viernes, 15 de marzo de 2024

Los idus de marzo


Hoy se cumplen 2068 años de uno de los asesinatos más trascendentales de la Historia: el asesinato de Cayo Julio César, ocurrido el 15 de marzo del 44 a. C. Un asesinato que ha sido llevado a la literatura y al cine en múltiples ocasiones y que no deja de ser fascinante por la relevancia histórica que tuvo tal suceso. ¿Quién no recuerda la famosa frase del adivino: "César, guárdate de los idus de marzo"? Una frase que de haberla seguido al pie de la letra el propio César habría supuesto un vuelco en el curso de la Historia. 

Varias veces me he preguntado qué habría ocurrido de no haber sido asesinado Julio César. Quizás la República Romana hubiese seguido en vigor, o quizás César hubiese visto culminado su sueño de convertirse en rey. De haberse consumado este hecho es posible que César se hubiese divorciado de Calpurnia para casarse con Cleopatra, con la cual tuvo a su hijo ilegítimo, Cesarión. Quizás con ese matrimonio, César y Cleopatra habrían fusionado los reinos de Roma y Egipto en uno solo con Cesarión como heredero y futuro rey. De hecho hay teorías no demostradas que creen que Cleopatra estuvo implicada en la conspiración, ya que en los idus de marzo ella se encontraba en Roma y seguramente creería que con la caída de César, Cesarión sería proclamado heredero de César.

Otra cuestión que también habría podido suceder de no haber sido asesinado César y de haber contraer matrimonio con Cleopatra era la cuestión religiosa. Con este hipotético enlace matrimonial las religiones romana y egipcia se habrían fusionado y probablemente el Cristianismo no hubiese existido. Hay que destacar de hecho que según el Evangelio de San Lucas, por el Decreto promulgado por César Augusto en el que se obligaba a realizar el censo, José tuvo que ir junto a María desde Nazaret hasta Belén (su tierra natal) para inscribirse como consecuencia de este Decreto. Teóricamente, según la Biblia, fue en este momento en el que Jesús nació, cumpliéndose la profecía de que el Mesías debía nacer en la ciudad de Belén. De no haberse producido el asesinato de Julio César, la llegada posterior de Octavio Augusto no se habría producido nunca, y con ello tampoco el Decreto que obligó a José y a María a ir a Belén, con lo cual el Cristianismo jamás hubiese tenido lugar.

Pero volviendo a los idus de marzo hay muchas cuestiones controvertidas. Según la versión oficial, los conspiradores realizaron el magnicidio con el objetivo de salvar a Roma de la tiranía de César, el cual estaba decidido a convertirse en rey, según ellos. De hecho tanto en "Las vidas paralelas" de Plutarco como en "La vida de los doce Césares" de Suetonio se recoge que en la jornada del asesinato, el Senado (el cual se encontraba temporalmente reunido en la Curia de Pompeyo) tenía previsto realizar una proposición para proclamar a César rey de todo el territorio romano fuera de Italia. De hecho según se cuenta también, fue esta noticia con la que Décimo Bruto (Uno de los conspiradores) convenció a César para que acudiese al Senado, ya que César estaba ya decidido a no ir como consecuencia de las advertencias de Calpurnia por los malos presagios que había tenido esa misma noche mientras dormía.
 
Según la versión oficial, los conspiradores actuaron, entre otras cosas, para detener este hecho y evitar así que César fuese proclamado rey. Pero la realidad es, en mi opinión, otra muy distinta. Julio César fue asesinado por envidia y viejas rencillas que los conspiradores tenían contra el dictador y militar romano. Muchos de los conspiradores fueron rivales de César durante la guerra civil entre éste y su ex yerno y rival político, Pompeyo. César, una vez hecho prisioneros durante la guerra a sus futuros conspiradores, les perdonó la vida y los dejó en libertad y los restituyó en sus cargos. Quizás César era fiel seguidor de la frase "Ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos", el problema está en que este refrán no acabó saliéndole bien al propio Julio, ya que quizás los tuvo más cerca de lo que debía. Cuestión quizás de ingenuidad, falta de réncor o de amabilidad y confianza del propio dictador hacia sus enemigos y futuros conspiradores.

Está claro que muchos de los conspiradores no perdonaron a César su victoria sobre Pompeyo, ni tampoco dejaron pasar que César hubiese llegado tan alto siendo uno más de entre todos ellos. El hecho de que el Senado lo proclamase dictador vitalicio fue ya la gota que colmó el vaso para algunos, que veían como un tipo al que repudiaban podía llegar tan alto dentro de la jerarquía política romana. Cayo Casio Longino, Casca, Décimo Bruto (el cual era partidario de César e incluso luchó a su lado), Lucio Tilio Cimbro (Metelo Címber en la obra de Shakespeare), Trebonio o Cinna (su propio ex cuñado) son los nombres más relevantes de esa lista de políticos que despreciaban a César y querían verle muerto. Eso sí, todo por salvar a Roma de las ambiciones del propio César, según ellos.

En mi opinión está claro que el único que actuó con honradez y creía que lo que se estaba haciendo era por el bien de Roma fue Marco Junio Bruto (familiar de Décimo Bruto). Bruto era uno de los más cercanos amigos de César y aunque luchó contra él en la guerra siempre sintió gran aprecio por él. De hecho son innumerables las voces que han circulado a lo largo de estos siglos afirmando que Bruto era hijo de una relación clandestina entre el propio César y la madre de Bruto, Servilia; y que quizás fue ese el motivo por el que le perdonó la vida cuando se enfrentó a él en la guerra civil. Por este motivo César le diría a Bruto al ser apuñalado por él su mítica frase antes de morir "¿Tú también, hijo mío?", antes de caer muerto a los pies de una estatua de su enemigo Pompeyo. El mismo al que él había derrotado en la batalla de Farsalia. Ironías de la vida.

Sea como fuere es cierto que el aprecio de Bruto hacia César era real, pero también es cierto que Bruto comenzó a dejarse influenciar por los conspiradores y a creer realmente que César constituía un peligro para la República. De hecho, y esto se ve claramente reflejado en la gran obra de William Shakespeare "Julio César", es el propio Casio (verdadero instigador de la conspiración y enemigo acérrimo de César) el que convence a Bruto del peligro y de la tiranía de César y del bien que supondría a Roma su desaparición. Bruto finalmente cae en la manipulación y se convirtió en uno de los principales conspiradores. Un conspirador que como afirma Marco Antonio en el final de la obra de Shakespeare "Solo él conspiró creyendo que lo que hacía era por el bien de Roma, mientras que los demás lo hicieron por envidia al gran César".

La caída de César llevó consigo la huída de los conspiradores y con ello el posterior estallido de una nueva guerra civil entre los asesinos del político romano y de los partidarios de César: Octavio y Antonio, los cuales vengaron su asesinato dando muerte a todos los implicados en la conspiración (e incluso a algún que otro que a pesar de su oposición a César no participó en el magnicidio, como fue el célebre político, abogado y orador Marco Tulio Cicerón). Ninguno de los conspiradores sobrevivió a César más de tres años. Todos ellos se suicidaron o fueron asesinados en plena guerra civil, la cual terminó con el suicidio de Casio y Bruto tras su derrota en la batalla de Filipos.

No hay duda de que el asesinato de César marcó un antes y un después en la historia de Roma y por ende en la historia de la humanidad. Si consideramos por un momento que los conspiradores actuaron para salvar a la República (Que no lo hicieron por tal motivo) cabe decir que a la larga consiguieron todo lo contrario. La muerte de César provocó la llegada de su sobrino nieto, Octavio, quien formaría posteriormente un gobierno de tres (triunvirato) junto al fiel amigo de César, Marco Antonio, y uno de los generales más favorables al dictador, Marco Emilio Lépido. La posterior ruptura del triunvirato, la relación amorosa de Marco Antonio con Cleopatra y el posterior estallido de una guerra civil entre Octavio Augusto y Antonio (que acabó con la muerte del propio Antonio y Cleopatra tras la batalla naval de Actium) provocó la instauración del Imperio Romano, convirtiéndose Augusto en el primer emperador de Roma. De esta forma Octavio Augusto consiguió de forma muy inteligente lo que su tío abuelo Julio César no consiguió hacer de forma más brusca: convertirse en un monarca aunque fuese manteniendo simbólicamente los principios de la República a través de un Principado.

