domingo, 4 de enero de 2026

Trump derroca a Maduro


Lo ocurrido en el día de ayer es uno de esos capítulos que pasarán a los anales de la historia y, especialmente, a los anales de la historia de la presidencia de Donald Trump. Hace algo menos de veinticuatro horas, EEUU ha atacado puntos claves en Caracas y han detenido al presidente venezolano, Nicolás Maduro y a su mujer, Cilia Flores, los cuales han sido trasladados hace unas horas a Nueva York para ser enjuiciados por delitos de narcoterrorismo y narcotráfico. 

Tras varios meses de tensión entre EEUU y Venezuela, la Casa Blanca dio ayer la orden de atacar Caracas y capturar a Maduro en una operación relámpago donde al menos cuarenta venezolanos han muerto durante el desarrollo de dicha operación militar. Tras la detención de Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció para informar sobre los detalles del ataque militar y sobre los planes que EEUU tiene previsto hacer a partir de ahora con Venezuela. 

Una Venezuela que, por mucho que algunos crean lo contrario, no ha pasado página del régimen chavista. El ataque militar (o la invasión, como queramos llamarlo) a Venezuela ha supuesto la caída de Maduro, pero no la del régimen totalitario que durante más de veinticinco años lleva oprimiendo a los venezolanos y a intervenido de forma clara en la política interna española. Maduro ha caído, sí, pero el chavismo, por desgracia, sigue vivo.

Pero por si esto no fuese poco, durante la comparecencia de Trump en su residencia privada en Florida ha afirmado que tras el derrocamiento de Maduro, será EEUU quien se haga cargo del gobierno de Venezuela hasta que el país esté en condiciones de llevar a cabo una transición hacia un sistema democrático. Todo esto tras afirmar Trump que los motivos del ataque contra el dictador venezolano obedecían al hecho de que Maduro dirigía una red de narcotráfico, la cual suministraba cocaína como arma contra EEUU. 

También hizo referencia, como es obvio, a la vulneración de los Derechos Humanos por parte del hasta ayer presidente venezolano y del régimen que lideraba, así como a la decadencia económica, social y política a la que ha llevado a Venezuela. Pero sobre todo hizo hincapié en la cuestión más interesante de todas: el petróleo. Un elemento que pasará teóricamente, según ha afirmado Trump, a manos de Estados Unidos mientras la Administración Trump ocupa el país sudamericano y gobierna el territorio. 

Personalmente, debo decir que se agradece en parte la sinceridad de Trump al hablar de este asunto. Al contrario de lo ocurrido con Bush padre o Bush hijo durante sus intervenciones militares en Irak en 1991 y 2003, Trump no se ha envuelto en la bandera y los valores de la libertad para saquear los fosos de petróleo en Venezuela, sino que directamente ha confirmado que uno de los motivos que ha llevado a EEUU a invadir Caracas es precisamente la "Explotación" del petróleo venezolano. Quien avisa no es traidor.

No es algo nuevo el hecho de que EEUU invada otros países por intereses petrolíferos, pero en este caso no ha habido necesidad de utilizar el tan quemado como falso discurso en favor de la libertad para invadir Venezuela, ya que el propio Trump ha confirmado que entre otras cuestiones, el petróleo era uno de sus objetivos. Por otro lado, resulta curioso cómo el presidente de EEUU se ha quedado tan campante cuando ha dicho que su país permanecerá y gobernará el tiempo que haga falta Venezuela hasta que se den las condiciones para ir hacia un nuevo sistema democrático. 

No ha habido mención ni a María Corina Machado, excepto para aclarar que no es lo suficientemente popular en Venezuela como para ser la futura presidenta, ni al fugado Edmundo González ni a ningún otro líder de la oposición venezolana, lo cual demuestra que los intereses de EEUU con respecto al país sudamericano no son precisamente por cuestiones de democracia y/o totalitarismo. Una oposición venezolana que, todo hay que decirlo, es tan miserable como lo es el propio régimen chavista. 

Un régimen que ha asesinado, expropiado, encarcelado y torturado a miles de venezolanos mientras entrometía sus narices en nuestro país, financiando la aparición de figuras como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero a la par que hacía negocios ilícitos con el ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ahora huérfano de su amigo Nicolás Maduro y probablamente preocupado, al igual que Pedro Sánchez, sobre el devenir de los acontecimientos que se produzcan en Venezuela. 

Dicho esto, conviene preguntarse lo que desde hace unas horas lleva preguntándose todo el mundo: ¿Dónde queda el derecho de soberanía e independencia? ¿Y dónde queda el Derecho Internacional ante esta situación? Maduro es un criminal que merecía lo que le ha ocurrido y más, sí; ¿Pero dónde queda la soberanía, la independencia y la integridad nacional venezolana en todo esto? 

Una vez más, EEUU ejerce, al igual que lo hiciera Roma hace dos mil años, en la hegemónica policía mundial. ¿Acaso Trump tiene derecho a invadir un país y, en cierta forma, convertirlo en una colonia tras detener a su hasta ahora presidente? Con esto no estoy defendiendo, y Dios me libre de ello, a Maduro, ya que hablamos de un dirigente criminal e ilegítimo, pero sí hago hincapié en la invasión ilegítima de la soberanía e independencia de Venezuela en pos de los intereses estadounidenses. Mucho cuidado con esto porque se asienta un precedente bastante peligroso ante el silencio de la mayoría de la Comunidad Internacional.

Ante todo esto cabe preguntarse también ¿Qué papel desarrollarán ahora Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y tantos otros pesos pesados del régimen venezolano? ¿Dejarán que Trump los detenga sin más o colaborarán con la Casa Blanca para evitar que sus cabezas rueden junto con la de Maduro? Por el momento, a Delcy Rodríguez le ha pillado, casualmente, el ataque en Rusia. ¿Acaso estaba avisada del ataque y ha traicionado a Maduro con tal de pagar un precio que veremos próximamente? Sin duda alguna este escenario que se ha abierto es muy extraño a la vez que interesante.

Por supuesto, no voy a hacer más hincapié en la oposición venezolana, ya que la considero, como ya he dicho antes, tan miserable, corrupta y criminal como el propio régimen chavista. ¿Volverá ahora el ganador de las pasadas elecciones, Edmundo González, a Caracas, o seguirá viviendo a cuerpo de rey en el barrio de Salamanca de Madrid? Es muy fácil hablar de libertad y de Derechos Humanos cuando te exilias al otro lado del Atlántico y dejas tirado a los tuyos tras ganar teóricamente unas elecciones por miedo a que caiga tu cabeza, pero eso es lo que representan la mayoría de los dirigentes de la oposición venezolana. Que se lo pregunten también a los ya olvidados Juan Guaidó o Leopoldo López. 

Y por último, y no menos importante, cabe añadir el papel que desempeñará España a partir de ahora en este nuevo tablero y cómo afectará esto a la izquierda española, tan unida al régimen chavista. Por el momento, Pedro Sánchez ha ofrecido su mediación y ha afirmado de forma cobarde que por parte de España, el gobierno nunca ha reconocido a Maduro como presidente en los últimos años. Hace falta tener cara, cinismo y vergüenza. Por su parte, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, etc, ya han puesto el grito en el cielo por la intervención norteamericana y han exigido que España rompa relaciones con Estados Unidos y abandone de inmediato la OTAN. 

Como se puede ver, el panorama en España también va a afectar y bastante como consecuencia de la invasión de Trump en Venezuela. En estos momentos, tanto Sánchez, Zapatero, Iglesias y otros muchos líderes de la izquierda española están acojonados ante lo que Maduro pueda confesar ahora en Estados Unidos, donde se pide cadena perpetua por los delitos que se le imputan, aunque su condena podría verse reducida si decide "cantar". 

Mucho cuidado con esto, insisto, porque el futuro de España y, sobre todo, de la izquierda española está en juego como Maduro decida confesar sus relaciones e intereses con España. Si la legislatura estaba ya en vía muerta, la invasión de EEUU en Venezuela supone el detonante final en la situación agónica en la que se encuentra Pedro Sánchez en estos momentos donde está más cercado que nunca por la corrupción. 

Veremos pues con qué nos encontramos en las próximas horas, días, semanas y meses. Lo que está claro es que con lo ocurrido ayer en Venezuela, el futuro del país sudamericano no está asegurado en absoluto. Trump ya ha avisado hace unas horas que EEUU está preparada para un nuevo y mayor ataque si las circunstancias así lo exigen. Y mientras, los venezolanos contrarios al régimen chavista celebrando tanto en Caracas como en Madrid la caída de Maduro, creyendo ingenuamente que tras lo ocurrido hace unas horas, Venezuela volverá a vivir en democracia y libertad. 

