domingo, 15 de marzo de 2026

Cincuenta años de "Yo, Claudio"


En el presente año 2026 se cumplen cincuenta años del estreno en televisión de una de las obras más extraordinarias e inigualables de todos los tiempos: "Yo, Claudio". Una miniserie británica, producida por la BBC, en la cual se narraba por un lado la vida del emperador Claudio y a su vez la vida familiar de la dinastía Julio-Claudia, desde la plenitud del gobierno de Augusto César hasta la muerte del propio Claudio en el 54 d. C. 

"Yo, Claudio" es, sin lugar a dudas, una de las mayores y colosales obras televisivas que se ha realizado para la televisión. Su elenco de actores no pudo ser más perfecto a la hora de retratar a la familia imperial romana: Derek Jacobi (Claudio), Siân Phillips (Livia), John Hurt (Calígula), George Baker (Tiberio), Brian Blessed (Augusto), Patrick Stewart (Sejano)... toda una larga e impresionante lista de actores del teatro británico que supieron dar lo mejor de sí mismos para retratar a los gobernantes que el Imperio Romano nos dio en el siglo I d. C. 

Derek Jacobi realizó una interpretación soberbia como el "débil" Claudio, hijo de Antonia la Mayor y de Druso el Mayor, el cual se ve en la obligación de exagerar sus problemas de salud (tartamudez, cojera, parálisis cerebral) con el fin de sobrevivir en la intrigante, corrupta e inmoral corte imperial romana. Una corte imperial que comienza, como ya he añadido antes, en los años posteriores a la batalla de Actium, donde Augusto César gobierna con mano de hierro el Imperio Romano bajo la influencia constante de su segunda esposa, Livia Drusila, la cual se encarga de ir eliminando físicamente y sin escrúpulos a todos los posibles sucesores de Augusto y obtener su ansiado sueño: ver en el trono imperial a su hijo mayor y predilecto, Tiberio. 

La miniserie sigue bastante fiel las novelas de Robert Graves (Yo, Claudio; Claudio, el dios, y su esposa Mesalina) y supuso uno de los mayores éxitos de la BBC, siendo considerada para muchos la mejor miniserie del siglo XX. En lo que a mí respecta, debo añadir que estamos ante una producción que jamás podrá ser superada. Los diálogos, la interacción entre los personajes, las tramas que consecutivamente se van desarrollando, así como las luchas de poder y las intrigas palaciegas, unidas a una impecable interpretación de sus actores hacen de "Yo, Claudio" una miniserie extraordinaria. 

Son muchas las tramas que la serie narra a lo largo de sus capítulos: las maquinaciones de Livia a la hora de eliminar a los posibles rivales de su hijo en la lucha por el trono, el declive personal y psicológico de Tiberio (una trama de la serie que pocas veces se ha comentado y que es imprescindible para entender la forma de gobierno del propio Tiberio), las conspiraciones de Sejano para eliminar a cualquier rival político y familiar directo del propio Tiberio, el ascenso y la caída de Calígula con su locura como telón de fondo, la superación de Claudio por sobrevivir en todo este entramado exagerando su discapacidad, la cual le llevará irónicamente al poder tras el asesinato de Calígula en el 41 d. C, las perversiones de Mesalina, etc. Como se puede ver, la serie abarca, más que la vida del propio Claudio, la vida de la familia imperial narrada por el propio emperador. 

Si tuviese que hacer una pequeña crítica sería sin lugar a dudas en el perfil psicológico que desde la serie (y las novelas) se hace del personaje de Augusto. Durante los capítulos que se centran en el reinado de Augusto, vemos en el primer emperador romano a un tipo firme pero a la vez afable e incluso campechano y sensible, algo que dista bastante de lo que otros historiadores han revelado sobre la personalidad del sobrino-nieto de Julio César, el cual es considerado como un tipo frío y sin escrúpulos a la hora tanto de alcanzar el poder como de mantenerse en el mismo. 

Por no hablar de la ingenuidad que caracteriza a Augusto, el cual no sospecha en absoluto las maquinaciones que Livia, su esposa, realiza a sus espaldas para llevar hasta el trono a su hijo Tiberio. Cuesta imaginar que un tipo que hizo posible la instauración de facto de una monarquía en Roma (lo cual no pudo hacer Julio César) no fuera consciente de las intrigas en la corte romana. Comprendo que todo esto no deja de ser una novela basada en hechos históricos y que el autor, así como los productores de la miniserie, quisieron darle ese toque de ingenuidad al personaje para dramatizar aún más el contexto, lo cual explica el porqué de ese enfoque psicológico del propio Augusto.

Hay muchos momentos que destacar a lo largo de la miniserie: las maquinaciones de Livia; la reacción de Augusto tras enterarse de la histórica derrota en la batalla de Teutoburgo ("Quintilio Varo, ¿Dónde están mis águilas?", llegaría a exclamar varias veces Augusto tras lo ocurrido en Germania); el proceso personal y psicológico de Tiberio, el cual pasa de convertirse en un hombre feliz a un anciano depredador y perverso, consumido por la amargura de todo lo que tuvo que dejar atrás para llegar hasta el trono imperial; la caída política y personal de Sejano tras un denominado "reinado del terror" por parte de éste; la muerte de Livia con Calígula a su lado profetizándole a su bisabuela la llegada en aquellos años del mayor dios que conocería el mundo (Calígula, sin saberlo, no estaba hablando de él, sino de Jesucristo). 

Por otro lado tenemos el ascenso al trono, el desarrollo de su locura, las excentricidades durante su reinado, y el posterior asesinato de Calígula (John Hurt llegó con su interpretación a convertirse en el mejor Calígula de la pequeña pantalla, superando a Jay Robinson e incluso a Malcolm McDowell). Un Calígula el cual pregunta en un momento de sinceridad a su tío Claudio si cree que está enfermo mentalmente, a lo que Claudio, reservándose su verdadera respuesta ante el temor de que le pase algo, contesta que no a su sobrino, llevando al espectador a sentir cierta compasión por una persona que intuía que tenía problemas mentales pero nadie tenía la valentía de decírselo. 

Por otro lado tenemos la proclamación de Claudio como emperador tras ser descubierto detrás de una cortina, el cual se ve obligado a aceptar el poder ante el temor de ser asesinado al igual que su sobrino Calígula; las escenas de humillación de Livia, Antonia y Calígula a Claudio como consecuencia de su discapacidad; el monólogo de Livia mientras la cámara enfoca cómo Augusto agoniza y muere o la escena de la ejecución de Mesalina tras descubrirse el complot de la entonces emperatriz contra su marido; etc.

