lunes, 21 de febrero de 2022

Tenemos Sánchez para rato


Con la que está cayendo en estos momentos sobre el Partido Popular, y la imposibilidad de que VOX pueda formar gobierno si éstos se convierten en primera o segunda fuerza política (Salvo que Santiago Abascal logre mayoría absoluta), todo parece indicar que tendremos al actual presidente del gobierno, Pedro Sánchez, al frente del gobierno de la nación para varios años, quizás décadas. Unas circunstancias insólitas que hacen que el jefe del ejecutivo solo tenga que acomodarse en su sofá de la Moncloa para ver pasar a los cadáveres políticos de sus adversarios mientras él sonríe tranquilo de su perpetuidad en el poder.

Jamás pensé que el tipo que llegó en junio de 2018 al gobierno de España con los peores resultados de su partido, y el cual ha llevado a cabo todo tipo de pactos con los enemigos del país, fuese a perdurar tanto en la gobernabilidad del Estado. Y es que todo se lo debemos a la irresponsable actitud que la dirección del PP ha estado ejerciendo hasta ahora. La última, como ya escribí ayer por aquí, la de investigar a Isabel Díaz Ayuso tras recibir la dirección popular un dossier sobre el hermano de ésta por parte de Moncloa. 

En toda esta crisis que se ha abierto como consecuencia del espionaje a Ayuso, lo más lógico es que dicha crisis afectara tanto al PP como al PSOE, ya que éstos son los que en estos momentos ocupan el gobierno de la nación y los únicos con capacidad de haber hecho llegar al PP la documentación sobre el hermano de Ayuso. Pero no ha sido así: Pablo Casado se está llevando toda la responsabilidad, y con razón, de esta crisis, mientras que en Moncloa Pedro Sánchez se ríe de la crisis que está llevando al PP a su extinción como partido político. 

Una afirmación como la que pronunció Isabel Díaz Ayuso el pasado jueves hubiese supuesto que en un país meridianamente serio y democrático se alzasen voces tanto para el gobierno de la nación como para el principal partido de la oposición, pero nada de eso ha ocurrido. El gobierno de Sánchez ha vuelto a salir indemne de un escándalo político que en otro lugar habría provocado la convocatoria de elecciones generales inmediatas y la renuncia de Pedro Sánchez a presentarse a esas elecciones tras su criminal y desastrosa gestión al frente del gobierno de España. 

Pero si por alguna razón Pedro Sánchez convoca elecciones generales será para aprovechar la crisis profunda que está atravesando el PP y ganar de forma relativa las elecciones con el objetivo de que los que queden del PP tras los comicios se arrodillen ante él y acepten o bien formar un gobierno de coalición junto al PSOE, o bien convertirse en su principal socio de gobierno. De esta forma Sánchez se quitaría de encima a los podemitas, etarras e independentistas y se echaría en brazos de un partido de centro, lo cual le daría cierto aire de moderación tras haber presidido durante cuatro años el gobierno más radical de este último siglo. 

También por otro lado, Sánchez tiene garantizada su estancia en Moncloa por una sola excusa: La de amenazar a la sociedad española con la llegada al gobierno de VOX, los cuales si se celebrasen elecciones generales a día de hoy se convertirían en la principal alternativa de Sánchez. Con Santiago Abascal convertido en el futuro líder de la oposición, Sánchez podría hacer y deshacer a su antojo desde el gobierno convencido de que bastaría una sola amenaza con el ya conocido eslogan de "Que viene la derecha" para garantizarse otros cuatro años más de presidencia. Algo propio de un sistema unipartidista y totalitario pero que por determinadas razones hemos acabado padeciendo en España. 

Ya en enero de 2017 escribí una entrada alegando que España se había convertido en un país unipartidista. Por entonces gobernaba Rajoy y nada ni nadie parecía que fuese a sacarlo de la Moncloa. Pero llegó la sentencia de la Gürtel y Rajoy tuvo que dejar el gobierno tras la moción de censura presentada por Sánchez. Ante esto cabe preguntarse ¿Cuál es la diferencia entre Rajoy y Sánchez? Que Rajoy ocupaba el poder sustentado por una débil mayoría, mientras que Sánchez tiene en estos momentos cualquier opción para poder mantenerse en el poder. Tiene a los podemitas, a los etarras y a los independentistas, por no hablar de C's, del PDeCAT o el PNV. Y tal y como están las cosas en el PP no es descartable que Sánchez se apoye en éstos, tal y como he comentado antes.