Por desgracia, y tras ver en directo la comparecencia de Trump y sus intenciones, nada asegura que esa libertad ni esa democracia vayan a volver al país sudamericano ni a corto ni a medio plazo. Venezuela no solo sigue viviendo en la dictadura chavista tras la caída de Maduro, sino que ahora cuenta también con el autoinvitado americano, el cual está dispuesto a arrasar con todas las fuentes de riquezas del país. El futuro, desde luego, no es nada prometedor. 

sábado, 3 de enero de 2026

Diez años de la primera caída política de Sánchez


En este año 2026 que acabamos de empezar se cumplen diez años de la primera caída política de Pedro Sánchez. Me refiero a su convulso año 2016, en el cual se presentó a la investidura como candidato a la presidencia del gobierno, saliendo derrotado de aquella investidura, pasando posteriormente por la repetición electoral en junio de 2016 y finalmente su destitución como secretario general del PSOE el 1 de octubre del mismo año.

Todos sabemos ya cuáles fueron los motivos que llevaron a Pedro Sánchez a dimitir de forma obligada en octubre de hace diez años: desde las elecciones celebradas en diciembre de 2015, Pedro Sánchez intentó formar gobierno sin éxito junto a Albert Rivera en el famoso pacto que firmaron en el Congreso allá por febrero de 2016. Era la época en la que Sánchez iba de moderado e intentaba buscar un gobierno de centro/centro-izquierda con el objetivo de desplazar del gobierno a un PP liderado por Mariano Rajoy, el cual había perdido la mayoría absoluta que los populares obtuvieron en 2011. 

Como ya he añadido, dicho intento por formar gobierno fracasó en marzo de 2016. Pedro Sánchez tendría que esperar dos años más hasta verse en la Moncloa tras la, esta vez sí, exitosa moción de censura contra Rajoy en junio de 2018. Tras el fallido intento, el cual fue responsabilidad de Podemos, los cuales deseaban en aquel entonces una repetición electoral para sobrepasar al PSOE en los siguientes comicios, vinieron las elecciones de junio de 2016. 

Si en diciembre de 2015 el PSOE había obtenido el peor resultado de toda su historia, éste empeoró aún más con la repetición electoral, donde el PP de Mariano Rajoy consiguió un resultado algo mejor que en diciembre como consecuencia del miedo al Brexit (el cual se había votado en Reino Unido tres días antes), el avance de Podemos y la "traición" de Ciudadanos al pactar con Sánchez en febrero, mientras que el PSOE se hundía a unos niveles nunca vistos en la historia reciente de España pero sin sobrepasarles Podemos.

El desenlace de esta historia es de sobra conocido por todos: Pedro Sánchez empezó su lema de "no es no" contra la investidura de Rajoy e intentó por todos los medios un gobierno alternativo, no ya con Ciudadanos, sino con Podemos y todos los partidos independentistas, extremistas y herederos políticos de ETA. Fue entonces cuando la denominada "vieja guardia" socialista, liderada por Felipe González junto a su protegida, Susana Díaz, intentaron por todos los medios desbancar del liderazgo del PSOE a un Pedro Sánchez que ya estaba ultimando su pacto con sus actuales socios de gobierno para ser presidente.

Finalmente, aquella operación orquestada desde el seno del propio PSOE y apoyada entonces por parte del sistema político, económico y social, tuvo su éxito cuando el 1 de octubre de 2016, tras más de diez horas reunidos en el Comité Federal del PSOE, los socialistas destituyeron a Pedro Sánchez cuando éste fue descubierto intentando amañar tras unas cortinas el resultado de la votación en la que se decidía si los allí presentes respaldaban su continuidad o apostaban por su salida. 

Pocas horas antes de aquel bochornoso y vomitivo escenario, gran parte de la ejecutiva socialista de Pedro Sánchez dimitió en bloque para demostrar que todos respaldaban a la vieja guardia y que Sánchez se había quedado solo, por el momento, en su intento por llegar a la Moncloa. Finalmente, una gestora presidida por el entonces presidente de Asturias y líder del PSOE asturiano, Javier Fernández, se hizo cargo del partido hasta que en mayo de 2017 se produjo, contra todo pronóstico, la vuelta de Pedro Sánchez en las primarias en las que se batió en un duelo a cara de perro contra Susana Díaz, la misma que hace solo tres años lo había llevado hasta la cima del liderazgo socialista.

Una vez resumido lo ocurrido hace ya una década cabe preguntarse una cuestión bastante interesante: ¿Cómo es posible que Pedro Sánchez llegara hasta el liderazgo del PSOE? Por una serie de factores bastante interesantes a la vez que irónicos a día de hoy. En 2014, con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, muchas voces pedían a gritos a la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que cruzase de una vez por todas Despeñaperros para desplazar a Rubalcaba y alzarse con la secretaría general del PSOE. ¿Cuál es el problema? Que la criatura deseaba hacerlo pero llevaba poco menos de un año al frente del gobierno andaluz, estaba pues verde todavía y no quería dar un paso que luego pudiese salirle caro.

Tras hablarlo con varios de sus asesores optó por respaldar a un tipo desconocido, el cual serviría de cebo para calentarle la silla de la secretaría general a la sevillana y, una vez llegado el momento, darle paso a ésta para que por fin fuese llevada en volandas hasta el liderazgo socialista. Ese cebo se llamaba Pedro Sánchez, un tipo sin escrúpulos y con una ambición ilimitada que por entonces Díaz subestimó sin saber las consecuencias de su actitud irresponsable. 

Era la época en la que un tipo sin carisma ni entusiasmo, pero que a su vez representaba junto a Sánchez y Díaz el relevo generacional dentro del PSOE comenzó a surgir como posible nuevo secretario general del partido. Ese tipo era Eduardo Madina y era visto por muchos como el sucesor natural de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del PSOE. Es entonces cuando, aparte de la operación de Susana Díaz por encumbrar a Sánchez en detrimento de Madina, los medios de comunicación conservadores auparon igualmente a Pedro Sánchez como el candidato ideal para este tiempo nuevo que había comenzado aquel año con la dimisión de Rubalcaba tras el desastre del PSOE en las elecciones europeas de 2014, así como la abdicación de Juan Carlos I y la llegada de Felipe VI. 

Estos medios, a las órdenes del gobierno (por entonces liderado por Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría), salieron pues a vender la imagen de un Sánchez moderado, centrista y dialogante frente a un Madina extremista, peligroso e inexperto. Lo cierto y verdad es que, entre el apoyo incondicional e interesado de Susana Díaz y la campaña descarada, absoluta e igualmente interesada de los medios de la derecha, Pedro Sánchez consiguió hacerse contra todo pronóstico con el liderazgo del PSOE en julio de 2014. 

Es irónico cómo doce años después de aquellos sucesos, hoy es esa misma derecha mediática y la propia Susana Díaz quienes despotrican contra Pedro Sánchez tildándolo de "extremista, golpista, autócrata, sinvergüenza, peligroso, corrupto, amoral y/o cínico", entre otros adjetivos. Por supuesto, no seré yo quien diga lo contrario, ya que todo lo que estos sujetos proclaman a los cuatro vientos sobre el todavía presidente del gobierno son meros piropos en comparación a lo que yo digo sobre Sánchez tanto en este blog como en mi vida cotidiana, y que conste que para mi vergüenza, y sin ser de izquierdas, llegué a votarlo en las elecciones de junio de 2016, ya que veía en él a un tipo que al menos había intentado solventar la crisis política de aquel año (ingenuo de mí); pero dicho esto es interesante ver cómo el guión ha ido cambiando a medida que el personal veía como Pedro Sánchez se quitaba la careta, sobre todo, a partir de su llegada al gobierno en 2018. 

Cuando estamos ya en enero de 2026 y Pedro Sánchez se encuentra en estos momentos más acorralado que nunca tanto en términos políticos como personales como consecuencia de la corrupción generalizada que le salpica a él, a su familia y a su propio partido, muchos creen que su segunda y última caída está más próxima que nunca. Yo, personalmente, me van a permitir que lo ponga en duda. Pedro Sánchez fue derrocado una vez, es cierto, pero para resurgir meses después y quedar más reforzado que nunca por una militancia que desde entonces han seguido al líder socialista como a un mesías. 

Una situación similar a la que, salvando las distancias, experimentó en 1979 Felipe González, cuando el sevillano dimitió como secretario general del PSOE con el objetivo de echar un pulso al ala más izquierdista del partido y de esta forma eliminar el marxismo de la ideología del PSOE. ¿El resultado? La vuelta de González a la secretaría general del PSOE tras la derrota del ala izquierdista y la confirmación definitiva de éste como líder socialista.

