martes, 6 de enero de 2026

Trump frena el cambio en Venezuela


Hace unas horas, Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta de Venezuela, ha tomado posesión como nueva presidenta del país sudamericano tras la intervención militar del pasado sábado, donde el ejército de Estados Unidos bombardeó puntos claves en Caracas y detuvo al hasta entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro. 

Lo ocurrido en el día de ayer supone la confirmación de algo que no encajaba el sábado pero que ahora sí cobra sentido: Delcy Rodríguez huyó a Rusia y traicionó a Maduro con el fin de obtener a cambio por parte de los americanos la presidencia de Venezuela, aunque ésta sea una presidencia títere y supuestamente provisional donde las verdaderas decisiones se tomarán desde Washington y no desde Caracas.

De esta forma, el chavismo sigue vivo, aunque probablemente tenga ya fecha de caducidad. Ello no excusa que la intervención militar del pasado sábado haya sido un falso espectáculo donde los americanos han paseado como trofeo al ya ex dictador Maduro mientras negociaban con los chavistas la continuidad, al menos durante el corto plazo, del régimen que Hugo Chávez inaugurase en 1998. 

Con esto, el chavismo gana tiempo y el régimen va hacia una prórroga otorgada por Trump mientras el presidente de EEUU amenaza a Rodríguez con "un final peor que el de Maduro" si no se pliega a las órdenes que reciba desde la Casa Blanca. Con este escenario, la izquierda venezolana, y también la española e hispanoamericana, respiran tranquilas mientras la oposición se dá golpes contra la pared mientras observa cómo Trump negocia con los chavistas a cambio de la explotación del petróleo venezolano y pospone una transición democrática en Caracas. 

Todo ello mientras el propio Nicolás Maduro se ha presentado por primera vez en el día de ayer ante el Tribunal Federal de Nueva York, declarándose inocente de los cargos que se le imputan y alegando ser el presidente legítimo de Venezuela, además de reiterar que EEUU lo ha secuestrado. Unas declaraciones que no pillan por sorpresa a nadie en medio de este escenario tan oscuro y contradictorio que se está viviendo desde el pasado sábado. 

Y es que volviendo a lo ocurrido en el día de ayer con respecto a Delcy Rodríguez, cabe preguntarse: ¿Qué se ha ganado con esto por parte de los chavistas? de momento, tiempo y retención del poder, lo cual no es poco. Lo ocurrido el sábado supuso solamente la caída de Maduro, pero no de su régimen izquierdista. De esta forma la cúpula totalitaria venezolana retiene el poder aunque sea con la administración norteamericana ordenándoles a punta de pistola qué, cómo y cuándo actuar. 

Todo ello mientras aquí en España, Pedro Sánchez se autoproclama antagonista mundial de Trump y lidera junto a la izquierda hispanoamericana el rechazo a lo ocurrido en Venezuela. Si los españoles no teníamos ya pocos problemas internos gracias a la corrupción del gobierno de Sánchez, viene él y nos suma en un nuevo conflicto internacional contra Washington. Como dice la Ley de Murphy, "todo escenario malo es susceptible de empeorar".

Con este mismo escenario, tanto Pedro Sánchez como José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias y toda la morralla izquierdista española respiran de momento tranquilos y aliviados a la espera de cómo se va desarrollando la situación en Venezuela. Ya dije en mi última entrada que la izquierda española tenía mucho que perder si el régimen chavista caía, lo cual no ha ocurrido. 

Teóricamente, se está hablando de la posibilidad de ir a unas elecciones presidenciales para el año que viene. Un tiempo lo suficientemente largo como para que los chavistas puedan entregar, si es que eso ocurre, el poder de forma tranquila, negociada y segura, sin temor a represalias tanto contra ellos como contra los que han respaldado esta dictadura que dura ya casi treinta años, y ahí entra, entre otros actores, la izquierda española.

¿Y qué opina la oposición venezolana de todo esto? Básicamente que Donald Trump se la ha metido doblada a todos ellos al llegar a un acuerdo con los chavistas y evitar de esta forma una caída abrupta y total del régimen. Todo esto mientras, desde Madrid, un cobarde Edmundo González se autoproclamaba de nuevo presidente legítimo de Venezuela a la vez que María Corina Machado aseguraba que está en condiciones de tomar el poder. 