En definitiva, toda una serie impecable, la cual nos sumerge de lleno en la corte imperial de Roma y nos sitúa en el contexto político-histórico de la Roma del siglo I d. C. Todo ello ante la atenta mirada de un Claudio que, en su vejez, decide escribir su historia y la de su familia con el objetivo de dejar constancia en primera persona sobre los sucesos ocurridos en la Roma de la dinastía Julia-Claudia. Por cierto, un Claudio que aparece reflejado tanto en la miniserie como en las novelas de forma más benevolente de lo que en realidad fue. 

Claudio, a pesar de ser una víctima dentro de la corte imperial, no dejó de ser un historiador inteligente e incluso pervertido, lo cual lo aleja por completo de la imagen apacible que se nos muestra. Obviamente, y al igual que sucede con el caso de Augusto, conviene recordar que estamos ante una novela histórica, lo cual excusa el hecho de que se intente dramatizar aún más la figura de Claudio. Un Claudio que pasó de ser el bufón de su propia familia y de la corte a convertirse de forma inesperada en emperador, el cual se ganó contra todo pronóstico el respeto de sus súbditos e incluso llegó a conquistar Britania durante su gobierno, llegando a ser considerado por los historiadores como un buen y erudito emperador. 

Se cumplen pues cincuenta años del estreno de una de las miniseries más intrigantes que ha dado la televisión. Una miniserie que deja a "Juego de Tronos" como una broma en lo concerniente a las luchas de poder y a las traiciones palaciegas. "Yo, Claudio" es sin lugar a dudas toda una lección de historia y entretenimiento a la vez. Dos factores que por desgracia, y salvo excepciones, poco se dan ya en la televisión de nuestros días.

sábado, 14 de marzo de 2026

Nazismo y fascismo, dos variantes del socialismo


Decía un tipo llamado Winston Churchill que "los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos 'antifascistas'", y sin lugar a dudas es lo que está ocurriendo en nuestros días, sesenta y un años después de terminada la II Guerra Mundial. Por supuesto, en lo que a mí respecta, no seré yo quien halague a Churchill, un alcohólico y fumador empedernido, además de un tipo sin escrúpulos, cuyo papel en las guerras de la India o de Sudáfrica nos retrataba a un racista sin escrúpulos, el cual distaba mucho de ser ese estadista que la historia nos quiere vender. 

Pero esta entrada no va dirigida a Churchill, sino precisamente a sus enemigos en la II Guerra Mundial: el nazismo y el fascismo, dos corrientes totalitarias unidas por un mismo factor en común: el socialismo. A pesar de las negaciones que después de sesenta años se lleva haciendo, no cabe duda de que tanto el nacionalsocialismo creado por Adolf Hitler en Alemania como la del fascismo italiano con Benito Mussolini a la cabeza fueron ideologías totalitarias surgidas a través del socialismo. 

¿Esto quiere decir que el nacionalsocialismo y el fascismo eran socialistas tal y como los conocemos actualmente? No exactamente; la socialdemocracia actual fue hija ideológica del resultado de la II Guerra Mundial. El nacionalsocialismo y el fascismo fueron ideologías variantes del socialismo internacional/científico ideado por Karl Marx en el siglo XIX. En el caso de Italia tenemos a Benito Mussolini, el cual fue militante del Partido Socialista Italiano durante catorce años, llegando incluso a dirigir el periódico socialista "Avanti". 

Mussolini, como todos sabemos ya, fue expulsado del partido socialista por ser favorable a la intervención italiana en la Primera Guerra Mundial, una cuestión de la que discrepaba con sus compañeros de partido, los cuales le dieron de lado. Es entonces cuando Mussolini mezcla elementos del nacionalismo italiano con los principios básicos del socialismo clásico y los fusiona en un cóctel que pasaría a denominarse Partido Nacional Fascista, lo cual le llevaría al poder tras la Marcha sobre Roma en octubre de 1922. 

Con Adolf Hitler sucedería lo mismo en aquellos convulsos años, llegando a militar en un grupo llamado Partido Obrero Alemán, el cual pasaría a denominarse posteriormente con el nombre de Partido Nacionalsocialista Obrero Aleman, partido con el que ascendería al poder en enero de 1933. Hitler, al igual que Mussolini, habían leído a Marx, y fueron muy astutos a la hora de fusionar dos ideologías teóricamente tan opuestas como interesantes: el nacionalismo y el socialismo. Lo que en la teoría era algo imposible de realizar, Hitler y Mussolini lo hicieron realidad a principios de la década de 1920.

Un matiz que cabe diferenciar entre el socialismo marxista con respecto al nacionalsocialismo de Hitler y el fascismo de Mussolini es el hecho de que ambas fuerzas eran también contrarias al marxismo y al comunismo, no así a la implantación de un socialismo nacional y a la erradicación del capitalismo como sistema económico a la vez que defendían un sistema corporativista y la defensa de la propiedad privada. Por otro lado, tanto el fascismo como el nazismo eran favorables al control de los medios de producción, lo cual defiende igualmente el socialismo internacional. 

Políticos como Joseph Goebbels, ministro de Propaganda con Adolf Hitler, reconocieron en diversas publicaciones afirmaciones como "El socialismo es la ideología del futuro"; "No somos una institución benéfica, sino un partido de socialistas revolucionarios"; "Las líneas del socialismo alemán son nítidas y nuestro camino está claro. Estamos contra la burguesía política y a favor del auténtico nacionalismo. Estamos contra el marxismo, ¡y, por el verdadero socialismo!". Todas estas y muchas otras afirmaciones parecidas aparecen recogidas, con fecha y fuente en una página denominada "Fundación para la Educación Económica", no me las estoy inventando yo.

Otro punto interesante es que irónicamente, entre enemigos supuestamente tan antagónicos, se produjese el acuerdo de crédito germano-soviético, el pacto Ribbentrop-Mólotov, el Tratado Germano-Soviético de Amistad, Cooperación y Demarcación, o las conversaciones entre la Rusia soviética de Iosif Stalin y la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler para que los comunistas entrasen a formar parte del Eje, lo cual finalmente no ocurrió. Como se pueden ver, unas relaciones muy fructiferas las de la Alemania nazi con la Rusia soviética, por contra de lo que nos han hecho creer los historiadores. 

En definitiva, con estos datos pretendo hacer hincapié en que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano, así como sus líderes, estaban más cerca de los partidos históricamente socialistas que de los hegemónicos partidos conservadores-liberales. Se dice que la historia la escriben los vencedores, y a pesar de que aquí en España la han reescrito los vencidos, esa regla de tres vuelve a repetirse en el caso de los ganadores de la II Guerra Mundial. ¿Cómo habría sido Europa y el mundo si los nazis y los fascistas hubiesen ganado? Es una pregunta intrigante, pero por supuesto sería bastante diferente a la Europa y al mundo que hemos visto desde hace sesenta y un años.