En definitiva, Sánchez tiene todas las de ganar. Ha asistido a la caída política de sus adversarios uno por uno, y a pesar de haber realizado una gestión criminal frente a la pandemia, y una política de enfrentamiento y división entre los españoles, las encuestas siguen dándole al actual jefe del ejecutivo la victoria en unas elecciones generales. Y en los supuestos en los que el PSOE pierde unas elecciones, ya se producen las circunstancias especiales para provocar que se hable de otra cosa que no sea la derrota de los socialistas en unos comicios, como ya hemos visto con la derrota estrepitosa del PSOE en Castilla y León. El PSOE pues nunca pierde, y si pierde se habla de los resultados del adversario en lugar de los suyos. 

Podemos decir pues que Sánchez tiene lo que en algunos países orientales se conoce como la Baraka. Esa especie de suerte que hace que con independencia de las circunstancias, él salga triunfante de las mismas. Se pudo corroborar por ejemplo cuando se produjo la famosa votación de la reforma laboral, donde de no haber sido por el no error del diputado del PP (El cual aún no ha sido cesado ni ha dimitido), la reforma del gobierno no habría salido adelante y en estos momentos puede que se estuviese hablando más que nunca de la convocatoria anticipada de elecciones y de la ruptura del pacto de gobierno con Podemos. Pero no fue asi, por un solo voto Sánchez consiguió su propósito y ahí sigue, reforzado por sus adversarios y tranquilo por la estabilidad de su gobierno a pesar de las circunstancias. 

Con el control de la mayoría de las instituciones y organismos del Estado, así como con el apoyo absoluto de los medios de comunicación, Sánchez tiene asegurada una presidencia puede que incluso más larga que la que en su día tuvo Felipe González. Se dice que Adolfo Suárez había advertido a sus más cercanos de permanecer en la Moncloa hasta el año 2010. Finalmente no fue así, ya que se vio obligado a dimitir en 1981. Aznar y Zapatero se retiraron tras dos legislaturas, mientras que Rajoy y González no están a día de hoy en el gobierno porque a ambos se les echaron. Sánchez, por ironías de la vida ha pasado de ser el presidente con el gobierno más inestable a ser un personaje que puede estar presente en la primera línea de la política por mucho tiempo. Por increíble que nos parezca solo dependemos de Sánchez para librarnos de Sánchez. Si el actual presidente, cansado de gobernar, decide un día dar un paso atrás será gracias a él y solo a él del hecho de habernos librado por fin de su presencia. Esta es la España de 2022. Una España que depende de la voluntad de un solo hombre para hacer y deshacer a su antojo. Y lo peor de todo es que incluso con su retirada, el partido que él lidera a día de hoy seguirá gobernando sine die, convirtiendo a España en la Cuba o Venezuela de Europa. 

domingo, 20 de febrero de 2022

Guerra absoluta en el PP


Escribí hace unos días en mi última entrada que con esta derecha no íbamos a ningún lado. Pues bien, no ha pasado ni un mes desde que la escribí y ya se ha podido corroborar que no ya la derecha, sino el Partido Popular no va ya ni de aquí a la vuelta de la esquina. ¿El motivo? La explosión interna del PP a raíz del espionaje de la cúpula directiva a Isabel Díaz Ayuso debido a la adjucicación que la Comunidad de Madrid hizo a una empresa en la que trabajaba el hermano de la presidenta madrileña durante la peor parte de la pandemia en 2020. 

Y es que no exagero si digo que nos encontramos ante la peor crisis que ha podido vivir el Partido Popular desde su refundación por Manuel Fraga en 1989. Una crisis peor que la vivida tras los atentados del 11-M, los cuales provocaron la salida del gobierno del PP en 2004 a través de las elecciones generales. Peor incluso que la situación vivida durante 2018 cuando salió la sentencia sobre el caso Gürtel, la cual provocó la salida del gobierno del PP a través de la moción de censura. Una crisis que no ha sido provocada por ningún factor externo, sino por la incapacidad, inutilidad y envidias de sus líderes. Me estoy refiriendo al todavía presidente del PP, Pablo Casado, y a su secretario general, Teodoro García Egea. Los cuales han hecho lo posible y lo imposible por apartar a Ayuso de la primera línea política desde que ésta ganase por mayoría las elecciones madrileñas de mayo del año pasado. 