Como se puede apreciar, no dije nada que no fuese cierto cuando afirmé en mi última entrada que la oposición venezolana es, como mínimo, igual de miserable que el régimen dictatorial chavista. La lucha por el poder desde la oposición venezolana ha comenzado, lo cual augura que Juego de Tronos se convertirá en una broma comparada con la lucha de poder que se abrirá a partir de ahora entre los opositores.

Todo esto mientras Donald Trump asegura ahora que no descarta intervenir militarmente en Cuba, México y Colombia, así como anexionarse Groenlandia. Como se puede ver, Trump está decidido de ir a por todas. No se detendrá ante nada ni ante nadie mientras se cree, como ya dije en una de mis últimas entradas, una especie de Augusto del siglo XXI, un emperador del Imperio Norteamericano y, por ende, dueño del mundo actual. 

Esto confirma que la situación es mucho peor de lo que se piensa, ya que no es ninguna novedad que países como Cuba, Venezuela u otros muchos son dictaduras criminales, pero tampoco es menos cierto que en la Casa Blanca hemos pasado de tener a un criminal de guerra como Joe Biden a un tipo como Donald Trump que se cree enviado por la Divina Providencia, con la potestad de hacer y deshacer en el mundo a su libre albedrío. 

En definitiva, los chavistas y la izquierda española e hispanoamericana celebran retener el poder en Venezuela, aunque sea a corto plazo, la oposición maldice a Trump por habérsela jugado y frenado el cambio en el país, y el presidente de EEUU ya hace números con respecto a los beneficios que le van a reportar el petróleo venezolano a la par que desecha la margarita mientras decide intervenir o no en otros países, aunque uno de ellos sea la propia Groenlandia danesa. El panorama pues no puede ser más devastador. 

domingo, 4 de enero de 2026

Trump derroca a Maduro


Lo ocurrido en el día de ayer es uno de esos capítulos que pasarán a los anales de la historia y, especialmente, a los anales de la historia de la presidencia de Donald Trump. Hace algo menos de veinticuatro horas, EEUU ha atacado puntos claves en Caracas y han detenido al presidente venezolano, Nicolás Maduro y a su mujer, Cilia Flores, los cuales han sido trasladados hace unas horas a Nueva York para ser enjuiciados por delitos de narcoterrorismo y narcotráfico. 

Tras varios meses de tensión entre EEUU y Venezuela, la Casa Blanca dio ayer la orden de atacar Caracas y capturar a Maduro en una operación relámpago donde al menos cuarenta venezolanos han muerto durante el desarrollo de dicha operación militar. Tras la detención de Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció para informar sobre los detalles del ataque militar y sobre los planes que EEUU tiene previsto hacer a partir de ahora con Venezuela. 

Una Venezuela que, por mucho que algunos crean lo contrario, no ha pasado página del régimen chavista. El ataque militar (o la invasión, como queramos llamarlo) a Venezuela ha supuesto la caída de Maduro, pero no la del régimen totalitario que durante más de veinticinco años lleva oprimiendo a los venezolanos y a intervenido de forma clara en la política interna española. Maduro ha caído, sí, pero el chavismo, por desgracia, sigue vivo.

Pero por si esto no fuese poco, durante la comparecencia de Trump en su residencia privada en Florida ha afirmado que tras el derrocamiento de Maduro, será EEUU quien se haga cargo del gobierno de Venezuela hasta que el país esté en condiciones de llevar a cabo una transición hacia un sistema democrático. Todo esto tras afirmar Trump que los motivos del ataque contra el dictador venezolano obedecían al hecho de que Maduro dirigía una red de narcotráfico, la cual suministraba cocaína como arma contra EEUU. 

También hizo referencia, como es obvio, a la vulneración de los Derechos Humanos por parte del hasta ayer presidente venezolano y del régimen que lideraba, así como a la decadencia económica, social y política a la que ha llevado a Venezuela. Pero sobre todo hizo hincapié en la cuestión más interesante de todas: el petróleo. Un elemento que pasará teóricamente, según ha afirmado Trump, a manos de Estados Unidos mientras la Administración Trump ocupa el país sudamericano y gobierna el territorio. 

Personalmente, debo decir que se agradece en parte la sinceridad de Trump al hablar de este asunto. Al contrario de lo ocurrido con Bush padre o Bush hijo durante sus intervenciones militares en Irak en 1991 y 2003, Trump no se ha envuelto en la bandera y los valores de la libertad para saquear los fosos de petróleo en Venezuela, sino que directamente ha confirmado que uno de los motivos que ha llevado a EEUU a invadir Caracas es precisamente la "Explotación" del petróleo venezolano. Quien avisa no es traidor.

