sábado, 3 de marzo de 2018

Mariano Rajoy; 15 años de la historia de España

Dentro de unos meses, concretamente en agosto de este año, se cumplirán 15 años de aquel famoso día en el que el entonces presidente del gobierno, José María Aznar, anunció que contra todo pronóstico, su sucesor en el PP y en el gobierno de España (En el caso de que su partido ganase las próximas elecciones) sería su vicepresidente del gobierno, Mariano Rajoy Brey. Una polémica decisión en la que desde sus inicios se cuestionó la acción democrática de este hecho, que no era otro que el de un jefe del gobierno decidiendo de manera personal quién debía regir los destinos del país y de su partido político tras su salida de la política. Para algunos, Aznar quiso hacerse en 2003 un Carlos V, es decir, anunciar su retirada del poder tras designar sucesor como hizo el nieto de los Reyes Católicos con su hijo Felipe II en 1556.

15 años después de este hecho insólito, más propio de la URSS que de la España constitucional, Aznar ya ha dejado entrever que su decisión no fue la correcta. Y no me refiero a su decisión personal de abandonar el poder voluntariamente, sino a la de designar como heredero a Rajoy, el cual ha convertido el PP en una sombra del que en su día fue el de Aznar en el aspecto ideológico. Todo el mundo daba por hecho que la sucesión era cosa de tres desde el momento en que Aznar anunció su decisión de no postularse para las elecciones generales de 2004. Los tres hombres fuertes del gobierno se disputarían desde entonces el poder; Rodrigo Rato, Mariano Rajoy, y Jaime Mayor Oreja. Aun así todo el mundo daba por hecho que la verdadera pugna era cosa de dos: Rato y Rajoy; El ministro de economía y el vicepresidente del gobierno. La verdad es que la mayoría de los medios y de la sociedad daban por hecho que sería Rato el sucesor natural de Aznar, pero la sorpresa se produce cuando el jefe del gobierno anuncia que será Rajoy y no Rato quien le sucederá en Génova 13 y en el Palacio de la Moncloa. Tras este anuncio, Aznar y su esposa, Ana Botella, pasaron ese mismo fin de semana junto a Mariano Rajoy y su esposa, Elvira Fernández en la finca estatal castellano manchega de Quintos de Mora para organizar el proceso de sucesión como si de una empresa privada se tratase.

El gallego frío, segundón, retraído y paciente se convertía así, sin comerlo ni beberlo, en el hombre elegido por el dedo supremo de Aznar para regir los destinos de España y del entonces partido mayoritario del país. Rajoy se acababa de convertir en el Felipe II del siglo XXI. Había sido designado para heredar España y el PP. Desde entonces, Rajoy se convirtió en el candidato oficial de la España de Aznar y se dedicó a viajar por Europa cuan futuro e inminente presidente del gobierno. Pero el destino le tenía preparado un duro revés para Rajoy a tres días de las elecciones generales de marzo de 2004; Un atentado terrorista en Madrid, el mayor hasta el día de hoy en la historia de Europa, se salda con la escalofriante y espeluznante cifra de 200 muertos y cerca de 2.000 heridos. Al Qaeda le devuelve a Aznar la venganza por la decisión del presidente del gobierno de apoyar en las Azores a George W. Bush y a Tony Blair en la Invasión de Irak justo un año antes. Tras el atentado en la estación de Atocha, las miradas se vuelven contra el gobierno de Aznar, que anuncia a bombo y platillo su convencimiento absoluto de que ETA era la autora de los atentados. Pero horas más tarde, los medios comienzan a sacar información sobre la autoría de Al Qaeda y no de ETA en la matanza. Tras esto, los españoles salen a la calle a culpar a Aznar y al PP del atentado por su decisión sobre Irak en marzo de 2003. Ya en la jornada de reflexión, los españoles rodean la sede del PP en Madrid y se concentran frente a Génova 13, lugar en el que se encuentra en ese mismo instante Mariano Rajoy, el cual sale en directo en rueda de prensa para denunciar lo que él mismo cataloga como un "Acto antidemocrático". Finalmente, al día siguiente, los españoles acuden a votar masivamente en una de las elecciones con mayor número de participación de los últimos 30 años. Esa misma noche, los españoles dan contra todo pronóstico la espalda a Aznar, a Rajoy y al PP, y otorgan su confianza de forma abrumadora a un desconocido e inexperto líder de la oposición y del PSOE para regir los destinos de España: José Luis Rodríguez Zapatero. El plan de sucesión de Aznar para convertirse en el Carlos V del siglo XXI no se cumple... por el momento. Zapatero y no Rajoy será quien le suceda en la jefatura del gobierno.

Un mes después, Zapatero llega a la Moncloa convertido ya en el nuevo presidente del gobierno. Rajoy por su parte encabezará desde ese mismo instante la oposición al gobierno socialista, y a partir de octubre de 2004 se convertirá oficialmente en el nuevo presidente del PP tras la salida definitiva de Aznar en el partido. A partir de entonces se inicia una legislatura marcada por la crispación y la tensión, donde el nuevo presidente del gobierno comenzará a dar la imagen de ser una persona no preparada para el cargo que contra todo pronóstico se le ha otorgado en las urnas. Afirmaciones como: "La nación española es un concepto discutido y discutible", así como las decisiones de los socialistas en materias de terrorismo y de política territorial, serán aprovechadas por la oposición que lidera Rajoy para atacar constantemente al gobierno de Zapatero. La negociación con ETA por parte de Zapatero, el acuerdo del jefe del gobierno con el entonces presidente de la generalitat catalana, Pascal Maragall, para reformar el estatuto catalán, así como la reavivación del enfrentamiento entre "Las dos Españas de la Guerra Civil" con motivo de la ley de Memoria Histórica configurarán un escenario que algunos denominan incluso hasta el día de hoy, el principio del fin del Régimen del 78.

Tras todo esto, y con Rajoy liderando las contínuas manifestaciones en las calles contra Zapatero, se llega al final de la legislatura en 2008. Una legislatura que concluyó con unas polémicas palabras pronunciadas por el entonces presidente del congreso, el difunto Manuel Marin, donde afirmó que "No se puede repetir otra legislatura como ésta". Finalmente, se convocan elecciones para marzo de ese mismo año. Unas elecciones en las que nuevamente vuelve a ganar Zapatero, aun después de todo lo ocurrido en la legislatura anterior. A partir de entonces, las cosas no volverán a ser como antes para nadie. A Zapatero le explota pocos meses después de su reelección la crisis económica y financiera internacional de Lehman Brothers, mientras a Rajoy se le comienza a cuestionar profundamente su liderazgo en la oposición y en el propio PP. Personajes relevantes del PP como Esperanza Aguirre, María San Gil, e incluso el propio José María Aznar comienzan a poner en tela de juicio la capacidad de Rajoy para ganarle unas elecciones a los socialistas y comienzan a perfilar una alternativa interna al propio Rajoy en el PP. Dicha alternativa jamás llegaría a ver la luz, ya que Esperanza Aguirre (La eventual candidata capaz de disputarle el liderazgo a Rajoy) no llega a dar el paso definitivo para postularse frente a su jefe, lo cual provocará que Rajoy, tras muchas idas y venidas, consiga ser reelegido presidente del PP en el congreso de Valencia, auspiciado por Francisco Camps y Rita Barberá. Pero aquí no acaba el sufrimiento para Rajoy. A partir de 2009 comienzan a salir una serie de informaciones que acusan al propio PP de financiación irregular. Comienza el caso Gürtel, el cual se convertirá finalmente en uno de los casos de corrupción más graves de la historia política de España. El caso Gürtel volverá a poner todas las miradas en Mariano Rajoy, el cual afirmará que el caso Gürtel "No es una trama del PP, sino una trama contra el PP". A partir de entonces Rajoy hará lo único que sabe hacer: Esperar. Aunque el desgaste del PP es relevante en la escena política nacional, mucho más lo es la no actuación del gobierno de Zapatero, el cual tardará casi un año en reconocer la crisis económica mientras el paro en España comienza a situarse a niveles elevados como nunca se habían visto en nuestro país.

Finalmente, y en medio de una mediocre presidencia española de la UE liderada por Zapatero en el primer semestre de 2010, se produce el estallido del sistema financiero en Grecia. Es entonces cuando las famosas primas de riesgo aparecen cotidianamente en nuestros televisores y se oyen continuamente por la radio. La prima de riesgo española se coloca a unos niveles vertiginosos y la UE da por hecho el rescate financiero y económico de España junto a Grecia. Sólo a última hora, la intervención telefónica de Angela Merkel y Barack Obama a Zapatero provocarán que se le dé al presidente español un ultimátum para evitar el rescate de nuestro país. Zapatero tendrá que realizar durísimos recortes sociales a cambio de que Europa no tenga que intervenir en España. Finalmente, Zapatero lleva en mayo de 2010 estos recortes sociales al congreso, lo que provocará la caída definitiva del PSOE y del presidente del gobierno en las encuestas. Rajoy aprovechará la situación para exigir a Zapatero elecciones anticipadas, lo cual queda descartado por el momento tras la aprobación de los recortes gracias a la abstención de los catalanes. Ya en 2010 se produce la sentencia del TC contra el estatuto de Cataluña que Rajoy y el PP presentaron en el año 2006. El TC anula diversos artículos del estatuto acordado por Zapatero y Maragall debido a su inconstitucionalidad. Este hecho provocará que estalle definitivamente la crisis catalana que nos ha llevado hasta la situación actual. El entonces presidente de la generalitat, José Montilla y la mayoría de los partidos catalanes favorables a la reforma del estatuto, convocan una manifestación masiva de repulsa a la sentencia del TC. A partir de entonces, las encuestas hunden a Zapatero y al PSOE y encumbran a Rajoy y al PP hacia la victoria en unas futuras elecciones generales.