Unas envidias que han provocado que por razones personales de sus líderes, el principal partido de la oposición esté probablemente en estos momentos en los que escribo esta entrada situado ya como tercera fuerza política en favor de VOX, lo cual nos hace una idea de la desastrosa y gigantesca irresponsabilidad de Casado y Egea a la hora de abordar un asunto que supuestamente, según Ayuso, comenzó cuando Casado recibió un dossier de la Agencia Tributaria con los datos del hermano de la presidenta madrileña en la que supuestamente habría cobrado cerca de 300.000 euros de comisión a través de la adjudicación que le hizo la Comunidad de Madrid, lo cual supuso que la dirección del PP decidiese encargarle a uno de los fontaneros del partido, Ángel Carromero, que se encargase de la investigación a la propia Ayuso, a sus familiares, e incluso se ha podido saber, a sus ex parejas. Una investigación en la que en un momento dado, alguien decide chivarle a la presidenta de Madrid los métodos que la dirección de su partido estaban usando contra ella y su entorno.

Todo esto se publicó el pasado día 17, y ha ocasionado toda una tormenta política que amenaza con llevarse por delante al propio Casado, y quién sabe si también a la propia Ayuso, la cual ha reconocido que su hermano cobró como contraprestación por sus gestiones y no como comisión un total de 55.000 euros de forma completamente legal. Unas declaraciones que no han hecho más que abrir la veda para profundizar en las investigaciones de otros supuestos contratos que Isabel Díaz Ayuso realizó a la empresa en la que trabaja su hermano. Todo esto mientras desde la sociedad se observa cómo este tinglado ha sido orquestado desde la calle Génova con el objetivo de poner fin a la carrera política de Ayuso y entorpecer así una posible candidadura de ésta a la presidencia del partido a nivel nacional, y por ende a la Moncloa. 

Ya el pasado jueves hubo centenares de personas que se manifestaron frente a la sede del PP exigiendo las cabezas de Casado y Egea, al tiempo que ovacionaban a Ayuso, a la que consideran una víctima que en todo momento ha actuado con honorabilidad y que ha sido víctima de una operación política en la que podría estar incluido hasta el propio gobierno de Sánchez, ya que como he añadido anteriormente, la propia Ayuso confirmó el jueves que en una reunión mantenida con Casado en septiembre del año pasado, éste le confirmó que la información provenía de Moncloa. Una confirmación que el propio Casado desmintió el viernes al asegurar que la información de la Agencia Tributaria se la proporcionó "Un anónimo".

Claro, uno escucha las declaraciones de este tipo y no cabe más que pensar "Este tío es gilipollas sí o sí, ya que está reconociendo en directo en un medio de comunicación que ha cometido un delito al recibir información procedente de la Administración Pública, la cual está tipificada con una pena de entre 1 y 3 años de cárcel. Eso por un lado, por otro hay que añadir ¿Quién cojones es "Un anónimo"? Nadie tiene acceso a los datos de los ciudadanos si no un miembro de la Administración Pública, y si Ayuso certificó el jueves que esa información procedía de Moncloa, dicho por boca del propio Casado en aquella reunión y ahora éste lo niega cabe preguntarse, ¿Qué tiene que esconder Casado para proteger y encubrir al gobierno de un delito? 

En mi opinión todo esto ha sido una operación orquestada desde Moncloa y Génova con el propósito de eliminar políticamente a Díaz Ayuso de la carrera por la presidencia del PP y de esta forma encumbrar a Casado como líder del partido. ¿Qué ha ocurrido? Pues que la subnormalidad profunda de Casado y el destape de la investigación hacia Ayuso ha provocado el efecto contrario en la sede de Génova: El PSOE sale airoso de todo esto, mientras que Casado se ha comido todo el pastel que él mismo junto con Sánchez habían preparado. La cabeza del actual presidente del PP está ahora más en peligro que nunca, y todos los militantes y simpatizantes, así como cargos relevantes del partido, están exigiendo ya la convocatoria de un congreso en el partido (Que se debe celebrar en verano) para poner fin a la era de Casado y proclamar a un nuevo líder en el Partido Popular. 

Un nuevo líder al que algunos comienzan a ponerle nombres y apellidos. Me estoy refiriendo al actual presidente de Galicia y eterno candidato, Alberto Nuñez Feijoó. Un nacionalista gallego que propaga el gallego en las escuelas en detrimento del español. Un tipo que se hace llamar "Liberal" y que es un firme partidario de la vacunación obligatoria. Un tipo envuelto en asuntos sucios de corrupción con el narcotráfico gallego. Cabe preguntarse ¿Es éste el líder que el PP necesita? Por supuesto que no. A pesar del escándalo que ha supuesto para ella, la única persona en estos momentos capaz de levantar el PP se llama Isabel Díaz Ayuso. Nadie más. Solo ella dispone del carisma y la capacidad de liderazgo suficiente para llevar a la derecha de nuevo al gobierno de España. Y si esa visión no es la que detectan los barones y demás cargos relevantes del PP es que están más desconectados con su electorado de lo que yo creía, que no era poco. 

