jueves, 21 de enero de 2021

Biden: Fin y comienzo de una nueva era

Desde hace ya unas horas Joe Biden es el cuadragésimo sexto presidente de los Estados Unidos. Una nación que se encuentra en la peor situación vivida desde la guerra civil norteamericana hace ya 160 años. Biden, que se ha convertido desde hoy en el presidente con mayor edad en acceder al cargo (78 años) ha tomado posesión en la investidura más rara vivida en la historia reciente de América. Con un Donald Trump desaparecido en combate desde el asalto al Capitolio el pasado 6 de enero, Biden ha consumado un traspaso de poderes atípico en el que solo ha asistido a la investidura por parte de la administración Trump el hasta hoy vicepresidente Mike Pence, el cual ha cedido el testigo a una Kamala Harris a la que muchos ya ven como la futura presidenta de EEUU de aquí a cuatro años.

Lo vivido hoy no solo supone el regreso de la antigua administración Obama, sino la clausura de una era y la apertura de otra nueva en la que la agenda globalista pretende culminar de una vez por todas el Nuevo Orden Mundial que ya he comentado por aquí en otras ocasiones y del que el ex presidente Bush padre ya hizo mención en septiembre de 1991. De hecho a estas alturas de la noche, Biden ya ha firmado varios decretos entre los que destaca la vuelta de EEUU al Acuerdo de París, del cual se salió Trump en 2019. También ha firmado ya un decreto en el que paraliza el anuncio realizado el año pasado por parte de Trump para sacar a EEUU de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Como se puede apreciar, Biden empieza fuerte y comienza a derogar todo lo realizado por su antecesor en estos cuatro años. 

Personalmente no espero nada bueno del nuevo presidente, ya que todos sabemos quiénes están detrás de la campaña de Biden y los intereses que les mueven la llegada de éste a la Casa Blanca. Biden va a seguir adelante con la agenda elitista y progre que en su día realizó Barack Obama y que se detuvo en 2017 con la llegada de Trump. Un Donald Trump al cual tengo que reconocer que no ha estado a la altura de las circunstancias en estos dos últimos meses en la presidencia. El ya ex presidente sabía que no se estaba enfrentando a Biden ni a Harris, sino a toda la élite mundial que esperaba con ansias el regreso de las políticas globalistas realizada tanto por los demócratas como por los republicanos y que él había paralizado durante su estancia en la Casa Blanca. Cabe añadir que lo ocurrido el pasado 6 de enero marca un antes y un después en la torpe idea de Trump al querer revertir el resultado de las elecciones del 3 de noviembre. No sé qué le dirían hace un par de semanas al por entonces mandatario norteamericano, pero es un hecho que desde entonces Trump ha agachado la cabeza y con resignación ha aceptado la situación. Por no hablar del impeachment al que el ya ex presidente deberá hacer frente, aunque ya sea como ciudadano común. Un impeachment que puede hundir las expectativas de Trump para presentarse de nuevo en 2024 si finalmente es condenado por los delitos que los demócratas le imputan. 

Ahora ya todo el terreno es para Biden, el cual auguro que será un presidente que como mucho permanecerá en el Despacho Oval hasta enero de 2025 si no se aparta antes en favor de Harris debido a su avanzada edad. Biden se enfrenta a la más que inminente ruptura y caída del Imperio norteamericano. Estados Unidos se encuentra en una situación límite en la que la chispa puede saltar en cualquier momento. De hecho creo que ya saltó con los sucesos acaecidos el día de reyes con la toma del Capitolio. Las diferencias abismales entre conservadores y progresistas, entre blancos y negros y entre los distintos estados van a provocar más pronto que tarde la más que posible disolución y posterior caída de EEUU como primera potencia mundial en favor de la China comunista que ya espera impaciente que Norteamerica caiga, al igual que la manzana del árbol, por su propio peso antes o después. De hecho veo cierto paralelismo entre Biden y el ex presidente soviético Mijail Gorbachov, el cual fue el mandatario ruso que dio carpetazo en diciembre de 1991 a la ya desaparecida Unión Soviética. Creo pues que con la recién estrenada administración Biden estamos presenciando a la misma vez el fin de una era y el comienzo de otra en la que el totalitarismo de la izquierda será el actor principal en este nuevo escenario oscuro que se abre en todo el planeta. Con la pandemia del Covid 19 extendida por todo el mundo y la división y tensión constante en EEUU, Biden hará frente a los últimos días de grandeza y de liderazgo del Imperio estadounidense sobre el resto de los países. China ya está llamando a las puertas y con ella traerá el imperialismo de Pekín y el comunismo atroz que en ella pervive desde hace más de setenta años. 

viernes, 8 de enero de 2021

Caos en Washington

 

Han pasado algo más de 24 horas desde que en Washington se produjese uno de los acontecimientos más impensables de toda su historia. Me refiero, por supuesto al asalto de los partidarios de Trump al Capitolio de los Estados Unidos de América. Un acontecimiento que podemos definirlo entre histórico, insólito, humillante y patético. Como si de su propio 23-F se tratase, Estados Unidos ha contemplado atónito cómo cientos de sujetos, incluyendo en ellos a varios frikis disfrazados de carnaval, asaltaban la sede del poder legislativo estadounidense. Un asalto que se produjo después de que el todavía presidente, Donald Trump, volviese a reafirmarse en su idea del "Robo electoral" ante una multitud de seguidores frente a la Casa Blanca. Acontecimiento este que ha sido aprovechado por algunos para culpar a Trump de lo que algunos llaman "Un intento de golpe de estado", el cual ha dejado cinco muertos y ha ahondado más en una crisis constitucional sin precedentes en la historia de América. 

Para empezar debo añadir que lo vivido ayer ha sido algo histórico, es cierto. Nunca en 200 años de historia la ciudadanía americana había realizado un acto tan atrevido como el que vimos ayer en directo desde todas partes del mundo, y que deja a los EEUU en una posición cercana a la de una república bananera. Por otro lado ha sido un acontecimiento patético, ya que lo que ayer vimos fue, entre otras cosas, la toma del poder legislativo americano en manos de una manada de frikis salidos de una fiesta de disfraces. Algo impropio de la que se supone que es la primera potencia mundial. Pues bien, entre una cosa y otra hemos llegado a ver hasta dónde han sido capaces de llegar las dos partes que jugaban en este tablero desde el 3 de noviembre pasado. Por un lado se ha visto la postura estúpida e impresentable de Donald Trump, el cual será considerado no ya como el primer presidente en mantener una América en paz durante su mandato, sino de ser el impulsor de un golpe de estado que ha costado la vida a cinco personas. Eso por un lado. Por el otro tenemos a Biden y los demócratas, los cuales han aprovechado estas circunstancias para erigirse en representantes de la democracia y la libertad frente al totalitarismo y la tiranía que según ellos representa Trump.

Un Trump al que todavía no se sabe cuáles van a ser sus intenciones de aquí al próximo 20 de enero, fecha en la que previsiblemente tome posesión como nuevo presidente Joe Biden. Por un lado el todavía presidente ha dejado entrever que reconoce su derrota en las elecciones del 3 de noviembre y que dará paso a un pacífico traspaso de poderes. Pero aún así todavía se desconoce lo que pueda hacer el presidente estadounidense de aquí a dos semanas. Dos semanas en las que puede ocurrir de todo: Los demócratas han emplazado a Mike Pence, vicepresidente de los Estados Unidos, a llevar a cabo la enmienda 25 de la constitución americana, la cual permitiría que tras determinar el gobierno americano a Trump como incapaz para seguir gobernando, éste lo destituiría de inmediato para nombrar de forma provisional al propio Pence como presidente hasta el día 20 de enero. Por otro lado se habla de la posibilidad de poner en marcha otro impeachment que logre esta vez sacar a Trump a poco más de diez días para que termine su mandato. 

