En los próximos días se realizará la primera visita de León XIV a España desde que el año pasado fuese elegido Papa. Un papado que durante el año que lleva ejerciendo el americano Robert Prevost se está caracterizando por su prudencia y un matiz de conservadurismo moderado, lo que le diferencia del papado wokista, globalista e izquierdista de Jorge Bergoglio (Francisco). Pero no es respecto a eso sobre lo que quiero escribir esta noche, sino sobre una cuestión que lleva marcando desde hace veintiún siglos a la Iglesia Católica y a sus máximos líderes: la corrupción.
En Mateo 16:18 encontramos el pasaje evangélico en el que Cristo confirma a su apostol Simón que desde ese momento se llamará Pedro (que significa "piedra"), añadiendo Jesús posteriormente "Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella". Esto sucede justo después de que Cristo le pregunte a sus apóstoles quién creen que es Él, a lo que Simón le contesta "Tú, señor, eres el Cristo. El hijo de Dios vivo".
Estamos, sin lugar a dudas ante un momento de gran relevancia en el Evangelio, ya que es el momento en el que teóricamente Cristo encomienda a Pedro la edificación, o la apertura, de su nueva Iglesia. Una Iglesia que, como ya hemos visto anteriormente, no lograría ser penetrada por las fuerzas oscuras del mal. Pero tras dos mil años de existencia de la Iglesia Católica cabe preguntarse: ¿Ha logrado realmente el Infierno adentrarse y adueñarse de la Iglesia que en su momento fundase Cristo? La pregunta directa es un sí rotundo.
No debemos irnos muy lejos para ahondar en este hecho. En la misma noche en la que Jesús es arrestado y conducido ante el Sanedrín. En Mateo 26:69-75 un grupo de invididuos reconocen a Pedro y le acusan de ser discípulo de Cristo; una acusación de la que Pedro niega hasta un máximo de tres veces antes de que, como el propio Jesús le vaticinase a éste en la última cena, cantase el gallo. Esto nos da una idea de cómo la propia Iglesia que Jesús crea comienza a corromperse y a renegar de Cristo con el que teológicamente es considerado como "el primer Papa".
¿Acaso Pedro tuvo menos culpa al renegar de Cristo, incluso delante de su presencia, como afirma Lucas 22:54-62, que Judas cuando lo traicionó? ¿Acaso no traicionó también la "Piedra de la Iglesia" a Jesucristo cuando Éste más lo necesitaba? Si partimos de esa base podemos considerar que la Iglesia Católica se funda bajo la autoridad de un individuo que traicionó y renegó a Jesucristo en el peor momento del hijo de Dios. Es por esto por lo que, una vez resucitado Jesús, en el Evangelio de San Juan, concretamente en Juan 21:15-17, Jesucristo le pregunta hasta tres veces si lo ama, a lo que Pedro le contesta que sí, suponiendo al instante éste que Cristo se lo pregunta tres veces por las tres veces que él lo negó con anterioridad.
Obviamente, Pedro le responde afirmativamente a Jesús sobre sus sentimientos cuando todo ya ha ocurrido, pero siempre me he preguntado qué habría respondido Pedro si Jesús hubiese sido de nuevo arrestado y él se hubiese visto en el dilema de contestar con un "sí" o con un "no" si de nuevo le hubiesen preguntado públicamente si lo conocían. Esto, por supuesto, es una pregunta que jamás podrá ser contestada, pero cuya duda ahí queda ya sembrada. Quien traiciona una vez, puede hacerlo de nuevo.
Las negaciones de Pedro suponen a su vez el comienzo de la degradación en la Iglesia Católica. Ya en el año 325 se convoca por el emperador romano Constantino el denominado Concilio de Nicea, el cual es, en mi opinión, el más importante en la historia del Catolicismo. En dicho Concilio se reconoce que Cristo es verdaderamente Dios, el cual ha sido engendrado y no creado. Una doctrina que iba en contra de lo defendido por Arrio (el denominado "arrianismo"), el cual consideraba que Cristo no era eterno y fue creado a su vez por Dios Padre, lo cual llevaba implícito que Jesucristo no era plenamente Dios. En dicho Concilio el arrianismo es derrotado en favor de las doctrinas que prevalecen hasta el día de hoy.
