La jornada electoral de hoy es en mi opinión la peor que he vivido en mis casi 27 años de vida, ya que supone uno de los días más oscuros y trágicos de la historia de nuestro país. Cuando son la 1 y media del ya 29 de abril de 2019 y tras algo más de cuatro horas desde que se comenzó a conocer el escrutinio electoral, aun no he salido de mi asombro sobre el vomitivo resultado electoral de estas elecciones generales. Como todo el mundo sabe ya, Pedro Sánchez ha ganado las elecciones generales en España. El presidente del gobierno en funciones consigue sobrevivir políticamente una vez más cuando se encontraba más que nunca en la cuerda floja debido a sus pactos con los independentistas catalanes y con los terroristas de ETA. Pues bien, al contrario que Roma, España, o mejor dicho, media España sí paga a traidores, y hoy los enemigos de nuestro país, que no son otros que la izquierda reacionaria han recompensado muy gustosamente las traiciones a España de Pedro Sánchez. El PSOE obtiene 123 diputados (Casualmente, el mismo número de escaños que en las elecciones generales de 2015 obtuvo Mariano Rajoy) y podrá formar gobierno sin ningún problema.
Ante este escenario se abren ahora dos vías: Que Sánchez intente formar gobierno con Pablo Iglesias (El cual ha perdido cerca de 40 diputados) y los independentistas, o que intente pactar con la veleta oficial del Reino; Albert Rivera. Ante este escenario es completamente lógico y previsible cuál será la opción que escogerá Sánchez, que no es otra que la formación de un gobierno con el apoyo de Ciudadanos, los cuales podrían incluso entrar a formar parte de ese gobierno. Un ejecutivo para España que es aquel que desde hace meses lleva ansiando el establishment español e internacional, siendo el especulador judío, George Soros, uno de sus principales promotores. De hecho a estas horas, los medios de descomunicación ya están pidiendo a Rivera que sea "Patriota" y acepte pactar con Sánchez. El guión como se puede comprobar, sigue su curso.
"Casualmente", los resultados electorales han arrojado un escenario que coincide plenamente con el deseo de Soros y compañía. PSOE y Ciudadanos (Los cuales han obtenido en estas elecciones 57 diputados) sumarían 180 escaños para formar gobierno, cuatro más de la mayoría absoluta que la ley requiere. En lo que a mí respecta debo decir que es cuanto menos sorprendente que estos resultados se hayan producido. Como siempre digo, "Las casualidades no existen", y aquí no va a ocurrir una excepción. Es demasiado casual que los resultados electorales hayan ofrecido un panorama que hace realidad el sueño de muchos, que no es otro que el de ver a Sánchez en la Moncloa con Rivera como vicepresidente. En una España que lleva padecida en los últimos años todo tipo de tormentos, no sería extraño pensar en la posibilidad de que alguna "Mano ajena" haya llevado a cabo una intervención que permitiese este escenario.
En lo que respecta a la victoria del PSOE debo decir que ésta no me sorprende para nada. De hecho, apostaba a que los socialistas obtendrían un resultado cercano a los 140 diputados. Finalmente no ha sido así, pero han conseguido un resultado que les permite seguir gobernando con total tranquilidad, además de prescindir del apoyo de los independentistas. En definitiva, todo sigue igual que estaba. El rechazo de los presupuestos ha sido finalmente un milagro caído del cielo que le ha permitido a Sánchez jugársela a una sóla carta y ganar una vez más. ¿Cómo ha sido esto posible? Pues gracias a un electorado, el cual no difiere en nada del electorado proetarra e independentista. Sí, si algo ha demostrado esta campaña y la noche electoral de hoy es que los votantes de la izquierda y del PSOE están al mismo nivel moral que los asesinos de ETA y que los golpistas de Cataluña. Apoyando a muerte a un ser despreciable como Pedro Sánchez, los socialistas confirman que escupen sobre los muertos de ETA, así como sobre la unidad territorial de España y el futuro de ésta. Nada le importa a la izquierda más que frenar a la derecha y mantener sus redes clientelares y sus mamandurrias.
Sólo hay que observar cuál es el perfil del votante de izquierdas: Los típicos abuelos analfabetos/semianalfabetos e ignorantes, y los jóvenes filoterroristas, representantes del fascismo y del radicalismo más atroz y antiespañol que ha existido jamás en nuestro país. Jóvenes que ven con buenos ojos que Bildu obtenga cuatro diputados, pero que vomitan (Literalmente y metafóricamente) cuando escuchan que VOX puede obtener un sólo diputado. Esa juventud que amenaza cuan Kale Borroka con pegarle un tiro a los simpatizantes de VOX, del PP, de Ciudadanos, de Falange, de Fuerza Nueva, de UPyD, o de cualquier otro partido político que no comulgue con sus ideales. Este es el perfil de los votantes que hoy han apostado por el socialismo y por Pedro Sánchez: Fascistas de izquierdas, sin ningún respeto ni comprensión por las vidas humanas ni por la existencia de otras ideas diferentes a las suyas. Este es el enemigo de España, la propia España progre y su futuro, representado en esos jóvenes terroristas que suponen la viva imagen del odio y la venganza.
Decía al principio de la entrada que aun no he asimilado el resultado electoral, pero no por la victoria de Sánchez, que reitero, sabía de antemano que se iba a producir, sino por el hundimiento sin precedentes en el bloque de la derecha. Un hundimiento que no me sorprende por la caída histórica y sin precedentes de votos y escaños que ha sufrido el PP (66 diputados, perdiendo más de 70 desde las últimas elecciones generales de 2016 que ganó Rajoy), sino por la ausencia total del cuerpo electoral del bloque conservador, el cual se ha traducido en un completo fracaso en la irrupción de VOX, los cuales sólo han conseguido un pésimo resultado de 24 diputados. Algo completamente insuficiente y alejado de lo que desde algunos sectores se estaba pronosticando, que era una irrupción absoluta del partido de Santiago Abascal, obteniendo éstos alrededor de 60-80 diputados, y arrebatándole al PP el liderazgo de la derecha en España. No ha sido así, y finalmente la llegada de Abascal y los suyos se ha convertido en una "Mera anécdota" comparado con lo que se esperaba. Y es que no deja de sorprender que un partido que sólo en Andalucía obtuvo hace casi cinco meses cerca de un millón de votos, obtenga a su vez en toda España sólo un millón y medio de votos más. ¿A dónde ha ido a parar pues el voto de la derecha?. ¿Dónde se han metido todos aquellos que pregonaban por los foros, las redes sociales, Internet e incluso en las calles que ellos, sus familias y amigos iban a votar masívamente a VOX?. ¿Dónde están todos aquellos que han llenado de forma masiva los recintos para ver a Abascal en sus mítines? Como ya venía yo advirtiendo desde hacía días, "Una cosa es acudir a los mítines y apoyar a un partido, y otra votarlo". Se ve que el apoyo social que Abascal ha congregado no se ha traducido en votos, lo cual supone todo un fracaso (Y lamento decirlo, ya que yo he apostado por VOX y los he votado tanto hoy como en diciembre) para la formación de Abascal. 24 diputados no son nada, y dentro de dos, tres o cuatro años, la representación de VOX en el congreso quedará reducida a la mitad en beneficio o bien del PP, o bien de Ciudadanos. Con ello, la España que desea vivir en una sociedad Cristiana, que desea que haya igualdad jurídica entre hombres y mujeres y rechaza las leyes totalitarias feminazis, que desea que la Justicia sea inflexible con los criminales, que desea que los extranjeros que cometen delitos en España sean devueltos a su país de origen, y que rechaza las imposiciones progres de los colectivos del LGTBI se ve sola y desamparada ante un sistema político que ha dado la espalda a la escasa sociedad civilizada que aun perdura en nuestra nación.
Del hundimiento del PP poco tengo que decir, salvo que la dimisión de Casado tendría que haberse puesto encima de la mesa hace unas horas. Reconozco que Casado, al cual yo apoyé en las primarias del PP del año pasado, no tiene la culpa de estos resultados. El verdadero culpable se llama Mariano Rajoy. El que fuera presidente del gobierno hasta hace ahora casi once meses es el verdadero culpable de la debacle histórica que hoy ha sufrido el PP (Sólo equiparable a la sufrida en 1982 por la UCD). Del mismo modo que en las elecciones generales de 2004, los resultados de las elecciones generales del 14 de marzo fueron responsabilidad de Aznar que acabó pagando Rajoy, los resultados de esta noche son responsabilidad exclusiva de Rajoy, que ha pagado y con creces Pablo Casado. La derrota del PP es algo muy merecido, ya que el sector más conservador de los populares no ha olvidado la histórica y bochornosa traición que en su segunda y última legislatura el PP cometió contra España en octubre de 2017 durante el proceso de independencia en Cataluña. La traición de Rajoy a la nación española y al pueblo español, a la unidad territorial de España, a la sociedad unionista en Cataluña, a la Policía y a la Guardia Civil y a la Constitución supuso el punto y final de un partido que ya venía traicionando su compromiso de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes en Cataluña. Ahora, casi once meses después de perder el gobierno, han recibido también el desprecio de una ciudadanía y de unos electorales asqueados de un partido que ha ido perdiendo con los años sus señas de identidad y sus principios ideológicos. Un partido que regaló sin pestañear el gobierno de España a los socialistas cuando tenían la oportunidad de impedirlo y que ahora creían que de forma humillante, los españoles les devolverían en volandas a la Moncloa tras estos meses en la oposición. Se equivocaron. Todavía hay una parte de España que no paga a traidores, aunque la otra media sí lo haga y de forma muy gustosa.
De Ciudadanos y sobre todo de Podemos poco tengo que decir, salvo que Pablo Iglesias debía haber presentado de forma irrevocable su dimisión como secretario general de Podemos tras conocerse la debacle de su partido. Como es lógico, no lo ha hecho. Supongo que todavía le quedará varias letras pendientes para pagar la hipoteca de su palacete de Galapagar, y por eso necesita seguir liderando su "Congregación" hasta que los españoles vía impuestos terminemos de pagarle su monumental hipoteca. Sólo después de eso, su "Churri" conseguirá sustituirlo en el liderazgo podemita cuan matrimonio Clinton a nivel nacional se tratase. En lo referente al hundimiento de Podemos está claro que los progres-fascistas han decidido unificar su voto en el PSOE y no Unidos/Unidas/Unides Podemos, o como coño quiera que se llamen ahora. Podemos fue útil durante los gobiernos de Rajoy. Ahora que el PSOE ha vuelto a la Moncloa, ya no son necesarios para nadie. El partido de los "Indignados" y del 15-M acabará convirtiéndose en una especie de Izquierda Unida 2.0, sirviendo de muletilla para un PSOE que, contra todo pronóstico, ha vuelto a resurgir de las cenizas una vez más para desgracia de España y de los españoles de bien.
Sobre VeletAlbert poco tengo que decir también. Hasta hace bien poco decía que Rivera había perdido su oportunidad de llegar al gobierno tras la sentencia de la Gürtel que finiquitó el gobierno de Rajoy. A estas horas y visto el buen resultado que han obtenido (No entiendo cómo C's ha obtenido tan buen resultado con una gestión parlamentaria y política tan nefasta), no descarto en absoluto que en las próximas elecciones, cuando ya España esté sumida en cenizas y sólo quede de ella los restos que haya sobrevivido al apocalíptico gobierno de Sánchez, puedan formar gobierno. Albert Rivera es, al igual que Pedro Sánchez, otro chico de Soros dispuesto a cumplir la voluntad del octogenario judío. Probablemente Rivera sea quien suceda a Sánchez dentro de unos años. La agenda globalista está asegurada con ambos sujetos en la Moncloa, sea Sánchez o Rivera.
En lo que respecta a los pactos debo reiterar que la opción de gobierno que veo con toda probabilidad es la de un gobierno formado por PSOE y Ciudadanos. De nada le servirá a los fascistas que esta noche coreaban en la calle Ferraz "Con Rivera, no". El pastel ya está vendido desde hace meses. Ahora, tras los meses de gobierno de Frente Popular surgido tras la moción de censura toca un gobierno progresista-liberal que acometa las reformas necesarias en el terreno feminista, LGTBI, inmigración, delincuencia, aborto, eutanasia, religión, etc. Cuestiones todas estas en las que Sánchez y Rivera coinciden plenamente. ¿El perjudicado de toda esta historia? Pablo Iglesias, pero la posición en la que quede el marqués de Galapagar ya resulta indiferente para todos. Su tiempo pasó y la tarea que se le encomendó (Devolver al PSOE al gobierno) está más que cumplida. Ahora toca ir disolviéndose poco a poco y en silencio.
Creo personalmente que la legislatura no acabará en 2023 ni muchísimo menos. La sentencia del proces saldrá dentro de unos meses, y el indulto a los golpistas se pondrá de nuevo encima de la mesa aunque Ciudadanos esté en el nuevo gobierno. También la sentencia de los EREs saldrá dentro de unos meses, y quizás Ciudadanos exija responsabilidades políticas a Sánchez como hace un año se la exigieron a Rajoy tras conocerse la sentencia de la Gürtel. Puede que Sánchez aguante durante un tiempo, pero estoy casi convencido que la legislatura no durará más de dos años. A Sánchez le ha tocado bailar con la más fea y él no lo sabe. La próxima crisis económica que se vislumbra desde hace meses supondrá su fin en el gobierno como hace ocho años lo supuso para Zapatero.
El PSOE ha vuelto a ganar unas elecciones generales después de once años, y lo vuelve a hacer en las mismas circunstancias que en marzo de 2008: Con una crisis económica que tendrán que lidiar y que supondrá de nuevo dejar a España en la más absoluta miseria tras su paso por el gobierno, el PSOE ha ganado las elecciones de hoy gracias a la participación masiva (Más de un 75% de participación) y agitando el voto del miedo contra VOX y la "Extrema derecha" e insultando y mintiendo al partido de Abascal, lo cual le ha dado sus frutos en votos a Sánchez. Y es que no lo olvidemos, del mismo modo que a Rajoy le vino bien electoralmente agitar al fantasma de "Los comunistas de Podemos", a Sánchez le ha venido de lujo la entrada en la escena política de VOX. Como ya he dicho en anteriores entradas y al igual que dije hace cuatro años y acerté, la división del voto del rival ha provocado que el partido del gobierno se mantenga en el poder unos años más. La división del voto en la derecha ha servido para darle a Sánchez un resultado bastante cómodo con el que mantenerse al menos hasta 2021/2022. A partir de entonces, cualquier cosa puede ocurrir. Una nueva victoria del PSOE puede producirse aun dejando éstos el país como un solar, o bien finalmente se produzca el cambio de gobierno por un Ciudadanos ya preparado para acceder a la Moncloa en detrimento de un PP hundido en sus cenizas.
Pase lo que pase, España acabará perdiendo, y hoy ha comenzado la fase final de su desenlace. De momento se presenta una legislatura que será determinante para el desenlace de España. Repleta de convulsión y tensión, donde los partidos en el congreso estarán más enfrentados que nunca. En lo que respecta a la formación de gobierno, estoy convencido de que ésta no se producirá hasta finales del verano, o como muy tarde, octubre de este año. Por el momento los partidos callarán sobre sus posibles pactos hasta que pasen las elecciones municipales de mayo. A partir de entonces, comenzarán las reuniones y llegarán los pactos. Tras ellos, Sánchez comenzará a trabajar para lograr de una vez por todas el ansiado sueño de la izquierda española desde hace 140 años: Acabar con nuestra nación y con sus valores, y créanme cuando les digo que esta vez lo van a conseguir definitivamente. La última oportunidad para evitar este trágico desenlace la hemos tenido hoy apoyando a un gobierno ajeno a la izquierda que fuese capaz de mantener a flote a esta nación, pero los enemigos de este país que no son más que la propia España izquierdista, terrorista y fascista han conseguido ganarnos esta guerra a los españoles de bien y han logrado mantener en el poder al único ser miserable capaz de llevar a nuestra nación a su derrumbe más absoluto. Los españoles votaban hoy entre su supervivencia o su suicidio. Han optado por suicidarse. Tras más de 500 años de historia, los enemigos que habitan dentro del propio pueblo español han sido quienes ha elegido extinguirse como comunidad política, cultural, social y económica. Ahora sólo queda ver cómo y cuándo se produce este trágico desenlace, el cual todos veremos en vivo y en directo. Pasen y vean señores cómo se desintegra y se extingue una gran nación gracias a la sed de odio y de venganza de su propio pueblo. El fin de España ha comenzado.
lunes, 29 de abril de 2019
martes, 26 de marzo de 2019
Adolfo Suárez Illana; ¿Presidente del gobierno?
Qué sorprendente es la vida en todos los aspectos. Si a primeros de este mes hablaba de Adolfo Suárez y de las virtudes que rodeaban al ex presidente del gobierno, hoy debo hablar de su hijo mayor, Adolfo Suárez Illana. Hace unas horas, el presidente del PP, Pablo Casado, ha propuesto como número 2 al Congreso de los Diputados por Madrid al hijo del ex presidente del gobierno. Con esta decisión, otro Suárez vuelve a las cortes generales casi 30 años después de la renuncia de su padre como diputado y líder del CDS tras el fracaso en las elecciones municipales y autonómicas de 1991.
Personalmente debo decir que esta noticia me ha sorprendido pero no por el hecho de que Suárez Illana dé el salto a la política nacional (Ya fue candidato a presidente de Castilla la Mancha por el PP en 2003), sino por el puesto que va a ocupar dentro de las filas populares en la próxima legislatura. Vayamos por partes. En lo que respecta al resultado electoral creo que todos somos conscientes de que el PP se va a llevar el batacazo del siglo. Por mucho que nos joda y nos repulse, Pedro Sánchez va a ganar las elecciones generales del 28 de abril y volverá a gobernar o bien con el apoyo de Podemos, los independentistas y los etarras, o bien con los veletas de Ciudadanos. Este es el escenario más previsible tras el 28-A. Pero como bien sabemos, en política no se puede dar por hecho nada (Aunque yo creo que la continuidad de Sánchez sí se puede dar por hecho), por ello quiero plantear la siguiente teoría que se me ha venido a la mente tras conocer la decisión de Casado como número 2 por Madrid.
Creo que todos somos conscientes de que Pablo Casado está más verde que una película porno. Eso es una obviedad. Hasta Aznar está saliendo al paso para guiarle en esta campaña que le ha pillado completamente desprevenido al actual presidente de los populares. Todos sabemos que Casado se va a llevar un resultado malo no, malísimo dentro de cuatro semanas. A partir de entonces se escucharán voces que advertirán que lo mejor para el Partido Popular es que el actual líder de la oposición dimita de su cargo y de paso a otro dentro de la formación conservadora. Aquí es donde entra mi teoría.
No sabemos a ciencia cierta qué va a pasar el 28-A, pero los escenarios post electorales pueden ser diversos según los resultados que salgan de estas elecciones. Supongamos por un momento que el PP obtiene un resultado que le permite salvar los muebles, e incluso formar gobierno si se lo plantea de una forma responsable y prudente. Ante unos posibles pactos previos a una sesión de investidura, no veo yo a Pablo Casado pactando con Albert Rivera por un lado y con Santiago Abascal por el otro. El escenario de Andalucía es altamente improbable que se repita a nivel nacional. Pero, ¿Qué ocurriría si el candidato a la presidencia del gobierno por parte del PP no fuese Casado sino el propio Suárez?. El escenario cambia por completo, ¿Verdad? No es lo mismo pactar con un novato Casado, el cual tiene a la mitad de su partido (En este caso a los Marianistas) en su contra, que pactar con un tipo libre de ataduras políticas como es el propio Suárez.
