sábado, 20 de diciembre de 2025

Todos a la cárcel


En 1993, el gran Luis García Berlanga nos proporcionó una de sus películas más emblemáticas "Todos a la cárcel". En aquellos años, donde ya se vislumbraba en el horizonte el final del felipismo, Berlanga quiso hacer una sátira de la situación sociopolítica que atravesaba en aquel momento España. Una España donde los casos de corrupción eran inagotables y todo cargo público cercano al PSOE acababa entre rejas como consecuencia de la red clientelar en la que se había convertido el país y sus instituciones bajo el gobierno de Felipe González. No había día donde no se oyese un nuevo escándalo que salpicase a algún personaje público. 

Creo, personalmente, que con la situación que en estos momentos atraviesa España treinta y dos años después de aquella obra cinematográfica, estoy seguro de que Berlanga, si viviese actualmente, estaría más que dispuesto a hacer una secuela mucho más ambiciosa y atrevida de la que ya realizara en los años 90. Y es que la situación que llevamos viviendo los españoles desde hace tiempo, pero sobre todo en el último año, se ha acrecentado en los últimos meses y, más que nunca, en la última semana. 

Una semana donde ha pasado de todo: la detención, posterior entrada en prisión provisional y finalmente puesta en libertad de la famosa "fontanera" del PSOE, Leire Díez; el informe de la UCO sobre el caso de los hidrocarburos; la aparición de nuevas noticias acerca del rescate que en el año 2021 realizó el gobierno de Pedro Sánchez a la empresa Plus Ultra con la presión oculta del ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; y por último el estallido del caso Salazar, el cual ha puesto en jaque a todo el PSOE al descubrirse cómo el gobierno había intentado encubrir al que fuera asesor en Moncloa del presidente Sánchez, intentando ocultar las denuncias que algunas trabajadoras del recinto presidencial habían realizado contra el socialista sevillano. 

Pero por si esto fuese poco, el caso de Paco Salazar ha abierto la veda a más denuncias provenientes de militantes y políticas socialistas, las cuales aseguran haber recibido acoso sexual por parte de alcaldes, concejales, presidentes de Diputaciones, líderes regionales y/o provinciales de su propio partido. Un partido que, a pesar de las denuncias formuladas, habría mirado, al igual que con el caso Salazar, para otro lado, dejando de lado a las víctimas y apoyando a sus acosadores hasta que la situación se ha vuelto, en algunos casos, insostenible en esta semana donde dichos acosos han salido a la luz. 

Unos acosos que se están extendiendo ya a otros partidos como el PP, VOX, Sumar, etc, y que apuntan que es solo la punta del iceberg de algo mucho más grave que está por venir. En definitiva, España ha vivido en esta semana siete días de escándalos consecutivos donde ha habido de todo mientras la imagen del PSOE y de Pedro Sánchez continúa imparable su caída mientras los escándalos de todo tipo se van acumulando. Debo añadir de hecho que la semana pasada tenía previsto escribir sobre esto, pero era tal el nivel de escándalos que estaban saliendo a la luz que he preferido esperar una semana para ver si la cosa se "tranquilizaba" relativamente dentro de todo este caos; y ahora confieso que no sabía ni cómo escribir esta entrada, ya que no sabía ni por dónde empezar. 

Esta situación: entradas en prisión de militantes o ex militantes del PSOE; la salida a la luz del caso de los hidrocarburos, en donde la Guardia Civil asegura que José Luis Ábalos y otros cargos se embolsaron más de un millón de euros por parte de la trama; la publicación de nuevos informes que acreditan la oscura función de Zapatero en el rescate de Plus Ultra, donde además ha salido publicada una exclusiva que muestra una reunión en mitad del campo entre éste y el actual presidente de la línea aérea, Julio Martínez, pocas horas antes de que éste último fuese detenido igualmente la semana pasada; y el estallido del caso Salazar, el cual se ha convertido absolutamente en una crisis no ya de corrupción sino moral dentro del propio PSOE, vaticina que estamos de lleno en una tormenta perfecta de la que ya, al menos este que escribe estas líneas, se está hartando un poco. 

España no puede estar continuamente bajo un escenario permanente de corrupción, donde cada día salen nuevos escándalos que debilitan aún más al gobierno mientras el propio Sánchez aprovecha cada ocasión que se le presenta para reafirmar que la legislatura seguirá a pesar de los escándalos y que en 2027 se presentará de nuevo como candidato para seguir en la Moncloa, como mínimo, hasta 2031. Esto no puede seguir así. Un Estado corrupto, un sistema putrefacto y un gobierno en descomposición y agonizante no pueden ser noticias diarias sin que aquí nadie asuma ninguna responsabilidad política. Con un Sánchez bunkerizado en Moncloa y siendo declarado persona non grata en algunas ciudades españolas mientras los escándalos de corrupción y de acoso sexual se acrecientan, nadie asume aquí ninguna responsabilidad ni nadie sale a las calles para poner el grito en el cielo.

