lunes, 24 de julio de 2023

23-J; Sánchez gana perdiendo


España tenía que elegir hoy entre susto o muerte y ha escogido finalmente muerte. Los resultados de las elecciones generales de esta noche demuestran que Pedro Sánchez (A pesar de lo que han ido pregonando por ahí los medios de derechas y sociólogos subvencionados como Narciso Michavila) está más vivo que todos nosotros juntos, y con él el gobierno Frankenstein y el proceso de demolición de la nación española y del sistema de 1978. Y es que se ha confirmado lo que yo llevo meses vaticinando, que era la posibilidad de que Pedro Sánchez pudiese reeditar el pacto con sus socios actuales a pesar de perder las elecciones. Y es que aunque el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo ha obtenido una decepcionante victoria de 136 diputados, el deplorable resultado del PSOE de Pedro Sánchez con 122 diputados (Dos más que en las últimas elecciones generales en noviembre de 2019) permite a éste mantenerse en la Moncloa hasta 2027, a pesar de haber perdido las elecciones, gracias a su pacto con Sumar de Yolanda Díaz (La cual ha obtenido un bochornoso resultado de 31 diputados y la cuarta posición) y con el resto de las formaciones independentistas, nacionalistas y etarras que lo auparon a la Moncloa en 2018 y que lo han ido manteniendo hasta ahora en el poder gracias a las constantes cesiones que Sánchez ha ido otorgando a sus socios a cambio de su apoyo parlamentario.

Unos apoyos que ahora se van a recrudecer con las nuevas exigencias que los etarras, independentistas y nacionalistas van a poner encima de la mesa al PSOE a cambio de su apoyo para la próxima legislatura; entre ellos los referéndums de independencia de Cataluña y el País Vasco, y con ello la ruptura de la unidad territorial de la nación española y el fin de ésta como Estado-Nación. En definitiva, cuestiones que a nadie le debe de extrañar a pesar de su gravedad, ya que los españoles sabían y muy bien lo que estaba hoy en juego. Aun así el pueblo español ha hablado y ha dejado dicho alto y claro que el futuro de España le importa un carajo. Y es que ya había dicho yo estas semanas que a los españoles les importa poco o nada las cuestiones políticas y/o sociales que estamos atravesando. A los españoles les da igual que este gobierno haya liberado a miles de asesinos, agresores, pederastas, etc con la famosa ley del Sólo Sí es Sí; a los españoles les da igual que el gobierno pacte con terroristas e independentistas las leyes más relevantes de la legislatura; y a los españoles les da igual que el gobierno esté llevando a cabo un plan que consiste en desmantelar el sistema de 1978, ya que al español medio lo que le importa es única y exclusivamente su bolsillo y la situación económica del momento. Esa y no otra es la razón por la que la izquierda, a pesar de haber perdido esta noche las elecciones, sigue teniendo mayoría parlamentaria para seguir gobernando.

Ya he dicho en otras ocasiones, y lo repito ahora, que la única posibilidad de que la izquierda pueda ser expulsada del gobierno es en un contexto de crisis económica como el que se vivió en 2011 o en 1996, y esa situación no se da en estos instantes en España. Por ello el resultado de las elecciones de esta noche no me ha sorprendido para nada, ya que a pesar de lo que vaticinaban las encuestas, era muy escéptico con respecto a ellas y con la posibilidad de que la derecha pudiese obtener hoy una mayoría absoluta para desplazar a la morralla que gobierna nuestro país desde hace cinco años y que en estos momentos se ha reforzado más que nunca, añadiendo a partir de esta noche al fugitivo Puigdemont como nuevo socio del gobierno Frankenstein, y posiblemente también al BNG. Cualquier socio es válido para Sánchez con tal de seguir gobernando; por eso la derrota de hoy ha sido una victoria para el actual presidente del gobierno, ya que ha salido ileso de unas elecciones que según algunos iba a ser tu tumba política. Desgraciadamente no ha sido así y Sánchez se ha demostrado que tiene todavía capacidad de resistencia suficiente como para rematar en los próximos años la grave crisis política y social (Falta por venir la económica) que atraviesa actualmente España. Un remate que sólo podrá producirse con la ayuda de sus socios, ya que Sánchez sabe que sus socios necesitan tanto de él como él de ellos, lo cual hace más factible su investidura y por lo tanto su continuidad al frente del poder. Con los resultados de hoy se corrobora que Sánchez es indestructible, y que esa continuidad suya al frente del poder puede superar incluso el tiempo de permanencia de Felipe González en el gobierno, el cual fue ni más ni menos que de catorce años. Ante este devastador panorama no sería descartable en absoluto que Sánchez esté al frente del ejecutivo hasta mínimo bien entrada la próxima década. 

Ya he dicho por otra parte que todos los presidentes del gobierno desde 1976 se han ido del ejecutivo por "la puerta grande" (Entiéndase el término de puerta grande como el de unas circunstancias graves y extraordinarias en las que se encuentra sumido el país en ese momento). Adolfo Suárez se fue del gobierno tras el 23-F, Leopoldo Calvo Sotelo tras la desaparición de su partido: la UCD, Felipe González en medio de una crisis económica y política en la que los casos de corrupción eran el pan nuestro de cada día, José María Aznar tras el 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero con España al borde de la quiebra y del rescate financiero, y finalmente Mariano Rajoy, que con la moción de censura abandonó el gobierno tras el golpe de estado del 1-O y la declaración de independencia catalana. Por ello la salida de Sánchez del gobierno no terminaba yo de verla aún, ya que este tipo se va a ir de la Moncloa en medio de un escenario que difícilmente puedo predecir a día de hoy, pero que promete ser apoteósico. Ya lo demostró cuando el 1 de octubre de 2016 abandonó por la fuerza la secretaría general del PSOE tras descubrirse el intento de pucherazo que el propio Sánchez organizaba en su partido. Si la primera parte acabó como el rosario de la aurora, ¿Cómo no acabará esta segunda parte? De cualquier forma menos bien. Sánchez es un tipo sin escrúpulos sediento de poder, el cual no dejará el gobierno hasta que él quiera voluntariamente dentro de unos años, y que ahora, a pesar de haber perdido las elecciones, aceptará todo lo que Puigdemont, Junqueras y Otegui le exijan con tal de mantenerse en la Moncloa y poder continuar viajando en el Falcon, aunque eso suponga la ruptura territorial de España. 

En lo que respecta a Feijóo debo decir que tras los decepcionantes resultados de esta noche, su continuidad al frente del PP no la veo de momento en serio peligro. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el PP no puede permitirse una nueva crisis interna sólo un año y medio después del revuelo que causó la crisis provocada por Pablo Casado, la cual acabó con su dimisión forzada al frente del partido. Otra cosa es que, en mi opinión, Feijóo sí debería dar un paso atrás como consecuencia de los resultados insuficientes que ha obtenido y dejar que Isabel Díaz Ayuso se haga por fin con el liderazgo del PP a nivel nacional (Escenario que insisto, no se va a producir, ya que eso supondría crear una nueva crisis que el PP no podría soportar). Y lo digo a pesar de que he visto en directo por televisión cómo los votantes del PP coreaban a gritos el nombre de Ayuso mientras hablaba el todavía presidente del PP y, aunque no lo parezca, ganador de estas elecciones generales. Ha resultado un poco chocante ver cómo el presidente del PP y ganador de las elecciones era interrumpido por los gritos en favor de la presidenta madrileña mientras hablaba desde el balcón de Génova, lo cual dice mucho del descontento que ahora mismo hay sobre Feijóo y sobre las expectativas tan altas que muchos tenían depositadas en él. ¿Qué sucederá a partir de ahora? Pues creo que Feijóo intentará resistir, ya que el PP, aunque no pueda formar gobierno, ha ganado las elecciones, por ello su intención será la de aguantar hasta 2027 y ser candidato de nuevo a la presidencia; el problema está en que el propio Feijóo no es consciente de que en 2027 quizás ya no haya ninguna España que presidir.

A pesar de que Feijóo tiene muy difícil (Por no decir imposible) la posibilidad de formar gobierno, ya hay algunos que están instando a que el líder de la oposición intente ir a una investidura con los apoyos de VOX, UPN, CC y el PNV, ya que la suma de estos pactos darían un total de 176 diputados, es decir, la mayoría absoluta. Personalmente no le veo sentido a este escenario, ya que los vascos han insistido en que con VOX no van "Ni a la vuelta de la esquina", un sentimiento que es recíproco por parte de los de Abascal hacia los nacionalistas. Por ello es imposible que Feijóo pueda llegar a un acuerdo con ambas formaciones a la vez, ya que los vascos exigirán que VOX no entre en un gobierno liderado por Feijóo, mientras que los de Abascal pondrán como condición sine qua non su entrada en el ejecutivo. Por no hablar de las condiciones que podrían plantear los canarios, los cuales tampoco son muy entusiastas de Abascal. En definitiva, por mucho que Feijóo haya dicho que planea ir a la investidura cuando el rey abra las consultas para proponer al candidato a la presidencia del gobierno, éste no tendrá los apoyos necesarios para ser investido, lo cual dará paso a una nueva ronda de consultas que acabará sí o sí con Sánchez como candidato a la presidencia del gobierno, a pesar de ser el partido perdedor en estas elecciones, pero que sí tiene a su alcance la mayoría para ser investido. Otra cosa diferente es que esa mayoría pueda resistir toda la legislatura. Yo personalmente creo que sí, pero eso es algo que ya se irá viendo conforme vayan pasando estos cuatro años.