Ante un escenario de este calibre, ¿Quién se resistiría a no pactar con el hijo del presidente Suárez? Hay que añadir que el propio apellido Suárez tiene un tirón político e histórico bastante fuerte. Suárez Illana es un tipo que siempre se ha caracterizado, al igual que su padre, por ser un tipo de consensos y acuerdos. No sería para nada descabellado pensar que el PP, ante un escenario en el cual la falta de acuerdos entre C's y VOX sería un hecho, opte por tirar por la calle de en medio y presentar a un candidato que no necesite ir a los partidos rivales, sino que sean éstos los que acudan de forma automática a dicho candidato. Los veletas de Ciudadanos darían de forma automática su apoyo al hijo del ex presidente Suárez, mientras que quizás en VOX es donde podría haber algunas reticencias a la hora de apoyar a Suárez, aunque estoy convencido que finalmente accederían a pactar con él.
Seamos claros. Un escenario en el cual los Suárez volviesen a la Moncloa de la mano del hijo mayor del ex presidente del gobierno sería todo un boom en términos políticos. He hablado de C's y VOX, pero es que estoy plenamente convencido de que ante un escenario así, incluso miembros del sector más constitucionalista del PSOE apoyarían (Aunque no apoyasen su investidura) la llegada a la presidencia del gobierno de Adolfo Suárez Illana antes que la continuidad de Sánchez de la mano de los independentistas, etarras y podemitas. Por otra parte, si ese escenario se produjese (Algo que no es seguro ya que esto es pura política-ficción), Suárez Illana se encontraría en un escenario en el cual se revisaría en gran medida la obra que su padre realizó en los años 70 y principios de los 80. Suárez Illana se encontraría ni más ni menos que ante un escenario de una II Transición en España. Ante determinados sectores sociales, políticos y económicos, ¿Quién mejor para capitanear esa II Transición que el hijo de quien pilotó la I? Si a esto le añadimos la figura de Felipe VI nos encontraríamos ante los dos hijos de los dos protagonistas de la Transición española, lo cual le daría un toque aun más atractivo si cabe: La Transición del Siglo XXI protagonizada desde la jefatura del estado y del gobierno español por los hijos de los protagonistas de la Transición del Siglo XX.
Por supuesto que ante este eventual escenario, la presidencia de Suárez hijo sería en mi opinión una presidencia breve pero intensa, con un periodo de dos o tres años más o menos y con la convocatoria de elecciones generales anticipadas. La cual tendría como ejes centrales la reforma de la constitución, poniendo de acuerdo a las grandes fuerzas políticas, y la solución a la crisis catalana. Con estos desafíos resueltos, la presidencia de Suárez Illana habría finalizado y con ello habría culminado la obra de su padre, corrigiendo los fallos que su padre no pudo cuando se promulgó la constitución en 1978. Tras ello, Casado podría presentarse en unas elecciones generales para el 2021 o 2022, con unas expectativas electorales mejores que las que tiene ahora por delante.
Cualquiera que me conozca sabe que yo siempre he sido contrario a las tesis que defienden el modelo idílico de la Transición y los beneficios que ésta ha traído para España. Siempre he defendido y defenderé que la solución adecuada para España es deshacerse del Régimen del 78 y construir un sistema republicano con unos valores conservadores y democristianos. Pero debo reconocer que un escenario de este calibre sería, además de un escenario político muy interesante y atractivo, una bomba de oxígeno para el sistema del 78, el cual se vería reeditado con la puesta en escena como protagonistas de los hijos que a su vez fueron los protagonistas de aquel proceso de cambio de régimen en España hace cuarenta años. Pero como ya he dicho, esto no es más que pura política ficción. Posiblemente Adolfo Suárez Illana no tenga ni la más remota intención de ocupar el cargo que un día desempeñó su padre, pero también es verdad que en esta España que lleva una década viviendo cambios acontecimientos históricos hasta hace poco inimaginables, puede ocurrir cualquier cosa.
lunes, 25 de marzo de 2019
Una crisis constitucional silenciosa
Un episodio de la historia contemporánea de España que ha sido bastante infravalorado y poco analizado entre historiadores y juristas en estos 134 años (Supongo que para no perjudicar la imagen de la monarquía española) es el periodo que comprende entre noviembre de 1885 y mayo de 1886. Es decir, el periodo que abarca entre el fallecimiento del rey Alfonso XII y el nacimiento del que desde su llegada al mundo tendría trato de rey de España: Alfonso XIII. En el momento de la muerte de Alfonso XII por tuberculosis (Falleció a sólo tres días para cumplir los 28 años), la hasta entonces esposa del rey y reina consorte de España, María Cristina de Habsburgo y Lorena ("Doña Virtudes" para el pueblo español), anuncia de forma pública que se encuentra en su tercer mes de su nuevo embarazo. Antes de esto, los reyes ya habían sido padres de dos niñas; La que en ese momento era princesa de Asturias, María de las Mercedes de Borbón y Habsburgo-Lorena, y la infanta María Teresa de Borbón y Habsburgo-Lorena.
Siguiendo lo establecido en la Constitución de 1876 elaborada por Cánovas, el proceso constitucional que se debería haber producido tras el fallecimiento de Alfonso XII hubiese sido el de proclamar de forma inminente a la entonces princesa de Asturias como nueva reina titular de España a la vez que María Cristina asumiese las funciones de jefa del estado en calidad de reina-regente durante la minoría de edad de la nueva reina. Sin embargo, y para sorpresa de todos, tras el anuncio de María Cristina, el gobierno saliente de Cánovas y el nuevo gobierno de Sagasta acuerdan suspender todo proceso de proclamación de la heredera al trono, pero sí activa el mecanismo previsto en el título VIII de la por entonces Carta Magna: María Cristina asume de forma inminente las funciones de reina-regente del Reino de España sin que la nación tenga una reina titular. Este hecho se lleva a efecto con el fin de esperar al nacimiento del tercer hijo de los reyes y su proclamación o no como rey según el sexo del recién nacido.
Con esta estratagema jurídico/política, la reina María Cristina jura lealtad a la Constitución ante el gobierno el 27 de noviembre y ante el Congreso de los Diputados el 30 de diciembre de 1885, jurando lealtad al heredero de la corona, el cual no se sabía quién era en aquel entonces, si la niña huérfana de padre que se encontraba al lado de su progenitora en el momento de su juramento, o quien en aquel momento se formaba en el vientre de la nueva regente. De esta forma, España vivió una situación anómala e inconstitucional durante medio año. Una nación sin rey ni reina, pero con una regente que gobernaba en su nombre sin que existiese dicho titular, ya que ni María de las Mercedes había sido proclamada reina ni el futuro Alfonso XIII había nacido aún. De hecho, si uno consulta la Gaceta de Madrid (Predecesora del actual Boletín Oficial del Estado) encontrará que en los documentos oficiales, la reina-regente María Cristina firma sin hacer la tradicional mención que los monarcas regentes suelen efectuar en estos casos en los documentos públicos: "En nombre de...". Esta mención no aparece en ningún documento público de la Gaceta desde noviembre de 1885 hasta mes de mayo de 1886. Tras el nacimiento de Alfonso XIII, la mención "En nombre de..." sí aparece finalmente en los documentos oficiales.
Por mi parte, ante tan disparatada cuestión, formulé dicho episodio ante mi profesor de Derecho Constitucional, el cual me respondió que el procedimiento sí entraba dentro de los cauces legales, ya que María Cristina ejercía su regencia en nombre de un "Nasciturus". El problema viene si tenemos en cuenta que el término "Nasciturus" viene incluido en el Código Civil, el cual data de 1889 (Su promulgación la firmó la propia María Cristina), es decir, cuatro años después de consumarse este hecho, con lo que el procedimiento se entiende ilegal si nos ajustamos al Derecho, ya que por entonces no había ninguna norma legal que regulase este supuesto. Cabe destacar que "Curiosamente" esta situación excepcional no fue tenida en cuenta por los sectores republicanos ni carlistas de la época. De haberse producido, quizás la historia de España podría haber sido otra muy distinta de la que conocemos hoy en día. Posiblemente una guerra civil hubiese estallado de no ser por el silencio de los sectores contrarios a la permanencia de la dinastía Borbón en nuestro país. Finalmente, el 17 de mayo de 1886 nacería Alfonso XIII, el cual sería proclamado de forma inminente nuevo rey de España tras seis meses de "Trono vacante" en un sistema de gobierno monárquico.
De esta forma nacería aquél que "Provocó" de forma inconsciente y sin haber nacido aún la primera y silente crisis constitucional en la España de la Restauración. Una crisis constitucional producida por el propio rey que 37 años después provocaría (Esta vez de forma consciente, o quizás no...) una nueva crisis del sistema de la Restauración de 1876: El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera y la suspensión de la norma suprema que Antonio Cánovas del Castillo elaboró tras la llegada de Alfonso XII: La Constitución de 1876.
Siguiendo lo establecido en la Constitución de 1876 elaborada por Cánovas, el proceso constitucional que se debería haber producido tras el fallecimiento de Alfonso XII hubiese sido el de proclamar de forma inminente a la entonces princesa de Asturias como nueva reina titular de España a la vez que María Cristina asumiese las funciones de jefa del estado en calidad de reina-regente durante la minoría de edad de la nueva reina. Sin embargo, y para sorpresa de todos, tras el anuncio de María Cristina, el gobierno saliente de Cánovas y el nuevo gobierno de Sagasta acuerdan suspender todo proceso de proclamación de la heredera al trono, pero sí activa el mecanismo previsto en el título VIII de la por entonces Carta Magna: María Cristina asume de forma inminente las funciones de reina-regente del Reino de España sin que la nación tenga una reina titular. Este hecho se lleva a efecto con el fin de esperar al nacimiento del tercer hijo de los reyes y su proclamación o no como rey según el sexo del recién nacido.
Con esta estratagema jurídico/política, la reina María Cristina jura lealtad a la Constitución ante el gobierno el 27 de noviembre y ante el Congreso de los Diputados el 30 de diciembre de 1885, jurando lealtad al heredero de la corona, el cual no se sabía quién era en aquel entonces, si la niña huérfana de padre que se encontraba al lado de su progenitora en el momento de su juramento, o quien en aquel momento se formaba en el vientre de la nueva regente. De esta forma, España vivió una situación anómala e inconstitucional durante medio año. Una nación sin rey ni reina, pero con una regente que gobernaba en su nombre sin que existiese dicho titular, ya que ni María de las Mercedes había sido proclamada reina ni el futuro Alfonso XIII había nacido aún. De hecho, si uno consulta la Gaceta de Madrid (Predecesora del actual Boletín Oficial del Estado) encontrará que en los documentos oficiales, la reina-regente María Cristina firma sin hacer la tradicional mención que los monarcas regentes suelen efectuar en estos casos en los documentos públicos: "En nombre de...". Esta mención no aparece en ningún documento público de la Gaceta desde noviembre de 1885 hasta mes de mayo de 1886. Tras el nacimiento de Alfonso XIII, la mención "En nombre de..." sí aparece finalmente en los documentos oficiales.
Por mi parte, ante tan disparatada cuestión, formulé dicho episodio ante mi profesor de Derecho Constitucional, el cual me respondió que el procedimiento sí entraba dentro de los cauces legales, ya que María Cristina ejercía su regencia en nombre de un "Nasciturus". El problema viene si tenemos en cuenta que el término "Nasciturus" viene incluido en el Código Civil, el cual data de 1889 (Su promulgación la firmó la propia María Cristina), es decir, cuatro años después de consumarse este hecho, con lo que el procedimiento se entiende ilegal si nos ajustamos al Derecho, ya que por entonces no había ninguna norma legal que regulase este supuesto. Cabe destacar que "Curiosamente" esta situación excepcional no fue tenida en cuenta por los sectores republicanos ni carlistas de la época. De haberse producido, quizás la historia de España podría haber sido otra muy distinta de la que conocemos hoy en día. Posiblemente una guerra civil hubiese estallado de no ser por el silencio de los sectores contrarios a la permanencia de la dinastía Borbón en nuestro país. Finalmente, el 17 de mayo de 1886 nacería Alfonso XIII, el cual sería proclamado de forma inminente nuevo rey de España tras seis meses de "Trono vacante" en un sistema de gobierno monárquico.
De esta forma nacería aquél que "Provocó" de forma inconsciente y sin haber nacido aún la primera y silente crisis constitucional en la España de la Restauración. Una crisis constitucional producida por el propio rey que 37 años después provocaría (Esta vez de forma consciente, o quizás no...) una nueva crisis del sistema de la Restauración de 1876: El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera y la suspensión de la norma suprema que Antonio Cánovas del Castillo elaboró tras la llegada de Alfonso XII: La Constitución de 1876.
sábado, 2 de marzo de 2019
Porqué voy a votar a VOX
Para la semana que viene se firmará finalmente el decreto de disolución de las cortes generales y con ello la convocatoria de elecciones generales para el próximo día 28 de abril. En todas las encuestas se está dando por hecho que el PSOE ganará los comicios, por lo que Pedro Sánchez podrá volver a gobernar con el apoyo de Podemos e independentistas y etarras, o por el contrario con el apoyo de Ciudadanos. Ya dije en la entrada de hace unos días que lo que nos jugamos los españoles en estas elecciones es ni más ni menos que España en sí. Son estas pues las elecciones generales más importantes a la que nos enfrentaremos los españoles desde las primeras celebradas el 15 de junio de 1977. Nos jugamos ni más ni menos que la supervivencia de la nación española. Una supervivencia que se verá extinguida si finalmente el resultado de las encuestas se traslada al resultado electoral.
Todos sabemos que de ganar la izquierda, España se disolverá tras el apoyo de los independentistas al gobierno de Sánchez. Un apoyo que irá acompañado a cambio de otro apoyo; el del gobierno del PSOE para celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Por supuesto la cosa no quedará ahí, ya que si Sánchez necesita igualmente del apoyo de los vascos, éstos condicionarán su apoyo a cambio de que el PSOE apoye la reforma del estatuto de Guernica, en la que se incluye el derecho de autoderminación, así como un referéndum vinculante para la independencia del País Vasco. En definitiva, si votamos a la izquierda estaremos votando la disolución de España. La alternativa por parte de la derecha (En este caso del PP) es incierta, ya que todos sabemos cuáles han sido sus medidas hasta el año pasado con respecto a Cataluña. Por ello la supervivencia de España podemos decir que se aglomera en torno al apoyo que pueda obtener el 28-A el partido estrella en estos momentos: VOX.
Ya en abril de 2016 escribí una entrada en la que anuncié porqué iba a votar a favor de Pedro Sánchez en las elecciones del 26-J de ese año. Eran los tiempos en los que yo, un ex-votante desilusionado del PP y decepcionado con la pésima gestión de Rajoy anuncié mi voto a Sánchez al ver que por entonces el líder del PSOE había sido el único que le había echado cojones, hablando mal y claro, para intentar expulsar del poder al entonces presidente del gobierno. En aquella época, ingenuo de mí, vi que dentro de las pésimas alternativas, la de Pedro Sánchez era la única que, dentro de la mediocridad podía dar algo de aire fresco a la tensa situación que en 2016 vivía España. Finalmente se ha comprobado que aquella idea que yo tenía de Pedro Sánchez (No muy buena, pero sí aceptable) no podía ser más lejana a la realidad. Pedro Sánchez se ha confirmado finalmente que es un tipo peligroso, además de una mala persona, dispuesta a todo con tal de perpetuarse en el poder que tanto trabajo le ha costado conseguir. Su expulsión del poder es algo que requiere la máxima urgencia si queremos que nuestra nación pueda seguir, no sé si sobreviviendo, pero sí sostenerse durante algún tiempo más.
Como venía diciendo, en abril de 2016 escribí y defendí los motivos por los que había que votar a Sánchez. Esta noche lo haré defendiendo los motivos que me llevarán a votar el próximo día 28 de abril de Santiago Abascal. Todo el que me lea sabrá que soy una persona de tendencia ideológica conservadora, alejada de progresismos y de luchas de clases, así como de tendencias marxistas. Aun así en estos últimos años he votado a partidos que hoy en día jamás se me pasarían por la imaginación otorgar mi confianza. En 2014 lo hice a UPyD, de lo cual no me arrepiento. En 2015 lo hice en apoyo a Podemos (Sí, ya he dicho que eran tiempos en los cuales cualquier opción me bastaba para expulsar a Rajoy de la Moncloa) y en 2016 al PSOE de Pedro Sánchez. En todo ese tiempo siempre añoré la posibilidad de votar a un partido de marcado carácter derechista y conservador, defensor de los valores tradicionales y de nuestras señas de identidades nacionales. Reconozco que en los últimos años me plantee votar incluso a Falange Española, pero la conciencia de saber que mi voto no tendría relevancia alguna para que esta formación tan mal vista e incomprendida de forma errónea por la sociedad española llegase a obtener representación parlamentaria me hizo decantarme por otras formaciones. Formaciones que en nada me representaban ideológicamente pero que veía en ellas la posibilidad de expulsar del poder a aquel que de forma tan miserable nos había traicionado a todos los votantes que le apoyamos en noviembre de 2011.
Pues bien, llegamos al año 2019 y tras un cambio de gobierno a través de una moción de censura llegó Pedro con su cohorte, el cual tras nueve meses de desgobierno ha dejado una situación no ya crítica sino peligrosa para la sostenibilidad de la unidad territorial de la nación española y su futuro. Es en estos meses cuando surge (Ya lo había hecho con anterioridad pero no con la misma fuerza) un nuevo partido político, con el cual ya he dicho el pasado mes de noviembre que no coincido plenamente en varias cuestiones que plantean, pero que ha sido decisivo para que en el tablero político español entre por fin una formación con claras tendencias conservadoras. Ese partido es la formación que dirige Santiago Abascal, un ex diputado vasco del PP, el cual tras ver la desintegración ideológica del PP de Mariano Rajoy anunció su intención de abandonar la formación popular y crear otra que representase a los votantes conservadores y liberales, desencantados igualmente con la deriva ideológica del PP. Con ello, Abascal crea en 2014 la formación conservadora VOX junto a personajes tan relevantes en los sectores del PP vasco como eran José Antonio Ortega Lara y María San Gil. Desde 2014 hasta la fecha, VOX ha ido creciendo poco a poco, teniendo su despegue definitivo en las pasadas elecciones andaluzas del 2 de diciembre, obteniendo dicha formación 12 escaños en el parlamento andaluz. A partir de entonces comienza la batalla de VOX por alzarse con el gobierno de España. Una primera batalla que tendrá su momento decisivo en las próximas elecciones generales del 28-A.