Por otro lado hay quien piensa que qué importa ya el Partido Popular, ya que creen que es un partido que al igual que la UCD está condenado a la extinción en favor de VOX. Y es que según publica mañana OKDiario, VOX habría sobrepasado ya al PP en intención de voto y sería en estos momentos la segunda fuerza más votada en España, convirtiéndose los de Santiago Abascal en el principal partido de la oposición. De ser esto cierto no descarto en absoluto que Pedro Sánchez apueste por adelantar las elecciones y echarse en brazos ante un PP agónico en la próxima legislatura para dejar de encomendarse frente a los podemitas, etarras y los independentistas. ¿Qué va a ocurrir? No lo sé, pero de lo que estoy al 100% seguro es de que nos quedan Sánchez y PSOE para rato. Pero de eso ya hablaré en la próxima entrada.

Volviendo al tema que nos ocupa debo decir que la dirección actual del Partido Popular no puede seguir ni un minuto más. El jueves, García Egea anunció que se iba a expedientar a Ayuso por sus declaraciones ese mismo día. Hoy nos hemos enterado que el propio Casado ha decidido dar por finalizado su expediente y con ello la más que inminente expulsión del partido de Ayuso. En definitiva, todo un despropósito del que solo se puede salir a través de un congreso extraordinario que elija al sucesor de Casado y ponga fin a todo este sinsentido creado por unos irresponsables que han hundido y echado por tierra el futuro de un partido y las posibilidades de éste de convertirse en alternativa seria al peor gobierno que ha sufrido España en un siglo. Pero ellos solos se han encargado de acabar con esa posibilidad, convirtiendo al PP no solo en un aliado del gobierno sino también en cómplice. A partir de ahora todo lo que les suceda será la recogida de la cosecha que ellos mismos han sembrado. 

martes, 1 de febrero de 2022

Con esta derecha no vamos a ningún lado


Según se ha publicado hoy en un medio digital, el PP estaría dispuesto a ir de nuevo a unas elecciones en Castilla y León antes que pactar con VOX para formar gobierno en dicha región. Una noticia que sinceramente no me llama la atención, ya que si algo ha demostrado el PP últimamente es la falta de empatía y entusiasmo para llegar a algún tipo de pacto con los de Santiago Abascal. Algo que podría pasar desapercibido si no fuera porque tenemos enfrente al peor gobierno de la historia de España desde 1936 como mínimo. Es por ello por lo que el acercamiento de posturas entre PP y VOX no solo es un deber sino una obligación en este contexto tan trascendental para nuestro país. 

Y es que el PP de Pablo Casado sigue convencido, al igual que lo estuvo en un primer momento el PSOE de Pedro Sánchez, de que España sigue siendo un país bipartidista en donde las dos principales fuerzas políticas siguen controlando el cotarro tras más de cuarenta años de hegemonía socialista y popular. Y nada más lejos de la realidad: España es desde el año 2014/2015 un país multipartidista, para bien o para mal. Es verdad que el multipartidismo ha traído más incertidumbre a nuestro país, pero también es verdad que ese multipartidismo nació tanto a la derecha como a la izquierda por culpa del alejamiento de los partidos tradicionales para con sus votantes. 

¿Qué ocurre ahora? Pues que Pablo Casado se niega a llegar a ningún tipo de acuerdo con la formación que lidera Abascal, ya que cree que él y solo él es la alternativa capaz de echar a Pedro Sánchez de la Moncloa, y que si en algún momento VOX debe de ayudarle para alcanzar la presidencia del gobierno, el apoyo de éstos debería ser gratuito. Una actitud arrogante la de este tipo, el cual ya he dicho en varias ocasiones que no lo veo ejerciendo de jefe del gobierno de España en la vida, ya que le falta el carisma, la frescura y el liderazgo que sí posee por ejemplo la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, la cual se ha convertido en el principal enemigo interno por parte del actual presidente del PP, el cual ve en Ayuso a una rival con serias posibilidades de arrebatarle el liderazgo. Una paranoia de la que ya se ha encargado de echarle condumio el actual secretario general del PP, Teodoro García Egea, al cual muchos ven en éste al verdadero enemigo de Casado, el cual estaría provocando la rivalidad y por ello la división entre los partidarios de Casado y Ayuso con el fin de desgastar la imagen de su jefe y de esta forma provocar su caída. 