En lo que respecta al bloqueo político que algunos están augurando ya y a la posibilidad de ir a unas nuevas elecciones a finales de este año o principios del que viene debo decir que no creo en absoluto que vayamos a ese escenario, ya que los números sí dan para formar gobierno, el problema está en que quien tiene la posibilidad de formarlo es por primera vez el partido que ha perdido las elecciones y no el que las ha ganado. Un escenario nuevo que nunca se había producido hasta ahora en España. Por otra parte hay que tener en cuenta que si Sánchez tiene en su mano poder ser investido ahora, ¿Para qué se va a arriesgar a ir a unas nuevas elecciones? Sería una apuesta bastante arriesgada en la que perdería más de lo que ya ha perdido esta noche. Y es que Sánchez ya sabemos todos que es un narcisista y un hijo de puta repugnante, pero no es tonto, y sabe que es mejor para él aprovechar esta oportunidad que rechazarla, y sabe también que la situación actual no es como la que se vivió entre 2015 y 2016, o la que se vivió ya con él como presidente en 2019; por ello dejará las cosas tal y como están y no se arriesgará a perder algo que en estos momentos ya tiene asegurado. A fin de cuentas, ya sabemos que tanto a Sánchez como a sus socios en general lo que les guía son única y exclusivamente sus intereses particulares.

Y por último me gustaría comentar otro resultado catastrófico por el que nadie ha asumido responsabilidades. Me refiero al descenso de VOX, el cual ha pasado de 52 diputados a 33. Un resultado del que el propio Santiago Abascal no ha asumido ninguna responsabilidad ni ha hecho autocrítica alguna, lo cual resulta bastante curioso, ya que esta postura es más propia de los líderes de los partidos tradicionales que de los partidos emergentes. Aun así es una postura que ya se vio con claridad durante los años en que Pablo Iglesias fue el máximo dirigente de Podemos, donde a pesar de la pérdida de apoyos electorales el entonces secretario general de los podemitas no asumió ninguna responsabilidad hasta que fue derrotado por Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas de 2021. Es lo que ocurre cuando los partidos políticos tienen de líderes a sujetos que se creen mesías imprescindibles para la supervivencia de su formación. Si en VOX hiciesen un poco de autocrítica y pidiesen responsabilidades a sus dirigentes por estos malos resultados creo que todavía podrían salvar los muebles de aquí a las próximas elecciones generales. Como esto lógicamente no se va a producir, VOX acabará siendo cada vez más irrelevante de aquí a 2027, igual que Sumar/Podemos y Yolanda Díaz (La cual debería dimitir también e irse a su casa a planchar como consecuencia de los malos resultados obtenidos esta noche). Lo ocurrido hoy es un primer paso a la vuelta del bipartidismo, lo cual se confirmará en las próximas elecciones, con independencia del momento en que éstas se produzcan.

En resumen, el PP pierde ganando unas elecciones generales que vaticinaban su regreso a la Moncloa tras cinco años en la oposición. Ese regreso creo que deberá esperar como muy pronto hasta el 2031, ya que estoy plenamente convencido después de lo ocurrido esta noche que la izquierda tiene asegurada su permanencia en el gobierno ocho años más como mínimo. Quizás alguno se haya acordado hoy de Mariano Rajoy y de su negativa a dimitir durante la moción de censura en 2018, lo cual hubiese imposibilitado para siempre la llegada de Sánchez a la Moncloa. Y es que algunos se pensaban que el regreso del PSOE en 2018 al gobierno iba a ser un visto y no visto, pero como se está comprobando, la cosa parece que va a ir para largo. Por otro lado queda demostrado que la apuesta de Sánchez por adelantar las elecciones en plenas vacaciones de verano ha sido una jugada maestra de la que, contra todo pronóstico, ha salido victorioso perdiendo. Y queda demostrado también que el presidente del gobierno es, con independencia de lo repugnante que nos resulte, un animal político que tiene más vidas que un gato y del que difícilmente se le podrá echar de la Moncloa. Y si finalmente eso ocurriese algún día, Sánchez ya se habrá llevado por delante a España también, y eso es algo que va a ocurrir sin lugar a dudas y con el respaldo de los españoles en esta próxima legislatura.

sábado, 8 de julio de 2023

Presidencia española de la UE; Entre la exhibición y las elecciones


Hace justo una semana que España ha asumido por quinta vez en su historia la presidencia rotatoria de la Unión Europea. La primera fue en 1989, con Felipe González, la segunda fue en 1995, de nuevo con González al frente del gobierno en su último año al frente del ejecutivo. La tercera fue con José María Aznar en 2002, mientras que la cuarta fue en 2010 con José Luis Rodríguez Zapatero. Mientras que las presidencias europeas de González y Aznar fueron bastante relevantes para España de cara al exterior, la de Zapatero brilló por su irrelevancia y pobreza. Sin embargo la presidencia europea que el pasado día 1 de julio ha comenzado Pedro Sánchez promete ser de todo menos indiferente. Ya el primer día de su presidencia la inició visitando Ucrania y al criminal Zelenski, al cual Sánchez prometió el respaldo tanto de España como de Europa cuanto tiempo sea necesario.

Como se puede ver, todo un respaldo a una guerra en la que Sánchez involucra no sólo a España sino también a la Unión Europea, poniendo a nuestro país en el ojo del huracán al apoyar una guerra en la que a nosotros nadie nos ha llamado. Pero claro, si hace veinte años la postura de Aznar de apoyar la guerra de Irak fue mal vista por todo el mundo, aquí el personal respalda el apoyo activo de nuestro país en una guerra cuyo desenlace parece no tener fin, y más tras el falso autogolpe de Estado perpetrado por Putin, en el que ha querido dejar nuevamente ante occidente su fortaleza y con ello las nulas posibilidades de que EEUU pueda sacarlo del Kremlin. Por ello más vale que Sánchez mantenga el pico cerrado y deje de meternos en problemas, ya que es mejor pasar desapercibido en estos momentos que ponerse gallito frente a Rusia. Pero claro, olvidamos que estamos hablando de Sánchez, y que para él toda oportunidad es buena para erigirse ante las cámaras como el salvador de Europa, la cual se encuentra en estos momentos en sus horas más bajas, como se puede apreciar por ejemplo en Francia, donde se está librando una guerra racial provocada por los inmigrantes que está asolando el país galo y que amenaza con extenderse no dentro de mucho tiempo por el resto de Europa.

Una Europa que parece estar calando ya a Sánchez. Buena prueba de ello es que esta misma semana, en una visita realizada por los altos cargos de la UE a Madrid para inaugurar la presidencia española, diez comisarios europeos se han ausentado a la hora de ser recibidos por Sánchez, lo cual demuestra hasta qué punto la imagen de este tipo es mal vista en el exterior. Pero eso a Sánchez le da exactamente igual, ya que tiene por delante unos meses en los que se va a poder fotografiar con mandatarios extranjeros, así como visitar buena parte del mundo en calidad de presidente rotatorio de la UE. En resumidas cuentas, aquí nuestro amigo va a estar en su salsa durante estos meses, en los cuales va a demostrar aún más si cabe su arrogancia y prepotencia. Ya dije en otras entradas y lo vuelvo a decir en esta que estoy seguro que Sánchez va a dar y mucho que hablar durante su periodo semestral como presidente europeo. Por cierto, una presidencia semestral en la que yo personalmente no encuentro sentido que siga existiendo, ya que desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la presidencia de la UE corresponde al presidente del Consejo Europeo y no al presidente rotatorio, como así ocurría hasta el año 2009. Pero bueno, la burocracia en Europa no conoce límites.

En esta quinta ocasión en la que España asume la presidencia semestral de la UE se produce un hecho que nunca se ha producido ni con González, ni con Aznar ni con Zapatero. Es el hecho de que la presidencia europea coincida con unas elecciones generales, las cuales se van a celebrar dentro de dos semanas y cuya campaña electoral ha comenzado hoy mismo. Creo que no me equivoco si auguro que Sánchez acabará de una forma u otra su presidencia semestral de la UE todavía instalado en la Moncloa. ¿Por qué razón? Por la sencilla razón de que según se está vislumbrando en las encuestas, la diferencia entre el PSOE y el PP comienza a reducirse, lo cual puede dar lugar a más de una sorpresa el próximo 23 de julio y por lo tanto a que la salida de Sánchez del poder no se torne inmediata. Y es que creo que el personal se está durmiendo en los laureles y cree ya que Sánchez es un cadáver político que sólo espera ser llamado desde Bruselas o Nueva York para tener un papel relevante ya sea en la OTAN, ya sea en la UE de forma permanente, y nada más lejos de la realidad.

El propio Sánchez ya ha dejado claro que si Feijóo gana las elecciones generales, él volverá al escenario de 2015/2016 con Rajoy, es decir, al escenario del "No es no", el cual supondría la negativa absoluta por parte de Sánchez y del PSOE de llevar a cabo el traspaso de poderes con el PP y de buscar una reedición de los pactos con los independentistas, etarras y podemitas para mantenerse en la Moncloa hasta el año 2027. La cuestión está, ¿Y si los números no dan? Pues casi con toda seguridad que iremos a unas nuevas elecciones de aquí a finales de año o comienzos del próximo. Y si los números siguen sin salir y no hay mayoría ni en favor de la derecha ni de la izquierda, pues iremos a unas terceras elecciones y a las que hagan falta. El mismo Sánchez estuvo dispuesto a ello antes de que el propio PSOE se lo cargase políticamente en la famosa jornada del 1 de octubre de 2016. La diferencia de lo que está ocurriendo ahora con el escenario que se vivió en 2015/2016 radica en que por entonces era el PP quien gobernaba, siendo además el partido que ganó tanto las elecciones de 2015 como las de 2016, mientras que el PSOE de Sánchez estaba en la oposición. Ahora, si el PP gana las elecciones o consigue sumar mayoría con VOX (Opciones que cada día veo más improbables conforme están transcurriendo los acontecimientos), estaríamos en un escenario en el que el partido que todavía está en el gobierno y que, presumiblemente, ha perdido las elecciones, se niega a aceptar el resultado de las urnas y buscaría los apoyos de donde hiciesen falta para mantenerse en el poder y evitar la llegada del partido que hubiese ganado las elecciones, que en este caso sería el PP. Un escenario bastante peligroso que veremos a ver cómo acaba, ya que Sánchez llevará a cabo esta búsqueda de pactos para mantenerse en el gobierno con independencia de si gana o pierde. 

