Lo ocurrido en el día de ayer es uno de esos capítulos que pasarán a los anales de la historia y, especialmente, a los anales de la historia de la presidencia de Donald Trump. Hace algo menos de veinticuatro horas, EEUU ha atacado puntos claves en Caracas y han detenido al presidente venezolano, Nicolás Maduro y a su mujer, Cilia Flores, los cuales han sido trasladados hace unas horas a Nueva York para ser enjuiciados por delitos de narcoterrorismo y narcotráfico.
Tras varios meses de tensión entre EEUU y Venezuela, la Casa Blanca dio ayer la orden de atacar Caracas y capturar a Maduro en una operación relámpago donde al menos cuarenta venezolanos han muerto durante el desarrollo de dicha operación militar. Tras la detención de Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció para informar sobre los detalles del ataque militar y sobre los planes que EEUU tiene previsto hacer a partir de ahora con Venezuela.
Una Venezuela que, por mucho que algunos crean lo contrario, no ha pasado página del régimen chavista. El ataque militar (o la invasión, como queramos llamarlo) a Venezuela ha supuesto la caída de Maduro, pero no la del régimen totalitario que durante más de veinticinco años lleva oprimiendo a los venezolanos y a intervenido de forma clara en la política interna española. Maduro ha caído, sí, pero el chavismo, por desgracia, sigue vivo.
Pero por si esto no fuese poco, durante la comparecencia de Trump en su residencia privada en Florida ha afirmado que tras el derrocamiento de Maduro, será EEUU quien se haga cargo del gobierno de Venezuela hasta que el país esté en condiciones de llevar a cabo una transición hacia un sistema democrático. Todo esto tras afirmar Trump que los motivos del ataque contra el dictador venezolano obedecían al hecho de que Maduro dirigía una red de narcotráfico, la cual suministraba cocaína como arma contra EEUU.
También hizo referencia, como es obvio, a la vulneración de los Derechos Humanos por parte del hasta ayer presidente venezolano y del régimen que lideraba, así como a la decadencia económica, social y política a la que ha llevado a Venezuela. Pero sobre todo hizo hincapié en la cuestión más interesante de todas: el petróleo. Un elemento que pasará teóricamente, según ha afirmado Trump, a manos de Estados Unidos mientras la Administración Trump ocupa el país sudamericano y gobierna el territorio.
Personalmente, debo decir que se agradece en parte la sinceridad de Trump al hablar de este asunto. Al contrario de lo ocurrido con Bush padre o Bush hijo durante sus intervenciones militares en Irak en 1991 y 2003, Trump no se ha envuelto en la bandera y los valores de la libertad para saquear los fosos de petróleo en Venezuela, sino que directamente ha confirmado que uno de los motivos que ha llevado a EEUU a invadir Caracas es precisamente la "Explotación" del petróleo venezolano. Quien avisa no es traidor.
No es algo nuevo el hecho de que EEUU invada otros países por intereses petrolíferos, pero en este caso no ha habido necesidad de utilizar el tan quemado como falso discurso en favor de la libertad para invadir Venezuela, ya que el propio Trump ha confirmado que entre otras cuestiones, el petróleo era uno de sus objetivos. Por otro lado, resulta curioso cómo el presidente de EEUU se ha quedado tan campante cuando ha dicho que su país permanecerá y gobernará el tiempo que haga falta Venezuela hasta que se den las condiciones para ir hacia un nuevo sistema democrático.
No ha habido mención ni a María Corina Machado, excepto para aclarar que no es lo suficientemente popular en Venezuela como para ser la futura presidenta, ni al fugado Edmundo González ni a ningún otro líder de la oposición venezolana, lo cual demuestra que los intereses de EEUU con respecto al país sudamericano no son precisamente por cuestiones de democracia y/o totalitarismo. Una oposición venezolana que, todo hay que decirlo, es tan miserable como lo es el propio régimen chavista.
Un régimen que ha asesinado, expropiado, encarcelado y torturado a miles de venezolanos mientras entrometía sus narices en nuestro país, financiando la aparición de figuras como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero a la par que hacía negocios ilícitos con el ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ahora huérfano de su amigo Nicolás Maduro y probablamente preocupado, al igual que Pedro Sánchez, sobre el devenir de los acontecimientos que se produzcan en Venezuela.
Dicho esto, conviene preguntarse lo que desde hace unas horas lleva preguntándose todo el mundo: ¿Dónde queda el derecho de soberanía e independencia? ¿Y dónde queda el Derecho Internacional ante esta situación? Maduro es un criminal que merecía lo que le ha ocurrido y más, sí; ¿Pero dónde queda la soberanía, la independencia y la integridad nacional venezolana en todo esto?
