martes, 6 de enero de 2026

Trump frena el cambio en Venezuela


Hace unas horas, Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta de Venezuela, ha tomado posesión como nueva presidenta del país sudamericano tras la intervención militar del pasado sábado, donde el ejército de Estados Unidos bombardeó puntos claves en Caracas y detuvo al hasta entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro. 

Lo ocurrido en el día de ayer supone la confirmación de algo que no encajaba el sábado pero que ahora sí cobra sentido: Delcy Rodríguez huyó a Rusia y traicionó a Maduro con el fin de obtener a cambio por parte de los americanos la presidencia de Venezuela, aunque ésta sea una presidencia títere y supuestamente provisional donde las verdaderas decisiones se tomarán desde Washington y no desde Caracas.

De esta forma, el chavismo sigue vivo, aunque probablemente tenga ya fecha de caducidad. Ello no excusa que la intervención militar del pasado sábado haya sido un falso espectáculo donde los americanos han paseado como trofeo al ya ex dictador Maduro mientras negociaban con los chavistas la continuidad, al menos durante el corto plazo, del régimen que Hugo Chávez inaugurase en 1998. 

Con esto, el chavismo gana tiempo y el régimen va hacia una prórroga otorgada por Trump mientras el presidente de EEUU amenaza a Rodríguez con "un final peor que el de Maduro" si no se pliega a las órdenes que reciba desde la Casa Blanca. Con este escenario, la izquierda venezolana, y también la española e hispanoamericana, respiran tranquilas mientras la oposición se dá golpes contra la pared mientras observa cómo Trump negocia con los chavistas a cambio de la explotación del petróleo venezolano y pospone una transición democrática en Caracas. 

Todo ello mientras el propio Nicolás Maduro se ha presentado por primera vez en el día de ayer ante el Tribunal Federal de Nueva York, declarándose inocente de los cargos que se le imputan y alegando ser el presidente legítimo de Venezuela, además de reiterar que EEUU lo ha secuestrado. Unas declaraciones que no pillan por sorpresa a nadie en medio de este escenario tan oscuro y contradictorio que se está viviendo desde el pasado sábado. 

Y es que volviendo a lo ocurrido en el día de ayer con respecto a Delcy Rodríguez, cabe preguntarse: ¿Qué se ha ganado con esto por parte de los chavistas? de momento, tiempo y retención del poder, lo cual no es poco. Lo ocurrido el sábado supuso solamente la caída de Maduro, pero no de su régimen izquierdista. De esta forma la cúpula totalitaria venezolana retiene el poder aunque sea con la administración norteamericana ordenándoles a punta de pistola qué, cómo y cuándo actuar. 

Todo ello mientras aquí en España, Pedro Sánchez se autoproclama antagonista mundial de Trump y lidera junto a la izquierda hispanoamericana el rechazo a lo ocurrido en Venezuela. Si los españoles no teníamos ya pocos problemas internos gracias a la corrupción del gobierno de Sánchez, viene él y nos suma en un nuevo conflicto internacional contra Washington. Como dice la Ley de Murphy, "todo escenario malo es susceptible de empeorar".

Con este mismo escenario, tanto Pedro Sánchez como José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias y toda la morralla izquierdista española respiran de momento tranquilos y aliviados a la espera de cómo se va desarrollando la situación en Venezuela. Ya dije en mi última entrada que la izquierda española tenía mucho que perder si el régimen chavista caía, lo cual no ha ocurrido. 

Teóricamente, se está hablando de la posibilidad de ir a unas elecciones presidenciales para el año que viene. Un tiempo lo suficientemente largo como para que los chavistas puedan entregar, si es que eso ocurre, el poder de forma tranquila, negociada y segura, sin temor a represalias tanto contra ellos como contra los que han respaldado esta dictadura que dura ya casi treinta años, y ahí entra, entre otros actores, la izquierda española.

¿Y qué opina la oposición venezolana de todo esto? Básicamente que Donald Trump se la ha metido doblada a todos ellos al llegar a un acuerdo con los chavistas y evitar de esta forma una caída abrupta y total del régimen. Todo esto mientras, desde Madrid, un cobarde Edmundo González se autoproclamaba de nuevo presidente legítimo de Venezuela a la vez que María Corina Machado aseguraba que está en condiciones de tomar el poder. 

Como se puede apreciar, no dije nada que no fuese cierto cuando afirmé en mi última entrada que la oposición venezolana es, como mínimo, igual de miserable que el régimen dictatorial chavista. La lucha por el poder desde la oposición venezolana ha comenzado, lo cual augura que Juego de Tronos se convertirá en una broma comparada con la lucha de poder que se abrirá a partir de ahora entre los opositores.

Todo esto mientras Donald Trump asegura ahora que no descarta intervenir militarmente en Cuba, México y Colombia, así como anexionarse Groenlandia. Como se puede ver, Trump está decidido de ir a por todas. No se detendrá ante nada ni ante nadie mientras se cree, como ya dije en una de mis últimas entradas, una especie de Augusto del siglo XXI, un emperador del Imperio Norteamericano y, por ende, dueño del mundo actual. 

Esto confirma que la situación es mucho peor de lo que se piensa, ya que no es ninguna novedad que países como Cuba, Venezuela u otros muchos son dictaduras criminales, pero tampoco es menos cierto que en la Casa Blanca hemos pasado de tener a un belicista como Joe Biden a un tipo como Donald Trump que se cree enviado por la Divina Providencia, con la potestad de hacer y deshacer en el mundo a su libre albedrío. 

En definitiva, los chavistas y la izquierda española e hispanoamericana celebran retener el poder en Venezuela, aunque sea a corto plazo, la oposición maldice a Trump por habérsela jugado y frenado el cambio en el país, y el presidente de EEUU ya hace números con respecto a los beneficios que le van a reportar el petróleo venezolano a la par que desecha la margarita mientras decide intervenir o no en otros países, aunque uno de ellos sea la propia Groenlandia danesa. El panorama pues no puede ser más devastador. 

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