Si a eso le sumamos la torpeza absoluta de la derecha a la hora de pactar los gobiernos autonómicos, como ha sido el caso de la peculiar Guardiola en Extremadura hasta hace unos días, o de López Miras en Murcia en estos momentos, tenemos ya el plato servido para que la izquierda se aproveche de la situación. Por otro lado está el hecho de que el PP se ha creído que estamos en 2011 y que Sánchez es Zapatero, y nada más lejos de la realidad. Si algo ha demostrado Sánchez es que puede resucitar cuando todo el mundo lo da por muerto políticamente hablando, y lo mismo sucede con el PSOE. De hecho tanto en 1996 como en 2011, el cambio de gobierno se produjo como consecuencia de las crisis económicas que hubo en su momento. Una situación que aunque es inminente que suceda de nuevo, todavía no ha estallado en el escenario en el que nos encontramos. Por ello creo que la situación se está volviendo cada vez más parecida no ya a 1996, sino a 1993, cuando Aznar tenía todas las posibilidades de alcanzar la Moncloa según las encuestas, y finalmente su victoria fue arrebata por Felipe González contra todo pronóstico. ¿Por qué ocurrió esto? Por la sencilla razón de que por entonces las consecuencias de la crisis económica, aun siendo ya notorias en 1993, no lo eran tan profundas como en 1996, fecha en la que sí se produjo el cambio de gobierno. Con esto quiero decir que a la izquierda en España sólo se la echa del gobierno cuando la situación económica del país es agónica, y no cuando la cuestión se basa en cuestiones políticas y/o sociales como consecuencia de leyes nefastas y antidemocráticas como la ley del Sólo Sí es Sí, la ley de Memoria Democrática, etc. Por no hablar de la alta movilización que tiene la izquierda cuando ve peligrar su permanencia en el poder. Y si a todo eso le sumamos que Sánchez habla abiertamente y con rotundidad de que van a dar la vuelta a las encuestas y que van a ganar las elecciones, además de hablar de que le van a acusar de pucherazo cuando gane (Dando ya por hecha la victoria), tenemos blanco y en botella. Por ello, más le vale a Feijóo (Al cual, lamentándolo mucho, sigo sin ver en la Moncloa), al PP e incluso a Abascal y a VOX que se anden con cuidado, ya que a Sánchez no se le derrota tan fácilmente, lo cual quiere decir que nada está ganado y que todavía hay partido por delante, quizás incluso hasta después del 23-J. 

lunes, 12 de junio de 2023

Porqué voy a votar a Feijóo


Debo confesar que aunque siempre me he considerado de derechas, no siempre he votado a ésta. Ya lo he dicho en otras entradas en las que he hablado sobre a quién iba a votar en su momento. En las elecciones generales de 2011, cuando contaba con diecinueve años, voté ilusionado al PP de Mariano Rajoy, creyendo que éste iba a barrer los casi ocho años de zapaterismo en España a través de la derogación de sus leyes. No fue así. Por el contrario, Rajoy mantuvo las mismas políticas que Zapatero y no sólo no derogó sino que mantuvo activas todas sus leyes. Ya en 2015, tras la profunda decepción que me produjo el hecho de ver cómo Rajoy nos había tomado el pelo a sus votantes, y cuando la situación estaba más tensa que nunca como consecuencia de la aparición de Podemos y Ciudadanos, decidí tirar la casa por la ventana y votar a Pablo Iglesias. Sí, por increíble y surrealista que suene ahora, hace ocho años decidí votar al coletas, ya que en ese momento Podemos parecía representar el hartazgo de la sociedad frente a la burla constante a la que estaba siendo sometido el pueblo español como consecuencia de las políticas continuistas de los dos partidos principales. 

En la repetición electoral de 2016, y tras la legislatura fallida en la que Rajoy siguió gobernando en funciones, así como tras el fracaso de Pedro Sánchez a la hora de ser investido presidente del gobierno con los apoyos de Ciudadanos, decidí votar por el PSOE en las elecciones generales de junio de ese año. Me había parecido arriesgada la apuesta de Sánchez de ir a la investidura sin contar con los apoyos suficientes, y creía que aun sin compartir la mayoría de sus ideas, un cambio en el gobierno tras una primera legislatura de inmovilismo absoluto por parte de Rajoy vendría bien a España, ingenuo de mí. Lo más acertado hubiese sido haber votado en ambas elecciones a un partido de derechas ajeno a los medios. Pero claro, sabía que hacer eso era lo equivalente a abstenerme y frente a ello decidí votar primero a Iglesias y luego a Sánchez, al primero como voto de protesta frente al sistema, y ya al segundo como voto para echar de la Moncloa a un Rajoy que me había decepcionado absolutamente. Son, sin lugar a dudas, las dos únicas votaciones en las que me arrepiento sinceramente de haber dado mi apoyo a estos siniestros personajes, así como a sus respectivos partidos. Pero claro, uno era más joven entonces y creía de forma absurda que quizás otros sí podían hacer algo distinto a lo que Rajoy había preferido no hacer. La cuestión es que sí que lo han hecho... pero para peor y en su propio beneficio. 

Tras el cambio de gobierno de Rajoy a Sánchez a través de la moción de censura en 2018 se producen las elecciones generales anticipadas de abril de 2019. Es ahí donde, aunque no compartía al 100% todas sus propuestas, sí que me veo representado por un partido que al menos defiende los principios por los que yo siempre había apostado: VOX. En esas elecciones y tras casi un año gobernando, Sánchez ya había dejado al descubierto desde el minuto uno de su llegada su verdadera cara, lo cual hacía urgente que se produjese un cambio de gobierno que lo desalojase del gobierno. Frente a Sánchez, que buscaba la reelección, estaba Pablo Casado, el cual ya demostraba ser un líder débil que no suscitaba la más mínima empatía, algo que en cierta forma me sorprendió, ya que aposté por él cuando se celebraron las primarias en el PP en 2018. Es ahí donde decido apoyar a Santiago Abascal en unas elecciones que nos llevaron de nuevo a una legislatura fallida, la cual terminó a los pocos meses, convocándose de nuevo las últimas elecciones generales, las del 10 de noviembre de 2019, votando nuevamente a VOX. 

Pues bien, tras cuatro años desde entonces y ver cómo la izquierda ha llevado a España a su peor escenario en casi un siglo, he decidido, después de doce años, volver a votar al PP, en este caso al PP de Feijóo. ¿Las razones? Simplemente que quiero que la izquierda salga cuanto antes del poder, y ello sólo es posible votando a un PP y a un candidato que no me genera ilusión ninguna. Quienes me lean dirán, "Bueno, ¿y por qué no votas entonces a VOX?" Por la sencilla razón de que VOX ha demostrado ser un partido más del sistema. El hecho de querer formar parte de esos gobiernos autonómicos que ellos antes rechazaban, el estallido del caso Olona (En donde ha quedado demostrada la cara tan dura que tiene esta tipeja y su forma de reírse de los votantes), así como la moción de censura tardía y mal hecha por parte de Abascal contra Sánchez este año demuestran que esta gente son sólo otro partido más que con toda probabilidad acabará decepcionando a la población. Si a eso le añadimos el hecho de que en realidad, y por mucho que algunos digan lo contrario, el verdadero voto útil está en el PP y no en VOX a la hora de querer expulsar a la izquierda del gobierno, así como el hecho de que el propio Feijóo ha anunciado que piensa derogar el sanchismo si llega a la Moncloa, ya tenemos los tres únicos motivos para votar a los populares, aunque sea con la nariz tapada. 

Sé que es bastante triste confesar que los únicos motivos que me mueven a votar a Feijóo es el de querer echar al PSOE y a Podemos del gobierno, así como el hecho de que éste, por escaso o nulo entusiasmo que me genere, es el único candidato capaz de sacar a Sánchez de la Moncloa y, por lo tanto, de derogar todas las normas que ha sacado adelante Sánchez en estos cinco años en el poder. Pero por desgracia, este es el desolador escenario en el que vivimos en esta España del 2023. Quizás con una candidata como Isabel Díaz Ayuso, la situación podría cambiar, ya que Ayuso posee un carisma y una simpatía entre la población del que carece Feijóo. Aún así, ni yo sé a estas alturas si Ayuso estaría dispuesta a derogar todo lo que ha hecho el sanchismo en estos cinco años. Me veo pues en el mismo escenario que hace doce años: votando al PP con el objetivo de expulsar a la izquierda del gobierno y de que al menos deroguen algo de lo que han hecho éstos. La diferencia está en que en 2011 quien votaba era un chaval de diecinueve años ingenuo e ilusionado con el cambio que prometía por entonces Rajoy, mientras que ahora quien vota es un tío de casi treinta y un años decepcionado y hastiado de la situación que estamos viviendo. Pero bueno, es ley de vida que uno acabe así cuando ves cómo tu nación se va descomponiendo sin que nadie haga nada para remediarlo. 