En definitiva, estamos asistiendo a una guerra de cuchillos entre los principales miembros del primer partido de la oposición, el cual cree que la victoria en las próximas elecciones generales está más que garantizada por el simple hecho de tener a unos criminales al frente del gobierno de España. Un partido que está inmerso en sus luchas internas y que no escucha las peticiones de la mayoría de su electorado para que se entienda de una vez por todas con VOX con el fin de echar de una maldita vez a la izquierda y a sus cómplices del poder. Pero por si todo esto no fuera poco tenemos de vuelta al ex presidente del gobierno, José María Aznar, arremetiendo contra el liderazgo de Casado. Algo que personalmente comparto, pero que no entiendo a estas alturas de la película, ya que cuando se produjo el congreso que cerró la etapa de la era Rajoy, Aznar apoyaba sin rechistar la candidatura de Casado para convertirse en el nuevo líder de la derecha española. ¿Qué ha pasado desde entonces? Que se ha visto que Casado nos la metió doblada a todos los que apoyamos su candidatura en 2018 (Me incluyo, ya que yo también lo apoyé entonces) y que ha pasado de ser un líder duro a ser un Mariano Rajoy 2.0, sin ideología, sin carisma, sin proyecto y sin ilusión entre los votantes y simpatizantes de su partido.

Pero volviendo a Aznar quería comentar ¿A cuento de qué viene ahora este hombre para quejarse de nada? Durante el periodo de Rajoy ya se encargó de criticar su gestión y ahora parece hacer lo mismo con Casado, o mejor dicho, fraCasado. Vamos a ver, señor Aznar, usted tuvo su oportunidad durante catorce años al frente del PP y ocho al frente del gobierno de España, si usted quería a un líder a imagen y semejanza suya haberse quedado usted en la primera línea política. En noviembre del año 2013 escribí una entrada pidiendo la vuelta de Aznar cuando Rajoy derrochaba la mayoría absoluta en no hacer absolutamente nada, pero Aznar criticaba y criticaba sin dar nunca el paso decisivo. Ya su momento pasó y lo mejor que puede hacer es mantenerse callado y dejar de echar más mierda sobre su partido, que bastante tiene ya encima. 

¿Cuál es mi apuesta? La convocatoria de un congreso extraordinario en el PP tras las elecciones en Castilla y León y la proclamación por unanimidad como nueva líder del partido a Isabel Díaz Ayuso, la cual atraería gran parte de los votos perdidos y estaría dispuesta a iniciar negociaciones con VOX tras las próximas elecciones municipales y autonómicas, así como tras las generales. Solo de esta forma la derecha española podría verse de nuevo unida y capacitada para volver a los principales ayuntamientos y gobiernos autonómicos, y finalmente al gobierno de España. De lo contrario nos quedará todavía Pedro Sánchez, PSOE, etarras e independentistas para rato. 

Lo que está claro es que con esta derecha y con este PP no vamos a ningún lado. Un PP que solo hace ascos a VOX y a sus votantes, muchos de los cuales son ex-votantes del PP, y un VOX que en muchas ocasiones traga y apuesta por cederles el poder a los populares como mal menor con el fin de que la izquierda no siga gobernando. Esto no puede seguir así, ya que los votantes de VOX exigen un cambio de políticas, no un cambio de siglas y de caras. Si VOX acepta convertirse en la muleta del PP y apoyar a los populares sin contrapartidas como quiere Casado, mal futuro les espera a los de Abascal. Si por el contrario se planta y exige un cambio de rumbo tal y como quieren sus votantes, entonces quizás consigan avanzar algo en la reunificación de la derecha española. 

La primera prueba la veremos el 13 de febrero en Castilla y León. Solo entonces se verá por dónde soplan los vientos y si el PP decide sentarse para negociar un verdadero cambio de políticas con VOX o deciden directamente irse al carajo repitiendo elecciones o incluso seguir gobernando gracias a algún apoyo por parte del PSOE. Después vendrán las elecciones aquí en Andalucía, donde esta por ver cuál será el desenlace en el sur de España si los populares repiten la misma estrategia que en Castilla y León. Sea cual sea el resultado, está visto y comprobado que la derecha española, tanto en el PP como en VOX, pero principalmente en el PP, sigue sin asumir que el futuro pasa por la unión entre ambos, del mismo modo que así lo entendieron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias por parte de la izquierda. Pero como siempre ocurre en España, cuando la derecha va, la izquierda vuelve, y quizás hagan falta todavía unos cuantos de años para que aquí el personal comience a darse cuenta de que solo unidos se podrá vencer al Frente Popular 2.0. Pero para eso hace falta que algunos recapaciten y dejen a un lado sus intereses personales para anteponer los intereses generales, y puede que cuando eso ocurra, si es que llega a ocurrir, sea demasiado tarde para todos y sobre todo para España. 