Escenarios todos estos surrealistas que se suman a la gravedad de lo ocurrido ayer. Un acontecimiento al que muchas voces han puesto como verdaderos promovedores a Biden y al partido demócrata, con el objetivo de provocar una falsa toma del poder legislativa por parte de los trumpistas y de esta forma deslegitimar la presidencia de éste y obligándole a rendirse de una vez por todas. Si la idea era esa debo decir que ha salido a la perfección, ya que las imágenes de la Cámara de Representantes estadounidense ocupada por los manifestantes han dado la vuelta al mundo. Este ha sido en parte el final que el propio Trump se ha buscado tras tensar la cuerda durante dos meses, sabiendo ya que tenía todas las de perder. El presidente saliente sabe que se está enfrentando no ya a un vejestorio acusado de pedofilia como es Joe Biden, ni a la verdadera y futura presidenta, la radical progre Kamala Harris. Trump se ha enfrentado ni más ni menos que a toda la élite mundial, la cual sigue imparable en su proceso de implantar definitivamente el Nuevo Orden Mundial. Una élite que siempre receló de Trump y que ahora le ha dado la estocada final con este asalto a la democracia estadounidense que pone fin a su presidencia. Una presidencia que podía haber sido perfecta si Trump hubiese reconocido la derrota en noviembre y abrir paso para el traspaso de poderes. 

Creo que está bastante claro que Biden y Harris son dos radicales, los cuales van a implantar la agenda que algunos tienen ya más que diseñada y preparada. Pero con independencia de eso han sido dos radicales que, ya sea de forma legal o ilegal (Yo me inclino más por la forma ilegal) han ganado las elecciones estadounidenses, y eso es lo que importa en todo este panorama. Trump, ciego también por su ambición de poder, ha tensado la cuerda sin saber las consecuencias que podría tener su comportamiento en todo esto. Ahora ya tiene el resultado: Una presidencia echada a perder, un intento de golpe de estado bajo su presidencia, el cual ha costado la vida de varias personas. No se puede jugar contra el establishment, y eso debería saberlo alguien como Donald Trump, el cual forma parte de esa misma élite que reniega de él y éste de ella. El único que ha salido perdiendo en todo este despropósito ha sido él, ya que después de disolver la policía a los asaltantes, el senado ha vuelto a reunirse y ha proclamado oficialmente a Biden como el nuevo presidente electo. 

Un Senado que ha votado a favor de Biden y que algunos consideran como principal responsable de este hecho al todavía vicepresidente Pence, el cual se ha desvinculado completamente de Trump tras lo ocurrido ayer y ha proclamado a Biden como vencedor, a pesar de los intentos de Trump para que Pence bloquease la votación y posterior proclamación. A partir de ahora solo queda esperar para ver cuál es el desenlace de todo esto, ya que la situación puede empeorar aún más si cabe en los próximos días si Trump vuelve a negarse en dejar la Casa Blanca, o los demócratas intentan cesarlo antes del 20 de enero. Un Trump con el que personalmente me he decepcionado profundamente en estos dos meses, no ya por su terca actitud a la hora de reconocer unos resultados de dudosa legalidad, sino en cómo ha traicionado los intereses de España al reconocer a Marruecos como el único país soberano sobre el Sahara Occidental, así como el hecho de trasladar la base de Rota a Marruecos y vender arsenal militar a Mohamed VI, dejando a España a merced de los moros en unos momentos en los que éstos están aprovechándose de la grave situación que vive España para exigir las ciudades de Ceuta y Melilla, así como las Islas Canarias. Una situación que pone en peligro a España y en la que Trump ha colaborado muy activamente, traicionando con ello a España y a los españoles. De esta forma el presidente de Estados Unidos ha demostrado su falta de escrúpulos y su cinismo, unido al papel que ha jugado en los hechos históricos acaecidos ayer. Pero no nos llevemos las manos a la cabeza. Biden y Harris gobernarán dentro de dos semanas EEUU, llevándola a un imparable conflicto civil que ya ha comenzado y que podría poner punto y final a Estados Unidos como principal potencia mundial en favor de China. Unos Estados Unidos cada vez más divididos y que con la llegada de estos dos miserables que ahora son vitoreados como la personificación de la democracia terminarán por hacer menos malo a Trump, lo que ahora se ve como algo imposible a tenor de los graves e históricos hechos acaecidos ayer.

jueves, 7 de enero de 2021

El presidente y el primer ministro

Aunque en nuestra constitución se estipula que España es una "Monarquía parlamentaria", no quiere decir que en la práctica nuestro sistema político tenga que ser así. Siempre se ha comentado, y se sigue comentando, que nuestro sistema de gobierno tiende a ser bastante "Presidencialista". Que la forma de gobierno en España es bastante parecida en cierta forma a los sistemas políticos que predominan en Estados Unidos, México, Argentina, etc. Y debo decir que en gran parte de los años que el sistema constitucional de 1978 ha funcionado, esta forma de gobierno podría añadírsele a nuestro país, siendo el presidente del gobierno no solo el jefe del ejecutivo sino también el jefe del estado. Adoptando un perfil bastante relevante no solo en el interior del país, como es lógico, sino también en el extranjero.

Aun así todo esto parece que cambió desde hace unos diez años atrás. E incluso me atrevería a decir que desde hace veinte años. Desde hace ya algún tiempo, el sistema político español ha venido adoptando una postura que en gran parte se parece a la establecida en Francia o en Rusia. Estoy hablando del sistema semipresidencialista. ¿Qué es un sistema semipresidencial? Pues aquel en el que el jefe del estado es el presidente de la República, mientras que el jefe del gobierno es el primer ministro, el cual es elegido por el primero. Esto en España parece que se estrenó aunque de forma tímida en el año 2000.

Tras la reelección de José María Aznar, éste formó un gobierno en el que desalojó de la vicepresidencia a Francisco Álvarez Cascos y designó como nuevo vicepresidente al entonces ministro de educación, Mariano Rajoy. Con ello también fue designado por Aznar como ministro de la presidencia y posteriormente portavoz del gobierno y ministro del interior. De esta forma Rajoy se convirtió en una especie de "Primer ministro", donde el jefe del gobierno presidía, y el vicepresidente era quien llevaba el pulso del gobierno. De hecho hay noticias de la época en las que se hablaba que debido a los constantes viajes al exterior de Aznar, las discrepancias entre ministros y las rencillas del gobierno las zanjaba el entonces vicepresidente Rajoy, al cual acudían los ministros en lugar de a Aznar debido a que Rajoy era más accesible que el jefe del gobierno. Todo esto terminó cuando en 2003 y tras tres años ejerciendo de primer ministro de facto, Aznar designó a Rajoy como su sucesor, dejando éste las responsabilidades de gobierno, muchas de las cuales le quemaron en los tres años que ejerció de "primer ministro", entre las que destacan el hundimiento del prestige en las costas gallegas en 2002, el apoyo de España a la guerra de Irak, la crisis del Perejil, o la huelga general de los sindicatos contra el gobierno.