Aún así, animo a la gente a votar para echar a la izquierda del poder. Cuatro años más de socialismo y de izquierda supondría el remate final a España, la cual viene sufriendo su declive desde el año 2004. Un declive que no se va a detener si Feijóo llega al gobierno (Ojalá me equivoque), pero sí supondría detener temporalmente la sangría que venimos sufriendo por parte del PSOE y su banda. Una sangría que aceleraría la muerte del paciente si éstos consiguen retener el gobierno otros cuatro años. Un escenario que no hay que descartar, ya que Sánchez está visto y comprobado que va a por todas. El hecho de que Yolanda Díaz haya conseguido cerrar un acuerdo in extremis con Podemos corrobora la idea de que Díaz va a aglutinar en su partido a lo peor de la política: IU, Más Madrid, Compromís, Catalunya en Comú, etc. En definitiva, Díaz ha recogido la mierda que ha sobrado de los partidos izquierdistas. Una mierda que puede convertirse en un gran saco si toda la gentuza que les vota unifica su voto en torno a ella. Por ello, ya lo dije hace poco en una de mis entradas y lo vuelvo a decir ahora: mucho cuidado con el tándem Sánchez-Díaz. 

De momento, todas las encuestas parecen dar la victoria al PP y a Feijóo el 23-J. Una victoria que podría traducirse en mayoría absoluta si Feijóo decide pactar con Abascal, ya que las encuestas pronostican una mayoría absoluta con la suma de ambos. Sin embargo parece que aquí nadie se ha parado a pensar en una posibilidad que creo que va a ir cogiendo cuerpo conforme pase la campaña y, sobre todo, tras las elecciones generales: el hecho de que se produzca una nueva crisis política tras los comicios. Algunos señalan ya la posibilidad de que Feijóo no quiere pactar con Abascal, ya que ello supondría aceptar las condiciones que VOX le impondría al PP para llegar al gobierno. Unas condiciones que, con independencia de las que sean, dudo mucho que Feijóo acepte. Personalmente veo más probable que Feijóo, si ganase las elecciones, solicite el apoyo del PSOE antes que el de VOX. El problema está en que tras las elecciones, Sánchez seguirá como presidente en funciones y líder del PSOE, lo cual imposibilita cualquier escenario de pacto entre el PP y el PSOE, y más si tenemos en cuenta que Sánchez va a hacer lo imposible con tal de buscar apoyos para ir a una investidura.

¿Y qué quiero decir con todo esto? Pues que el escenario al que iríamos si no hay acuerdo entre PP y VOX seria el de una repetición electoral, como ya ocurrió en 2016 y en 2019. Lo cual nos llevaría de nuevo a unas elecciones generales que se celebrarían entre diciembre y enero del año que viene. La pelota, si se confirman los pronósticos de las encuestas, estaría en el tejado de Feijóo, ya que de él dependería que haya un cambio político, o que sigamos mientras con un gobierno en funciones de Sánchez y quién sabe si una renovación del gobierno Frankenstein en caso de que Feijóo desista de pactar con Abascal. De momento, el líder de la oposición ya ha dicho que él no intentará formar gobierno si no es la lista más votada, lo cual nos llevaría a estar nuevamente en manos de Sánchez, el cual acudiría de inmediato a pactar con Díaz, etarras e independentistas como ya lo hizo en 2019 con Iglesias. Mucho cuidado pues, ya que el escenario está más abierto que nunca, y si Feijóo se duerme en los laureles puede verse sobrepasado por la izquierda al más mínimo descuido. 

Por otra parte, mientras Sánchez no tenga la seguridad de que tiene un destino internacional garantizado no va a moverse de España, lo cual implica que no sólo el PSOE sino el gobierno seguirían en manos de él. Por ello debe Feijóo andarse con cuidado si piensa que Sánchez va a dejar el poder tan fácil. Además, por cuestiones de principios, Feijóo estaría obligado a pactar sí o sí con Abascal si llegase a ganar las elecciones. Otro escenario distinto no es viable ni aceptable. Por otro lado, Feijóo ya se ha comprometido a derogar el sanchismo si gana las elecciones. De hecho, hace unos días ya dio algunas señales de por dónde va a ir cuando se refiere a ese término: eliminación del ministerio de Igualdad, derogación de la ley trans, la ley de memoria democrática, la ley de bienestar animal (La cual ha despenalizado la zoofilia), etc. Derogaciones que yo apoyo y que incluso, en mi opinión, se quedan cortas, ya que habría que profundizar aún más a la hora de echar abajo todo lo perpetrado por la izquierda. Pero menos da una piedra, como se suele decir; por ello creo que, si no nos vuelve a traicionar como ya hizo Mariano en su momento, a Feijóo hay que darle al menos el margen de la duda. 

En definitiva, Feijóo debe ser consciente de que la única salida que tiene para ser presidente del gobierno es pactando con VOX. No le queda otra salida, ya que la derogación del sanchismo no puede ir de la mano de un gobierno del PP respaldado por el propio PSOE, es ilógico. Por otro lado, la necesidad de derogar, no sólo el sanchismo sino también el zapaterismo (Derogación que no hizo Rajoy en su momento), es de urgente necesidad y de obligación moral por parte del PP si vuelve al poder. De lo contrario, la factura que puede pasarle al PP si no cumple esta vez con lo prometido puede ser definitiva. Por mi parte le daré la segunda y última oportunidad al PP para que al menos detengan este desastre. Un desastre que puede continuar si la derecha acude dividida a votar, como ya ocurrió en 2019. Todo lo que no sea una victoria clara, no ya del PP, sino del bloque de la derecha por encima del bloque de la izquierda, será un fracaso. Y más fracaso sería si Feijóo y Abascal no llegasen a un acuerdo y nos viésemos todos abocados a ir de nuevo a las urnas, en las que habría que ver si ese escenario de mayoría absoluta entre PP y VOX se mantiene o se derrumba en favor del PSOE y Sumar, junto a toda la morralla etarra e independentista. 

Estos días lo he dicho, y lo mantengo, que las elecciones generales de julio van a ser muy parecidas a las que se celebraron en marzo de 1996, pero esta vez no en términos bipartidistas, sino en términos de bloque derecha/izquierda. Veamos pues qué ocurre de aquí al 23 de julio, aunque ya es seguro que tanto la precampaña como la campaña en sí va a ser a cara de perro. Por no hablar de que una cosa es lo que ocurra el 23-J y quien gane las elecciones, y otra muy distinta es quién logra finalmente gobernar. Por mi parte ya he dicho a quién voy a votar. Sólo espero y deseo que finalmente ese voto se convierta en una victoria clara del PP y de la derecha el 23-J. Y que, por supuesto, esa victoria se traduzca en una formación de gobierno que esta vez sí eche abajo todo lo realizado por José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez en estos veinte años. Por mi parte será, como ya he dicho, la segunda y última oportunidad que le daré al PP, y creo que por parte de muchas personas también. Si los populares quieren mantener esos votos para las elecciones de 2027 sólo tienen que cumplir y no traicionar a sus votantes esta vez, de lo contrario se expondrán a tener el mismo final que la UCD de aquí a cuatro años. 

martes, 30 de mayo de 2023

Sánchez contraataca con el 23-J


Qué verdad es que la política es como el fútbol; todo puede cambiar en cualquier momento. No habían pasado ni doce horas desde que anoche el PP estaba celebrando en Génova su arrolladora victoria en las elecciones municipales y autonómicas cuando esta mañana ha salido Pedro Sánchez desde Moncloa y ha anunciado, para sorpresa de todos, la disolución inminente de las Cortes Generales y la convocatoria inmediata de elecciones generales para el próximo 23 de julio en una declaración institucional sin preguntas y sin haberlo consultado con el Consejo de Ministros, como así establece el artículo 115 de la Constitución española. 

Un anuncio que, como acabo de decir, nos ha pillado por sorpresa a todos (A mí el primero), ya que todos dábamos por hecho que tras la debacle de ayer en toda España, Sánchez se mantendría alejado de los focos por unos días y evitaría así asumir ninguna responsabilidad en el resultado de anoche. Pero contra todo pronóstico, Sánchez ha vuelto a salirse con la suya y ha dejado a todo el personal boquiabierto al anunciar unas elecciones generales que en teoría debían de celebrarse para el mes de diciembre, y en las que él había insistido incesantemente que serían en esa fecha y no antes. Pero como suele ser habitual en él, una cosa es lo que dice Sánchez y otra lo que haga.

La situación pues ha vuelto a dar un giro de 180 grados en menos de doce horas en el panorama político nacional. Algunos medios apuntan a que esta decisión, por sorprendente que parezca, ya la tenía más que estudiada y meditada Sánchez con sus asesores desde hacía varias semanas. Parece ser que en Moncloa tenían información privilegiada de por dónde iban a ir los resultados de anoche y Sánchez comenzó desde ese momento a barajar la opción de adelantar las elecciones, que es lo que ha acabado haciendo hoy. Unas elecciones que se celebrarán a finales de julio, con gran parte de la población española de vacaciones. 

Y es que Sánchez es todo lo que queramos decirle, pero tonto no es. Ha sabido escoger una fecha tan inédita en la historia de España como son las vacaciones de verano con el fin de volver a salir reelegido como presidente del gobierno. ¿Cómo? Pues aprovechando que gran parte de la población estará de vacaciones y lejos de su ciudad, lo que provocará que muchos ciudadanos votantes del PP o VOX se queden sin votar, y con ello movilizar en cambio al electorado izquierdista que se quede en su casa con el fin de conseguir una victoria que le permita renovar sus acuerdos con Podemos, ERC, Bildu, etc. En resumen, una jugada maestra de un maquiavélico de la política.