Dicho esto, ¿Es probable que Sánchez caiga? Es perfectamente posible, sí. Ya cayó una vez hace una década, aunque por entonces solo era líder de la oposición. ¿Es posible que resista frente a todo y no solo llegue a 2027 sino que además renueve el cargo, con independencia de los resultados electorales? También es completamente posible, ya que Sánchez es en estos momentos, y a diferencia de 2016 donde sí era cuestionado en su partido, quien dirige como su propio cortijo personal no solo el PSOE sino también el Estado. Dicho esto, si hay algo que Sánchez ha demostrado en estos doce años es tenacidad y suerte, y puede que cuando más acorralado se vea ocurra algo que lo salve contra todo pronóstico, por muy adversas que sean las circunstancias. 

Un Pedro Sánchez que nunca habría llegado a donde ha llegado si no fuera, como ya he añadido antes, gracias a la inestimable ayuda de Susana Díaz y Mariano Rajoy (además de por las supuestas grabaciones y presuntos chantajes a políticos, empresarios y personalidades relevantes dentro de las saunas gays de su suegro que los medios ya han destapado). Ambos, cada uno mirando por sus intereses, fueron quienes encumbraron al hoy jefe del gobierno a lo más alto y son los principales responsables del advenimiento del actual inquilino de la Moncloa. 

Susana Díaz con el objetivo de tener a una marioneta en Ferraz hasta que ella lo echase de buenas maneras de la silla, y Mariano Rajoy con el objetivo de evitar la llegada al liderazgo del PSOE de un "extremista" Eduardo Madina, el cual ha resultado ser, en comparación con Sánchez, un moderado estadista, como algunas voces incluso de la derecha mediática reconocen ya. Todo ello mientras esas mismas voces hablan abiertamente de que realmente siempre fue Pedro Sánchez y no Eduardo Madina el verdadero sucesor natural de Zapatero, como ya estamos viendo con los escándalos de corrupción del PSOE que están saliendo diariamente en los que también está implicado a su vez el ex presidente. Así está el patio a estas alturas.

Personalmente, no sé cómo acabará esta historia, pero todo indica que los escándalos de corrupción, así como el de los supuestos escándalos sexuales que los medios están destapando ya, van a ir a más en este 2026. Sería irónico que Pedro Sánchez viviese su segunda y quizás definitiva caída política diez años después de la primera; y sería más irónico aún que esa caída se produjese treinta años después de la caída de Felipe González, cuando salió del gobierno en un escenario similar al que actualmente atraviesa Pedro Sánchez, con una corrupción abismal y una crisis institucional sin precedentes. A lo largo de este nuevo año que acaba de empezar veremos si la historia se repite por segunda vez o no. 

domingo, 21 de diciembre de 2025

400 entradas; 400 historias


En febrero del año pasado publiqué mi entrada número 300, y nunca supuse que tardase poco menos de dos años en llegar a esta entrada número 400. Un número considerable, al cual nunca pensé que llegaría. Si en noviembre de 2013, cuando abrí este blog, me llegan a decir que doce años después seguiría escribiendo y llegando a 400 entradas, habría pensado que me estaban tomando el pelo; pero aquí seguimos, de momento. No es fácil para un bloguero llegar a esta cifra, y menos después de tantos años en los que ha ocurrido de todo.

En los casi dos años que han transcurrido desde que publiqué mi entrada número 300 han ocurrido algunos hechos destacables: el destape de la trama de corrupción que salpica al PSOE y a Pedro Sánchez; una DANA cuya irresponsable y criminal gestión costó la vida de más de doscientas personas; una amnistía que ha quedado prácticamente en papel mojado; la retirada humillante de Joe Biden; la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca; la muerte del Papa Francisco; la llegada del Papa León XIV; un apagón nacional en toda España; la condena al ya ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz; y finalmente el Acuerdo de Paz firmado en Egipto con el objetivo de conseguir el final de la guerra en Oriente Medio. 

Como se puede ver, muchas cosas han ocurrido en estos veintidós meses, pero ya se sabe que el tiempo vuela y que las cosas pasan muchas veces a un ritmo vertiginoso, mientras que en otras ocasiones simplemente no hay nada nuevo que contar. Desde que creé este blog, han ocurrido, en España y en el mundo, sucesos de enorme relevancia, y todo hace presagiar que lo que está por venir van a seguir siendo acontecimientos de enorme envergadura.

Por supuesto, no es mi intención estar el resto de mi vida escribiendo en este blog. Comencé cuando estaba a punto de cumplir veintiún años en noviembre de 2013 y escribo esta entrada cuando tengo ya, como Cristo, treinta y tres años. Las cosas se suelen ver de forma muy distinta con poco más de veinte años a cuando uno ha superado ya los treinta; pero obviamente eso no es ningún secreto y quien lea esto con mi edad o más lo sabrá tan bien como yo. Se puede decir que, prácticamente, gran parte de mi juventud la he vivido mientras escribía por aquí. 

Cuando empecé a escribir en este blog tenía la idea de que leyese mi opinión cuantas personas quisiesen, pero con el paso de los años he ido desechando esa idea y he acabado por reconvertir esta página en una especie de "Diario" donde escribo los sucesos más relevantes a nivel político, social, cultural, económico, etc, que se producen tanto a nivel nacional como internacional, todo ello mientras escribo sobre cuestiones históricas, religiosas, filosóficas, etc. No es fácil de seguir después de tantos años, pero cuando uno echa la vista atrás y ve todo lo que lleva escrito, cree sinceramente que ha merecido la pena.

Sin embargo, después de doce años y más de 55.000 visitas a este blog, uno piensa ya en el momento de echar el cierre; y aunque ese momento no ha llegado aún, la idea y el momento ya ronda por la cabeza de quien escribe esto. Dicho esto, y después de todo lo que lleva uno escrito, creo sinceramente que merece la pena escribir un poco más y echar el cierre cuando toque. Por ello, y como vengo diciendo desde que llegase a mi entrada número 100 allá por septiembre de 2017, hagamos un último esfuerzo y sigamos contando la historia. 

sábado, 20 de diciembre de 2025

Todos a la cárcel


En 1993, el gran Luis García Berlanga nos proporcionó una de sus películas más emblemáticas "Todos a la cárcel". En aquellos años, donde ya se vislumbraba en el horizonte el final del felipismo, Berlanga quiso hacer una sátira de la situación sociopolítica que atravesaba en aquel momento España. Una España donde los casos de corrupción eran inagotables y todo cargo público cercano al PSOE acababa entre rejas como consecuencia de la red clientelar en la que se había convertido el país y sus instituciones bajo el gobierno de Felipe González. No había día donde no se oyese un nuevo escándalo que salpicase a algún personaje público. 

Creo, personalmente, que con la situación que en estos momentos atraviesa España treinta y dos años después de aquella obra cinematográfica, estoy seguro de que Berlanga, si viviese actualmente, estaría más que dispuesto a hacer una secuela mucho más ambiciosa y atrevida de la que ya realizara en los años 90. Y es que la situación que llevamos viviendo los españoles desde hace tiempo, pero sobre todo en el último año, se ha acrecentado en los últimos meses y, más que nunca, en la última semana. 

Una semana donde ha pasado de todo: la detención, posterior entrada en prisión provisional y finalmente puesta en libertad de la famosa "fontanera" del PSOE, Leire Díez; el informe de la UCO sobre el caso de los hidrocarburos; la aparición de nuevas noticias acerca del rescate que en el año 2021 realizó el gobierno de Pedro Sánchez a la empresa Plus Ultra con la presión oculta del ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; y por último el estallido del caso Salazar, el cual ha puesto en jaque a todo el PSOE al descubrirse cómo el gobierno había intentado encubrir al que fuera asesor en Moncloa del presidente Sánchez, intentando ocultar las denuncias que algunas trabajadoras del recinto presidencial habían realizado contra el socialista sevillano. 

Pero por si esto fuese poco, el caso de Paco Salazar ha abierto la veda a más denuncias provenientes de militantes y políticas socialistas, las cuales aseguran haber recibido acoso sexual por parte de alcaldes, concejales, presidentes de Diputaciones, líderes regionales y/o provinciales de su propio partido. Un partido que, a pesar de las denuncias formuladas, habría mirado, al igual que con el caso Salazar, para otro lado, dejando de lado a las víctimas y apoyando a sus acosadores hasta que la situación se ha vuelto, en algunos casos, insostenible en esta semana donde dichos acosos han salido a la luz. 