Pero no sería hasta octubre del año 2010 cuando en medio de la mayor crisis económica y social vivida en España desde los años 30, el entonces presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el cual estaba ya carbonizado por su pésima y nefasta gestión de la crisis, decide hacer una gran remodelación en su gobierno y designa como nuevo vicepresidente al entonces ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Es aquí cuando se habla por primera vez en la prensa española de una "Presidencia bis", donde el vicepresidente asumía todas las funciones gubernamentales mientras Zapatero iba retirándose poco a poco. El entonces presidente era quien oficialmente seguía estando al frente del gobierno, pero en la práctica era Rubalcaba quien gobernaba y tomaba las decisiones en los últimos meses del PSOE en el gobierno. A la vez que era nombrado vicepresidente, también fue designado como nuevo portavoz del gobierno, a la vez que seguía al mando del ministerio del interior. Por primera vez en España se veía claramente, a diferencia de lo ocurrido entre Aznar y Rajoy, una división de poder real en el gobierno. Rubalcaba tenía el control de la situación y realizaba tareas propias de un primer ministro y de primera representación del gobierno en algunos casos. De hecho fue famoso su despliegue a Afganistán, donde visitó las tropas como si de un jefe del gobierno se tratara, y rindió homenaje a los caídos. Pero no sería hasta la crisis de los controladores aéreos en diciembre de 2010 cuando se notó que era ya Rubalcaba y no Zapatero quien realmente controlaba el cotarro. La desaparición del presidente del gobierno durante la crisis, y la constante presencia de Rubalcaba ante los medios, así como el anuncio por parte de éste de aplicar por primera vez el estado de alarma hizo despejar las dudas de quién era verdaderamente el que gobernaba en España. De hecho se ha hablado varias veces que el propio Rubalcaba se vanagloriaba de ser él quien consiguió en la reforma de la constitución de 2011 que a la hora de especificar el límite del déficit no se incluyese ninguna cifra en la carta magna. Quizás por todas estas cosas, Rubalcaba recibió hace casi dos años un funeral equiparable al que reciben los jefes del gobierno. Su "mandato" no duró más de nueve meses. El tiempo suficiente para que los españoles conociesen su gestión como "primer ministro" y abandonase el gobierno para ser designado sucesor de Zapatero y candidato del PSOE, siendo derrotado fulminantemente por Mariano Rajoy en las elecciones de noviembre de 2011.

Tras la vuelta del PP al gobierno, este reparto de poder no solo no se disuelve sino que se refuerza cuando Rajoy, como nuevo presidente del gobierno, decide nombrar a Soraya Sáenz de Santamaria como vicepresidenta del ejecutivo, portavoz del gobierno y ministra de la presidencia, obteniendo a la vez el control del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) por primera vez en la historia de España. Es a partir de entonces cuando la prensa española cataloga a Sáenz de Santamaría como "La mujer con más poder en España desde Isabel II". Y no era para menos. Rajoy había estructurado su gobierno de forma que él lo presidiría, pero a su vez sería Soraya quien moviese los hilos del poder en la Moncloa. De nuevo tenemos un caso claro de reparto de poderes entre presidente y "primer ministro". De hecho no fueron pocas las veces que se habló de que Rajoy había "abdicado" de sus responsabilidades en favor de Soraya. De hecho en uno de los debates televisivos de las elecciones generales de 2015, donde Rajoy se presentaba para la reelección, fue la propia Soraya la que participó en representación del PP y por ende, del gobierno de entonces. También fue un hecho curioso que en los carteles electorales de aquellos comicios apareciesen los rostros de Rajoy por un lado y Soraya por otro. Símbolo del gran poder y la influencia que ejercía la "primera ministra" en el gobierno y que la corroboraba como futura sucesora a la Moncloa. Una teoría que se reforzó en 2016 cuando tras cinco años gobernando, el presidente del gobierno decide que Soraya abandone la portavocía del gobierno para asumir a su vez el ministerio de las administraciones territoriales. También, durante la crisis independentista catalana, Rajoy aplicó por primera vez el artículo 155 de la constitución cesando al hasta entonces gobierno catalán presidido por Puigdemont. Con ello encargó que la presidencia catalana provisional recayese en Soraya durante todo el tiempo que perduró esta medida. Todo un espaldarazo a la flagrante "primera ministra", la cual muchos veían en ella a una más que inminente presidenta si los casos de corrupción que afectaban al PP se llevase por delante al gobierno de Rajoy. Algo que estuvo a punto de ocurrir el 31 de mayo de 2018 pero a lo que Rajoy se negó, poniendo fin al gobierno del PP tras siete años en la Moncloa.

En enero de 2020 y tras dos elecciones generales celebradas en 2019, más las elecciones autonómicas y municipales de mayo de ese año, Pedro Sánchez, presidente del gobierno desde junio de 2018, y Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, llegan a un histórico y polémico acuerdo que da luz verde al primer gobierno de coalición desde la instauración del sistema constitucional del 78. El ejecutivo izquierdista del Frente Popular había vuelto al gobierno de España ochenta y cuatro años después de 1936. Tras la toma de posesión de Pedro Sánchez como presidente del gobierno por segunda vez, éste anuncia a los pocos días su nuevo gobierno. Pablo Iglesias se convertiría en el flagrante vicepresidente segundo del gobierno, ministro de derechos sociales y de la "Agenda 2030", y por ende en el nuevo "primer ministro" del nuevo ejecutivo de coalición. Este caso, que ha sido el que lleva España viviendo (O sufriendo, mejor dicho) desde hace un año es el más claro hasta la fecha de todos los casos de reparto de poder entre presidentes y primeros ministros. Sánchez preside el gobierno, asumiendo incluso el papel de jefe del estado en muchos casos, en detrimento del rey Felipe VI, mientras que Iglesias es el encargado de poner los puntos sobre las íes, aunque en más de una ocasión Sánchez haga acto de autoridad para detener algunos de sus planes. Estamos pues ante un gobierno dividido en dos. Por un lado el gobierno que preside Sánchez con sus correspondientes ministros del PSOE, y por otro el gobierno que lidera Iglesias con sus ministros podemitas, entre los que se incluye su propia pareja, Irene Montero. Aún no siendo vicepresidente primero, Sánchez otorga a Iglesias un poder bastante relevante, entre los que destaca su acceso y control al CNI. Un poder bastante notable para el líder de un partido que había quedado cuarto en las elecciones generales de abril y noviembre de 2019. Sin embargo, y a pesar de ello, el reparto de poder se concentra por un lado en el palacio de la Moncloa (Residencia del presidente del gobierno) y por otro en el palacete de Galapagar (Residencia privada del "primer ministro" Iglesias y su cónyuge). 