Ya en aquella época se produce a su vez la aceptación y/o rechazo de aquellos Evangelios que son considerados Canónicos y los que han sido definidos como "Apócrifos" hasta la actualidad. Evangélios como el de Tomás, Judas e incluso el del propio Pedro, entre otros, fueron rechazados o bien por su contenido, o bien por la aparición tardía de dichos escritos, lo cual ponía en duda su veracidad. Es decir, ya en los primeros siglos de la Iglesia Católica, el Catolicismo decide qué textos deben ser reconocidos como oficiales y cuales no. Una forma de apartar aquellos Evangelios cuyo contenido pudiese ser contrario a los Dogmas ya plenamente aceptados por la sociedad de entonces. La Iglesia Católica censura pues Evangelios que deberían ser, como mínimo, tenidos en cuenta y que narraban sucesos que no eran descritos en los cuatro Evangelios oficiales (Juan, Marcos, Lucas, Mateo).
Ya en la Edad Media, la corrupción entra de lleno en la Iglesia Católica, momento en el cual se produce la división en 1054 de la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Una vez caído el Imperio Romano, la Iglesia Católica se convierte (y aún lo sigue siendo) en el legado más poderoso de Roma junto al Derecho Romano. Es aquí donde se produce la llegada de algunos Papas, los cuales han sido considerados por muchos historiadores como los más perversos, corruptos y maquiavelos de la historia de la Iglesia.
Un claro ejemplo lo encontramos en Alejandro VI, el Papa de la polémica dinastía española de los Borgia. A Alejandro VI se le considera el Papa más corrupto de la historia. Conocido por mantener relaciones sexuales con su propia hija, Lucrecia Borgia, y por designar a su hijo, César Borgia, como un líder militar y político, Alejandro gobernó la Iglesia Católica en medio de escándalos de corrupción, envenenamientos, orgías e intrigas.
Cabe destacar que en aquellos años, la Iglesia había pasado ya de ser una institución espiritual a ser una institución política, donde el Catolicismo se había adueñado de gran parte de la península itálica, pasando a ser denominada "los Estados Pontificios". Un territorio político que Papas como Alejandro VI, entre otros, gobernaron con mano de hierro, despotismo y poca espiritualidad cristiana como si de su propio cortijo personal se tratase.
Mucho antes de Alejandro VI, hubo otro Papa bastante controvertido, el cual es considerado por muchos como el "Calígula católico": Juan XII. Perteneciente a una de las familias nobles más famosas de Italia, Juan fue elegido máximo dirigente de la Iglesia Católica y, con ello, de los Estados Pontificios con tan solo dieciocho años. Su papado se puede resumir en abusos de poder, orgías y fiestas inmorales, asesinatos, sacrilegios, perjurios, escándalos sexuales y traición contra el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Otón I. Juan XII, del cual se dice que tenía nulo interés por la vida espiritual, fue asesinado por un hombre, el cual encontró al Pontífice acostado con su mujer, muriendo a los veintisiete años.
Poco antes de Juan XII, se produjo la llegada de otro de los Pontífices más polémicos de la historia: Esteban VI, el cual llegó a la Silla de Pedro en el año 896. Poco después de iniciarse su papado, Esteban ordenó exhumar el cadáver de su predecesor en el cargo, el Papa Formoso, acusándolo de haber accedido al cargo de forma ilícita y de haber cometido perjurio. Vestido con sus ropas papales, el cadáver de Formoso fue declarado culpable en lo que se ha conocido como el "Concilio Cadavérico" y su pontificado, así como sus actos, fueron declarados nulos de forma retroactiva. Tras esto, se le despojó de sus vestiduras papales, se le arrancó tres dedos (los cuales utilizaba para realizar la bendición), se le quemó y finalmente fue arrojado al río Tíber.
