viernes, 6 de marzo de 2026

No a la guerra... pero sí al envío militar


Hace un par de días escribí en mi última entrada acerca de la guerra en Irán y la posición del gobierno de Pedro Sánchez de no colaborar con Estados Unidos en lo concerniente al uso de las bases de Morón de la Frontera y Rota. Una decisión que ya dije en su momento que, a pesar de mi total rechazo a Sánchez, me parecía correcta, ya que España no debería involucrarse en una guerra en la cual a nuestro país no se le ha perdido nada.

Pues bien, al día siguiente de escribir dicha entrada, Pedro Sánchez compareció desde Moncloa con el objetivo de lanzar un mitin electoral en la sede de la presidencia del gobierno y de asegurar que él era, cuando menos, un superhéroe pacifista dispuesto a ser el antagonista mundial de Donald Trump. Tras anunciar que su política de defensa con EEUU se resumía en cuatro palabras: "No a la guerra", Sánchez hizo alusión al gobierno de José María Aznar y a la foto de las Azores del ex presidente del gobierno con George W. Bush y Tony Blair en marzo de 2003. Una foto que, según añadió el propio Sánchez, trajo más terrorismo, empeoramiento de calidad de vida, etc.

Si más pronto había aplaudido esa postura (la de no intervenir en la guerra de Irán), más pronto volvió a sacarme de mis casillas este sujeto cuando de su decisión comenzó a hacer electoralismo político y a sacar el mayor rédito posible a la guerra de Irán. Es obvio que tratándose de Sánchez nada va a sorprenderle a uno, pero corrobora una vez más la falta de escrúpulos y la malicia de este individuo, el cual ha querido sacar votos de su ganado a través de los muertos y heridos que se están produciendo en este conflicto, el cual sigue su escalada a nivel mundial y amenaza por conducirnos al peor de los escenarios.

Pero por si todo esto no fuese poco, después de la comparecencia miserable de Sánchez, desde la Casa Blanca aseguraron que el gobierno de EEUU había hablado con el gobierno de España, el cual le trasladó su decisión de cooperar en todo lo necesario para ayudar a los norteamericanos en la guerra. Tras este anuncio desde Washington, en Madrid salieron poco después a desmentir tajantemente dicho acuerdo. Desde entonces ha habido una serie de declaraciones contradictorias en el propio gobierno, las cuales han acabado con la salida hacia Chipre en el día de ayer de la fragata Cristóbal Colón, la más avanzada de la Armada española.

Y cuando ya habíamos visto que Sánchez, una vez más, había "cambiado de opinión" y decidido intervenir en la guerra mientras desde Madrid decía lo contrario, en Washington se ha producido unas declaraciones que a mí, como español, me avergüenzan y me indignan. Donald Trump salió afirmando en el día de ayer que España es "una nación perdedora, la cual no trabaja en equipo, por lo que nosotros tampoco trabajaremos en equipo con ellos". Todo esto después de que Sánchez se haya bajado de nuevo los pantalones y haya decidido intervenir en la guerra de Irán, aunque a sus acólitos les sigue haciendo creer que es un pacifista.

Dicho esto creo que ya es hora de dejar las cosas claras. EEUU y Donald Trump no son absolutamente nadie para insultar a una nación como España. Una nación que si no fuera por ella, Donald Trump probablemente no habría existido jamás, y con toda seguridad hoy en día no estaría presidiendo un país llamado "Estados Unidos de América", desde el cual, y de forma chulesca, desprecia y le falta el respeto a una nación con más de quinientos años de historia, que se atreve a amenazar con embargarla comercialmente. 

Los españoles no tenemos la culpa de que los americanos hayan votado a un tipo que, al igual que Sánchez, carece de escrúpulos y amenaza con represalias en cuanto alguien le lleva la contraria. En este caso, la contraria de Sánchez ha resultado finalmente ser una farsa, como todo en él; pero si su posición o la de cualquier otro gobierno en España hubiese sido la de mantenerse firmemente neutral en el conflicto de Irán, Donald Trump tendría que joderse y apechugar con lo que decide una nación, teóricamente soberana como es España y no amenazar con tomar represalias, en este caso comerciales, contra nosotros.

Yo comprendo que Donald Trump es un pijo caprichoso y egocéntrico, al cual nunca le han dicho que no en la vida, y por ello cuando recibe una negativa como respuesta decide incendiar el mundo. No es mi culpa ni la de nadie que este tipo tenga el comportamiento infantil de un niño de ocho años en un cuerpo de un anciano de ochenta. Por otro lado, Pedro Sánchez demuestra, una vez más, que es la otra cara de la misma moneda con respecto a Donald Trump. 

