con Podemos y todos los partidos independentistas, extremistas y herederos políticos de ETA. Fue entonces cuando la denominada "vieja guardia" socialista, liderada por Felipe González junto a su protegida, Susana Díaz, intentaron por todos los medios desbancar del liderazgo del PSOE a un Pedro Sánchez que ya estaba ultimando su pacto con sus actuales socios de gobierno para ser presidente.

Finalmente, aquella operación orquestada desde el seno del propio PSOE y apoyada entonces por parte del sistema político, económico y social, tuvo su éxito cuando el 1 de octubre de 2016, tras más de diez horas reunidos en el Comité Federal del PSOE, los socialistas destituyeron a Pedro Sánchez cuando éste fue descubierto intentando amañar tras unas cortinas el resultado de la votación en la que se decidía si los allí presentes respaldaban su continuidad o apostaban por su salida. 

Pocas horas antes de aquel bochornoso y vomitivo escenario, gran parte de la ejecutiva socialista de Pedro Sánchez dimitió en bloque para demostrar que todos respaldaban a la vieja guardia y que Sánchez se había quedado solo, por el momento, en su intento por llegar a la Moncloa. Finalmente, una gestora presidida por el entonces presidente de Asturias y líder del PSOE asturiano, Javier Fernández, se hizo cargo del partido hasta que en mayo de 2017 se produjo, contra todo pronóstico, la vuelta de Pedro Sánchez en las primarias en las que se batió en un duelo a cara de perro contra Susana Díaz, la misma que hace solo tres años lo había llevado hasta la cima del liderazgo socialista.

Una vez resumido lo ocurrido hace ya una década cabe preguntarse una cuestión bastante interesante: ¿Cómo es posible que Pedro Sánchez llegara hasta el liderazgo del PSOE? Por una serie de factores bastante interesantes a la vez que irónicos a día de hoy. En 2014, con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, muchas voces pedían a gritos a la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que cruzase de una vez por todas Despeñaperros para desplazar a Rubalcaba y alzarse con la secretaría general del PSOE. ¿Cuál es el problema? Que la criatura deseaba hacerlo pero llevaba poco menos de un año al frente del gobierno andaluz, estaba pues verde todavía y no quería dar un paso que luego pudiese salirle caro.

Tras hablarlo con varios de sus asesores optó por respaldar a un tipo desconocido, el cual serviría de cebo para calentarle la silla de la secretaría general a la sevillana y, una vez llegado el momento, darle paso a ésta para que por fin fuese llevada en volandas hasta el liderazgo socialista. Ese cebo se llamaba Pedro Sánchez, un tipo sin escrúpulos y con una ambición ilimitada que por entonces Díaz subestimó sin saber las consecuencias de su actitud irresponsable. 

Era la época en la que un tipo sin carisma ni entusiasmo, pero que a su vez representaba junto a Sánchez y Díaz el relevo generacional dentro del PSOE comenzó a surgir como posible nuevo secretario general del partido. Ese tipo era Eduardo Madina y era visto por muchos como el sucesor natural de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del PSOE. Es entonces cuando, aparte de la operación de Susana Díaz por encumbrar a Sánchez en detrimento de Madina, los medios de comunicación conservadores auparon igualmente a Pedro Sánchez como el candidato ideal para este tiempo nuevo que había comenzado aquel año con la dimisión de Rubalcaba tras el desastre del PSOE en las elecciones europeas de 2014, así como la abdicación de Juan Carlos I y la llegada de Felipe VI. 

Estos medios, a las órdenes del gobierno (por entonces liderado por Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría), salieron pues a vender la imagen de un Sánchez moderado, centrista y dialogante frente a un Madina extremista, peligroso e inexperto. Lo cierto y verdad es que, entre el apoyo incondicional e interesado de Susana Díaz y la campaña descarada, absoluta e igualmente interesada de los medios de la derecha, Pedro Sánchez consiguió hacerse contra todo pronóstico con el liderazgo del PSOE en julio de 2014. 