Por ello el asesinato de César sirvió a largo plazo para instaurar lo que en teoría los conspiradores rechazaban: el fin de la República y el establecimiento de una Monarquía en Roma. De no haberse producido el asesinato de César es probable que Roma se hubiese convertido en una Monarquía sin disfraz alguno, pero también es cierto que la llegada de Octavio no se habría producido, ni su fiel amigo Marco Antonio hubiese mantenido una relación con Cleopatra, ni la guerra civil entre Antonio y Octavio se hubiese producido, ni seguramente el Imperio Romano y el sistema de gobierno del Principado se hubiese llegado a instaurar. La historia por su parte la habrían escrito otros. César la habría seguido escribiendo de no haber sido asesinado, y seguramente tras él, Cesarión y muchos otros personajes que al final pasaron desapercibidos y/o tuvieron también un trágico final como consecuencia de los históricos sucesos acaecidos en los idus de marzo.

Para finalizar debo añadir que pese a todo y con toda probabilidad, de no haber sido asesinado César en los idus de marzo, su final estaba ya igualmente escrito y próximo. El dictador romano tenía ya demasiados enemigos a sus espaldas y solo era cuestión de tiempo que su magnicidio se produjese. Quizás de no haber logrado los conspiradores su objetivo en los idus de marzo lo habrían retrasado un poco más adelante, quizás antes de que César partiese de nuevo a la guerra para conquistar Partia, que era su próximo objetivo militar. Lo que está claro es que los históricos sucesos producidos en Roma aquel día cambiaron la historia del mundo con la caída de uno de los más grandes personajes en términos políticos y militares de la Historia. Julio César tuvo la virtud de ser un gran estratega militar y probablemente un ingenuo político el cual nunca llegó a pensar que su vida corría más peligro dentro de la política romana que en el campo de batalla. Su ambición, su arrogancia y el exceso de confianza en sí mismo fueron los detonantes, entre otros factores, para que sus enemigos políticos le diesen muerte tras asestarle veintitres puñaladas a la edad de 56 años un día como hoy hace 2068 años. 

jueves, 14 de marzo de 2024

Veinte años de la llegada de Zapatero


El pasado día 11 de marzo escribí una entrada acerca del veinte aniversario de los atentados del 11-M. Hoy la escribo para recordar otro de los días más nefastos que ha tenido España en su historia reciente. Me refiero al veinte aniversario de la victoria inesperada de José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de marzo de 2004, tres días después de los brutales ataques terroristas perpetrados en Madrid. Unos acontecimientos desgarradores que sacudieron a España pero del que este siniestro personaje sacó rédito electoral para provocar un vuelco en las urnas, objetivo que desgraciadamente consiguió. Un objetivo que nunca se cansa de repetir cuando de un tiempo a esta parte acude a un acto arropado por los suyos, alegando, siempre entre risas, que él ganó por sorpresa y que a su partido le gusta ganar por sorpresa. Una falta de respeto absoluta a las víctimas, como ya indiqué en mi última entrada.

Y es que este personaje jamás habría ganado las elecciones ni llegado a la Moncloa en unas circunstancias normales. De hecho en el PSOE se daba ya por descontada la derrota frente al PP de Mariano Rajoy, el cual era quien iba a ganar aquellos comicios, según todas las encuestas. Pero la masacre de Atocha lo cambió todo y en solo tres días lo que para los socialistas era imposible se acabó convirtiendo en una realidad. Un PSOE liderado por un sectario al que apenas nadie conocía cuatro años antes y repleto de inútiles, incompetentes, inexpertos y radicales se hacían con el timón del país cuando nadie daba un duro por ellos solo cuatro días antes. El cambio de gobierno se hizo posible cuando nadie apostaba por él ni lo esperaba.

Desde entonces, y como ya he dicho en mi anterior entrada, todo cambió para mal en España. Aquella famosa frase de Zapatero afirmando que comenzaba "el cambio tranquilo" se entiende ahora perfectamente, ya que la España que vivimos hoy y a la que seguimos encaminándonos es el cambio al que este peligroso sujeto se refirió aquella trágica noche electoral. A partir de la llegada un mes después de Zapatero a la Moncloa se comenzó a iniciar el declive de España. Un declive que en la primera legislatura de este miserable tuvo consecuencias políticas y sociales, mientras que en la segunda lo tuvo en el ámbito económico. Sí, por mucho que ahora algunos no se acuerden o no quieran acordarse, este tipejo dejó más de cinco millones de parados, a España al borde de la quiebra y a punto de ser rescatada por la Unión Europea cuando dejó el cargo en 2011 para pasarle el muerto a Rajoy.

Pero parece ser que a este sujeto lo ocurrido en su segunda legislatura no le interesa recordarlo. Desde hace un año está saliendo de nuevo a la palestra de manera incesante para defender la gestión de Sánchez, defender su legado y darse su particular baño de masas entre los suyos después de estar varios años encerrado en su cueva como consecuencia de su desastroza gestión económica. Pero insisto, él no desea ser recordado por eso. Prefiere en cambio que se le recuerde por las leyes sectarias y extremistas que aprobó en su primera legislatura: las leyes de identidad de género, las leyes discriminatorias del hombre en favor de la mujer, el Estatuto de Cataluña (Origen en gran parte del posterior procés catalán), la Ley de Memoria Histórica y las negociaciones con ETA que acabaron con la integración de la banda terrorista en el escenario político español como si de un partido más se tratase. De eso es de lo que este criminal se siente especialmente orgulloso. De habernos traído a la situación en la que nos encontramos veinte años después de su llegada al gobierno contra todo pronóstico.

Al escribir esta entrada recuerdo unas afirmaciones de la polémica periodista izquierdista, María Antonia Iglesias, en el programa de "La Noria" en Telecinco. En esas declaraciones, realizadas entre 2010 y 2011 (No recuerdo exáctamente la fecha), la propia María Antonia dijo que "Rubalcaba ha frenado muchas de las locuras de Zapatero". Que esto lo dijese una periodista reconocida por su ferviente sectarismo ideológico y su defensa acérrima del PSOE y del propio Zapatero es toda una señal de que incluso veinte años después no sabemos aún las ocurrencias que a este tipejo se le pasó por la cabeza aprobar durante sus años como presidente. Basta recordar que hace solo unos meses, y para justificar la amnistía de Pedro Sánchez a los independentistas, el propio Zapatero afirmó que él mismo se planteó darle la amnistía a los terroristas de ETA durante el proceso de negociación. Un extremo al que no se llegó porque las circunstancias no lo exigieron, según él.

Que este ser despreciable hiciera estas declaraciones demuestra la miseria moral del sujeto y hasta qué punto estuvo dispuesto a llegar con una banda de terroristas asesinos para pasar a la Historia, aunque eso supusiera borrar los delitos por los que fueron asesinadas cerca de 1.000 personas a manos de estos criminales. ¿Cómo se hubiera vendido esa amnistía mientras millones de personas se manifestaban en las calles contra el proceso de negociación? Estoy seguro que la situación se hubiese vuelto insostenible, ya que este ser vomitivo no llegó a aprobar la amnistía por el devenir de los acontecimientos y no porque eso fuese contra sus conviciones. El caso es que, finalmente, ETA dejó las armas bajo su gobierno, como a él le gusta recordar diariamente, sí, pero para bajarse los pantalones ante ella y dejarles integrarse en el sistema político español sin pedir perdón por los crímenes causados.

Para la izquierda, ETA pasaba de ser una banda de terroristas asesinos a ser un partido democrático y progresista tan legítimo como cualquier otro. Vomitivo y repugnante son adjetivos que se quedan cortos a la hora de definir esta postura defendida por la izquierda española. Pero también es algo que tampoco debe de extrañar, ya que la izquierda española siempre ha sentido cierta debilidad por el terrorismo etarra, ya que según decían ellos durante los años del franquismo "ETA mataba para luchar por las libertades". Luego cuando el terrorismo vasco siguió matando tras la aprobación de la Constitución de 1978 tuvieron que cambiar el mensaje, pero sin dejar de hacerle ojitos a la organización terrorista (a excepción de los años del GAL).

El 14 de marzo de 2004 es pues una fecha que, al igual que el 11-M, marcó un antes y un después en la historia reciente de España y que a día de hoy incluso sigue marcando los sucesos devastadores que se están desarrollando en nuestro país, ya que lo recogido ahora es lo sembrado entonces. Y es que Zapatero fue quien dio origen al enfrentamiento, a la división y a la tensión entre los españoles, como él bien le dijo al sectario Iñaki Gabilondo detrás de las cámaras durante la campaña electoral de 2008: "nos conviene que haya tensión". 