Una vez más, EEUU ejerce, al igual que lo hiciera Roma hace dos mil años, en la hegemónica policía mundial. ¿Acaso Trump tiene derecho a invadir un país y, en cierta forma, convertirlo en una colonia tras detener a su hasta ahora presidente? Con esto no estoy defendiendo, y Dios me libre de ello, a Maduro, ya que hablamos de un dirigente criminal e ilegítimo, pero sí hago hincapié en la invasión ilegítima de la soberanía e independencia de Venezuela en pos de los intereses estadounidenses. Mucho cuidado con esto porque se asienta un precedente bastante peligroso ante el silencio de la mayoría de la Comunidad Internacional.
Ante todo esto cabe preguntarse también ¿Qué papel desarrollarán ahora Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y tantos otros pesos pesados del régimen venezolano? ¿Dejarán que Trump los detenga sin más o colaborarán con la Casa Blanca para evitar que sus cabezas rueden junto con la de Maduro? Por el momento, a Delcy Rodríguez le ha pillado, casualmente, el ataque en Rusia. ¿Acaso estaba avisada del ataque y ha traicionado a Maduro con tal de pagar un precio que veremos próximamente? Sin duda alguna este escenario que se ha abierto es muy extraño a la vez que interesante.
Por supuesto, no voy a hacer más hincapié en la oposición venezolana, ya que la considero, como ya he dicho antes, tan miserable, corrupta y criminal como el propio régimen chavista. ¿Volverá ahora el ganador de las pasadas elecciones, Edmundo González, a Caracas, o seguirá viviendo a cuerpo de rey en el barrio de Salamanca de Madrid? Es muy fácil hablar de libertad y de Derechos Humanos cuando te exilias al otro lado del Atlántico y dejas tirado a los tuyos tras ganar teóricamente unas elecciones por miedo a que caiga tu cabeza, pero eso es lo que representan la mayoría de los dirigentes de la oposición venezolana. Que se lo pregunten también a los ya olvidados Juan Guaidó o Leopoldo López.
Y por último, y no menos importante, cabe añadir el papel que desempeñará España a partir de ahora en este nuevo tablero y cómo afectará esto a la izquierda española, tan unida al régimen chavista. Por el momento, Pedro Sánchez ha ofrecido su mediación y ha afirmado de forma cobarde que por parte de España, el gobierno nunca ha reconocido a Maduro como presidente en los últimos años. Hace falta tener cara, cinismo y vergüenza. Por su parte, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, etc, ya han puesto el grito en el cielo por la intervención norteamericana y han exigido que España rompa relaciones con Estados Unidos y abandone de inmediato la OTAN.
Como se puede ver, el panorama en España también va a afectar y bastante como consecuencia de la invasión de Trump en Venezuela. En estos momentos, tanto Sánchez, Zapatero, Iglesias y otros muchos líderes de la izquierda española están acojonados ante lo que Maduro pueda confesar ahora en Estados Unidos, donde se pide cadena perpetua por los delitos que se le imputan, aunque su condena podría verse reducida si decide "cantar".
Mucho cuidado con esto, insisto, porque el futuro de España y, sobre todo, de la izquierda española está en juego como Maduro decida confesar sus relaciones e intereses con España. Si la legislatura estaba ya en vía muerta, la invasión de EEUU en Venezuela supone el detonante final en la situación agónica en la que se encuentra Pedro Sánchez en estos momentos donde está más cercado que nunca por la corrupción.
Veremos pues con qué nos encontramos en las próximas horas, días, semanas y meses. Lo que está claro es que con lo ocurrido ayer en Venezuela, el futuro del país sudamericano no está asegurado en absoluto. Trump ya ha avisado hace unas horas que EEUU está preparada para un nuevo y mayor ataque si las circunstancias así lo exigen. Y mientras, los venezolanos contrarios al régimen chavista celebrando tanto en Caracas como en Madrid la caída de Maduro, creyendo ingenuamente que tras lo ocurrido hace unas horas, Venezuela volverá a vivir en democracia y libertad.
Por desgracia, y tras ver en directo la comparecencia de Trump y sus intenciones, nada asegura que esa libertad ni esa democracia vayan a volver al país sudamericano ni a corto ni a medio plazo. Venezuela no solo sigue viviendo en la dictadura chavista tras la caída de Maduro, sino que ahora cuenta también con el autoinvitado americano, el cual está dispuesto a arrasar con todas las fuentes de riquezas del país. El futuro, desde luego, no es nada prometedor.

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