No es algo nuevo el hecho de que EEUU invada otros países por intereses petrolíferos, pero en este caso no ha habido necesidad de utilizar el tan quemado como falso discurso en favor de la libertad para invadir Venezuela, ya que el propio Trump ha confirmado que entre otras cuestiones, el petróleo era uno de sus objetivos. Por otro lado, resulta curioso cómo el presidente de EEUU se ha quedado tan campante cuando ha dicho que su país permanecerá y gobernará el tiempo que haga falta Venezuela hasta que se den las condiciones para ir hacia un nuevo sistema democrático. 

No ha habido mención ni a María Corina Machado, excepto para aclarar que no es lo suficientemente popular en Venezuela como para ser la futura presidenta, ni al fugado Edmundo González ni a ningún otro líder de la oposición venezolana, lo cual demuestra que los intereses de EEUU con respecto al país sudamericano no son precisamente por cuestiones de democracia y/o totalitarismo. Una oposición venezolana que, todo hay que decirlo, es tan miserable como lo es el propio régimen chavista. 

Un régimen que ha asesinado, expropiado, encarcelado y torturado a miles de venezolanos mientras entrometía sus narices en nuestro país, financiando la aparición de figuras como Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero a la par que hacía negocios ilícitos con el ex presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ahora huérfano de su amigo Nicolás Maduro y probablamente preocupado, al igual que Pedro Sánchez, sobre el devenir de los acontecimientos que se produzcan en Venezuela. 

Dicho esto, conviene preguntarse lo que desde hace unas horas lleva preguntándose todo el mundo: ¿Dónde queda el derecho de soberanía e independencia? ¿Y dónde queda el Derecho Internacional ante esta situación? Maduro es un criminal que merecía lo que le ha ocurrido y más, sí; ¿Pero dónde queda la soberanía, la independencia y la integridad nacional venezolana en todo esto? 

Una vez más, EEUU ejerce, al igual que lo hiciera Roma hace dos mil años, en la hegemónica policía mundial. ¿Acaso Trump tiene derecho a invadir un país y, en cierta forma, convertirlo en una colonia tras detener a su hasta ahora presidente? Con esto no estoy defendiendo, y Dios me libre de ello, a Maduro, ya que hablamos de un dirigente criminal e ilegítimo, pero sí hago hincapié en la invasión ilegítima de la soberanía e independencia de Venezuela en pos de los intereses estadounidenses. Mucho cuidado con esto porque se asienta un precedente bastante peligroso ante el silencio de la mayoría de la Comunidad Internacional.

Ante todo esto cabe preguntarse también ¿Qué papel desarrollarán ahora Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y tantos otros pesos pesados del régimen venezolano? ¿Dejarán que Trump los detenga sin más o colaborarán con la Casa Blanca para evitar que sus cabezas rueden junto con la de Maduro? Por el momento, a Delcy Rodríguez le ha pillado, casualmente, el ataque en Rusia. ¿Acaso estaba avisada del ataque y ha traicionado a Maduro con tal de pagar un precio que veremos próximamente? Sin duda alguna este escenario que se ha abierto es muy extraño a la vez que interesante.

Por supuesto, no voy a hacer más hincapié en la oposición venezolana, ya que la considero, como ya he dicho antes, tan miserable, corrupta y criminal como el propio régimen chavista. ¿Volverá ahora el ganador de las pasadas elecciones, Edmundo González, a Caracas, o seguirá viviendo a cuerpo de rey en el barrio de Salamanca de Madrid? Es muy fácil hablar de libertad y de Derechos Humanos cuando te exilias al otro lado del Atlántico y dejas tirado a los tuyos tras ganar teóricamente unas elecciones por miedo a que caiga tu cabeza, pero eso es lo que representan la mayoría de los dirigentes de la oposición venezolana. Que se lo pregunten también a los ya olvidados Juan Guaidó o Leopoldo López. 

Y por último, y no menos importante, cabe añadir el papel que desempeñará España a partir de ahora en este nuevo tablero y cómo afectará esto a la izquierda española, tan unida al régimen chavista. Por el momento, Pedro Sánchez ha ofrecido su mediación y ha afirmado de forma cobarde que por parte de España, el gobierno nunca ha reconocido a Maduro como presidente en los últimos años. Hace falta tener cara, cinismo y vergüenza. Por su parte, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, etc, ya han puesto el grito en el cielo por la intervención norteamericana y han exigido que España rompa relaciones con Estados Unidos y abandone de inmediato la OTAN. 