Conviene recordar que a pesar de esto, tanto el nacionalsocialismo, el fascismo, el comunismo y el socialismo internacional han sido corrientes totalitarias que han cometido los mayores genocidios conocidos en la historia. Mao, Stalin, Hitler y Mussolini no dejan de ser pues dos caras de la misma moneda, por mucho que la izquierda actual se arranque las vestiduras cuando lee cuestiones como las que estoy escribiendo en esta entrada. Algunos alegarán que Hitler y/o Mussolini ilegalizaron los partidos de izquierdas para asentar el nazismo y el fascismo. 

Lo que olvidan es que esa misma medida la tomaron los comunistas en Rusia y en China para asentar sus propios regímenes totalitarios. Quien crea que el socialismo ha consistido toda la vida en repartir rosas rojas y en respaldar los Derechos Humanos, así como los movimientos LGTBI, feministas, etc, convienen que se den una vuelta, no ya por la Alemania e Italia de Hitler y Mussolini, sino por la Rusia y China de Stalin y Mao. 

A pesar de que muchos consideren que lo que he afirmado sea una barbaridad, no deja de ser una realidad pura y dura: el nacionalsocialismo y el fascismo beben sus vertientes ideológicas en el socialismo clásico y en un nacionalismo con tintes raciales, y no pasa nada por reconocerlo, así es como se avanza en la historia y en el desarrollo de la humanidad. También Otto Von Bismarck acometió políticas socialistas durante su largo mandato como canciller de Prusia. 

¿Lo hacía porque era socialista? En absoluto. Lo hacía para salvaguardar su propio poder y los intereses del Imperio Alemán frente a las amenazas reales que en aquel momento representaban los sectores socialistas contra los sistemas burgueses, pero, aunque fuese por cuestiones de estrategia política, sus medidas sociales ahí están. Por todo ello, la conclusión que saco con respecto a todo esto es, una vez más, que si los periodistas nos engañan con el presente, los historiadores lo hacen con el pasado. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

La Ley de Murphy


Decía Julieta Venegas en su canción "Limón y sal" una frase que ya he acuñado en otras ocasiones cuando he hablado de la felicidad. La frase decía "Tengo que confesarte ahora, nunca creí en la felicidad. A veces algo se le parece, pero es pura casualidad". Algo así podría ser aquello a lo que he hecho referencia en varias entradas y que creo que bien merecía una propia: la Ley de Murphy. 

Siempre me he declarado un seguidor y/o fan de esta mítica ley popular que se fue haciendo conocida a mediados del siglo XX por el ingeniero aeroespacial Edward A. Murphy Jr., el cual hizo famosa aquella frase sobre la que se sustenta dicha ley no escrita y que el tiempo le ha acabado dando la razón: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Y es que si hay algo sobre lo que gira nuestra vida, aunque algunos no sean conscientes de ello, es precisamente la Ley de Murphy. 

¿Quién no ha intentado evitar cruzarse con una persona determinada para finalmente acabar encontrándotela de frente? ¿A quién no le ha ocurrido buscar desesperado una prenda de vestir justo cuando más prisa tienes? ¿Quién no ha escogido, de entre varias cajas, la caja del supermercado más lenta? ¿Quién no ha tenido problemas con la batería del móvil justo cuando más falta te hacía? ¿Quién no ha dicho "No me llevo el paraguas, no va a llover" y te acaba cayendo el Diluvio? 

¿A quién no le ha ocurrido estar esperando durante varias horas un paquete de reparto y que éste llegue después de salir un momento a la calle? ¿A quién no le ha ocurrido que en un momento dado no puedas comprar un producto y decides comprarlo para la siguiente ocasión, en la cual te encuentras el sitio porque el producto ya ha sido vendido? ¿A quién no le ha sucedido estar horas buscando un objeto y cuando finalmente lo das por perdido llegar a encontrarlo cuando estabas buscando precisamente otra cosa? ¿Quién no se ha hartado de buscar un taxi cuando más lo necesitas sin que éste aparezca y solo cuando ya no lo necesitas es cuando aparecen?

¿A quién no se le ha quemado una pizza por distraerse solo un par de minutos mirando el móvil? ¿Quién no se ha encontrado con el metro partiendo justo cuando ibas bajando las escaleras? ¿Qué persona no se ha aburrido por no encontrar nada interesante en la televisión y justo otro día emiten a la misma vez programas, documentales o películas que deseas ver a la misma hora? ¿Quién no ha hecho algún juego de apuestas a un número y cuando te quedas sin dinero es cuando éste sale? ¿Quién no ha estudiado un temario entero para un examen y precisamente lo que no has podido o querido estudiarte es lo que te preguntan?

Como estos, mil ejemplos más se podrían exponer aquí sobre la Ley de Murphy y nos quedaríamos cortos. Todos sabemos ya el ejemplo de la tostada ("Si la tostada cae, será por el lado de la mantequilla"), el cual es uno de los más memorables cuando hablamos de esta cuestión. En mi caso, como sevillano y persona que ha ido a cientos de miles de procesiones, puedo exponer dos casos claros de lo que supone la Ley de Murphy en lo que respecta al público congregado para ver los pasos procesionales: Da igual donde te ubiques, la gente siempre pasará justo por el lugar donde estés; Da igual donde te pongas, al final delante tuya se pondrá el padre que sube a su crío en hombros, alguien más alto que tú o alguien que para grabar sube su móvil lo suficientemente alto como para que no veas nada. 

De esta forma, pretendo hacer una pequeña referencia a una norma no escrita que siempre está presente en nuestro día a día y de la cual no nos libramos ni un solo ser humano. La Ley de Murphy es una realidad y este que está aquí da fe de su existencia. Dicho esto, puede que alguien se pregunte qué tiene que ver la frase anteriormente citada de Julieta Venegas con la Ley de Murphy. Muy sencillo, la frase es pesimista por naturaleza, y la propia Ley de Murphy lo es igualmente. 

Hay quienes consideran que los seguidores de Murphy y de su Ley son pesimistas por naturaleza. Nada más lejos de la realidad. Este que escribe esta entrada es pesimista, pero lo soy precisamente porque, entre otras cosas, la Ley de Murphy me ha enseñado que si algo puede salir mal, saldrá mal. No es pensamiento, es experiencia y Murphy lo plasmó excelentemente con su Ley, la cual siempre estará en vigor. 

lunes, 9 de marzo de 2026

El proceso a Cristo


"Pilatos, este hombre presentado a todo el pueblo es aquél que nació en Belén. En San Benito lo quieren porque conforta a los pecadores como un verdadero dios. Este hombre presentado es un regalo divino". Con estos versos dedicados al Cristo de la Presentación al Pueblo de la Hermandad de San Benito de Sevilla quiero empezar esta entrada, la cual quería escribir desde hacía tiempo, y qué mejor momento para hacerlo que en la Cuaresma.