Fue con su llegada a la Moncloa cuando apostó por reabrir las heridas ya cicatrizadas de la Guerra Civil y del franquismo, reabrir el debate territorial aprobando el Estatuto catalán, el cual reconocía a Cataluña como nación (Aunque fuese en el Preámbulo) y comenzando con ello el origen de lo que posteriormente sería el procés catalán. Ese mismo procés en el que Zapatero, como buen enemigo de España, defiende de manera ferviente la amnistía para los que quieren acabar con ella (primero fue con los etarras y ahora con los independentistas), lo cual resulta curioso, ya que defiende concederle la amnistía a los implicados en un proceso inconstitucional que tiene su origen, entre otras cosas, en una reforma del Estatuto de Cataluña que tuvo lugar durante su mandato y que él mismo declaró en su momento que sería la solución para Cataluña y el resto de España. Ironías de la vida.

En definitiva, se cumplen veinte años de uno de los momentos más trascendentales de la historia reciente de España: la elección inesperada de este sujeto, el cual es el principal responsable de gran parte de los males que nuestra nación padece actualmente, aunque de eso él se siente muy orgulloso. Cabe añadir como dato curioso que el propio Pedro J. Ramírez ha declarado en alguna ocasión cómo Zapatero lo llamó durante la mañana del 11-M en la que casi entre lágrimas le dijo que si la autora del atentado era ETA tenía perdida las elecciones y los suyos lo echarían a patadas. 

El propio Pedro J. comentó también cómo esa misma noche, el sujeto lo llamó nuevamente de una forma eufórica cuando ya se estaba extendiendo la teoría de que había sido Al Qaeda, lo cual demuestra la bajeza moral de este impresentable, el cual es sin lugar a dudas lo peor que le ha pasado a España junto a sus discípulo aventajado, Sánchez, el cual está cerrando el "cambio tranquilo" que él mismo inauguró en 2004 y que Rajoy dejó intacto cuando tuvo la oportunidad de derogarlo todo una vez llegado al gobierno en 2011. El cambio tranquilo de Zapatero es pues un cambio aceptado por todos los partidos y en el que se pretende ir hacia una II Transición con el objetivo de reabrir el debate constitucional. Esa II Transición la inició Zapatero con su llegada al gobierno hace dos décadas y continúa en marcha en pleno 2024.

lunes, 11 de marzo de 2024

Veinte años del 11-M


Hoy, 11 de marzo de 2024, se cumplen veinte años de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia reciente de España: el 11-M. Una fecha que arrebató la vida a cerca de 200 personas, destrozó la de más de 2.000 y cambió por completo la historia de España y por ende la vida de sus casi 50 millones de habitantes. Una fecha la de este año en la que también prescriben los delitos de este atentado, con lo cual los verdaderos autores intelectuales de esta matanza pueden campar a partir de hoy un poco más a sus anchas, para vergüenza e indignación de todos.

Aunque ya escribí en marzo de 2016 sobre esto, no fue hasta noviembre de 2018 cuando verdaderamente escribí una entrada hablando sobre lo que en mi opinión fue el origen del 11-M. Ya dije entonces que todo comenzó en Perejil allá por julio de 2002, continuó en 2003 con el papel relevante que España asumió en la escena internacional (EEUU como potencial aliado junto a Reino Unido) y acabó en Atocha en 2004 con las explosiones en Madrid. No voy a repetir punto por punto lo que ya dije en aquella entrada, pero después de casi seis años de haberla escrito, con todo lo que llevamos viendo con el gobierno de Sánchez y su sumisión a Marruecos, así como el balance que uno hace de veinte años atrás hasta la fecha creo que puedo decir que corroboro todo lo que dije en aquel momento, y que incluso me quedé corto.

Vaya por delante que yo no defiendo a estas alturas a Aznar ni al PP a la hora de cómo gobernaron España hasta 2004. Jamás defenderé nunca más a ningún partido ni a ningún político. Pero dicho esto debo añadir también que la España del 2024 no se parece en nada a la de 2004. No voy a decir que la situación en nuestro país fuese el paraíso en la tierra, ni muchísimo menos, pero sí era algo mejor y decente que lo que hay ahora. También es verdad que España tenía (y sigue teniendo) muchos enemigos tanto externos como internos. Desde el sur había algunos que no perdonaron la humillación que recibieron dos años antes, y en el norte había otros que no perdonaban que España les pasase por lo alto. España comenzaba a ser escuchada y algo respetada en el mundo y eso para los enemigos de nuestro país era un escenario al que había que darle un vuelco cuanto antes.

Ese vuelco se produjo desgraciadamente el 11 de marzo de 2004. Tras los atentados se celebraron tres días más tarde las elecciones generales del 14 de marzo. Unas elecciones que jamás se debieron celebrar. Siempre he pensado que José María Aznar debió suspender esas elecciones, ya que el país se encontraba en medio del peor ataque terrorista que había sufrido en su historia y la sociedad estaba en shock por lo ocurrido. No se daban las condiciones para celebrar de forma tranquila unas elecciones generales. El escenario nunca antes visto de celebrar unas elecciones generales en medio de tan desgarrador escenario, sumado a una situación tensa en las calles que algunos aprovecharon para sacar rédito electoral de la desgracia, provocaron que el país votase mayoritariamente al PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo partido que días antes iba a perder las elecciones frente al PP de Mariano Rajoy, según vaticinaban todas las encuestas.

Sinceramente no sé qué habría ocurrido de haberse suspendido las elecciones. Quizás los mismos que generaron tensión entre los días 11 y 14 hubiesen hecho lo mismo y habrían tensado aún más el ambiente en la calle hasta que Aznar hubiese convocado las elecciones, provocando con ello una victoria de igual forma o incluso más mayoritaria para el PSOE de Zapatero que la que obtuvo el 14-M. No lo sé. Tampoco sé qué habría ocurrido de haber ganado el PP de Mariano Rajoy las elecciones, con independencia de si se hubiesen celebrado el 14 de marzo o se hubiesen suspendido más adelante (quizás para septiembre, octubre o noviembre de 2004). Quizás Rajoy hubiese continuado con el legado de Aznar, o quizás hubiese llevado a cabo una política completamente diferente a la que realizó su jefe, a tenor de lo sucedido el 11-M y como finalmente hizo cuando llegó a la Moncloa en 2011.

Seguramente Rajoy lo hubiese hecho de haber ganado ya en 2004, aunque probablemente no lo hiciera de la forma tan radical en la que lo hizo Zapatero. Lo que es seguro es que de haber ganado Rajoy y no Zapatero las elecciones generales del 14-M, el entonces líder del PP no hubiese tenido que lidiar nunca con las políticas que le legó su predecesor socialista, ya que dichas políticas nunca se habrían llegado a implantar de no haber ganado el PSOE dichos comicios. Y lo que es más seguro todavía es que España con el atentado recibió un serio aviso por parte de los verdaderos autores intelectuales. De esta forma se avisaba a Aznar y a todo el que quisiese seguir con su política atlantista cuáles eran las consecuencias de que España despegase por su cuenta y se saliese de la pista. Eso lo sabía Aznar, Zapatero, Rajoy y todo el sistema político y financiero en España en el momento de los atentados.

Todos ellos sabían y saben quiénes fueron, pero era mejor mirar a otro lado y no meterse en guerra con dos países vecinos. A pesar de ello Aznar insistió en la sola autoría de ETA. De ser así, ¿Por qué no aplicó el 155 en ese momento para suspender la autonomía vasca y enviar al ejército al País Vasco? Ese procedimiento lo realizó en varias ocasiones el gobierno británico con Irlanda del Norte y el IRA. Y de ser Al Qaeda la autora del atentado, como así pregonaba el PSOE y la izquierda en general, ¿Por qué no se tomó represalias junto a EEUU y la OTAN en aquel momento? Esa fue la respuesta que Bush realizó tras los atentados del 11-S, ¿Por qué no la dio España junto a sus aliados en 2004? Aznar guardó silencio y no hizo nada. Eso sí, en noviembre de aquel año y ya fuera del gobierno se hizo el gallito declarando aquello de "los autores no están en desiertos muy remotos ni en montañas muy lejanas". ¿Sabía entonces quién lo hizo y no lo dijo y por eso autorizó destruir los trenes a las pocas horas del atentado? No sé si ETA pudo estar involucrada en el atentado, aunque visto los beneficios que la organización terrorista ha tenido desde 2004 hasta la fecha no lo descarto en absoluto. Pero que operaron solos, no.

Con toda seguridad jamás sabremos quiénes fueron los criminales que perpetraron verdaderamente esta carnicería. Ya lo dijo el propio Javier Gómez Bermúdez, el Juez que dirigió el juicio del 11-M: "España no está preparada para saber la verdad sobre el 11-M". No hay más palabras, Señoría. Al sistema no le conviene que se sepa la verdad, y si algún día se sabe (cosa que dudo) es porque todos los autores intelectuales están ya muertos y no hay peligro para nada ni para nadie. Así ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo, por desgracia. Mientras tanto los españoles solo podemos hacer nuestro análisis particular de todo aquello y llegar a nuestras propias conclusiones.

