Quién nos iba a decir hace tan solo un mes que el problema de la vivienda, el caso Mari Carmen, la resurrección del movimiento 15-M y la derogación por parte de Junts de los dos reales decretos-leyes que comenté aquí en mi última entrada iban a ser los detonantes para la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el próximo día 29 de noviembre. Una decisión que a mí personalmente me hace sospechar y que me hace dudar sobre los acontecimientos que están por venir.
¿Por qué ha salido Pedro Sánchez tan decidido esta mañana para anunciar elecciones generales tras negarlo en infinitas ocasiones? ¿Acaso hay algo detrás que nosotros no sepamos? Conviene recordar que cuando se produjo su última convocatoria electoral fue poco más de doce horas tras perder estrepitosamente las elecciones municipales y autonómicas de 2023. Una decisión arriesgada en la que todo el mundo daba a Sánchez por muerto en términos políticos pero que contra todo pronóstico provocó su enésima resurrección política.
¿Quién nos dice ahora que no estamos en el mismo escenario, o al menos en uno similar? Con su mujer a la espera de ser juzgada, con su hermano condenado y con un sinfín de casos de corrupción que le acechan a él y a su gobierno, la única solución que tenía Sánchez era la de tirar para adelante y estirar la legislatura hasta el verano de 2026. ¿Por qué no ha sido así? Muchos aseguran, como yo mismo he añadido antes, que el problema de la vivienda y el mediático caso de Mari Carmen, además de la resurrección del 15-M y la derogación de los dos reales decretos-leyes han sido los ejes fundamentales que han provocado la caída de Sánchez y el punto y final a la legislatura, pero yo personalmente creo que hay algo más detrás.
Algunos aseguran que en las últimas semanas, el caso Mari Carmen y la resurrección del 15-M han provocado un vuelco en la situación social favorable para la izquierda, y que en esa situación favorable en estos momentos es donde Sánchez ha aprovechado para subirse al carro y adelantar unas elecciones que puede que en resultados no sean tan malas como muchos creen. Lo vimos en julio de 2023 y quién sabe si no podría ocurrir ahora de nuevo. Con el horizonte que Sánchez tiene por delante, convocar elecciones anticipadas era todo un riesgo mortal para él, pero ¿Por qué las convoca entonces? Si todas las encuestas pronostican una debacle electoral para el PSOE, ¿Por qué las convoca Sánchez ahora?
En mi opinión, creo que hay dos motivos por los que Sánchez ha decidido ir a por todas hoy. La primera es, como ya he dicho, ese extraño vuelco social en favor de la izquierda que se ha mediatizado con el caso Mari Carmen y que ha supuesto que las acampadas en la Puerta del Sol hayan vuelto después de quince años. La otra es el hecho gravísimo de la violación a la integridad territorial en Ceuta hace poco más de dos meses y que ha supuesto la confirmación de un Estado fallido absoluto.
Aquí hay, en mi opinión, dos teorías. La primera es que Sánchez sabe, de alguna forma, que la situación social actual con respecto al tema de la vivienda le va a favorecer de aquí a finales de noviembre y la segunda es que Sánchez es consciente de que se avecina un terremoto social próximamente y alguien le ha aconsejado que se haga a un lado mientras que el PP de Alberto Núñez Feijóo se come de lleno esa crisis.
Sea lo que sea, lo cierto y verdad es que ya hemos entrado en campaña electoral. Sánchez, en su anuncio de convocatoria electoral desde Moncloa, ha hecho un llamamiento apocalíptico a la sociedad española: o se está con él o con la ultraderecha. No hay medias tintas. Sánchez va a por todas y se ha autoproclamado la democracia personificada mientras personifica a la oposición con el mal absoluto.
Está claro que esta campaña electoral va a ser a cara de perro, y personalmente apuesto a que la participación va a ser bastante alta. Yo la compararía con las de 1996, en las que todo el mundo daba por finiquitado a Felipe González tras los casos de corrupción que le acechaban y que finalmente provocó una dulce derrota por parte del PSOE frente a un PP liderado por José María Aznar que no acababa de convencer a la sociedad española. Creo que treinta años después ese va a ser el escenario.
En lo que a mí respecta, ya dije en su momento que no volvería a votar jamás bajo este sistema, y debo decir que me como mis propias palabras. Solo por esta vez, y si nada lo impide, acudiré a votar el próximo 29 de noviembre. ¿Por quién? Por Alberto Núñez Feijóo. ¿Lo hago por ilusión? No ¿Lo hago porque confío en su programa electoral? En absoluto ¿Lo hago porque me cae bien el líder del PP? Nada más lejos de la realidad. Si voto a Feijóo es simple y llanamente por el factor del "voto útil".
Feijóo es un líder débil, antipático y pasado de moda, el cual no genera ninguna ilusión. Si llega al gobierno, no va a cambiar absolutamente nada y los problemas de España seguirán in crescendo con independencia de quien gobierne. ¿Por qué lo hago pues? Por la repulsa total personal y el rechazo absoluto que me produce el todavía presidente del gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
Por eso y por saldarme una deuda que tengo para conmigo mismo desde hace diez años, cuando preso del rechazo que me provocaba la figura de Mariano Rajoy acabé votando a Sánchez, con el objetivo de que el actual jefe del ejecutivo echase al entonces líder del PP de la Moncloa, el cual había incumplido todas sus promesas con sus votantes, entre los que me encontraba.
Dicho esto, veremos a ver quién gana las elecciones. El pescado no está vendido aún, y Sánchez es capaz de resucitar una vez más, dejándonos a todos boquiabiertos mientras él celebra el 29 de noviembre un resultado que le permita seguir gobernando con sus actuales socios. Si Feijóo cree que Sánchez está ya derrotado es que no sabe bien a quién tiene delante.
Sea el motivo que sea lo que ha llevado esta mañana al presidente del gobierno a convocar elecciones generales, la campaña electoral ya está abierta y cualquier escenario, desde el de una victoria histórica del bloque de la derecha hasta una victoria histórica por parte del bloque de la izquierda, puede producirse. Todo está encima de la mesa, incluido un posible pucherazo electoral.
La bochornosa Ley de Nietos está en estos momentos aparcada en el Tribunal Supremo, pero eso no impide que Sánchez pueda alterar el censo electoral en beneficio propio. De momento, ya sabemos que los dos reales decretos-leyes que el pasado viernes fueron derogados van a ser ahora aprobados de nuevo en el Consejo de Ministros para que la Diputación Permanente pueda, esta vez sí y sin la necesidad del voto de Junts, salir adelante. Como vemos, Sánchez hace cualquier cosa por mantenerse en el poder y esta campaña electoral será la más trascendental y radical de todas cuantas hemos visto hasta la fecha.