Desde el PP y VOX han aplaudido esta decisión y creen que están en condiciones de enfrentarse a Pedro Sánchez el 23-J. Nada más lejos de la realidad. Tanto a Feijóo como a Abascal esta decisión les ha pillado de imprevisto. Nadie, ni siquiera ellos, pensaban que el líder del PSOE y todavía presidente del gobierno fuese a dar un golpe encima de la mesa y adelantase unas elecciones que en teoría serían para perderlas. Está claro que Sánchez ha tirado ya la casa por la ventana y va a por todas. Sabe que estirar la legislatura de aquí a diciembre sólo serviría para desgastar aún más su ya deteriorada imagen, y sabe también que ya no tiene nada que perder y mucho que ganar con esta decisión. Una decisión que ha pillado incluso de imprevisto a la presidenciable Yolanda Díaz, la cual tiene pocos días para llegar a un acuerdo con Podemos que permita a éstos integrarse en el proyecto de Sumar, lo cual hace más difícil su idea de construir ese proyecto.

Y es que seamos claros, Sánchez nos la ha metido doblada a todos con esta decisión; a la primera a Yolanda Díaz, la cual queda debilitada tras la decisión de hoy y los pésimos resultados de anoche. De hecho, ya ha salido Pablo Iglesias en pedir un "Frente Popular" con Sánchez al frente, negándole a Díaz la posibilidad de que Podemos llegue a integrarse en su candidatura. Así están las cosas. El ex-antisistema Pablo Iglesias pidiendo el apoyo absoluto al PSOE de Pedro Sánchez, a esos que hace diez años catalogaba él como "Casta política". Lo dicho por Iglesias es una señal de por dónde van a ir los tiros a partir de ahora, que consistirá en agrupar a toda la izquierda, además de a los independentistas y etarras, en torno a Pedro Sánchez y el PSOE.

La cuestión es: y ahora, ¿Qué? La izquierda, y Pedro Sánchez especialmente, han captado rápidamente lo ocurrido ayer en todo el país y van a morir matando, como dije anoche, pero me parece que a la derecha le ha pillado todo esto de forma desprevenida. Aquí todo el personal estaba dando ya por amortizado a un Sánchez que ha demostrado que está vivito y coleando cuando se le ha dado políticamente por muerto. Y es que si algo tengo claro es que, con independencia de cuando termine la carrera política de Sánchez y su paso por el gobierno, su final será apoteósico, ya que estamos hablando de un tipo que muere matando, y al cual le es completamente indiferente los muertos que deja por el camino, aunque sean los de su propia banda, como diría Rivera.

Su primer final político ocurrido el 1 de octubre de 2016 acabó por todo lo alto cuando Sánchez hizo saltar el PSOE en mil pedazos en aquella jornada en las que hubo hasta intentos de fraude electoral dentro del Partido Socialista. Eso en lo que respecta a su partido. En lo que respecta a España estaba decidido a ir nuevamente a una investidura con los que dos años después acabarían siendo sus socios de gobierno en la moción de censura. De hecho, el propio Sánchez ya apostaba por unas terceras elecciones, aunque eso llevara consigo la pérdida de más escaños para su partido y por tanto la disminución de posibilidades de formar gobierno tras unas hipotéticas terceras elecciones generales.

Como todos sabemos, Sánchez fue expulsado del liderazgo del PSOE en aquella jornada del 1 de octubre y todo el personal (Yo incluido) le dio por muerto. Posteriormente todos sabemos ya lo que ocurrió: Sánchez recuperó en 2017 el liderazgo del PSOE y en 2018 alcanzó la presidencia del gobierno. Por lo tanto cabe preguntarse, si hace siete años llevó a España y al PSOE a una crisis política inédita siendo aún líder de la oposición, ¿Qué no hará ahora que es presidente del gobierno y ve peligrar su posición? Sigo diciendo que muchos subestiman a Sánchez y creen que diciéndole "Que te vote Txapote" o llamándole "Antonio" van a provocar que salga por su propio pie de la Moncloa. Ingenuos.

Otra cuestión que quiero mencionar es el hecho de que a este tipo le es completamente indiferente cualquier cosa que no sea él mismo. El hecho de celebrar elecciones generales tres semanas después de que España asuma la presidencia rotatoria de la UE es una muestra clara de que para Sánchez primero está él, segundo él y después él. Parece ser que en Bruselas no ha sentado nada bien que Sánchez interrumpa la presidencia rotatoria con elecciones generales de por medio. Pero hay que entenderlo, estando en peligro su posición, lo demás importa un cuerno. Si ya de por sí España está mal vista y proscrita en Europa, con esta decisión, no ya partidista, sino personal de ir a unas elecciones generales para salvar su propio pellejo, no harán sino empeorar la imagen que desde el exterior se tiene de nosotros. No me equivocaba cuando hace unos días dije en una entrada que la presidencia europea de Sánchez no iba a dejar indiferente a nadie. 

También quiero añadir algo que no hay que descartar en absoluto. Si echamos la vista atrás y vemos las últimas elecciones generales que se han celebrado en España con Pedro Sánchez de candidato (Tanto presentándose como líder de la oposición y/o como presidente del gobierno), podemos ver que en todas ellas se han producido repeticiones electorales. Se produjo en junio de 2016 una vez fracasada la investidura de Sánchez en marzo de aquel año tras las elecciones generales de diciembre de 2015. Se volvió a producir en noviembre de 2019, cuando Sánchez, tras ganar las elecciones generales de abril de ese mismo año, buscó de nuevo unos comicios que sólo sirvieron para perder tres escaños y que finalmente pactase con Podemos tras descartarlo él mismo poco antes. Por lo tanto, con estos antecedentes, ¿Quién nos dice que si no hay mayoría suficiente ni en la izquierda ni en la derecha no iremos de nuevo a unas elecciones a finales de año? Ahí lo dejo. En lo que a mí respecta debo decir que soy mucho de refranes, y aquí cabe decir que no hay dos sin tres. Si ya ha habido repetición electoral en dos ocasiones, ¿Por qué no en una tercera?

Por otro lado, debo reconocer que he fallado prácticamente en todo lo que predije anoche que podría suceder con respecto a la depuración de responsabilidades y al hecho de que no habría elecciones generales hasta diciembre. Pero sí he acertado en cierta forma cuando dije que a partir de ahora todo podía suceder, y no he ido mal desencaminado. Del mismo modo mantengo mi teoría de que no veo a Feijóo de presidente del gobierno, ya que la campaña electoral que se va a producir de aquí a dos meses va a ser a cara de perro. Sánchez va a llevar a cabo lo que se conoce como "La campaña del miedo" para ganar las elecciones. El hecho de que el PP llegue a acuerdos con VOX en Ayuntamientos y CCAA va a provocar que desde la izquierda se vuelva a utilizar no ya el viejo eslogan de "Que viene la derecha", sino el de "Que viene la extrema derecha". Si a eso le sumamos el alto nivel de ignorancia de sus votantes, así como el sectarismo de éstos, ya se puede decir que al PSOE no le va a ir nada mal en estas elecciones, aunque ojalá me equivoque en esto último.

Si esto se confirmase y el PSOE obtiene un resultado que le permita reanudar su pacto con podemitas, etarras, independentistas, etc, la permanencia de Sánchez en la Moncloa estaría garantizada como mínimo hasta el 2027, ya que los socios del actual presidente del gobierno saben que no van a tener otra oportunidad como esta para alcanzar sus objetivos. Lo que ocurra más allá de 2027 lo ignoro, pero que por entonces no va a quedar de España ni sus cenizas es un hecho si finalmente la izquierda logra permanecer en el poder. Y entonces ya dará igual que entre en el gobierno el PP, VOX, el PACMA o Escaños en Blanco, ya que no habrá nada que gestionar. Aunque eso a los españoles se ve que les da igual.

¿Con esto estoy queriendo decir que estas elecciones son la última oportunidad que tiene España para salvarse? Por supuesto que no. España ya está perdida desde hace años, desgraciadamente. Concretamente desde hace diecinueve años. Si el PSOE logra una nueva victoria, o incluso pierde las elecciones pero los números les dan para formar gobierno nuevamente, la desaparición de nuestro país como comunidad política y social acabará más pronto que tarde, ya que el Frente Popular 2.0 tendrá carta blanca para hacer y deshacer a su antojo otros cuatro años más, pero esta vez con las concesiones definitivas tanto a vascos como a catalanes. Si por el contrario ganase el PP y éste necesitase el apoyo de VOX, el futuro de España seguiría igual de negro. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que con un gobierno formado por el PP y VOX, la izquierda tomaría las calles día sí y día también hasta que cayese el gobierno y ellos recuperasen el poder. No hay que olvidar que la izquierda española considera que el poder les corresponde a ellos por naturaleza democrática, y por ello todo lo que no sea un gobierno izquierdista es un gobierno fascista, antidemocrático e ilegítimo para ellos.