España, por su parte, continua de forma imparable su demolición iniciada hace hoy veinte años. Tras el 11-M llegó Zapatero con su "cambio tranquilo". Una frase que en el pasado no entendía pero que ahora sí comprendo perfectamente. El cambio tranquilo era esto, el cambio de una sociedad próspera a una sociedad enfrentada, extremista y sin valores. Zapatero plantó la semilla con sus leyes sectarias y radicales: la Ley de Memoria Histórica, las leyes de identidad de género, las leyes que haciendo gala del feminismo dicriminan al hombre en favor de la mujer, la Ley del Aborto, el Estatuto de Cataluña que nos ha conducido al procés catalán, las negociaciones con ETA y la posterior incorporación del terrrorismo vasco en la política española, acompañada del acercamiento de presos etarras a las cárceles vascas y los beneficios penitenciarios para los terroristas, etc. Por no hablar del grave retroceso internacional que supuso para España pasar en un solo año del trío de las Azores al trío de la Moncloa (la foto de Zapatero posando en la Moncloa junto a Chirac y a Schröder en la que España pasaba de ser socio preferente en el eje atlántico a quedar sumida por completo al eje franco-alemán).

Todo ello lo comenzó este personaje miserable que ahora, tras estar varios años metido en su cueva como consecuencia de su vomitiva gestión, vuelve a salir a las andadas diariamente afirmando en reiteradas ocasiones y siempre entre risas que él ganó "por sorpresa". Unas declaraciones que suponen todo un insulto a las víctimas y a sus familias, pero que a este peligroso sujeto le es indiferente, ya que sabe mejor que nadie que gracias a ese atentado consiguió lo que nunca habría conseguido en circunstancias normales: ganar las elecciones y llegar a la Moncloa para plantar la semilla de odio y discordia entre los españoles. Una semilla que Rajoy se negó a cortar cuando finalmente llegó al gobierno en 2011 y que acabó estallándole en la cara con la declaración de independencia de Cataluña. En 2018 llegó Sánchez, siendo él el encargado de seguir regando la semilla de odio y tensión (esa misma tensión que Zapatero dijo en 2008 que le convenía) y que ahora nos conduce de forma imparable a nuestra destrucción como sociedad.

Este es el desalentador panorama que vive España dos décadas después del 11-M. Este es el legado que junto a las pérdidas de vidas humanas, los heridos causados y las vidas destrozadas de miles de familias provocó esta masacre terrorista: la de una nación condenada a su descomposición mientras la sociedad es destruída a todos los niveles: moral, económico, cultural, familiar, religioso, etc. Todo ello como consecuencia de los continuos gobiernos que esta nación lleva padeciendo desde hace veinte años. Por mi parte solo me queda darle el pésame a los familiares de las víctimas, mi apoyo a los heridos y mi deseo de que, aun sabiendo de que desgraciadamente jamás se logrará saber lo que verdaderamente ocurrió, ojalá algún día, más pronto que tarde, se sepa toda la verdad y se haga Justicia a las víctimas, a sus familias y a toda la sociedad española. 

viernes, 8 de marzo de 2024

España, asediada por la corrupción y la amnistía


En un principio el título con el que iba a rotular esta entrada de hoy iba a ser "la legislatura hace aguas", pero visto lo ocurrido hoy, junto con lo que llevamos viendo en los últimos días, me hace replantearme el título cuando ya estoy escribiendo la entrada en sí. Y es que la situación en la que nos encontramos no es ya la de una legislatura que hace aguas, sino la de un país que hace aguas por todas partes tanto en lo que respecta a la trama Koldo como en lo que respecta a la tramitación de la Ley de Amnistía. La gravedad de la situación empeora por momentos y todo parece indicar que es solo el principio.

La gravedad de las noticias sobre el escándalo Koldo, en donde la trama ha pasado de centrarse del ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, a la propia presidenta del Congreso, Francina Armengol, a los ministros Ángel Victor Torres y Óscar Puente, el ex ministro de Sanidad, Salvador Illa, a la vicepresidenta María Jesús Montero, etc. Personajes que ya mencioné en la última entrada y que el escándalo les salpicaba de refilón pero que ahora están situados plenamente en el centro de la trama de los negocios ilegales con las mascarillas del COVID, a tenor de las últimas publicaciones que los implica de forma directa. 

Pero lo peor es que esto no queda aquí. Las últimas informaciones comienzan a destapar un caso en el que Koldo García, Victor de Aldama (otro de los comisionistas de la trama) y muchos otros implicados más serían solo los mediadores en una trama muchísimo más extensa, la cual salpicaría incluso a la Venezuela de Maduro a través de su vicepresidenta Delcy Rodríguez y su famosa reunión secreta con Ábalos en el aeropuerto de Madrid en 2020 (reunión a la que parece ser que acudió el propio Aldama), e incluso a la propia Begoña Gómez (esposa de Pedro Sánchez) en el sospechoso papel patrocinador que habría jugado en su momento con el grupo Globalia, y concretamente, en el rescate a la empresa de aerolíneas, Air Europa. 

En definitiva, todo un escándalo de corrupción que promete ser de lejos el escándalo de corrupción más grave al que se haya enfrentado un gobierno y un partido político en estos cuarenta años desde la instauración de la Constitución de 1978 (y será porque no hemos visto ya demasiada corrupción a lo largo de estas últimas décadas). Un escándalo de corrupción que dejaría en pañales los peores escándalos de la época de Felipe González y, no hablemos ya, dejaría en un mero chiste los escándalos de corrupción del PP de Mariano Rajoy, motivo principal por el que el actual gobierno del PSOE de Pedro Sánchez está en la Moncloa desde hace ya seis años, para ironía de todos.

En lo que respecta a la parte que atañe a Begoña Gómez, el PP ya ha dejado caer que pedirá su comparecencia en una comisión de investigación en el Senado donde podrían ser citados también otros implicados en el caso Koldo. Y es que no tiene sentido que Begoña Gómez actuase en el rescate llevado a cabo por el gobierno hacia Air Europa sin el consentimiento y/o conocimiento del propio Pedro Sánchez, lo cual pondría aun más en la diana al presidente del gobierno. Pero la cosa va muchísimo más allá, ya que el enlace del caso Koldo con el conocido en su momento Delcygate (en el que la vicepresidenta venezolana estuvo en el aeropuerto de Madrid, donde se entrevistó con el propio Ábalos) hace sospechar que detrás de toda esta trama orquestada desde el seno del PSOE y del gobierno de Sánchez, habría también implicados sujetos a nivel internacional dentro de una red de tráfico de influencias a nivel, no ya nacional, sino internacional. 

Y todo esto mientras la presidenta del Congreso, Francina Armengol, se niega tajantemente a dimitir tras salir más información que la incluye de lleno en los negocios de las mascarillas procedentes de la trama Koldo, siendo ella en aquel momento presidenta de las Islas Baleares. Y sin dejar atrás el papel jugado por el ex ministro Illa en la trama, el cual jugó también un papel relevante a la hora de lucrarse con la venta de las mascarillas. En definitiva, toda una organización criminal que obviamente no actuaría sin la aprobación del que algunos implicados denominan "el superjefe", que no es otro que el propio Pedro Sánchez, obviamente. Un caso de corrupción a niveles nunca antes visto en España en el que el actual jefe del gobierno sería el cabeza de una mafia criminal cuyos negocios se extenderían incluso a Hispanoamérica, a tenor de lo publicado sobre Venezuela. Un caso el de Venezuela en el que algunos hablan ya también de la implicación del ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero en estos oscuros negocios entre la trama Koldo y Caracas.

En definitiva, esta situación parece ser solo la punta del iceberg, y todo parece indicar que es solo el principio de información sobre una trama mucho más profunda, compleja y extendida que irá saliendo a la luz a medida que avancen los días, las semanas y los meses. Veremos a ver en qué queda esto, ya que a nivel nacional está de momento implicado los máximos responsables del PSOE, la mitad del gobierno e incluso la familia del propio presidente Sánchez, lo cual confirma que todos los caminos de esta trama criminal conducen a la Moncloa. Una Moncloa que Sánchez no está dispuesto a dejar ni a tiros. De hecho algunos ya hacen bromas indicando que si el escándalo sigue salpicando a la propia Begoña conforme vayan saliendo las próximas informaciones, Sánchez se divorciaría antes que dimitir y dejar el gobierno. Una broma que indica la situación tan degradante y vomitiva en la que se encuentra el país. 

