viernes, 2 de marzo de 2018

La igualdad no existe

En una de las últimas entradas que escribí, hablé acerca de las clases sociales y sobre mi forma de ver a cada una de ellas. Al final de la entrada realicé un comentario que dice así; "La igualdad no sólo es un concepto inalcanzable, abstracto, falso y absurdo, sino también una vana ilusión entre los desiguales con el fin de creer que lo imposible es posible". Por supuesto, me reafirmo en mi declaración. Pero hoy no quiero hablar acerca del comportamiento de las clases sociales, sino de ese mismo concepto que he hecho mención; La igualdad.

En la última entrada que escribí, hablé sobre la Revolución inglesa e hice algunos comentarios sobre una impresionante película sobre dicho acontecimiento histórico; La película "Cromwell". En una escena donde el rey Carlos I habla en palacio con los principales líderes del parlamento, entre los que se encuentra el parlamentario y militar inglés Oliver Cromwell, éste le dice al monarca que Inglaterra debe avanzar hacia un sistema más igualitario llamado democracia. La respuesta de Carlos I a Cromwell es bastante curiosa y dice así; "La democracia, señor Cromwell, era una bufonada griega basada en la descabellada teoría de que existen posibilidades extraordinarias entre las gentes más ordinarias". Por supuesto no comparto la forma en la que Carlos I denomina a sus súbditos, pero sí comparto en el fondo el argumento que utiliza.

La igualdad es según la Real Academia Española "El principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones". Claro, uno lee estas cosas y dice; "Joder, qué bonito", pero si uno lo analiza profundamente, uno no puede más que preguntarse; "¿Esto es posible?". E incluso voy más allá; "¿Esto existe?. Siendo fiel a mis principios pesimistas, si a mí me preguntan por la igualdad y si creo en su existencia yo debo decir abiertamente que no. El ser humano es desigual por naturaleza. Nadie es igual a nadie, y a la hora de la verdad los resultados en términos laborales, académicos, etc, son bastante diferentes entre unos y otros. La capacidad física es distinta entre los seres humanos, la capacidad intelectual también. Otra cosa bien diferente es que en términos jurídicos se quiera dar cierto equilibrio a esa desigualdad dentro de los parámetros que establecen las leyes. Esa es la igualdad social y la igualdad jurídica por la que siempre se ha luchado, lo cual no deja de ser un concepto abstracto y utópico que constantemente se ha querido llevar de la teoría a la realidad.

Hablar de igualdad puede resultar muy bonito en términos jurídicos, políticos y sociales. La cuestión cambia cuando hay que llevar esa utopía a la práctica. Pongamos un ejemplo: Según el artículo 47 de la Constitución española; "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada". Claro, muchos, incluidos aquellos que ocupan una vivienda, cuando oyen esto ven el cielo abierto porque creen que de una manera u otra, todo el mundo tendrá derecho a vivir en un hogar digno. El problema viene cuando te dicen que ese artículo se puede interpretar de muchas maneras y que tiene un sentido metafórico. No es algo metafórico, señores. Es simplemente algo imposible de llevar a cabo. Por desgracia, todo el mundo no podrá tener derecho a una vivienda digna, ni podrá tener derecho a una sanidad, ni podrá tener derecho a una educación, ni podrá tener derecho a un salario justo. En términos metafóricos, utópicos y abstractos uno puede decir lo que quiera, otra cuestión bien diferente es trasladar esas ideas del mundo de la fantasía al mundo real.

Poniendo como ejemplo otro artículo de la Constitución, podemos detenernos en el artículo 14 de la misma, en la que se expresa lo siguiente: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Todo muy bonito hasta que llega el momento en el que te das cuenta que desde algunos sectores de la sociedad, y en especial desde los poderes del estado, se promueve la incorporación de más mujeres que hombres tanto en administraciones públicas como privadas, a la vez que desde la propia Constitución, concretamente en el artículo 57.1, se establece la preferencia del varón sobre la mujer en la línea de sucesión al trono de España.

La propia Constitución habla de igualdad mientras el jefe del estado es, según el artículo 56.3 de nuestra Carta Magna “Inviolable y no está sujeto a responsabilidad alguna”. Todo ello mientras los diputados y senadores disfrutan de aforamientos e inmunidad judicial frente al resto de la sociedad. Mientras el artículo 16 de la Constitución estipula que “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto” en nuestra sociedad, con el pretexto de defender el laicismo, se intenta boicotear desde determinados sectores todos aquellos actos que realiza la religión Católica, mientras que por otro lado se promueve la tolerancia con otras religiones extranjeras. Mientras la Constitución habla de garantizar la libertad ideológica, en nuestro país se persiguen las ideas conservadoras que profesan determinados sectores sociales en favor de otros sectores que promueven las ideas progresistas. Si la propia Constitución se contradice a la hora de hablarnos sobre igualdades, ¿Cómo se va a garantizar esa igualdad que los propios padres de la Constitución reniegan en otros artículos y que en la práctica se ha demostrado que es imposible llevarla a cabo?.

Pongamos más ejemplos, en este caso uno social; Cuando un niño lleva un proceso de aprendizaje un poco más lento y dificultoso que el resto de sus compañeros de clase y se decide llevar a ese niño a una clase especial para enseñarle según sus capacidades, ¿Estamos ante algo que enaltece la igualdad o la desigualdad? Porque el simple hecho de que ese niño ya esté siendo apartado de sus compañeros para recibir un aprendizaje acorde a él ya es en sí una discriminación hacia ese niño. Algunos dirán; "No, no. Es igualdad, ya que así ese niño tendrá oportunidad de aprender mejor". Yo personalmente no lo veo de esa forma, ya que si ese niño está siendo apartado de un tipo de enseñanza, para ser introducido en otra diferente, el simple hecho de realizar esa acción, por muy buena que sea la intención de fondo, lleva emparejado en sí todo un reconocimiento de desigualdad. Por ello, incluso cuando buscamos la igualdad estamos discriminando y reconociendo una desigualdad de manera inconscientemente.

Cuando desde los organismos públicos se insta y se fomenta llevar a cabo la discriminación positiva, se está llevando a cabo una discriminación en toda regla. Lo cual provoca no la igualdad entre diversos colectivos, sino la superioridad de un colectivo concreto por encima de otros basándose en el pretexto de la igualdad. En las circunstancias actuales donde se habla de la discriminación positiva en favor de la mujer y en detrimento del hombre, esa acción no supone ni muchísimo menos una acción destinada a la igualdad social entre hombres y mujeres, sino a la supremacía de la mujer sobre el varón, lo cual es igual de repugnante que la situación a la inversa.