Unos acosos que se están extendiendo ya a otros partidos como el PP, VOX, Sumar, etc, y que apuntan que es solo la punta del iceberg de algo mucho más grave que está por venir. En definitiva, España ha vivido en esta semana siete días de escándalos consecutivos donde ha habido de todo mientras la imagen del PSOE y de Pedro Sánchez continúa imparable su caída mientras los escándalos de todo tipo se van acumulando. Debo añadir de hecho que la semana pasada tenía previsto escribir sobre esto, pero era tal el nivel de escándalos que estaban saliendo a la luz que he preferido esperar una semana para ver si la cosa se "tranquilizaba" relativamente dentro de todo este caos; y ahora confieso que no sabía ni cómo escribir esta entrada, ya que no sabía ni por dónde empezar. 

Esta situación: entradas en prisión de militantes o ex militantes del PSOE; la salida a la luz del caso de los hidrocarburos, en donde la Guardia Civil asegura que José Luis Ábalos y otros cargos se embolsaron más de un millón de euros por parte de la trama; la publicación de nuevos informes que acreditan la oscura función de Zapatero en el rescate de Plus Ultra, donde además ha salido publicada una exclusiva que muestra una reunión en mitad del campo entre éste y el actual presidente de la línea aérea, Julio Martínez, pocas horas antes de que éste último fuese detenido igualmente la semana pasada; y el estallido del caso Salazar, el cual se ha convertido absolutamente en una crisis no ya de corrupción sino moral dentro del propio PSOE, vaticina que estamos de lleno en una tormenta perfecta de la que ya, al menos este que escribe estas líneas, se está hartando un poco. 

España no puede estar continuamente bajo un escenario permanente de corrupción, donde cada día salen nuevos escándalos que debilitan aún más al gobierno mientras el propio Sánchez aprovecha cada ocasión que se le presenta para reafirmar que la legislatura seguirá a pesar de los escándalos y que en 2027 se presentará de nuevo como candidato para seguir en la Moncloa, como mínimo, hasta 2031. Esto no puede seguir así. Un Estado corrupto, un sistema putrefacto y un gobierno en descomposición y agonizante no pueden ser noticias diarias sin que aquí nadie asuma ninguna responsabilidad política. Con un Sánchez bunkerizado en Moncloa y siendo declarado persona non grata en algunas ciudades españolas mientras los escándalos de corrupción y de acoso sexual se acrecientan, nadie asume aquí ninguna responsabilidad ni nadie sale a las calles para poner el grito en el cielo.

¿Acaso alguien se imagina que, de haber ingresado una "fontanera" del PP en la cárcel (aunque luego fuese puesta en libertad con medidas cautelares), no estarían en estos momentos la gente manifestándose en Génova 13? ¿Acaso alguien se cree que de descubrirse el pastel sobre los hidrocarburos y las comisiones millonarias que desde el Ministerio de Transportes, con Ábalos, Koldo y Aldama al frente, éstos se llevaron a cambio de determinados favores no estarían los progres alzando la voz? ¿Acaso alguien cree que de descubrirse que Aznar hubiese estado detrás de un rescate de una empresa aérea por parte del gobierno de Rajoy, recibiendo posteriormente el ex presidente diez millones de euros como compensación, las calles no estarían ya tomadas por la izquierda para exigir la dimisión de Rajoy y exigir la cabeza de Aznar por dichas mordidas? 

¿Acaso alguien cree que de haberse escurrido el bulto en la Moncloa de Aznar o de Rajoy por cuestiones de acoso sexual y/o laboral del equipo cercano al presidente del gobierno, no estarían ya las calles ardiendo? ¿Y no estaríamos ante un escenario de disturbios, protestas, agresiones y tensión permanente si se descubriese que esa protección contra los acosadores se hubiesen extendido a otros cargos públicos del PP que también habrían acosado sexualmente a sus subordinadas? todos sabemos que sí, pero si no sale nadie a la calle es por la amoralidad y el doble, vomitivo y asqueroso rasero de la izquierda española y sus votantes, los cuales solo salen a las calles para protestar contra los escándalos que afectan a los populares y no a los socialistas. 

Está claro que esta situación ha dejado KO a Pedro Sánchez, el cual ha tenido que adelantar dos semanas el balance de fin de año en Moncloa, con el fin de romper su silencio y pasar página mientras sigue alegando que todo lo ocurrido son bulos y especulaciones sin fundamento de la extrema derecha y sus pseudomedios. Como se puede ver, a Sánchez nada le afecta. Ni siquiera cuando un número importante de políticos de su partido están envueltos en escándalos de acoso sexual. Unos escándalos que ha supuesto la dimisión de algunos y el mantenimiento de otros todavía en sus cargos ante la inoperancia del propio PSOE. Y todo esto mientras el cerco sobre Zapatero se estrecha cada vez más, hasta el punto de que algunos lo dan por finiquitado y creen que su detención es inminente. 

Sobre esto último tengo que añadir que no contemplo en ningún momento la detención de Zapatero, el cual ha quedado confirmado a lo largo de esta semana que ejerce un papel no solo de presidente en la sombra sino también de lobbysta. No olvidemos que estamos hablando de un tipo que es, para nuestra desgracia, ex presidente del gobierno. Con independencia de las comisiones millonarias de Zapatero, así como los vínculos de éste, la empresa Plus Ultra y su presidente, Julio Martínez, con Venezuela sean bastante estrechos y estén siendo investigados, dudo mucho que veamos la imagen de este miserable siendo detenido. Eso solo ocurre con los "fontaneros", como Leire Díez, la cual me sorprendió que fuese puesta en libertad cuando existe, como mínimo, un alto riesgo de destrucción de pruebas. Supongo que algo tendría que ver la amenaza que la propia Díez soltó hace poco donde advertía a su partido que si entraba en prisión "comenzaría a cantar". 

Y todo esto mientras el gobierno volvía a sufrir esta semana otra derrota parlamentaria, en este caso el segundo rechazo del Congreso a la senda de déficit, lo cual hace completamente imposible que el gobierno pueda sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2026, lo cual nos llevaría a una tercera prórroga de los Presupuestos de 2023, lo cual nos llevaría ante el panorama de situarnos en una legislatura donde no se habría aprobado ni un solo Presupuesto hasta la fecha y sin consecuencias políticas; algo nunca visto en la historia reciente de España. 

Pero a pesar de todo este colpaso y este ruído interminable de escándalos, Sánchez está más dispuesto que nunca a seguir dando la batalla y a presentarse en 2027, lo cual demuestra que los intereses de España van por un lado y los suyos por otro. Un Pedro Sánchez que está dispuesto a absolutamente todo con tal de permanecer en el poder como mínimo hasta 2027, y luego ya se verá de qué forma perpetuarse en el ejecutivo, aunque pierda estrepitosamente las próximas elecciones generales. 

Se confirma de nuevo que el egocentrismo, el despotismo y la ambición ilimitada de Sánchez son superiores a cualquiera de los escándalos que le acechan y que ya comienzan a hartar a una sociedad que contempla entre pasiva y resignada el escenario más posible: que Sánchez se atrinchere en la Moncloa con el apoyo inquebrantable de sus socios (lo cual es curioso por parte de estos partidos, ya que no contemplan el desgaste electoral que les supone el mantenimiento de Sánchez en la Moncloa) hasta 2027 mientras los escándalos de corrupción sacuden sin cesar a España en los próximos años. Ese es el escenario más temible y ese es, con toda probabilidad, el más probable. 

lunes, 8 de diciembre de 2025

Los misterios de Fátima


Esta noche voy a escribir sobre un tema del que hace meses quise hacer una entrada pero no llegué a hacerlo. Me refiero a los sucesos ocurridos en Fátima y al enigma e intriga que genera esta historia. Una historia donde aparentemente, como todos sabemos, tiene su origen en un pequeño pueblo portugués llamado Fátima, donde supuestamente la Virgen María se apareció a unos pastores, en este caso tres niños que apenas tenían diez años: Lucía, Jacinta y Francisco, los tres eran primos hermanos. 

Las apariciones tuvieron lugar durante seis meses (número seis, ya llama la atención este detalle), entre mayo y octubre de 1917. En dichas apariciones los chiquillos aseguraban haber visto a "una mujer más brillante que el sol", vestida de blanco y con un rosario en las manos. Supuestamente, la Virgen les pidió que rezaran y que estuviesen en ese mismo lugar los próximos seis meses el mismo día y a la misma hora, ya que se aparecería en dichos días a los críos. 