Pero aquí no queda la cosa, ya que hoy la comisión de Justicia del Congreso ha aprobado el trámite de la Ley de Amnistia, la cual ha sido modificada después de que el Congreso rechazase, con los votos de Junts precisamente, su tramitación al Senado al no ver éstos garantías suficientes en la ley para el propio Puigdemont y demás fugados en estos momentos. Un Puigdemont que, según ha anunciado hoy Jordi Turull, volverá a España en julio para presentarse a las próximas elecciones catalanas, una vez que se haya aprobado la ley. Una aprobación que sinceramente, y para disgusto de los socialistas y separatistas, dudo muchísimo que vaya a producirse finalmente, ya que la situación cada vez es más insostenible y si ya era degradante el proyecto inicial de la ley, lo reformado y aprobado este mediodía (que se ha dado a conocer hoy también) supone toda una aberración jurídica que no hay por donde cogerla. 

Y es que lo aprobado hoy no hace mención alguna a la legislación española (concretamente al Código Penal), sino que tiene como límite las directrices y convenios procedentes de la Unión Europea, verdadero escollo del gobierno y de los independentistas a la hora de sacar adelante la ley. El nuevo texto amplía de esta forma la amnistía a los implicados separatistas en delitos de terrorismo al no hacer mención expresa de lo estipulado en el Código Penal y remitirse a lo estipulado en el Derecho Europeo (el cual deja el concepto de terrorismo sin definir). Incluye a su vez los delitos de alta traición y los de malversación y amplia el inicio de la amnistía a noviembre de 2011, periodo en el que la todavía Convergencia de Artur Mas se reunía para ir planificando ya el procés. Unas reuniones a las que acudieron los propios hijos de Jordi Pujol, con lo cual éstos podrían verse beneficiados también de la amnistía si finalmente ésta se llegase a aprobar.

Algunos decían hace meses, en tono de broma también, que a este paso acabarían siendo amnistiados hasta los hijos de Pujol. Lo que en su momento se decía en tono de broma acaba de hacerse realidad hoy. Y es que la debilidad del gobierno es tal que Puigdemont ha claudicado más aun de lo que ya había hecho. Parece ser que la idea que vendió el gobierno en enero tras ser rechazada la Proposición de Ley en el Congreso era una trola más de la que ya nos tienen acostumbrados. El hecho de que el PSOE se negase en su momento a modificar la ley era porque las elecciones gallegas estaban entonces a la vuelta de la esquina, con lo cual no era muy conveniente electoralmente que el gobierno se declarase abierto a modificar íntegramente a gusto de los independentistas. 

Solo hay que ver la satisfacción de los miembros de Junts o ERC hoy. La propia Miriam Nogueras ha indicado que esta vez sí, la ley amnistía de forma íntegra y completa a todos los implicados en el procés catalán, lo cual indica que Sánchez no se ha bajado ya los pantalones y los calzoncillos, sino que se los ha arrancado de un plumazo y los ha tirado por la ventana de motu propio. Todo vale con tal de permanecer en la Moncloa, aunque sean unos meses más. De momento Sánchez necesita como agua de mayo la aprobación de la Ley de Amnistía para, de esta forma, recibir a cambio el apoyo de Junts, ERC, Bildu, PNV, BNG, etc a los Presupuestos Generales del Estado. De esta forma Sánchez ganaría algo de tiempo, aunque los independentistas ya han indicado que el hecho de que la ley salga adelante no implica bajo ningún concepto que ellos vayan a apoyar los presupuestos, lo cual indica que, de ser así, los independentistas van a exigirle a Sánchez una nueva ronda de cesiones de aquí a pocas semanas. Quizás los separatistas aprovechen ya la debilidad extrema en la que se encuentra Sánchez por la trama en su ejecutivo y en su partido para exigirle directamente el referéndum de independencia antes de que la corrupción del caso Koldo se pueda llevar por delante al presidente del gobierno.

Por ello si lo que cree Sánchez es que una vez que se apruebe la Ley de Amnistía, Puigdemont va a quedarse satisfecho y lo va a dejar tranquilo durante una temporada, se equivoca. De hecho el propio Puigdemont ha advertido ya que una vez aprobada la amnistía se activará de nuevo el modelo unilateral para ir a la independencia, lo cual indica que la cosa no va a ir sino a peor conforme pasen los meses. Por un lado también hay que destacar algo que pocos han tenido en cuenta cuando el Tribunal Supremo abrió hace poco una causa penal a Puigdemont por terrorismo, y es que de aquí a que la ley se apruebe (si es que se aprueba, insisto), el Tribunal Supremo puede en cualquier momento solicitar a Bélgica o a cualquier país de nuestro entorno europeo la extradición de Puigdemont por delitos de terrorismo. 

Según la legislación europea, en ese supuesto, el país que albergue a Carles Puigdemont (que en este caso es Bélgica), estaría obligado a traer a España al ex presidente catalán. Una situación que no habría que descartar en absoluto y que complicaría aun más la delicada situación tanto de Puigdemont a nivel judicial como la del propio Sánchez a nivel político. Está claro pues que aún con esa reforma, Puigdemont no tiene todas las garantías de quedar amnistiado de todos sus delitos, ya que a partir de ahora la Justicia podría imputarle nuevamente otro delito por alguna causa que haya quedado excluída de la ley y que ni el gobierno del PSOE ni los separatistas habrían tenido en cuenta a la hora de hacer esta reforma. 

Por otro lado está la cuestión sobre los hijos de Pujol al adelantar la ley el inicio del momento en el que se verán beneficiados los implicados en la cuestión independentista. Con la nueva reforma aprobada hoy, el momento en el que se aplicaría la amnistía sería a partir del 1 de noviembre de 2011, fecha en la que, como ya he dicho antes, los hijos de Pujol se reunían con la directiva de la entonces Convergencia para iniciar el procés catalán. Una excusa estúpida que solo sirve para que los tres hijos de Jordi Pujol se vean beneficiados de esta amnistía a la que hasta ahora habían quedado excluídos. Eso por una parte, por otra está la cuestión de la malversación, que queda amnistiada a menos que dicha malversación se haya producido con el objetivo de lucrarse personalmente. No cabe duda que tanto los socialistas como los independentistas son unos cachondos, ya que una malversación de caudales públicos hacia terceros es menos graves que una malversación a título personal. Parece ser que para estos tipos, la corrupción política se puede medir con múltiples varas, según quién sea el ejecutor y según para qué fin haya realizado dicha malversación.

En definitiva, el PSOE sigue adelante en su proceso imparable de calcinar el país aministiando a todo lo que se le mueva por delante; todo con tal de tener contento y feliz a Puigdemont y garantizarse, aunque sean unos meses más, la permanencia en el poder. Todo ello mientras el propio PSOE es acechado cada vez más por la corrupción que ellos mismos amnistían y que ya ha quedado confirmado que se trata de algo más que una trama de corrupción política a nivel nacional para enriquecerse a costa de las desgracias del COVID, lo cual ya era lo suficientemente gravísimo como para que el gobierno hubiese dimitido en pleno hace semanas. Estamos pues ante una trama política y empresarial que va más allá de las fronteras de España y de la que todavía no sabemos ni el 25%. La situación nacional se descompone por días mientras el PSOE de Pedro Sánchez sigue echando balones fuera erigiéndose ellos mismos como los garantes y responsables de la limpieza de la corrupción en las instituciones. 

La misma corrupción que, como ya he dicho antes, ellos acuerdan amnistiar a la vez con aquellos que les sustentan en el poder. Una situación de legitimidad y amparo de la corrupción como nunca antes se había visto en España, y mira que hemos visto cosas en todos estos años. Veremos pues qué ocurre de aquí a una semana, cuando está previsto que el Congreso vote en el pleno la Ley de Amnistía; pero con toda seguridad la Justicia no se va a quedar de brazos cruzados, con lo que es bastante probable que la reforma aprobada hoy quede de nuevo en saco roto, con lo que el PSOE y los separatistas volverán al punto cero y a renegociar de nuevo. En definitiva, el cuento de nunca acabar en la que de no conseguir tanto el PSOE como Junts y ERC la puñetera amnistía, la situación acabará muy mal, y si finalmente consiguen aprobarla, acabará peor. 

jueves, 29 de febrero de 2024

Diez años de la llegada de Felipe VI y Pedro Sánchez


En este año 2024 se cumplen diez años de la llegada del actual jefe del Estado, Felipe VI, y de la del actual jefe del gobierno, Pedro Sánchez, al primer plano de la política española (Felipe VI fue proclamado rey de España en junio de 2014 y solo un mes después, en julio de 2014, Pedro Sánchez se convirtió en secretario general del PSOE y líder de la oposición). Una década de la llegada de dos hombres condenados a encontrarse, y que todo parece indicar que por algún tiempo más, aunque quizás no mucho más del que algunos creen.