Con esto he querido hacer un repaso sobre las distintas ocasiones en las que España ha estado co-presidida por dos personas en un sistema que teóricamente es cualquier cosa menos presidencialista o semipresidencialista. Hasta la llegada del segundo gobierno de Aznar, tanto con Álvarez Cascos en la vicepresidencia en su primer gobierno, o incluso Alfonso Guerra con Felipe González, o Gutiérrez Mellado con Adolfo Suárez se sabía claramente quién era el presidente y quién el vicepresidente. Pero desde el antecedente creado de forma tímida por Aznar en el año 2000, confirmado abiertamente por Zapatero en 2010, y continuado con Rajoy en 2011 y Sánchez en 2020, España ha tomado de facto un peculiar sistema de gobierno en donde la facultad de gobernar la tienen dos personas y no una sola. Cabe añadir que este sistema atípico se produjo hasta hace unos años en Cataluña, donde el presidente de la generalitat ejercía funciones propias de un jefe del estado, mientras que a su vez existía un consejero primero, el cual ejercía las funciones de "jefe del gobierno" en la generalitat catalana. Esta idea parece haberse extendido al resto de España con los ejemplos que acabo de exponer. Como he dicho anteriormente, todo esto forma parte de un sistema atípico e insólito si lo comparamos con los sistemas de gobierno que predominan en los países de nuestro entorno, pero como diría Manuel Fraga: "Spain is different".

martes, 8 de diciembre de 2020

Hacia el Nuevo Orden Mundial

Estamos a ocho de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y todavía faltan veintitrés días para que acabe este fatídico año 2020 que a todos nos ha afectado de una forma u otra. Un 2020 que ha supuesto un antes y un después en nuestro modo de vida, y que de alguna forma nos ha advertido ya que nuestra existencia ya no volverá a ser lo que era hasta ahora. Esta pandemia que nos está azotando y que ha costado en España más de sesenta mil muertos, mientras que en el mundo ha sumado más de un millón y medio de fallecidos y un total de cerca de setenta millones de afectados en todo el planeta es la confirmación de que la especie humana ha entrado en una nueva era que fácilmente se puede atribuir a la predicción que hace solo ocho años vaticinaron los mayas con el famoso calendario que hablaba de un nuevo ciclo a partir de diciembre de 2012. 

Parece que aún con ocho años de retraso, la profecía maya se ha cumplido. La cuestión ahora es ¿Qué nos espera a los seres humanos a partir de ahora? Nadie, salvo la élite que maneja los hilos y que pueden ser los responsables de todo lo que está ocurriendo y ocurrirá sabemos a qué nos atenemos. De lo que no hay duda alguna es de que la élite mundial ya ha puesto en marcha su fase final para la instauración del Nuevo Orden Mundial. Ese Nuevo Orden Mundial que seguramente empezó a cocerse mucho antes pero que el entonces presidente Bush padre hizo público el 11 de septiembre de 1991. Diez años antes de que se produjese el mayor atentado terrorista del siglo XXI (11-S de 2001) y que supuso el inicio de ese plan maquiavélico y satánico que tiene como objetivo la gobernabilidad absoluta de unos pocos sobre el resto de la humanidad bajo un mismo sistema político, económico y social.

Ya he dicho hace unas pocas de semanas que estoy viviendo uno de los momentos más negativos de mi vida, y que ello ha llevado incluso a cuestionarme mis creencias religiosas, las cuales han sido uno de los pilares más fuertes de mi vida. Aún así, y como ya dije entonces, mi fe en Dios sigue latente pese a todo lo ocurrido en estos últimos tiempos. De hecho hace poco volví a leer, aunque por encima, el Apocalipsis de San Juan, el cual estoy seguro que muchos creyentes y no creyentes habrán consultado este año debido a la situación global que estamos padeciendo. Cuando volví a leer los pasajes escritos por San Juan en su destierro en la isla de Patmos comencé a hacerme a mí mismo una pregunta: ¿Y si Dios nos ha dejado a nuestra suerte? La teoría no es nada descabellada. Es probable que nuestro Creador haya llegado a la conclusión de que la raza humana es imposible que pueda ser reconducida hacia el buen camino y haya puesto nuestro futuro en nuestras propias manos para ser nosotros y no Él quienes demos por finalizada nuestra existencia como especie en la tierra.

Ante un escenario mundial en el cual el mal cada vez se acerca más hacia la obtención del poder absoluto y la humanidad permanece impasible ante su propia decadencia ¿Por qué Dios no ha actuado ya para hacer frente ante esta evolución imparable del mal sobre la tierra? Es un hecho que vivimos en una sociedad decadente, equiparable a las viejas Sodoma y Gomorra nombradas en el Génesis. Pero también es cierto que ambas ciudades fueron arrasadas por Yahvé por la decadencia y los graves pecados a los que sus habitantes habían llegado. En la actualidad no son solo dos grandes ciudades, sino toda la faz de la tierra la que se encuentra sumida en el caos ante el avance imparable del demonio a través de la élite mundial que gobierna el mundo y que ya habla sin disimulos sobre los planes que éstos tienen planeados hacia nosotros para medio y largo plazo. El Covid-19 es solo uno de los pretextos que los elitistas están utilizando para tener más sometido y controlado al ser humano, el cual es ajeno e ignorante a todo esto y prefiere vivir su vida de forma ajena a todo cuanto le rodea. 

En un mundo cada vez más decadente, con unos principios y valores perdidos, una fe religiosa cada vez más en peligro, un enfrentamiento cada vez mayor entre el hombre y la mujer, la imposición de la ideología de género, la pérdida de los conceptos como la familia, la educación, el amor, el respeto, y el enaltecimiento de valores nada éticos y comportamientos impropios sumido al grave escenario sanitario que ha sobrevenido este año hace que nuestra raza se encuentre hoy más que nunca al borde de su exterminio. Todo ello no es más que parte de ese plan ideado por el establishment mundial, el cual cuenta con el apoyo de la clase política, económica, científica, periodística, etc. Un plan en donde lo bueno es malo y lo malo es bueno. Un plan totalitario el cual deja en pañales el sistema cruel y extremista que nos mostró Orwell en su novela "1984". 

Buena prueba de que todo lo que se propone la élite lo consigue es por ejemplo el resultado de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde finalmente Joe Biden ha sido "elegido" presidente electo de EEUU, todo ello pese a la impugnación que Trump ha realizado, aunque ésta no le ha servido de mucho debido a los obstáculos que desde todos los frentes le están realizando. Ante este panorama la elección de Biden es un paso más para la imposición de ese Nuevo Orden Mundial. Y es que para la élite no hay plan que se les pueda venir abajo. Controlan la información, las instituciones, los bancos... nada hay que se le escape, ni siquiera el Vaticano, donde el actual papa Francisco es un claro referente del progresismo y por tanto de la élite y sus planes oscuros para instaurar ese sistema mundial, el cual ya era apoyado en los años 70 por el entonces papa Pablo VI. La diferencia entre los papas anteriores y este es que el actual habla abiertamente y se posiciona en público a favor de los intereses masónicos, illuminatis, etc. Todas ellas organizaciones que "casualmente" están controladas y dirigidas por judíos y familias banqueras y políticas como los Rockefeller, los Soros, los Kissinger, o los Rothschild. ¿Casualidad? Por supuesto que no. 