Poco después de este hecho tan espeluznante, se produjo en Roma un terremoto, el cual fue considerado por muchos como un "castigo divino" como consecuencia del asesinato póstumo de Formoso por orden del entonces Papa Esteban VI. A raíz de esto, el pueblo de Roma se dirigió hacia las dependencias del palacio de Esteban, donde el Papa fue estrangulado por los romanos que se habían dirigido hasta allí. De esta forma finalizaba un Papado que duró tan solo un año y que estuvo salpicado por un juicio post mortem de un Papa ya fallecido.
Ya en el siglo XVI, y tras la caída de Alejandro VI (posiblemente envenenado) y la familia Borgia, subió al Papado Julio II, el cual es ampliamente conocido por ser el promotor de la creación de la Capilla Sixtina, la cual fue pintada magistralmente por Miguel Ángel. Pero tras esto se esconden muchos oscuros episodios con respecto a este Papa, cuya agresividad e impulsividad lo hicieron famoso en el mundo.
Más preocupado por la política y la guerra que por la doctrina Cristiana, Julio II fue más un militar estratégico, sanguinario, belicista y agresivo que un Papa. Inmerso en guerras contra Francia y Venecia durante su Pontificado, Julio II (también denominado "el Papa guerrero") podía considerarse un "Trajano católico", ya que buscaba no solo mantener sino extender los territorios de los Estados Pontificios. Su figura representa el antagonismo de lo que en la actualidad se entiende como un Papa de la Iglesia Católica.
Con el resumen de los Pontificados de estos Papas, los más controvertidos de la Iglesia Católica, entre otros, uno cabe preguntarse: ¿Realmente el Infierno no entró en la Iglesia, como profetizaría Jesucristo? El Infierno, o el mal, se adueñaron de los cimientos de la Iglesia Católica desde sus comienzos. La cuestión es ¿Por qué Dios permitiría que la Iglesia que su hijo creó fuese tomada por el mal desde sus inicios? La cuestión puede verse de dos formas: Cristo no deseaba crear una Iglesia en torno a unas instituciones humanas, las cuales, teóricamente, promueven su palabra (aunque, como ya se ha visto, no siempre ha sido así).
Puede que Cristo buscase más bien una Iglesia espiritual, donde el ser humano llevase en sus corazones sus palabras y no requiriese de terceros ni de organismos estatales (El Vaticano sigue siendo un Estado a pesar de no poseer ya los Estados Pontificios) para promover sus palabras y sus actos. Probablemente hubiese intereses de por medio tras la muerte de Cristo, especialmente entre los apóstoles iniciales y, sobre todo, sobre un personaje tan controvertido y ocuro como fue Pablo de Tarso, el mismo que invirtió gran parte, por no decir todo el mensaje de Cristo durante los primeros años del Cristianismo y universalizó unas enseñanzas que en un principio solo debían ser dirigidas al pueblo judío.
Ahora cabe la segunda interpretación, y por ello, la más oscura. En el Libro de Job, concretamente en Job 1:6-12, se menciona que varios hijos de Dios, entre ellos Satanás, se personan ante la presencia de Dios, a lo cual Éste le pregunta al demonio de dónde viene. La respuesta de Satanás es directa "De rodear la tierra y de andar por ella". Es aquí cuando se produce una conversación en la cual ambos hacen una especie de "apuesta" para poner a prueba la fidelidad de Job hacia Dios, a lo cual Él accede y autoriza al diablo a que lo utilice con todo, pero sin poner su mano sobre él. Ya en Job 2:1-7 se produce una nueva discusión entre Dios y Satanás, consintiendo además Dios que el diablo lo hiera, pero que no ponga en riesgo su vida. A pesar de las pruebas del demonio, finalmente Job sigue siendo fiel a Dios.