Los dos personajes que hoy ocupan respectivamente la jefatura del Estado y la jefatura del gobierno han sido dos de los protagonistas indiscutibles (Junto a Mariano Rajoy hasta el año 2018) de los sucesos que han erosionado a España en esta última década. Mientras Felipe VI lleva ejerciendo como rey de España desde la polémica abdicación del rey Juan Carlos en junio de 2014, Pedro Sánchez no llegaría a la presidencia del gobierno hasta junio de 2018, tras la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy y al PP del ejecutivo.

Cuatro años de diferencia los que separan la inauguración del reinado del actual monarca del inicio del mandato de Pedro Sánchez como presidente. Unos sucesos que nuestros dos protagonistas vivieron con la misma edad: 46 años (Felipe VI y Pedro Sánchez se llevan solo cuatro años de diferencia). Pero la historia de Sánchez no comenzó en 2018, sino en 2014. Como ya he mencionado antes, mientras Felipe VI llegó al trono en junio de ese año, Sánchez llegó a la secretaría general del PSOE en julio, justo un mes después de la proclamación de Felipe VI como rey. Una proclamación a la que el entonces candidato al liderazgo del PSOE acudió en calidad de diputado, portando una sospechosa corbata morada republicana que supuso un aviso a navegantes y que nadie se percató por aquel entonces.

En estos diez años ha ocurrido practicamente de todo. Felipe VI ha vivido como rey crisis constitucionales que su propio padre jamás vivió en sus cuarenta años como jefe del Estado: los continuos escándalos y casos de corrupción en la familia real, la entrada en prisión en 2017 de su por entonces cuñado, Iñaki Urdangarín, una crisis constitucional en 2016 que llevó consigo una repetición electoral y cinco rondas de consultas en un mismo año (las mismas que Juan Carlos I realizó en diez años), una declaración de independencia en Cataluña que le empujó a hacer una declaración institucional en octubre de 2017, una moción de censura en 2018 que condujo al cruce de caminos entre el propio Felipe VI y Pedro Sánchez al ser investido éste como nuevo presidente del gobierno, una nueva crisis política en 2019 con una nueva repetición electoral, el primer gobierno de marcado carácter republicano desde la aprobación de la Constitución en 1978, el exilio de su padre (auspiciado por Pedro Sánchez y consentido por Felipe VI), la firma de los indultos a los condenados por el procés catalán, las rencillas entre él y el propio Sánchez, así como el papel jugado por el rey el pasado año al designar como candidato a un Pedro Sánchez que ya se sabía que acudiría a la investidura con sus actuales socios de gobierno, y por último las recientes declaraciones de Jaime del Burgo sobre las infidelidades de Letizia Ortiz al monarca con él, así como la extraña relación íntima que existe entre la propia Letizia y Pedro Sánchez.

En lo que respecta a Pedro Sánchez, el actual presidente del gobierno ha estado en el centro (Y en el origen muchas veces) de todas las crisis que se han producido en España a lo largo de esta década: su inesperada llegada a la secretaría general del PSOE con el apoyo de su posterior archienemiga Susana Díaz en julio de 2014, su posterior papel en la crisis constitucional de 2016 que provocó dos investiduras fallidas, una repetición electoral y su desenlace con su propia destitución como líder del PSOE en octubre de ese mismo año. Todos creían que con esta destitución (La primera en la historia reciente del PSOE), la carrera política de Sánchez estaba acabada, pero nuestro protagonista no se ha dado nunca por derrotado. Tras su presentación nuevamente como candidato a la secretaría general del PSOE medio año después de su dimisión forzada, Sánchez acabó ganándole la partida definitivamente a su madrina política, Susana Díaz, en la lucha por el liderazgo del PSOE en mayo de 2017.

Tras su reelección como líder del PSOE apoyó, aunque rechistadamente y con condiciones al gobierno de Rajoy en la crisis independentista de 2017 y la posterior aplicación del artículo 155 en Cataluña. Un apoyo a Rajoy que se convirtió en puñalada cuando tras la sentencia del caso Gurtel, Sánchez descabalga al líder del PP de la presidencia del gobierno tras presentarle y ganar la moción de censura de junio de 2018. A partir de aquí, Sánchez se convierte en presidente del gobierno, tomando con ello la iniciativa y decidiendo desde entonces los destinos de España. A partir de entonces Sánchez vive en primera persona como jefe del gobierno la crisis política de 2019, con dos elecciones generales en las que obtiene la victoria de forma relativa, los sucesos vividos en Cataluña tras la sentencia del procés en octubre de 2019, la formación del primer gobierno de coalición y de izquierdas desde 1936, la aplicación del Estado de Alarma y sus correspondientes confinamientos, la aprobación de los indultos a los independentistas en 2021, las concesiones a Marruecos, la aprobación de leyes tan aberrantes como la Ley del Sí es Sí, la Ley de Memoria Democrática, la Ley Trans, hasta llegar a la Ley de Amnistía (cuya tramitación ahora se encuentra en suspenso) y al estallido del caso Koldogate, el cual supone el primer caso de corrupción dentro de su gobierno desde su llegada a la Moncloa en 2018. Una llegada que se produjo irónicamente como consecuencia de una moción de censura por los escándalos de corrupción que salpicaban al entonces gobierno del PP.

Como se puede comprobar, estos diez años (e incluso algunos antes) han sido años decisivos y trascendentales en la historia reciente de España en los que tanto Felipe VI, en su papel de rey, como Pedro Sánchez, primero como líder la oposición y posteriormente como presidente del gobierno, han sido actores claves de los graves sucesos que nuestro país ha vivido a lo largo de esta década. Un país que está sumergido en el abismo como consecuencia de las políticas de Sánchez y la pasividad del propio Felipe VI ante todo lo que está ocurriendo.

Un Felipe VI que ve como la credibilidad y la reputación de la monarquía sigue cayendo en picado como consecuencia de su nulo papel cada vez más cuestionado dentro de la Constitución, así como por los últimos escándalos que han salido y que salpican a su vida privada y en la que incluso parece estar incluído el propio Pedro Sánchez, el cual tiene en Letizia Ortiz a su más ferviente partidaria y defensora dentro de la Zarzuela. Algunos hablan ya de algo más que una íntima amistad entre la reina consorte y el presidente del gobierno (los cuales son de la misma edad y que cursaron bachillerato en el mismo instituto), lo cual parece indicar que al igual que en 1800, se está repitiendo nuevamente lo que por entonces se vivió en la Corte de Carlos IV (el primer ministro Manuel de Godoy, la reina consorte María Luisa de Parma, etc).

Pero a diferencia de la complicidad que en 1800 había entre el por entonces rey de España, Carlos IV, y el por entonces primer ministro, Manuel de Godoy, la relación entre Felipe VI y Pedro Sánchez no parece ser la más excelente que se puede dar entre un jefe del Estado y un jefe del gobierno. Muchas son las voces que hablan de una cuando menos tensa relación entre ambos, y a tenor de lo que ha salido últimamente no sería para menos. Algunos creen que esa tensa relación es debido a la ambición de Sánchez para derrocar a Felipe VI y convertirse en el primer presidente de la III República española. Nada más lejos de la realidad. A Sánchez no le conviene meterse en esos líos. Sabe que el papel del rey en la Constitución actual es nulo y que éste no puede hacer nada para vetar las políticas que él realice desde el gobierno. Por ello le es más conveniente tener a un jefe del Estado débil, sumiso y sin funciones que entrar de lleno en una reforma constitucional para echarlo pero que nadie sabría cómo podría acabar. Por otro lado parece que algunos olvidan que no es la primera vez que se da este escenario en el que el rey y el presidente del gobierno tienen una mala relación. Ya lo vimos hace veinticinco años entre Juan Carlos I y José María Aznar, cuyo desprecio entre ambos era mútuo e incluso público en algunas ocasiones. Pero era la época de la especulación inmobiliaria y de la estabilidad económica y nadie hacía mención a ello, excepto en los chascarrillos de entonces.

Con la situación que vivimos en pleno 2024, Felipe VI tiene que seguir haciendo oídos sordos a los continuos escándalos que salpican a la Corona y a su propia familia. De nada le sirve que haya cambiado al jefe de la Casa Real ni que desde Zarzuela se intente promocionar continuamente la imagen de la princesa Leonor (Sobre todo desde su juramento a la Constitución en octubre del año pasado), la cual estoy convencido de que llegará a reinar, pero en medio de un escenario en el que pocos apuesten ya por la continuidad de la Monarquía como forma de Estado. Es probable que al igual que le ocurrió a su exiliado padre, Felipe VI acabe como él y decida abdicar cuando al sistema le convenga sacar sus trapos sucios para entronizar a su hija y de esta forma renovar la imagen de la Monarquía y del régimen de 1978. Eso probablemente ocurra dentro de veinte años, o incluso menos, a tenor de los acontecimientos. 