jueves, 27 de enero de 2022

No a la guerra


Calentito comienza este 2022, el cual creo que será determinante tanto en la crisis nacional que padecemos como en la crisis global que llevamos sufriendo desde el estallido de la crisis sanitaria del Covid 19 en 2020. La decisión de Putin de invadir Ucrania ha hecho saltar todas las alarmas y ha conducido al mundo a una situación prebélica que no se recuerda desde hace tiempo. Una situación en la cual EEUU y Rusia han vuelto a medir sus fuerzas sin que de momento se haya desencadenado el peor de los escenarios. Una vuelta pues a esa Guerra Fría que en realidad nunca terminó con la caída de la URSS hace ahora 30 años, sino que supuso una suavización de dicho conflicto entre las dos potencias mundiales más importantes y que desde hace unos años se ha vuelto a recrudecer. 

Pero no es de la vuelta a esta Guerra Fría de lo que quería hablar esta noche, sino del papel que en élla está jugando España por empecinamiento personal de nuestro presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Un papel en el que España se ha colocado sin comerlo ni beberlo en primera línea de combate gracias a la mezquina decisión de Sánchez de convertirse de nuevo en el centro de todas las miradas, no ya a nivel nacional sino también internacional. La decisión del jefe del gobierno de enviar dos buques de guerra al Mar Negro, así como la idea de enviar en breve cazas y tropas terrestres hacia la zona de conflicto sin que Estados Unidos ni la OTAN hayan solicitado ayuda previa ha puesto a nuestro país entre la espada y la pared en un conflicto bastante delicado. 

Y es que si no teníamos bastante con la situación interna que atraviesa España con la crisis sanitaria y económica, Sánchez ha creído que era hora de involucrarnos en una previsible guerra cuyas consecuencias serían catastróficas tanto para nuestro país como para el resto del mundo. No estoy hablando de que estemos al borde de una Tercera Guerra Mundial, como ya señalan algunos, pero sí de un escenario bélico que podría marcar un antes y un después en la historia de la humanidad y en la que nuestro país se ha visto involucrado gracias a los deseos de grandeza de un psicópata narcisista cuyo puesto en el gobierno de España se le antoja ya pequeño y desea ser reconocido como un personaje reputado a escala global. Un movimiento peligroso del que estoy plenamente convencido que Rusia ya ha tomado nota, con independencia de que ocurra o no algo finalmente. Y es que ¿Qué se nos ha perdido en Ucrania para que nuestros soldados se jueguen allí la vida? ¿Qué nos han hecho los rusos para que España sea el primer país del mundo en enviar buques de guerra para luchar contra dicha potencia? No se nos ha perdido nada. El único problema que tiene España es el de padecer a un personaje maligno y peligroso como presidente del gobierno, cuyos aires de grandeza no tienen límites.

Desde la llegada de Biden a la Casa Blanca el año pasado, la obsesión de Sánchez de querer convertirse en el perro faldero del senil presidente demócrata ha sido una constante desde entonces. Pero por si no fuera poco la humillación que este miserable está llevando a España, más humillante es que sus llamadas de atención no merezcan respuesta desde Washington. Y es que desde que el maquiavélico Zapatero decidiese en 2003 permanecer sentado al paso de la bandera de Estados Unidos, y una vez como presidente del gobierno decidiese como primera medida retirar las tropas españolas en Irak, los estadounidenses han visto a España como un socio no fiable. Más aún cuando tenemos en nuestro país un gobierno compuesto por ministros con conexiones con la Venezuela de Maduro y otros países abiertamente enfrentados contra EEUU. Buena prueba de que para Biden, Sánchez es un personaje del cual hay que desconfiar es el hecho de que ayer el presidente estadounidense celebró una reunión por videoconferencia con los principales países aliados de Europa, entre los que no se encontraba España. Esta nueva humillación hacia España ha sido empequeñecida por el gobierno al afirmar que su ausencia en esa reunión telemática se debió a cuestiones técnicas. 