Cuando se habla de discriminación positiva en favor del colectivo LGBT y las restantes consonantes del abecedario, se está llevando a cabo un proceso de discriminación general en favor de un colectivo concreto, el cual cada vez gana más peso dentro de la sociedad actual en detrimento de otros. Ahí ya se está creando desigualdad social. Cuando los medios de comunicación publican casos de violencia machista, pero en cambio esconden casos de violencia hembrista, ya se está produciendo una desigualdad social entre hombres y mujeres. Cuando desde los poderes públicos y los medios de comunicación se le da preferencia a los inmigrantes antes que a los ciudadanos nacionales, ya se está produciendo una desigualdad en favor de un colectivo mientras se perjudica a otro. Cuando se le niega a un ciudadano la posibilidad de recibir atención médica, ya sea por falta de poder adquisitivo, por no estar afiliado en la seguridad social, etc, ya se está produciendo una discriminación, cuando se le niega a un ciudadano la posibilidad de estudiar en una universidad por falta de recursos económicos o por otros motivos personales y/o sociales que afecten al individuo, ya se está produciendo una desigualdad y una discriminación a la vez.

Estos casos y muchísimos otros más son sólo unos ejemplos de que el concepto de igualdad como tal no existe. En lo que a mí respecta, yo creo que se puede equilibrar como ya he dicho antes, cierta igualdad dentro de las leyes. Pero lo que jamás se podrá llevar a efecto es una igualdad jurídica y social como tal. ¿Acaso en una sociedad igualitaria tendrían que pagar más impuestos unos ciudadanos que otros?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria un jubilado que haya cotizado menos que otro debe de cobrar lo mismo que el que ha cotizado diez veces más?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todos los trabajadores deberían cobran el mismo salario sin importar quién haya rendido más en sus horas de trabajo?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todos los estudiantes deberían aprobar para tener todos las mismas oportunidades, independientemente de que algunos hayan estudiado y aprobado y otros no?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria un pijo repugnante podrido de dinero tendría el mismo derecho a una prestación social que un mísero trabajador?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todo el mundo tendría derecho a las mismas oportunidades sin distinción ni discriminación alguna sean cuales sean las diferencias físicas y/o psíquicas? El ser humano es desigual biológicamente, y hay que empezar a tomar conciencia de ello cuanto antes por el bien de la propia especie humana. El hecho de que todos seamos desiguales no nos convierte a todos y cada uno de nosotros en un problema, sino en una oportunidad distinta para ver y entender la vida.

jueves, 1 de marzo de 2018

La histórica e infravalorada Revolución Inglesa

Hasta el día de hoy no había escrito en este blog sobre uno de los acontecimientos más importantes de la historia y que a la vez está infravalorado. Me refiero, como no podía ser menos, a la Revolución Inglesa de 1642. Esa revolución que se produjo poco más de un siglo antes que la Revolución Francesa y que provocó ni más ni menos que el derrocamiento de la intocable monarquía inglesa y su sustitución por una república, la única que ha existido hasta el día de hoy en Gran Bretaña.

El motivo que me ha llevado a escribir sobre este acontecimiento histórico fue el hecho de ver por sexagésimo cuarta vez la impresionante película que en 1970 rodaron los insuperables Richard Harris y Alec Guinness. Esta película, llamada "Cromwell", relata la revolución británica desde el punto de vista del general Oliver Cromwell, y tiene a éste y al rey Carlos I de Inglaterra como los dos principales protagonistas. Esta película es una joya cinematográfica, ya que relata las disputas políticas entre el poder ejecutivo y el poder legislativo.

Desde que visualicé por primera vez esta película y comencé a indagar acerca de los sucesos ocurridos en la Inglaterra del siglo XVII siempre me he hecho la misma pregunta; ¿Por qué está tan infravalorada la Revolución inglesa y no se le da la misma importancia que a la Revolución francesa? Las personas a las que he preguntado siempre me han respondido lo mismo; "Porque las consecuencias de la Revolución inglesa no fueran tan determinantes para la humanidad como sí lo fueron las de la Revolución francesa". Estoy de acuerdo en todo esto, pero aun así considero que la historia tiene muy infravalorado este acontecimiento histórico, el cual supuso en realidad la primera revolución política contra el absolutismo monárquico.

¿Quién no ha visto alguna vez en las sesiones de apertura del parlamento inglés el momento en el que los parlamentarios dan con la puerta en las narices al emisario que anuncia a los comunes la llegada de la reina Isabel II? Esto por supuesto es una tradición, la cual se remonta al momento en que el rey Carlos I de Inglaterra acude al parlamento británico con el objetivo de detener a una serie de parlamentarios que habían pedido que el monarca cediese el poder absoluto en favor del parlamento. Cuando la noticia de que el rey llegaba al parlamento escoltado por guardias armados, la reacción de los parlamentarios fue la de cerrar las puertas al rey y a sus guardias, los cuales finalmente consiguieron echar la puerta abajo. Este suceso marca el inicio de la guerra civil inglesa y supone el principio del fin del reinado de Carlos I.

Remontándose un poco más atrás cabe añadir que el motivo por el que un grupo de parlamentarios exigía la cesión del poder absoluto del rey en el parlamento no fue otro que el hecho de que el monarca necesitaba dinero del estado para poder formar un ejército con el que combatir contra los escoceses, entonces abiertamente enfrentados contra los ingleses. Por ello una de las condiciones que el parlamento puso ante el rey fue la de ceder parte de su poder ante el parlamento, una condición que el rey no estaba ni muchísimo menos dispuesto a aceptar. Finalmente y tras una serie de conflictos entre el monarca británico y el parlamento, Carlos I decide disolver el poder legislativo, lo que unido a la escena anteriormente comentada provoca el estallido de la guerra civil en Inglaterra.

Este hecho sería aprovechado por un militar y parlamentario inglés llamado Oliver Cromwell para ponerse al frente del ejército que lucharía contra el rey. Aunque en la película "Cromwell", el general inglés es considerado como una persona de principios que lucha por la democracia, en realidad no fue más que un oportunista que vio el cielo abierto ante el poder despótico, tiránico, autoritario y absolutista que había llevado a cabo Carlos Estuardo durante todo su reinado. Podemos decir pues que Cromwell aprovecha la guerra civil inglesa para abrirse paso en la lucha de poder que en ese momento se está produciendo en Inglaterra entre las fuerzas del parlamento y las del rey.

Finalmente, Cromwell gana la guerra, y Carlos I es detenido, aunque conserva su título de rey de Inglaterra. Mientras esto sucede, se produce una serie de negociaciones entre el rey y el parlamento para discutir los términos de la paz. Llegado el momento y ante la sumisión de gran parte de los diputados con respecto al rey (El cual seguía siendo el perdedor de la guerra), Cromwell, como jefe del ejército, paraliza las negociaciones y establece que éstas se lleven a cabo directamente entre el rey y el ejército. Cuando esto sucede, Cromwell impone al rey unas condiciones que pasaban inevitablemente por la continuidad de la monarquía y de Carlos como rey, pero con la condición de que el rey cediese el poder soberano en el parlamento británico. El rey, antes de verse humillado en ese escenario, comienza en secreto a pactar con los irlandeses (Entonces enfrentados abiertamente contra Inglaterra) y con los católicos (Carlos era protestante y jefe de la Iglesia Anglicana, abiertamente enfrentada con la Iglesia Católica) para declarar una segunda guerra civil.

