Si ya este 2025 está siendo un año de escándalos y corrupción por doquier, el final del mismo no iba a ser menos. La entrada en prisión provisional el pasado jueves, 27 de noviembre, del ex ministro de Industria y ex número 3 del PSOE, José Luis Ábalos y de Koldo García, uno de los principales implicados en la trama de corrupción que salpica al PSOE, ha supuesto un terremoto en la política española bastante considerable.
Un terremoto que veremos cómo acaba, ya que desde la entrada en prisión de Ábalos y Koldo, e incluso desde horas antes de que el juez dictaminase prisión provisional para ambos hace casi una semana, los dos individuos han comenzado a "cantar la Traviata". Una "Traviata" que amenaza directamente al propio Pedro Sánchez y a su mujer, Begoña Gómez, como consecuencia del rescate que el gobierno realizó en 2020 con la compañía Air Europa y en donde la mujer del presidente del gobierno tuvo un papel destacado.
Hasta ahí todos sabemos más o menos cómo era la historia; la cuestión viene cuando el hijo del propio Ábalos (obviamente, con la autorización previa de su padre) ha comenzado a hablar y a apuntar a Moncloa como el epicentro de toda la trama de corrupción que salpica al PSOE y ha acusado a Begoña Gómez de ser la responsable a la hora de presionar a su marido para que éste expulsase a Ábalos del gobierno. Pero no solo es el hijo de Ábalos quien ha comenzado a hablar, sino también el propio ex ministro horas antes de entrar en la cárcel, el cual ha señalado que investigar Air Europa sería "abrir el melón", alegando a continuación que de investigar dicha trama se podría llegar hasta Begoña Gómez.
Eso por un lado, por otro tenemos las declaraciones que el propio Ábalos ha realizado a Okdiario, donde afirma rotundamente que Sánchez le llamó a Moncloa en septiembre de 2023 para filtrarle que la Fiscalía estaba investigando a Koldo García, lo cual llevaba emparejado la orden de Sánchez para que tanto Ábalos como Koldo destruyesen pruebas. Ahí hablamos ya de un delito de filtración de secretos por parte del propio presidente del gobierno, el mismo delito por el que hace solo unos días fue condenado el ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz.
Pero no solo Ábalos ha comenzado a "cantar", Koldo García también ha comenzado a destapar algunas cuestiones, las cuales afectan a Moncloa y, sobre todo, a Begoña Gómez en la trama de Air Europa. La cuestión aquí es ¿Ábalos y Koldo van a por todas o todo esto es solo un aviso a navegantes para que Moncloa dé luz verde a su salida inmediata de la cárcel? Personalmente, soy bastante escéptico con este cambio de posición y estas acusaciones que ambos sujetos están realizando en los últimos días contra el propio Sánchez y su mujer.
En lo que a mí respecta, me inclino más por la segunda opción y creo que todo esto forma parte de una estrategia conjunta de Ábalos y Koldo para salir cuanto antes de la cárcel a través de estas declaraciones a la prensa previas a su ingreso en prisión, las cuales servirían de presión contra Pedro Sánchez para que éste saque a ambos de la cárcel de Soto del Real más pronto que tarde.
Buena prueba de ello es que hoy mismo se ha conocido que ni Ábalos ni Koldo tienen intención de "tirar de la manta" cuando comparezcan ante el juez, lo cual es un indicio más que razonable para determinar que todo esto no es más que una amenaza a Moncloa y no una guerra abierta contra Sánchez, el gobierno y el PSOE en su conjunto. Quien quiere colaborar con la Justicia lo hace, y si se niega a hacerlo es porque este tipo de confesiones son solo amenazas para que el receptor de dichas declaraciones tome las decisiones pertinentes para poner en libertad a estos tipos.
Y por si fuese poco todo lo que llevamos visto desde hace casi una semana, hoy nos hemos enterado de que Sánchez prepara de forma exprés el relevo en la dirección de la UCO para apartar al hasta ahora jefe de este organismo y nombrar a un sustituto afín al gobierno, el cual frenaría las investigaciones que por parte de este organismo se están realizando en estos instantes sobre Ábalos, Begoña Gómez, el PSOE, etc, así como la publicación de los informes que la propia UCO aportaría en su momento sobre dichos casos. Como se puede ver, Sánchez va a pecho descubierto y actúa ya de una forma descarada a la hora de defender sus propios intereses y los de su familia.
Un Pedro Sánchez que en estos momentos se encuentra en una posición extremadamente débil y cuya continuidad en Moncloa depende exclusivamente de la voluntad de sus socios de no dejarle caer por temor a la llegada al gobierno de una coalición PP-VOX. Eso por un lado, por otro radica el hecho de que Junts, hasta hace unos días socios de gobierno de Sánchez, rechazan de forma tajante apoyar ninguna moción de censura que presente el PP de Feijóo en el Congreso. Como se puede apreciar, a pesar de la aparente ruptura entre PSOE y Junts, los de Puigdemont reniegan a su vez de darle la estocada final a un Sánchez más debilitado que nunca. ¿Por qué no lo hacen? Eso habrá que preguntárselo a Puigdemont.
Lo que sí apoyaron tanto PP, VOX y Junts en el Congreso el pasado 27 de noviembre (el mismo día de la entrada de Ábalos y Koldo en prisión) fue el rechazo a la senda de estabilidad (primer paso para la presentación de los Presupuestos Generales del Estado) presentada por el gobierno del PSOE, lo cual supone la antesala de una eventual derrota si el ejecutivo socialista decide finalmente presentar los Presupuestos de 2026 en las Cortes Generales.