Pero ahí no queda la cosa. Hace unos días pudimos ver cómo desde Moncloa se grababa a Sánchez hablando en teoría con los principales líderes mundiales para darle una solución a la crisis ucraniana. Una escena en la que se podía ver en primera línea el maletín de presidencia del gobierno expuesto sobre la mesa sobre la que llamaba Sánchez. Algo surrealista y absurdo que demuestra una vez más el narcisismo que padece el actual presidente. Un Sánchez al que ya se le ha revelado la parte podemita del gobierno con Yolanda Díaz a la cabeza, dispuestos a encabezar 20 años después un nuevo "No a la guerra" pero esta vez contra el gobierno del que ellos forman parte. Algo sencillamente ilógico, ya que si esta gente quisiera verdaderamente enfrentarse contra la aventura belicista de Sánchez solo tendrían que romper el acuerdo de gobierno y dar por terminada la legislatura. Pero claro, estamos hablando de los podemitas, los cuales seguramente no volverán a sentarse en el consejo de ministros en su vida, por lo cual queda aguantar el chaparrón y si acaso automanifestarse hipócritamente contra un gobierno del que ellos forman parte.

Y es que hay quienes comparan esta situación con la que ya se vivió con Aznar y Bush sobre Irak hace casi 20 años. Algo que personalmente creo que no tiene comparación alguna, ya que en 2003 España decidió apoyar a Estados Unidos en la invasión de Irak porque el gobierno de Bush había proporcionado una gran ayuda en materia antiterrorista a España a la hora de acabar con ETA. Una ayuda que Aznar supo devolverle a Bush con el apoyo de España sobre la cuestión iraquí. Lo de ahora no es más que las ganas de un enfermo ambicioso con ganas de aparecer en todos los medios tanto nacionales como internacionales para darse a conocer y pasar a la historia como un Winston Churchill del siglo XXI. Pero lo peor de todo no es ya al peligroso escenario al que nos lleva Sánchez, sino el hecho de que Casado y el PP hayan mostrado todo su apoyo al jefe del ejecutivo en esta irresponsable locura, la cual no cuenta siquiera ni con el apoyo del congreso, ya que Sánchez ha enviado de momento los buques de guerra sin solicitar la aprobación de las cortes. Algo que si hubiese realizado algún presidente del PP ya estarían las calles ardiendo bajo el lema de "Gobierno asesino".

Por cierto, cabe destacar que en esta situación sería bastante acertado que los mismos que se manifestaron contra Aznar y el trío de las Azores en 2003 lo hiciesen ahora también frente a este gobierno irresponsable, tiránico y belicista. Pero claro, el perro no va a morder la mano que le da de comer... es por ello por lo que habrá que esperar a que este mismo escenario se produzca pero con un gobierno de derechas para que toda la chusma que salió hace 20 años vuelva a salir de forma masiva. De hecho hay que recordar que entre esta situación y la producida por la invasión de Irak se produjo una bastante parecida en primavera de 2011, cuando Zapatero decidió apoyar y enviar a las tropas españolas a Libia para provocar la caída de Gadafi. Ya entonces no se vio a ningún progre manifestarse abiertamente contra la decisión de Zapatero de comenzar una guerra contra aquél que en otros tiempos recibía y saludaba tan alegremente.

Para finalizar creo que no va a ocurrir absolutamente nada, ya que en otras ocasiones hemos estado en situaciones parecidas aunque no tan graves como la actual, y sin embargo la sangre no ha llegado al río. Pero lo que sí quedará seriamente dañada será la imagen de España en el exterior, sobre todo frente a Rusia tras la decisión de Sánchez de ir a la guerra como el primer soldado. Creo que Putin no invadirá Ucrania, ya que el presidente ruso es el típico perro ladrador pero poco mordedor, y aunque así lo hiciese no creo que esto quede en más que una sanción por parte de Estados Unidos y la ONU contra Rusia. En lo que respecta a Sánchez decir que esto debería servir para que el país se posicionase abiertamente en contra de la decisión del gobierno y el acuerdo entre PSOE y Podemos quedase disuelto, dando por concluida la legislatura. Como ya he dicho, no creo que pase nada, pero si ocurriese reitero que no se nos ha perdido nada en Ucrania ni frente a los rusos, por ello desde aquí digo "No a la guerra".

sábado, 20 de noviembre de 2021

Pedro Sánchez: Todo por el poder


Cuando en julio de 2014 un desconocido diputado llamado Pedro Sánchez Pérez-Castejón fue elegido secretario general del PSOE sucediendo a Alfredo Pérez Rubalcaba, nadie creía que el nuevo líder de la oposición y de la izquierda española se convertiría algún día en el mayor peligro que tendría que hacer frente el sistema de 1978. Un sistema que se descompone por momentos y que ve cómo desde el gobierno, el presidente Sánchez va avanzando en su proyecto de destruir una por una toda la estructura política que los líderes de la transición crearon en su momento. Un proyecto que se inició en 2004 tras los atentados del 11-M que dieron lugar a la victoria contra todo pronóstico de José Luis Rodríguez Zapatero y que Pedro Sánchez tiene como objetivo culminar antes de dejar la presidencia del gobierno. 

