sábado, 6 de diciembre de 2025

Pedro Sánchez: un personaje shakespeariano


Cada vez que veo últimamente en los medios a Pedro Sánchez se me viene a la mente la idea de que el todavía presidente del gobierno es un personaje que encajaría perfectamente en un drama de William Shakespeare. Un gobernante que resiste completamente a todo, que es admirado por muchos y odiado por otros muchos, que es hábil a la hora de esquivar los golpes que la política ofrece periódicamente y cuya ambición y despotismo no conoce límites.

En lo que a mí respecta, siempre he sido más partidario de William Shakespeare que de nuestro compatriota, Miguel de Cervantes. Aunque el debate y la "rivalidad" entre ellos es mítico, debo reconocer que a mis 33 años, apenas he leído algunas páginas de El Quijote, mientras que a través de la película que magistralmente dirigiría Joseph L. Mankiewicz en 1953, "Julio César" de Shakespeare, me introduje a leer la obra del dramaturgo inglés, y de ahí a leer posteriormente "Antonio y Cleopatra", la cual la considero una secuela de "Julio César", y a partir de entonces, otras obras del autor. 

Es verdad que hay obras de Shakespeare que ni siquiera he leído, como "Romeo y Julieta", "El sueño de una noche de verano", "Enrique V", "Otelo", etc; pero también he leído otras obras suyas que son magistrales: "Hamlet" (el mítico monólogo "Ser o no ser" ya es solamente una obra maestra), "El Rey Lear", "Ricardo III", "Macbeth". Como se puede apreciar, me decanto más por el perfil de sus obras trágicas y/o históricas que de sus comedias. 

En ese sentido, valga la ironía, se puede considerar que soy un "traidor a la patria" al decantarme por el autor anglosajón en lugar de hacerlo por nuestro gran literario castellano. Eso no quita bajo ningún concepto que El Quijote no sea una obra magna, la mayor de la literatura española, pero reconozco que las aventuras del hidalgo de la Mancha y Sancho Panza no terminan de atraerme tanto como sí lo hacen en cambio las tragedias de Julio César, Cleopatra, Marco Antonio, Lear, Hamlet, Macbeth o Ricardo III, entre otros personajes shakespearianos.

Dicho esto, y volviendo al inicio de lo expuesto en la entrada, estoy plenamente convencido de que si William Shakespeare viviese en pleno siglo XXI y residiese en España, estaría ya escribiendo una obra que tuviese a Pedro Sánchez como protagonista. Y es que el presidente del gobierno tiene muchas similitudes, y no precisamente buenas, con muchos de los personajes que describió brillantemente Shakespeare. Sobre todo hay tres personajes en los que se puede ver reflejada la personalidad de Sánchez: Julio César, Macbeth y Ricardo III. 

En Julio César observamos en el dictador romano a un líder soberbio, ambicioso, polarizante, egocéntrico, narcisista, seguro de sí mismo, y convencido absolutamente de su superioridad sobrehumana por encima del resto; cualidades (o defectos, mejor dicho) todas ellos que podemos encontrar en Pedro Sánchez a la primera de cambio. En Julio César, dichos factores son, además de la envidia que los propios conspiradores siente hacia César, los motivos que llevan a éstos a tramar su caída en los Idus de marzo. 

En Macbeth descubrimos a un personaje que, aun perteneciendo a la nobleza, logra de forma inesperada alcanzar el trono de Escocia y cuya personalidad también es muy equiparable a la del jefe del gobierno: ambición desmedida, ausencia absoluta de escrúpulos tanto a la hora de alcanzar el poder como a la hora de mantenerse en el mismo posteriormente, desconexión con la realidad (lo que en España podemos definir como "El síndrome de la Moncloa") y su alianza con personajes tan amorales como el propio monarca. 

En el caso de Macbeth encontramos un factor que lo hace incluso más llamativo en lo que respecta a la comparación con Sánchez, y es la figura de su esposa, Lady Macbeth, cuya ambición es igual o incluso más desmedida que la del propio Macbeth a la hora de ostentar y perpetuarse en el poder. Un caso que nos recuerda bastante a la esposa del propio Sánchez, Begoña Gómez, cuya ambición y falta de escrúpulos siempre se han comentado que están, como mínimo, a la altura de los de su marido. 

Y por último tenemos el caso de Ricardo III, un miembro de la familia real inglesa que contra todo pronóstico consigue llegar al trono y cuyo perfil es también bastante parecido al de Pedro Sánchez. En el caso del que fuera rey de Inglaterra encontramos muchos factores similares con el líder socialista, como pueden ser la ambición ilimitada (lo cual se repite, como ya he señalado antes, con Julio César y Macbeth), un cinismo absoluto a la hora de realizar sus acciones, una habilidad asombrante de manipulación, un narcisismo desmedido, desprecio y traición hacia quienes le son leales, así como una inteligencia fría y calculada y un desapego absoluto con la realidad. 

