sábado, 14 de marzo de 2026

Nazismo y fascismo, dos variantes del socialismo


Decía un tipo llamado Winston Churchill que "los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos 'antifascistas'", y sin lugar a dudas es lo que está ocurriendo en nuestros días, sesenta y un años después de terminada la II Guerra Mundial. Por supuesto, en lo que a mí respecta, no seré yo quien halague a Churchill, un alcohólico y fumador empedernido, además de un tipo sin escrúpulos, cuyo papel en las guerras de la India o de Sudáfrica nos retrataba a un racista sin escrúpulos, el cual distaba mucho de ser ese estadista que la historia nos quiere vender. 

Pero esta entrada no va dirigida a Churchill, sino precisamente a sus enemigos en la II Guerra Mundial: el nazismo y el fascismo, dos corrientes totalitarias unidas por un mismo factor en común: el socialismo. A pesar de las negaciones que después de sesenta años se lleva haciendo, no cabe duda de que tanto el nacionalsocialismo creado por Adolf Hitler en Alemania como la del fascismo italiano con Benito Mussolini a la cabeza fueron ideologías totalitarias surgidas a través del socialismo. 

¿Esto quiere decir que el nacionalsocialismo y el fascismo eran socialistas tal y como los conocemos actualmente? No exactamente; la socialdemocracia actual fue hija ideológica del resultado de la II Guerra Mundial. El nacionalsocialismo y el fascismo fueron ideologías variantes del socialismo internacional/científico ideado por Karl Marx en el siglo XIX. En el caso de Italia tenemos a Benito Mussolini, el cual fue militante del Partido Socialista Italiano durante catorce años, llegando incluso a dirigir el periódico socialista "Avanti". 

Mussolini, como todos sabemos ya, fue expulsado del partido socialista por ser favorable a la intervención italiana en la Primera Guerra Mundial, una cuestión de la que discrepaba con sus compañeros de partido, los cuales le dieron de lado. Es entonces cuando Mussolini mezcla elementos del nacionalismo italiano con los principios básicos del socialismo clásico y los fusiona en un cóctel que pasaría a denominarse Partido Nacional Fascista, lo cual le llevaría al poder tras la Marcha sobre Roma en octubre de 1922. 

Con Adolf Hitler sucedería lo mismo en aquellos convulsos años, llegando a militar en un grupo llamado Partido Obrero Alemán, el cual pasaría a denominarse posteriormente con el nombre de Partido Nacionalsocialista Obrero Aleman, partido con el que ascendería al poder en enero de 1933. Hitler, al igual que Mussolini, habían leído a Marx, y fueron muy astutos a la hora de fusionar dos ideologías teóricamente tan opuestas como interesantes: el nacionalismo y el socialismo. Lo que en la teoría era algo imposible de realizar, Hitler y Mussolini lo hicieron realidad a principios de la década de 1920.

Un matiz que cabe diferenciar entre el socialismo marxista con respecto al nacionalsocialismo de Hitler y el fascismo de Mussolini es el hecho de que ambas fuerzas eran también contrarias al marxismo y al comunismo, no así a la implantación de un socialismo nacional y a la erradicación del capitalismo como sistema económico a la vez que defendían un sistema corporativista y la defensa de la propiedad privada. Por otro lado, tanto el fascismo como el nazismo eran favorables al control de los medios de producción, lo cual defiende igualmente el socialismo internacional. 

Políticos como Joseph Goebbels, ministro de Propaganda con Adolf Hitler, reconocieron en diversas publicaciones afirmaciones como "El socialismo es la ideología del futuro"; "No somos una institución benéfica, sino un partido de socialistas revolucionarios"; "Las líneas del socialismo alemán son nítidas y nuestro camino está claro. Estamos contra la burguesía política y a favor del auténtico nacionalismo. Estamos contra el marxismo, ¡y, por el verdadero socialismo!". Todas estas y muchas otras afirmaciones parecidas aparecen recogidas, con fecha y fuente en una página denominada "Fundación para la Educación Económica", no me las estoy inventando yo.

Otro punto interesante es que irónicamente, entre enemigos supuestamente tan antagónicos, se produjese el acuerdo de crédito germano-soviético, el pacto Ribbentrop-Mólotov, el Tratado Germano-Soviético de Amistad, Cooperación y Demarcación, o las conversaciones entre la Rusia soviética de Iosif Stalin y la Alemania nacionalsocialista de Adolf Hitler para que los comunistas entrasen a formar parte del Eje, lo cual finalmente no ocurrió. Como se pueden ver, unas relaciones muy fructiferas las de la Alemania nazi con la Rusia soviética, por contra de lo que nos han hecho creer los historiadores. 

En definitiva, con estos datos pretendo hacer hincapié en que el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano, así como sus líderes, estaban más cerca de los partidos históricamente socialistas que de los hegemónicos partidos conservadores-liberales. Se dice que la historia la escriben los vencedores, y a pesar de que aquí en España la han reescrito los vencidos, esa regla de tres vuelve a repetirse en el caso de los ganadores de la II Guerra Mundial. ¿Cómo habría sido Europa y el mundo si los nazis y los fascistas hubiesen ganado? Es una pregunta intrigante, pero por supuesto sería bastante diferente a la Europa y al mundo que hemos visto desde hace sesenta y un años.

Conviene recordar que a pesar de esto, tanto el nacionalsocialismo, el fascismo, el comunismo y el socialismo internacional han sido corrientes totalitarias que han cometido los mayores genocidios conocidos en la historia. Mao, Stalin, Hitler y Mussolini no dejan de ser pues dos caras de la misma moneda, por mucho que la izquierda actual se arranque las vestiduras cuando lee cuestiones como las que estoy escribiendo en esta entrada. Algunos alegarán que Hitler y/o Mussolini ilegalizaron los partidos de izquierdas para asentar el nazismo y el fascismo. 

Lo que olvidan es que esa misma medida la tomaron los comunistas en Rusia y en China para asentar sus propios regímenes totalitarios. Quien crea que el socialismo ha consistido toda la vida en repartir rosas rojas y en respaldar los Derechos Humanos, así como los movimientos LGTBI, feministas, etc, convienen que se den una vuelta, no ya por la Alemania e Italia de Hitler y Mussolini, sino por la Rusia y China de Stalin y Mao. 

A pesar de que muchos consideren que lo que he afirmado sea una barbaridad, no deja de ser una realidad pura y dura: el nacionalsocialismo y el fascismo beben sus vertientes ideológicas en el socialismo clásico y en un nacionalismo con tintes raciales, y no pasa nada por reconocerlo, así es como se avanza en la historia y en el desarrollo de la humanidad. También Otto Von Bismarck acometió políticas socialistas durante su largo mandato como canciller de Prusia. 

¿Lo hacía porque era socialista? En absoluto. Lo hacía para salvaguardar su propio poder y los intereses del Imperio Alemán frente a las amenazas reales que en aquel momento representaban los sectores socialistas contra los sistemas burgueses, pero, aunque fuese por cuestiones de estrategia política, sus medidas sociales ahí están. Por todo ello, la conclusión que saco con respecto a todo esto es, una vez más, que si los periodistas nos engañan con el presente, los historiadores lo hacen con el pasado. 

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