Tal día como hoy se cumplen cuarenta y cinco años de uno de los sucesos más relevantes en los últimos cincuenta años de la historia de España: el 23-F. Un suceso del cual ya he hablado en otras ocasiones pero que hoy aprovecho para hacer algunos comentarios más. En diciembre de este año pasado vi la miniserie que se ha estrenado en Movistar: "Anatomía de un instante". Una miniserie basada en el libro homónimo que escribió en 2009 Javier Cercas sobre el 23-F.
Personalmente, y antes de entrar de lleno en el 23-F, debo añadir que la miniserie está muy bien realizada y se adapta bastante a la novela que Cercas escribió hace ya diecisiete años. Por supuesto, como ocurre en la cultura española, la obra tiende a limpiar el nombre de la izquierda y a manchar el de la derecha, aunque esto es algo que a nadie debe pillarle por sorpresa, y menos en una miniserie basada en una novela cuyo autor es de izquierdas.
Dicho esto, entramos a analizar el 23-F. Debo confesar que me resulta difícil hablar del 23-F en términos como "golpe de Estado", "sublevación militar", etc. Todos los que hemos leído diferentes ensayos relacionados con el tema sabemos de sobra que el 23-F no fue ningún tipo de golpe de Estado. Más bien fue un contragolpe de Estado o una operación realizada por el propio sistema (en este caso el CESID) con el objetivo de emprender una serie de reformas que corrigiesen el desvarío al que Adolfo Suárez había conducido a España durante los años de la transición.
Quien me lea dirá "Estás mezclando la Operación Armada con el 23-F". Es cierto, pero porque una cosa llevó a la otra. Después de las elecciones generales de 1979, el declive de Suárez y de la UCD eran ya un clamor. ETA asesinaba casi a diario y el recién sistema político surgido en 1978 empezaba a hacer aguas como consecuencia de la ambición nacionalista que tanto CIU en Cataluña como el PNV en el País Vasco estaban llevando ya a cabo. Es entonces cuando los partidos políticos deciden recurrir a lo que muchos denominaron "una Operación De Gaulle" a la española, con el objetivo de presentar una moción de censura contra Adolfo Suárez y hacerlo caer en favor del general Alfonso Armada, el cual había sido tutor y hombre de la máxima confianza del rey Juan Carlos I.
No es ningún secreto que en 1980 nadie deseaba ya la presencia de Suárez en el gobierno, y que todo el sistema, empezando por el rey y terminando por el último mando del CESID, estaban en contactos para entablar negociaciones con el fin de elegir a un nuevo presidente del gobierno vía moción de censura y de esta forma desalojar a un Suárez aislado y debilitado del poder. ¿Cuál es la sorpresa? Que el 29 de enero de 1981, Suárez anuncia su dimisión. ¿Qué motivos llevó al entonces presidente del gobierno a tomar esta decisión?
Mucho se ha hablado de los motivos: desde una maniobra anticipada para evitar su desalojo del poder a través de la moción de censura hasta una estrategia que pasaba por retirarse provisionalmente de la primera línea política y volver a luchar por la Moncloa en las próximas elecciones generales con él nuevamente como candidato de la UCD. Nadie sabe los motivos. Lo cierto y verdad es que Suárez renuncia y eso provoca que la Operación Armada se acelere y acabe en lo que finalmente fue: el 23-F.
Con la dimisión de Suárez, Armada se ve sorprendido por el giro de los acontecimientos y comienza a acelerar la operación, esta vez para la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo presidente del gobierno. El resto ya lo sabemos todos. Antonio Tejero entra en el Congreso de los Diputados pegando tiros hacia el techo, creyendo que estaba participando en un golpe de Estado dirigido por Jaime Milans del Bosch, cuando realmente estaba siendo utilizado y traicionado por el propio sistema para dejarlo a él como el "malo de la película" mientras que Armada se llevaría todos los honores acudiendo al Congreso y siendo investido presidente en un Congreso tomado por la Guardia Civil.
Pensándolo detenidamente, todo ello era sumamente surrealista. De haber triunfado el golpe ¿Cómo se habría vendido la noticia de la investidura de Armada por un Congreso tomado por las armas? ¿Se habría vendido como una situación extrema y heroica a la vez? ¿O habría sido vendido como un colapso del sistema o un retroceso del mismo al investir como presidente a un militar que ni siquiera había pasado por la ronda de consultas del rey ni había sido designado por éste como candidato a la presidencia? Cuando me hago estas preguntas hubiera deseado que el "golpe" hubiese triunfado, solo para ver cómo habría vendido el sistema aquella chapuza en la que todo pasaba por llevar en volandas a la Moncloa a Armada tras destituir de forma humillante a Suárez y formar un gobierno con todos los partidos políticos de entonces.