Como se puede ver, el panorama en España también va a afectar y bastante como consecuencia de la invasión de Trump en Venezuela. En estos momentos, tanto Sánchez, Zapatero, Iglesias y otros muchos líderes de la izquierda española están acojonados ante lo que Maduro pueda confesar ahora en Estados Unidos, donde se pide cadena perpetua por los delitos que se le imputan, aunque su condena podría verse reducida si decide "cantar". 

Mucho cuidado con esto, insisto, porque el futuro de España y, sobre todo, de la izquierda española está en juego como Maduro decida confesar sus relaciones e intereses con España. Si la legislatura estaba ya en vía muerta, la invasión de EEUU en Venezuela supone el detonante final en la situación agónica en la que se encuentra Pedro Sánchez en estos momentos donde está más cercado que nunca por la corrupción. 

Veremos pues con qué nos encontramos en las próximas horas, días, semanas y meses. Lo que está claro es que con lo ocurrido ayer en Venezuela, el futuro del país sudamericano no está asegurado en absoluto. Trump ya ha avisado hace unas horas que EEUU está preparada para un nuevo y mayor ataque si las circunstancias así lo exigen. Y mientras, los venezolanos contrarios al régimen chavista celebrando tanto en Caracas como en Madrid la caída de Maduro, creyendo ingenuamente que tras lo ocurrido hace unas horas, Venezuela volverá a vivir en democracia y libertad. 

Por desgracia, y tras ver en directo la comparecencia de Trump y sus intenciones, nada asegura que esa libertad ni esa democracia vayan a volver al país sudamericano ni a corto ni a medio plazo. Venezuela no solo sigue viviendo en la dictadura chavista tras la caída de Maduro, sino que ahora cuenta también con el autoinvitado americano, el cual está dispuesto a arrasar con todas las fuentes de riquezas del país. El futuro, desde luego, no es nada prometedor. 

sábado, 3 de enero de 2026

Diez años de la primera caída política de Sánchez


En este año 2026 que acabamos de empezar se cumplen diez años de la primera caída política de Pedro Sánchez. Me refiero a su convulso año 2016, en el cual se presentó a la investidura como candidato a la presidencia del gobierno, saliendo derrotado de aquella investidura, pasando posteriormente por la repetición electoral en junio de 2016 y finalmente su destitución como secretario general del PSOE el 1 de octubre del mismo año.

Todos sabemos ya cuáles fueron los motivos que llevaron a Pedro Sánchez a dimitir de forma obligada en octubre de hace diez años: desde las elecciones celebradas en diciembre de 2015, Pedro Sánchez intentó formar gobierno sin éxito junto a Albert Rivera en el famoso pacto que firmaron en el Congreso allá por febrero de 2016. Era la época en la que Sánchez iba de moderado e intentaba buscar un gobierno de centro/centro-izquierda con el objetivo de desplazar del gobierno a un PP liderado por Mariano Rajoy, el cual había perdido la mayoría absoluta que los populares obtuvieron en 2011. 

Como ya he añadido, dicho intento por formar gobierno fracasó en marzo de 2016. Pedro Sánchez tendría que esperar dos años más hasta verse en la Moncloa tras la, esta vez sí, exitosa moción de censura contra Rajoy en junio de 2018. Tras el fallido intento, el cual fue responsabilidad de Podemos, los cuales deseaban en aquel entonces una repetición electoral para sobrepasar al PSOE en los siguientes comicios, vinieron las elecciones de junio de 2016. 

Si en diciembre de 2015 el PSOE había obtenido el peor resultado de toda su historia, éste empeoró aún más con la repetición electoral, donde el PP de Mariano Rajoy consiguió un resultado algo mejor que en diciembre como consecuencia del miedo al Brexit (el cual se había votado en Reino Unido tres días antes), el avance de Podemos y la "traición" de Ciudadanos al pactar con Sánchez en febrero, mientras que el PSOE se hundía a unos niveles nunca vistos en la historia reciente de España pero sin sobrepasarles Podemos.