Cuando Cromwell recibe la noticia de los movimientos del rey, decide acusarlo de alta traición y juzgarlo. Una vez llegado el juicio, Carlos I se niega a reconocer la legalidad del tribunal y a responder a las preguntas que le formulan los integrantes de éste. Finalmente, y tras un largo proceso de deliberación en el que Cromwell jugó un papel activo y determinante en favor de una sentencia contra el rey, el tribunal decide condenar a muerte a Carlos I, el cual acabará siendo decapitado el 30 de enero de 1649. Con este histórico suceso se produce la que ha sido hasta el día de hoy la única ejecución contra un rey de Inglaterra en manos de sus súbditos. Finalmente, y tras la ejecución de Carlos Estuardo, se produce la proclamación de la República parlamentaria inglesa.

Tras esto, Cromwell invade con éxito Irlanda y Escocia, siendo hasta la fecha muy discutida la actuación del general inglés en ambas guerras. Algunos llegan a considerar que Cromwell cometió un genocidio contra los irlandeses y escoceses durante este periodo bélico. Finalmente y tras rechazar el ofrecimiento del parlamento de convertirse en rey (Aunque algunos consideran que lo deseaba activamente), la situación parlamentaria en Inglaterra se vuelve cada vez más insostenible. Escenario que Oliver Cromwell aprovecha para dar un golpe de estado y erigirse como "Lord Protector" de la república inglesa, una especie de rey sin corona. Algunos consideran que el protectorado de Cromwell fue uno de los periodos más ejemplarizantes de la historia inglesa, mientras que otros lo catalogan como uno de los periodos más oscuros, donde Cromwell superó incluso el despotismo de Carlos I. Finalmente, este gobierno liderado por Cromwell se mantendría hasta su muerte en 1658, sólo cinco años después de su golpe de estado. Como si de una monarquía republicana se tratase, su hijo, Richard Cromwell, le sucedió como lord protector de Inglaterra, aunque por poco tiempo. Sólo un año después renunciaría a su cargo, mientras que al año siguiente, en 1660, la república quedaría abolida y la monarquía volvería a ser instaurada nuevamente, esta vez con el hijo mayor de Carlos I; Carlos II de Inglaterra. Desde entonces, la monarquía inglesa no ha vuelto a ser derrocada ni la república proclamada nuevamente en Inglaterra.

Con esto he intentado comentar de manera resumida uno de los periodos más interesantes, no sólo de Gran Bretaña, sino del mundo. Un periodo que sirvió como ejemplo para los revolucionarios en Francia un siglo después, los cuales tomaron nota de los errores que se llevaron a cabo durante esta histórica revolución para no fracasar ellos del mismo modo. La revolución inglesa supone pues el primer enfrentamiento entre el absolutismo monárquico y los partidarios de la democracia y la separación de poderes. Un enfrentamiento que en realidad no era más que la lucha legítima de dos posiciones bien diferentes; Por un lado la del rey Carlos I en su creencia de la legitimidad de su poder absoluto, y por otro el de los defensores de la democracia, que ansiaban una Inglaterra nueva y moderna que dejase atrás el Antiguo Régimen personificado en Carlos I. Por supuesto, dentro de esos defensores de la democracia no incluyo a Oliver Cromwell, el cual reitero que no fue un demócrata, ya que instauró una dictadura absolutista en nombre de la democracia y la libertad. Cromwell fue un oportunista que al igual que muchos otros parlamentarios, ansiaban el poder y buscaban solamente la caída del rey para erigirse ellos con el poder absoluto. Sólo el general y parlamentario inglés fue capaz de alcanzar ese poder, siendo su ambición lo que condujo al fracaso a una de las revoluciones más importantes que ha tenido la historia del mundo. 

miércoles, 28 de febrero de 2018

El fin del Régimen del 78

Pasan y pasan los meses y la situación en Cataluña no hace más que empeorar por mucho que uno piense que la cosa no puede ir peor tras las última noticias que nos llegan desde Barcelona. Ahora le ha tocado el turno al rey, el cual ha sido boicoteado en la capital catalana tras acudir a la inaguración del Mobile World Congress. En un desplante insólito, el rey no fue recibido ni por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ni por el presidente del parlamento catalán, Roger Torrent. Pero por si fuera poco a todo esto, Felipe VI fue recibido en Barcelona con múltiples protestas independentistas (Las cuales acabaron con heridos y detenidos) y por el himno de Riego (El himno de la II República española).

Ante esta insólita situación cabe preguntarse; ¿Cómo acabará esto?, porque por muy increible que nos parezca, el referendum ilegal e incluso la declaración unilateral de independencia de octubre no es nada con lo que puede ocurrir de aquí a unos meses. Hace unas horas se ha anunciado que el bando independentista ha acordado nombrar al radical Jordi Sánchez (El líder de la Asamblea Nacional Catalana) presidente de la generalitat catalana. Claro, uno lee esto y dice; "¿Y qué pasa con esto?", pues simple y llanamente que Jordi Sánchez está en estos momentos en prisión, por lo que a ver cómo se las apañan los independentistas para proclamar presidente de Cataluña a un preso. Un preso que de llegar a ser presidente tendría que implantar de manera efectiva la República catalana proclamada tras la declaración unilateral de independencia efectuada el 27 de octubre, algo que podría provocar unos acontecimientos que nadie sabe todavía. ¿Cómo reaccionaría el Estado español ante la implantación efectiva del nuevo estado catalán ya proclamado?, ¿Activaría Rajoy de nuevo el 155?, ¿O enviaría de nuevo a toda la Policía y a la Guardia Civil a Cataluña como ya hizo en octubre?. Más le valdría al presidente del gobierno que se guarde de enviar a los cuerpos y fuerzas de seguridad a Barcelona nuevamente, no vaya a ser que con las manifestaciones y protestas que se están produciendo en la Policía y en la Guardia Civil por la equiparación de salarios, algunos mandos desistan de acatar la orden que Mariano les mande desde el palacio de la Moncloa.