Estamos hablando de esa misma élite que Stanley Kubrick definió a la perfección en su última película "Eyes Wide Shut", cuyo montaje no pudo terminar el director al fallecer "misteriosamente" a causa de un ataque cardíaco. De nuevo, ¿Casualidad? la respuesta es obvia. Había demasiados mensajes subliminales en esa película como para que el director se librase sin más. Kubrick había retratado a la élite. Una élite compuesta por las mayores familias y personajes relevantes del mundo actual cuyas fiestas, orgías y rituales satánicos son para ellos su peculiar modo de divertirse. La misma élite que continúa su proyecto para lo que algunos llaman "El establecimiento del reino del Anticristo en la tierra". Personalmente debo añadir que el reino del Anticristo ya lleva establecido en el mundo mucho más tiempo del que nosotros creemos, solo que el objetivo ahora es el de unificar ese reino en uno solo en todo el planeta. Ahí es donde vuelvo a preguntarme ¿Por qué Dios no actúa ya antes de que el mal consuma todo el poder terrenal? Ya se sabe que los caminos del Señor son misteriosos y que Él y solo Él es quien sabe cómo, cuándo y dónde actuar. Quizás el fin de todo esté más cerca de lo que nosotros creemos, o quizás no. Jesucristo ya dijo que "Nadie, ni siquiera Él ni los Ángeles del cielo saben el momento. Solo el Padre". 

En definitiva, la humanidad ha llegado ya a una fase decisiva en la que está por ver si finalmente y para desgracia de todos el mal conseguirá asumir todo el poder de la tierra, o por el contrario Dios imponga su mano y decida entablar la llegada de su Hijo Jesucristo al mundo. Si ha habido algún momento en la historia de la humanidad que se pueda apreciar el fin de un ciclo y el comienzo de otro ése es este momento. Jesús ya lo dijo "¿Cómo es que no sabéis interpretar las señales de los tiempos?". En estos momentos de gran incertidumbre y caos mundial en donde ya se comienza a distribuir la vacuna contra el Covid 19, la cual algunos creen que en términos bíblicos representa la famosa "Marca de la bestia" que San Juan describiría en el Apocalipsis, todo es posible que suceda. En este año atípico en donde el confinamiento, el control férreo a la humanidad, la restricción de derechos y libertades, las medidas de "protección", el alejamiento, la muerte y por ello la propagación del mal han sido las protagonistas, no lo va a ser menos estas Navidades y la llegada del 2021. De hecho ya se comenta un suceso bastante curioso que tendrá lugar el próximo 21 de diciembre, día en el que los mayas pronosticaron que en 2012 tendría lugar el inicio de "Una nueva era". Ese día se producirá una alineación entre Júpiter y Saturno, la cual no se había producido desde hace más de 800 años y que algunos han catalogado ya como "La estrella de Belén". Otra vez, ¿Casualidad? Esperemos al día 21 a ver qué sucede. Aunque con independencia de lo que ocurra, que no creo en absoluto que ocurra nada, es una realidad que estamos avanzando de forma imparable hacia una nueva era, y que la transición final hacia el Nuevo Orden Mundial que la élite satánica controla ya ha comenzado, y con ello la lucha final y la victoria del bien o del mal en el mundo. La cuestión última es: ¿Originará todo esto la Segunda Venida de Jesucristo a la tierra? Solo el tiempo lo dirá, y ese tiempo ya ha llegado. Como dijo Cristo a Dios Padre antes de expirar en la cruz "En sus manos encomendamos nuestro espíritu".

domingo, 8 de noviembre de 2020

La caída del imperio estadounidense

 

Tras cuatro días de tensión y recuentos se ha confirmado hoy lo que ya era un secreto a voces: Joe Biden, ex-vicepresidente de EEUU con Barack Obama y candidato presidencial por el Partido Demócrata es el nuevo presidente electo de Estados Unidos. Una elección, quizás la más controvertida de la historia de América, repleta de dudas y sospechas sobre la forma en la que se han organizado y celebrado estos comicios. En todo el mundo, por mucho que los medios de descomunicación intenten ocultarlo, se habla abiertamente de unas elecciones amañadas en donde el sistema ha querido echar sí o sí al todavía presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de la Casa Blanca.

Un Donald Trump que para añadirle más tensión al escenario que se está viviendo en Norteamerica y el resto del mundo no ha reconocido los resultados electorales y está dispuesto a ir con un ejército de 8.500 abogados hasta la Corte Suprema estadounidense con el propósito de que ésta le reconozca la victoria que según él le han robado los poderes fácticos a través de las urnas. Un hecho sin precedentes en la historia de América y que podría derivar en una crisis constitucional gravísima si el próximo 20 de enero no está resuelto el problema y Biden (O Trump) no juran ante el Capitolio su cargo de presidente. Un escenario que recuerda en cierta forma a las elecciones del año 2000, cuando hace justo veinte años Bush hijo y el entonces vicepresidente Al Gore llevaron a los tribunales el recuento electoral, otorgándole los jueces la victoria a Bush. En aquél entonces la situación no fue a más ya que Al Gore acató la decisión judicial. Ahora es un enigma saber qué pasará tanto por parte de Biden como de Trump si las elecciones se judicializan. 

Personalmente creo que toda esta historia está siendo completamente surrealista. Esta tarde he visto por televisión cómo los medios de descomunicación notificaban con gran alegría la confirmación de que Biden había ganado las elecciones. De hecho alguna que otra presentadora se atoraba mientras daba la noticia con una sonrisa de oreja a oreja, y otros medios empezaban a endulzar la imagen del presidente electo, lo cual corrobora la tesis de Trump de que detrás de todo este escándalo hay orquestada toda una conspiración por parte de las élites con el fin de expulsarlo del poder y colocar en la Casa Blanca a un títere capaz de ir hacia adelante para establecer definitivamente el Nuevo Orden Mundial.

Y es que éso y no otra cosa es lo que va a ocurrirle a Biden durante su presidencia. Ser el presidente títere de la élite mundial que volverá a apostar desde Washington por las políticas progresistas, globalistas, feministas, etc. Un presidente que solo lo será "De honor", ya que todo el mundo da por hecho que la nueva vicepresidenta electa, Kamala Harris, será la auténtica presidenta y la más que posible sucesora en el Despacho Oval de aquí a cuatro años, lo cual supone que Biden será presidente de un solo mandato para dar paso a su vicepresidenta en las elecciones de 2024. 

Un Biden al que sinceramente no entiendo el por qué ha aceptado este año y no en 2016 concurrir a la presidencia. Es casi una tradición en EEUU que una vez que el presidente no puede optar a la reelección por segunda vez sea el vicepresidente quien asuma la tarea de erigirse como sucesor y candidato presidencial por el partido que ostenta el poder. Este caso no se produjo en 2016, ya que el establishment estaba bastante interesado en que fuese Hillary Clinton y no Biden quien liderase la etapa post-Obama. Pero para más señas fue el entonces vicepresidente el que anunció su retirada de la política y su firme intención de no competir por la presidencia estadounidense. ¿Qué ha cambiado en estos cuatro años para que Biden haya querido aceptar este reto y convertirse en el presidente con mayor edad al asumir el cargo? Toda una incógnita, aunque seguramente quienes le hayan animado a dar este salto lo hicieran dándole las garantías suficientes de que su victoria se produciría sí o sí. 