Con respecto a Sánchez creo que algunos confían en exceso en la supervivencia política del presidente del gobierno. Es verdad que Pedro Sánchez siempre gana, yo mismo lo he dicho siempre e incluso en las últimas entradas que he publicado. Pero una cosa es que Sánchez sobreviva en el día a día y otra que llegue a completar la legislatura e incluso a seguir en la Moncloa más allá del 2027. Sánchez es un tipo insaciable de poder, y tal y como están las circunstancias todo parece indicar que la cosa se le va a complicar conforme la legislatura avance. La elecciones europeas pueden ser su tumba política, ya que un mal resultado del PSOE a nivel nacional podría abocar a Feijóo a presentar una moción de censura que podría ser apoyada por el PNV si el PSOE decide darle el gobierno vasco a Bildu tras las elecciones del 21 de abril y los peneuvistas se ven traicionados por Sánchez. Al igual que las elecciones europeas de 2014 supusieron la llegada de Sánchez al liderazgo del PSOE como consecuencia de la dimisión de Rubalcaba (Y también la llegada de Felipe VI tras la inesperada abdicación de Juan Carlos I), las elecciones europeas de 2024 pueden suponer su final. Un final que de no ocurrir ahora podría ocurrir dentro de unos meses si, como todo parece indicar, el caso Koldogate va a más y el escándalo llega a alcanzar al propio Sánchez.

En definitiva, mientras que es bastante probable que tengamos por unos años más a Felipe VI como rey, no lo es tanto que tengamos a Pedro Sánchez en el gobierno. Felipe VI sabe que su reinado acabará como empezó: siendo una chapuza. Y sabe que tal y como están los acontecimientos los escándalos van a ir a más conforme pase el tiempo, por mucho que los medios tradicionales sean sus principales encubridores y cómplices en esos propios escándalos. Quizás dentro de veinte o diez años incluso, se vea obligado a abdicar en su hija para seguir los pasos de su padre, al cual mandó de forma pasiva al exilio que lo empujó Sánchez en 2020. El reinado de Felipe VI en estos diez años se puede resumir pues en tres palabras: escándalos, debilidad e inestabilidad. Tres términos que se pueden resumir en uno solo: fracaso; y que parece que van a ser los términos que seguirán rigiendo su reinado en estos años que vienen.

Sánchez, por su parte, estoy seguro que seguirá ejerciendo el poder, aunque no sea en el ámbito nacional. Si como algunos auguran, el todavía presidente está dispuesto a dar el salto a la política internacional, su carrera seguirá teniendo futuro, ya que el jefe del gobierno sabe venderse muy bien en el extranjero. Quizás en la UE, quizás en la OTAN, no lo sé, pero lo que es seguro es que Sánchez dará más pronto que tarde el salto fuera de España. Detrás dejará un país sumido en una crisis política sin precedentes, al cual se le suma ya los casos de corrupción que están afectando no ya al PSOE (Que también) sino a su propio gobierno. Pero eso a Sánchez le da igual, ya que como hemos visto a lo largo de estos diez años, al jefe del ejecutivo solo le importa una cosa: él. Lo que deje atrás que lo acarré el que venga (o la que venga). Después de diez años de su llegada a la primera línea política (desde 2014 como líder del PSOE y desde 2018 como presidente del gobierno), el periodo de Sánchez se puede resumir también en tres palabras: inestabilidad, crispación y sectarismo. Tres palabras que en este caso también se pueden resumir en una sola: extremismo; y que seguirán siendo los términos que seguirán representando el paso de Sánchez por la política española hasta que, con independencia del momento, decida irse. 

miércoles, 28 de febrero de 2024

La corrupción sacude al PSOE


No he querido escribir sobre este tema en estos días porque suponía que la cosa iba a ir in crescendo conforme pasase la semana, y no me he equivocado. Me refiero al asunto de corrupción que sacude al PSOE y al gobierno de Sánchez con la venta ilegal de las mascarillas procedentes del ministerio de Transportes en plena pandemia del COVID, en la que están implicados el ex ministro José Luis Ábalos, su mano derecha, Koldo García Izaguirre, el número 3 del PSOE y actual interlocutor en las negociaciones con Puigdemont, Santos Cerdán, la presidenta del Congreso (Por entonces presidenta de las Islas Baleares), Francina Armengol, el ministro de Transportes, Óscar Puente, el ministro de Sanidad, Ángel Victor Pérez Torres, el ex ministro de Sanidad por aquel entonces, Salvador Illa y el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Como se puede ver, estamos pues ante una trama de corrupción a gran escala nacional producida en los peores momentos de la pandemia en los que los muertos en España se contaban por miles diariamente mientras estábamos confinados ilegalmente y en la que están implicados los pesos más pesados del PSOE y del propio gobierno y que algunos están intentando frenar en seco de forma inútil.

Hoy se ha acabado el plazo que desde el PSOE le habían dado a Ábalos para que dimitiese como diputado en el Congreso. Este mediodía Ábalos ha confirmado que no dimite, ya que no va a ser el cabeza de turco de todo esto; añadiendo que "otros han hecho cosas peores". De esta forma Ábalos ha abandonado el grupo socialista en el Congreso y se ha pasado al grupo mixto para, según él, "seguir defendiendo su inocencia". Con este aviso a navegantes Ábalos le ha lanzado un dardo al PSOE y al propio presidente del gobierno, Pedro Sánchez, al negarse a dimitir por un caso de corrupción en el que él era el máximo responsable y conocedor de las adjudicaciones que se realizaban desde el ministerio que dirigía. El PSOE por su parte ya lo ha suspendido de militancia del partido y ansían como agua de mayo que el escándalo no salpique a nadie más que al propio Ábalos, el cual ha insistido una y otra vez en su inocencia.

Pero claro, resulta difícil imaginar que una trama en la que están implicados tantos miembros relevantes del PSOE se hiciese sin la aprobación del presidente del gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Si el por entonces número 2 del PSOE (Ábalos) y el número 3 del PSOE (Santos Cerdán) daban su aprobación y estaban metidos hasta el cuello en lo que ya se conoce como el caso Koldogate (Ya que era la mano derecha del propio Ábalos el que servía de intermediario en las adjudicaciones) ¿Cómo no iba a saberlo el número 1, es decir, Pedro Sánchez? La cosa parece pues complicársele a Sánchez desde que se conoció la detención de varios miembros relacionados con esta trama, entre los que se encontraban el propio Koldo y su mujer. Estamos hablando de un caso de corrupción que no afecta ya a sujetos colocados en el ministerio de Transporte, ni siquiera al propio Ábalos, sino a un caso que afecta a varios miembros del gobierno y del PSOE, lo cual agrava aún más la situación extremadamente débil en la que se encuentra Sánchez desde que en noviembre pasado fuese investido nuevamente presidente.

Con este grave escenario de corrupción que se ha abierto dentro del PSOE y del gobierno, la situación se vuelve aún más insostenible. Ahora resulta que da la irónica casualidad de que con la salida de Ábalos del grupo socialista y su incorporación al grupo mixto, el ex ministro no está obligado a votar a favor de lo que proponga el PSOE en el Congreso, con lo cual puede exigir, al igual que Junts, Bildu, ERC, PNV, BNG, Podemos, etc cualquier cosa a cambio de su voto. Un escenario surrealista si tenemos en cuenta de que quien se sumaría al chantaje constante que los socios del PSOE le están haciendo a los socialistas sería esta vez el que fuera su número 2 en el partido. Esta situación, insisto, complica aún más la legislatura y eleva a una probabilidad altísima que dentro de un año como muy tarde España esté votando nuevamente en unas elecciones generales. Esto no da ya más de sí y Sánchez lo sabe, por mucho que intente agarrarse a la silla de la Moncloa aunque la Guardia Civil tenga que sacarlo del palacio presidencial.

Está claro que Ábalos sabe absolutamente todo de todos y por eso a algunos les resultaría más conveniente dejarlo que se mantenga en su escaño antes de que lo aprieten más y comience a irse de la lengua. Parece ser que el propio Ábalos estaba dispuesto a dimitir, pero a cambio de una embajada, lo cual hubiese resultado un premio por el hecho de estar implicado en un caso de corrupción. Lo curioso además era que quien había sido mandado por Sánchez para negociar con Ábalos su dimisión en la noche de ayer ha sido precisamente el propio Santos Cerdán, el cual está implicado también en la trama, lo cual resulta además de surrealista una tomadura de pelo a todo el personal y un insulto a la ciudadanía si tenemos en cuenta que el actual gobierno llegó a la Moncloa gracias a una moción de censura que expulsó al PP de Mariano Rajoy del poder como consecuencia de los innumerables casos de corrupción que por entonces afectaban al PP. La misma situación en la que ahora se encuentra el PSOE, con la diferencia de que actualmente no hay nadie dispuesto a presentar una moción de censura a Sánchez como consecuencia de la corrupción que afecta a su partido y a su gobierno.