Como es obvio, cuando los chiquillos fueron al pueblo a contar que habían visto a la Virgen, los familiares y vecinos no echaron cuenta de la historia narrada por los pastores. En la segunda aparición, ocurrida el 13 de junio de 1917, la Virgen anunció a los chiquillos la muerte de dos de ellos: Jacinta y Francisco, ambos hermanos, mientras que Lucía era la prima de éstos. Efectivamente, pocos años después de los sucesos de Fátima, tanto Jacinta como Francisco murieron como consecuencia de contraer la denominada "Gripe española" en 1919. Francisco murió aquel mismo año, mientras que Jacinta fallecería al año siguiente. 

Pero volviendo a 1917, fue en el tercer encuentro donde la Virgen supuestamente le confió a los chiquillos los denominados "secretos de Fátima". Unos secretos en los que la supuesta Virgen mostró en primer lugar a los niños una visión del infierno y de los demonios que allí habitaban, advirtiéndoles del lugar al que irían los pecadores si no se arrepentían de los actos cometidos, rezaban el Rosario y hacían penitencia, además de encomendarse a Dios y, según anunciaba la Virgen, a su "Inmaculado Corazón". 

El segundo secreto estaba relacionado con la propia Primera Guerra Mundial, donde la Virgen les aseguró que la guerra terminaría pronto (lo cual fue verdad, ya que su final tuvo lugar en 1918), pero advirtió a los niños que durante el futuro pontificado de Pío XI se produciría el estallido de una guerra mucho peor, en este caso la Segunda Guerra Mundial (lo cual sucedió realmente con Pío XII), algo que podría evitarse si Rusia (por entonces, la Unión Soviética) se encomendaba al Inmaculado Corazón de la Virgen. 

En el tercer y último secreto, la Virgen profetizó la destrucción de una ciudad en llamas, donde un futuro Papa y otros miembros de la Iglesia huirían a una colina pero sería asesinados por unos soldados. Tras aquellas profecías los familiares y los vecinos del pueblo comenzaron a creer la versión de los niños, y a partir de entonces los acompañaron los 13 de cada mes para ver a la Virgen, siendo solo los niños los que llegaban a verla. 

Llegados a este punto hay que situarse en el 13 de octubre de 1917, día en el que la Virgen había asegurado a los niños que haría una demostración de su poder. Aquel día, delante de 70.000 personas (una cifra bastante alta), muchos de los allí presentes aseguraron haber visto cómo el sol danzaba y emitía luces y colores radiantes. Este suceso fue cubierto incluso por la prensa portuguesa allí presente. Aquel día, precisamente, fue un día lluvioso en el municipio de Fátima, y según declararon muchos de los testigos, cuando el "Sol" pasó por encima de ellos, sus ropas, las cuales estaban empapadas de agua como consecuencia de la lluvia, se secaron de inmediato. 

Tras aquellos extraños sucesos, la Virgen desapareció y comenzó el mito de Fátima, el cual ya todos conocemos. La historia llegó a oídos del Vaticano, quienes declararon verdaderos los acontecimientos sobrenaturales vividos en Portugal, la hoy denominada Basílica comenzó a construirse y la leyenda de Fátima comenzó a expandirse por todo el mundo mientras el Papa Pío XII encomendaba al mundo, como según había pedido la Virgen, la consagración al Inmaculado Corazón de María. 

De los tres niños, solo llegó a la edad adulta Lucía, quien ingresó en un convento en 1921 hasta su muerte en 2005 (solo dos meses antes del fallecimiento de Juan Pablo II), ratificando el resto de su vida lo que vivió junto a sus primos. Jacinta y Francisco, como ya he comentado antes, fallecieron como consecuencia de la gripe y murieron con solo 11 y 9 años, tal y como había profetizado la Virgen en 1917. 

Dicho esto, y después de hacer un breve resumen de los hechos ocurridos en Portugal, cabe preguntarse: ¿Qué fue lo que vieron realmente aquellos chiquillos? Si existe la Virgen María es de muy poca delicadeza mostrarles a unos críos que apenas alcanzaban los diez años de edad el propio infierno y los demonios que habitaban en él. Seré raro, pero considero espeluznante e incluso terrorífico que la propia Virgen María hiciese eso. Por otro lado, es curioso cómo la supuesta Virgen les pidió a los críos que manifestasen que había que consagrar su Inmaculado Corazón al mundo y a Rusia. 

Para empezar, ¿No habíamos quedado que consagrando nuestra vida a Dios nuestras vidas tendrían salvación? ¿Por qué la Virgen pediría al mundo la veneración de su Sagrado Corazón también? Recordemos que dentro del Cristianismo, el ser humano solo se debe a Dios, no a la Virgen, ni a los Ángeles ni a los Santos. De hecho tengo la duda incluso de si esa entrega se extiende también a Jesucristo (único mediador entre Dios y el ser humano) y al Espíritu Santo o solo a Dios Padre. Esto último es una cuestión donde ya entraría el Misterio de la Santísima Trinidad, con lo cual daría para otra entrada íntegra sobre esta cuestión, y de la que ya me pronuncié en parte en una que publiqué hace casi un año titulada "La Biblia: enigmas e incongruencias". 

Pero volviendo a Fátima, ¿Por qué la Virgen utilizaría a esos niños para profetizarles además su propia muerte? ¿Acaso un ente misericordioso haría esto a unas criaturas inocentes? ¿Y qué hay de cierto en lo que respecta al tercer secreto? En el año 2000, el Vaticano anunció que la tercera profecía se había cumplido con el intento de asesinato de Juan Pablo II el 13 de mayo (Día de Fátima) de 1981. 

Pero la profecía de Fátima habla de la destrucción de una gran ciudad (supuestamente sería Roma), de muertos y de un Papa que huye a las colinas para ser asesinado por unos soldados. Lo ocurrido en 1981 no fue, bajo ningún caso, un escenario de este tipo; por no hablar de que Juan Pablo II (el cual creyó que fue la Virgen de Fátima quien lo salvó) no falleció, sino que sobrevivió al intento de asesinato perpetrado por Alí Agca. 

Todo hace indicar pues que el Vaticano tiene información de primera mano sobre los secretos paranormales que la supuesta Virgen le confirió a los pastores y decidieron anunciar falsamente en el año 2000 que el tercer secreto ya se había producido y cumplido, cuando es bastante probable que no sea así y que incluso el tercer secreto lleve implícito revelaciones sobre el Apocalipsis y que puede, o quizás no, que lo veamos realmente en un futuro no muy lejano.

Por otro lado, ¿Qué fue lo que se vio en los cielos el 13 de octubre de 1917? los astrónomos no vieron en ningún momento un movimiento extraño del sol durante aquel día, y llevan algo más de un siglo asegurándolo desde entonces. ¿Qué fue aquello entonces? ¿Un OVNI? ¿Un meteorito? Hay que recordar que lo vivido en octubre de 1917 no lo vieron solo los tres niños, sino más de 70.000 personas allí congregadas, entre ellos periodistas, creyentes, agnósticos, ateos, etc. 

Dicho esto, y en lo que a mí respecta debo añadir que no creo en absoluto que el ente que se presentó a esos niños fuese la propia Virgen María. Ya he dicho que me considero de unos años hasta ahora agnóstico o escéptico con las cuestiones religiosas, pero desde luego me extrañaría muchísimo, aunque todo puede ser, que la Virgen María fuese quien protagonizase unos acontecimientos que rozan más lo terrorífico que lo milagroso. Hay quienes aseguran que detrás de estas supuestas apariciones Marianas estaría el propio demonio y que todo esto tendría como objetivo desestabilizar la fe Cristiana. Como escéptico que soy, no puedo decir ni que sí ni que no, solo que es una probabilidad posible e incluso plausible.

Y sobre los sucesos de octubre de 1917, dentro de las teorías me inclino a pensar que es más probable que lo vivido en Fátima en aquel día tan turbulento estuviese más relacionado con la teoría OVNI o con sucesos ultraterrestres o extraterrestres que de un milagro religioso. De hecho, cabe añadir que los propios niños, cuando describieron físicamente a la Virgen, no la describieron como hoy conocemos las imágenes y retratos de la Virgen de Fátima, sino con una descripción bastante alejada de la cuestión religiosa. 

De hecho, y esto es algo fundamental, los niños, tras producirse la primera aparición el 13 de mayo, aseguraron que la Virgen no les dijo en un primer momento que era María, sino una entidad "que venía del cielo". Cuidado con esto porque aquí estaríamos confundiendo conceptos y habría algo o alguien interesado en un momento dado de que esa entidad bajada del cielo fuese reconocida como la misma Virgen María; y este factor pudo ser propiciado incluso por la propia entidad como por la Iglesia Católica, la cual, según se ha escrito, presionó a los niños para que afirmasen que habían visto no a una entidad que venía del cielo sino a la propia Virgen María.