Cuando estudiaba Derecho en la Universidad Pablo de Olavide le pregunté a dos o tres profesores de Historia del Derecho y Derecho Romano sobre si el proceso a Cristo fue legal o no. Las respuestas eran afirmativas, pero siempre me quedó esa espina (valga la redundancia con el tema que trato hoy) de saber más cosas acerca de aquel proceso por el que Cristo fue juzgado y posteriormente ejecutado.

Si nos atenemos a los datos históricos, la muerte de Cristo se produjo alrededor del 30 d. C, un periodo en el que el Sumo Sacerdote del Sanedrín era José Ben Caifás, mientras que en Judea el Procurador romano era Poncio Pilatos. A su vez, Siria, que era la provincia de la que dependía Judea administrativamente, estaba bajo el gobierno de Lucio Elio Lamia; por su parte, en Roma gobernaba por aquel entonces Tiberio César, aunque en la práctica quien ejercía el gobierno era Lucio Elio Sejano, como consecuencia del retiro voluntario de Tiberio a Capri. Por último, el tetrarca de Perea y Galilea (tierra en la que vivió Jesús) era Herodes Antipas. 

Mucho se ha hablado, debatido y escrito sobre el proceso a Jesús. Yo mismo escribí un poco sobre ello cuando hice una entrada en octubre de 2024 acerca del vigésimo aniversario del estreno de la impresionante película "La Pasión de Cristo". En dicha entrada afirmaba, igual que ahora, que el proceso judicial a Cristo estuvo basado en dos crímenes por parte del Sanedrín, que eran los principales interesados en la muerte de Cristo: blasfemia (en lo que respecta a la cuestión religiosa) y sedición (en lo que respecta a la cuestión política). 

Los judíos utilizaron de forma muy astuta los cargos que le imputaban a Jesucristo. La blasfemia era una cuestión que a Roma no le interesaba para nada, pero sí el hecho de que Jesús fuese acusado de sedición, es decir, de levantamiento contra Roma, que era la autoridad política en la mayor parte del mundo en aquel entonces. Aunque varios de mis profesores universitarios afirmaron que el proceso fue legal, personalmente sigo teniendo dudas sobre la legalidad de aquel suceso. 

Cristo fue, según los Evangelios, arrestado en el huerto de Getsemaní por parte de la guardia judía del Sanedrín en plena noche para ser llevado de inmediato a la casa del yerno de Caifás, Anás. Tras un breve interrogatorio en el que Cristo fue, según los Textos Sagrados, abofeteado y golpeado en presencia de Anás, Éste fue llevado ante el Sanedrín, presidido por el propio Caifás. Es en este juicio donde la mayoría de los sanedritas acusaron a Jesús de blasfemo. 

El detonante final fue la pregunta que Caifás hizo bajo juramento a Cristo en la que le preguntaban si Él era el Hijo de Dios, a lo que Jesús contestó "Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y venir entre las nubes del cielo". Ante esta respuesta, inadmisible para los judíos, es cuando Caifás se rasga las vestiduras en señal de protesta y el Sanedrín decide de forma unánime llevar a Cristo ante Pilatos, con el fin de que el Procurador romano dictase sentencia de muerte a Jesús. 

Aquí vienen las primeras preguntas. ¿Por qué se detuvo a Jesús de noche y prácticamente a escondidas? Conviene recordar que en aquel entonces los judíos estaban conmemorando la Pascua, por lo que no era muy conveniente arrestar a un profeta en mitad de una Pascua religiosa y más con el fin de que dicho profeta fuese ejecutado. La segunda cuestión tiene que ver con los interrogatorios tanto en la casa de Anás como ante el Sanedrín frente a Caifás. Desde el punto de vista de las leyes judías no era legal que ningún arrestado fuese enjuiciado en plena noche, y mucho menos durante la Pascua judía, la cual debía respetarse. 

Otra cuestión no menos importante es el hecho de que tras escuchar a Jesús, los sanedritas decidiesen llevarlo ante la presencia de Poncio Pilatos, con el fin de que éste condenase a muerte a Cristo. Hasta ese momento, los cargos que se presentaban contra Él eran por blasfemia (aspecto religioso), sin embargo, tras el juicio en el Sanedrín, los judíos deciden imputarle también un delito político (sedición). Éstos no eran ajenos al hecho de que Pilatos pudiese liberar a Jesús solo por ser acusado de un delito religioso, y es entonces cuando los judíos introducen el factor político para presionar de esta forma a Pilatos y que éste condenase a muerte a Jesús.

Por otro lado, siempre me he preguntado por qué los judíos quisieron llevar a Cristo ante las autoridades romanas para que fuese enjuiciado. Se dice que bajo la autoridad romana los judíos no tenían potestad legal alguna para ejecutar a alguien. Sin embargo, esta excusa cae por su propio peso, ya que, tras la muerte de Jesús, muchos seguidores suyos (San Esteban es un claro ejemplo) fueron condenados a muerte bajo lapidación. ¿Por qué no hicieron lo mismo con Cristo? 

Es verdad que estamos hablando de un momento delicado desde el punto de vista judío, ya que en aquellos días se conmemoraba la Pascua; pero ¿No era más factible haber detenido a Jesús después de la misma y de esa forma enjuiciarlo bajo las leyes judaicas y no romanas? ¿Por qué tanta prisa pues por enjuiciarlo y ejecutarlo? ¿Por temor a sus seguidores quizás? Estas son solo algunas de las preguntas que quedarán siempre sin respuesta.

Tras ser interrogado por el Sanedrín y por Caifás, Cristo es conducido ante Pilatos, el cual es informado por los judíos de las acusaciones de sedición y blasfemia contra Jesús. Tras un primer interrogatorio en el cual Pilatos aseguró que no hallaba en Cristo delito alguno, el prefecto romano lo mandó llevar ante el tetrarca Herodes Antipas, el cual se encontraba esos días en Jerusalén, como así atestiguan los Evangelios. Cristo era de Nazaret (Galilea) y según Pilatos debía ser competencia de Herodes Antipas y no de él la de dictar sentencia contra un súbdito del tetrarca. 

Durante el interrogatorio del monarca a Cristo, Herodes intentó que Jesús llevase a cabo algún tipo de milagro, con el fin de conocer sus famosos poderes sobrenaturales. Tras un interrogatorio basado en la humillación, Herodes Antipas decide devolver Jesús ante Pilatos, produciéndose finalmente el juicio contra Jesús por parte del procurador romano, quien movido entre la cobardía por su propia vida y ante las amenazas que los sanedritas allí representados le lanzaban "Si liberas a Éste, no eres amigo del César", Pilatos finalmente cede y ordena azotar a Jesús para finalmente ordenar su ejecución.  