En definitiva, se presentan unas semanas bastante tensas para España en las que de nuevo vamos a tener una precampaña y una campaña electoral bastante dura e intensa, y en la que el país se juega si finalmente nos vamos al carajo en menos de cuatro años con la izquierda, o si al menos logra aguantar unos años más con la derecha al frente. Ya dije anoche que todavía quedaba mucho partido por delante, y eso mismo estamos viendo ahora. En lo que a mí respecta, y conociendo al personal, no me extrañaría nada que con la izquierda incitando al voto del miedo, y con el estallido del fraude electoral de esta semana pasada, unido al hecho de que el PSOE tiene el control de Correos y por lo tanto del voto de los españoles residentes en el extranjero, así como el control de Indra, es bastante posible que el PSOE y compañía logren unos resultados que aunque no les permitan ganar, sí les permitan al menos mantenerse en la Moncloa. Sobre la derecha debo decir que aunque deseo y creo que lograrán un buen resultado, la suma entre el PP y VOX será insuficiente para formar gobierno. Ojalá me equivoque, pero creo que si la derecha logra volver, no será en estas elecciones. Si acaso, en las de 2027 o 2031, aunque para entonces ya será tarde para todos. Por ello, sólo queda una opción: votar el 23 de julio sí o sí. 

lunes, 29 de mayo de 2023

28-M; La izquierda es borrada del mapa


Esta noche se ha vivido una jornada electoral que podría calificarse, salvando las distancias, como las terceras elecciones municipales y autonómicas en la que el Partido Popular arrasó electoralmente en España y barrió al socialismo en todo el país. Las primeras elecciones ocurrieron precisamente tal noche como la de hoy hace veintiocho años; en 1995. En esa ocasión, el PP de José María Aznar cosechó su mayor éxito electoral al ganar en la mayoría de provincias y Comunidades Autónomas frente a un PSOE liderado por Felipe González que vislumbraba ya su final al frente del gobierno de España tras casi una década y media como presidente. Las segundas elecciones ocurrieron el 22 de mayo de 2011, en las que el PP de Mariano Rajoy obtuvo una victoria aplastante en casi todas las provincias y CCAA, frente a un PSOE liderado por José Luis Rodríguez Zapatero que ya se sabía con antelación que tenían los días contados en la Moncloa. Las terceras elecciones han sido las de esta noche, en donde el PP de Alberto Núñez Feijóo ha desalojado de casi todos sus feudos al PSOE de Pedro Sánchez tanto a nivel provincial como a nivel autonómico. 

El PP ha ganado esta noche en las CCAA de Madrid, Valencia, Aragón, Cantabria, Las Islas Baleares, La Rioja y Murcia, así como en las ciudades autonómicas de Ceuta y Melilla. También el PP recupera el gobierno de Extremadura al alcanzar la mayoría absoluta junto a VOX. En lo que respecta a las ciudades, el PP ha recuperado tras ocho años en la oposición el Ayuntamiento de Sevilla, ha obtenido mayoría absoluta en el de Madrid, y ha obtenido una clara victoria en los Ayuntamientos de Valencia, Santander, Logroño, Murcia, Alicante, Ciudad Real, así como en siete de las ocho capitales de provincias de Andalucía, donde el PP se ha impuesto con claridad frente al PSOE. Por no hablar de los otros Ayuntamientos en los que el PP, a pesar de haber perdido, podrá gobernar con VOX al sumar mayoría absoluta. En definitiva, toda una victoria clara del PP, el cual ha salido fortalecido en los que muchos han denominado como "La primera vuelta de las generales". Por otro lado, tanto Sánchez como Feijóo habían convertido estos comicios en una especie de plebiscito sobre la presidencia del líder del PSOE al frente del gobierno. Y finalmente, ese plebiscito que Sánchez se había impuesto sobre sí mismo se le ha vuelto en contra. 

Estas elecciones pues marcan sin lugar a dudas un antes y un después en la era de Sánchez al frente del gobierno. Después de cinco años haciendo y deshaciendo a su antojo, España ha dicho basta y ha puesto, presumiblemente, fin a la presidencia de Sánchez. Un final que está por verse si se consume o no, ya que como he dicho en mi última entrada, veo muy difícil que el actual presidente del gobierno se deje vencer tan fácilmente. Lo dije en mi anterior entrada, y vuelvo a decirlo en esta, que las elecciones generales de diciembre estarán marcadas por el intento de fraude electoral por parte del PSOE, como de la misma forma han estado marcadas las de hoy. Un fraude electoral que podría haberse consumado si no hubiese sido porque se detectó a tiempo. De lo contrario, ¿Quién nos dice que ahora no estaríamos hablando de una victoria del PSOE en toda España por holgada mayoría gracias al pucherazo? Lo que está claro es que no hay que confiarse ni muchísimo menos en que la victoria del PP de esta noche pueda suponer una victoria popular en las generales de diciembre, ya que el control de Indra lo sigue teniendo el todavía presidente del gobierno, y puede que a finales de año Sánchez sí haga uso del mismo para poder mantenerse en el poder, con independencia de que se descubra con antelación o no un posible pucherazo. 

Un Sánchez que vergonzosamente no ha hecho ninguna declaración pública tras el desastre electoral de su partido, ni ha asumido su clara responsabilidad en esta severa derrota. Algo que contrasta con lo vivido hace cuatro años, donde el jefe del gobierno compareció para celebrar los resultados de su partido en las municipales y autonómicas del 26 de mayo de 2019. Una prueba más de que Sánchez afronta y hace suyas las victorias, pero no las derrotas, lo cual demuestra nuevamente la clase de personaje que es. Dicho esto, algunos están hablando (Aunque no mucho) sobre la posibilidad de que Sánchez renuncie a la reelección tras los malos resultados de hoy. ¿Acaso alguien cree que va a dar un paso atrás? Ni muchísimo menos. La situación de esta noche, dentro de las comparaciones, es más parecida a la de 1995, en donde Felipe González, a pesar de perder las autonómicas y municipales, decidió presentarse nuevamente, que a las de 2011, en las que Zapatero ya había anunciado su retirada y sólo faltaba por conocer quién sería el candidato a las próximas generales. Dicho esto, que nadie lo dude: Sánchez será sí o sí el candidato a las generales de diciembre. 

Lo que ocurrirá en los próximos días será. presumiblemente, una depuración de responsabilidades en el PSOE por parte de Sánchez hacia sus correligionarios, con el propósito de hacer creer que los que tenían que asumir sus responsabilidades ya lo han hecho al ser destituidos por él. Y en lo que respecta al propio Sánchez, multiplicará sus apariciones en los medios a partir de julio, que será el momento en el que España asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Aparte de eso, seguramente desde el gobierno se multiplicarán también la aprobación de medidas populistas con el objetivo de movilizar al electorado de la izquierda. Por no hablar ya de lo que Sánchez tenga pensado hacer que vaya contra la legalidad con tal de perpetuarse en el poder, que no tengo ninguna duda de que lo hará. Todo eso y más es lo que hará Sánchez a partir de ahora, pero ¿Retirarse? Jamás. Este tipo morirá matando (Políticamente hablando, claro) y hará todo lo posible para evitar un regreso del PP a la Moncloa. Por ello, y a pesar de lo vivido esta noche, soy escéptico sobre las posibilidades de Feijóo de alcanzar la Moncloa. Lo vivido tanto en 1995 como en 2011 fueron una antesala de lo que ocurrió posteriormente en las generales, pero hay que recordar que aquí el enemigo a derrotar es Sánchez, y con éste, todo es posible. 

Aparte de esto, y aunque el propio Sánchez decidiese renunciar a la reelección, la cuestión a partir de ese momento sería ¿Quién lo sustituirá? García Page está encantado de la vida porque se ha convertido en el único barón socialista que ha mantenido hoy el sillón al salir reelegido como presidente de Castilla la Mancha, y quizás eso le ha dado ilusiones al verse con posibilidades de suceder a Sánchez si la cosa se sigue torciendo para él. A pesar de ello, y aunque así fuese, el problema no va ya de personas solamente, sino del propio partido y de la postura ideológica que defienden. Da igual quién suceda a Sánchez llegado el momento, si es que llega. El problema es el propio PSOE, y Sánchez es sólo la personificación de ese problema. Esto es algo que tanto el propio Feijóo como la propia Ayuso (La cual con su abrumadora victoria de esta noche ha salido reforzada como posible sucesora de Feijóo en el futuro) no quieren ver, pensando que con otro líder al frente del PSOE, los acuerdos entre los dos partidos mayoritarios serían más asequibles. 

Para finalizar me gustaría comentar que algunos han mencionado que tanto los alcaldes como los presidentes autonómicos socialistas han pagado los platos rotos de Sánchez. Puede que tengan razón, pero en mi caso yo he votado contra el PSOE tanto porque la gestión del todavía alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz, como la de su antecesor, Juan Espadas, han sido nefastas al frente del Ayuntamiento hispalense, como por el hecho de querer mandar a todos los socialistas (El primero a Sánchez) a la oposición de por vida. Y ya para rematar quiero comentar algo que creo que es importante que lo tenga en cuenta el PP a partir de ahora; la victoria en estas elecciones puede ser, aunque ahora ellos no lo piensen, un regalo envenenado, ya que si los populares pactan con VOX, el PSOE saldrá al momento para denunciar que "El PP ha pactado con los fascistas de Abascal". Algo que podría perjudicar al PP de aquí a las generales y que a su vez resulta bastante irónico, ya que los socialistas sí se pueden permitir el lujo de llegar a acuerdos con terroristas, independentistas o podemitas, pero niegan a los del PP la oportunidad de negociar con VOX. 