Si de algo podemos sacar como conclusión a todo esto no es sólo ya que los catalanes quieren marcharse de España, sino que los catalanes no reconocen a Felipe VI y a la monarquía como forma de estado en su territorio, y menos después del discurso del rey el pasado 3 de octubre. Algo que afecta ya no sólo a la integridad territorial de la nación, sino también a la forma de estado en sí. Y a todo esto conviene no perder de vista a los vascos, los cuales están elaborando ya una reforma del estatuto de Gernika en la que se reconoce abiertamente la posibilidad de celebrar un referéndum secesionista para la independencia del País Vasco con respecto a España. La cuestión es; ¿Cómo va a detener Rajoy al PNV si la estabilidad gubernamental depende de los vascos así como de Ciudadanos?. ¿Aceptará Rajoy esta reforma inconstitucional del estatuto vasco a cambio de seguir hasta 2020 en la Moncloa?, ¿O rechazará la propuesta del lehendakari Urkullu, lo que provocaría un adelanto electoral en España que Rajoy no quiere ni oír hablar en estos momentos de caída en picado en las encuestas?. Si de algo podemos sacar también como conclusión a todo esto es que a Rajoy la situación se le ha ido completamente de las manos y ya no depende de él el manejo de los tiempos, lo cual va a provocar que se lleve el país, la corona, y a todos nosotros por delante en su interminable caída.

En lo que a mí respecta, ¿Qué solución veo yo a todo esto? La dimisión inmediata del gobierno de Mariano Rajoy y la convocatoria urgente de elecciones generales constituyentes, cuyas nuevas cortes nombrarían a una persona neutral como nuevo presidente de un gobierno técnico y la posterior elaboración de una nueva Constitución para empezar (Que no reformar) un nuevo sistema político en España, el cual pasaría por la supresión de la monarquía y la instauración de una República presidencial o semipresidencial, la centralización territorial del estado (Como sucede en Francia), y la devolución de las principales competencias al estado español (Entre ellas, sanidad y educación).

El régimen del 78 no puede acabar con esta grave crisis puesto que ha sido este mismo régimen el que ha alimentado al monstruo que ahora estamos sufriendo. El gobierno de Rajoy ha ido demasiado lejos en su empeño de dejar pasar el tiempo para que todo esto se calmase, lo que supone en mi opinión un delito de alta traición contra el estado por el cual el actual gobierno debería ser juzgado llegado el momento. La monarquía por su parte sólo está sirviendo para calentar aún más la situación, y lo vivido estos días con Felipe VI en Barcelona es prueba de que el rey supone más un estorbo que una solución a este problemón. Y que rece el rey porque Pablo Iglesias y sus acólitos podemitas no les den por expandir y aflorar aún más si cabe el sentimiento antimonárquico por toda España, aludiendo a que el actual jefe del estado es parte del problema y no de la solución en el conflicto catalán. Ada Colau ya ha puesto su granito de arena, veremos a ver qué hace Iglesias a este respecto, y más teniendo en cuenta que Podemos está casi excluido del panorama político en estos momentos.

Debo añadir que hablando del rey se me ha venido a la mente una frase que pronunciaría Oliver Cromwell sobre el rey Carlos I de Inglaterra en la película “Cromwell” y que es perfecta para esta ocasión; “El rey no es Inglaterra, del mismo modo que Inglaterra no es el rey”. Haciendo las modificaciones oportunas en la frase anteriormente citada llegamos a la misma conclusión; El rey no es España, del mismo modo que España no es el rey. Con lo cual, si llegado el momento, Felipe VI tuviese que dejar el palacio de la Zarzuela porque las circunstancias así lo exigiesen, quizás, por no decir seguro, supusiera para la nación un mayor beneficio su salida que su permanencia en el trono, por mucho que les moleste a algunos esta conclusión, los cuales siguen creyendo en pleno siglo XXI que el rey y España son la misma cosa, como algunos creían en el siglo XVII con Inglaterra y Carlos I.

Por todo ello, después de que se haya anunciado que Urdangarín seguirá en libertad y no pisará la cárcel, lo que menos falta le hace al rey en estos momentos es una expansión del sentimiento antimonárquico por todo el país, y lo mismo cabe decir de Rajoy con sus casos de corrupción que cada vez lo tienen más acorralado. El jefe del gobierno, el cual si desea lo mejor para su país como él tanto pregona a los cuatro vientos, lo que debe hacer cuanto antes es anunciar su retirada, antes de que se lleve el país por delante. Ante todo este escenario cabe preguntarse nuevamente; ¿Cómo va a acabar todo esto? No tengo ni idea, pero desde luego bien no va a acabar, y no me refiero solamente en el territorio catalán, sino en el resto de España. Así que, señoras y señores, si lo de ahora les ha parecido un terremoto, agárrense porque vienen curvas con tsunami y huracán incluidos. Visto lo visto en las últimas horas, lo peor está todavía por llegar y puede llevarse por delante todo y a todos. 

martes, 27 de febrero de 2018

Lo que los andaluces nunca fuimos

Tengo que confesar que nunca he sido un excesivo admirador del movimiento andalucista ni del regionalismo andaluz, pero siempre he tenido un cierto orgullo por ser andaluz y por pertenecer a esta tierra. Pero de un tiempo a esta parte debo reconocer que mi escasa simpatía hacia el andalucismo ha ido menguando hasta ser algo completamente inexistente en mi vida. Mientras este sentimiento se disipaba, mi sentimiento patrio, es decir, mi sentimiento hacia mi país, hacia España, han ido aumentando conforme han ido transcurriendo los históricos y graves sucesos acontecidos en Cataluña en estos meses.

A día de hoy, si me preguntan sobre si me siento orgulloso por ser andaluz, debo añadir que en términos geográficos me siento orgulloso por haber nacido y vivido en esta tierra situada al sur de España, pero en lo que concierne a sentimientos regionalistas e incluso nacionalistas, debo añadir que no. No siento el más mínimo "Amor patrio" hacia esta tierra. Esto no quiere decir que no la ame, pero por supuesto no despierta en mí un sentimiento colectivista, ni muchísimo menos identitario.

¿La razón? No hay ningún motivo en concreto, pero como ya he añadido, la situación nacional que estamos viviendo ha hecho que los escasos sentimientos identitarios y regionalistas se hayan disipado completamente. A fin de cuentas ¿Qué es el sentimiento regionalista y nacionalista andaluz? Pues ni más ni menos que la concentración de todo un sentimiento de esa parte de Andalucía correspondiente al mundo izquierdista, progre, obrero y rural que no se ve reflejada en el nacionalismo español y que ve en el nacionalismo de nuestra tierra un sentimiento que abandera, según ellos, la defensa de la clase trabajadora de nuestra región. ¿Acaso no es común ver a esa misma izquierda que catalogan de "Fachas" a los nacionalistas españoles reivindicar el nacionalismo andaluz con la misma intensidad e ímpetu?, ¿Acaso no se ponen ellos a la misma altura de aquellos a los que critican con ese comportamiento hipócrita?, ¿Por qué ese sentimiento de animadversión hacia España mientras se enaltece la "Patria andaluza"?, ¿Acaso no son extrapolables hacia el nacionalismo andalucista las críticas que desde este sector se realiza contra el nacionalismo español?, ¿Acaso no son todos los nacionalismos iguales, como ahora profesan por ahí algunos?.