Ya en la última etapa del gobierno de Zapatero se produce la huelga general debido a la reforma laboral que flexibiliza los despidos, y se produce el estallido de la huelga de los controladores aéreos, que provoca el anuncio por parte del gobierno del estado de alarma por primera vez desde la aprobación de la Constitución en 1978. Una vez en el 2011, Zapatero acuerda con Francia y Estados Unidos la participación de España en la guerra de Libia y anuncia su retirada del poder al finalizar la legislatura. Ya en mayo de 2011, y a pocos días de la celebración de las elecciones municipales y autonómicas, nace el 15-M; Un movimiento ciudadano partidario de reformar el sistema político, social y económico en España. Este movimiento civil provocarán unas concentraciones masivas y contínuas en todo el país con el eslogan "No nos representan". Finalmente, pocos días después el PP de Rajoy consigue la mayor victoria en unas municipales y autonómicas desde la obtenida por Aznar en 1995, en plena debacle del PSOE de Felipe González. Rajoy pone rumbo directo, esta vez sí, hacia la Moncloa después de serle arrebata la victoria en 2004 por Zapatero contra todo pronóstico. Un Zapatero que al ver cómo el PSOE se queda literalmente sin ningún poder ni local ni autonómico decide atrincherarse en la Moncloa. Pero la subida incesante nuevamente de la prima de riesgo en verano de 2011 provocará que el presidente del gobierno dé finalmente el paso y convoque elecciones generales para el 20 de noviembre de ese mismo año (Un último gesto de su continua política contra el franquismo). Antes de las elecciones, ETA anunciará en octubre el fin definitivo del terrorismo, pero ni esto le será suficiente al PSOE para ganar las elecciones. Finalmente, el 20 de noviembre de 2011, y tras dos elecciones fallidas, Mariano Rajoy gana las elecciones generales con la segunda mayoría absoluta más aplastante después de la obtenida por Felipe González en 1982. Tras siete años y medio de espera, Rajoy ve culminado su ambicioso sueño de llegar al palacio de la Moncloa. Aznar por su parte ve también cumplido sus sueños de grandeza de convertirse en el Felipe V del siglo XXI aunque de por medio hayan transcurrido un paréntesis de siete años y medio de zapaterismo. El PP vuelve al poder casi ocho años después de su salida, dejando atrás un pésimo gobierno liderado por el PSOE de Zapatero.

Finalmente, en diciembre de 2011, Rajoy se convierte en presidente del gobierno. Las primeras decisiones del nuevo presidente es la de hacer justamente todo lo contrario de lo que había prometido en la campaña electoral; Sube los impuestos y realiza unos salvajes recortes en materia social. Una parte del electorado se echa las manos a la cabeza al ver las primeras decisiones del nuevo gobierno, pero esto sólo será el principio de una larga lista de decepciones: En febrero de 2012 se aprueba una deplorable y vergonzosa amnistía fiscal, así como una nueva reforma laboral que flexibiliza aún más el despido, lo cual provoca una nueva huelga general para marzo de ese año. Ya en abril estalla la crisis de la monarquía cuando el rey Juan Carlos es trasladado y operado de urgencias en España tras una caída en Botswana en la que a las pocas horas se supo que estaba de cacería con su amante, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la cual es expulsada de España a las pocas horas. Este caso, sumado al caso Noos (Donde estaban siendo investigados la hija del rey, Cristina de Borbón, y el yerno del rey, Iñaki Urdangarín), provocarán una crisis sin precedentes en la corona española. Ese mismo año estalla la crisis de Bankia (Cuyo presidente era el propio Rodrigo Rato). Esta crisis provocará que la prima de riesgo vuelva a elevarse desproporcionadamente, lo cual provoca que Rajoy solicite a la UE el rescate financiero de España. Con esta drástica decisión, el presidente del gobierno cree que las aguas volverán a su cauce. Nada más lejos de la realidad, la prima de riesgo continúa elevándose hasta alcanzar niveles nunca vistos. La solución de Rajoy a todo esto se resume en tres palabras: No hacer nada. Sólo la intervención del gobernador del BCE provoca que las aguas, esta vez sí, vuelvan a su cauce. Con lo que Rajoy evita pedir el rescate total de España a la UE haciendo lo mejor que sabe hacer: Nada.

Pero aquí no queda la cosa. En esas mismas fechas se produce la visita del entonces presidente de la generalitat catalana, Artur Mas, el cual acude a Moncloa con el propósito de obtener de Rajoy un sistema fiscal propio para Cataluña, al igual que el País Vasco y Navarra. La respuesta de Rajoy es negativa, con lo que Mas pone en marcha el movimiento para la independencia de Cataluña. El 11 de septiembre de 2012 se produce una de las manifestaciones más multitudinarias en contra del estado español. Los catalanes se echan a la calle para exigir la autodeterminación de una vez por todas. Hartos, según ellos, de los desplantes continuos del estado hacia los catalanes (Estatuto, sistema fiscal, etc.). La respuesta de Rajoy a esta manifestación que supone el punto de arranque del proceso secesionista la resume de esta forma; "No estamos para algarabías". Finalmente, Artur Mas convocaría elecciones anticipadas para el 25 de noviembre de 2012, perdiendo gran parte de sus diputados pero manteniendo una mayoría independentista con ERC. Ya en 2013 se produce el estallido del caso Bárcenas, donde una serie de papeles anotadas por el ex-tesorero del PP, Luis Bárcenas, señala a toda la cúpula directiva del PP aznarista como receptores de sobresueldos ilegales, entre los que se encuentran el propio Mariano Rajoy. La reacción de Rajoy es, claro está, la de negar todos los hechos que se le imputan, y niega haber cobrado jamás dinero negro. La corrupción volverá a salpicarle a Rajoy ese mismo verano, cuando el propio Bárcenas reconoce ante el juez que el actual presidente del gobierno era uno de los miembros del PP que cobraba sobresueldos ilegales. La reacción de Rajoy esta vez es la de reclutarse en la Moncloa y no decir ni hacer nada (Como siempre), pero la gravedad de los hechos provocan que el líder de la oposición, Alfredo Pérez-Rubalcaba, anuncie una moción de censura contra Rajoy si éste no acude a las cortes a dar su versión de los hechos. Al cabo de unos días, Rajoy finalmente accede y comparece para negar la mayor y reconocer simplemente que se había equivocado al confiar en Bárcenas. Después de este hecho, el caso Bárcenas quedaría disipado hasta el día de hoy, aunque Rajoy haya quedado marcado de por vida por la corrupción que se le atribuye.

En lo que respecta a Aznar, la relación con Rajoy queda completamente rota tras una entrevista televisiva en la que el mentor del gallego habla abiertamente en contra de la postura que está realizando el gobierno en varios asuntos, como son el económico y el catalán. A partir de entonces, los enfrentamientos entre los dos presidentes serán abiertos. Ya en 2014, la situación se vuelve insostenible para la monarquía; La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín son imputados y el cerco del caso Noos se acerca al rey Juan Carlos. Ese mismo año se celebran las elecciones europeas, que dan como resultado la caída definitiva del bipartidismo (PP-PSOE) y la aparición del partido de extrema izquierda, Podemos, en el escenario nacional. Tras estos catastróficos resultados, Alfredo Pérez-Rubalcaba anuncia su dimisión como líder del PSOE. Pero lo que verdaderamente hace tambalear los cimientos del Régimen del 78 es el anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos el 2 de junio. La abdicación del jefe del estado provoca todo tipo de especulaciones acerca de los motivos que ha llevado al monarca a renunciar a la jefatura del estado. En medio de este escenario se suceden en las calles de toda España contínuas concentraciones que exigen la celebración de un referéndum Monarquía-República. Es entonces cuando Rajoy, enemigo de toda clase de cambios, debe aprobar y llevar al congreso una ley orgánica que garantice el proceso de transición de la corona entre el todavía rey y el hasta entonces príncipe de Asturias, Felipe de Borbón. Finalmente, el 18 de junio, el rey Juan Carlos y Rajoy firman la ley orgánica de la abdicación, y al día siguiente es proclamado en las cortes generales rey de España Felipe de Borbón, el cual reinará a partir de entonces con el nombre de Felipe VI. En el PSOE, por su parte, es elegido contra todo pronóstico secretario general un desconocido madrileño llamado Pedro Sánchez. Mientras tanto, el presidente de la generalitat continúa con su proceso independentista en Cataluña y anuncia un referéndum ilegal para el 9 de noviembre de ese año. Tras recurrir el gobierno este referéndum, el TC lo declara inconstitucional. Aun así, Artur Mas anuncia su intención de seguir hacia adelante. Es entonces cuando varias voces piden a Rajoy que active el artículo 155 de la constitución para intervenir en Cataluña, a lo que Rajoy (Como suele ser habitual en él) hace caso omiso. Finalmente la consulta se celebra ante el aspaviento de todos los españoles al ver cómo el gobierno no hace absolutamente nada al respecto. La consulta, eso sí, no es catalogaba finalmente por el gobierno catalán como un referéndum, sino como una "Consulta popular".

El año 2015 es considerado para muchos como el año de la "Italianización de la política española", ya que después del éxito de Podemos y ante el temor de algunos porque los de la formación que lidera Pablo Iglesias lleguen al poder, comienzan a promocionar incesantemente desde los medios a un partido catalán de centro-liberal-progresista llamado Ciudadanos, cuyo líder es un tal Albert Rivera. A partir de entonces, el tablero electoral está abierto. En abril de 2015 se produce la detención de Rodrigo Rato por blanqueo de capitales, lo que deja al PP en una situación de shock al ver cómo el que había sido ministro de economía con Aznar descendía a los infiernos. Un mes después se producen las elecciones autonómicas y municipales. En dichas elecciones, el PP gana por mayoría relativa en CCAA y ayuntamientos, pero los votos tanto de PSOE como de Podemos permiten a los partidos de izquierdas impulsar una alianza postelectoral que lleva al PSOE nuevamente y a Podemos por primera vez a las instituciones, desalojando al PP de la mayoría de ellas. Ante este apocalíptico escenario, muchas voces piden a Rajoy que dé un paso atrás y designe sucesor al igual que Aznar hizo con él en el año 2003. Rajoy, ante esta propuesta, rechaza tajantemente su retirada de la política y anuncia su candidatura para las elecciones generales de diciembre de ese año. Poco antes de las elecciones generales, Artur Mas convoca elecciones anticipadas en Cataluña. Dichas elecciones otorgan al bando independentista la mayoría absoluta en el parlamento catalán. Finalmente, en las elecciones generales de diciembre de 2015, el PP gana las elecciones pero obtiene el peor resultado desde 1989, perdiendo 63 diputados. El PSOE no se queda atrás y pierde 20 diputados con respecto a las elecciones generales de 2011. Podemos, por su parte, obtiene cerca de 70 diputados, mientras que Ciudadanos obtiene 40 diputados. A partir de entonces se abre una crisis constitucional que durará cerca de un año. Rajoy ofrece a Pedro Sánchez un pacto para que el PSOE le permita seguir gobernando, a lo que Sánchez se niega en rotundo.