¿Acaso alguien se imagina que, de haber ingresado una "fontanera" del PP en la cárcel (aunque luego fuese puesta en libertad con medidas cautelares), no estarían en estos momentos la gente manifestándose en Génova 13? ¿Acaso alguien se cree que de descubrirse el pastel sobre los hidrocarburos y las comisiones millonarias que desde el Ministerio de Transportes, con Ábalos, Koldo y Aldama al frente, éstos se llevaron a cambio de determinados favores no estarían los progres alzando la voz? ¿Acaso alguien cree que de descubrirse que Aznar hubiese estado detrás de un rescate de una empresa aérea por parte del gobierno de Rajoy, recibiendo posteriormente el ex presidente diez millones de euros como compensación, las calles no estarían ya tomadas por la izquierda para exigir la dimisión de Rajoy y exigir la cabeza de Aznar por dichas mordidas? 

¿Acaso alguien cree que de haberse escurrido el bulto en la Moncloa de Aznar o de Rajoy por cuestiones de acoso sexual y/o laboral del equipo cercano al presidente del gobierno, no estarían ya las calles ardiendo? ¿Y no estaríamos ante un escenario de disturbios, protestas, agresiones y tensión permanente si se descubriese que esa protección contra los acosadores se hubiesen extendido a otros cargos públicos del PP que también habrían acosado sexualmente a sus subordinadas? todos sabemos que sí, pero si no sale nadie a la calle es por la amoralidad y el doble, vomitivo y asqueroso rasero de la izquierda española y sus votantes, los cuales solo salen a las calles para protestar contra los escándalos que afectan a los populares y no a los socialistas. 

Está claro que esta situación ha dejado KO a Pedro Sánchez, el cual ha tenido que adelantar dos semanas el balance de fin de año en Moncloa, con el fin de romper su silencio y pasar página mientras sigue alegando que todo lo ocurrido son bulos y especulaciones sin fundamento de la extrema derecha y sus pseudomedios. Como se puede ver, a Sánchez nada le afecta. Ni siquiera cuando un número importante de políticos de su partido están envueltos en escándalos de acoso sexual. Unos escándalos que ha supuesto la dimisión de algunos y el mantenimiento de otros todavía en sus cargos ante la inoperancia del propio PSOE. Y todo esto mientras el cerco sobre Zapatero se estrecha cada vez más, hasta el punto de que algunos lo dan por finiquitado y creen que su detención es inminente. 

Sobre esto último tengo que añadir que no contemplo en ningún momento la detención de Zapatero, el cual ha quedado confirmado a lo largo de esta semana que ejerce un papel no solo de presidente en la sombra sino también de lobbysta. No olvidemos que estamos hablando de un tipo que es, para nuestra desgracia, ex presidente del gobierno. Con independencia de las comisiones millonarias de Zapatero, así como los vínculos de éste, la empresa Plus Ultra y su presidente, Julio Martínez, con Venezuela sean bastante estrechos y estén siendo investigados, dudo mucho que veamos la imagen de este miserable siendo detenido. Eso solo ocurre con los "fontaneros", como Leire Díez, la cual me sorprendió que fuese puesta en libertad cuando existe, como mínimo, un alto riesgo de destrucción de pruebas. Supongo que algo tendría que ver la amenaza que la propia Díez soltó hace poco donde advertía a su partido que si entraba en prisión "comenzaría a cantar". 

Y todo esto mientras el gobierno volvía a sufrir esta semana otra derrota parlamentaria, en este caso el segundo rechazo del Congreso a la senda de déficit, lo cual hace completamente imposible que el gobierno pueda sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2026, lo cual nos llevaría a una tercera prórroga de los Presupuestos de 2023, lo cual nos llevaría ante el panorama de situarnos en una legislatura donde no se habría aprobado ni un solo Presupuesto hasta la fecha y sin consecuencias políticas; algo nunca visto en la historia reciente de España. 

Pero a pesar de todo este colpaso y este ruído interminable de escándalos, Sánchez está más dispuesto que nunca a seguir dando la batalla y a presentarse en 2027, lo cual demuestra que los intereses de España van por un lado y los suyos por otro. Un Pedro Sánchez que está dispuesto a absolutamente todo con tal de permanecer en el poder como mínimo hasta 2027, y luego ya se verá de qué forma perpetuarse en el ejecutivo, aunque pierda estrepitosamente las próximas elecciones generales. 

Se confirma de nuevo que el egocentrismo, el despotismo y la ambición ilimitada de Sánchez son superiores a cualquiera de los escándalos que le acechan y que ya comienzan a hartar a una sociedad que contempla entre pasiva y resignada el escenario más posible: que Sánchez se atrinchere en la Moncloa con el apoyo inquebrantable de sus socios (lo cual es curioso por parte de estos partidos, ya que no contemplan el desgaste electoral que les supone el mantenimiento de Sánchez en la Moncloa) hasta 2027 mientras los escándalos de corrupción sacuden sin cesar a España en los próximos años. Ese es el escenario más temible y ese es, con toda probabilidad, el más probable. 

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