Como se puede comprobar, los sucesos de Fátima, algo más de un siglo después de producirse, generan incertidumbre, respeto, miedo e incluso pánico y terror en muchas personas cuando salen a la luz las profecías, los sucesos de 1917 y todo lo que vino después, lo cual es mucho más profundo de lo que he contado, pero que obviamente me llevaría para escribir un libro y no una entrada.

Personalmente debo decir que cuando viajé con mis padres en 2004 a Portugal, hicimos parada en Fátima. Como chaval de 12 años que tenía por aquel entonces, me llamaban sobre todo la atención las enormes imágenes que había en los sinfines de quioscos y tiendas en aquella ciudad. De hecho, como creyente que era por aquel entonces, quería llevarme una de las más grandes que estaban a la venta en aquellos quioscos pero, como es obvio, ni la economía daba para tanto ni había espacio en el coche, ni en casa, para hacerle un hueco tan amplio a la Virgen, con lo cual me tuve que conformar con una de un tamaño mediano, la cual aún conservo en casa. 

Cuando llegamos a la plaza de la Basílica recuerdo que sentí por un momento como si estuviese en la Plaza de San Pedro en Roma y estuviésemos delante del propio Vaticano. Obviamente, no estábamos en Roma, pero las apariencias del lugar eran, salvando las distancias, bastante parecidas. Recuerdo a los fieles caminando en rodillas hasta la Basílica, y recuerdo a la auténtica Virgen de Fátima, la cual me llamó la atención porque era de hecho incluso más pequeña que las que estaban vendiendo en los quioscos aledaños. Desde entonces nunca he vuelto a ir a Fátima, aunque siempre que veo la procesión de la noche del 12 al 13 de mayo me llama la atención el ir de nuevo. 

Esa procesión nocturna repleta de velas y con ese ambiente apocalíptico y profético es, cuando menos, curioso, incluso para un escéptico como yo. ¿Qué es lo que pasó verdaderamente en Fátima? Nunca lo sabremos ¿Quién era esa entidad realmente? Tampoco lo sabremos, aunque me decanto por cualquier entidad no humana, descartando a su vez a la propia Virgen, y no excluyendo, dentro de mi escepticismo, a una entidad demoníaca. Otra cuestión que llama la atención, y que no he comentado a la hora de narrar la historia, es que los niños recibieron en tres ocasiones la visita de "un Ángel" en 1916, el cual les instaba a rezar a Jesús y a María, con el fin de prepararlos teóricamente para la llegada de la Virgen el 13 de mayo de 1917.

Una cuestión, la del número tres, el cual se repite en varias ocasiones tanto a lo largo de esta historia como en la propia Biblia: tres fueron las visitas del supuesto Ángel a los niños, tres eran los propios niños, tres fueron los secretos que la supuesta Virgen le confirió a los pastores, seis veces se apareció la Virgen a los niños (el doble de tres y el número de la bestia), sobre las tres de la tarde (la hora novena) fue cuando, según los Evangelios, murió Jesucristo, tres fueron los días que transcurrieron desde la muerte de Cristo a su Resurrección y tres fueron las negaciones de San Pedro al Señor. 

Del mismo modo, tres fueron las tentaciones de Satanás a Jesús en el desierto, tres fueron los magos que fueron a adorar a Jesús al pesebre (otras fuentes aseguran que fueron cuatro), tres fueron los Ángeles que se le aparecieron a Abraham (algunos sostienen que representaban la Santísima Trinidad) y tres fueron los apóstoles más cercanos a Cristo, los cuales estuvieron presentes tanto durante la resurrección de la hija de Jairo como durante la Transfiguración de Jesús, siendo éstos igualmente quienes estuvieron más cerca de él durante su oración y prendimiento en el huerto de Getsemaní. Casualmente, tres eventos que involucran a estos tres apóstoles.

Por otro lado, tres son las Entidades que forman la Santísima Trinidad, tres fueron las veces que Jesucristo oró en el Getsemaní, tres fueron los años que Jesús dio a conocer su ministerio, tres fueron, según los Evangelios Apócrifos, las caídas de Jesucristo con la cruz en su camino al Calvario, con treinta y tres años Cristo fallece y resucita, y treinta monedas de plata fueron pagadas a Judas por su traición a su maestro. Si el número tres se repite tantas veces tanto en Fátima como en la Biblia, ¿Quién nos dice que el fin de la humanidad no llegará en el milenio actual, en el III Milenio? Es una cuestión que, como escéptico, dejo en el aire. 

En definitiva, nunca sabremos lo que pasó realmente en Fátima ni qué o quién se esconde detrás de esta historia tan sobrenatural. Por supuesto, en lo que a mí respecta, estoy plenamente convencido de que las profecías de la supuesta Virgen nunca llegaron a publicarse en su integridad y que hay muchos secretos ocultos en estas "Apariciones Marianas", como también las hay en el caso de Lourdes, con Bernadette Soubirous (¿Qué o quién era esa entidad que se presentaba a sí misma como "La Inmaculada Concepción? un término que la Biblia no reconoce a la Virgen María), Garabandal u otros lugares, los cuales están rodeados de misterios y de oscuros detalles que nunca llegaremos a conocer.  

sábado, 6 de diciembre de 2025

Pedro Sánchez: un personaje shakespeariano


Cada vez que veo últimamente en los medios a Pedro Sánchez se me viene a la mente la idea de que el todavía presidente del gobierno es un personaje que encajaría perfectamente en un drama de William Shakespeare. Un gobernante que resiste completamente a todo, que es admirado por muchos y odiado por otros muchos, que es hábil a la hora de esquivar los golpes que la política ofrece periódicamente y cuya ambición y despotismo no conoce límites.

En lo que a mí respecta, siempre he sido más partidario de William Shakespeare que de nuestro compatriota, Miguel de Cervantes. Aunque el debate y la "rivalidad" entre ellos es mítico, debo reconocer que a mis 33 años, apenas he leído algunas páginas de El Quijote, mientras que a través de la película que magistralmente dirigiría Joseph L. Mankiewicz en 1953, "Julio César" de Shakespeare, me introduje a leer la obra del dramaturgo inglés, y de ahí a leer posteriormente "Antonio y Cleopatra", la cual la considero una secuela de "Julio César", y a partir de entonces, otras obras del autor. 

Es verdad que hay obras de Shakespeare que ni siquiera he leído, como "Romeo y Julieta", "El sueño de una noche de verano", "Enrique V", "Otelo", etc; pero también he leído otras obras suyas que son magistrales: "Hamlet" (el mítico monólogo "Ser o no ser" ya es solamente una obra maestra), "El Rey Lear", "Ricardo III", "Macbeth". Como se puede apreciar, me decanto más por el perfil de sus obras trágicas y/o históricas que de sus comedias. 

En ese sentido, valga la ironía, se puede considerar que soy un "traidor a la patria" al decantarme por el autor anglosajón en lugar de hacerlo por nuestro gran literario castellano. Eso no quita bajo ningún concepto que El Quijote no sea una obra magna, la mayor de la literatura española, pero reconozco que las aventuras del hidalgo de la Mancha y Sancho Panza no terminan de atraerme tanto como sí lo hacen en cambio las tragedias de Julio César, Cleopatra, Marco Antonio, Lear, Hamlet, Macbeth o Ricardo III, entre otros personajes shakespearianos.

Dicho esto, y volviendo al inicio de lo expuesto en la entrada, estoy plenamente convencido de que si William Shakespeare viviese en pleno siglo XXI y residiese en España, estaría ya escribiendo una obra que tuviese a Pedro Sánchez como protagonista. Y es que el presidente del gobierno tiene muchas similitudes, y no precisamente buenas, con muchos de los personajes que describió brillantemente Shakespeare. Sobre todo hay tres personajes en los que se puede ver reflejada la personalidad de Sánchez: Julio César, Macbeth y Ricardo III. 

En Julio César observamos en el dictador romano a un líder soberbio, ambicioso, polarizante, egocéntrico, narcisista, seguro de sí mismo, y convencido absolutamente de su superioridad sobrehumana por encima del resto; cualidades (o defectos, mejor dicho) todas ellos que podemos encontrar en Pedro Sánchez a la primera de cambio. En Julio César, dichos factores son, además de la envidia que los propios conspiradores siente hacia César, los motivos que llevan a éstos a tramar su caída en los Idus de marzo. 