¿Qué me lleva pues a defender y a apoyar a VOX en las elecciones del 28-A? Sencillamente la defensa que hacen de la familia, de la nación española, de nuestras raíces cristianas, de nuestra cultura, de nuestras señas de identidad, del control férreo de la inmigración, del endurecimiento de las penas, de su oposición al lobby LGTB y feminista, al aborto, así como a la sostenibilidad del senado y del sistema autonómico, además de su incesante y activa lucha contra el independentismo catalán en los últimos años desde los sectores judiciales. Defensas todas ellas de unas ideas que ningún partido político ha tenido a bien representar en los últimos años. Y es que España se encuentra desde hace 15 años, concretamente desde aquel fatídico 11-M que cambió bruscamente la historia de España, en un permanente gobierno con marcados tintes progresistas que tienen como objetivos la destrucción de nuestra sociedad tal y como la conocemos. Una destrucción que se extiende igualmente en términos políticos. Este plan de destrucción se puso en marcha en 2004 con la llegada del personaje más peligroso que ha padecido España hasta la llegada de Pedro Sánchez. Un personaje llamado José Luis Rodríguez Zapatero, el cual puso los cimientos de este régimen que algunos denominan "El Régimen del 11-M". Un régimen cuyos principios destructivos se mantuvieron tras su salida del gobierno en 2011. Con la llegada del gobierno del PP, estos principios basados en la destrucción social y política de España prosiguieron con la llegada de Rajoy a la Moncloa, manteniéndose éstos hasta su salida del poder en 2018. No hay que decir que tras la llegada de Sánchez al poder este plan destructivo no ha hecho sino recrudecerse de forma acelerada, provocando a su vez un debilitamiento generalizado de las instituciones españolas ante la peligrosa deriva que el actual gobierno está ejerciendo con aquellos que desean destruir nuestra nación. Una deriva que forma parte del plan orquestado en 2004 y que entra ahora en su fase final con el apoyo del gobierno del estado a las pretensiones de los independentistas.
Quizás por la razón de ser el partido opuesto a este plan que busca aniquilar nuestra sociedad y por otras muchas razones es por lo que Abascal y VOX resultan tan molestos para aquellos que desde hace quince años gestionan la destrucción controlada de España. Abascal es pues y ante la falta de una alternativa derechista mejor, la única opción creíble y sensata que necesita España en estos graves momentos. Por ello es necesario un apoyo masivo a esta formación, la cual es en estos momentos la única que puede plantarle cara al separatismo catalán, ya que en estas circunstancias nadie se cree que Pablo Casado llegue a aprobar un 155 duro en Cataluña ni a derogar leyes sectarias ni totalitarias como la ley de Memoria Histórica, la ley de Violencia de Género, las leyes concernientes a los lobby LGTBI, etc. Por desgracia se ha visto que el PP original murió con el 11-M, por lo que ningún partido a excepción de VOX defenderá derogar todas las leyes nacidas durante estos quince años ni a endurecer las penas como la formación de Santiago Abascal lleva defendiendo en estos últimos años. Tampoco ningún partido a excepción de VOX actuará de forma contundente contra el separatismo catalán, vasco, etc, ya que todas las demás formaciones nacionales están en deuda permanente con estos partidos nacionalistas/independentistas. Del mismo modo, ningún partido, a excepción de VOX, puede llevar a cabo una reforma radical del sistema administrativo y político en España, ya que el sistema autonómico actual es la principal fuente de corrupción y clientelismo del bipartidismo (Ahora cuatripartidismo PSOE-PP-C`s-Podemos), siendo éste el reino de taifas del denominado “Régimen del 78” desde hace cuarenta años. Asimismo, ningún partido a excepción de VOX llevará a efecto una regulación auténtica de la inmigración en España, ya que fue con el PP con quienes llegaron las primeras oleadas de inmigrantes allá por los primeros años del 2000, recrudeciéndose la situación con el gobierno del PSOE en 2004, cuando éstos recurrieron a la desproporcionada idea del "Papeles para todos". Con todo ello, sólo VOX es la opción a día de hoy capaz de reconducir a buen puerto la gravísima situación en la que nos encontramos, si es que eso es a estas alturas posible.
Finalmente cabe preguntarse; ¿Es posible un gobierno de VOX tras las elecciones generales? Personalmente y de forma rotunda creo que no. Un partido con un perfil completamente inverso a lo que representa el sistema político español no podrá formar gobierno ni aunque ganen las elecciones. La única opción por terrible que nos parezca es la de un regreso del PP al gobierno de España (Siempre que los populares consigan salvar los muebles el 28-A) con el apoyo único y exclusivo de VOX. Un gobierno formado por populares en el que la VOZ cantante (Nunca mejor dicho) la tuviese la formación de Santiago Abascal. Aun así ya digo yo desde aquí que dicho escenario jamás se va a producir. Si acaso, el PP podría gobernar con apoyos puntuales con VOX, pero saltándose posteriormente los acuerdos que éstos hayan llegado de forma previa con la formación de Santiago Abascal. Los populares desearían en cambio un gobierno junto con Ciudadanos y Albert Rivera, los cuales apoyan igualmente el plan destructivo que España viene sufriendo desde 2004, a través de la aniquilación de España vía incorporación de nuestra nación a lo que algunos llaman "Estados Unidos de Europa". En lo que a mí respecta estoy convencido de que el PP va a sufrir un nefasto resultado electoral ante la decepción social que ha ocasionado el gobierno de Rajoy, por lo que una posible formación de gobierno, no ya en solitario sino en compañía o bien de VOX o bien de C's la veo imposible ante el descalabro que Casado se va a llevar el 28-A.
Por ello, ante esta situación ¿Qué debemos hacer los españoles de bien? En mi opinión votar masivamente a VOX el próximo día 28 de abril. Aunque por desgracia mucho me temo que aunque la formación de Santiago Abascal obtenga un número importante de votos y escaños, éstos no serán suficientes ni para ganar las elecciones ni muchísimo menos para formar gobierno. Personalmente creo que los pronósticos se van a cumplir y que finalmente el PSOE ganará las elecciones, provocando la aceleración del plan nacido con el 11-M y con ello la desestructuración de España como nación. Ojalá los pronósticos se equivoquen y España vuelva a resurgir de sus cenizas tras quince años de destrucción completa de nuestra sociedad, nuestra convivencia y nuestra historia. Yo por mi parte tengo decidido a quién voy a votar y porqué voy a hacerlo. Por mi parte espero y deseo que la mayoría de los españoles de bien voten como yo voy a hacerlo a VOX el próximo día 28 de abril, sólo de esta forma los españoles podremos dar voz a aquellas personas que defienden nuestros ideales frente a aquellos miserables que desde hace años nos conducen inexorablemente al enfrentamiento social y a nuestra extinción nacional.
Todos sabemos que de ganar la izquierda, España se disolverá tras el apoyo de los independentistas al gobierno de Sánchez. Un apoyo que irá acompañado a cambio de otro apoyo; el del gobierno del PSOE para celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Por supuesto la cosa no quedará ahí, ya que si Sánchez necesita igualmente del apoyo de los vascos, éstos condicionarán su apoyo a cambio de que el PSOE apoye la reforma del estatuto de Guernica, en la que se incluye el derecho de autoderminación, así como un referéndum vinculante para la independencia del País Vasco. En definitiva, si votamos a la izquierda estaremos votando la disolución de España. La alternativa por parte de la derecha (En este caso del PP) es incierta, ya que todos sabemos cuáles han sido sus medidas hasta el año pasado con respecto a Cataluña. Por ello la supervivencia de España podemos decir que se aglomera en torno al apoyo que pueda obtener el 28-A el partido estrella en estos momentos: VOX.
Ya en abril de 2016 escribí una entrada en la que anuncié porqué iba a votar a favor de Pedro Sánchez en las elecciones del 26-J de ese año. Eran los tiempos en los que yo, un ex-votante desilusionado del PP y decepcionado con la pésima gestión de Rajoy anuncié mi voto a Sánchez al ver que por entonces el líder del PSOE había sido el único que le había echado cojones, hablando mal y claro, para intentar expulsar del poder al entonces presidente del gobierno. En aquella época, ingenuo de mí, vi que dentro de las pésimas alternativas, la de Pedro Sánchez era la única que, dentro de la mediocridad podía dar algo de aire fresco a la tensa situación que en 2016 vivía España. Finalmente se ha comprobado que aquella idea que yo tenía de Pedro Sánchez (No muy buena, pero sí aceptable) no podía ser más lejana a la realidad. Pedro Sánchez se ha confirmado finalmente que es un tipo peligroso, además de una mala persona, dispuesta a todo con tal de perpetuarse en el poder que tanto trabajo le ha costado conseguir. Su expulsión del poder es algo que requiere la máxima urgencia si queremos que nuestra nación pueda seguir, no sé si sobreviviendo, pero sí sostenerse durante algún tiempo más.
Como venía diciendo, en abril de 2016 escribí y defendí los motivos por los que había que votar a Sánchez. Esta noche lo haré defendiendo los motivos que me llevarán a votar el próximo día 28 de abril de Santiago Abascal. Todo el que me lea sabrá que soy una persona de tendencia ideológica conservadora, alejada de progresismos y de luchas de clases, así como de tendencias marxistas. Aun así en estos últimos años he votado a partidos que hoy en día jamás se me pasarían por la imaginación otorgar mi confianza. En 2014 lo hice a UPyD, de lo cual no me arrepiento. En 2015 lo hice en apoyo a Podemos (Sí, ya he dicho que eran tiempos en los cuales cualquier opción me bastaba para expulsar a Rajoy de la Moncloa) y en 2016 al PSOE de Pedro Sánchez. En todo ese tiempo siempre añoré la posibilidad de votar a un partido de marcado carácter derechista y conservador, defensor de los valores tradicionales y de nuestras señas de identidades nacionales. Reconozco que en los últimos años me plantee votar incluso a Falange Española, pero la conciencia de saber que mi voto no tendría relevancia alguna para que esta formación tan mal vista e incomprendida de forma errónea por la sociedad española llegase a obtener representación parlamentaria me hizo decantarme por otras formaciones. Formaciones que en nada me representaban ideológicamente pero que veía en ellas la posibilidad de expulsar del poder a aquel que de forma tan miserable nos había traicionado a todos los votantes que le apoyamos en noviembre de 2011.
Pues bien, llegamos al año 2019 y tras un cambio de gobierno a través de una moción de censura llegó Pedro con su cohorte, el cual tras nueve meses de desgobierno ha dejado una situación no ya crítica sino peligrosa para la sostenibilidad de la unidad territorial de la nación española y su futuro. Es en estos meses cuando surge (Ya lo había hecho con anterioridad pero no con la misma fuerza) un nuevo partido político, con el cual ya he dicho el pasado mes de noviembre que no coincido plenamente en varias cuestiones que plantean, pero que ha sido decisivo para que en el tablero político español entre por fin una formación con claras tendencias conservadoras. Ese partido es la formación que dirige Santiago Abascal, un ex diputado vasco del PP, el cual tras ver la desintegración ideológica del PP de Mariano Rajoy anunció su intención de abandonar la formación popular y crear otra que representase a los votantes conservadores y liberales, desencantados igualmente con la deriva ideológica del PP. Con ello, Abascal crea en 2014 la formación conservadora VOX junto a personajes tan relevantes en los sectores del PP vasco como eran José Antonio Ortega Lara y María San Gil. Desde 2014 hasta la fecha, VOX ha ido creciendo poco a poco, teniendo su despegue definitivo en las pasadas elecciones andaluzas del 2 de diciembre, obteniendo dicha formación 12 escaños en el parlamento andaluz. A partir de entonces comienza la batalla de VOX por alzarse con el gobierno de España. Una primera batalla que tendrá su momento decisivo en las próximas elecciones generales del 28-A.
¿Qué me lleva pues a defender y a apoyar a VOX en las elecciones del 28-A? Sencillamente la defensa que hacen de la familia, de la nación española, de nuestras raíces cristianas, de nuestra cultura, de nuestras señas de identidad, del control férreo de la inmigración, del endurecimiento de las penas, de su oposición al lobby LGTB y feminista, al aborto, así como a la sostenibilidad del senado y del sistema autonómico, además de su incesante y activa lucha contra el independentismo catalán en los últimos años desde los sectores judiciales. Defensas todas ellas de unas ideas que ningún partido político ha tenido a bien representar en los últimos años. Y es que España se encuentra desde hace 15 años, concretamente desde aquel fatídico 11-M que cambió bruscamente la historia de España, en un permanente gobierno con marcados tintes progresistas que tienen como objetivos la destrucción de nuestra sociedad tal y como la conocemos. Una destrucción que se extiende igualmente en términos políticos. Este plan de destrucción se puso en marcha en 2004 con la llegada del personaje más peligroso que ha padecido España hasta la llegada de Pedro Sánchez. Un personaje llamado José Luis Rodríguez Zapatero, el cual puso los cimientos de este régimen que algunos denominan "El Régimen del 11-M". Un régimen cuyos principios destructivos se mantuvieron tras su salida del gobierno en 2011. Con la llegada del gobierno del PP, estos principios basados en la destrucción social y política de España prosiguieron con la llegada de Rajoy a la Moncloa, manteniéndose éstos hasta su salida del poder en 2018. No hay que decir que tras la llegada de Sánchez al poder este plan destructivo no ha hecho sino recrudecerse de forma acelerada, provocando a su vez un debilitamiento generalizado de las instituciones españolas ante la peligrosa deriva que el actual gobierno está ejerciendo con aquellos que desean destruir nuestra nación. Una deriva que forma parte del plan orquestado en 2004 y que entra ahora en su fase final con el apoyo del gobierno del estado a las pretensiones de los independentistas.
Quizás por la razón de ser el partido opuesto a este plan que busca aniquilar nuestra sociedad y por otras muchas razones es por lo que Abascal y VOX resultan tan molestos para aquellos que desde hace quince años gestionan la destrucción controlada de España. Abascal es pues y ante la falta de una alternativa derechista mejor, la única opción creíble y sensata que necesita España en estos graves momentos. Por ello es necesario un apoyo masivo a esta formación, la cual es en estos momentos la única que puede plantarle cara al separatismo catalán, ya que en estas circunstancias nadie se cree que Pablo Casado llegue a aprobar un 155 duro en Cataluña ni a derogar leyes sectarias ni totalitarias como la ley de Memoria Histórica, la ley de Violencia de Género, las leyes concernientes a los lobby LGTBI, etc. Por desgracia se ha visto que el PP original murió con el 11-M, por lo que ningún partido a excepción de VOX defenderá derogar todas las leyes nacidas durante estos quince años ni a endurecer las penas como la formación de Santiago Abascal lleva defendiendo en estos últimos años. Tampoco ningún partido a excepción de VOX actuará de forma contundente contra el separatismo catalán, vasco, etc, ya que todas las demás formaciones nacionales están en deuda permanente con estos partidos nacionalistas/independentistas. Del mismo modo, ningún partido, a excepción de VOX, puede llevar a cabo una reforma radical del sistema administrativo y político en España, ya que el sistema autonómico actual es la principal fuente de corrupción y clientelismo del bipartidismo (Ahora cuatripartidismo PSOE-PP-C`s-Podemos), siendo éste el reino de taifas del denominado “Régimen del 78” desde hace cuarenta años. Asimismo, ningún partido a excepción de VOX llevará a efecto una regulación auténtica de la inmigración en España, ya que fue con el PP con quienes llegaron las primeras oleadas de inmigrantes allá por los primeros años del 2000, recrudeciéndose la situación con el gobierno del PSOE en 2004, cuando éstos recurrieron a la desproporcionada idea del "Papeles para todos". Con todo ello, sólo VOX es la opción a día de hoy capaz de reconducir a buen puerto la gravísima situación en la que nos encontramos, si es que eso es a estas alturas posible.
Finalmente cabe preguntarse; ¿Es posible un gobierno de VOX tras las elecciones generales? Personalmente y de forma rotunda creo que no. Un partido con un perfil completamente inverso a lo que representa el sistema político español no podrá formar gobierno ni aunque ganen las elecciones. La única opción por terrible que nos parezca es la de un regreso del PP al gobierno de España (Siempre que los populares consigan salvar los muebles el 28-A) con el apoyo único y exclusivo de VOX. Un gobierno formado por populares en el que la VOZ cantante (Nunca mejor dicho) la tuviese la formación de Santiago Abascal. Aun así ya digo yo desde aquí que dicho escenario jamás se va a producir. Si acaso, el PP podría gobernar con apoyos puntuales con VOX, pero saltándose posteriormente los acuerdos que éstos hayan llegado de forma previa con la formación de Santiago Abascal. Los populares desearían en cambio un gobierno junto con Ciudadanos y Albert Rivera, los cuales apoyan igualmente el plan destructivo que España viene sufriendo desde 2004, a través de la aniquilación de España vía incorporación de nuestra nación a lo que algunos llaman "Estados Unidos de Europa". En lo que a mí respecta estoy convencido de que el PP va a sufrir un nefasto resultado electoral ante la decepción social que ha ocasionado el gobierno de Rajoy, por lo que una posible formación de gobierno, no ya en solitario sino en compañía o bien de VOX o bien de C's la veo imposible ante el descalabro que Casado se va a llevar el 28-A.
Por ello, ante esta situación ¿Qué debemos hacer los españoles de bien? En mi opinión votar masivamente a VOX el próximo día 28 de abril. Aunque por desgracia mucho me temo que aunque la formación de Santiago Abascal obtenga un número importante de votos y escaños, éstos no serán suficientes ni para ganar las elecciones ni muchísimo menos para formar gobierno. Personalmente creo que los pronósticos se van a cumplir y que finalmente el PSOE ganará las elecciones, provocando la aceleración del plan nacido con el 11-M y con ello la desestructuración de España como nación. Ojalá los pronósticos se equivoquen y España vuelva a resurgir de sus cenizas tras quince años de destrucción completa de nuestra sociedad, nuestra convivencia y nuestra historia. Yo por mi parte tengo decidido a quién voy a votar y porqué voy a hacerlo. Por mi parte espero y deseo que la mayoría de los españoles de bien voten como yo voy a hacerlo a VOX el próximo día 28 de abril, sólo de esta forma los españoles podremos dar voz a aquellas personas que defienden nuestros ideales frente a aquellos miserables que desde hace años nos conducen inexorablemente al enfrentamiento social y a nuestra extinción nacional.
viernes, 1 de marzo de 2019
Adolfo Suárez; Coraje y prudencia
Hace cuestión de un año escribí una entrada acerca del ex presidente del gobierno, Adolfo Suárez. Una entrada en la que hice un repaso acerca de su mandato durante los cinco años en que fue jefe del gobierno español (1976-1981). En dicha entrada resalté desde un punto de vista negativo el mandato de Suárez y en mi forma de ver al que fue el primer presidente del gobierno de la democracia. Afirmé que en mi opinión Suárez era un veleta, el cual supo adaptarse muy bien al cambio de sistema desde el régimen franquista al sistema constitucional actual. Personalmente sigo creyendo que Suárez fue un chaquetero en términos políticos, eso es algo que mantengo, pero debo reconocer que desde hace unos días mi opinión en términos personales sobre el ex presidente Suárez han cambiado bastante, y debo decir que para bien. ¿El motivo? El hecho de haber leído por segunda vez tras cinco años el famoso libro "La gran desmemoria". Un libro escrito por la famosa periodista Pilar Urbano, el cual entra a fondo sobre el papel del rey Juan Carlos y de Adolfo Suárez en la Transición y en el 23-F.
Debo decir que será porque cuando leí por primera vez el libro lo hice de forma rápida y en un breve plazo de dos o tres días (Acabé mareado cuando terminé el libro la primera vez, ya que eran cerca de 1.000 páginas) y por ello no recordaba muy bien el contenido de todo lo que se narraba en él, salvo lo más trascendental. Ahora, después de cinco años he vuelto a leer el libro con más calma y debo decir que estamos ante uno de los mejores libros del género político que se han escrito en España. Un libro que se hizo con "Muy mala leche", ya que buscaba dejar en muy mal lugar a alguien, y se consiguió. Ese alguien era en ese momento el rey de España, Juan Carlos I.