En lo que respecta a Trump debo decir que es mejor tanto para él como para todos que asuma que se la han metido doblada y que ya no tiene nada más que hacer que reconocer a estas alturas la victoria, fraudulenta, sí, pero victoria de Biden y su propia derrota electoral para la reelección. Una derrota que no se producía desde hace justo 28 años. El 3 de noviembre de 1992 se produjeron las últimas elecciones en las que el entonces presidente no era reelegido. Este fue el caso de Bush padre, quien perdió la reelección contra un Bill Clinton que por aquel entonces contaba con apenas 46 años. El 3 de noviembre de 2020 se ha vuelto a producir la misma situación aunque con algunos matices: Las elecciones de 1992 no estuvieron tan en duda por parte de la población como ahora, ni la proclamación del ganador se produjo hasta cuatro días después de la celebración de los comicios. De hecho cabe añadir que los resultados completos todavía no han terminado su recuento en algunos estados, y en otros es ya un hecho que volverán a recontarlos ante las dudas de amaño en dichos territorios. 

Volviendo a Trump debo decir que no creo que éste fuese tan ingenuo o tan tonto como para creerse que estas elecciones iban a ser una encerrona para él por parte del sistema mundial. Desde que juró el cargo en enero de 2017 se ha producido un ataque constante tanto a sus políticas como a su persona por parte de la élite, así como un intento desesperado en estos cuatro años por echarle de la presidencia (El último este mismo año cuando se votó un impeachment contra él que finalmente no salió adelante). Por ello Trump no puede echarse las manos a la cabeza y negarse a aceptar unos resultados que lo único que van a provocar es una desestabilización política y social en EEUU, así como un empeoramiento de su imagen en estos dos últimos meses que restan de su presidencia. Buena prueba de ello es el hecho de que varias cadenas de televisión cortasen a la misma vez su rueda de prensa desde la Casa Blanca en la que anunciaba que se había producido un amaño en las elecciones. Trump ha sido en mi opinión un presidente aceptable, pero el cual no ha demostrado su tenacidad en momentos cruciales de su presidencia, como este año al expandirse el coronavirus y no dar una imagen de fortaleza. Al igual que Obama con Instagram, Trump ha basado su presidencia a través de Twitter y ha cumplido a la perfección el refrán de "Perro ladrador, poco mordedor". Ahora pretende que los ciudadanos le ayuden económicamente a llevar el resultado electoral ante la justicia, lo cual hace aún más surrealista el escenario que estamos viviendo.

Hay que ser realistas y dar por hecho que los demócratas vuelven a la Casa Blanca en uno de los peores momentos de la historia de la humanidad. Éstos serán los encargados de llevar aún más hacia la deriva a Estados Unidos y al resto del mundo en este escenario de caos y tensión que estamos viviendo. La élite satánica y con ellos el Nuevo Orden Mundial han ganado una vez más la partida en este juego que cada vez se acerca más a su desenlace. ¿Cómo lo hará Biden y Harris en estos cuatro años? Ya sabemos por dónde irán los tiros y debo decir que no me gusta absolutamente nada lo que está por venir. Biden presidirá, si Trump no lo impide, a partir de enero la decadencia del imperio estadounidense y con él la del mundo occidental. Debido a su edad y a su más que discutida demencia senil es sabido que el "Nuevo emperador" será un títere en manos del establishment y de Harris, ejerciendo una presidencia debil y chamuscada, la cual tendrá su final en 2024, cuando Harris sea proclamada su sucesora. Pero esa ya es otra historia. La historia de un mundo que en 2024 estará aún más débil y en peligro que ahora gracias a la gestión de aquellos que a partir de enero de 2021 comenzarán a poner en marcha la fase final del Nuevo Orden Mundial. 

lunes, 26 de octubre de 2020

Vuelta al Estado de Alarma

Hoy se ha producido por tercera vez en este año y por cuarta vez en la historia de España de estos últimos cuarenta años la aprobación del estado de alarma por el gobierno de Pedro Sánchez. Ante la segunda oleada de coronavirus que estamos sufriendo y ante la próxima llegada del invierno, el desgobierno actual ha publicado hoy un real decreto en donde se aprueba el estado de alarma en toda España, el cual lleva emparejado el toque de queda en todo el territorio nacional salvo en las Islas Canarias. Un estado de alarma que el gobierno desea prolongar ni más ni menos que hasta el próximo mes de mayo del 2021. Estamos hablando de un estado de alarma que supera en tiempo al aprobado en el mes de marzo y que lleva consigo el toque de queda entre las 23 horas y las 6 de la mañana. 

Para empezar cabe decir, ¿Hay alguien en este maldito desgobierno que sepa algo de Derecho Constitucional? Yo he dado Derecho Constitucional tanto en el grado de Ciencias Políticas y de la Administración como en el grado de Derecho, y es de primero de carrera el saber que el gobierno no puede utilizar el mecanismo constitucional del estado de alarma para limitar la libre circulación de las personas. Sucedió en marzo y está volviendo a suceder ahora. Solo con la aprobación por parte del congreso del estado de sitio sí se podría limitar la circulación de los ciudadanos, pero nunca bajo un estado menor como es el de alarma. 

Pero por si fuera poco, el gobierno ha pulsado el botón rojo del estado de alarma, pero se lleva consigo a los gobiernos autonómicos para que éstos decidan modificar la hora del comienzo y término del toque de queda nocturno. Y no solo eso, sino que también dichas administraciones tendrán potestad para llevar a cabo las restricciones oportunas dentro del actual estado de alarma. Es decir, el mando único no se establece esta vez como sí sucedió en el mes de marzo. Sánchez sabe que está bastante quemado por la criminal gestión que ha realizado en estos meses y prefiere compartir la gestión de la situación con las administraciones autonómicas antes que cargar con el muerto de toda la grave situación que estamos viviendo. 

En lo que llevamos de día me he preguntado varias veces una cosa ¿Por qué el toque de queda se produce desde las 23 horas de la noche hasta las 6 de la mañana?, ¿Acaso el Covid-19 es noctámbulo y sale a las calles de noche y no de día cual Drácula?, ¿Acaso puede haber una aglomeración de personas en un sitio determinado a las siete de la tarde sin que exista riesgo de contagio alguno?, ¿Por qué coño durante el día la situación será más o menos estable pero completamente restringible durante la noche? Sigo diciendo lo mismo que todos estos meses atrás: Se me escapa, o mejor dicho, se nos escapa algo en todo esto que tanto el gobierno de España como el resto de gobiernos del mundo prefieren ocultar. 

Solo el hecho de que dentro de dos meses estaremos en Navidad y las calles estarán repletas de personas para ver los adornos navideños en las calles, ¿Cómo pretende el gobierno gestionar esta situación? A menos que nuestro querido ejecutivo, tan laico y renegado de las costumbres cristianas españolas decida prohibir los adornos en las zonas públicas para así evitar las tan temidas aglomeraciones. De hecho el gobierno autonómico andaluz de Juanma Moreno ha decretado ya la prohibición de reuniones de más de seis personas tanto en las calles como, atención, en las propias casas. ¿Acaso va el gobierno, nacional o autonómico, vigilar y entrar en nuestras casas sin una orden judicial previa para detener a aquellas personas que en su hogar acojan a más de seis personas?

A partir del 9 de noviembre deberá procederse a la prórroga del estado de alarma, esta vez aprobado por mayoría del congreso. Ya sabemos que VOX ha anunciado que votarán en contra, Ciudadanos ha anunciado que votarán a favor, mientras que el nuevo PP, sumiso y siervo del PSOE, Podemos y restantes partidos que forman el Frente Popular no se ha pronunciado aún sobre su intención de voto. De todas formas, haga lo que haga o diga lo que diga el PP es indiferente, ya que la izquierda tiene la mayoría necesaria, incluyendo a Ciudadanos, para sacar adelante cuantas prórrogas desee hasta el mes de mayo. Más de medio año de estado de alarma en el que el gobierno hará y deshará a su antojo y modificará a su libre albedrío cuantas normas desee, por no hablar de aquellas que pueda crear o anular durante este periodo. 