Por ello, mucho cuidado con la forma en la que el PP gestiona estas negociaciones, porque si VOX se pone farruco a la hora de exigir algo a cambio, los populares pueden perder algún que otro Ayuntamiento o CCAA que hoy hayan ganado. En definitiva, hoy el PP ha obtenido una clara victoria en toda España, pero no hay que olvidar que quedan aún seis meses para las elecciones generales, y que hasta entonces nada está ganado. Pueden pasar muchas cosas a partir de mañana, y el PSOE aprovechará al máximo la situación para generar tensión hasta las generales, como ya afirmó Zapatero en su día. Por ello, el PP ha ganado una batalla, pero está por ver si gana la guerra. Dentro de seis meses, o incluso más, lo sabremos.  

sábado, 27 de mayo de 2023

España no puede votar así


Cuando estamos a tan sólo cuarenta y ocho horas de conocer los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del domingo, la campaña electoral ha saltado por los aires cuando se han conocido hace unas horas las innumerables casos de corrupción relacionados con el PSOE que ya se extienden de forma imparable por toda España. Corrupción en la que no falta absolutamente de nada, y que reúne todos los ingredientes para una cuarta parte de la trilogía de "El Padrino": compra de votos por parte del PSOE a cambio de empleo, dinero, drogas, secuestros a punta de pistola a concejales para ocultar casos de corrupción, empadronamientos ilegales, sobornos a nacionales e inmigrantes, candidatos pertenecientes a los Latin Kings, etc. En definitiva, toda una grave crisis de corrupción que no sólo afecta ya al PSOE y a Pedro Sánchez, sino también al Estado, ya que lo que está en cuestionamiento es la solidez y la limpieza del sistema electoral en España. Y todo esto cuando estamos, insisto, a cuarenta y ocho horas de las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo. Unas elecciones cuya campaña ha estado marcada primero por la inclusión de los terroristas etarras en las listas de Bildu y que ha terminado con uno de los casos de corrupción más letales para el PSOE y para Pedro Sánchez.
 
Todo comenzó, como ya es sabido, con el estallido de la compra de votos por correo por parte del partido Coalición por Melilla, en la que está involucrado el candidato a la presidencia de esta ciudad y ex presidente de la misma, Mustafá Aberchán (Musulmán, para más señas), y en la cual estaría involucrado el propio Reino de Marruecos, como apuntan algunas fuentes. Después de esto, el caso de compra de votos se ha extendido por toda la península, pero esta vez por parte del PSOE, en donde se han producido ya cerca de una treintena de detenidos relacionados, tanto de forma directa como indirecta, con el Partido Socialista con respecto al fraude electoral que tenían pensado llevar a cabo en un número indeterminado de municipios, cuya lista aumenta conforme pasan las horas. Un caso especial es el del municipio de Mojácar, un lugar que suele frecuentar Pedro Sánchez y en el que se ha visto salpicado el ministro Bolaños. A todo esto hay que sumarle el estallido producido en el pueblo andaluz de Maracena, donde una concejala del PSOE fue secuestrada en febrero de este año, amenazada a punta de pistola y encerrada en el maletero de un coche tras conocerse que ésta tenía documentación relacionada con casos de corrupción que afectaba al Ayuntamiento socialista de este pueblo. Un secuestro en el que está involucrado e imputado el número 2 del socialismo andaluz y ex-alcalde del pueblo, el cual dio su visto bueno al mismo, la actual alcaldesa del municipio y candidata a la reelección en estas elecciones, así como otro concejal socialista. Por no hablar del candidato al Ayuntamiento de Valencia por el Partido Socialista de Valencia, el cual ha renunciado a su puesto en las listas electorales tras haber sido detenido por robo y confirmando posteriormente por la Policía como miembro de los Latin Kings.

Como se puede comprobar, toda una serie de acontecimientos que podrían dar perfectamente para una producción televisiva sobre mafias en HBO o en Netflix. Pero por desgracia, esto no es ficción, sino la política española en pleno 2023. Un panorama que nos lleva al peor de los escenarios y que pone punto y final a la campaña más sucia y peligrosa vivida en España desde las generales de 2004 y que nos remonta a los convulsos años de la II República (Concretamente desde las elecciones generales de 1936), donde la compra de votos por parte de la izquierda era el pan nuestro de cada día. Estamos pues ante un escenario en el cual, y lo digo abiertamente, no es posible votar bajo estas circunstancias. Lo más seguro es que la gravedad de lo ocurrido (Más propia de una República Bananera que de un país europeo) no le importe a la mayoría de los españoles, pero a los que nos sigue importando aunque sea un poco nuestro país y su futuro, sí que nos importa y mucho votar en unas condiciones que demuestran que el sistema electoral (Por no hablar del sistema político) se ha desmoronado completamente. 

Habrá quien diga "¿Y cuál es la solución, según tú?" La solución consiste en suspender estas elecciones de manera inmediata y aplazarlas para diciembre, haciendo que coincidan con las generales. Y sobre todo, que las mismas estén supervisadas por observadores internacionales, ya que no estamos hablando sólo de la irregularidad del sistema de voto por correo, sino de un fraude electoral en términos generales que afecta a toda España. Un sistema electoral cuyo recuento estará supervisado por Indra, la empresa que hace pocos meses intervino el gobierno, lo cual hace más peligroso el verdadero resultado de las elecciones y, a su vez, más necesario que nunca la intervención del exterior para controlar las elecciones que vamos a vivir dentro de dos días, así como las que se celebrarán supuestamente en diciembre. Y digo supuestamente porque ya no sé lo que va a ocurrir de aquí a finales de año. Estamos hablando de una situación extrema en la que puede producirse cualquier escenario, y más si tenemos en cuenta la forma en la que han ido evolucionando los acontecimientos en las últimas horas. 

España, pues, no puede votar bajo estas circunstancias. No podemos cometer 19 años después el mismo error que en 2004, cuando tras el 11-M se debieron suspender las elecciones generales, ya que España había vivido el peor atentado de su historia, y el país estaba en estado de shock tras la gravedad de lo ocurrido. Pero claro, estamos hablando en una situación gravísima en la que está implicado el PSOE y Pedro Sánchez, el mismo que el 1 de octubre de 2016 fue expulsado de su partido tras una jornada en la que se descubrió que intentó falsificar el resultado sobre su futuro en el PSOE a través de unas urnas imprevistas detrás de unas cortinas y sin ninguna garantía legal. ¿Quién puede fiarse de un tipo que en su propio partido realizó tal acto y que pretende repetirlo ahora a través del Estado? Y lo más urgente; ¿Quién garantiza que los resultados de las elecciones del domingo sean los auténticos? Y lo mismo puede decirse de las elecciones generales de diciembre. Por no hablar de la autenticidad de los resultados de las elecciones generales del 28 de abril de 2019, de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo de 2019, así como los de las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019. 

Y para finalizar quiero añadir una cuestión aún más preocupante si cabe; si todo esto está sucediendo en unas elecciones municipales y autonómicas, ¿Qué no tendrán pensado realizar para las generales? Estamos hablando de una banda criminal, la cual está compuesta por los socialistas, los podemitas, los asesinos de Bildu y los independentistas catalanes, los mismos que celebraron los referéndums ilegales e irregulares del 1 de octubre de 2017 y del 9 de noviembre de 2014. ¿Quién me dice a mí que los resultados que salgan de las urnas dentro de unas horas van a ser legales y limpios? Porque yo, con independencia del resultado, adelanto ya que no me los creeré. Y para rematar, lo más jodido de todo esto es que la oposición no haya denunciado ante los tribunales correspondientes esta situación de irregularidad absoluta a nivel nacional, ¿O es que acaso cree la derecha que la izquierda les va a dejar paso tan fácil? Si creen eso es que son más ignorantes de lo que creía, que ya es decir. En definitiva, creo que la situación va a ir a más de aquí a diciembre, y que la tensión va a ir en aumento conforme se acerquen las generales. Mientras tanto, Pedro Sánchez sigue sin dar la cara y sin dar explicaciones, ¿Para qué? Sus votantes tragan con todo, y el resto de españoles a él se la traen al pairo. Eso sí, el PSOE ya está victimizándose y acusando al PP de "No querer que la izquierda vote". Este es pues el gravísimo y deplorable escenario que estamos viviendo a pocas horas de las votaciones. Unas votaciones que no deberían de celebrarse bajo estas circunstancias y que demuestran hasta qué punto está degradada la democracia española. 

jueves, 18 de mayo de 2023

ETA no fue derrotada


Después de lo que llevamos vivido en los últimos días sobre la publicación por parte de Bildu acerca de los etarras que van a presentarse por los municipios del País Vasco y Navarra, no sé muy bien qué es lo que los españoles llevan vivido en los últimos 20 años. Y me refiero a la sorpresa por parte de muchos a la hora de que Bildu haya hecho pública estas listas electorales, las cuales incluyen a cuarenta y cuatro etarras condenados, siete de ellos por delitos de sangre. Insisto, no sé a cuento de qué se sorprenden aquí algunos sobre esta noticia. ¿Acaso alguien creía aún que Bildu no era ETA? ¿O que los sujetos que integran ese partido no guardan relación con el terrorismo etarra ni la izquierda abertzale? Vamos a ser serios, por Dios. Aquí todo el mundo sabe lo que lleva ocurriendo en España desde hace ya dos décadas, que no es otra cosa que la derrota del Estado de Derecho en favor de la banda terrorista vasca.

Un escenario que tiene su origen en la última legislatura de Aznar, cuando el por entonces líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero comenzó a entablar contactos con el entorno etarra mientras firmaba con Aznar en Moncloa el Acuerdo a favor de las libertades y contra el terrorismo, así como la Ley Orgánica de Partidos Políticos, que propició la ilegalización de la por entonces Batasuna. Mientras esto sucedía, el PSOE de Zapatero mantenía contactos con la banda terrorista. Y casualmente, en 2004, y contra todo pronóstico, Zapatero obtiene una inesperada victoria que le lleva a la Moncloa 72 horas después del mayor atentado terrorista perpetrado hasta la fecha en España y Europa (Atentado del que todavía no sabemos la verdad). Todo esto tras conocerse que en Cataluña, el por entonces vicepresidente del gobierno izquierdista dirigido por el socialista Pascual Maragall, Carod Rovira, había mantenido conversaciones con ETA para que la banda terrorista atentase en cualquier lugar de España, menos en Cataluña. ¿Casualidad? Quien crea en ellas es un ingenuo.