Antes de hablar sobre Suárez debo decir que este libro lo considero yo personalmente como las memorias póstumas del ex presidente del gobierno. Unas memorias no escritas pero sí verbales procedentes del propio Suárez, en las que habló largo y tendido con Urbano sobre sus vivencias en la Moncloa y sobre los momentos más controvertidos de la Transición. Hay que tener en cuenta que este libro salió a la venta durante la muerte de Suárez, lo cual hace que su publicación no fuese una coincidencia, y muchísimo menos en el momento en el que se publicó. Es como si Suárez hubiese dejado aclarado que este libro en el que se recopilaban sus vivencias sólo podría ser publicado en el momento de su fallecimiento, como así ocurrió. Podemos decir que Suárez se las ingenió para realizar una "Venganza póstuma" y poner a más de uno en su sitio en el momento de su muerte. También hay que decir que el momento político en el que se publicó no fue ni muchísimo menos casual. Este libro se publicó en el momento en que el rey Juan Carlos estaba siendo cercado por todos los frentes, los cuales pedían con insistencia su abdicación para salvar el sistema constitucional del 78 y la propia monarquía. Creo que este libro jamás se pudo escribir sin la autorización expresa de alguien que en la crisis de abril de Botsuana, alguien que quedó humillado, o mejor dicho, humillada públicamente decidió vengarse activando el proceso de sucesión para llevar al trono a quien en ese momento era príncipe de Asturias y que hoy en día es Felipe VI, rey de España.
Pero volviendo al personaje del que quiero hablar, Suárez, debo reiterar que mi opinión acerca de él ha mejorado al releer nuevamente este polémico libro. Reitero, eso sí, mi opinión de que era un chaquetero político, porque seamos serios, lo era. Una persona procedente de Falange española, que teóricamente defendía unos postulados sociales y conservadores pasa a convertirse de la noche a la mañana en un centrista puro y duro para posteriormente convertirse en un liberal-progresista hace cuanto menos creer que Suárez era un tipo que supo ingeniárselas muy bien tanto en el sistema franquista como en el sistema constitucional que él creó y diseñó. Aun así mi opinión personal acerca de él sí ha mejorado, y ha mejorado tras darme cuenta del verdadero peligro al que Suárez tuvo que someterse en prácticamente todo su mandato al frente del gobierno de España. Un peligro no ya político, sino personal al que se vio sometido durante sus cinco años de presidencia. Algo que, todo sea dicho, es muy difícil, por no decir imposible de encontrar en ningún político actual ni pasado de nuestra historia reciente.
Es verdad que Suárez le echó, hablando claro, cojones a la situación cuando en 1976 el rey le designa presidente del gobierno para pilotar el proceso de Transición del régimen franquista al futuro régimen constitucional que Suárez crearía en 1978. Un fallo importante de Suárez que personalmente creo que le pasó gran factura a lo largo de su vida, incluso después de retirado de la política, es que él se creyó desde el momento de su nombramiento como nuevo jefe del ejecutivo español que debía estar en gratitud eterna con el rey por este nombramiento. Y es que podemos estar de acuerdo en que Suárez podía estar condicionado y agradecido al rey por su nombramiento durante el periodo 1976-1977, pero a partir de entonces en el cual Suárez está libre de ataduras, el que fuera líder de la UCD debió ser más independiente de sus relaciones con la corona y no estar en permanente subordinación a la figura del rey. Esa subordinación se mezcló incluso con obsesión por parte de Suárez, ya que como se narra en el libro de Urbano y en otros textos relacionados con la Transición Española, el entonces presidente del gobierno estaba obsesionado con controlar todos los movimientos del rey Juan Carlos, con el objetivo de "Proteger al rey del rey mismo", lo cual sería motivo por parte del rey para hartarse de Suárez y verlo como un estorbo absoluto, no sólo en términos político sino también personales.
Pero volviendo más adelante a la relación de Suárez con el rey, debo regresar a la cuestión de la valentía del que fuera jefe del gobierno durante su periodo de gobierno. Suárez tuvo una valentía absoluta a la hora de afrontar las cuestiones más importantes de la etapa de la Transición, y eso hay que reconocerlo, y yo también lo debo reconocer. Al César lo que es del César. Adolfo Suárez afrontó con gallardía la legalización del partido comunista de Carrillo. Una legalización que podemos estar de acuerdo o no en cómo se hizo (Me refiero a la palabra dada por Suárez a los militares meses antes de que el PC nunca sería legalizado), pero es incuestionable tal y como afirmó el propio Suárez en que la Transición Española y en especial las elecciones generales de junio de 1977 hubiesen sido una farsa si en ellas no hubiese participado el actor fundamental en la oposición al franquismo como fue el Partido Comunista (Por mucho que a algunos les joda esta afirmación). Carrillo fue un asesino y un criminal, pero también fue uno de los principales opositores al régimen de Franco desde el extranjero, y eso es algo que nadie del PSOE, ni el histórico ni muchísimo menos el renovado fueron capaces de hacer durante los 40 años de gobierno de Francisco Franco. Por ello la decisión de Suárez, aunque discutida por la forma en la que la llevó a cabo, fue acertada y llena de coraje. Probablemente ni Fraga ni Torcuato Fernández Miranda hubiesen sido capaces de tomar una decisión de tal envergadura, y más sabiendo estos dos cómo estaban los ánimos y las opiniones en el ejército con respecto al Partido Comunista y Carrillo (Opiniones y posturas que personalmente creo que estaban completamente justificadas por otro lado, visto los antecedentes criminales del líder comunista durante la Guerra Civil). A partir de entonces, las sospechas de un golpe de estado, así como las amenazas hacia Suárez por parte de todos los estamentos fueron algo constante durante su presidencia, lo cual no es fácil de digerir para nadie, y menos para una persona como Suárez que se encontraba en aquel momento bajo una presión inmensa.
En otras cuestiones en cambio, Suárez no supo, o no pudo, o no quiso ver el peligro al que se enfrentaba en otras circunstancias como en lo que respecta a la elaboración de la constitución o a la reapertura de los gobiernos regionales. Fue un gravísimo error que Suárez delegase finalmente la elaboración de la constitución a los representantes de las diferentes tendencias políticas (Incluidas las nacionalistas) y no al gobierno como en un principio estaba previsto que así sucediese. Con la elaboración de la constitución por parte de los "Siete padres" se dio vía libre al estado autonómico, así como al origen del papel protagonista ejercido tanto por el PNV como por CIU durante estos cuarenta años de democracia. También la decisión de Suárez de reabrir los gobiernos autonómicos como el de Cataluña con Tarradellas al frente de la generalitat supuso el inicio de todo el declive que ahora estamos viviendo en primera persona con el golpe de estado independentista. Suárez jamás debió permitir una España autonómica ni permitir que en la constitución se otorgase a diversas regiones de nuestra nación el título de "Nacionalidades", ya que de ahí surge el origen de los problemas identitarios actuales, así como las diferentes desigualdades entre nuestras regiones como por ejemplo la fiscal. Aun así y a pesar de todos los graves errores que cometió Suárez y sabiendo que su visión de estado no se corresponde con la de sucesores, quiero pensar que todos estos errores los cometió de buena fe, y creyendo que con estas concesiones podría arreglar de una vez por todas el conflicto nacionalista de las denominadas "Nacionalidades históricas". Quizás creía que estableciendo de facto un estado federal en España podrían resolverse los problemas internos y las reclamaciones nacionalistas tanto vascas como catalanas. No ha sido así. El problema no sólo no se ha solucionado, sino que ha empeorado. Pero insisto, reflexionando profundamente sobre el papel jugado por Suárez y a lo que le tocó vivir como presidente en aquel contexto histórico quiero pensar que lo hizo de buena fe y pensando en el interés general de España, aunque finalmente esas decisiones se hayan demostrado no acertadas con el paso de los años.
En lo que respecta a la cuestión de los intentos de golpes de estado y amenazas creo que es lo que más hay que valorar sobre Suárez en términos personales, ya que creo que no ha habido jefe del gobierno español en estos cuarenta años que más veces se ha hallado frente al peligro que él. Las continuas amenazas que recibió, intentos de asesinato, insultos, traiciones, las campañas de acoso y derribo por parte de Felipe González y los socialistas, así como las humillaciones y traiciones que sufrió por parte de los suyos son difícilmente encontradas en otro líder político en España. Si a eso le añadimos los altas cifras de atentados y asesinatos por parte de ETA y del GRAPO, así como de otras organizaciones extremistas nos encontramos con que Suárez tuvo que lidiar con el periodo más sangriento en la historia del terrorismo en España.
Creo que esto es lo que más se debe de admirar de Suárez, el coraje y la valentía a la que hizo frente teniendo a todo el mundo en su contra. Sólo hay que recordar los pasajes que Pilar Urbano hace referencia en "La gran desmemoria" y que hace mención al momento en el que el rey hace una encerrona a Suárez en Zarzuela con cinco altos mandos militares entre los que se encontraba el propio Milans del Bosch. En dicha reunión uno de los presentes saca una pistola y la pone encima de la mesa cuando Suárez, ante las insistentes demandas de dimisión que estos militares le estaban exigiendo, les pregunta por qué creen ellos que él debe dimitir. También cabe destacar la actitud de Suárez durante el 23-F, en el cual llega un momento en el que Tejero le pone una pistola en el pecho, respondiendo Suárez con un "Cuádrese, soy el presidente". Quizás la entereza de Suárez ante estas circunstancias se deba a que él ya se había preparado mentalmente y físicamente para un escenario en el que muy posiblemente podría ser asesinado, de ahí su rectitud ante estos acontecimientos en los que se jugó la vida.
Por último y volviendo a su relación con el rey, debo añadir que Suárez sí fue, todo hay que decirlo, un lameculos del rey. Su errónea y grave decisión que hace un par de años salió a la luz en la que él confesaba a la periodista Victoria Prego su negatividad a celebrar un referéndum sobre la forma de estado "Monarquía-República" debido a que las encuestas daban como ganador al sistema republicano fue sin duda una de las más nefastas decisiones de Suárez durante su presidencia. El pueblo español estaba en todo su derecho de ser preguntado por esta cuestión, la cual era la más esencial antes de iniciar cualquier proceso de Transición política. Suárez, volviendo a su gratitud eterna al rey Juan Carlos, decidió incluir indirectamente la monarquía en el referéndum para la reforma política de 1976, la cual se ganó, dando Suárez por hecho que el pueblo había dicho sí a la monarquía como forma de estado. Una sucia jugada política que el rey se encargaría de "Agradecerle" años después conspirando contra él y elaborando golpes de estado para derrocarle.
Aquí es donde quiero detenerme. Si Suárez, cuando anuncia su dimisión en enero de 1981 hubiese dicho de forma clara y concisa el porqué de su dimisión y cuáles eran los responsables de ella, el entonces presidente del gobierno se hubiese llevado por delante a muchas personas, entre ellas el propio rey Juan Carlos I. Ya sabemos que Suárez era incapaz de hacer nada contra aquel que lo había puesto a dedo en 1976 en la jefatura del gobierno, pero también es cierto que dada la gravedad de los hechos que se estaban produciendo entre 1980 y 1981, Suárez debió por responsabilidad política y lealtad al país explicar quiénes estaban poniendo en peligro la democracia y porqué él debía retirarse antes de que éstos consiguiesen su objetivo. Hay una escena en el libro de Pilar Urbano en el que Suárez habla claro y sin tapujos durante la celebración de la Junta de Defensa Nacional en Zarzuela el día después del 23-F. En dicha reunión Suárez se encara con diversos miembros de la junta e incluso deja en evidencia al rey frente a estos mandos, culpabilizándole a él, a Alfonso Armada, a los altos mandos del ejército y a los líderes políticos de la situación a la que se había llegado.
Si esta afirmación la hubiese realizado en enero de 1981, posiblemente el sistema constitucional en España hubiese caído, pero Suárez hubiese pasado a la historia como el hombre que supo morir dignamente matando a aquellos que lo habían traicionado y estaban jugando con la estabilidad política y social del país. En vez de eso sólo se dignó a decir "Me voy porque no quiero que el sistema de convivencia sea una vez más un paréntesis en la historia de España", con lo cual nos da una idea de que Suárez fue en todo momento conocedor de la denominada "Operación Armada" en la que tanto el rey, como Felipe González (El cual hubiese sido supuestamente vicepresidente del gobierno de Alfonso Armada), como destacados miembros de la UCD, del PSOE y de Alianza Popular, y por supuesto el propio Armada, así como otros miembros relevantes de las fuerzas armadas y del CESID estaban involucrados. Pero a pesar de eso, Suárez no dijo nada y se calló, y siguió sin decir nada tras el 23-F, pudiendo haber hablado estando ya fuera del gobierno, sin embargo decidió callar para siempre y proteger hasta la muerte a aquel a quien él consideraba no ya su jefe del estado, sino "Su amigo"; el rey Juan Carlos I.
Con esto termino una entrada que tras haber leído el libro creo que debía hacer. Considero que a pesar de sus muchos errores y defectos, Suárez fue un tipo que se jugó el cuello ante una situación excepcional en la historia de España. Fue un tipo que, insisto, creo o así lo quiero creer que intentó hacerlo lo mejor que pudo en aquellas dificilísimas circunstancias, aunque con el paso de estas cuatro décadas se ha visto que muchas de sus decisiones estaban equivocadas. No fue un santo como muchos quieren hacernos creer ahora, pero tampoco es aquel tipo que muchos, yo incluido, hemos venido criticando y culpabilizando de todos los males actuales de España. No, Suárez quizás pensó que incorporando a todo el mundo en el proyecto de la Transición se podría conseguir por fin una España unida dentro de un sistema político en el cual todos los españoles se viesen representados, como así hizo cuando negoció e incorporó a todos los partidos políticos, los sindicatos y la patronal en los históricos y conocidos "Pactos de la Moncloa".
Pero no cayó en la idea de que España ha sido, es y será hasta que por desgracia desaparezca una nación tendente a la división y al enfrentamiento. Como dijo Federico Jiménez Losantos, quizás el único que se creyó verdaderamente que España se estaba encaminando hacia un sistema democrático puro y duro fue el propio Suárez, y que los españoles íbamos a ser por primera vez los dueños de nuestro propio destino. Se equivocó. Fue iluso al pensar que así ocurriría. Puso en marcha los cimientos de una nueva España pero se equivocó cuando creyó que tras su marcha, sus sucesores iban a convertir a nuestra nación en una de las democracias occidentales más ejemplares de nuestro entorno. Él por lo menos, a diferencia de sus sucesores, tuvo, si se puede utilizar ese término, la ingenuidad de creerse el proyecto que puso en marcha, y lo hizo pensando que éste tendría futuro, y que tendría futuro gracias al consenso que él tanto defendía y que siempre afirmó que fue posible durante la Transición.
Por mi parte creo que era justo tras releer “La gran desmemoria” que debía escribir esta nueva entrada sobre Suárez, en la cual a diferencia de la que escribí en julio del año pasado, hago un pequeño homenaje, creo que merecido, al que fue el primer presidente del gobierno de la democracia, un tipo el cual aunque sigo considerando que no fue un santo, sí ha mejorado y mucho mi opinión con respecto a él tras releer de nuevo esta obra y comprender mejor los desafíos a los que tuvo que hacer frente durante su etapa en la Moncloa, que no fueron pocos. Aunque no admire su legado, sí lo admiro como persona y lo respeto ahora como político, ya que afrontó con determinación y valentía su tarea y creyó firmemente en ella.
Debo decir que será porque cuando leí por primera vez el libro lo hice de forma rápida y en un breve plazo de dos o tres días (Acabé mareado cuando terminé el libro la primera vez, ya que eran cerca de 1.000 páginas) y por ello no recordaba muy bien el contenido de todo lo que se narraba en él, salvo lo más trascendental. Ahora, después de cinco años he vuelto a leer el libro con más calma y debo decir que estamos ante uno de los mejores libros del género político que se han escrito en España. Un libro que se hizo con "Muy mala leche", ya que buscaba dejar en muy mal lugar a alguien, y se consiguió. Ese alguien era en ese momento el rey de España, Juan Carlos I.
Antes de hablar sobre Suárez debo decir que este libro lo considero yo personalmente como las memorias póstumas del ex presidente del gobierno. Unas memorias no escritas pero sí verbales procedentes del propio Suárez, en las que habló largo y tendido con Urbano sobre sus vivencias en la Moncloa y sobre los momentos más controvertidos de la Transición. Hay que tener en cuenta que este libro salió a la venta durante la muerte de Suárez, lo cual hace que su publicación no fuese una coincidencia, y muchísimo menos en el momento en el que se publicó. Es como si Suárez hubiese dejado aclarado que este libro en el que se recopilaban sus vivencias sólo podría ser publicado en el momento de su fallecimiento, como así ocurrió. Podemos decir que Suárez se las ingenió para realizar una "Venganza póstuma" y poner a más de uno en su sitio en el momento de su muerte. También hay que decir que el momento político en el que se publicó no fue ni muchísimo menos casual. Este libro se publicó en el momento en que el rey Juan Carlos estaba siendo cercado por todos los frentes, los cuales pedían con insistencia su abdicación para salvar el sistema constitucional del 78 y la propia monarquía. Creo que este libro jamás se pudo escribir sin la autorización expresa de alguien que en la crisis de abril de Botsuana, alguien que quedó humillado, o mejor dicho, humillada públicamente decidió vengarse activando el proceso de sucesión para llevar al trono a quien en ese momento era príncipe de Asturias y que hoy en día es Felipe VI, rey de España.
Pero volviendo al personaje del que quiero hablar, Suárez, debo reiterar que mi opinión acerca de él ha mejorado al releer nuevamente este polémico libro. Reitero, eso sí, mi opinión de que era un chaquetero político, porque seamos serios, lo era. Una persona procedente de Falange española, que teóricamente defendía unos postulados sociales y conservadores pasa a convertirse de la noche a la mañana en un centrista puro y duro para posteriormente convertirse en un liberal-progresista hace cuanto menos creer que Suárez era un tipo que supo ingeniárselas muy bien tanto en el sistema franquista como en el sistema constitucional que él creó y diseñó. Aun así mi opinión personal acerca de él sí ha mejorado, y ha mejorado tras darme cuenta del verdadero peligro al que Suárez tuvo que someterse en prácticamente todo su mandato al frente del gobierno de España. Un peligro no ya político, sino personal al que se vio sometido durante sus cinco años de presidencia. Algo que, todo sea dicho, es muy difícil, por no decir imposible de encontrar en ningún político actual ni pasado de nuestra historia reciente.
Es verdad que Suárez le echó, hablando claro, cojones a la situación cuando en 1976 el rey le designa presidente del gobierno para pilotar el proceso de Transición del régimen franquista al futuro régimen constitucional que Suárez crearía en 1978. Un fallo importante de Suárez que personalmente creo que le pasó gran factura a lo largo de su vida, incluso después de retirado de la política, es que él se creyó desde el momento de su nombramiento como nuevo jefe del ejecutivo español que debía estar en gratitud eterna con el rey por este nombramiento. Y es que podemos estar de acuerdo en que Suárez podía estar condicionado y agradecido al rey por su nombramiento durante el periodo 1976-1977, pero a partir de entonces en el cual Suárez está libre de ataduras, el que fuera líder de la UCD debió ser más independiente de sus relaciones con la corona y no estar en permanente subordinación a la figura del rey. Esa subordinación se mezcló incluso con obsesión por parte de Suárez, ya que como se narra en el libro de Urbano y en otros textos relacionados con la Transición Española, el entonces presidente del gobierno estaba obsesionado con controlar todos los movimientos del rey Juan Carlos, con el objetivo de "Proteger al rey del rey mismo", lo cual sería motivo por parte del rey para hartarse de Suárez y verlo como un estorbo absoluto, no sólo en términos político sino también personales.