Si dicho escenario se produjese y el gobierno no consigue aprobar los Presupuestos de 2026 o ni siquiera hace el intento por presentarlos, estaríamos ante la primera ocasión de la historia reciente de España en la que un gobierno no aprueba ni un solo Presupuesto General del Estado en toda la legislatura. Es obvio que si en 2026 no se aprueban dichos Presupuestos, menos aún se aprobarán en 2027, con la llegada de las elecciones autonómicas, municipales y generales ese mismo año, ya que los socios de Sánchez tendrían ahí mucho que perder y poco que ganar si finalmente aprobasen los Presupuestos de 2027.
España está pues desde hace tres años con unos Presupuestos prorrogados de la anterior legislatura y con un gobierno completamente calcinado por los casos de corrupción, noqueado en el extranjero y bloqueado internamente ante la falta de apoyos parlamentarios para aprobar ni una sola ley. Pero a fin de cuentas, ¿Qué más dá que estemos inmersos en este escenario de declive progresivo? Lo importante para Pedro Sánchez es que él sigue durmiendo en la Moncloa y que de ahí no lo saca nada ni nadie.
Este último movimiento por parte del presidente de relevar al director de la UCO es otra jugada sucia que demuestra hasta qué punto está el líder del PSOE dispuesto a llegar con tal de no abandonar el poder. Si en 2016, los propios socialistas acabaron, literalmente, a hostias en el polémico e histórico comité federal del 1 de octubre de 2016, el cual provocó la expulsión de Pedro Sánchez de la secretaría general del PSOE (a la cual volvería meses después), ahora, con él pilotando la nave del Estado, todo hace presagiar que su segunda y posible definitiva salida de la política española será, sobre todo, dramática, agresiva y altamente peligrosa.
Hay quienes aseguran que todo está finiquitado y que, en este escenario, Sánchez tendrá que convocar sí o sí elecciones generales anticipadas para 2026. Yo personalmente no lo creo así. Sánchez será todo lo peor que queramos decir de él, que lo es; pero si algo ha demostrado Sánchez en estos once años en la primera línea política es su perseverancia y su capacidad de salir a flote incluso cuando los suyos lo daban por liquidado políticamente. Algunos ya tienen guardado el champagne en la nevera, a la espera de que Sánchez decida convocar elecciones.
Yo les aconsejaría a éstos que mantuviesen bien guardado el champagne hasta 2027. De hecho me apostaría lo que fuese a que de una u otra manera, Sánchez saldrá reelegido presidente del gobierno, aunque pierda las elecciones generales. A diferencia de Felipe González en 1996, la corrupción podrá hacer que Sánchez pierda los comicios en 2026, o 2027 si la legislatura agota los cuatro años, pero no podrá privarle de seguir gobernando junto a sus actuales socios, aunque quede en un pésimo lugar, frente a una derecha que por uno u otro motivo no consiga formar gobierno.
Y mientras tanto ¿Qué hace la oposición? Manifestarse en las calles, como a los propios populares les gusta. Manifestaciones absurdas que no llevan a nada, salvo a cortar la vía pública mientras sus convocantes y las personas que secundan dicha manifestación reclaman algo que Sánchez jamás concederá: convocar elecciones para entregarle sin más el gobierno a una derecha (PP-VOX) cuyas encuestas pronostican un resultado que superaría los doscientos diputados.
Por ello, y a pesar de lo que estamos viendo en los últimos días, semanas y meses, me atrevo a vaticinar que Sánchez, contra todo pronóstico, conseguirá de una forma u otra no solo concluir la legislatura, sino mantenerse en el poder más allá de 2027. Espero equivocarme enteramente en mi pronóstico, pero ya sabemos que Sánchez es capaz de todo con tal de permanecer en el gobierno al precio que sea.
Dá igual lo que digan Ábalos y Koldo (si siguen hablando), dá igual que la UCO quede bloqueada a merced de lo que diga Sánchez cuando designe al frente de este organismo a un director afín a él, dá igual que la corrupción sea la protagonista de las noticias diarias, al igual que ocurriera hace treinta años en los últimos meses de Felipe González en el gobierno; de una u otra forma, Sánchez saldrá nuevamente victorioso, e incluso voy más allá, si Sánchez finalmente es derrotado y Feijóo asume con Abascal el gobierno en una coalición gubernamental entre PP y VOX, España estará igualmente perdida.
Por mucho que aticemos, y con toda la razón del mundo, contra Pedro Sánchez, él no es más que una pieza de un juego que está completamente corrompido, con independencia de que se cambien dichas piezas. Ese juego es el propio régimen del 78, el cual ha demostrado sobradamente que está en una fase parecida a la que hace cien años padeció el propio sistema de la Restauración de 1876, con Alfonso XIII y Miguel Primo de Rivera al frente.
El propio video de hoy publicado por Juan Carlos I en "favor" de su hijo, Felipe VI (un video que desde Zarzuela han rechazado y que se publica a solo cuarenta y ocho horas de la publicación de las memorias del rey emérito en España), es un claro síntoma de las rencillas, venganzas y luchas de poder entre los representantes de las más altas instituciones del Estado; un Estado que está en su fase terminal y que con este escenario devastador y abismal demuestra una vez más su declive y la sensación de estar al borde de su epílogo.

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