miércoles, 11 de marzo de 2026

La Ley de Murphy


Decía Julieta Venegas en su canción "Limón y sal" una frase que ya he acuñado en otras ocasiones cuando he hablado de la felicidad. La frase decía "Tengo que confesarte ahora, nunca creí en la felicidad. A veces algo se le parece, pero es pura casualidad". Algo así podría ser aquello a lo que he hecho referencia en varias entradas y que creo que bien merecía una propia: la Ley de Murphy. 

Siempre me he declarado un seguidor y/o fan de esta mítica ley popular que se fue haciendo conocida a mediados del siglo XX por el ingeniero aeroespacial Edward A. Murphy Jr., el cual hizo famosa aquella frase sobre la que se sustenta dicha ley no escrita y que el tiempo le ha acabado dando la razón: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Y es que si hay algo sobre lo que gira nuestra vida, aunque algunos no sean conscientes de ello, es precisamente la Ley de Murphy. 

¿Quién no ha intentado evitar cruzarse con una persona determinada para finalmente acabar encontrándotela de frente? ¿A quién no le ha ocurrido buscar desesperado una prenda de vestir justo cuando más prisa tienes? ¿Quién no ha escogido, de entre varias cajas, la caja del supermercado más lenta? ¿Quién no ha tenido problemas con la batería del móvil justo cuando más falta te hacía? ¿Quién no ha dicho "No me llevo el paraguas, no va a llover" y te acaba cayendo el Diluvio? 

¿A quién no le ha ocurrido estar esperando durante varias horas un paquete de reparto y que éste llegue después de salir un momento a la calle? ¿A quién no le ha ocurrido que en un momento dado no puedas comprar un producto y decides comprarlo para la siguiente ocasión, en la cual te encuentras el sitio porque el producto ya ha sido vendido? ¿A quién no le ha sucedido estar horas buscando un objeto y cuando finalmente lo das por perdido llegar a encontrarlo cuando estabas buscando precisamente otra cosa? ¿Quién no se ha hartado de buscar un taxi cuando más lo necesitas sin que éste aparezca y solo cuando ya no lo necesitas es cuando aparecen?

¿A quién no se le ha quemado una pizza por distraerse solo un par de minutos mirando el móvil? ¿Quién no se ha encontrado con el metro partiendo justo cuando ibas bajando las escaleras? ¿Qué persona no se ha aburrido por no encontrar nada interesante en la televisión y justo otro día emiten a la misma vez programas, documentales o películas que deseas ver a la misma hora? ¿Quién no ha hecho algún juego de apuestas a un número y cuando te quedas sin dinero es cuando éste sale? ¿Quién no ha estudiado un temario entero para un examen y precisamente lo que no has podido o querido estudiarte es lo que te preguntan?

Como estos, mil ejemplos más se podrían exponer aquí sobre la Ley de Murphy y nos quedaríamos cortos. Todos sabemos ya el ejemplo de la tostada ("Si la tostada cae, será por el lado de la mantequilla"), el cual es uno de los más memorables cuando hablamos de esta cuestión. En mi caso, como sevillano y persona que ha ido a cientos de miles de procesiones, puedo exponer dos casos claros de lo que supone la Ley de Murphy en lo que respecta al público congregado para ver los pasos procesionales: Da igual donde te ubiques, la gente siempre pasará justo por el lugar donde estés; Da igual donde te pongas, al final delante tuya se pondrá el padre que sube a su crío en hombros, alguien más alto que tú o alguien que para grabar sube su móvil lo suficientemente alto como para que no veas nada. 

De esta forma, pretendo hacer una pequeña referencia a una norma no escrita que siempre está presente en nuestro día a día y de la cual no nos libramos ni un solo ser humano. La Ley de Murphy es una realidad y este que está aquí da fe de su existencia. Dicho esto, puede que alguien se pregunte qué tiene que ver la frase anteriormente citada de Julieta Venegas con la Ley de Murphy. Muy sencillo, la frase es pesimista por naturaleza, y la propia Ley de Murphy lo es igualmente. 

Hay quienes consideran que los seguidores de Murphy y de su Ley son pesimistas por naturaleza. Nada más lejos de la realidad. Este que escribe esta entrada es pesimista, pero lo soy precisamente porque, entre otras cosas, la Ley de Murphy me ha enseñado que si algo puede salir mal, saldrá mal. No es pensamiento, es experiencia y Murphy lo plasmó excelentemente con su Ley, la cual siempre estará en vigor. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.