Pero volviendo más adelante a la relación de Suárez con el rey, debo regresar a la cuestión de la valentía del que fuera jefe del gobierno durante su periodo de gobierno. Suárez tuvo una valentía absoluta a la hora de afrontar las cuestiones más importantes de la etapa de la Transición, y eso hay que reconocerlo, y yo también lo debo reconocer. Al César lo que es del César. Adolfo Suárez afrontó con gallardía la legalización del partido comunista de Carrillo. Una legalización que podemos estar de acuerdo o no en cómo se hizo (Me refiero a la palabra dada por Suárez a los militares meses antes de que el PC nunca sería legalizado), pero es incuestionable tal y como afirmó el propio Suárez en que la Transición Española y en especial las elecciones generales de junio de 1977 hubiesen sido una farsa si en ellas no hubiese participado el actor fundamental en la oposición al franquismo como fue el Partido Comunista (Por mucho que a algunos les joda esta afirmación). Carrillo fue un asesino y un criminal, pero también fue uno de los principales opositores al régimen de Franco desde el extranjero, y eso es algo que nadie del PSOE, ni el histórico ni muchísimo menos el renovado fueron capaces de hacer durante los 40 años de gobierno de Francisco Franco. Por ello la decisión de Suárez, aunque discutida por la forma en la que la llevó a cabo, fue acertada y llena de coraje. Probablemente ni Fraga ni Torcuato Fernández Miranda hubiesen sido capaces de tomar una decisión de tal envergadura, y más sabiendo estos dos cómo estaban los ánimos y las opiniones en el ejército con respecto al Partido Comunista y Carrillo (Opiniones y posturas que personalmente creo que estaban completamente justificadas por otro lado, visto los antecedentes criminales del líder comunista durante la Guerra Civil). A partir de entonces, las sospechas de un golpe de estado, así como las amenazas hacia Suárez por parte de todos los estamentos fueron algo constante durante su presidencia, lo cual no es fácil de digerir para nadie, y menos para una persona como Suárez que se encontraba en aquel momento bajo una presión inmensa.
En otras cuestiones en cambio, Suárez no supo, o no pudo, o no quiso ver el peligro al que se enfrentaba en otras circunstancias como en lo que respecta a la elaboración de la constitución o a la reapertura de los gobiernos regionales. Fue un gravísimo error que Suárez delegase finalmente la elaboración de la constitución a los representantes de las diferentes tendencias políticas (Incluidas las nacionalistas) y no al gobierno como en un principio estaba previsto que así sucediese. Con la elaboración de la constitución por parte de los "Siete padres" se dio vía libre al estado autonómico, así como al origen del papel protagonista ejercido tanto por el PNV como por CIU durante estos cuarenta años de democracia. También la decisión de Suárez de reabrir los gobiernos autonómicos como el de Cataluña con Tarradellas al frente de la generalitat supuso el inicio de todo el declive que ahora estamos viviendo en primera persona con el golpe de estado independentista. Suárez jamás debió permitir una España autonómica ni permitir que en la constitución se otorgase a diversas regiones de nuestra nación el título de "Nacionalidades", ya que de ahí surge el origen de los problemas identitarios actuales, así como las diferentes desigualdades entre nuestras regiones como por ejemplo la fiscal. Aun así y a pesar de todos los graves errores que cometió Suárez y sabiendo que su visión de estado no se corresponde con la de sucesores, quiero pensar que todos estos errores los cometió de buena fe, y creyendo que con estas concesiones podría arreglar de una vez por todas el conflicto nacionalista de las denominadas "Nacionalidades históricas". Quizás creía que estableciendo de facto un estado federal en España podrían resolverse los problemas internos y las reclamaciones nacionalistas tanto vascas como catalanas. No ha sido así. El problema no sólo no se ha solucionado, sino que ha empeorado. Pero insisto, reflexionando profundamente sobre el papel jugado por Suárez y a lo que le tocó vivir como presidente en aquel contexto histórico quiero pensar que lo hizo de buena fe y pensando en el interés general de España, aunque finalmente esas decisiones se hayan demostrado no acertadas con el paso de los años.
En lo que respecta a la cuestión de los intentos de golpes de estado y amenazas creo que es lo que más hay que valorar sobre Suárez en términos personales, ya que creo que no ha habido jefe del gobierno español en estos cuarenta años que más veces se ha hallado frente al peligro que él. Las continuas amenazas que recibió, intentos de asesinato, insultos, traiciones, las campañas de acoso y derribo por parte de Felipe González y los socialistas, así como las humillaciones y traiciones que sufrió por parte de los suyos son difícilmente encontradas en otro líder político en España. Si a eso le añadimos los altas cifras de atentados y asesinatos por parte de ETA y del GRAPO, así como de otras organizaciones extremistas nos encontramos con que Suárez tuvo que lidiar con el periodo más sangriento en la historia del terrorismo en España.
Creo que esto es lo que más se debe de admirar de Suárez, el coraje y la valentía a la que hizo frente teniendo a todo el mundo en su contra. Sólo hay que recordar los pasajes que Pilar Urbano hace referencia en "La gran desmemoria" y que hace mención al momento en el que el rey hace una encerrona a Suárez en Zarzuela con cinco altos mandos militares entre los que se encontraba el propio Milans del Bosch. En dicha reunión uno de los presentes saca una pistola y la pone encima de la mesa cuando Suárez, ante las insistentes demandas de dimisión que estos militares le estaban exigiendo, les pregunta por qué creen ellos que él debe dimitir. También cabe destacar la actitud de Suárez durante el 23-F, en el cual llega un momento en el que Tejero le pone una pistola en el pecho, respondiendo Suárez con un "Cuádrese, soy el presidente". Quizás la entereza de Suárez ante estas circunstancias se deba a que él ya se había preparado mentalmente y físicamente para un escenario en el que muy posiblemente podría ser asesinado, de ahí su rectitud ante estos acontecimientos en los que se jugó la vida.
Por último y volviendo a su relación con el rey, debo añadir que Suárez sí fue, todo hay que decirlo, un lameculos del rey. Su errónea y grave decisión que hace un par de años salió a la luz en la que él confesaba a la periodista Victoria Prego su negatividad a celebrar un referéndum sobre la forma de estado "Monarquía-República" debido a que las encuestas daban como ganador al sistema republicano fue sin duda una de las más nefastas decisiones de Suárez durante su presidencia. El pueblo español estaba en todo su derecho de ser preguntado por esta cuestión, la cual era la más esencial antes de iniciar cualquier proceso de Transición política. Suárez, volviendo a su gratitud eterna al rey Juan Carlos, decidió incluir indirectamente la monarquía en el referéndum para la reforma política de 1976, la cual se ganó, dando Suárez por hecho que el pueblo había dicho sí a la monarquía como forma de estado. Una sucia jugada política que el rey se encargaría de "Agradecerle" años después conspirando contra él y elaborando golpes de estado para derrocarle.
Aquí es donde quiero detenerme. Si Suárez, cuando anuncia su dimisión en enero de 1981 hubiese dicho de forma clara y concisa el porqué de su dimisión y cuáles eran los responsables de ella, el entonces presidente del gobierno se hubiese llevado por delante a muchas personas, entre ellas el propio rey Juan Carlos I. Ya sabemos que Suárez era incapaz de hacer nada contra aquel que lo había puesto a dedo en 1976 en la jefatura del gobierno, pero también es cierto que dada la gravedad de los hechos que se estaban produciendo entre 1980 y 1981, Suárez debió por responsabilidad política y lealtad al país explicar quiénes estaban poniendo en peligro la democracia y porqué él debía retirarse antes de que éstos consiguiesen su objetivo. Hay una escena en el libro de Pilar Urbano en el que Suárez habla claro y sin tapujos durante la celebración de la Junta de Defensa Nacional en Zarzuela el día después del 23-F. En dicha reunión Suárez se encara con diversos miembros de la junta e incluso deja en evidencia al rey frente a estos mandos, culpabilizándole a él, a Alfonso Armada, a los altos mandos del ejército y a los líderes políticos de la situación a la que se había llegado.
Si esta afirmación la hubiese realizado en enero de 1981, posiblemente el sistema constitucional en España hubiese caído, pero Suárez hubiese pasado a la historia como el hombre que supo morir dignamente matando a aquellos que lo habían traicionado y estaban jugando con la estabilidad política y social del país. En vez de eso sólo se dignó a decir "Me voy porque no quiero que el sistema de convivencia sea una vez más un paréntesis en la historia de España", con lo cual nos da una idea de que Suárez fue en todo momento conocedor de la denominada "Operación Armada" en la que tanto el rey, como Felipe González (El cual hubiese sido supuestamente vicepresidente del gobierno de Alfonso Armada), como destacados miembros de la UCD, del PSOE y de Alianza Popular, y por supuesto el propio Armada, así como otros miembros relevantes de las fuerzas armadas y del CESID estaban involucrados. Pero a pesar de eso, Suárez no dijo nada y se calló, y siguió sin decir nada tras el 23-F, pudiendo haber hablado estando ya fuera del gobierno, sin embargo decidió callar para siempre y proteger hasta la muerte a aquel a quien él consideraba no ya su jefe del estado, sino "Su amigo"; el rey Juan Carlos I.
Con esto termino una entrada que tras haber leído el libro creo que debía hacer. Considero que a pesar de sus muchos errores y defectos, Suárez fue un tipo que se jugó el cuello ante una situación excepcional en la historia de España. Fue un tipo que, insisto, creo o así lo quiero creer que intentó hacerlo lo mejor que pudo en aquellas dificilísimas circunstancias, aunque con el paso de estas cuatro décadas se ha visto que muchas de sus decisiones estaban equivocadas. No fue un santo como muchos quieren hacernos creer ahora, pero tampoco es aquel tipo que muchos, yo incluido, hemos venido criticando y culpabilizando de todos los males actuales de España. No, Suárez quizás pensó que incorporando a todo el mundo en el proyecto de la Transición se podría conseguir por fin una España unida dentro de un sistema político en el cual todos los españoles se viesen representados, como así hizo cuando negoció e incorporó a todos los partidos políticos, los sindicatos y la patronal en los históricos y conocidos "Pactos de la Moncloa".
Pero no cayó en la idea de que España ha sido, es y será hasta que por desgracia desaparezca una nación tendente a la división y al enfrentamiento. Como dijo Federico Jiménez Losantos, quizás el único que se creyó verdaderamente que España se estaba encaminando hacia un sistema democrático puro y duro fue el propio Suárez, y que los españoles íbamos a ser por primera vez los dueños de nuestro propio destino. Se equivocó. Fue iluso al pensar que así ocurriría. Puso en marcha los cimientos de una nueva España pero se equivocó cuando creyó que tras su marcha, sus sucesores iban a convertir a nuestra nación en una de las democracias occidentales más ejemplares de nuestro entorno. Él por lo menos, a diferencia de sus sucesores, tuvo, si se puede utilizar ese término, la ingenuidad de creerse el proyecto que puso en marcha, y lo hizo pensando que éste tendría futuro, y que tendría futuro gracias al consenso que él tanto defendía y que siempre afirmó que fue posible durante la Transición.
Por mi parte creo que era justo tras releer “La gran desmemoria” que debía escribir esta nueva entrada sobre Suárez, en la cual a diferencia de la que escribí en julio del año pasado, hago un pequeño homenaje, creo que merecido, al que fue el primer presidente del gobierno de la democracia, un tipo el cual aunque sigo considerando que no fue un santo, sí ha mejorado y mucho mi opinión con respecto a él tras releer de nuevo esta obra y comprender mejor los desafíos a los que tuvo que hacer frente durante su etapa en la Moncloa, que no fueron pocos. Aunque no admire su legado, sí lo admiro como persona y lo respeto ahora como político, ya que afrontó con determinación y valentía su tarea y creyó firmemente en ella.
domingo, 17 de febrero de 2019
España; El éxito y fracaso de una nación
Ahora que sabemos que España se enfrenta dentro de dos meses a la más importante convocatoria electoral de su historia contemporánea me he parado a pensar en el futuro de nuestra nación y en cómo ésta se encaminada sin otra alternativa que a su disolución. Muchas veces he hablado sobre este tema en las muchas entradas que en los últimos años he escrito con motivo del golpe de estado en Cataluña, pero nunca he profundizado en los porqué de esa futura disolución de una nación que tiene ya más de 500 años de antigüedad y que todavía no ha sabido convivir en paz durante estos siglos.
Esta guerra fue la que más unió socialmente al pueblo español, el cual al ver humillada su soberanía por la invasión de los franceses luchó de forma directa contra los soldados de Napoleón. Por ironías de la vida cabe decir que esta vez, que fue la única en la que el pueblo español luchó como uno sólo para luchar por su país, los españoles lucharon contra el enemigo equivocado. Si hubiésemos aceptado sin más la presencia de José Bonaparte (Más conocido como "Pepe Botella" por su afición al vino) como nuevo rey de España, nuestra nación hubiese seguido la doctrina de la Ilustración, iniciada en Francia veinte años atrás con la Revolución Francesa y la presencia de los Borbones con el Despotismo Ilustrado de Carlos IV hubiese quedado en un mal recuerdo, mientras que la vuelta al Absolutismo y a la inquisición por parte de Fernando VII no se hubiese producido jamás. Pero como ya he dicho, España no supo diferenciar entre quienes querían mejorar nuestra gran nación y adaptarla al siglo XIX y quienes jugaban y utilizaban nuestro territorio como si de una propiedad privada se tratase.
Si a esto le sumamos el estallido de las guerras Carlistas tras la muerte de Fernando VII en 1833, la sociedad española vuelve a verse dividida entre quienes apoyaban al infante Don Carlos (Hermano de Fernando VII e hijo de Carlos IV) y quienes apoyaban a la reina Isabel II (Hija del recién fallecido rey). Dichas guerras se reanudarían incluso durante el reinado de Amadeo de Saboya, la I República y el reinado del hijo de Isabel II, Alfonso XII.
Con Alfonso XII llega la Restauración y con ello el denominado sistema caciquista de Cánovas que imperaría en las zonas rurales de España hasta la proclamación de la II República en 1931. También la Iglesia juega tanto en la Restauración como en épocas anteriores un papel relevante en la vida política y social española, con lo cual podemos concluir que el siglo XIX y en especial el papel jugado por cada institución suponen el origen para ir equiparando a aquello que hoy en día se suele ubicar de forma vulgar o bien en la derecha o bien en la izquierda. A la pobreza y las duras condiciones de vida durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX se les unirá lo que en mi opinión supone el origen del declive del Imperio Español y de nuestra posición privilegiada en el mundo: Las pérdidas de las provincias españolas en América (Cuba, Filipinas, Puerto Rico, etc) tras la guerra contra Estados Unidos. La pérdida de estos territorios van unidos en mi opinión y creo que también en la de mucha gente a la decadencia de una clase política, la cual siguiendo su tradición de ir por libre contra los intereses generales de España, y que se ve representada perfectamente en el Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta, en la que se acuerda entre ambos el turnismo bipartidista, el cual durará desde la muerte de Alfonso XII en 1885 hasta la proclamación de Alfonso XIII como rey en 1902.
Tras ello comienza el que para mí ha sido el reinado más nefasto de la historia de España y por el cual todavía estamos pagando muy caro su mediocridad, el reinado de Alfonso XIII. No me voy a explayar más porque creo que todos (Aunque no tantas personas como debiera) conocemos lo ocurrido en España durante esta primera parte del siglo XX. Con la llegada de la II República surge definitivamente esa España que hasta entonces no había tocado el poder. Esa España que esperaba pacientemente después de décadas y de décadas de rencor y de resentimiento hacia aquellos que éstos consideraban la representación perfecta de "La derecha": La Iglesia, el Ejército y las clases altas. Nuestro país se convierte de facto en un sistema socialista, en el cual aquellas personas que no comulgasen con lo establecido por la izquierda eran perseguidos, encarcelados y fusilados. Comienza con esto uno de los periodos más oscuros de la historia de España, el cual irá acompañado de declaraciones de independencia en Cataluña, golpes de estado por parte de la izquierda, persecución de sacerdotes, violación de monjas, amenazas a la oposición, etc. Todo un sistema opresor que algunos con el paso de los años se han encargado de catalogar como la "Época dorada española". Una época en la que se crearon derechos y libertades, la gente iba feliz por las calles y todo era paz y armonía. Toda una manipulación de la historia por parte de aquellos que hoy en día están trabajando arduamente por proseguir la obra que sus abuelos dejaron inacabada en 1936 como consecuencia del golpe de estado militar protagonizado por Franco, Sanjurjo, Mola, Queipo, Yagüe, etc. Comienza la guerra civil y con ello el nacimiento de algo que desde el siglo XV existía pero que ahora se tornaba más radical que nunca: El auge de las dos Españas.
Debo decir que es cuanto menos curioso si uno analiza el mapa sobre la Guerra Civil que se encuentra con que de nuevo, Castilla y Aragón vuelven a estar diferenciadas. Mientras que en la antigua Castilla el bando nacional ocupaba gran parte de este territorio, en el antiguo reino de Aragón nos encontramos con la ocupación de dicho territorio por parte de los republicanos. Algo que demuestra que a pesar de los siglos, Castilla y Aragón seguían siendo diferentes aunque todos formemos parte de la misma bandera rojigualda, como diría Emilio Guillén en su glorioso himno de la Legión. Por un lado, aquellos que habían reprimido durante cinco largos años a España, convirtiendo una República de todos en un sistema socialista de opresión y ansiaban un conflicto entre españoles, combatían contra el enemigo en favor de la "Libertad y la igualdad", qué irónica es la vida. Por su parte, aquellos que se levantaron para defender a España de aquellos que intentaban destruirla, fueron acusados de ser los que querían acabar con ella...
Después de tres años de Guerra Civil, llegó el turno de Francisco Franco, quien tras ganar la contienda nacional gobernaría con mano firme los destinos de España durante cuatro décadas. Sobre Franco comprenderán que no hable demasiado, ya que creo que bastante se lleva hablando de él, y no precisamente para bien. Aunque me importa un carajo lo que puedan pensar de mí tras decir esto creo que Franco ha sido uno de los personajes más importantes de la historia de España, y a su vez uno de los peores personajes que le ha podido suceder al nacionalismo español. De no haber existido Franco, posiblemente la dictadura no se hubiese producido, o quizás ésta hubiese estado dirigida por Mola o Sanjurjo, como se tenía previsto en un principio, y de no haber existido la dictadura no existiría tampoco esa España que algunos denominan de "Blanco y negro". Esa España conservadora y tradicional que algunos tildan como lo peor de la historia de nuestra nación. Una España cristiana sobre la que ahora los enemigos de nuestro país intentan echar la culpa de todos los males, y marcar a todos aquellos que anhelamos una España cristiana y conservadora, basada en nuestras tradiciones, en nuestro patriotismo y en nuestra cultura y señas de identidad. De no haber existido Franco, la España conservadora no sería hoy en día catalogada por algunos como aquello a lo que hay que exterminar y radicar de nuestro modelo de convivencia social.