Personalmente creo que Ábalos, aunque sea un sinvergüenza corrupto, ha sabido jugar muy bien sus cartas, ya que ha decidido no ser él quien pague los platos que ha roto no solo él sino varios personajes relevantes de la dirección del PSOE y del gobierno de España. Es lógico pues que se niegue a ser él solo quien asuma una responsabilidad que quizás quien debería asumirla es el inquilino de la Moncloa. Un inquilino al que tras el batacazo del PSOE en Galicia y el más que probable hundimiento en el País Vasco el próximo 21 de abril se enfrenta a las elecciones europeas, las cuales pueden ser letales para él si finalmente el PSOE se lleva una hostia de consideraciones históricas. Quizás Sánchez pueda salir vivo de lo que ocurra el 9 de junio (fecha de las elecciones europeas aquí en España), pero con la explosión de este gravísimo caso de corrupción, es quizás probable que Sánchez comience a pensar que para seguir teniendo futuro en su carrera política sea más considerable irse al extranjero que seguir ocupando la jefatura del gobierno. Veremos pues cómo acaba todo esto y cuántas sorpresas seguirán produciéndose a lo largo de los siguientes días y semanas, pero lo que está claro es que esto, a pesar de que algunos desean que acabe cuanto antes, no ha hecho más que empezar.

domingo, 18 de febrero de 2024

Reforma constitucional en medio del caos


El pasado jueves 15 de febrero Felipe VI y Pedro Sánchez sancionaron la tercera reforma de la Constitución, la cual afecta en este caso al artículo 49, el cual hace mención a los discapacitados. Una reforma absurda y discriminatoria que ha sido aprobada en las Cortes Generales con el apoyo ferreo del bipartidismo y de los demás grupos parlamentarios (Con la excepción de VOX, que a última hora votaron en contra).

Esta reforma, la tercera desde que entrara en vigor la Constitución en diciembre de 1978, es una reforma como ya he indicado antes, absurda y discriminatoria. Absurda porque España tiene en estos momentos problemas muchísimo más graves e importantes que modificar un artículo en el que se modifica el término "disminuido" por "personas con discapacidad". ¿Acaso va a cambiar y/o mejorar algo cambiar ese término? Si alguien llama a una persona en tono despectivo "discapacitado" ya está discriminando con ese término a esa persona. 

El mismo término que ahora tanto el propio Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo consideran que no ofende en absoluto a las personas que tienen algún tipo de problema sensorial, psíquico o físico. Eso sí, ya algunos no se acuerdan cuando desde los partidos que han aprobado esta reforma hablaban hace cuarenta años de las personas discapacitadas refiriéndose a ellas como "subnormales". Basta con mirar el diario de sesiones del Congreso de aquellos años para comprobarlo.

En estas circunstancias uno piensa ¿Cuando se considere el término discapacitado como un insulto se reformará nuevamente la Constitución para incluir un término más nuevo y menos ofensivo? Esto sería la noria que nunca para de rodar si llegamos a este contexto. Pero claro, todo sirve con tal de hacer demagogia y populismo a la hora de modificar un término para quedar bien ante la población y quedar como personas sensibles y comprometidas con aquellos más vulnerables.

Pero aquí no queda la cosa. En la misma reforma se ha incorporado un párrafo en el que se hace mención que los servicios públicos atenderán las necesidades específicas de las mujeres y menores con discapacidad. ¿Qué quiere esto decir? Pues que las mujeres y los menores con discapacidad tendrán preferencia a la hora de ser atendidos por las administraciones públicas frente a los hombres adultos.
 
Una ironía bastante curiosa y maliciosa que atenta contra el artículo 14 de la propia Constitución y que atenta a su vez también contra los derechos mencionados en el propio artículo 49 al discriminar a una parte de la población española frente a la otra. Y todo ello con la aprobación efusiva del gobierno y del principal partido de la oposición. Eso sí, todo en beneficio de la igualdad y los derechos de todos, según ellos.

Con esta reforma constitucional, la tercera desde la primera que se aprobó en agosto de 1992 con el artículo 13 y la segunda que se aprobó en septiembre de 2011 con respecto al artículo 135, la sociedad española contempla nuevamente entre la pasividad más absoluta como los poderes públicos pisotean sus derechos en favor de los intereses de esa propia clase política que se erige sin vergüenza alguna como la representante de esa sociedad cada vez más degradante y enferma.

La misma sociedad que contempla estos días como el gobierno ha gestionado de forma miserable e inhumana la crisis provocada por el asesinato de los dos Guardias Civiles en Barbate a manos del narcotráfico. Y es que no contento el gobierno con haber disuelto la unidad OCON-Sur, que combatía el nacotráfico en el territorio donde ahora se ha producido la tragedia, el propio PSOE ha votado en contra en el Parlamento europeo de catalogar a la Policía Nacional y a la Guardia Civil como "profesiones de riesgo", lo cual habría supuesto otorgar de mejores medios a estos cuerpos a la hora de hacer su labor. Pero eso al gobierno de Sánchez le da exactamente igual. 

De hecho a las pocas horas del asesinato en Barbate fue el propio presidente del gobierno el que acudió pletórico a la gala de los Goya mientras él, ni Marlaska (El cual fue expulsado por la viuda de uno de los Guardias Civiles en su funeral) ni ningún otro miembro del ejecutivo pisaba la zona donde se había producido el crimen. Y todo ello mientras en el Parlamento catalán se les negaba un minuto de silencio a los asesinados por parte del PSC y los independentistas. 

En definitiva, nada nuevo bajo el sol de esta España que continúa pudriéndose a marchas forzadas a la vez que el sector agrario mantiene en pie una huelga general en todo el país mientras lucha por sus derechos, los cuales también están siendo pisoteados como consecuencia de las políticas que se aplican desde Bruselas y desde el propio gobierno de España en favor de terceros países (Marruecos, especialmente).

Seguramente nunca sepamos lo que el PSOE le debe a Marruecos ni qué información tan altamente comprometida sacó el servicio secretó marroquí del móvil del presidente del gobierno, pero no cabe duda que tanto lo ocurrido en Barbate como la huelga general que el campo tiene abierta en toda España en defensa de sus derechos guardan cierta relación con la especial relación que la izquierda española mantiene con Marruecos y su rey. 

Y todo ello mientras hoy se celebran en Galicia las elecciones autonómicas, las cuales podrán otorgar al PP de Feijóo otros cuatro años más en la Xunta o pasar a la oposición en favor de un gobierno separatista del BNG con el socialismo gallego, lo cual abriría un nuevo frente independentista en España desde Galicia, el tercero junto con Cataluña y el País Vasco. El remate perfecto para el caos en el que estamos inmersos. 

Si esto se confirmase supondría una dura pérdida para el PP de Feijóo, el cual tras quince años en el gobierno gallego vería perdido una de sus territorios más fieles e importantes tras haber estado durante quince años arrinconando y marginando el español en favor del gallego mientras enaltecía su nacionalismo. Quién le diría a Manuel Fraga que iba a ser el fundador de un partido que en su propia tierra hace a día de hoy enaltecimiento de los nacionalismos regionales en detrimento del nacionalismo español, tan pisoteado y calumniado a lo largo de estas últimas décadas.

Por no hablar de las últimas noticias publicadas sobre el propio Feijóo, cuyo partido ha reconocido que a cambio de la investidura estaba por la labor de indultar a Puigdemont tras estudiar durante 24 horas la oferta de éste con respecto a la amnistía. El propio Feijóo ha reconocido de hecho estar en contra de las manifestaciones de su propio partido contra los indultos del año 2021, lo cual demuestra que entre el líder de la oposición y el presidente del gobierno no hay ninguna diferencia. O que como decía mi padre, "Tan hijo de puta es enero como febrero".

Por mi parte no me dará ninguna lástima ver cómo el PP pierde uno de sus feudos en favor de los independentistas y socialistas, ya que ellos mismos han sido los que han alimentado en Galicia el monstruo del nacionalismo como si de la Convergencia de Pujol en Cataluña o el PNV de Arzalluz en el País Vasco se tratase. De producirse este escenario sólo Sánchez saldrá nuevamente indemne y reforzado de todo esto, como ya es habitual en él; aunque por el camino el PSOE gallego quede en tercer lugar, como ya indican las encuestas. Y es que hay una cosa clara: Pedro Sánchez siempre sale fortalecido pase lo que pase; aunque el país se este viniendo abajo.