Y es que la versión alternativa del 23-F ya la reconocen individuos como el propio Luis María Anson, el cual iba a ser ministro de Información en ese gobierno que nunca llegó a producirse. Anson reconoció hace ya un par de años, y con toda la desvergüenza del mundo, que efectivamente todo fue una operación de Estado con el fin de corregir los excesos a los que Suárez había llevado al país.
De haber salido adelante la moción de censura o la investidura de Armada en el 23-F, Adolfo Suárez habría quedado estigmatizado de por vida y habría pasado a la historia como un presidente irresponsable que condujo a España a un "golpe de Estado", el cual solo pudo resolverse gracias al ofrecimiento de Alfonso Armada para ser presidente del gobierno. La historia habría sido muy distinta: Suárez habría pasado a ser el verdugo y Armada el estadista. Un intercambio de papeles que finalmente no se produjo cuando Tejero impidió el paso de Armada al hemiciclo tras enterarse de quiénes iban a formar ese gobierno de concentración presidido por el que fuera hombre de confianza del rey.
Y es que, por muy irónico y surrealista que suene, la pura verdad es que fue Antonio Tejero y no el rey Juan Carlos quien puso fin al 23-F o, como algunos lo llaman, "la intentona golpista". El rey Juan Carlos estuvo siempre al tanto de todo, desde las múltiples conversaciones de Armada con el socialista Enrique Múgica en representación del PSOE hasta la opinión favorable de todos los líderes políticos en conducir a Armada hacia el gobierno. Opiniones que los líderes políticos le hacían en persona a Juan Carlos en la misma Zarzuela, cuando el rey los recibía de uno en uno para conocer la opinión de estos con respecto a la situación que se estaba viviendo.
"A mí dádmelo hecho" decía Juan Carlos cuando los líderes políticos y Armada le avisaban de la situación límite y caótica en la que se encontraba España como consecuencia del desgobierno de Suárez y la propuesta alternativa de formar un gobierno de concentración. Juan Carlos I fue pues conocedor en todo momento tanto de la Operación Armada como del 23-F.
No se le puede reconocer el mérito de salvar nada, puesto que él era el señor X de aquella operación. Una operación en la que no solo estaba incluida la Corona, sino también la propia UCD, dispuesta a traicionar a Suárez, la AP de Manuel Fraga, el PCE de Santiago Carrillo y, como no, el PSOE de Felipe González, el cual estaba ansioso por entrar en el gobierno a toda costa, aunque fuese a través de ese escenario.
¿Cómo habría sido la historia de haber sido Felipe González vicepresidente de Armada? Es un escenario interesante. Probablemente le habría restado, o no, algunos votos en las elecciones generales que finalmente se celebraron en octubre de 1982 y en las que por fin el PSOE pudo volver al gobierno tras más de cuarenta años en el exilio. ¿Y cómo habría tratado la historia a Juan Carlos I de haber salido adelante el 23-F? Es otra pregunta interesante de la cual solo podemos sacar conjeturas.
Lo cierto y verdad es que de haber triunfado el 23-F, la historia de España no se contaría como oficialmente se narra, o quizás sí... puede que, a pesar de todo, la historia reconociese a todos los implicados, incluyendo en primer lugar al rey Juan Carlos, como unos estadistas dispuestos a salvar el país cuando éste se encontraba en el abismo. La población es fácil de manipular, y tanto de una forma como de otra, el sistema habría salido fortalecido.
Finalmente, y como todos sabemos, el 23-F fracasó y con ello comenzó el relato del "rey salvador" y de todas las historias falsas que desde 1981 hasta la fecha venimos escuchando. Lo cierto y verdad es que el 23-F fue una chapuza en la que al final, y contra todo pronóstico, salió mal la operación, pero ese fracaso fue lo que supuso un éxito para todos los actores implicados. ¿Quién salió perdiendo con ello? Pues como siempre, España.
Quizás si el 23-F hubiese triunfado, la Constitución y demás leyes de aquel entonces hubiesen sido reformadas y las tropelías que se realizaron en la transición probablemente se hubiesen corregido. Pero como todos sabemos, al fracasar el 23-F fracasó también todo intento de reformar el sistema, y de aquel fracaso tenemos actualmente la situación agónica e irreversible que ahora estamos viviendo. El 23-F fue quizás la última oportunidad de enderezar una situación que ya se estaba volviendo insostenible y ahora tenemos los resultados de aquella oportunidad perdida.






