En el presente año 2026 se cumplen cincuenta años del estreno en televisión de una de las obras más extraordinarias e inigualables de todos los tiempos: "Yo, Claudio". Una miniserie británica, producida por la BBC, en la cual se narraba por un lado la vida del emperador Claudio y a su vez la vida familiar de la dinastía Julio-Claudia, desde la plenitud del gobierno de Augusto César hasta la muerte del propio Claudio en el 54 d. C.
"Yo, Claudio" es, sin lugar a dudas, una de las mayores y colosales obras televisivas que se ha realizado para la televisión. Su elenco de actores no pudo ser más perfecto a la hora de retratar a la familia imperial romana: Derek Jacobi (Claudio), Siân Phillips (Livia), John Hurt (Calígula), George Baker (Tiberio), Brian Blessed (Augusto), Patrick Stewart (Sejano)... toda una larga e impresionante lista de actores del teatro británico que supieron dar lo mejor de sí mismos para retratar a los gobernantes que el Imperio Romano nos dio en el siglo I d. C.
Derek Jacobi realizó una interpretación soberbia como el "débil" Claudio, hijo de Antonia la Mayor y de Druso el Mayor, el cual se ve en la obligación de exagerar sus problemas de salud (tartamudez, cojera, parálisis cerebral) con el fin de sobrevivir en la intrigante, corrupta e inmoral corte imperial romana. Una corte imperial que comienza, como ya he añadido antes, en los años posteriores a la batalla de Actium, donde Augusto César gobierna con mano de hierro el Imperio Romano bajo la influencia constante de su segunda esposa, Livia Drusila, la cual se encarga de ir eliminando físicamente y sin escrúpulos a todos los posibles sucesores de Augusto y obtener su ansiado sueño: ver en el trono imperial a su hijo mayor y predilecto, Tiberio.
La miniserie sigue bastante fiel las novelas de Robert Graves (Yo, Claudio; Claudio, el dios, y su esposa Mesalina) y supuso uno de los mayores éxitos de la BBC, siendo considerada para muchos la mejor miniserie del siglo XX. En lo que a mí respecta, debo añadir que estamos ante una producción que jamás podrá ser superada. Los diálogos, la interacción entre los personajes, las tramas que consecutivamente se van desarrollando, así como las luchas de poder y las intrigas palaciegas, unidas a una impecable interpretación de sus actores hacen de "Yo, Claudio" una miniserie extraordinaria.
Son muchas las tramas que la serie narra a lo largo de sus capítulos: las maquinaciones de Livia a la hora de eliminar a los posibles rivales de su hijo en la lucha por el trono, el declive personal y psicológico de Tiberio (una trama de la serie que pocas veces se ha comentado y que es imprescindible para entender la forma de gobierno del propio Tiberio), las conspiraciones de Sejano para eliminar a cualquier rival político y familiar directo del propio Tiberio, el ascenso y la caída de Calígula con su locura como telón de fondo, la superación de Claudio por sobrevivir en todo este entramado exagerando su discapacidad, la cual le llevará irónicamente al poder tras el asesinato de Calígula en el 41 d. C, las perversiones de Mesalina, etc. Como se puede ver, la serie abarca, más que la vida del propio Claudio, la vida de la familia imperial narrada por el propio emperador.
Si tuviese que hacer una pequeña crítica sería sin lugar a dudas en el perfil psicológico que desde la serie (y las novelas) se hace del personaje de Augusto. Durante los capítulos que se centran en el reinado de Augusto, vemos en el primer emperador romano a un tipo firme pero a la vez afable e incluso campechano y sensible, algo que dista bastante de lo que otros historiadores han revelado sobre la personalidad del sobrino-nieto de Julio César, el cual es considerado como un tipo frío y sin escrúpulos a la hora tanto de alcanzar el poder como de mantenerse en el mismo.