Ya en enero de 2016, Artur Mas, ante las exigencias planteadas por los independentistas radicales de la CUP que ponen como condición indispensable su retirada para que haya nuevo gobierno en Cataluña, anuncia su decisión de retirarse y designa al alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, como candidato a presidir la generalitat catalana. Finalmente, Puigdemont es nombrado por el parlamento catalán nuevo presidente de Cataluña. Mientras, el rey Felipe VI realiza una primera ronda de consultas entre los distintos líderes de las fuerzas políticas y ofrece a Rajoy la propuesta para ser candidato a la presidencia del gobierno, propuesta que Rajoy rechaza fulminantemente ante el asombro del rey y de todos los españoles. Los motivos según Rajoy por los que rechaza la candidatura es que "No posee los apoyos suficientes para ser investido nuevamente". Ante esta insólita situación de bloqueo político, Pedro Sánchez anuncia contactos con Podemos y Ciudadanos para formar un gobierno alternativo al de Rajoy. Finalmente, Felipe VI realiza una nueva ronda de consultas y ofrece a Sánchez la candidatura para ser presidente del gobierno, candidatura que éste acepta sin tener asegurados siquiera los apoyos necesarios. Sánchez consigue unicamente el apoyo de Albert Rivera para ser investido, pero no el de Pablo Iglesias, afirmando el líder de Podemos que ellos no pueden pactar con "La nueva derecha que representa Albert Rivera". Logicamente los motivos que tenía Iglesias para no apoyar a Sánchez era la necesidad de unas nuevas elecciones generales, las cuales podrían dar a Podemos la posibilidad de sobrepasar en votos y escaños al PSOE y convertirse en segunda fuerza política. Finalmente, en marzo de 2016, Pedro Sánchez se presenta a la investidura con el único apoyo del PSOE y de Ciudadanos. Finalmente, Rajoy e Iglesias realizan una pinza y evitan con sus votos que Sánchez sea presidente. Con ello, Mariano continúa como presidente en funciones mientras sólo le toca esperar ya a que corra el plazo que la constitución otorga para poder convocar unas nuevas elecciones a falta de consenso para elegir nuevo gobierno. Ante esta insólita situación, diversas voces dentro de la política y de los medios reclaman nuevamente a Rajoy a que dé un paso atrás en favor de un nuevo candidato más joven, carismático y conciliador con los partidos de la oposición. Rajoy nuevamente rechaza tal petición y se presenta por quinta vez consecutiva como candidato del PP a unas elecciones generales.

Finalmente, en junio de 2016, el PP vuelve a ganar las elecciones, aunque esta vez y contra todo pronóstico, consigue un resultado mejor que el obtenido en diciembre del pasado año. La campaña del miedo de Rajoy basada en "O yo o el caos" (En referencia a un supuesto gobierno de extrema izquierda liderado por Podemos y apoyado por el PSOE) hace efecto, y Mariano Rajoy consigue 137 diputados en estas nuevas elecciones. Aun así, la crisis constitucional no acaba aquí. Pedro Sánchez (El cual ha perdido cinco diputados más que en las elecciones de diciembre) anuncia su intención de seguir intentando formar un gobierno alternativo al de Rajoy. Ya en agosto, el rey inicia nuevamente consultas con los líderes políticos y ofrece de nuevo a Rajoy la candidatura a la presidencia del gobierno, ofrecimiento que esta vez sí acepta el presidente en funciones, aunque reconoce que no posee los apoyos necesarios para ser investido. Rajoy acude al parlamento a finales de agosto y pierde las dos votaciones necesarias para ser investido. Después de esto se pone encima de la mesa la posibilidad de convocar unas nuevas elecciones generales, las cuales tendrían lugar el mismo 25 de diciembre. Rajoy, en estas circunstancias afirma estar dispuesto para ir a unas nuevas elecciones generales. Es entonces cuando estalla la crisis del PSOE después de conocerse que Pedro Sánchez estaría negociando en secreto un pacto de investidura con Pablo Iglesias. Es aquí donde la mitad de la directiva del PSOE que dirige Pedro Sánchez dimite y la mayoría de los barones de su partido se sublevan contra él. 

Tras esto se suceden una serie de guerras internas dentro del socialismo español que tendrá su cenit el 1 de octubre de 2016, fecha en la que se convoca un comité federal con el objetivo de echar a Sánchez del liderazgo socialista. Los promotores de dicha "Conspiración" son el ex-presidente del gobierno, Felipe González y la presidenta de la junta de Andalucía, Susana Díaz. Finalmente, y tras cerca de diez horas reunidos en un comité donde no faltó algún que otro insulto y escenas bastante mediocres, Pedro Sánchez se ve forzado a dimitir ante el acoso generalizado de sus adversarios internos en el partido. Tras la dimisión de Sánchez el 1 de octubre, esa misma noche el partido nombra una gestora dirigida por el líder del PSOE asturiano y presidente de Asturias, Javier Fernández. Esta gestora apuesta claramente por la abstención del PSOE ante una eventual repetición de una sesión de investidura de Rajoy como presidente del gobierno. Esta nueva posición de la que Rajoy tenía ya conocimiento previo, allana el camino de éste para ser reelegido como presidente del gobierno en el parlamento. El rey inicia una nueva ronda de consultas con los líderes políticos y propone nuevamente a Rajoy como candidato a la presidencia del gobierno, a lo que éste acepta, pero esta vez contando con el apoyo del PSOE para ser investido mediante abstención de los socialistas. Finalmente, Rajoy se presenta de nuevo ante el parlamento y aunque pierde la primera votación (Ya que requiere de mayoría absoluta), sí obtiene la mayoría simple ante la abstención vergonzosa y humillante del PSOE. Después de casi un año de bloqueo político, una crisis constitucional, una repetición electoral inédita y un año como presidente en funciones, Rajoy vuelve a ser reelegido presidente del gobierno cuando todo el mundo lo daba ya por muerto en términos políticos. Rajoy sobrevive así a su última prueba de fuego política.

El año 2017 se puede considerar como uno de los más graves a la vez que deplorables en términos políticos. Después de un año de crisis constitucional, el nuevo presidente de la generalitat, Carles Puigdemont, anuncia su intención de convocar un referéndum vinculante para la autodeterminación catalana para el 1 de octubre de ese mismo año. El gobierno anuncia desde entonces que el referéndum no se celebrará bajo ninguna circunstancia. Aun así, Puigdemont mantiene el pulso contra el estado y anuncia que dicha consulta se celebrará sí o sí. Comienza entonces el famoso “Choque de trenes” entre la generalitat catalana y el estado español. Mientras esto sucede, la gestora del PSOE convoca unas primarias para elegir nuevo secretario general. A estas elecciones internas se presentan la candidata oficial del partido y del establishment; Susana Díaz, y el desbancado ex-secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez vuelve a la secretaría general del PSOE al obtener una victoria aplastante frente a su contrincante andaluza y candidata del sistema. Mientras esto sucede, Pablo Iglesias, por su parte, presenta una moción de censura contra Rajoy en el parlamento, la tercera en 40 años de sistema constitucional en España. La moción de censura se celebra finalmente en mayo, y como era de esperar, no sale adelante, aunque el PSOE se abstiene en dicha votación.

El 17 de agosto se produce por segunda vez en la historia de España un atentado terrorista islámico, esta vez en Barcelona y Cambrils. El Estado Islámico se atribuye inmediatamente la autoría de la masacre en la que mueren 16 personas. A partir de ese instante, se produce un cruce de acusaciones entre la generalitat catalana y el estado español acerca de las medidas preventivas que se habían tomado para evitar dicho atentado. Pero por si todo esto no fuera ya demasiado espeluznante, el 25 de agosto se convoca una manifestación como condena por los atentados terroristas. La manifestación acaba siendo más un acto reivindicativo del independentismo catalán que una repulsa por el atentado. El rey Felipe VI y Rajoy, los cuales acuden a la manifestación, son abucheados masivamente por los asistentes, mientras desde diversos sectores catalanes se culpabiliza al estado español de los atentados y se realizan actos en solidaridad con el mundo islamista. Pocos días después, ya en septiembre, comienza uno de los periodos más turbulentos de la historia de España; El desafío secesionista en su máximo apogeo. Los días 6 y 7 de septiembre, el parlamento catalán vota a favor de convocar el referéndum, así como la “Constitución provisional catalana” que entrará en vigor después del resultado de dicho referéndum. En ese momento, todos los medios de comunicación, así como determinadas voces dentro del mundo político, económico y social piden a Rajoy que active ya el artículo 155 antes de que sea demasiado tarde. Rajoy, una vez más, vuelve a hacer oídos sordos y decide esperar una vez más. Tras ser anulada por el TC la convocatoria del referéndum, así como la “Constitución provisional catalana”, los independentistas siguen adelante. Es entonces cuando, en un clima de altísima tensión, Rajoy mantiene que el referéndum no se celebrará y envía unidades policiales procedentes de toda España hasta Cataluña para evitar que la consulta se produzca. 

Finalmente, el 1 de octubre de 2017 se celebra el referéndum secesionista en un ambiente de máxima tensión, con disturbios en la calle entre los independentistas y la policía, los cuales se ven indefensos ante la traición que los mossos de escuadra han realizado al no apoyarles en el retiro de urnas y cierre de los colegios electorales. Tras esto, la policía se retira y el referéndum continúa celebrándose. El estado español se ve completamente humillado y ultrajado frente a los independentistas. Esa misma noche, Mariano Rajoy anuncia triunfante en rueda de prensa desde el palacio de la Moncloa ante la estupefacción del pueblo español que “El referéndum no se ha celebrado”. Todo ello mientras los independentistas celebran la victoria frente al estado y la victoria del SÍ. Pero la situación no hace sino empeorar conforme pasan las horas; La policía se ve rodeada por los independentistas en los hoteles donde se hospedan, mientras en la calle imperan los disturbios. Frente a esto, la respuesta del estado es nula. Ya el 3 de octubre, y ante la falta de respuesta por parte del estado y con la fuga incesante de miles de empresas, el rey sale en un mensaje por televisión, donde pide que vuelva la normalidad constitucional a Cataluña y pide “A todos los poderes del estado que tomen las medidas oportunas”. Podemos decir con esto que el rey lanzó un mensaje contra la inacción del gobierno y pidió que éste tomará las medidas concretas para detener la anarquía en la que se encontraba Cataluña. Rajoy, incluso en ese grave momento, se muestra escéptico de implantar el 155 de la constitución. Finalmente, el 10 de octubre, Puigdemont comparece en el parlamento catalán y anuncia la independencia catalana aunque la suspende mientras el gobierno catalán llega a un acuerdo con el gobierno español. Tras esto, Rajoy activa a regañadientes el artículo 155 de la constitución, con el apoyo limitado de Pedro Sánchez y de Albert Rivera. En una situación insólita, Rajoy pregunta en los días posteriores a Puigdemont sobre si éste había declarado o no la independencia, para que en caso negativo, la aplicación del 155 no se llevase a efecto. Puigdemont, tras contestar confusamente en un primer comunicado, responde que la independencia no se ha proclamado. Aun así, la presión que se ejerce sobre el gobierno desde diversos sectores es tal que Rajoy no tiene otra opción que llevar el 155 al senado. Puigdemont por su parte, en un último intento de dar un paso atrás, intenta acordar con el gobierno la convocatoria de elecciones a cambio de que él no sea detenido. Ante la respuesta negativa por parte del gobierno, Puigdemont vuelve a dar marcha atrás en su marcha atrás y continúa su camino hacia la independencia. 