Es común ver a la izquierda por Andalucía cantar el himno que compuso el sobrevalorado Blas Infante con el puño en alto cuan "La Internacional". Un himno que nos dice una frase bastante curiosa y que a mí personalmente me llama mucho la atención. Es la frase que dice; "Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos". Cuando yo oigo esta frase no tengo más que preguntarme; ¿Y qué hemos sido los andaluces alguna vez? Pues lo mismo que los catalanes, los gallegos, los murcianos, los vascos, los valencianos o los extremeños; Nada. Los andaluces nunca hemos sido esa "Nacionalidad histórica" que el estatuto acordado por Zapatero y Chaves plasmó en el preámbulo de dicha ley. Otra cosa bien diferente es si hablamos de Andalucía oriental, concretamente de la provincia de Granada. Esta provincia sí puede catalogarse como una nacionalidad en términos históricos, puesto que hasta hace algo más de 500 años fue lo que todos conocemos como el Reino de Granada. Un reino que ocupaba también las provincias de Málaga y Almería, además de parte de Murcia, Cadiz y Jaén, pero hablar de esto es harina de otro costal.

Por cierto, volviendo al himno cabe decir que el propio Blas Infante, el cual es considerado como el padre de la "Patria andaluza", lleva a cabo dentro del mismo himno una contradicción bastante curiosa, y no es otra que aquella que dice; "Sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad". Es decir, mientras este señor enaltecía una Andalucía libre de España, al mismo tiempo hacia un enaltecimiento internacionalista hacia los pueblos y la humanidad. Un error que ya se encargaron de corregir algunos cuando se puso en marcha el proceso de autonomía de nuestra tierra durante la transición. Aun así debo añadir que el himno en sí tiene una letra bonita, pero no despierta en mí ninguna emoción ni sentimiento identitario cada vez que lo oigo, como tampoco despierta en mí ningún sentimiento ni emoción la bandera de Andalucía.

¿Cómo sentir algo hacia una tierra que desprecia y humilla a la provincia y a la ciudad que es capital de esa tierra?, ¿O es que acaso es mentira que el resto de andaluces no pueden ni ver en pintura a Sevilla y a los sevillanos por el simple hecho de ser los habitantes de la capital de Andalucía?, ¿Qué sentimiento identitario voy a tener hacia una tierra que tiene un debate permanente sobre si es conveniente dividir ésta entre las provincias orientales y occidentales debido a que no tienen ninguna semejanza entre ellas?. En fin, por lo que a mí respecta, mañana no tenemos nada que celebrar los andaluces. Andalucía occidental fue hace cinco siglos una parte esencial del Reino de Castilla y es hasta el día de hoy parte indispensable de España, con lo cual no cabe celebración ni enaltecimiento regionalista, ni mucho menos nacionalista hacia nuestra tierra, que ha sido, es y espero que siga siendo, aunque por desgracia cada vez lo veo más difícil, española. Por ello, viva Andalucía, pero sobre todo, viva España.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Visión de una suciedad


Hace unos años escribí en mi portátil una entrada privada acerca de mi visión sobre las distintas clases sociales que integran el mundo en el que vivimos. No sé cómo, esa entrada se perdió en su momento, por lo que intentaré de nuevo explicar de la manera más cercana posible mi posición expuesta en aquella entrada y de paso, subirla por aquí y compartir mi visión de esta sociedad que padecemos. Tengo que añadir que he dudado hasta el último momento sobre la conveniencia de compartir o no esta entrada. Algo que no me ha pasado en los casi cinco años que tengo este blog. Aun así considero que es mejor compartir lo que he escrito y que cada uno piense lo que quiera.

Dicho esto debo añadir que otro motivo que me ha llevado a escribir de nuevo esta tesis es la visualización el año pasado de una serie que cuarenta años después de su emisión sigue siendo todo un referente en lo que se refiere a una serie histórica/sociológica. Me refiero como no podía ser menos a la maravillosa serie británica "Arriba y abajo", a la cual ya dediqué una entrada íntegra sobre ella en mayo del año pasado. En esta serie anglosajona se relata la historia de la Inglaterra de principios del siglo XX a través de los ojos de sus protagonistas; una familia de clase alta cuyo cabeza de familia es un político del partido conservador inglés, y sus criados, los cuales residen en la parte inferior de la casa y viven por y para sus señores. Cuando veo la serie me hago una serie de preguntas acerca de la evolución del concepto entre ricos y pobres, señores y criados, clase alta y clase baja, patronos y trabajadores. Todo aquél que haya visto la serie conoce de antemano a los personajes y sus ideas. En la clase sirviente podemos ver sin ir más lejos la posición conservadora/tradicional que poseen dos de los componentes más relevantes dentro de la servidumbre. Me refiero al señor Hudson y la señora Bridge; el mayordomo y la cocinera de la aristócrata familia a la que éstos guardan el más absoluto de los respetos. Pues bien, como iba señalando, una de las cosas que más me sorprende de estos dos personajes de la serie es su forma jerárquica en la que conciben la sociedad en la que les ha tocado vivir. Tanto el señor Hudson como la señora Bridge son personas que se sienten orgullosas de ser criados de sus señores. No conciben en absoluto una sociedad en la que el trabajador puede desempeñar un puesto relevante dentro de la sociedad. Eso es tarea única y exclusiva de la clase alta. Como ya he señalado, nuestros dos protagonistas defienden la estructura social de la Inglaterra Victoriana/Eduardiana como los más fervientes aristócratas del país de Shakespeare. Una posición en la que uno se queda un poco perplejo, ya que éstos son sirvientes y súbditos de unas personas pertenecientes a un estatus social ajeno a ellos, y que sin embargo no ofrecen la más mínima queja de su situación, al contrario. Todos aquellos que critiquen a los señores son defendidos por nuestros protagonistas, en especial el señor Hudson.

Claro, uno ve estas cosas en febrero del año 2018 y se pregunta ¿Cómo es posible que aquellos que obedecen defiendan a sus jefes como si fuesen miembros de su propia familia?, ¿Los trabajadores del siglo XIX y XX eran tan ignorantes que no tenían un poco de orgullo para con ellos mismos y defendían los intereses de sus amos en lugar de los suyos propios?, o por el contrario, ¿los trabajadores de hace 100 años sabían perfectamente dónde estaba situada su posición social y la aceptaban sin regañadientes puesto que para ellos el pobre debe servir y el rico mandar y esto no es más que la ley natural del más fuerte como ya vaticinó Darwin en su teoría de las especies?.