Aquí es donde de nuevo se abren más interrogantes. Para empezar, Pilatos, ante el hecho de no querer verse envuelto en la ejecución de quien considera "una persona libre de delitos", envía a Jesús ante la presencia de Herodes Antipas, el cual lo devuelve al mismo tiempo a Pilatos para, esta vez sí, ordenar la ejecución de Jesús ante la presión a la que estaba siendo sometido por los judíos. Cabe preguntarse, si Pilatos no quería verse salpicado de la sangre de Cristo, ¿Por qué no ordenó que Jesús fuese llevado a Damasco? Conviene recordar que, por contra de lo que se ha dicho siempre, Pilatos era Procurador, no Gobernador de Judea. Pilatos dirigía el gobierno y la administración judía, la cual a su vez dependía de la provincia romana de Siria. 

Si Pilatos quería verdaderamente "lavarse las manos" ¿No era más estratégico mandar a Jesús frente al Gobernador Lamia y de esa forma evitar que los judíos lo pusieran frente a un dilema? También podía haberse dado el escenario, poco probable pero posible, de que incluso Herodes Antipas hubiese puesto sin más en libertad a Cristo, o que, más probable, hubiese sido él mismo quien hubiese ordenado su muerte. 

Por otra parte, y volviendo al juicio ante Pilatos, los sanedritas afirmaban de forma hipócrita y falsa que "no tenían más rey que el César". Una afirmación surrealista, ya que Judea fue precisamente uno de los territorios donde más revueltas y sediciones se produjo contra el Imperio Romano. Los judíos repudiaban a los romanos y a toda autoridad de Roma, incluyendo a Tiberio. Pero en aquel momento, bien convenía hacerse pasar por buenos súbditos del emperador con tal de ver a Cristo crucificado. 

La opción de enviar a Cristo a Damasco podía ser estratégicamente hábil por parte de Pilatos y de esa forma alargaba el proceso hasta que Jesús hubiese sido conducido ante el Gobernador Lamia. Pero también conviene destacar que, de haberse alargado aún más el proceso, en Jerusalén podría haber habido revueltas, tanto por parte de los seguidores de Jesús como de los propios judíos contra Roma. Los Evangelios recogen que, en un momento determinado, Pilatos pregunta a Jesús el lugar de su reino, ya que los judíos le habían comunicado que Cristo se hacía llamar rey. 

Es entonces cuando Jesucristo responde a Pilatos "mi reino no es de este mundo". El Procurador pudo perfectamente haber utilizado esa afirmación de Jesús como excusa para liberarlo. Además, al afirmar los judíos que ellos no tenían otra autoridad que no fuese el César, se contradecían en cierta forma, ya que, a la misma vez, en los territorios como Perea y Galilea, Herodes Antipas era un tetrarca, una especie de monarca-cliente de Roma, con lo cual Pilatos podía haber utilizado la excusa de la existencia de este tipo de monarcas para liberar a Cristo de la muerte. 

Conviene recordar, por supuesto, la situación política que se vivía en el mundo romano en el año 30 d. C. Tiberio era oficialmente el emperador romano, pero, su despreocupación por los asuntos de Estado, hicieron que se retirase voluntariamente a Capri y dejar todo el poder imperial en manos del Prefecto de la Guardia Pretoriana, Lucio Elio Sejano. Cabe añadir que Pilatos fue designado Procurador de Judea gracias a la intercesión de Sejano ante Tiberio. De haber liberado a Cristo, Pilatos se jugaba su propia vida, ya que en aquellos momentos Roma estaba en un contexto de persecuciones absolutas en las que Sejano susurraba al oído de Tiberio nombres de personas que, según él, eran desleales al emperador. Una excusa barata que solo beneficiaba a Sejano, el cual conspiraba en secreto con eliminar a Tiberio y hacerse con el Imperio. 

De esta forma, si Pilatos hubiese liberado a Jesús frente a la presión de los judíos, es más que probable de que Caifás hubiese escrito a Tiberio o a Sejano con el fin de que Pilatos hubiese sido destituido y ejecutado. Sin embargo, como todos sabemos, Pilatos mandó crucificar a Jesús. Pero hay una cuestión no menos importante. Antes de que Pilatos ordenase la ejecución de Cristo, el Procurador romano hizo un último intento por liberarlo a través de una antigua tradición como consecuencia de la Pascua judía: la autoridad romana tenía la potestad de liberar a un prisionero durante la fiesta religiosa. Es entonces cuando Pilatos pregunta al pueblo si prefieren liberar a Jesús o por el contrario liberar a uno de los principales líderes de los denominados "Zelotes": Barrabás. 

Los zelotes eran una especie de movimiento político-terrorista, el cual buscaba la independencia de Judea sobre Roma y la recuperación de sus propias libertades. Si Pilatos hubiese caído (que habría sido lo más probable) de haber liberado a Cristo, ¿Por qué no sucedió igualmente cuando finalmente, y contra su voluntad, decide liberar al zelote Barrabás? No hay que olvidar que Barrabás era un enemigo de Roma, el cual estaba en prisión por altercados contra la autoridad romana, y por ende, por sedición.

¿Por qué nadie avisó a Tiberio o a Sejano de la liberación de Barrabás por parte de Pilatos? Si Cristo, el cual predicaba la paz, fue condenado a muerte sin pronunciar jamás una palabra contra Roma ¿Qué consecuencias tendrían que haberse dado cuando el Procurador romano decidió liberar a un sedicioso que sí usaba la violencia contra los romanos? Es una situación irónica a la vez que incongruente. 

En definitiva, esta entrada es más bien una entrada de preguntas y no de respuestas. No sabemos qué hubiese sucedido si finalmente se hubiese producido uno de los escenarios que he mencionado anteriormente. Incluso no sabemos a ciencia cierta si existió una persona llamada Jesús de Nazaret, la cual vivió en Galilea y predicó el amor y el perdón ante todos aquellos que le escuchaban. 

Todo hace indicar que históricamente sí existió Jesús, pero no sabemos qué hubiese pasado si el curso de los acontecimientos hubiese tomado un cambio de 180 grados. Teóricamente, todo se cumplió según los designios de Dios, pero en base al libre albedrio humano, en cualquier momento podía haberse producido un giro inesperado. Sea como fuere, lo cierto y verdad es que la injusta condena por parte de Pilatos hacia Jesucristo supuso su muerte y posterior resurrección, y con ello el nacimiento del Cristianismo en el mundo. 

En lo que respecta al proceso judicial a Jesucristo debo añadir que, al igual que afirmaron mis profesores de la Universidad, personalmente creo que lo más probable es que el proceso hubiese sido legal desde el punto de vista del Derecho Romano, pero no desde el punto de vista del Derecho Judío, cuyas incongruencias durante el proceso no son pocas, como antes he hecho referencia. 