Finalmente, el 27 de octubre de 2017, el parlamento catalán aprueba la Declaración Unilateral de Independencia y se da paso a la República Catalana. Mientras esto sucede, en el senado se aprueba la aplicación del artículo 155 de la constitución. Tras dicha aprobación, Rajoy anuncia por televisión en una rueda de prensa desde Moncloa la destitución del gobierno de Puigdemont, el control de la generalitat por parte del gobierno español, la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña, y el recurso ante el TC de la DUI, la cual queda anulada con efecto inmediato por dicho tribunal. Sólo tres días después de estos hechos y ante la ineptitud absoluta por parte del gobierno español, Puigdemont huye hacia Bruselas burlando todos los controles policiales. Todo ello ante el asombro de todos los españoles, los cuales no daban credibilidad a todo lo que estaban viviendo en esos históricos días. Tras esto, el vicepresidente catalán, Oriol Junqueras y varios consejeros del gobierno catalán son detenidos y llevados a prisión. Finalmente, y tras dos meses de una aplicación light del artículo 155, se celebran elecciones autonómicas en Cataluña, las cuales dan de nuevo la victoria por mayoría absoluta al bloque independentista. El partido de Ciudadanos gana las elecciones pero se queda muy lejos de una mayoría que le permita gobernar. El PSC no alcanza los resultados esperados, y el PP se lleva el mayor batacazo electoral que un partido constitucional ha obtenido en unas elecciones autonómicas desde la implantación de la constitución española. A partir de entonces se suceden las voces que piden insistentemente un adelanto electoral en toda España y la retirada de Mariano Rajoy del gobierno como consecuencia de su ineptitud a la hora de abordar un conflicto político de estas graves características. Rajoy, vuelve a ignorar dichas reclamaciones, no asume errores por la gestión de la crisis catalana y anuncia que no convocará elecciones anticipadas, ya que según su criterio; “Eso es lo que le faltaba ya a España”.

Después de este escenario llegamos al año actual, al año 2018. A 2 de marzo del presente año, Cataluña sigue sin gobierno. El nuevo presidente del parlamento, el independentista Roger Torrent, propuso a Carles Puigdemont en el mes de enero para ser investido como presidente nuevamente. Puigdemont, todavía en Bruselas, no asomó ni siquiera la cabeza por España y el pleno de investidura quedó suspendido. En el día de ayer, el propio Puigdemont anunció en un comunicado desde Bruselas su “Renuncia provisional” a presentarse nuevamente como presidente de Cataluña, y respaldó al líder de la Asamblea Nacional Catalana, el radical Jordi Sánchez (El cual se encuentra en prisión) como nuevo candidato a la presidencia catalana. A partir de ahora todo lo que ocurra es una incógnita. Nadie sabe lo que va a ocurrir ni cómo puede terminar este conflicto. Hace unos días, el rey Felipe VI recibió un abucheo generalizado en Barcelona cuando se dirigía a inaugurar el Mobile World Congress. El monarca fue recibido al son del himno de Riego y despedido con una cacerolada monumental en la capital de Cataluña. A día de hoy, el gobierno mantiene aún el control de la generalitat gracias al artículo 155, el cual continúa vigente, y hay quien cree que por mucho tiempo, ya que la falta de gobierno y la crisis interminable provocará que esta medida constitucional deba prorrogarse en el tiempo. Por otro lado, el gobierno vasco ya está redactando una reforma del estatuto de Gernika, el cual incluye la posibilidad de realizar un referéndum por parte del País Vasco para separarse de España. Por su parte, todas las encuestas otorgan en estos instantes la victoria de Ciudadanos en unas eventuales elecciones generales. Albert Rivera podría ser presidente del gobierno si las urnas confirman lo que las encuestas están vaticinando ya. Personalmente creo que el próximo presidente del gobierno será, esta vez sí, Pedro Sánchez y no Albert Rivera, aunque eso por supuesto es sólo mi opinión. Lo que está claro es que o bien Albert Rivera o bien Pedro Sánchez (Pablo Iglesias que se olvide directamente de serlo) será el próximo presidente del gobierno de España de aquí a no mucho tiempo, como muy tarde en 2020.

¿Y Mariano Rajoy?, ¿Qué será de él a partir de ahora?. El heredero de Aznar ya no cuenta ni siquiera con el beneplácito de aquél que en agosto de 2003 lo designó como el “Heredero de España” debido a la decepción que le ha supuesto al ex-presidente del gobierno las formas de gobernar de su sucesor y heredero. Las relaciones entre ambos están ya completamente rotas y el ex-presidente apuesta ya abiertamente por Albert Rivera como solución a todos los males que asolan España en estos momentos. Sin embargo, quizás Aznar deba ser más precavido y no inmiscuirse en el escenario nacional, ya que ésta y no la “Bonanza económica” es la verdadera herencia que deja como legado. La herencia de dejar a aquél a quien él pensaba que podría usar como un buen títere y que finalmente le salió rana. Mariano Rajoy ha sido pues el mayor legado que ha dejado José María Aznar. Sus graves errores en su segunda legislatura nos dejó como legado a corto plazo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora, 15 años después de su despedida, su legado a largo plazo se llama Mariano Rajoy. Tanto Zapatero como Rajoy representan lo peor de la España del Régimen del 78, siendo el 11-M el origen de sus liderazgos y el inicio de nuestras desgracias como país. Ambos personajes han sido los que han contribuido decisivamente a poner fin al sistema constitucional de 1978, lo cual no deja de ser paradójico, ya que si a alguien hay que agradecerles el fin de este Régimen son a ellos dos. Por lo tanto, y volviendo a Aznar, que no se inmiscuya mucho en política, ya que no se le debe olvidar que es él el responsable indirecto de lo ocurrido en España en los últimos quince años.

La cuestión ahora es; Tras quince años de liderazgo en el PP y seis liderando España, ¿Cuándo y cómo será el final político de Mariano Rajoy? Ningún presidente español ha salido de buenas formas del gobierno; Adolfo Suárez se fue del ejecutivo tras un golpe de estado. Leopoldo Calvo Sotelo después de hundir a su propio partido. Felipe González salió del gobierno con una crisis económica y una corrupción generalizada que a punto estuvo de llevarse por delante el sistema constitucional y a la monarquía en los 90. José María Aznar se fue tras el mayor atentado terrorista perpetrado en nuestro país y con el país inmerso en una guerra a la que nadie nos había llamado. José Luis Rodríguez Zapatero salió del gobierno dejando al país en quiebra, en una crisis económica y social sin precedentes, y con cinco millones de parados a sus espaldas. ¿Cómo y cuándo acabará Rajoy? Por el momento ya ha anunciado en todas las ocasiones que se le presentan que volverá a ser por sexta vez consecutiva candidato a la presidencia del gobierno y que su objetivo es agotar la legislatura como sea. Y como en el PP existe menos democracia interna que en el partido comunista ruso, sus componentes aceptarán sin más la decisión personal que tome su líder. Otra cosa bien distinta es su continuidad o no en el gobierno después de las elecciones generales de 2020. Personalmente creo que esta será su última legislatura, ya que su gestión sobre la crisis catalana ha ido demasiado lejos y está arrastrando al país, a la monarquía y al sistema constitucional del 78 a su desaparición, y es por ello por lo que ningún partido apoyará su continuidad después de 2020, independientemente de los votos y los escaños que saque (Siempre que no sea con mayoría absoluta, claro está). 

Debido al legado que deje en el momento en que abandone el gobierno cabe preguntarse ¿Cuál será ese legado? Ya hemos visto el legado que dejaron sus predecesores al abandonar el gobierno, a cada cual peor que el anterior. ¿Logrará Mariano Rajoy superar a sus predecesores y dejar una España aún peor que la que dejaron éstos? Todo parece indicar que sí, pero cuidado. Estamos a dos años de que acabe la legislatura, por lo que Mariano tiene aún tiempo de sobra para empeorar más si cabe la gravísima situación por la que atraviesa el país en estos instantes, y si hay algo que hemos aprendido con Mariano en sus quince años como líder del PP y en sus seis como presidente del gobierno, es que siempre tiene un as en la manga, por lo que nunca se sabe por dónde nos puede sorprender este personaje que ha sido, queramos o no, una figura relevante durante estos históricos y convulsos quince años en la historia de España.

viernes, 2 de marzo de 2018

La igualdad no existe

En una de las últimas entradas que escribí, hablé acerca de las clases sociales y sobre mi forma de ver a cada una de ellas. Al final de la entrada realicé un comentario que dice así; "La igualdad no sólo es un concepto inalcanzable, abstracto, falso y absurdo, sino también una vana ilusión entre los desiguales con el fin de creer que lo imposible es posible". Por supuesto, me reafirmo en mi declaración. Pero hoy no quiero hablar acerca del comportamiento de las clases sociales, sino de ese mismo concepto que he hecho mención; La igualdad.

En la última entrada que escribí, hablé sobre la Revolución inglesa e hice algunos comentarios sobre una impresionante película sobre dicho acontecimiento histórico; La película "Cromwell". En una escena donde el rey Carlos I habla en palacio con los principales líderes del parlamento, entre los que se encuentra el parlamentario y militar inglés Oliver Cromwell, éste le dice al monarca que Inglaterra debe avanzar hacia un sistema más igualitario llamado democracia. La respuesta de Carlos I a Cromwell es bastante curiosa y dice así; "La democracia, señor Cromwell, era una bufonada griega basada en la descabellada teoría de que existen posibilidades extraordinarias entre las gentes más ordinarias". Por supuesto no comparto la forma en la que Carlos I denomina a sus súbditos, pero sí comparto en el fondo el argumento que utiliza.