En Macbeth descubrimos a un personaje que, aun perteneciendo a la nobleza, logra de forma inesperada alcanzar el trono de Escocia y cuya personalidad también es muy equiparable a la del jefe del gobierno: ambición desmedida, ausencia absoluta de escrúpulos tanto a la hora de alcanzar el poder como a la hora de mantenerse en el mismo posteriormente, desconexión con la realidad (lo que en España podemos definir como "El síndrome de la Moncloa") y su alianza con personajes tan amorales como el propio monarca. 

En el caso de Macbeth encontramos un factor que lo hace incluso más llamativo en lo que respecta a la comparación con Sánchez, y es la figura de su esposa, Lady Macbeth, cuya ambición es igual o incluso más desmedida que la del propio Macbeth a la hora de ostentar y perpetuarse en el poder. Un caso que nos recuerda bastante a la esposa del propio Sánchez, Begoña Gómez, cuya ambición y falta de escrúpulos siempre se han comentado que están, como mínimo, a la altura de los de su marido. 

Y por último tenemos el caso de Ricardo III, un miembro de la familia real inglesa que contra todo pronóstico consigue llegar al trono y cuyo perfil es también bastante parecido al de Pedro Sánchez. En el caso del que fuera rey de Inglaterra encontramos muchos factores similares con el líder socialista, como pueden ser la ambición ilimitada (lo cual se repite, como ya he señalado antes, con Julio César y Macbeth), un cinismo absoluto a la hora de realizar sus acciones, una habilidad asombrante de manipulación, un narcisismo desmedido, desprecio y traición hacia quienes le son leales, así como una inteligencia fría y calculada y un desapego absoluto con la realidad. 

Como podemos ver, los perfiles de estos tres personajes shakespearianos son bastante similares a los del actual jefe del ejecutivo español, sobre todo los de Macbeth y Ricardo III; pero si tuviese que decantarme por uno, éste sería casi con toda seguridad Macbeth, ya que reúne el mismo perfil en cuanto a personalidad se refiere con Pedro Sánchez. También el rey inglés, Ricardo III, tiene componentes que hacen recordar en gran medida al presidente Sánchez, e incluso Julio César, aunque quizás en menor medida en el caso del dictador romano. Pero sin duda, de los tres es el rey escocés Macbeth quien se lleva el gato al agua cuando hablamos de comparaciones con el inquilino de la Moncloa. La prueba de ello está en algunos de los ejemplos de Sánchez a la hora de demostrar su egocentrismo en estos siete años de gobierno, egocentrismo que recuerda en muchos casos al de Macbeth. 

Por ejemplo, en estos años como presidente, ¿Cuántas veces hemos visto a Sánchez hablar y actuar de forma despótica, arrogante, fría e incluso narcisista? conviene recordar cómo poco después de su llegada al poder tras la moción de censura en 2018, Sánchez recordaba en todas las entrevistas que concedía que él era el presidente del gobierno. Un factor que no hacía falta que diese a conocer, ya que todos sabíamos, obviamente, que ya era presidente del gobierno. La cuestión aquí está en si se lo decía a los ciudadanos o se lo decía a sí mismo, para autoconvencerse de que él era quien ostentaba ya el poder y de esta forma decidir sobre los destinos del país. 

Otro ejemplo lo encontramos en una de esas entrevistas en las que, tras llegar a la Moncloa afirmó aquello de "Soy el presidente del gobierno y haré lo que quiera en la Cámara (refiriéndose al Congreso de los diputados)". Después de siete años de presidencia, la actitud de Sánchez sigue siendo la misma o incluso peor, demostrando así que no solo es un personaje digno de una obra de Shakespeare, sino que puede que incluso haya leído las obras del dramaturgo inglés para tomar nota de cómo hay que portarse cuando se ostenta el poder. 

Si las obras de Shakespeare son los ejemplos de cómo actúan los líderes políticos despóticos (un término con el que, dejando a un lado el Julio César de Shakespeare, rechazo definir al dictador romano), la legendaria y magna obra de Maquiavelo "El Príncipe", sirve como guía a la hora de aprender cómo hacer uso de ese poder. Personalmente, creo que Pedro Sánchez ha consultado dichas obras, tanto las de Shakespeare, como "El Príncipe" de Maquiavelo. Solo de esa forma se puede llegar a la conclusión del porqué actúa y gobierna Pedro Sánchez con esa avaricia, ambición ilimitada, ira y soberbia. Por otro lado puede que quizás quien esté equivocado sea yo, y el perfil de Sánchez obedezca simplemente a su propia personalidad, sin necesidad de haber leído a Shakespeare y/o a Maquiavelo. 

De lo que no hay duda es que el final de Julio César, Macbeth y Ricardo III es un final trágico para aquellos que ostentan el poder creyéndose por encima de las Leyes y creen ser Dios en la tierra, sin posibilidad alguna de que nada ni nadie frene sus deseos desmedidos de poder y sus acciones como gobernantes. En ello está también Pedro Sánchez, quien a pesar de todos los casos de corrupción que le acechan tanto a él, a su familia, a su gobierno y a su partido, sigue creyendo estar por encima del bien y del mal y sigue plenamente convencido de que, finalmente, saldrá victorioso una vez más de todos los reveses políticos y personales que ahora está sufriendo. 

La cuestión es ¿Lo conseguirá? de aquí a julio de 2027, o incluso antes, saldremos de dudas. Los personajes de Shakespeare tuvieron, como todos sabemos, un duro final, ¿Cómo será el final de Pedro Sánchez? Obviamente no igual que el de los personajes de Shakespeare, literalmente hablando, pero sí puede que igual de duro en lo político. Quizás su caída esté a la altura de lo que ha sido su gobierno y su forma tiránica y despótica de ejercer el poder; o quizás puede que, siguiendo la guía de Maquiavelo, consiga pese a todo seguir en el gobierno. 

La respuesta la tendrán próximamente las urnas (e Indra), y todos sabemos cómo es el pueblo: ignorante, adoctrinable y utilizable. La propia escena de Julio César en la que Bruto justifica el asesinato del dictador, convenciendo así a los ciudadanos que hasta entonces lloraban su muerte, y el posterior discurso de doble sentido que Marco Antonio utiliza para halagar a César de forma ágil, frívola e irónica, el cual provoca que los romanos vuelvan a llorar la muerte de César y decidan vengar su muerte, es un reflejo perfecto de que si el desenlace de todo esto lo tienen en sus manos los ciudadanos, ya podemos esperar con ello el peor de los finales posibles. 

martes, 2 de diciembre de 2025

Sánchez, acorralado y atrincherado


Si ya este 2025 está siendo un año de escándalos y corrupción por doquier, el final del mismo no iba a ser menos. La entrada en prisión provisional el pasado jueves, 27 de noviembre, del ex ministro de Industria y ex número 3 del PSOE, José Luis Ábalos y de Koldo García, uno de los principales implicados en la trama de corrupción que salpica al PSOE, ha supuesto un terremoto en la política española bastante considerable. 

Un terremoto que veremos cómo acaba, ya que desde la entrada en prisión de Ábalos y Koldo, e incluso desde horas antes de que el juez dictaminase prisión provisional para ambos hace casi una semana, los dos individuos han comenzado a "cantar la Traviata". Una "Traviata" que amenaza directamente al propio Pedro Sánchez y a su mujer, Begoña Gómez, como consecuencia del rescate que el gobierno realizó en 2020 con la compañía Air Europa y en donde la mujer del presidente del gobierno tuvo un papel destacado. 

Hasta ahí todos sabemos más o menos cómo era la historia; la cuestión viene cuando el hijo del propio Ábalos (obviamente, con la autorización previa de su padre) ha comenzado a hablar y a apuntar a Moncloa como el epicentro de toda la trama de corrupción que salpica al PSOE y ha acusado a Begoña Gómez de ser la responsable a la hora de presionar a su marido para que éste expulsase a Ábalos del gobierno. Pero no solo es el hijo de Ábalos quien ha comenzado a hablar, sino también el propio ex ministro horas antes de entrar en la cárcel, el cual ha señalado que investigar Air Europa sería "abrir el melón", alegando a continuación que de investigar dicha trama se podría llegar hasta Begoña Gómez. 

Eso por un lado, por otro tenemos las declaraciones que el propio Ábalos ha realizado a Okdiario, donde afirma rotundamente que Sánchez le llamó a Moncloa en septiembre de 2023 para filtrarle que la Fiscalía estaba investigando a Koldo García, lo cual llevaba emparejado la orden de Sánchez para que tanto Ábalos como Koldo destruyesen pruebas. Ahí hablamos ya de un delito de filtración de secretos por parte del propio presidente del gobierno, el mismo delito por el que hace solo unos días fue condenado el ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz.