El desenlace de esta historia es de sobra conocido por todos: Pedro Sánchez empezó su lema de "no es no" contra la investidura de Rajoy e intentó por todos los medios un gobierno alternativo, no ya con Ciudadanos, sino con Podemos y todos los partidos independentistas, extremistas y herederos políticos de ETA. Fue entonces cuando la denominada "vieja guardia" socialista, liderada por Felipe González junto a su protegida, Susana Díaz, intentaron por todos los medios desbancar del liderazgo del PSOE a un Pedro Sánchez que ya estaba ultimando su pacto con sus actuales socios de gobierno para ser presidente.

Finalmente, aquella operación orquestada desde el seno del propio PSOE y apoyada entonces por parte del sistema político, económico y social, tuvo su éxito cuando el 1 de octubre de 2016, tras más de diez horas reunidos en el Comité Federal del PSOE, los socialistas destituyeron a Pedro Sánchez cuando éste fue descubierto intentando amañar tras unas cortinas el resultado de la votación en la que se decidía si los allí presentes respaldaban su continuidad o apostaban por su salida. 

Pocas horas antes de aquel bochornoso y vomitivo escenario, gran parte de la ejecutiva socialista de Pedro Sánchez dimitió en bloque para demostrar que todos respaldaban a la vieja guardia y que Sánchez se había quedado solo, por el momento, en su intento por llegar a la Moncloa. Finalmente, una gestora presidida por el entonces presidente de Asturias y líder del PSOE asturiano, Javier Fernández, se hizo cargo del partido hasta que en mayo de 2017 se produjo, contra todo pronóstico, la vuelta de Pedro Sánchez en las primarias en las que se batió en un duelo a cara de perro contra Susana Díaz, la misma que hace solo tres años lo había llevado hasta la cima del liderazgo socialista.

Una vez resumido lo ocurrido hace ya una década cabe preguntarse una cuestión bastante interesante: ¿Cómo es posible que Pedro Sánchez llegara hasta el liderazgo del PSOE? Por una serie de factores bastante interesantes a la vez que irónicos a día de hoy. En 2014, con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, muchas voces pedían a gritos a la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que cruzase de una vez por todas Despeñaperros para desplazar a Rubalcaba y alzarse con la secretaría general del PSOE. ¿Cuál es el problema? Que la criatura deseaba hacerlo pero llevaba poco menos de un año al frente del gobierno andaluz, estaba pues verde todavía y no quería dar un paso que luego pudiese salirle caro.

Tras hablarlo con varios de sus asesores optó por respaldar a un tipo desconocido, el cual serviría de cebo para calentarle la silla de la secretaría general a la sevillana y, una vez llegado el momento, darle paso a ésta para que por fin fuese llevada en volandas hasta el liderazgo socialista. Ese cebo se llamaba Pedro Sánchez, un tipo sin escrúpulos y con una ambición ilimitada que por entonces Díaz subestimó sin saber las consecuencias de su actitud irresponsable. 

Era la época en la que un tipo sin carisma ni entusiasmo, pero que a su vez representaba junto a Sánchez y Díaz el relevo generacional dentro del PSOE comenzó a surgir como posible nuevo secretario general del partido. Ese tipo era Eduardo Madina y era visto por muchos como el sucesor natural de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del PSOE. Es entonces cuando, aparte de la operación de Susana Díaz por encumbrar a Sánchez en detrimento de Madina, los medios de comunicación conservadores auparon igualmente a Pedro Sánchez como el candidato ideal para este tiempo nuevo que había comenzado aquel año con la dimisión de Rubalcaba tras el desastre del PSOE en las elecciones europeas de 2014, así como la abdicación de Juan Carlos I y la llegada de Felipe VI. 

Estos medios, a las órdenes del gobierno (por entonces liderado por Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría), salieron pues a vender la imagen de un Sánchez moderado, centrista y dialogante frente a un Madina extremista, peligroso e inexperto. Lo cierto y verdad es que, entre el apoyo incondicional e interesado de Susana Díaz y la campaña descarada, absoluta e igualmente interesada de los medios de la derecha, Pedro Sánchez consiguió hacerse contra todo pronóstico con el liderazgo del PSOE en julio de 2014. 