Yo no soy una persona perteneciente a las clases sociales adineradas y privilegiadas. Al contrario, soy una persona perteneciente a la clase media-trabajadora. Sin embargo hay que añadir que por muy impactante que nos pueda parecer la posición de los sirvientes anteriormente mencionados, hay que destacar que llevan toda la razón a la hora de defender su posición y las limitaciones sociales que conlleva pertenecer a ella. Me explico, hoy en día, todas las personas que integran la clase obrera defienden que ellos tienen una serie de derechos y que los ricos les están quitando de manera progresiva esos derechos, por lo que gran parte de ellos salen a la calle a reclamarlos. Hasta ahí todo me parece muy bien y correcto. Todas las clases que componen una sociedad deben de tener una serie de derechos dentro de un marco establecido por las leyes. Pero eso no quita que en casos donde se asciende de posición social por determinados motivos, ciertas personas antes pertenecientes a la clase trabajadora, dejen posteriormente a un lado sus principios proletariados y se comporten de la misma manera que aquellos empresarios que ellos criticaban en su época de lucha obrera. ¿Qué quiero decir con esto? Simple y llanamente que el ser humano, y en especial el obrero, es un ser hipócrita que actúa de una forma u otra según las circunstancias y la situación en la que se encuentre en un momento determinado. ¿Cuántas veces no ha oído uno decir a algún comunista "Que paguen más los que más tienen"? Una frase que puede uno compartir o no, pero que varía de respuesta entre aquellos que pronuncian tan polémica frase cuando se les pregunta si eso sería aplicable también a ellos en caso de convertirse en personas con un poder adquisitivo elevado. "Pues no, porque el gobierno no es quién para robarme un dinero que a mí me ha tocado legalmente", "Para nada, porque yo no me puedo comparar con los ricos. Soy un trabajador al que le ha sonreído la vida sólo por una vez", "Pues sí, pero hasta cierto punto. Tampoco se van a llevar ahora todo mi dinero para que se lo queden ellos". Respuestas algunas con sentido y otras que no, pero que demuestran el nivel de hipocresía al que los seres humanos, en este caso los trabajadores, llegamos cuando nos guiamos por intereses distintos según el "Status quo" al que formamos parte.

Aún así quiero ir más allá de todo esto. También podemos considerar que todo esto no es más que un sentimiento de envidia que les mueve a las personas que están en una posición social inferior. El trabajador puede ser solamente un individuo el cual desea un aumento de posición social y captación de poder para sentirse importante y dejar atrás una vida miserable cargada de muchas obligaciones y escasos derechos. ¿Cuando el trabajador critica a un burgués por ir a una clínica privada lo hace porque este último hace alarde de su dinero y acude a centros médicos mejores, o solamente porque le chirría que una persona que tiene más ingresos económicos puede permitirse el lujo de ir a estos lugares y él no?, ¿Cuando el trabajador critica al rico por llevar a sus hijos a escuelas privadas y no públicas lo hace porque el padre de las criaturas es un estúpido liberal que considera que sus hijos pijos no pueden ni deben relacionarse con los hijos de los obreros, o por el contrario lo critica porque éste tiene la capacidad de llevar a sus niños a colegios donde los suyos no pueden ni asomar las narices?.

Otro caso llamativo lo encontramos cuando un trabajador escucha en las noticias que un político ha robado dinero público. La primera reacción del trabajador es lógicamente la de lanzar un "Menudo hijo de puta". Pero si nos paramos y le preguntamos a ese trabajador por qué considera que ese político es un hijo de puta obtendremos en la mayoría de los casos, no en todos, la misma respuesta; "Porque yo estoy cobrando una mierda de salario/prestación, mientras ellos se lo llevan calentito". Cuidado, el obrero no critica al político por robar un dinero perteneciente a las administraciones públicas. Lo critica porque éste tiene la oportunidad de poder robar a manos llenas todo aquello que encuentre mientras el trabajador se tiene que conformar con lo que gane ya sea mediante un salario despreciable o una paga sufragada por el Estado. Con lo que podemos llegar a la conclusión siguiente: el trabajador no es más que un ser envidioso y perdedor que siente repugnancia por los burgueses y las clases adineradas por el simple hecho de que éstos viven en un modo de vida inalcanzable para los proletariados. Es por ello por lo que la Dictadura del Proletariado no es más que la confirmación de la tesis "Quítate tú, que me pongo yo". La tesis de que lo que molesta no son los abusos de los patronos sobre sus trabajadores o el poder que los primeros ejercen sin piedad contra los segundos, sino el reparto de papeles en los que los oprimidos desean ser opresores de aquellos que los oprimen. La expropiación de las tierras y los medios de producción en manos de los burgueses por parte de los proletariados una vez que éstos asuman el poder según la teoría de Marx, es la confirmación de que el obrero es un ser acomplejado, avergonzado y sediento de poder y de riquezas.

Volviendo a la serie británica, me detengo esta vez en los de "arriba", es decir, en los señores. La familia burguesa está compuesta por los Bellamy, encabezada por Richard Bellamy, un político del partido conservador británico, su esposa lady Marjorie, una mujer perteneciente a la aristocracia, y sus hijos; James Bellamy y Elizabeth Bellamy. Un gran error que yo veo en la serie inglesa es la comprensividad que se les da a los burgueses con sus sirvientes y todos aquellos estamentos inferiores a ellos. Es lo que en Inglaterra y Francia se resume con la célebre frase "Noblesse oblige" (Nobleza obliga), en donde los nobles no sólo deben ser firmes con el trato a sus inferiores sino corteses con ellos y comprensivos, puesto que su posición social les obliga a comportarse así para dar ejemplo ante terceros. Podemos decir pues que es un ejercicio puro de hipocresía donde los ricos muestran su "alma caritativa" con los más desgraciados con el fin de dejar buena imagen ante sus amigos ricachones en las reuniones pijas celebradas en los restaurantes más distinguidos de la sociedad burguesa.