Para finalizar, como sevillano que soy, siempre digo que no hay pasos en la Semana Santa de mi tierra que mejor definan el Derecho Romano como son el paso de la Presentación al Pueblo de la ya mencionada Hermandad de San Benito y el paso de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena, sobre todo este último. Como última conclusión cabe añadir que, una vez más, todo lo referente a Cristo se salda siempre con más preguntas que respuestas. "¿Qué habría ocurrido si..." es una de las reflexiones que uno se hace cuando hablamos de la figura de Jesús y, sobre todo, de su pasión y muerte. La figura de Jesús de Nazaret es pues, con independencia de las creencias religiosas, motivo de debate veintiún siglos después de su existencia.

viernes, 6 de marzo de 2026

No a la guerra... pero sí al envío militar


Hace un par de días escribí en mi última entrada acerca de la guerra en Irán y la posición del gobierno de Pedro Sánchez de no colaborar con Estados Unidos en lo concerniente al uso de las bases de Morón de la Frontera y Rota. Una decisión que ya dije en su momento que, a pesar de mi total rechazo a Sánchez, me parecía correcta, ya que España no debería involucrarse en una guerra en la cual a nuestro país no se le ha perdido nada.

Pues bien, al día siguiente de escribir dicha entrada, Pedro Sánchez compareció desde Moncloa con el objetivo de lanzar un mitin electoral en la sede de la presidencia del gobierno y de asegurar que él era, cuando menos, un superhéroe pacifista dispuesto a ser el antagonista mundial de Donald Trump. Tras anunciar que su política de defensa con EEUU se resumía en cuatro palabras: "No a la guerra", Sánchez hizo alusión al gobierno de José María Aznar y a la foto de las Azores del ex presidente del gobierno con George W. Bush y Tony Blair en marzo de 2003. Una foto que, según añadió el propio Sánchez, trajo más terrorismo, empeoramiento de calidad de vida, etc.

Si más pronto había aplaudido esa postura (la de no intervenir en la guerra de Irán), más pronto volvió a sacarme de mis casillas este sujeto cuando de su decisión comenzó a hacer electoralismo político y a sacar el mayor rédito posible a la guerra de Irán. Es obvio que tratándose de Sánchez nada va a sorprenderle a uno, pero corrobora una vez más la falta de escrúpulos y la malicia de este individuo, el cual ha querido sacar votos de su ganado a través de los muertos y heridos que se están produciendo en este conflicto, el cual sigue su escalada a nivel mundial y amenaza por conducirnos al peor de los escenarios.

Pero por si todo esto no fuese poco, después de la comparecencia miserable de Sánchez, desde la Casa Blanca aseguraron que el gobierno de EEUU había hablado con el gobierno de España, el cual le trasladó su decisión de cooperar en todo lo necesario para ayudar a los norteamericanos en la guerra. Tras este anuncio desde Washington, en Madrid salieron poco después a desmentir tajantemente dicho acuerdo. 

Desde entonces ha habido una serie de declaraciones contradictorias en el propio gobierno, las cuales han acabado con la salida hacia Chipre en el día de ayer de la fragata Cristóbal Colón, la más avanzada de la Armada española. Un envío militar exprés que no ha pasado ni la tramitación competente por el Congreso de los Diputados ni la aprobación, o rechazo, de la Cámara Baja para su envío. 

Y cuando ya habíamos visto que Sánchez, una vez más, había "cambiado de opinión" y decidido intervenir sin la aprobación del Parlamento en la guerra mientras desde Madrid decía lo contrario, en Washington se han producido unas declaraciones que a mí, como español, me avergüenzan y me indignan. Donald Trump salió afirmando en el día de ayer que España es "una nación perdedora, la cual no trabaja en equipo, por lo que nosotros tampoco trabajaremos en equipo con ellos". Todo esto después de que Sánchez se haya bajado de nuevo los pantalones y haya decidido intervenir en la guerra de Irán, aunque a sus acólitos les sigue haciendo creer que es un pacifista.

Dicho esto creo que ya es hora de dejar las cosas claras. EEUU y Donald Trump no son absolutamente nadie para insultar a una nación como España. Una nación que si no fuera por ella, Donald Trump probablemente no habría existido jamás, y con toda seguridad hoy en día no estaría presidiendo un país llamado "Estados Unidos de América", desde el cual, y de forma chulesca, desprecia y le falta el respeto a una nación con más de quinientos años de historia, que se atreve a amenazar con embargarla comercialmente. 

Los españoles no tenemos la culpa de que los americanos hayan votado a un tipo que, al igual que Sánchez, carece de escrúpulos y amenaza con represalias en cuanto alguien le lleva la contraria. En este caso, la contraria de Sánchez ha resultado finalmente ser una farsa, como todo en él; pero si su posición o la de cualquier otro gobierno en España hubiese sido la de mantenerse firmemente neutral en el conflicto de Irán, Donald Trump tendría que joderse y apechugar con lo que decide una nación, teóricamente soberana como es España y no amenazar con tomar represalias, en este caso comerciales, contra nosotros.

Tampoco los españoles tenemos culpa alguna de que Donald Trump haya decidido meter a EEUU en una guerra en la que ni los propios miembros del gobierno estadounidense ni sus ciudadanos saben exactamente por qué han intervenido, ni saben de qué forma ahora deben o pueden salir de este conflicto. Un conflicto que está arrastrando no solo a Irán, sino a todo Oriente Medio y que, como ya he dicho, amenaza con extenderse al resto del mundo si no se frena esta escalada bélica.

Yo comprendo que Donald Trump es un pijo caprichoso y egocéntrico, al cual nunca le han dicho que no en la vida, y por ello cuando recibe una negativa como respuesta decide incendiar el mundo. No es mi culpa ni la de nadie que este tipo tenga el comportamiento infantil de un niño de ocho años en un cuerpo de un anciano de ochenta. Por otro lado, Pedro Sánchez demuestra, una vez más, que es la otra cara de la misma moneda con respecto a Donald Trump. 

Un tipo narcisista y miserable, el cual se aprovecha de un conflicto bélico para, de forma cínica y engañosa, hacer creer a los españoles que la posición de nuestro país iba a ser neutral mientras negociaba en secreto con Washington el envío de la fragata Cristóbal Colón y la disposición del gobierno de España de colaborar con las Fuerzas Armadas estadounidenses en las bases de Morón de la Frontera y Rota. Solo un miserable como él podía hacer una aberración semejante y una traición de esa índole.

Por lo que a mí respecta debo hacer autocrítica y decir que a pesar de la opinión nefasta que tengo de este personaje, llegué a creer por un momento que iba a mantener a España ajena a un conflicto que sigue in crescendo conforme pasan los días y cuyo desenlace cada vez está más lejos de producirse. Me avergüenza haber creído por un solo momento que, por los motivos que fuesen, este tipo fuese a mantenernos al margen de una guerra cuya escala ya ha alcanzado a todo Oriente Medio y amenaza con extenderse hacia el resto del mundo.