La igualdad es según la Real Academia Española "El principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones". Claro, uno lee estas cosas y dice; "Joder, qué bonito", pero si uno lo analiza profundamente, uno no puede más que preguntarse; "¿Esto es posible?". E incluso voy más allá; "¿Esto existe?. Siendo fiel a mis principios pesimistas, si a mí me preguntan por la igualdad y si creo en su existencia yo debo decir abiertamente que no. El ser humano es desigual por naturaleza. Nadie es igual a nadie, y a la hora de la verdad los resultados en términos laborales, académicos, etc, son bastante diferentes entre unos y otros. La capacidad física es distinta entre los seres humanos, la capacidad intelectual también. Otra cosa bien diferente es que en términos jurídicos se quiera dar cierto equilibrio a esa desigualdad dentro de los parámetros que establecen las leyes. Esa es la igualdad social y la igualdad jurídica por la que siempre se ha luchado, lo cual no deja de ser un concepto abstracto y utópico que constantemente se ha querido llevar de la teoría a la realidad.

Hablar de igualdad puede resultar muy bonito en términos jurídicos, políticos y sociales. La cuestión cambia cuando hay que llevar esa utopía a la práctica. Pongamos un ejemplo: Según el artículo 47 de la Constitución española; "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada". Claro, muchos, incluidos aquellos que ocupan una vivienda, cuando oyen esto ven el cielo abierto porque creen que de una manera u otra, todo el mundo tendrá derecho a vivir en un hogar digno. El problema viene cuando te dicen que ese artículo se puede interpretar de muchas maneras y que tiene un sentido metafórico. No es algo metafórico, señores. Es simplemente algo imposible de llevar a cabo. Por desgracia, todo el mundo no podrá tener derecho a una vivienda digna, ni podrá tener derecho a una sanidad, ni podrá tener derecho a una educación, ni podrá tener derecho a un salario justo. En términos metafóricos, utópicos y abstractos uno puede decir lo que quiera, otra cuestión bien diferente es trasladar esas ideas del mundo de la fantasía al mundo real.

Poniendo como ejemplo otro artículo de la Constitución, podemos detenernos en el artículo 14 de la misma, en la que se expresa lo siguiente: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Todo muy bonito hasta que llega el momento en el que te das cuenta que desde algunos sectores de la sociedad, y en especial desde los poderes del estado, se promueve la incorporación de más mujeres que hombres tanto en administraciones públicas como privadas, a la vez que desde la propia Constitución, concretamente en el artículo 57.1, se establece la preferencia del varón sobre la mujer en la línea de sucesión al trono de España.

La propia Constitución habla de igualdad mientras el jefe del estado es, según el artículo 56.3 de nuestra Carta Magna “Inviolable y no está sujeto a responsabilidad alguna”. Todo ello mientras los diputados y senadores disfrutan de aforamientos e inmunidad judicial frente al resto de la sociedad. Mientras el artículo 16 de la Constitución estipula que “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto” en nuestra sociedad, con el pretexto de defender el laicismo, se intenta boicotear desde determinados sectores todos aquellos actos que realiza la religión Católica, mientras que por otro lado se promueve la tolerancia con otras religiones extranjeras. Mientras la Constitución habla de garantizar la libertad ideológica, en nuestro país se persiguen las ideas conservadoras que profesan determinados sectores sociales en favor de otros sectores que promueven las ideas progresistas. Si la propia Constitución se contradice a la hora de hablarnos sobre igualdades, ¿Cómo se va a garantizar esa igualdad que los propios padres de la Constitución reniegan en otros artículos y que en la práctica se ha demostrado que es imposible llevarla a cabo?.

Pongamos más ejemplos, en este caso uno social; Cuando un niño lleva un proceso de aprendizaje un poco más lento y dificultoso que el resto de sus compañeros de clase y se decide llevar a ese niño a una clase especial para enseñarle según sus capacidades, ¿Estamos ante algo que enaltece la igualdad o la desigualdad? Porque el simple hecho de que ese niño ya esté siendo apartado de sus compañeros para recibir un aprendizaje acorde a él ya es en sí una discriminación hacia ese niño. Algunos dirán; "No, no. Es igualdad, ya que así ese niño tendrá oportunidad de aprender mejor". Yo personalmente no lo veo de esa forma, ya que si ese niño está siendo apartado de un tipo de enseñanza, para ser introducido en otra diferente, el simple hecho de realizar esa acción, por muy buena que sea la intención de fondo, lleva emparejado en sí todo un reconocimiento de desigualdad. Por ello, incluso cuando buscamos la igualdad estamos discriminando y reconociendo una desigualdad de manera inconscientemente.

Cuando desde los organismos públicos se insta y se fomenta llevar a cabo la discriminación positiva, se está llevando a cabo una discriminación en toda regla. Lo cual provoca no la igualdad entre diversos colectivos, sino la superioridad de un colectivo concreto por encima de otros basándose en el pretexto de la igualdad. En las circunstancias actuales donde se habla de la discriminación positiva en favor de la mujer y en detrimento del hombre, esa acción no supone ni muchísimo menos una acción destinada a la igualdad social entre hombres y mujeres, sino a la supremacía de la mujer sobre el varón, lo cual es igual de repugnante que la situación a la inversa.

Cuando se habla de discriminación positiva en favor del colectivo LGBT y las restantes consonantes del abecedario, se está llevando a cabo un proceso de discriminación general en favor de un colectivo concreto, el cual cada vez gana más peso dentro de la sociedad actual en detrimento de otros. Ahí ya se está creando desigualdad social. Cuando los medios de comunicación publican casos de violencia machista, pero en cambio esconden casos de violencia hembrista, ya se está produciendo una desigualdad social entre hombres y mujeres. Cuando desde los poderes públicos y los medios de comunicación se le da preferencia a los inmigrantes antes que a los ciudadanos nacionales, ya se está produciendo una desigualdad en favor de un colectivo mientras se perjudica a otro. Cuando se le niega a un ciudadano la posibilidad de recibir atención médica, ya sea por falta de poder adquisitivo, por no estar afiliado en la seguridad social, etc, ya se está produciendo una discriminación, cuando se le niega a un ciudadano la posibilidad de estudiar en una universidad por falta de recursos económicos o por otros motivos personales y/o sociales que afecten al individuo, ya se está produciendo una desigualdad y una discriminación a la vez.

Estos casos y muchísimos otros más son sólo unos ejemplos de que el concepto de igualdad como tal no existe. En lo que a mí respecta, yo creo que se puede equilibrar como ya he dicho antes, cierta igualdad dentro de las leyes. Pero lo que jamás se podrá llevar a efecto es una igualdad jurídica y social como tal. ¿Acaso en una sociedad igualitaria tendrían que pagar más impuestos unos ciudadanos que otros?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria un jubilado que haya cotizado menos que otro debe de cobrar lo mismo que el que ha cotizado diez veces más?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todos los trabajadores deberían cobran el mismo salario sin importar quién haya rendido más en sus horas de trabajo?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todos los estudiantes deberían aprobar para tener todos las mismas oportunidades, independientemente de que algunos hayan estudiado y aprobado y otros no?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria un pijo repugnante podrido de dinero tendría el mismo derecho a una prestación social que un mísero trabajador?, ¿Acaso en una sociedad igualitaria todo el mundo tendría derecho a las mismas oportunidades sin distinción ni discriminación alguna sean cuales sean las diferencias físicas y/o psíquicas? El ser humano es desigual biológicamente, y hay que empezar a tomar conciencia de ello cuanto antes por el bien de la propia especie humana. El hecho de que todos seamos desiguales no nos convierte a todos y cada uno de nosotros en un problema, sino en una oportunidad distinta para ver y entender la vida.

jueves, 1 de marzo de 2018

La histórica e infravalorada Revolución Inglesa

Hasta el día de hoy no había escrito en este blog sobre uno de los acontecimientos más importantes de la historia y que a la vez está infravalorado. Me refiero, como no podía ser menos, a la Revolución Inglesa de 1642. Esa revolución que se produjo poco más de un siglo antes que la Revolución Francesa y que provocó ni más ni menos que el derrocamiento de la intocable monarquía inglesa y su sustitución por una república, la única que ha existido hasta el día de hoy en Gran Bretaña.

El motivo que me ha llevado a escribir sobre este acontecimiento histórico fue el hecho de ver por sexagésimo cuarta vez la impresionante película que en 1970 rodaron los insuperables Richard Harris y Alec Guinness. Esta película, llamada "Cromwell", relata la revolución británica desde el punto de vista del general Oliver Cromwell, y tiene a éste y al rey Carlos I de Inglaterra como los dos principales protagonistas. Esta película es una joya cinematográfica, ya que relata las disputas políticas entre el poder ejecutivo y el poder legislativo.

Desde que visualicé por primera vez esta película y comencé a indagar acerca de los sucesos ocurridos en la Inglaterra del siglo XVII siempre me he hecho la misma pregunta; ¿Por qué está tan infravalorada la Revolución inglesa y no se le da la misma importancia que a la Revolución francesa? Las personas a las que he preguntado siempre me han respondido lo mismo; "Porque las consecuencias de la Revolución inglesa no fueran tan determinantes para la humanidad como sí lo fueron las de la Revolución francesa". Estoy de acuerdo en todo esto, pero aun así considero que la historia tiene muy infravalorado este acontecimiento histórico, el cual supuso en realidad la primera revolución política contra el absolutismo monárquico.

¿Quién no ha visto alguna vez en las sesiones de apertura del parlamento inglés el momento en el que los parlamentarios dan con la puerta en las narices al emisario que anuncia a los comunes la llegada de la reina Isabel II? Esto por supuesto es una tradición, la cual se remonta al momento en que el rey Carlos I de Inglaterra acude al parlamento británico con el objetivo de detener a una serie de parlamentarios que habían pedido que el monarca cediese el poder absoluto en favor del parlamento. Cuando la noticia de que el rey llegaba al parlamento escoltado por guardias armados, la reacción de los parlamentarios fue la de cerrar las puertas al rey y a sus guardias, los cuales finalmente consiguieron echar la puerta abajo. Este suceso marca el inicio de la guerra civil inglesa y supone el principio del fin del reinado de Carlos I.

Remontándose un poco más atrás cabe añadir que el motivo por el que un grupo de parlamentarios exigía la cesión del poder absoluto del rey en el parlamento no fue otro que el hecho de que el monarca necesitaba dinero del estado para poder formar un ejército con el que combatir contra los escoceses, entonces abiertamente enfrentados contra los ingleses. Por ello una de las condiciones que el parlamento puso ante el rey fue la de ceder parte de su poder ante el parlamento, una condición que el rey no estaba ni muchísimo menos dispuesto a aceptar. Finalmente y tras una serie de conflictos entre el monarca británico y el parlamento, Carlos I decide disolver el poder legislativo, lo que unido a la escena anteriormente comentada provoca el estallido de la guerra civil en Inglaterra.