Pero no solo Ábalos ha comenzado a "cantar", Koldo García también ha comenzado a destapar algunas cuestiones, las cuales afectan a Moncloa y, sobre todo, a Begoña Gómez en la trama de Air Europa. La cuestión aquí es ¿Ábalos y Koldo van a por todas o todo esto es solo un aviso a navegantes para que Moncloa dé luz verde a su salida inmediata de la cárcel? Personalmente, soy bastante escéptico con este cambio de posición y estas acusaciones que ambos sujetos están realizando en los últimos días contra el propio Sánchez y su mujer. 

En lo que a mí respecta, me inclino más por la segunda opción y creo que todo esto forma parte de una estrategia conjunta de Ábalos y Koldo para salir cuanto antes de la cárcel a través de estas declaraciones a la prensa previas a su ingreso en prisión, las cuales servirían de presión contra Pedro Sánchez para que éste saque a ambos de la cárcel de Soto del Real más pronto que tarde. 

Buena prueba de ello es que hoy mismo se ha conocido que ni Ábalos ni Koldo tienen intención de "tirar de la manta" cuando comparezcan ante el juez, lo cual es un indicio más que razonable para determinar que todo esto no es más que una amenaza a Moncloa y no una guerra abierta contra Sánchez, el gobierno y el PSOE en su conjunto. Quien quiere colaborar con la Justicia lo hace, y si se niega a hacerlo es porque este tipo de confesiones son solo amenazas para que el receptor de dichas declaraciones tome las decisiones pertinentes para poner en libertad a estos tipos. 

Y por si fuese poco todo lo que llevamos visto desde hace casi una semana, hoy nos hemos enterado de que Sánchez prepara de forma exprés el relevo en la dirección de la UCO para apartar al hasta ahora jefe de este organismo y nombrar a un sustituto afín al gobierno, el cual frenaría las investigaciones que por parte de este organismo se están realizando en estos instantes sobre Ábalos, Begoña Gómez, el PSOE, etc, así como la publicación de los informes que la propia UCO aportaría en su momento sobre dichos casos. Como se puede ver, Sánchez va a pecho descubierto y actúa ya de una forma descarada a la hora de defender sus propios intereses y los de su familia. 

Un Pedro Sánchez que en estos momentos se encuentra en una posición extremadamente débil y cuya continuidad en Moncloa depende exclusivamente de la voluntad de sus socios de no dejarle caer por temor a la llegada al gobierno de una coalición PP-VOX. Eso por un lado, por otro radica el hecho de que Junts, hasta hace unos días socios de gobierno de Sánchez, rechazan de forma tajante apoyar ninguna moción de censura que presente el PP de Feijóo en el Congreso. Como se puede apreciar, a pesar de la aparente ruptura entre PSOE y Junts, los de Puigdemont reniegan a su vez de darle la estocada final a un Sánchez más debilitado que nunca. ¿Por qué no lo hacen? Eso habrá que preguntárselo a Puigdemont.

Lo que sí apoyaron tanto PP, VOX y Junts en el Congreso el pasado 27 de noviembre (el mismo día de la entrada de Ábalos y Koldo en prisión) fue el rechazo a la senda de estabilidad (primer paso para la presentación de los Presupuestos Generales del Estado) presentada por el gobierno del PSOE, lo cual supone la antesala de una eventual derrota si el ejecutivo socialista decide finalmente presentar los Presupuestos de 2026 en las Cortes Generales.

Si dicho escenario se produjese y el gobierno no consigue aprobar los Presupuestos de 2026 o ni siquiera hace el intento por presentarlos, estaríamos ante la primera ocasión de la historia reciente de España en la que un gobierno no aprueba ni un solo Presupuesto General del Estado en toda la legislatura. Es obvio que si en 2026 no se aprueban dichos Presupuestos, menos aún se aprobarán en 2027, con la llegada de las elecciones autonómicas, municipales y generales ese mismo año, ya que los socios de Sánchez tendrían ahí mucho que perder y poco que ganar si finalmente aprobasen los Presupuestos de 2027. 

España está pues desde hace tres años con unos Presupuestos prorrogados de la anterior legislatura y con un gobierno completamente calcinado por los casos de corrupción, noqueado en el extranjero y bloqueado internamente ante la falta de apoyos parlamentarios para aprobar ni una sola ley. Pero a fin de cuentas, ¿Qué más dá que estemos inmersos en este escenario de declive progresivo? Lo importante para Pedro Sánchez es que él sigue durmiendo en la Moncloa y que de ahí no lo saca nada ni nadie. 

Este último movimiento por parte del presidente de relevar al director de la UCO es otra jugada sucia que demuestra hasta qué punto está el líder del PSOE dispuesto a llegar con tal de no abandonar el poder. Si en 2016, los propios socialistas acabaron, literalmente, a hostias en el polémico e histórico comité federal del 1 de octubre de 2016, el cual provocó la expulsión de Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE (a la cual volvería meses después), ahora, con él pilotando la nave del Estado, todo hace presagiar que su segunda y posible definitiva salida de la política española será, sobre todo, dramática, agresiva y altamente peligrosa.

Hay quienes aseguran que todo está finiquitado y que, en este escenario, Sánchez tendrá que convocar sí o sí elecciones generales anticipadas para 2026. Yo personalmente no lo creo así. Sánchez será todo lo peor que queramos decir de él, que lo es; pero si algo ha demostrado Sánchez en estos once años en la primera línea política es su perseverancia y su capacidad de salir a flote incluso cuando los suyos lo daban por liquidado políticamente. Algunos ya tienen guardado el champagne en la nevera, a la espera de que Sánchez decida convocar elecciones. 

Yo les aconsejaría a éstos que mantuviesen bien guardado el champagne hasta 2027. De hecho me apostaría lo que fuese a que de una u otra manera, Sánchez saldrá reelegido presidente del gobierno, aunque pierda las elecciones generales. A diferencia de Felipe González en 1996, la corrupción podrá hacer que Sánchez pierda los comicios en 2026, o 2027 si la legislatura agota los cuatro años, pero no podrá privarle de seguir gobernando junto a sus actuales socios, aunque quede en un pésimo lugar, frente a una derecha que por uno u otro motivo no consiga formar gobierno. 

Y mientras tanto ¿Qué hace la oposición? Manifestarse en las calles, como a los propios populares les gusta. Manifestaciones absurdas que no llevan a nada, salvo a cortar la vía pública mientras sus convocantes y las personas que secundan dicha manifestación reclaman algo que Sánchez jamás concederá: convocar elecciones para entregarle sin más el gobierno a una derecha (PP-VOX) cuyas encuestas pronostican un resultado que superaría los doscientos diputados. 

Por ello, y a pesar de lo que estamos viendo en los últimos días, semanas y meses, me atrevo a vaticinar que Sánchez, contra todo pronóstico, conseguirá de una forma u otra no solo concluir la legislatura, sino mantenerse en el poder más allá de 2027. Espero equivocarme enteramente en mi pronóstico, pero ya sabemos que Sánchez es capaz de todo con tal de permanecer en el gobierno al precio que sea. 

Dá igual lo que digan Ábalos y Koldo (si siguen hablando), dá igual que la UCO quede bloqueada a merced de lo que diga Sánchez cuando designe al frente de este organismo a un director afín a él, dá igual que la corrupción sea la protagonista de las noticias diarias, al igual que ocurriera hace treinta años en los últimos meses de Felipe González en el gobierno; de una u otra forma, Sánchez saldrá nuevamente victorioso, e incluso voy más allá, si Sánchez finalmente es derrotado y Feijóo asume con Abascal el gobierno en una coalición gubernamental entre PP y VOX, España estará igualmente perdida. 

Por mucho que aticemos, y con toda la razón del mundo, contra Pedro Sánchez, él no es más que una pieza de un juego que está completamente corrompido, con independencia de que se cambien dichas piezas. Ese juego es el propio régimen del 78, el cual ha demostrado sobradamente que está en una fase parecida a la que hace cien años padeció el propio sistema de la Restauración de 1876, con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera al frente. 

El propio video de hoy publicado por Juan Carlos I en "favor" de su hijo, Felipe VI (un video que desde Zarzuela han rechazado y que se publica a solo cuarenta y ocho horas de la publicación de las memorias del rey emérito en España), es un claro síntoma de las rencillas, venganzas y luchas de poder entre los representantes de las más altas instituciones del Estado; un Estado que está en su fase terminal y que con este escenario devastador y abismal demuestra una vez más su declive y la sensación de estar al borde de su epílogo.