Como podemos ver, los perfiles de estos tres personajes shakespearianos son bastante similares a los del actual jefe del ejecutivo español, sobre todo los de Macbeth y Ricardo III; pero si tuviese que decantarme por uno, éste sería casi con toda seguridad Macbeth, ya que reúne el mismo perfil en cuanto a personalidad se refiere con Pedro Sánchez. También el rey inglés, Ricardo III, tiene componentes que hacen recordar en gran medida al presidente Sánchez, e incluso Julio César, aunque quizás en menor medida en el caso del dictador romano. Pero sin duda, de los tres es el rey escocés Macbeth quien se lleva el gato al agua cuando hablamos de comparaciones con el inquilino de la Moncloa. La prueba de ello está en algunos de los ejemplos de Sánchez a la hora de demostrar su egocentrismo en estos siete años de gobierno, egocentrismo que recuerda en muchos casos al de Macbeth. 

Por ejemplo, en estos años como presidente, ¿Cuántas veces hemos visto a Sánchez hablar y actuar de forma despótica, arrogante, fría e incluso narcisista? conviene recordar cómo poco después de su llegada al poder tras la moción de censura en 2018, Sánchez recordaba en todas las entrevistas que concedía que él era el presidente del gobierno. Un factor que no hacía falta que diese a conocer, ya que todos sabíamos, obviamente, que ya era presidente del gobierno. La cuestión aquí está en si se lo decía a los ciudadanos o se lo decía a sí mismo, para autoconvencerse de que él era quien ostentaba ya el poder y de esta forma decidir sobre los destinos del país. 

Otro ejemplo lo encontramos en una de esas entrevistas en las que, tras llegar a la Moncloa afirmó aquello de "Soy el presidente del gobierno y haré lo que quiera en la Cámara (refiriéndose al Congreso de los diputados)". Después de siete años de presidencia, la actitud de Sánchez sigue siendo la misma o incluso peor, demostrando así que no solo es un personaje digno de una obra de Shakespeare, sino que puede que incluso haya leído las obras del dramaturgo inglés para tomar nota de cómo hay que portarse cuando se ostenta el poder. 

Si las obras de Shakespeare son los ejemplos de cómo actúan los líderes políticos despóticos (un término con el que, dejando a un lado el Julio César de Shakespeare, rechazo definir al dictador romano), la legendaria y magna obra de Maquiavelo "El Príncipe", sirve como guía a la hora de aprender cómo hacer uso de ese poder. Personalmente, creo que Pedro Sánchez ha consultado dichas obras, tanto las de Shakespeare, como "El Príncipe" de Maquiavelo. Solo de esa forma se puede llegar a la conclusión del porqué actúa y gobierna Pedro Sánchez con esa avaricia, ambición ilimitada, ira y soberbia. Por otro lado puede que quizás quien esté equivocado sea yo, y el perfil de Sánchez obedezca simplemente a su propia personalidad, sin necesidad de haber leído a Shakespeare y/o a Maquiavelo. 

De lo que no hay duda es que el final de Julio César, Macbeth y Ricardo III es un final trágico para aquellos que ostentan el poder creyéndose por encima de las Leyes y creen ser Dios en la tierra, sin posibilidad alguna de que nada ni nadie frene sus deseos desmedidos de poder y sus acciones como gobernantes. En ello está también Pedro Sánchez, quien a pesar de todos los casos de corrupción que le acechan tanto a él, a su familia, a su gobierno y a su partido, sigue creyendo estar por encima del bien y del mal y sigue plenamente convencido de que, finalmente, saldrá victorioso una vez más de todos los reveses políticos y personales que ahora está sufriendo. 

La cuestión es ¿Lo conseguirá? de aquí a julio de 2027, o incluso antes, saldremos de dudas. Los personajes de Shakespeare tuvieron, como todos sabemos, un duro final, ¿Cómo será el final de Pedro Sánchez? Obviamente no igual que el de los personajes de Shakespeare, literalmente hablando, pero sí puede que igual de duro en lo político. Quizás su caída esté a la altura de lo que ha sido su gobierno y su forma tiránica y despótica de ejercer el poder; o quizás puede que, siguiendo la guía de Maquiavelo, consiga pese a todo seguir en el gobierno. 

La respuesta la tendrán próximamente las urnas (e Indra), y todos sabemos cómo es el pueblo: ignorante, adoctrinable y utilizable. La propia escena de Julio César en la que Bruto justifica el asesinato del dictador, convenciendo así a los ciudadanos que hasta entonces lloraban su muerte, y el posterior discurso de doble sentido que Marco Antonio utiliza para halagar a César de forma ágil, frívola e irónica, el cual provoca que los romanos vuelvan a llorar la muerte de César y decidan vengar su muerte, es un reflejo perfecto de que si el desenlace de todo esto lo tienen en sus manos los ciudadanos, ya podemos esperar con ello el peor de los finales posibles. 

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