Este hecho sería aprovechado por un militar y parlamentario inglés llamado Oliver Cromwell para ponerse al frente del ejército que lucharía contra el rey. Aunque en la película "Cromwell", el general inglés es considerado como una persona de principios que lucha por la democracia, en realidad no fue más que un oportunista que vio el cielo abierto ante el poder despótico, tiránico, autoritario y absolutista que había llevado a cabo Carlos Estuardo durante todo su reinado. Podemos decir pues que Cromwell aprovecha la guerra civil inglesa para abrirse paso en la lucha de poder que en ese momento se está produciendo en Inglaterra entre las fuerzas del parlamento y las del rey.

Finalmente, Cromwell gana la guerra, y Carlos I es detenido, aunque conserva su título de rey de Inglaterra. Mientras esto sucede, se produce una serie de negociaciones entre el rey y el parlamento para discutir los términos de la paz. Llegado el momento y ante la sumisión de gran parte de los diputados con respecto al rey (El cual seguía siendo el perdedor de la guerra), Cromwell, como jefe del ejército, paraliza las negociaciones y establece que éstas se lleven a cabo directamente entre el rey y el ejército. Cuando esto sucede, Cromwell impone al rey unas condiciones que pasaban inevitablemente por la continuidad de la monarquía y de Carlos como rey, pero con la condición de que el rey cediese el poder soberano en el parlamento británico. El rey, antes de verse humillado en ese escenario, comienza en secreto a pactar con los irlandeses (Entonces enfrentados abiertamente contra Inglaterra) y con los católicos (Carlos era protestante y jefe de la Iglesia Anglicana, abiertamente enfrentada con la Iglesia Católica) para declarar una segunda guerra civil.

Cuando Cromwell recibe la noticia de los movimientos del rey, decide acusarlo de alta traición y juzgarlo. Una vez llegado el juicio, Carlos I se niega a reconocer la legalidad del tribunal y a responder a las preguntas que le formulan los integrantes de éste. Finalmente, y tras un largo proceso de deliberación en el que Cromwell jugó un papel activo y determinante en favor de una sentencia contra el rey, el tribunal decide condenar a muerte a Carlos I, el cual acabará siendo decapitado el 30 de enero de 1649. Con este histórico suceso se produce la que ha sido hasta el día de hoy la única ejecución contra un rey de Inglaterra en manos de sus súbditos. Finalmente, y tras la ejecución de Carlos Estuardo, se produce la proclamación de la República parlamentaria inglesa.

Tras esto, Cromwell invade con éxito Irlanda y Escocia, siendo hasta la fecha muy discutida la actuación del general inglés en ambas guerras. Algunos llegan a considerar que Cromwell cometió un genocidio contra los irlandeses y escoceses durante este periodo bélico. Finalmente y tras rechazar el ofrecimiento del parlamento de convertirse en rey (Aunque algunos consideran que lo deseaba activamente), la situación parlamentaria en Inglaterra se vuelve cada vez más insostenible. Escenario que Oliver Cromwell aprovecha para dar un golpe de estado y erigirse como "Lord Protector" de la república inglesa, una especie de rey sin corona. Algunos consideran que el protectorado de Cromwell fue uno de los periodos más ejemplarizantes de la historia inglesa, mientras que otros lo catalogan como uno de los periodos más oscuros, donde Cromwell superó incluso el despotismo de Carlos I. Finalmente, este gobierno liderado por Cromwell se mantendría hasta su muerte en 1658, sólo cinco años después de su golpe de estado. Como si de una monarquía republicana se tratase, su hijo, Richard Cromwell, le sucedió como lord protector de Inglaterra, aunque por poco tiempo. Sólo un año después renunciaría a su cargo, mientras que al año siguiente, en 1660, la república quedaría abolida y la monarquía volvería a ser instaurada nuevamente, esta vez con el hijo mayor de Carlos I; Carlos II de Inglaterra. Desde entonces, la monarquía inglesa no ha vuelto a ser derrocada ni la república proclamada nuevamente en Inglaterra.

Con esto he intentado comentar de manera resumida uno de los periodos más interesantes, no sólo de Gran Bretaña, sino del mundo. Un periodo que sirvió como ejemplo para los revolucionarios en Francia un siglo después, los cuales tomaron nota de los errores que se llevaron a cabo durante esta histórica revolución para no fracasar ellos del mismo modo. La revolución inglesa supone pues el primer enfrentamiento entre el absolutismo monárquico y los partidarios de la democracia y la separación de poderes. Un enfrentamiento que en realidad no era más que la lucha legítima de dos posiciones bien diferentes; Por un lado la del rey Carlos I en su creencia de la legitimidad de su poder absoluto, y por otro el de los defensores de la democracia, que ansiaban una Inglaterra nueva y moderna que dejase atrás el Antiguo Régimen personificado en Carlos I. Por supuesto, dentro de esos defensores de la democracia no incluyo a Oliver Cromwell, el cual reitero que no fue un demócrata, ya que instauró una dictadura absolutista en nombre de la democracia y la libertad. Cromwell fue un oportunista que al igual que muchos otros parlamentarios, ansiaban el poder y buscaban solamente la caída del rey para erigirse ellos con el poder absoluto. Sólo el general y parlamentario inglés fue capaz de alcanzar ese poder, siendo su ambición lo que condujo al fracaso a una de las revoluciones más importantes que ha tenido la historia del mundo. 

miércoles, 28 de febrero de 2018

El fin del Régimen del 78

Pasan y pasan los meses y la situación en Cataluña no hace más que empeorar por mucho que uno piense que la cosa no puede ir peor tras las última noticias que nos llegan desde Barcelona. Ahora le ha tocado el turno al rey, el cual ha sido boicoteado en la capital catalana tras acudir a la inaguración del Mobile World Congress. En un desplante insólito, el rey no fue recibido ni por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ni por el presidente del parlamento catalán, Roger Torrent. Pero por si fuera poco a todo esto, Felipe VI fue recibido en Barcelona con múltiples protestas independentistas (Las cuales acabaron con heridos y detenidos) y por el himno de Riego (El himno de la II República española).

Ante esta insólita situación cabe preguntarse; ¿Cómo acabará esto?, porque por muy increible que nos parezca, el referendum ilegal e incluso la declaración unilateral de independencia de octubre no es nada con lo que puede ocurrir de aquí a unos meses. Hace unas horas se ha anunciado que el bando independentista ha acordado nombrar al radical Jordi Sánchez (El líder de la Asamblea Nacional Catalana) presidente de la generalitat catalana. Claro, uno lee esto y dice; "¿Y qué pasa con esto?", pues simple y llanamente que Jordi Sánchez está en estos momentos en prisión, por lo que a ver cómo se las apañan los independentistas para proclamar presidente de Cataluña a un preso. Un preso que de llegar a ser presidente tendría que implantar de manera efectiva la República catalana proclamada tras la declaración unilateral de independencia efectuada el 27 de octubre, algo que podría provocar unos acontecimientos que nadie sabe todavía. ¿Cómo reaccionaría el Estado español ante la implantación efectiva del nuevo estado catalán ya proclamado?, ¿Activaría Rajoy de nuevo el 155?, ¿O enviaría de nuevo a toda la Policía y a la Guardia Civil a Cataluña como ya hizo en octubre?. Más le valdría al presidente del gobierno que se guarde de enviar a los cuerpos y fuerzas de seguridad a Barcelona nuevamente, no vaya a ser que con las manifestaciones y protestas que se están produciendo en la Policía y en la Guardia Civil por la equiparación de salarios, algunos mandos desistan de acatar la orden que Mariano les mande desde el palacio de la Moncloa.

Si de algo podemos sacar como conclusión a todo esto no es sólo ya que los catalanes quieren marcharse de España, sino que los catalanes no reconocen a Felipe VI y a la monarquía como forma de estado en su territorio, y menos después del discurso del rey el pasado 3 de octubre. Algo que afecta ya no sólo a la integridad territorial de la nación, sino también a la forma de estado en sí. Y a todo esto conviene no perder de vista a los vascos, los cuales están elaborando ya una reforma del estatuto de Gernika en la que se reconoce abiertamente la posibilidad de celebrar un referéndum secesionista para la independencia del País Vasco con respecto a España. La cuestión es; ¿Cómo va a detener Rajoy al PNV si la estabilidad gubernamental depende de los vascos así como de Ciudadanos?. ¿Aceptará Rajoy esta reforma inconstitucional del estatuto vasco a cambio de seguir hasta 2020 en la Moncloa?, ¿O rechazará la propuesta del lehendakari Urkullu, lo que provocaría un adelanto electoral en España que Rajoy no quiere ni oír hablar en estos momentos de caída en picado en las encuestas?. Si de algo podemos sacar también como conclusión a todo esto es que a Rajoy la situación se le ha ido completamente de las manos y ya no depende de él el manejo de los tiempos, lo cual va a provocar que se lleve el país, la corona, y a todos nosotros por delante en su interminable caída.

En lo que a mí respecta, ¿Qué solución veo yo a todo esto? La dimisión inmediata del gobierno de Mariano Rajoy y la convocatoria urgente de elecciones generales constituyentes, cuyas nuevas cortes nombrarían a una persona neutral como nuevo presidente de un gobierno técnico y la posterior elaboración de una nueva Constitución para empezar (Que no reformar) un nuevo sistema político en España, el cual pasaría por la supresión de la monarquía y la instauración de una República presidencial o semipresidencial, la centralización territorial del estado (Como sucede en Francia), y la devolución de las principales competencias al estado español (Entre ellas, sanidad y educación).

El régimen del 78 no puede acabar con esta grave crisis puesto que ha sido este mismo régimen el que ha alimentado al monstruo que ahora estamos sufriendo. El gobierno de Rajoy ha ido demasiado lejos en su empeño de dejar pasar el tiempo para que todo esto se calmase, lo que supone en mi opinión un delito de alta traición contra el estado por el cual el actual gobierno debería ser juzgado llegado el momento. La monarquía por su parte sólo está sirviendo para calentar aún más la situación, y lo vivido estos días con Felipe VI en Barcelona es prueba de que el rey supone más un estorbo que una solución a este problemón. Y que rece el rey porque Pablo Iglesias y sus acólitos podemitas no les den por expandir y aflorar aún más si cabe el sentimiento antimonárquico por toda España, aludiendo a que el actual jefe del estado es parte del problema y no de la solución en el conflicto catalán. Ada Colau ya ha puesto su granito de arena, veremos a ver qué hace Iglesias a este respecto, y más teniendo en cuenta que Podemos está casi excluido del panorama político en estos momentos.