Un tipo narcisista y miserable, el cual se aprovecha de un conflicto bélico para, de forma cínica y engañosa, hacer creer a los españoles que la posición de nuestro país iba a ser neutral mientras negociaba en secreto con Washington el envío de la fragata Cristóbal Colón y la disposición del gobierno de España de colaborar con las Fuerzas Armadas estadounidenses en las bases de Morón de la Frontera y Rota. Solo un miserable como él podía hacer una aberración semejante y una traición de esa índole.

Por lo que a mí respecta debo hacer autocrítica y decir que a pesar de la opinión nefasta que tengo de este personaje, llegué a creer por un momento que iba a mantener a España ajena a un conflicto que sigue in crescendo conforme pasan los días y cuyo desenlace cada vez está más lejos de producirse. Me avergüenza haber creído por un solo momento que, por los motivos que fuesen, este tipo fuese a mantenernos al margen de una guerra cuya escala ya ha alcanzado a todo Oriente Medio y amenaza con extenderse hacia el resto del mundo.

Si algo ha demostrado la guerra de Irán en estos días es que Pedro Sánchez y Donald Trump son exactamente lo mismo: dos tipos egocéntricos, narcisistas, chulescos y peligrosos, los cuales están dispuestos a todo por conseguir sus objetivos: Por parte de Sánchez, el de destruir a España con tal de permanecer él de forma vitalicia en el poder; por parte de Trump, el de destruir el mundo a favor de los intereses de EEUU o, mejor dicho, de sus propios intereses empresariales. Dos caras de la misma moneda que representan lo peor de la política y la corroboración de que a ambos lados del Atlántico están liderando sus respectivos gobiernos tipejos sin la más mínima catadura moral, los cuales están dispuestos a todo para satisfacer sus egos personales. 

Como español que soy debo preguntarme ¿Quién defiende ahora a España de los insultos y descalificaciones de Trump hacia nuestro país? El gobierno de Sánchez no, por supuesto. Bastante tienen ya con resucitar el viejo lema del "No a la guerra" para evitar que los casos de corrupción que sacuden a Sánchez y al PSOE se los lleven a ambos por delante. Por otro lado, ahora, más que nunca, es necesario que Trump pierda las elecciones legislativas de noviembre. 

Una pérdida electoral que serviría para poner fin a su presidencia de forma anticipada a través de un impeachment que lo desalojase de la Casa Blanca por la puerta de atrás, mientras dejaría tras de sí una guerra que está amenazando cada día más con llevar al mundo al abismo. Jamás pensé que dijera esto, ya que, como he señalado en entradas anteriores, no simpatizo con los demócratas y aposté por Trump en las elecciones de 2024, aunque sospechaba que probablemente este segundo mandato sería una decepción absoluta, como realmente está ocurriendo.

Y en lo que respecta a Sánchez, ahora, más que nunca, es necesario que el PP presente una moción de censura con el objetivo de presentar a un candidato independiente, cuyo único objetivo sea el de convocar elecciones anticipadas urgentemente. Como es obvio, ni Feijóo ni nadie tendrán los cojones suficientes de presentar una moción que, por desgracia, tiene todas las de perder, ya que Sánchez continúa atrincherado en Moncloa gracias al apoyo de sus socios, los cuales son igual de miserables que él. 

España está pues perdida y ni el gobierno ni la oposición están a la altura de las circunstancias. Tampoco Santiago Abascal, el mismo que hace un par de días ha acudido a Berlín a rendirle pleitesía a su amo Netanyahu, supongo que con la idea de pedirle perdón por la imagen deplorable que está dando España gracias a los bandazos del gobierno de Sánchez. Un Sánchez que si mañana mismo le garantizan, como mínimo, otros ocho años al frente del ejecutivo, no dudaría ni un instante en mandar no solo a la fragata Cristóbal Colón, sino a todo el ejército español al conflicto iraní. 

Esta es la situación deplorable en la que nos encontramos. El presidente de los Estados Unidos insultando a España ante los bandazos del gobierno de Sánchez, el cual cree que podrá seguir engañando a sus acólitos liderando el "No a la guerra" en las manifestaciones mientras colabora con Trump en esta guerra que va a devastar al mundo y de la que nadie, salvo sus promotores, va a salir ganando. 

Si algo ha demostrado esta situación al límite en la que nos encontramos es que Trump y Sánchez son prácticamente lo mismo: dos tipejos egocéntricos con un afán de poder y protagonismo absoluto, los cuales no se soportan mutuamente pero que son, a fin de cuentas, lo mismo. Nada tiene que envidiar el uno al otro, ya que ambos creen ser la grandeza personificada. Por todo ello, la salida de ambos de la Moncloa y de la Casa Blanca es más necesaria y urgente que nunca. 

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