En varios momentos de la serie se pueden ver escenas donde el jefe de la familia, es decir, el político Richard Bellamy, se preocupa por el bienestar de sus súbditos, intenta solucionar sus problemas dentro de sus posibilidades como alta clase social e incluso sacan las narices en favor de sus sirvientes, algo verdaderamente insólito. Por supuesto, cuando se visualizan estas imágenes uno se queda un poco en shock sobre el trato de los señores hacia sus inferiores. Nos encontramos pues ante unas escenas que en la vida real difícilmente su podrían observar, ya que los señores eran personas que trataban a los empleados como seres inhumanos donde se podía hacer con ellos lo que les diese la real y aristocrática gana. Si le preguntásemos a un burgués sobre las condiciones de vida de sus criados, éste respondería; "Demasiado bien están. Encima que les doy techo y comida estaría bueno que se quejasen. Si no les gusta lo que hay, ya saben lo que tienen que hacer", o también podría decir "Estos repugnantes obreros con sus ideas socialistas y sus derechos nos van a arruinar". De hecho, existen relatos de personas que han trabajado para personas de la clase alta que han descrito sus vivencias en estas casas como un "infierno", donde sus amos no tenían la más mínima consideración con sus subordinados. Hasta el punto de hacerlos trabajar cerca de 20 horas al día, y dejarles poco más de cuatro horas de descanso solamente, siempre por supuesto en unas condiciones infrahumanas. Por ello, una vez dicho esto y volviendo a la serie es “entendible” que los productores y directores de ésta intenten suavizar y por consiguiente pequen de permisividad con la clase alta con respecto a estos graves asuntos, ya que si por algo se caracteriza “Arriba y Abajo” es por ser una serie con claros tintes conservadores y como tal intentan proteger el mal trato que los representantes del conservadurismo/liberalismo anglosajón dan a sus trabajadores en la serie haciendo gala del dicho franco-británico anteriormente citado. Recuerden; “Nobleza Obliga”. 

Con todo esto se puede concluir que el rico es un ser despreciable, perverso y vomitivo, el cual hace gala de su poder frente a los trabajadores con el objetivo de demostrar su "Status quo" ante ellos y su supremacía en todos los niveles. Al igual que el trabajador, el rico no piensa más que en sí mismo y en la perduración permanente de su estatus social, pero para mantener a la plebe tranquila, les da a éstos las migajas de pan que caen en el suelo de sus apoteósicos salones pijos repletos de obras absurdas y abstractas en las que la vulgaridad predomina por los salones de alta cuna. Aunque este hecho se produce de manera literal, también se produce de una forma teórica, es decir, los ricos les dan de vez en cuando a los pobres un 0,1% de las reivindicaciones que exigen con el fin de mantener sus bocas cerradas y alargar con ello la esclavitud proletariada bajo el dominio inflexible e inhumano del capitalismo. Ante este desarrollo cabe preguntarse, ¿Le interesa a los pijos, empresarios engominados e hijos de papá algo más que no sea el dinero? Rotundamente no. El rico tiene sólo un objetivo que va más allá de la perpetuación de poder y la posesión económica; el aumento de ambas en detrimento de una sociedad más desigual. Es lo que los judíos y los seres más despreciables que pululan por los cinco continentes llaman "Neoliberalismo económico"; una forma de vida en la que la esclavitud se legaliza por medio de un contrato de trabajo temporal/permanente donde el trabajador es simplemente un animal que está al servicio de su emprendedor y multimillonario jefe, el cuál se regocija con la escena de ver cómo tiene en su poder el futuro laboral, y por ende, la vida de todos aquellos que con el sudor y la sangre de su frente mantienen activa su empresa.

Esta es mi visión de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde se trabaja como esclavo de la clase burguesa con el único fin de sobrevivir en un mundo cada vez más desigual e insolidario. Un mundo en el que ahora, más que nunca, la codicia (Ese elemento que tan bien expresó Michael Douglas, Gordon Gekko, en la maravillosa película de Oliver Stone; “Wall Street”) y la avaricia son sus principales protagonistas. Con una clase rica cada vez más podrida de lujos y privilegios a la par que sedienta de dinero y poder por un lado, y por el otro una clase obrera sobrada de envidia y falta de esperanza que vive cuan mendigo en una vía pública, de las limosnas que los insensibles y egoístas acomodados les conceden con repugnancia y risa a su paso. Una sociedad que en nada se parece a la extraordinaria serie británica “Arriba y Abajo” (Lo cual no quiere decir que esta producción televisiva sea una de las mayores joyas de la pequeña pantalla), y que nos demuestra que la igualdad no sólo es un concepto inalcanzable, abstracto, falso y absurdo, sino también una vana ilusión entre los desiguales con el fin de creer que lo imposible es posible.

sábado, 10 de febrero de 2018

El hombre; ¿Bueno o malo por naturaleza?

Decía Rousseau que "El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad quien lo corrompe". Esta frase, como es lógico, la conocemos de sobra la mayoría de los mortales, pero la cuestión se vuelve interesante cuando nos toca opinar acerca del contenido de la misma. ¿Es bueno o es malo el ser humano? En lo que a mí respecta, y siendo fiel a mis principios pesimistas digo que el ser humano es malo por naturaleza. ¿Por qué? Creo que en el año 2018 no hace falta entrar en muchos detalles acerca de las razones que debo añadir para corroborar esta teoría. Respeto por supuesto a aquellos que piensen lo contrario, al mismo tiempo que los admiro y compadezco, ya que es muy difícil a la vez que impactante que un número considerable de la población mantenga su fe en las buenas intenciones del ser humano. Esa especie animal que se caracteriza por ser la única en destruir, torturar y matar por placer tanto a sus semejantes como a otras especies animales.

No estoy queriendo decir que el 100% de las personas que habitamos en este mundo seamos malas, Dios me libre de decir eso. Lo que estoy afirmando es que por desgracia para nuestra especie, es más alto el nivel de malicia entre nosotros que el nivel de bondad. Como ya he dicho, no hace falta entrar en detalles para razonar esta respuesta. Basta con mirar la historia. ¿Acaso desde la creación del hombre hasta nuestros días ha predominado el bien, la paz, la pureza, la inocencia, el perdón, la armonía, la virtud, etc?, ¿O por el contrario ha imperado la maldad, el odio, la venganza, las guerras, las muertes, los defectos, las rencillas, las traiciones, etc? La respuesta es obvia. Hemos llegado hasta aquí a base de desgracias y sufrimientos durante todos estos siglos. Es verdad que el ser humano ha avanzado mucho, sobre todo en estos últimos 100 años, en cuestiones como la ciencia o la tecnología. Avances que han supuesto en parte una mejora gradual de nuestras condiciones de vida (Y digo "En parte" ya que incluso estos grandes avances están suponiendo en algunos casos la aparición de nuevos problemas ante los que la sociedad actual tiene que hacer frente). Pero los avances científicos y/o tecnológicos no son suficientes para disolver la idea de la malicia del hombre. ¿Acaso no hace el hombre negocio incluso con la salud? Esta es sólo una pregunta de mil que se puede plantear uno al hablar de esta cuestión.