Si algo ha demostrado la guerra de Irán en estos días es que Pedro Sánchez y Donald Trump son exactamente lo mismo: dos tipos egocéntricos, narcisistas, chulescos y peligrosos, los cuales están dispuestos a todo por conseguir sus objetivos: Por parte de Sánchez, el de destruir a España con tal de permanecer él de forma vitalicia en el poder; por parte de Trump, el de destruir el mundo a favor de los intereses de EEUU o, mejor dicho, de sus propios intereses empresariales. Dos caras de la misma moneda que representan lo peor de la política y la corroboración de que a ambos lados del Atlántico están liderando sus respectivos gobiernos tipejos sin la más mínima catadura moral, los cuales están dispuestos a todo para satisfacer sus egos personales. 

Como español que soy debo preguntarme ¿Quién defiende ahora a España de los insultos y descalificaciones de Trump hacia nuestro país? El gobierno de Sánchez no, por supuesto. Bastante tienen ya con resucitar el viejo lema del "No a la guerra" para evitar que los casos de corrupción que sacuden a Sánchez y al PSOE se los lleven a ambos por delante. Por otro lado, ahora, más que nunca, es necesario que Trump pierda las elecciones legislativas de noviembre. 

Una pérdida electoral que serviría para poner fin a su presidencia de forma anticipada a través de un impeachment que lo desalojase de la Casa Blanca por la puerta de atrás, mientras dejaría tras de sí una guerra que está amenazando cada día más con llevar al mundo al abismo. Jamás pensé que dijera esto, ya que, como he señalado en entradas anteriores, no simpatizo con los demócratas y aposté por Trump en las elecciones de 2024, aunque sospechaba que probablemente este segundo mandato sería una decepción absoluta, como realmente está ocurriendo.

Y en lo que respecta a Sánchez, ahora, más que nunca, es necesario que el PP presente una moción de censura con el objetivo de presentar a un candidato independiente, cuyo único objetivo sea el de convocar elecciones anticipadas urgentemente. Como es obvio, ni Feijóo ni nadie tendrán los cojones suficientes de presentar una moción que, por desgracia, tiene todas las de perder, ya que Sánchez continúa atrincherado en Moncloa gracias al apoyo de sus socios, los cuales son igual de miserables que él. 

España está pues perdida y ni el gobierno ni la oposición están a la altura de las circunstancias. Tampoco Santiago Abascal, el mismo que hace un par de días ha acudido a Berlín a rendirle pleitesía a su amo Netanyahu, supongo que con la idea de pedirle perdón por la imagen deplorable que está dando España gracias a los bandazos del gobierno de Sánchez. Un Sánchez que si mañana mismo le garantizan, como mínimo, otros ocho años al frente del ejecutivo, no dudaría ni un instante en mandar no solo a la fragata Cristóbal Colón, sino a todo el ejército español al conflicto iraní. 

Esta es la situación deplorable en la que nos encontramos. El presidente de los Estados Unidos insultando a España ante los bandazos del gobierno de Sánchez, el cual cree que podrá seguir engañando a sus acólitos liderando el "No a la guerra" en las manifestaciones mientras colabora con Trump en esta guerra que va a devastar al mundo y de la que nadie, salvo sus promotores, va a salir ganando. 

Si algo ha demostrado esta situación al límite en la que nos encontramos es que Trump y Sánchez son prácticamente lo mismo: dos tipejos egocéntricos con un afán de poder y protagonismo absoluto, los cuales no se soportan mutuamente pero que son, a fin de cuentas, lo mismo. Nada tiene que envidiar el uno al otro, ya que ambos creen ser la grandeza personificada. Por todo ello, la salida de ambos de la Moncloa y de la Casa Blanca es más necesaria y urgente que nunca. 

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿Se avecina una guerra mundial?


En estos momentos en los que la humanidad está viviendo más cerca que nunca el estallido de una Tercera Guerra Mundial, no son pocos los que aquí se están llevando las manos a la cabeza por la postura que está adoptando España en esta guerra que se inició el pasado sábado, 28 de febrero, con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Un ataque que ya ha provocado un conflicto bélico regional en todo Oriente Medio y que, con la postura de gran parte de los países europeos posicionándose al lado de Estados Unidos e Israel, amenaza con convertirse ya en el inicio de una guerra global.

Todo aquel que me haya leído en estos años sabe la opinión nefasta que tengo de Pedro Sánchez y de su gobierno, pero debo decir que su decisión de no colaborar con EEUU y Donald Trump en lo que respecta al uso de las bases de Rota y Morón de la Frontera es, probablemente, la mejor y única decisión acertada que haya tomado en sus ocho años de gobierno. Es incomprensible cómo muchos se están escandalizando por la decisión que ha tomado Sánchez con respecto a este asunto. Por el momento, Trump ha dado la orden de cortar todo comercio con España por la decisión de Sánchez de no apoyar a EEUU. Una orden que de materializarse nos va a traer grandes y difíciles consecuencias económicas a nivel interno. Es obvio que la decisión de Sánchez no ha gustado en la Casa Blanca.

¿Qué es una decisión en la que probablemente hayan intervenido más factores que desconocemos? Con casi toda seguridad, pero eso no excusa que este sujeto haya tomado, seguramente por primera vez en su vida, una buena decisión a la hora de no entrometer a España en una guerra de la cual nosotros somos completamente ajenos. Una guerra en la que los primeros que se están llevando las manos a la cabeza y que desconocen los motivos que les ha llevado a iniciar este conflicto son los propios estadounidenses y más concretamente los partidarios del propio Donald Trump.

Nadie sabe qué ha llevado a Trump a embarcarse junto a Israel en un conflicto en el que nadie sabe cómo ni cuándo acabará. Hay quienes sostienen que este movimiento es por pura estrategia, con la idea de despistar a la población en unos documentos que, según apuntan algunos medios, podrían perjudicarle enormemente y que afectan al caso Epstein. Lo cierto y verdad es que con independencia del motivo, Trump se está ganando, y con razón, el rechazo de los americanos, e incluso de sus propios votantes. Unos votantes que ven decepcionados cómo el individuo que les prometió que no habría guerra durante su segundo mandato ha llevado a EEUU al mayor conflicto bélico que se recuerda desde Irak. 

A medida que van pasando las horas, los ataques en todo Oriente Medio se están intensificando, y ya Francia, Grecia, Reino Unido y Alemania están redoblando sus posiciones ante una posible intervención de Europa en el conflicto. Todo ello mientras algunos piensan que, como ya afirmé hace un par de días, EEUU y Trump se han pegado un tiro en el pie con esta decisión de ir junto a Israel y Netanyahu a una guerra en la que, con independencia del desenlace, todos vamos a salir perdiendo. Hay quienes aseguran que la economía europea se va a desplomar próximamente si todo sigue como hasta ahora o empeora, que es lo más probable.