Es irónico cómo doce años después de aquellos sucesos, hoy es esa misma derecha mediática y la propia Susana Díaz quienes despotrican contra Pedro Sánchez tildándolo de "extremista, golpista, autócrata, sinvergüenza, peligroso, corrupto, amoral y/o cínico", entre otros adjetivos. Por supuesto, no seré yo quien diga lo contrario, ya que todo lo que estos sujetos proclaman a los cuatro vientos sobre el todavía presidente del gobierno son meros piropos en comparación a lo que yo digo sobre Sánchez tanto en este blog como en mi vida cotidiana, y que conste que para mi vergüenza, y sin ser de izquierdas, llegué a votarlo en las elecciones de junio de 2016, ya que veía en él a un tipo que al menos había intentado solventar la crisis política de aquel año (ingenuo de mí); pero dicho esto es interesante ver cómo el guión ha ido cambiando a medida que el personal veía como Pedro Sánchez se quitaba la careta, sobre todo, a partir de su llegada al gobierno en 2018. 

Cuando estamos ya en enero de 2026 y Pedro Sánchez se encuentra en estos momentos más acorralado que nunca tanto en términos políticos como personales como consecuencia de la corrupción generalizada que le salpica a él, a su familia y a su propio partido, muchos creen que su segunda y última caída está más próxima que nunca. Yo, personalmente, me van a permitir que lo ponga en duda. Pedro Sánchez fue derrocado una vez, es cierto, pero para resurgir meses después y quedar más reforzado que nunca por una militancia que desde entonces han seguido al líder socialista como a un mesías. 

Una situación similar a la que, salvando las distancias, experimentó en 1979 Felipe González, cuando el sevillano dimitió como secretario general del PSOE con el objetivo de echar un pulso al ala más izquierdista del partido y de esta forma eliminar el marxismo de la ideología del PSOE. ¿El resultado? La vuelta de González a la secretaría general del PSOE tras la derrota del ala izquierdista y la confirmación definitiva de éste como líder socialista.

Dicho esto, ¿Es probable que Sánchez caiga? Es perfectamente posible, sí. Ya cayó una vez hace una década, aunque por entonces solo era líder de la oposición. ¿Es posible que resista frente a todo y no solo llegue a 2027 sino que además renueve el cargo, con independencia de los resultados electorales? También es completamente posible, ya que Sánchez es en estos momentos, y a diferencia de 2016 donde sí era cuestionado en su partido, quien dirige como su propio cortijo personal no solo el PSOE sino también el Estado. Dicho esto, si hay algo que Sánchez ha demostrado en estos doce años es tenacidad y suerte, y puede que cuando más acorralado se vea ocurra algo que lo salve contra todo pronóstico, por muy adversas que sean las circunstancias. 

Un Pedro Sánchez que nunca habría llegado a donde ha llegado si no fuera, como ya he añadido antes, gracias a la inestimable ayuda de Susana Díaz y Mariano Rajoy (además de por las supuestas grabaciones y presuntos chantajes a políticos, empresarios y personalidades relevantes dentro de las saunas gays de su suegro que los medios ya han destapado). Ambos, cada uno mirando por sus intereses, fueron quienes encumbraron al hoy jefe del gobierno a lo más alto y son los principales responsables del advenimiento del actual inquilino de la Moncloa. 

Susana Díaz con el objetivo de tener a una marioneta en Ferraz hasta que ella lo echase de buenas maneras de la silla, y Mariano Rajoy con el objetivo de evitar la llegada al liderazgo del PSOE de un "extremista" Eduardo Madina, el cual ha resultado ser, en comparación con Sánchez, un moderado estadista, como algunas voces incluso de la derecha mediática reconocen ya. Todo ello mientras esas mismas voces hablan abiertamente de que realmente siempre fue Pedro Sánchez y no Eduardo Madina el verdadero sucesor natural de Zapatero, como ya estamos viendo con los escándalos de corrupción del PSOE que están saliendo diariamente en los que también está implicado a su vez el ex presidente. Así está el patio a estas alturas.

Personalmente, no sé cómo acabará esta historia, pero todo indica que los escándalos de corrupción, así como el de los supuestos escándalos sexuales que los medios están destapando ya, van a ir a más en este 2026. Sería irónico que Pedro Sánchez viviese su segunda y quizás definitiva caída política diez años después de la primera; y sería más irónico aún que esa caída se produjese treinta años después de la caída de Felipe González, cuando salió del gobierno en un escenario similar al que actualmente atraviesa Pedro Sánchez, con una corrupción abismal y una crisis institucional sin precedentes. A lo largo de este nuevo año que acaba de empezar veremos si la historia se repite por segunda vez o no.