Tras la muerte de Franco llegamos al sistema actual, en donde España lleva ya cuarenta y un años imperando un sistema que sólo ha traído más división y conflicto entre sus regiones. ¿Acaso la creación de lo que algunos llaman "Comunidades Autónomas" es algo que unifica nuestro modelo de convivencia?, ¿Acaso la denominación en la constitución de las llamadas "Comunidades Históricas" suponen un refortalecimiento de la unidad territorial de nuestro país?, ¿Cómo se puede utilizar este término a regiones que en ningún momento fueron nacionalidades históricas? Cataluña fue un principado del reino de Aragón, mientras que el País Vasco formaba parte de Castilla, al igual que Galicia. ¿En qué momento se puede decir que estas tierras fueron nacionalidades?. Este es otro de los muchos engaños que el sistema constitucional de 1978 nos ha traído. Un sistema constitucional en el que como todos sabemos, se ha querido otorgar un estatus político a determinadas regiones en detrimento de otras con el solo objetivo de complacer a los partidos nacionalistas, los cuales han tenido un peso relevante en estos cuarenta años de sistema parlamentario.
La idea de las nacionalidades históricas partió, como supongo que todos saben, de Miquel Roca, algo a lo que el resto de partidos asentaron con mucho gusto para poder decir que la Transición española fue cosa de todos, no de algunos, Este fue uno de los principales fallos del sistema político de la transición y del gobierno de Adolfo Suárez; Querer incluir en la creación de un nuevo sistema político nacional a aquellas fuerzas que deseaban y desean acabar con la unidad territorial de nuestro país. ¿Alguien se imagina si Reino Unido desea por fin elaborar una constitución incluir en la elaboración de ésta al partido nacionalista escocés?, ¿Quién en su sano juicio es capaz de entregarle las llaves de la elaboración de la carta magna de un territorio determinado a aquellas personas que desean trocear ese territorio? No, no es sólo uno de los muchos errores que se cometieron en la Transición, sino un error histórico que desde hace siglos vienen cometiendo una y otra vez los representantes políticos a lo largo de la historia de España: Creer que se puede confiar en aquellos que desde 1714 e incluso antes venían catalogando a un simple principado como una nación soberana.
El fallo del sistema político español ha sido el de creer que los nacionalistas, no sólo catalanes sino vascos, gallegos, etc, iban de farol cuando afirmaban que sus regiones eran nacionalidades históricas, y que su propósito final era el de obtener tarde o temprano la autodeterminación de dichas regiones con respecto al resto de España. Como prueba de la poca seriedad que se ha tomado sobre este asunto recuerdo una anécdota que leí una vez sobre un político actual, el cual afirmaba algo así como que "Lo importante no es el nacionalismo vasco, sino el catalán. Puesto que el País Vasco son de los nuestros (Castilla) y jamás conseguirán la independencia, mientras que los catalanes, al formar parte de los otros (Aragón) sí había que tener más cuidado". Una frase que demuestra la poca seriedad que con respecto a este tema se ha venido tornando a lo largo, no ya de décadas, sino de siglos.
A todo esto tenemos que sumarle el fallo educativo que desde hace años venimos sufriendo. No se puede consentir que en este país no se inculquen desde la escuela los valores nacionales y las señas de identidad de nuestra nación. Hoy sin ir más lejos se ha conocido la noticia de que Francia obligará en las escuelas la presencia de la bandera francesa, así como el canto de la Marselleise. Valores nacionales que en nuestra historia reciente sólo ha sido posible durante el gobierno de Franco. Con ello volvemos a la cuestión del "Mal" que ha hecho la presencia de Franco en la historia de España. Si en lugar de haberse producido estos valores con un gobierno perteneciente a un régimen militar se hubiesen producido con un gobierno democrático, independientemente de su ideología política, la cuestión del enaltecimiento de nuestras señas de identidad hubiesen tenido un efecto completamente distinto en nuestra sociedad. Sin embargo, el hecho de que estos acontecimientos se hayan producido sólo durante el gobierno franquista ha cosechado la idea de que aquél que intente implantar estos métodos en las escuelas es un "Facha", un "Ultraderechista", el cual intenta adoctrinar a los más pequeños con unas ideas extremistas y rancias.
Este hecho nos ha llevado que en la actualidad, cualquier persona que porte la bandera de España o afirme orgulloso su alegría por ser español sea tildada por los calificativos que antes he mencionado y otros más obscenos, o incluso se les llegue a agredir físicamente. No existe pues un sentimiento de orgullo por ser español, no existe un sentimiento ni siquiera ligero por pertenecer a una comunidad política y social como la nuestra, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con los equipos de fútbol, donde los aficionados gritan a viva voz el himno de sus clubs y portan orgullosos las banderas de éstos. Esto provoca que en situaciones como las actuales, en donde está en peligro la integridad de la unidad territorial, la población española no salga a las calles de forma masiva para protestar contra el intento de los independentistas por obtener de forma legal o ilegal la independencia de Cataluña.
Como dato curioso cabe añadir el hecho ocurrido esta semana, en la que tras saberse que el gobierno de Pedro Sánchez estaba dispuesto a pactar con los independentistas y nombrar la figura de un relator con el objetivo de que los golpistas le aprobasen los presupuestos generales del estado, tanto el PP, como VOX, como C's convocaron una manifestación para exigir el cese inmediato del diálogo entre el gobierno del PSOE y los independentistas, así como la convocatoria urgente de elecciones generales. La cifra de convocantes se creía que iba a ser apoteósica, creyendo algunos (Yo incluido) que iba a ser la mayor desde 1977. ¿El resultado? Una cifra que oscilaba entre 45.000 y 200.000 personas. Una cifra aceptable de personas pero insuficiente para la gravedad de la situación en la que está inmersa España en estos graves momentos. ¿Cómo es posible que ante un escenario en el que el presidente del gobierno comete un delito de alta traición contra el estado la sociedad española no salga en masa para exigir la dimisión inmediata del jefe del ejecutivo?.
La falta de patriotismo debido a las circunstancias que antes he mencionado, así como la vergüenza que ocasiona entre la población el hecho de sentirse español debido a la manipulación sistemática que se hace sobre nuestra historia es el factor determinante que explica este fenómeno entre la sociedad española. No es de recibo que en las escuelas se les enseñe a nuestros pequeños una versión de nuestra historia de forma falsificada y no impartan éstos ninguna asignatura que enseñe y propague los valores nacionales y nuestras señas de identidad, pero por el contrario sí se enseñe a nuestros pequeños desde primaria e incluso desde la guardería asignaturas tan vomitivas y repugnantes como la ideología de género. Por desgracia ya es tarde para que desde el sistema educativo se intente reparar este gravísimo error. Un error en el que los gobiernos autonómicos no han caído, ya que éstos, en especial los gobiernos autonómicos nacionalistas, han llevado a cabo un adoctrinamiento feroz a los niños de estas comunidades autónomas, fomentando el odio hacia España y falsificando y ensalsando la historia de sus regiones y sus señas de identidad, así como su cultura. Por este motivo tenemos actualmente a una generación de jóvenes (La mía es una de ellas) que oscilan entre los 30 y los 20 años que si no desprecian la historia, la cultura y las señas de identidad españolas, les resultan indiferentes, y si no les resultan indiferentes les resultan odiosas. Por este motivo las actuales y las futuras generaciones jamás sentirán simpatía por estas cuestiones, y en el caso de las comunidades autónomas dominadas por el nacionalismo, sus jóvenes llevarán hasta el rencor e incluso la venganza en forma de violencia estos aspectos.
En lo que respecta a Andalucía sucede una cosa muy curiosa. Los andaluces, en especial los pertenecientes a la clase obrera y jornalera, desprecian la bandera de España, catalogándola éstos como "Algo perteneciente al franquismo". Desprecian igualmente el nacionalismo español, pero a la misma vez abrazan encantados la bandera de Andalucía y el nacionalismo andaluz. Enaltecen y exhortan la bandera blanca y verde como si de la bandera roja se tratase, y cantan puño en alto el himno de Andalucía cuan La Internacional se tratase. Al mismo tiempo que critican a los nacionalistas españoles tildándolos de "Pijos" y "Fachas", luchan abiertamente por la independencia de Andalucía, llegando incluso a cantar el himno original de Blas Infante bajo el lema "Los pueblos y la humanidad", y no el editado en la época de la Transición, "España y la humanidad". Dejando a un lado a los obreros y jornaleros, también el resto de Andalucía muestra con orgullo la bandera andaluza, sintiéndose éstos orgullosos de pertenecer a esta región. Todo lo contrario de lo que sucede cuando se habla de España, en donde nadie o casi nadie saca públicamente con tanta rapidez la bandera de nuestra nación, ni tararea la Marcha Real que, según la leyenda, fue una composición que regaló el rey de Prusia, Federico II el Grande, a Carlos III en 1770.
Por último cabe hablar del mayor enemigo que tiene España, el cual está en el interior de nuestro país y que es la propia izquierda. Nunca en la historia de un país se ha visto una izquierda con mayor odio, venganza y resentimiento hacia todo aquello que representa los ejes sobre los que sustenta nuestra nación. Una nación que por resentimiento ni siquiera intentan nombrarla por su nombre cada vez que tienen la ocasión. Personalmente no me imagino al Partido Laborista británico ir en contra de los intereses generales de Gran Bretaña, ni al Partido Socialdemócrata Alemán atentar contra los intereses de Alemania, ni al Partido Socialista contrariar los intereses de Francia. Por contra, en España la izquierda y en especial el partido que en 1879 fundase Pablo Iglesias (El original) sí ha atentado incesantemente contra los intereses generales de España.
¿Acaso no fue el PSOE el que más activamente luchaba por llevar a España a la guerra civil?, ¿Acaso no fue el PSOE quien organizó durante la II República un golpe de estado tras la victoria de la derecha en 1933?, ¿Acaso no fue el PSOE, y la izquierda en general, quienes saquearon el Banco de España llevándose el 75% de las toneladas de oro del banco a Moscú?, ¿Acaso no fue el PSOE quien sacó beneficio electoral de un atentado terrorista que dejó cerca de 200 muertos?, ¿Acaso no fue el PSOE quien ha dejado el país en bancarrota cada vez que ha gobernado?. Todo eso y mucho más es "Mérito" del PSOE, un partido que muy astutamente ha sabido dar la vuelta a las circunstancias y presentarse ante la opinión pública española como un partido garante de derechos y libertades, víctima de la Guerra Civil y del Franquismo y defensor de la clase trabajadora. Con toda seguridad, en otro país de nuestro entorno un partido como el PSOE estaría ya más que ilegalizado por atentar gravemente contra los intereses generales del país.
No sólo el PSOE, el cual se ha rodeado siempre con los enemigos de España, es el único partido de la izquierda en ir contra la nación que les da de comer. La izquierda en general, actualmente con Podemos, ERC, BNG, etc, es otro de los factores determinantes en la descomposición de nuestro país. Por principios ideológicos, la izquierda no es nacionalista, pero la izquierda española sí es nacionalista, pero nacionalista catalana, vasca, gallega, andaluza. Todo aquel nacionalismo que sea antiespañol es bienvenido por parte de la izquierda española. Buena prueba de ello es cómo la izquierda española co-gobierna en varias comunidades autónomas con partidos nacionalistas que buscan la autodeterminación de sus regiones. El ejemplo más claro es el apoyo de Podemos al proceso soberanista catalán, así como el perfil nacionalista de éstos junto con el PSPV en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares. Y es que no hay que engañarse, la izquierda española busca con el apoyo directo o indirecto al proceso independentista catalán reconstruir el antiguo reino de Aragón. Buena prueba de ello es su apoyo a la creación de los "Paisos Catalans", el cual lleva emparejado no sólo la anexión de la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares y parte de la región de Murcia a una supuesta República Catalana, sino incluso la anexión de la comunidad autónoma de Aragón.
La izquierda busca en primer lugar la recomposición del reino de Aragón, con la modificación de establecer la capital de este nuevo estado en Barcelona y no en Zaragoza. Por otro lado, la izquierda busca también descomponer lo que quedaría del resto de España, que no sería otra cosa que los antiguos reinos de Castilla, Granada y Navarra. Con la independencia de Galicia con el apoyo de la izquierda, la independencia de Andalucía y la anexión de Navarra al País Vasco para posteriormente alcanzar la independencia, la izquierda habrá conseguido finalmente su ansiado objetivo de destruir una nación con más de 500 años de antigüedad. Este y no otro es el objetivo de la izquierda desde que ésta hiciese su aparición en España a finales del siglo XIX, y muy especialmente desde los atentados del 11-M en 2004, fecha en la que comienza la fase final de descomposición de nuestro sistema de convivencia, así como la unidad territorial de España.
Para finalizar, el último factor decisivo en todo este proceso es la similitud que desde la población se hace entre clase política y nación, así como la corrupción generalizada en todas las instituciones. Deteniéndome en lo primero es cuanto menos curioso cómo en España se asemeja la clase política y los partidos políticos que componen el sistema partitocrático actual con el concepto de la nación española en sí. Para los españoles, el sistema político es lo mismo que el territorio nacional en el que convivimos todos, teniendo como claro ejemplo una frase que la mayoría de españoles pronuncian cuando se hace referencia a un asunto político: "Vaya mierda de país", "Qué asco de país". Este hecho supone que para los ciudadanos España es sinónimo de clase política, y que como tal, la bajeza moral de los sujetos que componen la función pública es equivalente a la situación del país y a su moralidad, principios y valores. Parte de esta culpa la tiene la propia clase política, en especial la derecha española, la cual asemeja la imagen del rey y de la monarquía como uno de los símbolos que representan a nuestra nación tanto de forma interna como externa. En circunstancias como las actuales en las que la monarquía ha estado en el punto de mira por los casos de corrupción de sus miembros, la imagen de la corrupción de la corona, que insisto, es observada como un símbolo de la nación, arrastra consigo la imagen de España tanto en nuestro territorio nacional como en el resto del mundo.
Por otro lado, la generalización de la corrupción en la vida política nacional, regional y local supone uno de los mayores golpes que nuestra nación puede recibir. El hecho de que cualquier gobierno de cualquier área esté involucrado en un caso de corrupción supone confirmar la tesis de que España es un país corrupto y vulnerable a enriquecerse ilícitamente. Si a eso le sumamos la negativa de los políticos a asumir sus responsabilidades y dimitir, le añadimos también el hecho de que en España uno no va a correr riesgo alguno si se descubre que ha actuado de forma inmoral. Pero quizás lo peor de todo sea la reacción de los ciudadanos. Buena prueba de ello es cómo en estos años pasados en los que la crisis peor azotaba a la sociedad española, se publicaba cada día en los medios un nuevo caso de corrupción ante la indignación generalizada de la ciudadanía. Pero no una indignación por el hecho de hacer un uso fraudulento del dinero público, sino por el hecho de "Robar mientras otro pasan hambre".
Para sorpresa de todos, la indignación no se produce por el hecho de que los políticos hayan obrado mal moralmente, sino por la cuestión de llevarse el dinero mientras otros estaban sin nada que llevarse a la boca. Curiosamente la indignación se basa más en términos de envidia que de indignación ciudadana por el hecho de saber que hay dirigentes públicos que estafan a sus ciudadanos durante el ejercicio de sus responsabilidades. Es decir, el ciudadano de a pie también robaría si tuviese la ocasión de hacerlo, pero como no puede hacerlo sólo se queja de que otros lo hagan mientras él no puede hacerlo, lo cual demuestra que la falta de moralidad es algo que afecta no sólo a la clase política española, sino a todo el conjunto de la sociedad española, que vive a falta de unos principios morales que sí poseen otras naciones.
Si uno le pregunta a un ciudadano cualquiera sobre si tuviese la oportunidad de "Robar" en caso de alcanzar un puesto de responsabilidad política, la mayoría dice que sí. En aquellos casos en los que los casos de corrupción son del partido que vota un sujeto, éste no le da importancia alguna o trata de excusar ese caso de corrupción mientras denigra los casos de corrupción que afectan al partido de la ideología contraria a la del sujeto. Lo que demuestra igualmente el grado de hipocresía y amoralidad que impera en nuestra sociedad. Es la ciudadanía misma la que está enferma de corrupción e intentaría por todos los medios delinquir al igual que el político que sale en la prensa o en la televisión condenado por ser pillado realizando una acción indebida e impropia de un cargo público. Sólo hay que detenerse a observar cómo los ciudadanos intentan estafar a su propio seguro, o pagar menos de luz y/o de agua, o evadir impuestos, etc. El problema esencial no es la clase política en sí, que también, sino la mentalidad corrupta de una ciudadanía de la cual proviene esa futura clase dirigente.
Con esto he querido exponer mis razones de porqué creo que España como nación tiene, por desgracia, los días contados. Una nación con una falta de moralidad entre sus ciudadanos, con una falta de patriotismo y de valores, así como una falta por la defensa de lo que nos pertenece, unido a una parte considerable de la clase política que desprecia, humilla, reniega y odia nuestras señas de identidad. Aunque ya la expuse hace un tiempo vuelvo a poner como ejemplo una frase maravillosa que aparece en el final de la gran película que Anthony Mann dirigió en 1964 titulada "La Caída del Imperio Romano". La frase dice textualmente: "Que sólo se puede destruir a una gran nación cuando ella misma se ha destruido interiormente". España es una gran nación ingrata que tiene la desgracia de tener una ciudadanía que no puede, no sabe o no quiere reconciliarse con su país, con su historia, con sus símbolos, con sus señas de identidad y con su cultura, y que tiene por otro lado a una clase política que desea fervientemente acabar con ella. Con estos dos elementos tenemos la composición perfecta para desde dentro acabar con todo aquello que es nuestro y que jamás hemos valorado ni amado.
Para empezar me voy a remontar a una pregunta que alguien soltó en un foro de Internet hace unos años y que me llamó la atención. La pregunta en cuestión era ¿Y si Fernando II de Aragón no se hubiese casado con Isabel la Católica? La pregunta es muy curiosa, ya que nos adentramos en el origen de nuestra creación como nación en 1469 con la fusión de los reinos de Castilla y Aragón a través de la boda entre los que posteriormente serían catalogados por el papa valenciano Alejandro VI, (El conocido papa de "Los Borgia") como los Reyes Católicos. Posiblemente de no haberse producido este enlace matrimonial, Castilla hubiese continuado su camino por sí sola e incluso hubiese podido fusionarse con Portugal si Isabel hubiese accedido a casarse con el futuro rey portugués Juan II, mientras que Aragón quizás hubiese acabado en la irrelevancia ante una Castilla y una Portugal unidas en un sólo país. Esto ya es hablar de puras suposiciones, ya que nadie sabe lo que habría ocurrido a partir de entonces, aunque vista la situación actual de nuestro país me pregunto qué pensarían tanto Isabel como Fernando si viesen las circunstancias que estamos viviendo. Quizás pensarían cada uno por su lado que la fusión de los reinos de Castilla y Aragón fue un error. Debemos tener en cuenta que después de 500 años, la convivencia entre españoles sigue sin alcanzarse plenamente, aunque esto no se deba a las diferencias entre castellanos y aragoneses, sino a factores posteriores ocurridos en la historia de España que han alcanzado a nuestros días.