Una cuestión que resume perfectamente la malicia del hombre es por ejemplo la situación en el Tercer Mundo. ¿Cuántos casos se han descubierto a lo largo de estos años acerca de la corrupción que envuelve las ayudas que desde "Fundaciones humanitarios" se tendrían que destinar a aquellos países subdesarrollados? No es ningún secreto que el Tercer Mundo es un chollo para el hombre, ya que gracias a la pobreza y a las desgracias que allí se producen, miles de fundaciones se enriquecen a costa del sufrimiento y el hambre de los habitantes de esta parte del mundo. ¿Por qué acabar con un problema cuando podemos enriquecernos gracias a el? Este mismo planteamiento se puede extender a las cuestiones sanitarias, como ya he hecho referencia. ¿Para qué dar con la cura de enfermedades cuando con la existencia y el tratamiento obtenemos más ganancias? Una cruda conclusión no exenta de realidad. Hoy sin ir más lejos he podido leer una noticia en la que se hablaba de cómo "Fundaciones" británicas pagaron a supervivientes del terremoto de Haití en 2010 para realizar con ellos "Orgias al más puro estilo Calígula". ¿Aún siguen creyendo que el ser humano es bueno por naturaleza?.

Imperios contra imperios, reinos contra reinos, tribus contra tribus, padres contra hijos, hermanos contra hermanos... las guerras, la muerte y el enfrentamiento son elementos que el ser humano lleva en su ADN. Elementos que jamás desaparecerán mientras el ser humano continúe existiendo. Algunos que lean esta entrada dirán nuevamente "Este tío, tan pesimista como siempre". Llámenlo como quieran, yo prefiero llamarlo realismo. Como ya he dicho, no estoy diciendo que todos los hombres y mujeres que habitamos en la tierra seamos malos. ¿Quién se considera a sí mismo malo? El ser humano siempre encontrará excusas para justificar sus actos malignos, pero nunca reconocerá su malicia como tal. El presidente de EEUU, Ronald Reagan, dijo una vez "Sé en mi corazón que el hombre es bueno, de que lo correcto al final siempre triunfa, y de que toda vida humana tiene un valor y un sentido". Una frase que pierde todo su sentido cuando conoces al autor de esta cita. Yo personalmente me quedo con esa otra frase que pronunciaría Hobbes y que dice así: "El hombre es un lobo para el hombre", o con aquella otra que pronunció Maquiavelo, donde afirmaba lo siguiente; “El hombre es malo por naturaleza, a menos que le precisen a ser bueno”. Unas frases mucho más cercanas a la realidad que la que, por ironías de la vida pronunciaría el presidente Reagan, o la que en pleno siglo XVIII pronunció Rousseau y que ya he mencionado anteriormente. Quizás a Rousseau se le olvidó plantearse la siguiente cuestión; Si el ser humano se corrompe por la sociedad, entonces podemos llegar a la conclusión de que el ser humano sí es malo y corruptible por naturaleza, ya que quien compone esa sociedad que nos lleva por el mal camino no es ni más ni menos que el propio ser humano. 

jueves, 8 de febrero de 2018

Sentimiento y Pasión

En menos de dos meses llega tu semana, Dios que posees el Gran Poder de la vida y de la muerte. La semana en la que tu Sevilla te vuelve a rezar por saetas y por sones de cornetas. Los siete días en los que Tú bendices esas calles de naranjos repletas de azahares. Esas callecitas tan estrechas como dice la canción por las que Tú pasas dejando tras de Ti un aroma de incienso que bautiza el alma y limpia los corazones. Tú, que me llevas acompañando desde antes de que yo naciera. Tú, que no te has separado de mí en ningún momento de mi vida. Tú, que has sido mi amigo de infancia cuando cogía las figuras que te representan para pasearte por mi casa sobre una caja de cartón simulando un paso. Tú, que has sido, eres y serás mi mayor y mejor confidente. Tú, Aquél que conoces todos y cada uno de mis secretos, de mis pensamientos, de mis sentimientos, de mis deseos. Tú, que guías mis pasos y proteges mi vida, la de los míos y la de todos tus hijos que formamos este mundo, obra de tu creación perfecta y universal.

A Ti, a Quien he pedido salud en un momento determinado y en otro el amor de ese alguien que creías que no era el que yo verdaderamente merecía. A Ti, que me conoces mejor que nadie, e incluso mejor que yo mismo. A Ti, que has sido, eres y serás parte fundamental de mi vida, la cual no se entendería sin tu presencia. A Ti, que te presentaste a mí cuando yo tenía tres años y que, como en la Creación de Miguel Ángel, mantenemos ese pacto de unión a través de la fusión de nuestros dedos. A Ti, cuyos textos que relatan tu vida fueron los que me enseñaron a leer y tu historia la primera que leí en mi vida. A Ti, cuya vida pude ver cientos de miles de veces a través de aquellas películas que recreaban tu paso por este mundo. A Ti, a Quien he suplicado a veces con ilusión para pedirte algo que ansiaba, y otras veces con lágrimas en los ojos porque sabía con antelación que esa petición no me sería concedida. A Ti, a Quien le debo las gracias por todo lo que soy y por todo lo bueno que me has dado en esta vida. A Ti, que me has dado la mejor familia que una persona puede tener en este mundo que espera de nuevo esa Segunda Venida en la que habrás de juzgarnos a todos.

Gran Poder, Tres Caídas, Sed, Salud, Expiración, Esperanza, Sentencia, Pasión, Amor, Soberano Poder... miles de advocaciones tienes, pero sólo por tu verdadero nombre te conocemos todos a la vez y finalizamos nuestras oraciones tras rezar el Padre Nuestro que Tú nos enseñaste. Ese nombre que siempre he dicho que será el que mi hijo lleve si un día lo tengo. Ese nombre que todos exclamamos cuando estamos ante una difícil situación y que posee cinco letras, una para los cinco continentes que Tú creaste. El mismo número de letras que lleva el nombre de tu madre, que es reina y soberana de esta tierra sevillana que te ama y que junto al tuyo son los nombres más poderosos que se escuchan por toda el mundo. Esos dos nombres que son los que lleva mi madre y que son aquellos con los que más orgullo que nadie puede llevar una persona en la vida; El de tu madre, María, y el tuyo, Jesús.

En menos de dos meses estará el nieto de Joaquín y Ana llevando el Evangelio por las calles de Sevilla. Desde esas barriadas de Ciudad Jardín el Sábado de Pasión, del Porvenir el Domingo de Ramos, del Tardón el Lunes Santo, del Cerro del Águila el Martes, de Nervión el Miércoles, de los Remedios el Jueves, de la Macarena la Madrugá, de Triana el Viernes, del Plantinar el Sábado, y de San Luis el Domingo de Resurrección. En menos de dos meses llega la emoción, la Pasión, la Muerte y la Resurrección. La forma que tiene un pueblo de entender su Fe y de expresarla a los cuatro vientos. En menos de dos meses estará el Hijo de Dios teniendo sed, expirando su último aliento, cruzando el Puente Cedrón, cayendo por tercera vez en su camino al Calvario y dando ejemplo a la humanidad de cómo en la vida hay que seguir siempre hacia adelante por muchas caídas que uno tenga en el trayecto.