Después de la sorprendente llegada de Zapatero al gobierno, ya sabemos lo que vino después: el alto el fuego de ETA y la posterior negociación del PSOE a efectos oficiales con la banda terrorista a partir del 2006. Visto con la perspectiva del tiempo, todo hace indicar que Zapatero se creía, o intentaba emular a Tony Blair y los Acuerdos del Viernes Santo de 1998 (Acuerdos que, el pasado mes de abril, han cumplido 25 años) que pusieron fin al terrorismo del IRA en Irlanda del Norte y a su incorporación a la política norirlandesa. De hecho es sabido que Tony Blair aconsejó a Zapatero durante la tregua de 2006. Pero ni Zapatero era Blair (Aunque él lo quisiese), ni la situación del País Vasco era equiparable al complejo escenario que se vivía en Irlanda del Norte. Pese a todo, y tras los atentados etarras de Barajas en diciembre de 2006, el gobierno socialista nunca rompió las negociaciones con el mundo etarra. Esto condujo al nuevo y definitivo alto el fuego de ETA en 2010, el cual concluyó en octubre de 2011, cuando los terroristas anunciaron el fin de la lucha armada. Un anuncio que coincidió con la llegada de ETA a las instituciones ese mismo año a través de las elecciones municipales, autonómicas y generales a través de los partidos Amaiur, Sortu, Bildu, etc. 

A partir de entonces, todo el mundo se echó al monte y exclamó a los cuatro vientos aquello de "El Estado ha derrotado al terrorismo". Nada más lejos de eso. Las negociaciones de Zapatero con ETA, así como su contenido, es algo que todavía está por descubrir. Hace cuatro años (Ya con Pedro Sánchez en el gobierno) se hicieron públicas las actas de ETA en las reuniones de éstos con el gobierno socialista de Zapatero. En su momento dije, y vuelvo a decirlo ahora, que esas publicaciones eran lo más grave que se había publicado desde la instauración del sistema constitucional de 1978. Sin embargo, la mayoría de los medios y la clase política callaron ante semejante escándalo. ¿Por qué? Eso es otro misterio, al igual que lo es el por qué el gobierno de Mariano Rajoy decidió continuar con la hoja de ruta con respecto a ETA diseñada por Zapatero y Rubalcaba. Un Rubalcaba que, curiosamente, cuando falleció en 2019 fue despedido con todos los honores en el Congreso de los Diputados, como si de un funeral de Estado a un ex presidente del gobierno se tratase, con la asistencia incluso de la Familia Real. Otro misterio más que nunca nos será revelado. 

Pero volviendo al tema en cuestión, debo añadir que por muy enigmático que parezca, nada es casual en lo que llevamos vividos en estos 20 años. Zapatero y Rubalcaba idearon un plan que consistía no en acabar con ETA, sino en darle el lugar que según ellos, les correspondía en las instituciones, es decir, pasar de la actividad armada a la actividad política. De hecho, el propio Zapatero lo ha dicho hace unos días en una entrevista, cuando afirmó que "Si ETA dejaba las armas, tendrían juego en las instituciones". Una promesa que, según Zapatero, hay que mantener. Pues bien, tras hacerse efectivo ese acuerdo, está claro que el PP de Rajoy se sumó a dicho acuerdo una vez que entraron en el gobierno en 2011. Sólo hay que recordar la visita secreta que Zapatero (Ya ex presidente) hizo en 2012 al entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, o el rechazo del PP (Y por supuesto del PSOE y los demás grupos parlamentarios) de rechazar la ilegalización de Bildu, todo ello con Rajoy ya en la Moncloa. Se puede decir a todos los efectos, que el PP continuó la hoja de ruta del PSOE, la cual tuvo su otro punto destacado cuando en 2018 ETA se disolvió. Tras esto se produce la llegada de Sánchez al gobierno, el cual refuerza la hoja de ruta al incluir a Bildu entre sus socios de gobierno, llegando a pactar con ellos tanto desde el gobierno de España, como desde los ayuntamientos vascos y navarros, pasando por el gobierno de Navarra, el cual preside el PSOE con la ayuda de Bildu.

No seamos imbéciles. Todos sabemos que ETA no fue derrotada, desgraciadamente, ni forma parte ya del pasado reciente de nuestra historia. ETA está viva, y desde hace ya cinco años son directamente una organización política que mantiene a Sánchez en el poder y saca la cara por él cuando el presidente del gobierno se ve en peligro. La declaración de Arnaldo Otegi de anunciar que los siete etarras condenados por asesinato renunciarán a sus actas de concejales si son elegidos no es más que una campaña a contrarreloj para salvar al PSOE y a Sánchez en estas elecciones. Eso sí, Otegi no ha dicho nada con respecto a los otros treinta y siete terroristas que en teoría sí recogerán sus actas de concejales, si salen elegidos, lo cual demuestra que la izquierda abertzale sigue riéndose de las víctimas del terrorismo y de todos los españoles con el beneplácito de Sánchez, del PSOE, de Podemos, de Irene Montero (La cual salió hace unos días a pedir respeto por ellos. Ya hay que ser miserable), de Sumar, de Yolanda Díaz, etc. La cuestión es ¿Por qué realiza Bildu/ETA esta operación para salvar a Sánchez y al PSOE? Por la sencilla razón de que la hoja de ruta diseñada hace 20 años no ha terminado. Los siguientes pasos son los de mantener a Sánchez en la Moncloa para que a medio plazo se pueda llevar a cabo la fusión territorial del País Vasco con Navarra, y por último la aceptación por parte del gobierno de la nación de aceptar un referéndum de independencia para estos territorios ya fusionados en uno solo. Todo parece seguir el guion elaborado hace ya dos décadas entre el PSOE y la ETA, la cuestión es si el PP con Feijóo a la cabeza estará dispuesto a apoyar esa hoja de ruta hasta el final. 

De momento, tras el anuncio de Otegi de que parte de los terroristas no recogerán sus actas de concejales, en caso de ser elegidos, Feijóo no ha tardado en manifestar abiertamente que "La democracia, y no los terroristas, ha ganado". Una frase que ya sabemos que es mentira, además de un insulto a los españoles, puesto que ETA sigue poco a poco ganando terreno para conseguir a través de la política lo que no pudo obtener a través de las armas. Esta es la verdadera realidad, por mucho que ahora algunos se lleven las manos a la cabeza mientras piensan que cómo es posible que Sánchez negocie con Bildu. ¿Acaso no es eso lo que llevamos viendo desde 2018 hasta la fecha? ¿Por qué ahora es noticia esto, si ya es algo que por desgracia llevamos viendo desde hace cinco años? Está claro que todo obedece a intereses electorales. Si no fuera así, por esa regla de tres, Feijóo podría haber puesto el grito en el cielo desde el primer día en que Sánchez pactó con Bildu, y no ahora que estamos a final de la legislatura. El cara a cara que mantuvieron ayer Sánchez y Feijóo en el Senado cuando el líder del PP le preguntó una y otra vez a Sánchez si se compromete a no pactar más con Bildu es propio de una película mal hecha. ¿Acaso duda Feijóo de que Sánchez no va a pactar más con Bildu si de ellos dependen los votos para que el líder del PSOE salga reelegido como presidente del gobierno? El cuento a otro, Caperucita. Y esto va también dirigido hacia VOX y Santiago Abascal, el cual registra ahora en el Congreso una propuesta inútil para ilegalizar a Bildu, la cual no la ha presentado en toda la legislatura excepto ahora. 

Por último añadir que, desgraciadamente, nada de lo que está ocurriendo le va a pasar factura electoral al PSOE la semana que viene. Los votantes de la izquierda española hace tiempo que demostraron ser iguales que los votantes de la izquierda abertzale, del mismo modo que los líderes de las formaciones de la izquierda española son equiparables a los dirigentes de Bildu. Por ello nada de lo que pase con respecto a este asunto va a provocar un efecto negativo ni al PSOE (Un partido que ya ha demostrado de sobra ser tan terrorista y sanguinario como la propia ETA), ni a Bildu (Cuyos votantes son iguales de terroristas que los políticos a los que votan), ni a la izquierda en general (La cual ve con mejores ojos a los terroristas vascos que a los propios ciudadanos de derechas de esta nación). Vivimos pues en un país donde los ciudadanos aceptan todo, incluso el compadreo y los pactos entre políticos y terroristas. Este es el fiel reflejo de una clase política y de una sociedad que se ha rendido ante el terrorismo y las armas, quedando ya como un lejano recuerdo aquellas imágenes de los españoles gritando contra ETA con una sola voz tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco allá por julio de 1997. Esta son las consecuencias de tener a una sociedad aborregada y dormida, la cual acepta todo lo que les dictaminan los de arriba. Por mucho que algunos crean lo contrario, España, (Al igual que Reino Unido u otros países de nuestro entorno) está condenada a desaparecer, ya que quienes gobiernan esta nación son precisamente sus enemigos, aquellos que desean acabar con ella (PSOE, Podemos, Bildu, ERC, etc). Estamos pues en un camino del que por desgracia no hay vuelta atrás, y esto lo saben aquellos que ostentan el gobierno en España. Y por eso intentarán hasta el final mantener el poder de esta nación, hasta que ya no haya nación sobre la que ejercer ese poder. Ese es su verdadero objetivo, y eso es desgraciadamente lo que van a conseguir ante la pasividad de todos.