Cuando uno ve a Reino Unido piensa ¿Cómo es posible que cuatro reinos diferentes sigan unidos a pesar de todo lo ocurrido entre ellos a lo largo de la historia? No hay que olvidar que la historia de Reino Unido es de lo más grandioso que uno puede leer en los libros de historia: Guerras civiles, independencias entre reinos y uniones posteriores... todo un cúmulo de acontecimientos que nos llevan hoy en día a ver a los reinos que encabeza Isabel II como unos reinos que a pesar de todas sus adversidades actuales sigue unido, aunque visto lo que tienen encima con el Brexit no sé si esa unión se romperá más pronto que tarde, pero eso ya es otra historia.
Cuando uno ve a Reino Unido y a otras naciones de nuestro entorno se pregunta: ¿Cómo es posible que los ciudadanos de estos países sigan unidos y aferrados a unas señas de identidad comunes? Por la sencilla razón de que estas naciones se enorgullecen de su historia y de sus símbolos nacionales, algo que en España no ha ocurrido jamás. Si uno le pregunta sobre nuestra historia al mayor enemigo interno que tiene España, es decir, un progre, éste te responderá que los españoles somos unos genocidas, ya que Cristóbal Colón llegó a América para asesinar a los indígenas y anexionar este territorio a los reinos de Castilla y Aragón, que en aquel entonces ya era España tras la boda de los Reyes Católicos. De nada le servirá que le digas al progre que los españoles llegamos a América y evangelizamos esa tierra que hoy en día nos desprecia pero que nos debe todo, ni que le digas que gracias al descubrimiento de América por parte de Colón, ésta iniciase un proceso de modernización durante todo el periodo en el que las provincias americanas formaron parte del Imperio Español. No, el progre nunca te reconocerá los méritos que España ha tenido a lo largo de su historia, por la sencilla razón de que un progresista odia todo aquello que tenga que ver con la historia o señas de identidad de nuestra nación.
Pero no sólo el progre es aquí el sujeto que desprecia nuestra cultura, nuestra lengua o nuestra historia. El resto de ciudadanos españoles no la desprecia pero sí tiene una actitud pasiva hacia ella, así como una actitud de vergüenza a la hora de mostrar de forma pública los emblemas nacionales que son las señas máximas de identidad de nuestra comunidad política y social (La bandera y el himno). Esto se debe a un proceso largo que va mucho más allá del Franquismo y que en mi opinión se remonta al periodo al que he hecho referencia al comenzar esta entrada: La fusión de los reinos de Castilla y Aragón. Desde el primer momento y aunque a partir de entonces todos eramos españoles, los castellanos nos hemos sentido como los verdaderos representantes y protagonistas de esta comunidad, mientras que los aragoneses siempre han sido visto como "Los extranjeros", o cuanto menos como "Españoles de segunda". Aquí comienza uno de los factores de la división social entre españoles y el porqué nunca hemos estado unidos a la hora de respaldar nuestras señas de identidad.
Algo que por el contrario no ocurre con lo que hoy en día conocemos como Andalucía Oriental, y que hace 500 años era el Reino Nazarí de Granada, último escalafón de la presencia musulmana en España, que tras ser conquistada en 1492 por los Reyes Católicos se integró plenamente en España. Por su parte, el Reino de Navarra tras ser conquistado y anexionada por Fernando el Católico en 1513, podemos decir que se encuentra integrado en España, aunque en menor proporción si lo comparamos con el Reino de Granada, tal y como se puede apreciar hoy en día en parte de la sociedad navarra.
Otro de los sucesos trascendentales para entender el porqué de nuestra división social y el resentimiento hacia todo aquello que representa nuestro orgullo patrio lo podemos remontar a las sucesivas guerras civiles que España ha tenido a lo largo de estos siglos, desde la guerra de Sucesión (Origen de lo que los golpistas catalanes denominan "La pérdida de la independencia de la nación catalana"), la cual enfrentó a los Austrias frente a los Borbones, siendo éstos los que finalmente accederían al trono de España con Felipe V a la cabeza. La guerra de Sucesión supone una guerra civil en España en la cual se enfrentan por un lado la corona de Castilla y Navarra frente a la corona de Aragón, apoyando los dos primeros a los Borbones, mientras que los aragoneses apoyaban a los Austrias. Por cierto, cabe recordar que fue con Felipe V en el famoso Tratado de Utrecht (Entrega a Reino Unido de Gibraltar y Menorca, esta última recuperada posteriormente) con el que los Borbones iniciaron su llegada al trono de España. Este es otro de los factores decisivos a la hora de preguntarnos por qué hemos llegado hasta aquí en esta crisis permanente como nación y sociedad; La traición sistemática de los poderes públicos a los intereses generales de la nación española, y en especial la traición a España de una casa real extranjera que no dudó en venderla al mejor postor con tal de comprar el trono español, algo que los Borbones intentarían de nuevo hacer para conservarla en las reuniones que Carlos IV y Fernando VII mantuvieron en Bayona con Napoleón en 1808, días después del estallido de la guerra de la independencia.
Esta guerra fue la que más unió socialmente al pueblo español, el cual al ver humillada su soberanía por la invasión de los franceses luchó de forma directa contra los soldados de Napoleón. Por ironías de la vida cabe decir que esta vez, que fue la única en la que el pueblo español luchó como uno sólo para luchar por su país, los españoles lucharon contra el enemigo equivocado. Si hubiésemos aceptado sin más la presencia de José Bonaparte (Más conocido como "Pepe Botella" por su afición al vino) como nuevo rey de España, nuestra nación hubiese seguido la doctrina de la Ilustración, iniciada en Francia veinte años atrás con la Revolución Francesa y la presencia de los Borbones con el Despotismo Ilustrado de Carlos IV hubiese quedado en un mal recuerdo, mientras que la vuelta al Absolutismo y a la inquisición por parte de Fernando VII no se hubiese producido jamás. Pero como ya he dicho, España no supo diferenciar entre quienes querían mejorar nuestra gran nación y adaptarla al siglo XIX y quienes jugaban y utilizaban nuestro territorio como si de una propiedad privada se tratase.
Si a esto le sumamos el estallido de las guerras Carlistas tras la muerte de Fernando VII en 1833, la sociedad española vuelve a verse dividida entre quienes apoyaban al infante Don Carlos (Hermano de Fernando VII e hijo de Carlos IV) y quienes apoyaban a la reina Isabel II (Hija del recién fallecido rey). Dichas guerras se reanudarían incluso durante el reinado de Amadeo de Saboya, la I República y el reinado del hijo de Isabel II, Alfonso XII.
Con Alfonso XII llega la Restauración y con ello el denominado sistema caciquista de Cánovas que imperaría en las zonas rurales de España hasta la proclamación de la II República en 1931. También la Iglesia juega tanto en la Restauración como en épocas anteriores un papel relevante en la vida política y social española, con lo cual podemos concluir que el siglo XIX y en especial el papel jugado por cada institución suponen el origen para ir equiparando a aquello que hoy en día se suele ubicar de forma vulgar o bien en la derecha o bien en la izquierda. A la pobreza y las duras condiciones de vida durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX se les unirá lo que en mi opinión supone el origen del declive del Imperio Español y de nuestra posición privilegiada en el mundo: Las pérdidas de las provincias españolas en América (Cuba, Filipinas, Puerto Rico, etc) tras la guerra contra Estados Unidos. La pérdida de estos territorios van unidos en mi opinión y creo que también en la de mucha gente a la decadencia de una clase política, la cual siguiendo su tradición de ir por libre contra los intereses generales de España, y que se ve representada perfectamente en el Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta, en la que se acuerda entre ambos el turnismo bipartidista, el cual durará desde la muerte de Alfonso XII en 1885 hasta la proclamación de Alfonso XIII como rey en 1902.
Tras ello comienza el que para mí ha sido el reinado más nefasto de la historia de España y por el cual todavía estamos pagando muy caro su mediocridad, el reinado de Alfonso XIII. No me voy a explayar más porque creo que todos (Aunque no tantas personas como debiera) conocemos lo ocurrido en España durante esta primera parte del siglo XX. Con la llegada de la II República surge definitivamente esa España que hasta entonces no había tocado el poder. Esa España que esperaba pacientemente después de décadas y de décadas de rencor y de resentimiento hacia aquellos que éstos consideraban la representación perfecta de "La derecha": La Iglesia, el Ejército y las clases altas. Nuestro país se convierte de facto en un sistema socialista, en el cual aquellas personas que no comulgasen con lo establecido por la izquierda eran perseguidos, encarcelados y fusilados. Comienza con esto uno de los periodos más oscuros de la historia de España, el cual irá acompañado de declaraciones de independencia en Cataluña, golpes de estado por parte de la izquierda, persecución de sacerdotes, violación de monjas, amenazas a la oposición, etc. Todo un sistema opresor que algunos con el paso de los años se han encargado de catalogar como la "Época dorada española". Una época en la que se crearon derechos y libertades, la gente iba feliz por las calles y todo era paz y armonía. Toda una manipulación de la historia por parte de aquellos que hoy en día están trabajando arduamente por proseguir la obra que sus abuelos dejaron inacabada en 1936 como consecuencia del golpe de estado militar protagonizado por Franco, Sanjurjo, Mola, Queipo, Yagüe, etc. Comienza la guerra civil y con ello el nacimiento de algo que desde el siglo XV existía pero que ahora se tornaba más radical que nunca: El auge de las dos Españas.
Debo decir que es cuanto menos curioso si uno analiza el mapa sobre la Guerra Civil que se encuentra con que de nuevo, Castilla y Aragón vuelven a estar diferenciadas. Mientras que en la antigua Castilla el bando nacional ocupaba gran parte de este territorio, en el antiguo reino de Aragón nos encontramos con la ocupación de dicho territorio por parte de los republicanos. Algo que demuestra que a pesar de los siglos, Castilla y Aragón seguían siendo diferentes aunque todos formemos parte de la misma bandera rojigualda, como diría Emilio Guillén en su glorioso himno de la Legión. Por un lado, aquellos que habían reprimido durante cinco largos años a España, convirtiendo una República de todos en un sistema socialista de opresión y ansiaban un conflicto entre españoles, combatían contra el enemigo en favor de la "Libertad y la igualdad", qué irónica es la vida. Por su parte, aquellos que se levantaron para defender a España de aquellos que intentaban destruirla, fueron acusados de ser los que querían acabar con ella...
Después de tres años de Guerra Civil, llegó el turno de Francisco Franco, quien tras ganar la contienda nacional gobernaría con mano firme los destinos de España durante cuatro décadas. Sobre Franco comprenderán que no hable demasiado, ya que creo que bastante se lleva hablando de él, y no precisamente para bien. Aunque me importa un carajo lo que puedan pensar de mí tras decir esto creo que Franco ha sido uno de los personajes más importantes de la historia de España, y a su vez uno de los peores personajes que le ha podido suceder al nacionalismo español. De no haber existido Franco, posiblemente la dictadura no se hubiese producido, o quizás ésta hubiese estado dirigida por Mola o Sanjurjo, como se tenía previsto en un principio, y de no haber existido la dictadura no existiría tampoco esa España que algunos denominan de "Blanco y negro". Esa España conservadora y tradicional que algunos tildan como lo peor de la historia de nuestra nación. Una España cristiana sobre la que ahora los enemigos de nuestro país intentan echar la culpa de todos los males, y marcar a todos aquellos que anhelamos una España cristiana y conservadora, basada en nuestras tradiciones, en nuestro patriotismo y en nuestra cultura y señas de identidad. De no haber existido Franco, la España conservadora no sería hoy en día catalogada por algunos como aquello a lo que hay que exterminar y radicar de nuestro modelo de convivencia social.
Tras la muerte de Franco llegamos al sistema actual, en donde España lleva ya cuarenta y un años imperando un sistema que sólo ha traído más división y conflicto entre sus regiones. ¿Acaso la creación de lo que algunos llaman "Comunidades Autónomas" es algo que unifica nuestro modelo de convivencia?, ¿Acaso la denominación en la constitución de las llamadas "Comunidades Históricas" suponen un refortalecimiento de la unidad territorial de nuestro país?, ¿Cómo se puede utilizar este término a regiones que en ningún momento fueron nacionalidades históricas? Cataluña fue un principado del reino de Aragón, mientras que el País Vasco formaba parte de Castilla, al igual que Galicia. ¿En qué momento se puede decir que estas tierras fueron nacionalidades?. Este es otro de los muchos engaños que el sistema constitucional de 1978 nos ha traído. Un sistema constitucional en el que como todos sabemos, se ha querido otorgar un estatus político a determinadas regiones en detrimento de otras con el solo objetivo de complacer a los partidos nacionalistas, los cuales han tenido un peso relevante en estos cuarenta años de sistema parlamentario.
La idea de las nacionalidades históricas partió, como supongo que todos saben, de Miquel Roca, algo a lo que el resto de partidos asentaron con mucho gusto para poder decir que la Transición española fue cosa de todos, no de algunos, Este fue uno de los principales fallos del sistema político de la transición y del gobierno de Adolfo Suárez; Querer incluir en la creación de un nuevo sistema político nacional a aquellas fuerzas que deseaban y desean acabar con la unidad territorial de nuestro país. ¿Alguien se imagina si Reino Unido desea por fin elaborar una constitución incluir en la elaboración de ésta al partido nacionalista escocés?, ¿Quién en su sano juicio es capaz de entregarle las llaves de la elaboración de la carta magna de un territorio determinado a aquellas personas que desean trocear ese territorio? No, no es sólo uno de los muchos errores que se cometieron en la Transición, sino un error histórico que desde hace siglos vienen cometiendo una y otra vez los representantes políticos a lo largo de la historia de España: Creer que se puede confiar en aquellos que desde 1714 e incluso antes venían catalogando a un simple principado como una nación soberana.
El fallo del sistema político español ha sido el de creer que los nacionalistas, no sólo catalanes sino vascos, gallegos, etc, iban de farol cuando afirmaban que sus regiones eran nacionalidades históricas, y que su propósito final era el de obtener tarde o temprano la autodeterminación de dichas regiones con respecto al resto de España. Como prueba de la poca seriedad que se ha tomado sobre este asunto recuerdo una anécdota que leí una vez sobre un político actual, el cual afirmaba algo así como que "Lo importante no es el nacionalismo vasco, sino el catalán. Puesto que el País Vasco son de los nuestros (Castilla) y jamás conseguirán la independencia, mientras que los catalanes, al formar parte de los otros (Aragón) sí había que tener más cuidado". Una frase que demuestra la poca seriedad que con respecto a este tema se ha venido tornando a lo largo, no ya de décadas, sino de siglos.
A todo esto tenemos que sumarle el fallo educativo que desde hace años venimos sufriendo. No se puede consentir que en este país no se inculquen desde la escuela los valores nacionales y las señas de identidad de nuestra nación. Hoy sin ir más lejos se ha conocido la noticia de que Francia obligará en las escuelas la presencia de la bandera francesa, así como el canto de la Marselleise. Valores nacionales que en nuestra historia reciente sólo ha sido posible durante el gobierno de Franco. Con ello volvemos a la cuestión del "Mal" que ha hecho la presencia de Franco en la historia de España. Si en lugar de haberse producido estos valores con un gobierno perteneciente a un régimen militar se hubiesen producido con un gobierno democrático, independientemente de su ideología política, la cuestión del enaltecimiento de nuestras señas de identidad hubiesen tenido un efecto completamente distinto en nuestra sociedad. Sin embargo, el hecho de que estos acontecimientos se hayan producido sólo durante el gobierno franquista ha cosechado la idea de que aquél que intente implantar estos métodos en las escuelas es un "Facha", un "Ultraderechista", el cual intenta adoctrinar a los más pequeños con unas ideas extremistas y rancias.
Este hecho nos ha llevado que en la actualidad, cualquier persona que porte la bandera de España o afirme orgulloso su alegría por ser español sea tildada por los calificativos que antes he mencionado y otros más obscenos, o incluso se les llegue a agredir físicamente. No existe pues un sentimiento de orgullo por ser español, no existe un sentimiento ni siquiera ligero por pertenecer a una comunidad política y social como la nuestra, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con los equipos de fútbol, donde los aficionados gritan a viva voz el himno de sus clubs y portan orgullosos las banderas de éstos. Esto provoca que en situaciones como las actuales, en donde está en peligro la integridad de la unidad territorial, la población española no salga a las calles de forma masiva para protestar contra el intento de los independentistas por obtener de forma legal o ilegal la independencia de Cataluña.
Como dato curioso cabe añadir el hecho ocurrido esta semana, en la que tras saberse que el gobierno de Pedro Sánchez estaba dispuesto a pactar con los independentistas y nombrar la figura de un relator con el objetivo de que los golpistas le aprobasen los presupuestos generales del estado, tanto el PP, como VOX, como C's convocaron una manifestación para exigir el cese inmediato del diálogo entre el gobierno del PSOE y los independentistas, así como la convocatoria urgente de elecciones generales. La cifra de convocantes se creía que iba a ser apoteósica, creyendo algunos (Yo incluido) que iba a ser la mayor desde 1977. ¿El resultado? Una cifra que oscilaba entre 45.000 y 200.000 personas. Una cifra aceptable de personas pero insuficiente para la gravedad de la situación en la que está inmersa España en estos graves momentos. ¿Cómo es posible que ante un escenario en el que el presidente del gobierno comete un delito de alta traición contra el estado la sociedad española no salga en masa para exigir la dimisión inmediata del jefe del ejecutivo?.
La falta de patriotismo debido a las circunstancias que antes he mencionado, así como la vergüenza que ocasiona entre la población el hecho de sentirse español debido a la manipulación sistemática que se hace sobre nuestra historia es el factor determinante que explica este fenómeno entre la sociedad española. No es de recibo que en las escuelas se les enseñe a nuestros pequeños una versión de nuestra historia de forma falsificada y no impartan éstos ninguna asignatura que enseñe y propague los valores nacionales y nuestras señas de identidad, pero por el contrario sí se enseñe a nuestros pequeños desde primaria e incluso desde la guardería asignaturas tan vomitivas y repugnantes como la ideología de género. Por desgracia ya es tarde para que desde el sistema educativo se intente reparar este gravísimo error. Un error en el que los gobiernos autonómicos no han caído, ya que éstos, en especial los gobiernos autonómicos nacionalistas, han llevado a cabo un adoctrinamiento feroz a los niños de estas comunidades autónomas, fomentando el odio hacia España y falsificando y ensalsando la historia de sus regiones y sus señas de identidad, así como su cultura. Por este motivo tenemos actualmente a una generación de jóvenes (La mía es una de ellas) que oscilan entre los 30 y los 20 años que si no desprecian la historia, la cultura y las señas de identidad españolas, les resultan indiferentes, y si no les resultan indiferentes les resultan odiosas. Por este motivo las actuales y las futuras generaciones jamás sentirán simpatía por estas cuestiones, y en el caso de las comunidades autónomas dominadas por el nacionalismo, sus jóvenes llevarán hasta el rencor e incluso la venganza en forma de violencia estos aspectos.