Vivimos pues en la antesala de un cambio de régimen en España en donde el Covid-19 es la excusa perfecta de algunos para hacer efectivo lo que tanto tiempo llevan deseando hacer: Controlar y aumentar su poder en todos los sectores sociales, políticos y económicos del país. Y lo peor es que aquí nadie reacciona ante este escenario tan surrealista como terrorífico. Ya ha pedido Sánchez que los ciudadanos vuelvan a salir a los balcones para aplaudir a los profesionales sanitarios. Un escenario que seguramente volvamos a ver viendo cómo de imbécil y manipulable es el personal aquí en España. Y todo ello mientras los hospitales se saturan por los posibles contagios. Un escenario que se está dando ya y que empeorará conforme avance el otoño y llegue el invierno, y con él la gripe, los resfriados, etc. Todo un escenario de caos el cual el gobierno no tiene ni puñetera idea de cómo afrontarlo, pero eso es lo de menos para ellos. El hecho de tener el control de todos los poderes bajo el estado de alarma es lo único que a estos psicópatas criminales les importa.

En definitiva: Volvemos a la situación de marzo, aunque en este caso la responsabilidad de lo que ocurra va a ser compartida. Y ya se sabe lo que ocurre cuando en un escenario hay varios responsables: Que finalmente no es culpable ninguno. De esta forma el personal se echará mutuamente la culpa mientras los ciudadanos españoles y del resto del mundo seguimos a la espera de la llegada de la tan esperada y ansiada vacuna que nunca llega. Cabe recordar que estamos a solo una semana de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Quizás el desenlace de todo esto se produzca una vez que se sepa quién ganará el próximo 3 de noviembre. Hasta entonces, control férreo y confinamiento para todos. Eso sí, sin manifestación alguna por parte de la oprimida clase obrera, que sale a las calles para manifestarse cuando la derecha lleva a cabo medidas de protección sanitarias y sale a los balcones a aplaudir cuando es la izquierda la que impone sus medidas, algunas contrarias al ordenamiento jurídico. Ni Berlanga podría haber rodado jamás un escenario tan surrealista en esta España que traga con todo lo que le echa su amada izquierda. 

viernes, 23 de octubre de 2020

La moción de la vergüenza

En los cuarenta años que España lleva viviendo en el sistema constitucional del 78 han existido cinco mociones de censura. La primera la presentada hace justo cuarenta años, cuando en 1980 Felipe González censuró al ya moribundo gobierno de Adolfo Suárez y presentó su programa de gobierno. La segunda en 1987, cuando el recién nombrado presidente de Alianza Popular, Antonio Hernández-Mancha se quiso dar a conocer ante los españoles y presentó una moción contra el gobierno del PSOE, con Felipe González ya en el gobierno. El resultado fue un desastre absoluto para el candidato a la presidencia y un triunfo redondo para los socialistas. No sería ya hasta 2017 cuando el ahora vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias presentó su propia moción de censura contra el gobierno popular de Mariano Rajoy. Un debate que se caracterizó por el boom mediático que dicha moción acarreó y que supuso una derrota para el líder podemita frente a un Rajoy cada vez más debilitado por los casos de corrupción del partido. La cuarta fue al año siguiente cuando tras la famosa sentencia sobre el caso Gürtel, Pedro Sánchez presentó su propia moción contra un arrinconado Rajoy que veía cómo sus días al frente del gobierno llegaban a su fin. Dicha moción fue, para desgracia de España, la única que triunfó desde entonces. Y siempre he dicho y he mantenido que dicha moción no triunfó por arte de magia, sino por un acuerdo entre PP y PSOE para turnarse en el poder ante un Albert Rivera que se veía ya entrando triunfante en la Moncloa a tenor de los grandes resultados que las encuestas le daban a la formación naranja. 

La quinta y última moción de censura es la que hemos vivido los españoles tanto en la jornada de hoy como en la de ayer. Una moción de censura registrada por VOX contra el gobierno criminal de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Decía ayer el candidato a la presidencia, en este caso Santiago Abascal, que nunca una moción de censura había estado tan justificada como esta última, y no le falta razón. La situación en España es cuanto menos igual de delicada que la que se vivía en nuestro país en los años 30. El gobierno de Sánchez ha perdido por completo el control (Si es que alguna vez lo tuvo) de la gestión del coronavirus. La intervención por la fuerza del gobierno de España en la Comunidad de Madrid para aplicar el estado de alarma y la posibilidad de que el ejecutivo anuncie el toque de queda en España ante la segunda ola de la pandemia es señal de que estamos cayendo ya por el precipicio al que nos han llevado estos miserables a lo largo de todo este tiempo. La apropiación del gobierno y de la izquierda española del sistema judicial a través de la sectaria y totalitaria reforma del CGPJ da muestras de que estamos ante un proceso de toma de control en todas las instituciones por parte del gobierno, lo cual nos conduce a un escenario predictatorial. Las negociaciones y acuerdos alcanzados en secreto entre el gobierno y las fuerzas independentistas catalanas y terroristas vascas para aprobar los PGE de 2021 es otro indicador más de por dónde van los tiros en el palacio de la Moncloa. Todo ello mientras España vive un escenario de tensión política y social como no se había visto desde la II República. Un escenario del cual el gobierno es el principal responsable y vertebrador, lo cual, unido a otros factores hacen más que justificable la moción de censura que hemos visto en estas cuarenta y ocho horas los españoles.

Una moción de censura que por mi parte se puede catalogar con una simple palabra: Vergonzosa. Y no lo digo por los promotores, los cuales han cumplido su papel de presentar una alternativa de gobierno en estos difíciles momentos que sufre la sociedad española, sino por la parte que corresponde al resto de formaciones políticas con representación en el congreso de los diputados. De 350 diputados solo han votado a favor de la moción de censura los 52 diputados de la formación de VOX, mientras que los otros 298 restantes han votado en contra de la propuesta que hubiese llevado al cese del gobierno del Frente Popular 2.0 y a la designación de Santiago Abascal como nuevo presidente del gobierno. 

Y es que no hay que ser un experto en matemáticas (Yo no lo soy, todo lo contrario) para saber que los números no daban para que la moción presentada por VOX pudiese concluir con éxito. Aun así yo he defendido, y en entradas anteriores se puede comprobar cómo yo he exigido que la oposición presentase una moción de censura cuanto antes contra el peor gobierno que ha tenido España, no digo ya en 80 años, sino en toda su historia, me atrevería a decir. Insisto, ¿Daban los números? No, ya que el gobierno de PSOE-Podemos tiene mayoría junto con los terroristas vascos e independentistas catalanes para seguir en el poder. Pero éllo no era motivo suficiente como para que la oposición no cumpliese el deber que tenía frente a la ciudadanía a la hora de pararle los pies a un gobierno que está completamente al margen de la ley y que ha tomado la vía rápida para hacer caer a una España que comenzó a fragmentarse hace 16 años con los atentados del 11-M y la llegada contra todo pronóstico de José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia del gobierno. 