Dicho esto cabe pensar: ¿Y si Dios y Satanás juegan con el ser humano y tienen más complicidad de la que creemos? ¿Quién nos dice que Jesús crea efectivamente la Iglesia, tal y como la hemos conocido a lo largo de estos siglos, para que el mal finalmente penetrase en ella con la autorización de Dios? ¿Acaso Dios y Satanás "juegan" con el espíritu del ser humano y lo pone a prueba constantemente? ¿Acaso el bien y el mal están más interrelacionados de lo que pensamos y se necesitan mútuamente? ¿Acaso Dios necesita la existencia del mal para poner a prueba al ser humano? De ser así, el concepto que tenemos del bien y el mal se distorsionaría absolutamente y la fe y el concepto de lo que es el bien y el mal se confundirían, sumando al ser humano y al mundo en la crisis más grave de su existencia.
¿Por qué entonces Jesús pronostica que las puertas del Infierno no prevalecerán contra la Iglesia si finalmente esto sí ha ocurrido? ¿Acaso Cristo no acertó en su profecía? De ser así, ¿Cómo sería posible este fallo? Un fallo que nos recuerda a cuando Cristo habla del fin de los tiempos y del hecho de que "No pasará esta generación que todo esto acontezca". ¿Acaso falló también Cristo en esta profecía sobre el fin de los tiempos, o acaso ese fin de los tiempos al que Jesús hacía mención fue la sublevación judía del año 70 d. C, la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén y Masada? Una destrucción del Segundo Templo de Jerusalén que Cristo ya profetiza, entre otros pasajes evangélicos, en Mateo 24:2. ¿De ser así, el fin de los tiempos ya ocurrió y vivimos en el escenario posterior al Apocalipsis sin saberlo? Si Jesús falló en algunas de sus profecías ¿Era o no entonces el hijo de Dios? Si Dios no puede confundirse jamás, ¿Cómo es posible que Jesús lo hiciera en algunas de ellas? Y si Jesucristo no falló en su profecía sobre el fin de los tiempos, ¿Sería la Iglesia Católica la denominada en el Apocalipsis como "la Gran Ramera" o "la Nueva Babilonia"?
En definitiva, y volviendo a la cuestión que hoy planteo, no deja de ser cierto que la Iglesia Católica está repleta de secretos, corrupciones y malicias. Y esto no es algo que haya desaparecido en la actualidad, sino que se mantiene, aunque con más discrección. Buena prueba de ello fue el breve pontificado de treinta y tres días (número relevante en la simbología) de Juan Pablo I, el caso de Vatileaks, el cual llevó a la renuncia de Benedicto XVI como Papa en 2013, o la apuesta de la Iglesia por el wokismo y el globalismo satánico que tan bien encarnó Francisco durante su pontificado y que a la espera estamos aún de lo que haga León XIV tras su primer año al frente de la Iglesia.
Bien es verdad que desde la extinción de los Estados Pontificios, el Vaticano dejó de tener poder para tener influencia. O quizás nunca perdió del todo ese poder y la Iglesia Católica sigue teniendo, entre las sombras, más poder del que imaginamos. Un paralelismo que podemos hacer perfectamente con las Monarquías Parlamentarias, donde los reyes actuales apenas ejercen poderes constitucionales pero en las sombras ejercen más autoridad de la que se cree.
Sea como fuere, lo cierto y verdad es que el mensaje de Cristo quedó desarticulado en su totalidad en pos de unos intereses humanos, principalmente por parte de sus seguidores y de Roma (¿Alguien cree que Constantino legalizó el Cristianismo por conversión y no por intereses políticos?), y que ha continuado así hasta la actualidad. Siendo así, y teniendo en cuenta a la Iglesia Católica como una institución humana y a Dios como una entidad ajena a la humanidad, cabe recordar las palabras que Dios mismo dijo en Isaías 55:8-9 "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos".