En lo que respecta a Andalucía sucede una cosa muy curiosa. Los andaluces, en especial los pertenecientes a la clase obrera y jornalera, desprecian la bandera de España, catalogándola éstos como "Algo perteneciente al franquismo". Desprecian igualmente el nacionalismo español, pero a la misma vez abrazan encantados la bandera de Andalucía y el nacionalismo andaluz. Enaltecen y exhortan la bandera blanca y verde como si de la bandera roja se tratase, y cantan puño en alto el himno de Andalucía cuan La Internacional se tratase. Al mismo tiempo que critican a los nacionalistas españoles tildándolos de "Pijos" y "Fachas", luchan abiertamente por la independencia de Andalucía, llegando incluso a cantar el himno original de Blas Infante bajo el lema "Los pueblos y la humanidad", y no el editado en la época de la Transición, "España y la humanidad". Dejando a un lado a los obreros y jornaleros, también el resto de Andalucía muestra con orgullo la bandera andaluza, sintiéndose éstos orgullosos de pertenecer a esta región. Todo lo contrario de lo que sucede cuando se habla de España, en donde nadie o casi nadie saca públicamente con tanta rapidez la bandera de nuestra nación, ni tararea la Marcha Real que, según la leyenda, fue una composición que regaló el rey de Prusia, Federico II el Grande, a Carlos III en 1770.
Por último cabe hablar del mayor enemigo que tiene España, el cual está en el interior de nuestro país y que es la propia izquierda. Nunca en la historia de un país se ha visto una izquierda con mayor odio, venganza y resentimiento hacia todo aquello que representa los ejes sobre los que sustenta nuestra nación. Una nación que por resentimiento ni siquiera intentan nombrarla por su nombre cada vez que tienen la ocasión. Personalmente no me imagino al Partido Laborista británico ir en contra de los intereses generales de Gran Bretaña, ni al Partido Socialdemócrata Alemán atentar contra los intereses de Alemania, ni al Partido Socialista contrariar los intereses de Francia. Por contra, en España la izquierda y en especial el partido que en 1879 fundase Pablo Iglesias (El original) sí ha atentado incesantemente contra los intereses generales de España.
¿Acaso no fue el PSOE el que más activamente luchaba por llevar a España a la guerra civil?, ¿Acaso no fue el PSOE quien organizó durante la II República un golpe de estado tras la victoria de la derecha en 1933?, ¿Acaso no fue el PSOE, y la izquierda en general, quienes saquearon el Banco de España llevándose el 75% de las toneladas de oro del banco a Moscú?, ¿Acaso no fue el PSOE quien sacó beneficio electoral de un atentado terrorista que dejó cerca de 200 muertos?, ¿Acaso no fue el PSOE quien ha dejado el país en bancarrota cada vez que ha gobernado?. Todo eso y mucho más es "Mérito" del PSOE, un partido que muy astutamente ha sabido dar la vuelta a las circunstancias y presentarse ante la opinión pública española como un partido garante de derechos y libertades, víctima de la Guerra Civil y del Franquismo y defensor de la clase trabajadora. Con toda seguridad, en otro país de nuestro entorno un partido como el PSOE estaría ya más que ilegalizado por atentar gravemente contra los intereses generales del país.
No sólo el PSOE, el cual se ha rodeado siempre con los enemigos de España, es el único partido de la izquierda en ir contra la nación que les da de comer. La izquierda en general, actualmente con Podemos, ERC, BNG, etc, es otro de los factores determinantes en la descomposición de nuestro país. Por principios ideológicos, la izquierda no es nacionalista, pero la izquierda española sí es nacionalista, pero nacionalista catalana, vasca, gallega, andaluza. Todo aquel nacionalismo que sea antiespañol es bienvenido por parte de la izquierda española. Buena prueba de ello es cómo la izquierda española co-gobierna en varias comunidades autónomas con partidos nacionalistas que buscan la autodeterminación de sus regiones. El ejemplo más claro es el apoyo de Podemos al proceso soberanista catalán, así como el perfil nacionalista de éstos junto con el PSPV en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares. Y es que no hay que engañarse, la izquierda española busca con el apoyo directo o indirecto al proceso independentista catalán reconstruir el antiguo reino de Aragón. Buena prueba de ello es su apoyo a la creación de los "Paisos Catalans", el cual lleva emparejado no sólo la anexión de la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares y parte de la región de Murcia a una supuesta República Catalana, sino incluso la anexión de la comunidad autónoma de Aragón.
La izquierda busca en primer lugar la recomposición del reino de Aragón, con la modificación de establecer la capital de este nuevo estado en Barcelona y no en Zaragoza. Por otro lado, la izquierda busca también descomponer lo que quedaría del resto de España, que no sería otra cosa que los antiguos reinos de Castilla, Granada y Navarra. Con la independencia de Galicia con el apoyo de la izquierda, la independencia de Andalucía y la anexión de Navarra al País Vasco para posteriormente alcanzar la independencia, la izquierda habrá conseguido finalmente su ansiado objetivo de destruir una nación con más de 500 años de antigüedad. Este y no otro es el objetivo de la izquierda desde que ésta hiciese su aparición en España a finales del siglo XIX, y muy especialmente desde los atentados del 11-M en 2004, fecha en la que comienza la fase final de descomposición de nuestro sistema de convivencia, así como la unidad territorial de España.
Para finalizar, el último factor decisivo en todo este proceso es la similitud que desde la población se hace entre clase política y nación, así como la corrupción generalizada en todas las instituciones. Deteniéndome en lo primero es cuanto menos curioso cómo en España se asemeja la clase política y los partidos políticos que componen el sistema partitocrático actual con el concepto de la nación española en sí. Para los españoles, el sistema político es lo mismo que el territorio nacional en el que convivimos todos, teniendo como claro ejemplo una frase que la mayoría de españoles pronuncian cuando se hace referencia a un asunto político: "Vaya mierda de país", "Qué asco de país". Este hecho supone que para los ciudadanos España es sinónimo de clase política, y que como tal, la bajeza moral de los sujetos que componen la función pública es equivalente a la situación del país y a su moralidad, principios y valores. Parte de esta culpa la tiene la propia clase política, en especial la derecha española, la cual asemeja la imagen del rey y de la monarquía como uno de los símbolos que representan a nuestra nación tanto de forma interna como externa. En circunstancias como las actuales en las que la monarquía ha estado en el punto de mira por los casos de corrupción de sus miembros, la imagen de la corrupción de la corona, que insisto, es observada como un símbolo de la nación, arrastra consigo la imagen de España tanto en nuestro territorio nacional como en el resto del mundo.
Por otro lado, la generalización de la corrupción en la vida política nacional, regional y local supone uno de los mayores golpes que nuestra nación puede recibir. El hecho de que cualquier gobierno de cualquier área esté involucrado en un caso de corrupción supone confirmar la tesis de que España es un país corrupto y vulnerable a enriquecerse ilícitamente. Si a eso le sumamos la negativa de los políticos a asumir sus responsabilidades y dimitir, le añadimos también el hecho de que en España uno no va a correr riesgo alguno si se descubre que ha actuado de forma inmoral. Pero quizás lo peor de todo sea la reacción de los ciudadanos. Buena prueba de ello es cómo en estos años pasados en los que la crisis peor azotaba a la sociedad española, se publicaba cada día en los medios un nuevo caso de corrupción ante la indignación generalizada de la ciudadanía. Pero no una indignación por el hecho de hacer un uso fraudulento del dinero público, sino por el hecho de "Robar mientras otro pasan hambre".
Para sorpresa de todos, la indignación no se produce por el hecho de que los políticos hayan obrado mal moralmente, sino por la cuestión de llevarse el dinero mientras otros estaban sin nada que llevarse a la boca. Curiosamente la indignación se basa más en términos de envidia que de indignación ciudadana por el hecho de saber que hay dirigentes públicos que estafan a sus ciudadanos durante el ejercicio de sus responsabilidades. Es decir, el ciudadano de a pie también robaría si tuviese la ocasión de hacerlo, pero como no puede hacerlo sólo se queja de que otros lo hagan mientras él no puede hacerlo, lo cual demuestra que la falta de moralidad es algo que afecta no sólo a la clase política española, sino a todo el conjunto de la sociedad española, que vive a falta de unos principios morales que sí poseen otras naciones.
Si uno le pregunta a un ciudadano cualquiera sobre si tuviese la oportunidad de "Robar" en caso de alcanzar un puesto de responsabilidad política, la mayoría dice que sí. En aquellos casos en los que los casos de corrupción son del partido que vota un sujeto, éste no le da importancia alguna o trata de excusar ese caso de corrupción mientras denigra los casos de corrupción que afectan al partido de la ideología contraria a la del sujeto. Lo que demuestra igualmente el grado de hipocresía y amoralidad que impera en nuestra sociedad. Es la ciudadanía misma la que está enferma de corrupción e intentaría por todos los medios delinquir al igual que el político que sale en la prensa o en la televisión condenado por ser pillado realizando una acción indebida e impropia de un cargo público. Sólo hay que detenerse a observar cómo los ciudadanos intentan estafar a su propio seguro, o pagar menos de luz y/o de agua, o evadir impuestos, etc. El problema esencial no es la clase política en sí, que también, sino la mentalidad corrupta de una ciudadanía de la cual proviene esa futura clase dirigente.
Con esto he querido exponer mis razones de porqué creo que España como nación tiene, por desgracia, los días contados. Una nación con una falta de moralidad entre sus ciudadanos, con una falta de patriotismo y de valores, así como una falta por la defensa de lo que nos pertenece, unido a una parte considerable de la clase política que desprecia, humilla, reniega y odia nuestras señas de identidad. Aunque ya la expuse hace un tiempo vuelvo a poner como ejemplo una frase maravillosa que aparece en el final de la gran película que Anthony Mann dirigió en 1964 titulada "La Caída del Imperio Romano". La frase dice textualmente: "Que sólo se puede destruir a una gran nación cuando ella misma se ha destruido interiormente". España es una gran nación ingrata que tiene la desgracia de tener una ciudadanía que no puede, no sabe o no quiere reconciliarse con su país, con su historia, con sus símbolos, con sus señas de identidad y con su cultura, y que tiene por otro lado a una clase política que desea fervientemente acabar con ella. Con estos dos elementos tenemos la composición perfecta para desde dentro acabar con todo aquello que es nuestro y que jamás hemos valorado ni amado.
sábado, 16 de febrero de 2019
A las urnas
Dos días después de que el congreso rechazase por segunda vez desde 1978 los presupuestos generales del estado (La primera vez fue en 1995 con Felipe González), Pedro Sánchez se ha visto en la obligación de convocar contra su voluntad elecciones generales para el próximo día 28 de abril. Hace unas horas el líder del PSOE ha anunciado en una impresentable declaración-mitin desde la Moncloa su intención de poner fin de forma anticipada a la XII legislatura y llamar a los españoles a las urnas. Con esto Pedro Sánchez pone, muy a su pesar, fin a su obsesivo objetivo de completar sí o sí la legislatura. Tras el vomitivo espectáculo del relator y las negociaciones secretas entre Sánchez y los independentistas para obtener a cambio el sí de los presupuestos, el gobierno anuncio a través de una rueda de prensa el viernes de la semana pasada que daban por rotas las negociaciones con los golpistas catalanes. Unas declaraciones que personalmente creo que forman parte de una estrategia política por parte del propio Sánchez para acudir a las urnas con el mensaje de "¿Veis?, no he cedido al chantaje de los independentistas". Cabe decir que Sánchez necesita ser visto en estos momentos por los españoles como "Un hombre de estado" y no como "Un radical que desea sí o sí permanecer en el poder a toda costa".
Pues bien, volviendo al anuncio de hoy debo decir que tras ocho meses en el cargo, Sánchez ha convocado, insisto, contra su voluntad, unas elecciones en las que en teoría el resultado electoral es más incierto que nunca. Y no nos engañemos, estamos sin lugar a dudas ante las elecciones generales más importantes desde 1977. España se juega todo en estos comicios. Unos comicios en los que tendrá que elegir si votar a una izquierda radical y antiespañola, dispuesta a todo con tal de seguir ostentando el poder, aunque ello lleve emparejado ceder ante el derecho de autodeterminación de Cataluña y el País Vasco, y con ello poner fin a la unidad territorial de España y a la existencia de nuestra nación como comunidad política y social. Por otro lado, España tendrá que elegir si quiere ésto o una derecha que, independientemente de sus defectos y errores, representa el último lazo que permitiría de momento que la unidad territorial de España no se viese afectada, al menos de momento. Una derecha representada por el PP que vive completamente alejada de la realidad y que cree ilusa que los de la calle Génova 13 van a volver como si nada al gobierno de España después de ocho meses desde que fuesen expulsado Mariano Rajoy y su gobierno a través de la moción de censura de Sánchez en junio del año pasado.
Centrándome en lo que respecta a las elecciones debo añadir que no me da buena impresión todo lo que está ocurriendo y que creo que va a tener un final bastante distinto al que muchos creen. ¿Por qué creo esto? Por varios motivos: Primero; todas las encuestas dan por hecho que el PSOE va a ganar las elecciones y recuperará parte del electorado perdido que hasta ahora se había refugiado en Podemos y Pablo Iglesias, lo cual supone un aumento considerable tanto de votos como de escaños. Seguramente Sánchez consiga un resultado intermedio entre los resultados de Rubalcaba en 2011 y los de Almunia en el 2000, es decir, entre 110-125 escaños. Aunque Sánchez haya traicionado la constitución y la soberanía nacional y haya intentado ceder ante los independentistas el derecho de autodeterminación, así como la concesión de compra de armas por parte de los catalanes, al votante más izquierdista del PSOE le es completamente indiferente todo esto. Ya se vio en 2008 cómo Zapatero consiguió revalidar su victoria electoral tras entregar Cataluña en su primera legislatura al sector más nacionalista del PSC, CIU, y ERC y ceder ante la ETA en el proceso de negociación. Por ello, independientemente de que Sánchez haya cometido delito de alta traición, el electorado socialista le importa un carajo este hecho, ya que lo único que le interesa al votante del PSOE son las ayudas sociales.
Segundo; En términos de bloques izquierda-derecha estamos en unas circunstancias completamente diferentes a las de 2015 y 2016, cuando Rajoy buscaba la reelección. En estos momentos la izquierda está más unida en torno al PSOE que la derecha en torno al PP. Por parte de la derecha, ésta se encuentra dividida en dos bandos: PP y VOX. La formación de Santiago Abascal está subiendo como la espuma en detrimento de un PP que desde la pésima gestión de la crisis catalana por parte de Rajoy ha bajado de forma considerable hasta situarse según las encuestas en unos 90 escaños de los 137 que posee actualmente. Por ello, sólo una mayoría absoluta compuesta por PP y VOX que personalmente considero impensable actualmente por la caída del voto actual por parte de los populares sería la única salvación para liberar a España de Pedro Sánchez y de la izquierda radical.
Tercero; Debemos tener en cuenta de que en medio de esta aglomeración de partidos tenemos a los veletas por excelencia: Ciudadanos y Albert Rivera, los cuales ya han anunciado estar predispuestos a apoyar al PSOE siempre que el candidato no sea Pedro Sánchez. Es decir, volvemos a la situación de 2015 y 2016, cuando Rivera afirmaba que jamás pactaría con el PP de Rajoy, y que de hacerlo sería con la condición de que el entonces presidente del gobierno se retirase. Todos sabemos cómo acabó aquella historia: Rivera pasó por el aro y finalmente aceptó apoyar al PP y a Mariano Rajoy, a cambio de unas condiciones que Mariano jamás cumplió con su socio de investidura. Por ello ya sabemos que de obtener Sánchez un resultado que oscile entre los 110-125 escaños, o incluso entre los 130 escaños, Rivera estará al día siguiente llamando al timbre del número 70 de la calle Ferraz para solicitar la vicepresidencia del gobierno a Sánchez a cambio de su apoyo parlamentario a la investidura. Un apoyo que para muchos en el PSOE supone su sueño húmedo, ya que ante la deriva radical y antiespañola del PSOE (Algo que por otra parte es por lo que siempre se ha caracterizado este partido), muchos socialistas creen que lo único que puede hacer regresar al socialismo a la senda del constitucionalismo es un pacto con Rivera y C's. Por ello creo que no es para nada descartable que el próximo gobierno de España sea un ejecutivo formado por Sánchez y Rivera con el apoyo externo de un Podemos que se deshace por momentos.
Cuarto; La situación no puede ser más propicia para Sánchez, ya que ante un resultado incierto en el que ningún partido consiga una mayoría suficiente para poder pactar con otro partido con el que sume mayoría absoluta, España se vería abocada nuevamente a una situación de bloqueo político, como ya sucedió en 2016. De ser así, Sánchez vería toda esta situación desde el mejor sitio: El gobierno. Como ya le sucedió a Rajoy hace tres años, Sánchez vería ahora el panorama postelectoral desde la Moncloa como presidente del gobierno en funciones, lo cual le da gran ventaja política frente a sus adversarios, los cuales se irán quemando a lo largo del año si intentan sin éxito formar un gobierno alternativo al del PSOE. Como se puede ver, todo son ventajas para el actual presidente del gobierno.
Quinto; La movilización del electorado de la izquierda será abrumadora, ya que ante la aparición de VOX y la falsa identificación de éstos con la extrema-derecha por parte de los medios progres, la llamada de Sánchez al voto de la izquierda con el famoso eslogan "Que viene la derecha" será determinante para provocar una avalancha de votos hacia el PSOE, o en su defecto, hacia Podemos para hacer frente a "Las derechas" como ya ha bautizado Sánchez a PP y VOX. Si a esto le añadimos el resultado de las elecciones en Andalucía en la que la abstención o la no participación del electorado izquierdista en las elecciones provocó la llegada por primera vez del PP a la junta de Andalucía de la mano de VOX y C's, las elecciones de abril serán una llamada constante a los socialistas desencantados para que éstos acudan en masa a votar al PSOE.
Por todos estos motivos y alguno más que seguramente se me escape en estos momentos estoy convencido, aunque espero equivocarme, que Pedro Sánchez va a seguir como presidente del gobierno tras estas elecciones. Muchos están ya visualizando al PP de nuevo en la Moncloa, y desde aquí ya les aviso yo de que no se hagan muchas ilusiones. Sánchez no ha llegado hasta aquí para ser jefe del gobierno durante sólo un año. Cuando en los sistemas bipartidistas se producen los cambios de gobierno (Aunque en el último caso haya sido vía moción de censura), éstos se hacen con la intención de que el nuevo gobierno dure, cuanto menos, cuatro años en el poder. Esa es la esencia de los sistemas bipartidistas, el que el un partido permita al otro acceder al gobierno para estar durante unos años determinados y luego volver a relevarse nuevamente. Ahora, por mucho que a los españoles conservadores como yo nos joda reconocerlo, Sánchez tiene por delante varios años en la Moncloa. Hasta el año 2023-2024 no veo posible un cambio real de gobierno. El problema radica en que tras estos comicios, que insisto, son los más importantes desde 1977 y en los que nos jugamos el futuro de España y nuestra existencia como comunidad, nada quedará de nuestra nación si finalmente es la izquierda la que consiga el triunfo electoral. Y es que seamos sinceros, Pedro Sánchez todavía no ha hecho todo el daño que es capaz de hacer. De momento ha cedido ante los independentistas, pero el daño auténtico a España lo ocasionará en el momento que vuelva a tomar posesión del cargo para un segundo mandato y lleve a efecto todas las concesiones acordadas en estos meses. Por ello creo que los españoles deben de ser muy conscientes de lo que votan en estas elecciones, aunque por desgracia y visto como somos los españoles no creo que muchos sean conscientes de lo que nos jugamos ahora. Nos jugamos a cara o cruz el futuro de nuestro país en estos comicios, y España debe de estar a la altura de estas circunstancias o será responsable de lo que ocurra a partir de ahora. Ya sólo queda decir al igual que la canción "Habla, pueblo, habla".
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