Por no hablar de la ingenuidad que caracteriza a Augusto, el cual no sospecha en absoluto las maquinaciones que Livia, su esposa, realiza a sus espaldas para llevar hasta el trono a su hijo Tiberio. Cuesta imaginar que un tipo que hizo posible la instauración de facto de una monarquía en Roma (lo cual no pudo hacer Julio César) no fuera consciente de las intrigas en la corte romana. Comprendo que todo esto no deja de ser una novela basada en hechos históricos y que el autor, así como los productores de la miniserie, quisieron darle ese toque de ingenuidad al personaje para dramatizar aún más el contexto, lo cual explica el porqué de ese enfoque psicológico del propio Augusto.
Hay muchos momentos que destacar a lo largo de la miniserie: las maquinaciones de Livia; la reacción de Augusto tras enterarse de la histórica derrota en la batalla de Teutoburgo ("Quintilio Varo, ¿Dónde están mis águilas?", llegaría a exclamar varias veces Augusto tras lo ocurrido en Germania); el proceso personal y psicológico de Tiberio, el cual pasa de convertirse en un hombre feliz a un anciano depredador y perverso, consumido por la amargura de todo lo que tuvo que dejar atrás para llegar hasta el trono imperial; la caída política y personal de Sejano tras un denominado "reinado del terror" por parte de éste; la muerte de Livia con Calígula a su lado profetizándole a su bisabuela la llegada en aquellos años del mayor dios que conocería el mundo (Calígula, sin saberlo, no estaba hablando de él, sino de Jesucristo).
Por otro lado tenemos el ascenso al trono, el desarrollo de su locura, las excentricidades durante su reinado, y el posterior asesinato de Calígula (John Hurt llegó con su interpretación a convertirse en el mejor Calígula de la pequeña pantalla, superando a Jay Robinson e incluso a Malcolm McDowell). Un Calígula el cual pregunta en un momento de sinceridad a su tío Claudio si cree que está enfermo mentalmente, a lo que Claudio, reservándose su verdadera respuesta ante el temor de que le pase algo, contesta que no a su sobrino, llevando al espectador a sentir cierta compasión por una persona que intuía que tenía problemas mentales pero nadie tenía la valentía de decírselo.
Por otro lado tenemos la proclamación de Claudio como emperador tras ser descubierto detrás de una cortina, el cual se ve obligado a aceptar el poder ante el temor de ser asesinado al igual que su sobrino Calígula; las escenas de humillación de Livia, Antonia y Calígula a Claudio como consecuencia de su discapacidad; el monólogo de Livia mientras la cámara enfoca cómo Augusto agoniza y muere o la escena de la ejecución de Mesalina tras descubrirse el complot de la entonces emperatriz contra su marido; etc.
En definitiva, toda una serie impecable, la cual nos sumerge de lleno en la corte imperial de Roma y nos sitúa en el contexto político-histórico de la Roma del siglo I d. C. Todo ello ante la atenta mirada de un Claudio que, en su vejez, decide escribir su historia y la de su familia con el objetivo de dejar constancia en primera persona sobre los sucesos ocurridos en la Roma de la dinastía Julia-Claudia. Por cierto, un Claudio que aparece reflejado tanto en la miniserie como en las novelas de forma más benevolente de lo que en realidad fue.
Claudio, a pesar de ser una víctima dentro de la corte imperial, no dejó de ser un historiador inteligente e incluso pervertido, lo cual lo aleja por completo de la imagen apacible que se nos muestra. Obviamente, y al igual que sucede con el caso de Augusto, conviene recordar que estamos ante una novela histórica, lo cual excusa el hecho de que se intente dramatizar aún más la figura de Claudio. Un Claudio que pasó de ser el bufón de su propia familia y de la corte a convertirse de forma inesperada en emperador, el cual se ganó contra todo pronóstico el respeto de sus súbditos e incluso llegó a conquistar Britania durante su gobierno, llegando a ser considerado por los historiadores como un buen y erudito emperador.
Se cumplen pues cincuenta años del estreno de una de las miniseries más intrigantes que ha dado la televisión. Una miniserie que deja a "Juego de Tronos" como una broma en lo concerniente a las luchas de poder y a las traiciones palaciegas. "Yo, Claudio" es sin lugar a dudas toda una lección de historia y entretenimiento a la vez. Dos factores que por desgracia, y salvo excepciones, poco se dan ya en la televisión de nuestros días.



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