Pues bien, ante la postura tomada por parte de los diputados de VOX para detener esta locura ¿Cuál ha sido la reacción del resto de formaciones políticas? Increpar a dicho partido, arremeter contra sus dirigentes e insultar a los cerca de cuatro millones de ciudadanos que votaron en noviembre del año pasado a esta formación. Una reacción nada democrática que solo corrobora la situación insostenible que padece España en estos momentos. 

En el día de ayer, Santiago Abascal propuso su programa de gobierno y las razones por las cuales era urgente y necesario echar del gobierno a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Las replicas no tardaron en producirse y desde el gobierno hasta el grupo mixto se escucharon todo tipo de insultos y descalificaciones tanto para el candidato como para sus compañeros de partido. Un escenario vomitivo y despreciable que tuvo su culmen cuando los independentistas catalanes y vascos arremetieron contra el partido de Abascal. Los propios sujetos que asesinaron a cientos de españoles y dieron un golpe de estado contra el sistema constitucional se atrevieron a llamar "Fascistas" a los integrantes del partido de Abascal. Ante este escenario deplorable tuvo lugar el que en mi opinión ha sido el momento más emotivo de toda la moción de censura: El momento en el que Santiago Abascal pronunció uno por uno los nombres de las casi mil personas que ETA asesinó en su día. Un momento emotivo que se vio en parte enturbiado por el pasotismo tanto del Partido Popular, como de Ciudadanos y finalmente del PSOE, aunque de estos últimos no me sorprendió ni lo más mínimo su indiferencia.

A esto ha llegado España en este nefasto 2020. A presenciar cómo la clase política escupe con indiferencia sobre la tumba de las víctimas del terrorismo mientras cogobiernan la nación con aquellos que apretaban el gatillo. Esta es la España que gobierna Pedro Sánchez. Un Pedro Sánchez que tanto ayer como hoy estaba exultante, ya que veía cómo todos los partidos, incluido el Partido Popular se echaban como perros de presa ante Abascal ante la actitud cínica y chulesca del presidente del gobierno, el cual sabe perfectamente que tiene el camino despejado como mínimo hasta el año 2022. Sánchez sabe que la derecha está troceada y dividida completamente y que ésto es lo que provocará a su vez que la izquierda se mantenga durante muchos años más en el consejo de ministros. Ignoro cuál podrá ser el futuro de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias. Puede que continúen muchos años más liderando el gobierno, o puede que mañana mismo se produzca un vuelco que provoque la salida de ambos del ejecutivo. En estos tiempos que corren todo es improvisación e inseguridad. Pero de lo que no hay duda alguna es que con Sánchez o sin Sánchez, con Iglesias o sin Iglesias, la izquierda tiene por delante muchos años para seguir llevando a cabo su plan, que no es otro que el de la destrucción completa de España. 

Pero si ya habíamos visto suficiente ante la actitud chulesca tanto del presidente del gobierno, como de los portavoces de ERC o Bildu, el remate a este vergonzoso debate ha tenido lugar hoy, cuando el presidente del PP y líder de la oposición (O eso dice ser él), Pablo Casado, ha arremetido como nadie contra el presidente de VOX tanto en su faceta política como personal, negándole a su vez el voto de los diputados del PP para la moción de censura. Un Pablo Casado que ha enseñado hoy sus garras como nunca antes se le había visto. Ni siquiera con el presidente del gobierno que está destrozando España y que es el principal responsable indirecto de las más de 50.000 muertes que ha provocado el coronavirus ha sido Casado tan violento ni tan duro en sus ataques. Un Pablo Casado que es probable que hoy haya firmado su sentencia política al sumar los votos de su partido con los del PSOE, Bildu y el resto de formaciones independentistas. Una suma de partidos que ayer firmaron un manifiesto "En favor de la democracia y contra VOX". En resumen, todo un manifiesto político firmado por el Frente Popular del siglo XXI. 

Volviendo a Casado debo decir que no es consciente de la gravedad que hoy ha realizado, o quizás sí sea consciente pero le importe entre poco y nada, ya que como se ha visto en el debate, lo único que le importa es en mostrarse como el cortesano más fiel a la corona española. Un papel que, dicho sea de paso, se ha medido con Abascal para ver quién de los dos es más monárquico que nadie. Debo decir que en este sentido, este absurdo debate ha sido lo único de lo que ha pecado VOX en su cara a cara con Casado. Un Pablo Casado que ha rechazado dirigirse por el camino de la abstención y salvar los muebles del Partido Popular para así evitar la lluvia de críticas y bajas de afiliados que se están produciendo en estos momentos. Hubiese sido mejor para él y para su partido optar por el camino que estratégicamente optó Pedro Sánchez en 2017 cuando se produjo la moción de censura de Podemos contra Mariano Rajoy al optar el entonces secretario general del PSOE por la vía de la abstención. 

En definitiva, esta moción de censura solo ha servido para fortalecer al Frente Popular, pero no por los motivos que ha esgrimido Casado, sino por el hecho de que él no ha querido no ya apoyar sino siquiera abstenerse en la votación de hoy. Una votación que le sitúa en el bando de Sánchez y compañía. La derrota era segura, pero el PP tenía la responsabilidad moral y política o bien de apoyar la moción de censura o en su defecto abstenerse. Ha optado por la peor de las opciones y esto y nada más es lo que ha reforzado a Pedro Sánchez. Un Sánchez que para más cinismo le ha ofrecido a Casado a última hora del debate aparcar la reforma del CGPJ que en Europa ya se estaba viendo con malos ojos y colaborar juntos en la elaboración de una nueva reforma. Hay que decir que todo esto sucedió mientras Casado asentaba con la cabeza como niño feliz al que le regalan un caramelo. Por fin se veía la luz. El bipartidismo vuelve a tomar el control del poder judicial, aunque esta vez haya que darle un aperitivo a Podemos en este nuevo reparto. Ese era el regalo que Sánchez le ha ofrecido a Casado por el hecho de reforzarlo políticamente al votar no a la moción de censura. 

VOX y Santiago Abascal han llevado a cabo lo que tenían que haber hecho: Presentar una moción que pusiese fin a este gobierno criminal, asesino y totalitario, aun sabiendo que dicha moción no tenía posibilidades de ganar. Con esta moción pierde parlamentariamente pero gana moralmente VOX. Con esta moción gana políticamente Sánchez y su Frente Popular. Con esta moción pierde Casado y el PP. Y con esta moción pierde definitivamente España y los españoles. VOX ha cumplido con su deber, que era el de hacer frente a este gobierno tiránico y déspota, pero los números están ahí y con las matemáticas no hay quien pueda. Y con los números también se ha retratado la posición de cada partido. Tanto los que componen el Frente Popular, que no buscan otro objetivo que el de destruir España, como el del Partido Popular, cuyo propósito no lo conoce ni el propio Casado. VOX también se ha retratado, y se ha retratado como el único partido capaz de plantarle cara al PSOE y Podemos frente a un PP que tras el 11-M supo cuál debía ser su postura, que no era otra que la de ejercer de derecha sumisa frente al plan de destrucción orquestado por el PSOE desde 2004. Con el resultado de la votación de hoy se corrobora que ese plan está más vivo que nunca. Un plan que sigue ejecutándose de forma consecutiva desde hace dieciseis años y que hoy ha vuelto a triunfar. Con esta moción pierde España y todos nosotros.