Debo añadir que hablando del rey se me ha venido a la mente una frase que pronunciaría Oliver Cromwell sobre el rey Carlos I de Inglaterra en la película “Cromwell” y que es perfecta para esta ocasión; “El rey no es Inglaterra, del mismo modo que Inglaterra no es el rey”. Haciendo las modificaciones oportunas en la frase anteriormente citada llegamos a la misma conclusión; El rey no es España, del mismo modo que España no es el rey. Con lo cual, si llegado el momento, Felipe VI tuviese que dejar el palacio de la Zarzuela porque las circunstancias así lo exigiesen, quizás, por no decir seguro, supusiera para la nación un mayor beneficio su salida que su permanencia en el trono, por mucho que les moleste a algunos esta conclusión, los cuales siguen creyendo en pleno siglo XXI que el rey y España son la misma cosa, como algunos creían en el siglo XVII con Inglaterra y Carlos I.

Por todo ello, después de que se haya anunciado que Urdangarín seguirá en libertad y no pisará la cárcel, lo que menos falta le hace al rey en estos momentos es una expansión del sentimiento antimonárquico por todo el país, y lo mismo cabe decir de Rajoy con sus casos de corrupción que cada vez lo tienen más acorralado. El jefe del gobierno, el cual si desea lo mejor para su país como él tanto pregona a los cuatro vientos, lo que debe hacer cuanto antes es anunciar su retirada, antes de que se lleve el país por delante. Ante todo este escenario cabe preguntarse nuevamente; ¿Cómo va a acabar todo esto? No tengo ni idea, pero desde luego bien no va a acabar, y no me refiero solamente en el territorio catalán, sino en el resto de España. Así que, señoras y señores, si lo de ahora les ha parecido un terremoto, agárrense porque vienen curvas con tsunami y huracán incluidos. Visto lo visto en las últimas horas, lo peor está todavía por llegar y puede llevarse por delante todo y a todos. 

martes, 27 de febrero de 2018

Lo que los andaluces nunca fuimos

Tengo que confesar que nunca he sido un excesivo admirador del movimiento andalucista ni del regionalismo andaluz, pero siempre he tenido un cierto orgullo por ser andaluz y por pertenecer a esta tierra. Pero de un tiempo a esta parte debo reconocer que mi escasa simpatía hacia el andalucismo ha ido menguando hasta ser algo completamente inexistente en mi vida. Mientras este sentimiento se disipaba, mi sentimiento patrio, es decir, mi sentimiento hacia mi país, hacia España, han ido aumentando conforme han ido transcurriendo los históricos y graves sucesos acontecidos en Cataluña en estos meses.

A día de hoy, si me preguntan sobre si me siento orgulloso por ser andaluz, debo añadir que en términos geográficos me siento orgulloso por haber nacido y vivido en esta tierra situada al sur de España, pero en lo que concierne a sentimientos regionalistas e incluso nacionalistas, debo añadir que no. No siento el más mínimo "Amor patrio" hacia esta tierra. Esto no quiere decir que no la ame, pero por supuesto no despierta en mí un sentimiento colectivista, ni muchísimo menos identitario.

¿La razón? No hay ningún motivo en concreto, pero como ya he añadido, la situación nacional que estamos viviendo ha hecho que los escasos sentimientos identitarios y regionalistas se hayan disipado completamente. A fin de cuentas ¿Qué es el sentimiento regionalista y nacionalista andaluz? Pues ni más ni menos que la concentración de todo un sentimiento de esa parte de Andalucía correspondiente al mundo izquierdista, progre, obrero y rural que no se ve reflejada en el nacionalismo español y que ve en el nacionalismo de nuestra tierra un sentimiento que abandera, según ellos, la defensa de la clase trabajadora de nuestra región. ¿Acaso no es común ver a esa misma izquierda que catalogan de "Fachas" a los nacionalistas españoles reivindicar el nacionalismo andaluz con la misma intensidad e ímpetu?, ¿Acaso no se ponen ellos a la misma altura de aquellos a los que critican con ese comportamiento hipócrita?, ¿Por qué ese sentimiento de animadversión hacia España mientras se enaltece la "Patria andaluza"?, ¿Acaso no son extrapolables hacia el nacionalismo andalucista las críticas que desde este sector se realiza contra el nacionalismo español?, ¿Acaso no son todos los nacionalismos iguales, como ahora profesan por ahí algunos?.

Es común ver a la izquierda por Andalucía cantar el himno que compuso el sobrevalorado Blas Infante con el puño en alto cuan "La Internacional". Un himno que nos dice una frase bastante curiosa y que a mí personalmente me llama mucho la atención. Es la frase que dice; "Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos". Cuando yo oigo esta frase no tengo más que preguntarme; ¿Y qué hemos sido los andaluces alguna vez? Pues lo mismo que los catalanes, los gallegos, los murcianos, los vascos, los valencianos o los extremeños; Nada. Los andaluces nunca hemos sido esa "Nacionalidad histórica" que el estatuto acordado por Zapatero y Chaves plasmó en el preámbulo de dicha ley. Otra cosa bien diferente es si hablamos de Andalucía oriental, concretamente de la provincia de Granada. Esta provincia sí puede catalogarse como una nacionalidad en términos históricos, puesto que hasta hace algo más de 500 años fue lo que todos conocemos como el Reino de Granada. Un reino que ocupaba también las provincias de Málaga y Almería, además de parte de Murcia, Cadiz y Jaén, pero hablar de esto es harina de otro costal.

Por cierto, volviendo al himno cabe decir que el propio Blas Infante, el cual es considerado como el padre de la "Patria andaluza", lleva a cabo dentro del mismo himno una contradicción bastante curiosa, y no es otra que aquella que dice; "Sea por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad". Es decir, mientras este señor enaltecía una Andalucía libre de España, al mismo tiempo hacia un enaltecimiento internacionalista hacia los pueblos y la humanidad. Un error que ya se encargaron de corregir algunos cuando se puso en marcha el proceso de autonomía de nuestra tierra durante la transición. Aun así debo añadir que el himno en sí tiene una letra bonita, pero no despierta en mí ninguna emoción ni sentimiento identitario cada vez que lo oigo, como tampoco despierta en mí ningún sentimiento ni emoción la bandera de Andalucía.

¿Cómo sentir algo hacia una tierra que desprecia y humilla a la provincia y a la ciudad que es capital de esa tierra?, ¿O es que acaso es mentira que el resto de andaluces no pueden ni ver en pintura a Sevilla y a los sevillanos por el simple hecho de ser los habitantes de la capital de Andalucía?, ¿Qué sentimiento identitario voy a tener hacia una tierra que tiene un debate permanente sobre si es conveniente dividir ésta entre las provincias orientales y occidentales debido a que no tienen ninguna semejanza entre ellas?. En fin, por lo que a mí respecta, mañana no tenemos nada que celebrar los andaluces. Andalucía occidental fue hace cinco siglos una parte esencial del Reino de Castilla y es hasta el día de hoy parte indispensable de España, con lo cual no cabe celebración ni enaltecimiento regionalista, ni mucho menos nacionalista hacia nuestra tierra, que ha sido, es y espero que siga siendo, aunque por desgracia cada vez lo veo más difícil, española. Por ello, viva Andalucía, pero sobre todo, viva España.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Visión de una suciedad


Hace unos años escribí en mi portátil una entrada privada acerca de mi visión sobre las distintas clases sociales que integran el mundo en el que vivimos. No sé cómo, esa entrada se perdió en su momento, por lo que intentaré de nuevo explicar de la manera más cercana posible mi posición expuesta en aquella entrada y de paso, subirla por aquí y compartir mi visión de esta sociedad que padecemos. Tengo que añadir que he dudado hasta el último momento sobre la conveniencia de compartir o no esta entrada. Algo que no me ha pasado en los casi cinco años que tengo este blog. Aun así considero que es mejor compartir lo que he escrito y que cada uno piense lo que quiera.

Dicho esto debo añadir que otro motivo que me ha llevado a escribir de nuevo esta tesis es la visualización el año pasado de una serie que cuarenta años después de su emisión sigue siendo todo un referente en lo que se refiere a una serie histórica/sociológica. Me refiero como no podía ser menos a la maravillosa serie británica "Arriba y abajo", a la cual ya dediqué una entrada íntegra sobre ella en mayo del año pasado. En esta serie anglosajona se relata la historia de la Inglaterra de principios del siglo XX a través de los ojos de sus protagonistas; una familia de clase alta cuyo cabeza de familia es un político del partido conservador inglés, y sus criados, los cuales residen en la parte inferior de la casa y viven por y para sus señores. Cuando veo la serie me hago una serie de preguntas acerca de la evolución del concepto entre ricos y pobres, señores y criados, clase alta y clase baja, patronos y trabajadores. Todo aquél que haya visto la serie conoce de antemano a los personajes y sus ideas. En la clase sirviente podemos ver sin ir más lejos la posición conservadora/tradicional que poseen dos de los componentes más relevantes dentro de la servidumbre. Me refiero al señor Hudson y la señora Bridge; el mayordomo y la cocinera de la aristócrata familia a la que éstos guardan el más absoluto de los respetos. Pues bien, como iba señalando, una de las cosas que más me sorprende de estos dos personajes de la serie es su forma jerárquica en la que conciben la sociedad en la que les ha tocado vivir. Tanto el señor Hudson como la señora Bridge son personas que se sienten orgullosas de ser criados de sus señores. No conciben en absoluto una sociedad en la que el trabajador puede desempeñar un puesto relevante dentro de la sociedad. Eso es tarea única y exclusiva de la clase alta. Como ya he señalado, nuestros dos protagonistas defienden la estructura social de la Inglaterra Victoriana/Eduardiana como los más fervientes aristócratas del país de Shakespeare. Una posición en la que uno se queda un poco perplejo, ya que éstos son sirvientes y súbditos de unas personas pertenecientes a un estatus social ajeno a ellos, y que sin embargo no ofrecen la más mínima queja de su situación, al contrario. Todos aquellos que critiquen a los señores son defendidos por nuestros protagonistas, en especial el señor Hudson.

Claro, uno ve estas cosas en febrero del año 2018 y se pregunta ¿Cómo es posible que aquellos que obedecen defiendan a sus jefes como si fuesen miembros de su propia familia?, ¿Los trabajadores del siglo XIX y XX eran tan ignorantes que no tenían un poco de orgullo para con ellos mismos y defendían los intereses de sus amos en lugar de los suyos propios?, o por el contrario, ¿los trabajadores de hace 100 años sabían perfectamente dónde estaba situada su posición social y la aceptaban sin regañadientes puesto que para ellos el pobre debe servir y el rico mandar y esto no es más que la ley natural del más fuerte como ya vaticinó Darwin en su teoría de las especies?.