Es irónico cómo doce años después de aquellos sucesos, hoy es esa misma derecha mediática y la propia Susana Díaz quienes despotrican contra Pedro Sánchez tildándolo de "extremista, golpista, autócrata, sinvergüenza, peligroso, corrupto, amoral y/o cínico", entre otros adjetivos. Por supuesto, no seré yo quien diga lo contrario, ya que todo lo que estos sujetos proclaman a los cuatro vientos sobre el todavía presidente del gobierno son meros piropos en comparación a lo que yo digo sobre Sánchez tanto en este blog como en mi vida cotidiana, y que conste que para mi vergüenza, y sin ser de izquierdas, llegué a votarlo en las elecciones de junio de 2016, ya que veía en él a un tipo que al menos había intentado solventar la crisis política de aquel año (ingenuo de mí); pero dicho esto es interesante ver cómo el guión ha ido cambiando a medida que el personal veía como Pedro Sánchez se quitaba la careta, sobre todo, a partir de su llegada al gobierno en 2018. 

Cuando estamos ya en enero de 2026 y Pedro Sánchez se encuentra en estos momentos más acorralado que nunca tanto en términos políticos como personales como consecuencia de la corrupción generalizada que le salpica a él, a su familia y a su propio partido, muchos creen que su segunda y última caída está más próxima que nunca. Yo, personalmente, me van a permitir que lo ponga en duda. Pedro Sánchez fue derrocado una vez, es cierto, pero para resurgir meses después y quedar más reforzado que nunca por una militancia que desde entonces han seguido al líder socialista como a un mesías. 

Una situación similar a la que, salvando las distancias, experimentó en 1979 Felipe González, cuando el sevillano dimitió como secretario general del PSOE con el objetivo de echar un pulso al ala más izquierdista del partido y de esta forma eliminar el marxismo de la ideología del PSOE. ¿El resultado? La vuelta de González a la secretaría general del PSOE tras la derrota del ala izquierdista y la confirmación definitiva de éste como líder socialista.

Dicho esto, ¿Es probable que Sánchez caiga? Es perfectamente posible, sí. Ya cayó una vez hace una década, aunque por entonces solo era líder de la oposición. ¿Es posible que resista frente a todo y no solo llegue a 2027 sino que además renueve el cargo, con independencia de los resultados electorales? También es completamente posible, ya que Sánchez es en estos momentos, y a diferencia de 2016 donde sí era cuestionado en su partido, quien dirige como su propio cortijo personal no solo el PSOE sino también el Estado. Dicho esto, si hay algo que Sánchez ha demostrado en estos doce años es tenacidad y suerte, y puede que cuando más acorralado se vea ocurra algo que lo salve contra todo pronóstico, por muy adversas que sean las circunstancias. 

Un Pedro Sánchez que nunca habría llegado a donde ha llegado si no fuera, como ya he añadido antes, gracias a la inestimable ayuda de Susana Díaz y Mariano Rajoy (además de por las supuestas grabaciones y presuntos chantajes a políticos, empresarios y personalidades relevantes dentro de las saunas gays de su suegro que los medios ya han destapado). Ambos, cada uno mirando por sus intereses, fueron quienes encumbraron al hoy jefe del gobierno a lo más alto y son los principales responsables del advenimiento del actual inquilino de la Moncloa. 

Susana Díaz con el objetivo de tener a una marioneta en Ferraz hasta que ella lo echase de buenas maneras de la silla, y Mariano Rajoy con el objetivo de evitar la llegada al liderazgo del PSOE de un "extremista" Eduardo Madina, el cual ha resultado ser, en comparación con Sánchez, un moderado estadista, como algunas voces incluso de la derecha mediática reconocen ya. Todo ello mientras esas mismas voces hablan abiertamente de que realmente siempre fue Pedro Sánchez y no Eduardo Madina el verdadero sucesor natural de Zapatero, como ya estamos viendo con los escándalos de corrupción del PSOE que están saliendo diariamente en los que también está implicado a su vez el ex presidente. Así está el patio a estas alturas.

Personalmente, no sé cómo acabará esta historia, pero todo indica que los escándalos de corrupción, así como el de los supuestos escándalos sexuales que los medios están destapando ya, van a ir a más en este 2026. Sería irónico que Pedro Sánchez viviese su segunda y quizás definitiva caída política diez años después de la primera; y sería más irónico aún que esa caída se produjese treinta años después de la caída de Felipe González, cuando salió del gobierno en un escenario similar al que actualmente atraviesa Pedro Sánchez, con una corrupción abismal y una crisis institucional sin precedentes. A lo largo de este nuevo año que acaba de empezar veremos si la historia se repite por segunda vez o no.