En definitiva, estamos ante uno de los momentos más determinantes de la historia de la humanidad desde la Guerra Fría y nadie sabe las consecuencias que va a traer este conflicto. En lo que respecta a Donald Trump, muchos ya señalan que puede dar por perdidas las elecciones legislativas en noviembre de este año. Pero ojalá todo se quedase en un revés político para Trump, lo cual no va a ser así, desgraciadamente. Ya no es solo Irán, sino todo Oriente Medio e incluso el resto del mundo los que estamos inmersos en un panorama devastador que veremos a ver cómo y cuándo saldremos de él. El escenario de una guerra, no ya a nivel regional en Oriente Medio, lo cual ya está ocurriendo, sino de un conflicto bélico a nivel global está más presente que nunca. La Tercera Guerra Mundial es pues un escenario que está completamente abierto en estos graves momentos.

martes, 3 de marzo de 2026

Treinta años del relevo González-Aznar


Tal día como hoy se cumplen treinta años de las elecciones generales que dieron la victoria a José María Aznar, provocando con ello la salida de Felipe González del gobierno tras catorce años en la Moncloa. Este resultado fue conocido como la "amarga victoria", ya que todas las encuestas pronosticaban un resultado en el que, como mínimo, Aznar rozaría la mayoría absoluta. 

¿El resultado? Todos lo sabemos. 156 escaños para el PP y 141 para el PSOE; y detrás de estos resultados una campaña electoral a cara de perro, y nunca mejor dicho. El famoso anuncio del dóberman por parte del PSOE y la alta tensión en la campaña electoral como consecuencia de la crisis sistémica que se había vivido en la última legislatura de Felipe González fueron los protagonistas de aquella campaña electoral de hace ya tres décadas.

En lo que respecta a los resultados, lo que Aznar vino a denominar "la nueva mayoría" quedó reducida a una mayoría relativa, la cual solo pudo darle la llave del gobierno tras los impresentables Pactos del Majestic con la CIU de Jordi Pujol, así como con el PNV de Xabier Arzalluz. El PP se abrazaba pues a los nacionalistas catalanes y vascos, como tres años atrás lo hizo el propio Felipe González cuando perdió la mayoría absoluta en las elecciones generales de junio de 1993. 

Aquella victoria y posterior llegada al gobierno fue bautizada por muchos como "la segunda transición". El propio Aznar era el primero que utilizaba este término cuando estaba en la oposición frente a un Felipe González acorralado y desgastado por los escándalos de corrupción: GAL, Filesa, Fondos Reservados, escuchas del CESID, Mariano Rubio, Luis Roldán, etc. Escándalos de corrupción que no fueron impedimentos para González a la hora de presentarse por séptima vez como candidato del PSOE a la presidencia del gobierno. Aznar, por su parte, tras salir ileso de un atentado terrorista de ETA contra él justo un año antes, se presentaba en 1996 por tercera vez a las elecciones, prometiendo acabar con la corrupción y colaborar con la Justicia, entregándole a ésta toda la documentación posible para esclarecer la corrupción que envolvía al PSOE de González. 

Pero finalmente, en agosto de 1996, y tras solo tres meses en el gobierno, Aznar acreditó que por "seguridad nacional" no podía entregar a la Justicia los papeles del CESID, los cuales acreditaban que Felipe González era, como muchos habían vaticinado ya, la X de los GAL. De esta forma, lo que muchos llamaban "segunda transición" se acabó volviendo un simple relevo bipartidista en el gobierno, donde Aznar no realizó ninguna reforma de calado que pudiese revertir las políticas impulsadas por el PSOE de González entre 1982 y 1996. La "segunda transición" consistía solamente en un "quítate tú, que me pongo yo". Nunca hubo ningún interés por parte de Aznar ni del PP de cambiar ni una coma de las políticas que el PSOE de Felipe González había llevado a cabo en más de una década. 

También hay que destacar que a pesar de la corrupción sistémica que se vivía en 1996 con los escándalos de corrupción socialistas, solo 300.000 votos fueron los que decidieron otorgarle la victoria a Aznar, lo cual corrobora el hecho de que González, incluso en su peor momento político, seguía teniendo tirón electoral y que, como él mismo afirmó en la noche electoral "hubiera bastado una semana más o un debate para ganar". De hecho, incluso tras la jornada electoral, no eran pocas las voces que pedían a González intentar llegar a un acuerdo con la IU de Julio Anguita y nuevamente con la CIU de Pujol, con el fin de retener el gobierno a pesar de haber perdido por la mínima.

Finalmente, y por motivos que nunca han trascendido, González rehusó negociar con IU y CIU y optó por darle la oportunidad a Aznar para que éste comenzase a entablar negociaciones con Pujol, las cuales se materializaron con el Pacto del Majestic, donde Aznar y Pujol acordaron cesiones hasta entonces impensables a la Generalitat catalana. Eran los tiempos en los que Aznar iba por las televisiones alardeando de que "hablaba catalán en la intimidad" para de esa forma ganarse el apoyo de los convergentes. 

Después de esta traición a su electorado, Aznar consiguió ser investido presidente del gobierno en mayo de 1996, produciéndose un relevo de partidos tras catorce años de Felipe González en el poder. Se consumía así un relevo en el gobierno tras un pacto abominable que fue aplaudido por los medios de la derecha, los mismos que tres años atrás echaron pestes por las concesiones que González le dio a CIU para seguir gobernando. Como ya sabemos todos, en España la doble vara de medir está siempre de actualidad. 

A pesar de ello hubo intentos por acabar con el gobierno de Aznar, los cuales fracasaron. Finalmente, y tras comprobar que Aznar tenía asegurado el apoyo de CIU hasta final de la legislatura y que sus posibilidades de volver se difuminaban, González renunció a la reelección como secretario general del PSOE en junio de 1997. Aznar, por su parte, permaneció en la Moncloa hasta el año 2004, con victoria por mayoría absoluta de por medio en el año 2000. 

Ya en 2004, un sujeto peligroso llamado José Luis Rodríguez Zapatero, por aquel entonces ya secretario general del PSOE, conseguiría contra todo pronóstico ganar las elecciones generales, iniciándose, esta vez sí, esa segunda transición que Aznar siempre pregonó y nunca llevó a cabo. Una segunda transición que nos ha llevado a la situación límite y desastrosa que vivimos ahora. Hoy, cuando nos encontramos en 2026 y ya han transcurrido treinta años de aquellos escándalos de corrupción y el consiguiente cambio de gobierno, España vive una situación muy similar a la de 1996. ¿Se repetirá ahora el mismo desenlace? En los próximos meses se verá.