Yo no soy una persona perteneciente a las clases sociales adineradas y privilegiadas. Al contrario, soy una persona perteneciente a la clase media-trabajadora. Sin embargo hay que añadir que por muy impactante que nos pueda parecer la posición de los sirvientes anteriormente mencionados, hay que destacar que llevan toda la razón a la hora de defender su posición y las limitaciones sociales que conlleva pertenecer a ella. Me explico, hoy en día, todas las personas que integran la clase obrera defienden que ellos tienen una serie de derechos y que los ricos les están quitando de manera progresiva esos derechos, por lo que gran parte de ellos salen a la calle a reclamarlos. Hasta ahí todo me parece muy bien y correcto. Todas las clases que componen una sociedad deben de tener una serie de derechos dentro de un marco establecido por las leyes. Pero eso no quita que en casos donde se asciende de posición social por determinados motivos, ciertas personas antes pertenecientes a la clase trabajadora, dejen posteriormente a un lado sus principios proletariados y se comporten de la misma manera que aquellos empresarios que ellos criticaban en su época de lucha obrera. ¿Qué quiero decir con esto? Simple y llanamente que el ser humano, y en especial el obrero, es un ser hipócrita que actúa de una forma u otra según las circunstancias y la situación en la que se encuentre en un momento determinado. ¿Cuántas veces no ha oído uno decir a algún comunista "Que paguen más los que más tienen"? Una frase que puede uno compartir o no, pero que varía de respuesta entre aquellos que pronuncian tan polémica frase cuando se les pregunta si eso sería aplicable también a ellos en caso de convertirse en personas con un poder adquisitivo elevado. "Pues no, porque el gobierno no es quién para robarme un dinero que a mí me ha tocado legalmente", "Para nada, porque yo no me puedo comparar con los ricos. Soy un trabajador al que le ha sonreído la vida sólo por una vez", "Pues sí, pero hasta cierto punto. Tampoco se van a llevar ahora todo mi dinero para que se lo queden ellos". Respuestas algunas con sentido y otras que no, pero que demuestran el nivel de hipocresía al que los seres humanos, en este caso los trabajadores, llegamos cuando nos guiamos por intereses distintos según el "Status quo" al que formamos parte.

Aún así quiero ir más allá de todo esto. También podemos considerar que todo esto no es más que un sentimiento de envidia que les mueve a las personas que están en una posición social inferior. El trabajador puede ser solamente un individuo el cual desea un aumento de posición social y captación de poder para sentirse importante y dejar atrás una vida miserable cargada de muchas obligaciones y escasos derechos. ¿Cuando el trabajador critica a un burgués por ir a una clínica privada lo hace porque este último hace alarde de su dinero y acude a centros médicos mejores, o solamente porque le chirría que una persona que tiene más ingresos económicos puede permitirse el lujo de ir a estos lugares y él no?, ¿Cuando el trabajador critica al rico por llevar a sus hijos a escuelas privadas y no públicas lo hace porque el padre de las criaturas es un estúpido liberal que considera que sus hijos pijos no pueden ni deben relacionarse con los hijos de los obreros, o por el contrario lo critica porque éste tiene la capacidad de llevar a sus niños a colegios donde los suyos no pueden ni asomar las narices?.

Otro caso llamativo lo encontramos cuando un trabajador escucha en las noticias que un político ha robado dinero público. La primera reacción del trabajador es lógicamente la de lanzar un "Menudo hijo de puta". Pero si nos paramos y le preguntamos a ese trabajador por qué considera que ese político es un hijo de puta obtendremos en la mayoría de los casos, no en todos, la misma respuesta; "Porque yo estoy cobrando una mierda de salario/prestación, mientras ellos se lo llevan calentito". Cuidado, el obrero no critica al político por robar un dinero perteneciente a las administraciones públicas. Lo critica porque éste tiene la oportunidad de poder robar a manos llenas todo aquello que encuentre mientras el trabajador se tiene que conformar con lo que gane ya sea mediante un salario despreciable o una paga sufragada por el Estado. Con lo que podemos llegar a la conclusión siguiente: el trabajador no es más que un ser envidioso y perdedor que siente repugnancia por los burgueses y las clases adineradas por el simple hecho de que éstos viven en un modo de vida inalcanzable para los proletariados. Es por ello por lo que la Dictadura del Proletariado no es más que la confirmación de la tesis "Quítate tú, que me pongo yo". La tesis de que lo que molesta no son los abusos de los patronos sobre sus trabajadores o el poder que los primeros ejercen sin piedad contra los segundos, sino el reparto de papeles en los que los oprimidos desean ser opresores de aquellos que los oprimen. La expropiación de las tierras y los medios de producción en manos de los burgueses por parte de los proletariados una vez que éstos asuman el poder según la teoría de Marx, es la confirmación de que el obrero es un ser acomplejado, avergonzado y sediento de poder y de riquezas.

Volviendo a la serie británica, me detengo esta vez en los de "arriba", es decir, en los señores. La familia burguesa está compuesta por los Bellamy, encabezada por Richard Bellamy, un político del partido conservador británico, su esposa lady Marjorie, una mujer perteneciente a la aristocracia, y sus hijos; James Bellamy y Elizabeth Bellamy. Un gran error que yo veo en la serie inglesa es la comprensividad que se les da a los burgueses con sus sirvientes y todos aquellos estamentos inferiores a ellos. Es lo que en Inglaterra y Francia se resume con la célebre frase "Noblesse oblige" (Nobleza obliga), en donde los nobles no sólo deben ser firmes con el trato a sus inferiores sino corteses con ellos y comprensivos, puesto que su posición social les obliga a comportarse así para dar ejemplo ante terceros. Podemos decir pues que es un ejercicio puro de hipocresía donde los ricos muestran su "alma caritativa" con los más desgraciados con el fin de dejar buena imagen ante sus amigos ricachones en las reuniones pijas celebradas en los restaurantes más distinguidos de la sociedad burguesa.

En varios momentos de la serie se pueden ver escenas donde el jefe de la familia, es decir, el político Richard Bellamy, se preocupa por el bienestar de sus súbditos, intenta solucionar sus problemas dentro de sus posibilidades como alta clase social e incluso sacan las narices en favor de sus sirvientes, algo verdaderamente insólito. Por supuesto, cuando se visualizan estas imágenes uno se queda un poco en shock sobre el trato de los señores hacia sus inferiores. Nos encontramos pues ante unas escenas que en la vida real difícilmente su podrían observar, ya que los señores eran personas que trataban a los empleados como seres inhumanos donde se podía hacer con ellos lo que les diese la real y aristocrática gana. Si le preguntásemos a un burgués sobre las condiciones de vida de sus criados, éste respondería; "Demasiado bien están. Encima que les doy techo y comida estaría bueno que se quejasen. Si no les gusta lo que hay, ya saben lo que tienen que hacer", o también podría decir "Estos repugnantes obreros con sus ideas socialistas y sus derechos nos van a arruinar". De hecho, existen relatos de personas que han trabajado para personas de la clase alta que han descrito sus vivencias en estas casas como un "infierno", donde sus amos no tenían la más mínima consideración con sus subordinados. Hasta el punto de hacerlos trabajar cerca de 20 horas al día, y dejarles poco más de cuatro horas de descanso solamente, siempre por supuesto en unas condiciones infrahumanas. Por ello, una vez dicho esto y volviendo a la serie es “entendible” que los productores y directores de ésta intenten suavizar y por consiguiente pequen de permisividad con la clase alta con respecto a estos graves asuntos, ya que si por algo se caracteriza “Arriba y Abajo” es por ser una serie con claros tintes conservadores y como tal intentan proteger el mal trato que los representantes del conservadurismo/liberalismo anglosajón dan a sus trabajadores en la serie haciendo gala del dicho franco-británico anteriormente citado. Recuerden; “Nobleza Obliga”. 

Con todo esto se puede concluir que el rico es un ser despreciable, perverso y vomitivo, el cual hace gala de su poder frente a los trabajadores con el objetivo de demostrar su "Status quo" ante ellos y su supremacía en todos los niveles. Al igual que el trabajador, el rico no piensa más que en sí mismo y en la perduración permanente de su estatus social, pero para mantener a la plebe tranquila, les da a éstos las migajas de pan que caen en el suelo de sus apoteósicos salones pijos repletos de obras absurdas y abstractas en las que la vulgaridad predomina por los salones de alta cuna. Aunque este hecho se produce de manera literal, también se produce de una forma teórica, es decir, los ricos les dan de vez en cuando a los pobres un 0,1% de las reivindicaciones que exigen con el fin de mantener sus bocas cerradas y alargar con ello la esclavitud proletariada bajo el dominio inflexible e inhumano del capitalismo. Ante este desarrollo cabe preguntarse, ¿Le interesa a los pijos, empresarios engominados e hijos de papá algo más que no sea el dinero? Rotundamente no. El rico tiene sólo un objetivo que va más allá de la perpetuación de poder y la posesión económica; el aumento de ambas en detrimento de una sociedad más desigual. Es lo que los judíos y los seres más despreciables que pululan por los cinco continentes llaman "Neoliberalismo económico"; una forma de vida en la que la esclavitud se legaliza por medio de un contrato de trabajo temporal/permanente donde el trabajador es simplemente un animal que está al servicio de su emprendedor y multimillonario jefe, el cuál se regocija con la escena de ver cómo tiene en su poder el futuro laboral, y por ende, la vida de todos aquellos que con el sudor y la sangre de su frente mantienen activa su empresa.

Esta es mi visión de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde se trabaja como esclavo de la clase burguesa con el único fin de sobrevivir en un mundo cada vez más desigual e insolidario. Un mundo en el que ahora, más que nunca, la codicia (Ese elemento que tan bien expresó Michael Douglas, Gordon Gekko, en la maravillosa película de Oliver Stone; “Wall Street”) y la avaricia son sus principales protagonistas. Con una clase rica cada vez más podrida de lujos y privilegios a la par que sedienta de dinero y poder por un lado, y por el otro una clase obrera sobrada de envidia y falta de esperanza que vive cuan mendigo en una vía pública, de las limosnas que los insensibles y egoístas acomodados les conceden con repugnancia y risa a su paso. Una sociedad que en nada se parece a la extraordinaria serie británica “Arriba y Abajo” (Lo cual no quiere decir que esta producción televisiva sea una de las mayores joyas de la pequeña pantalla), y que nos demuestra que la igualdad no sólo es un concepto inalcanzable, abstracto, falso y absurdo, sino también una vana ilusión entre los desiguales con el fin de creer que lo imposible es posible.