Y es que hace un par de días nos enteramos que el gobierno de coalición tiene planeado presentar una enmienda a la ley de Memoria Democrática para perseguir los crímenes del franquismo hasta 1982, es decir, hasta la llegada del PSOE de Felipe González al poder ese mismo año, además de reconocer como víctimas del franquismo los etarras muertos durante la transición. Con esto se abre un melón de muy considerables dimensiones al cuestionar por primera vez desde el gobierno de España el periodo de la transición e investigar los crímenes posteriores a la dictadura de Franco con los gobiernos ya democráticos tanto de Adolfo Suárez como de Leopoldo Calvo Sotelo. 

De esta forma Sánchez vuelve a ceder una vez más ante sus socios etarras, separatistas y radicales con el fin de poder prorrogar un poco más su estancia en la Moncloa. Una estancia la cual no es muy segura, ya que en cualquier momento en el que Sánchez se niegue a bailarle el agua a sus socios, éstos optarán por retirarle su apoyo al actual jefe del gobierno y provocar la convocatoria de unas elecciones generales que cada vez todo el mundo da por hechas que se celebrarán el año que viene. Personalmente creo que esta opción aún siendo bastante improbable es posible, aunque me extraña que un ser tan ambicioso y sediento de poder como es Pedro Sánchez acepte jugársela en unas elecciones que todas las encuestas auguran que les llevará a la oposición. 

Aún así nada es descartable a estas alturas en donde Sánchez está dispuesto a llevarse a España por delante una vez más. Ya lo intentó en 2016 cuando tras las elecciones generales de diciembre de 2015 y junio de 2016 provocó junto con el entonces presidente del gobierno Mariano Rajoy una crisis constitucional en la que España estuvo inmersa en una crisis política donde ninguno de los dos daba un paso atrás para intentar dar una solución a la grave crisis que atravesaba el país. Sánchez intentó por todos los medios llegar a la Moncloa aquel año a través de una fallida sesión de investidura, mientras Rajoy intentó también por todos los medios mantenerse al frente del gobierno español. Finalmente, y tras casi un año gobernando en funciones, el entonces jefe del ejecutivo ganó aquella batalla tras fulminar el PSOE a un Pedro Sánchez decidido a ir de nuevo hacia una investidura para desalojar al PP del gobierno. Era la primera vez en España que los ciudadanos asistieron en vivo y en directo a la caída de un líder político tras pactar primero éste con Albert Rivera en marzo e intentar en septiembre lo mismo con Pablo Iglesias y la banda que lo sustenta en estos momentos en la jefatura del gobierno. Todo con tal de alcanzar el poder. 

Pero no contento con todo esto Sánchez volvió en 2017 y recuperó su silla en Ferraz como secretario general del PSOE, venciendo a su rival, Susana Díaz, y a toda la vieja guardia del Felipismo, los cuáles fueron los mismos que lo defenetraron en octubre de 2016. Una vez allí nuevamente contempló cómo poco a poco la corrupción en el PP se agravaba hasta que llegó el momento culmen: La sentencia del caso Gürtel que dejaba al PP y a Mariano Rajoy en una situación insostenible. Fue entonces cuando Sánchez vio de nuevo su oportunidad de alcanzar la Moncloa ante un Rajoy herido de muerte. 

Finalmente en junio de 2018 y tras presentar una moción de censura, Sánchez consiguió hacerse a sus 46 años con la presidencia del gobierno de la mano de Pablo Iglesias y de aquellos a los que Albert Rivera denominó en su día como "La banda" (ERC, Bildu, PNV, PDeCAT, BNG). Aun así, y esta vez como presidente del gobierno, Sánchez optó por volver a llevar a España a una situación límite cuando en 2019 convoca elecciones generales en abril y tras ganarlas rechaza abiertamente pactar con Albert Rivera y Cs para formar gobierno. De este modo, y ansioso por obtener un resultado aún mayor que el obtenido en abril, decide ir de nuevo a elecciones en noviembre de ese mismo año para volver a ganar y pactar en menos de 48 horas con Pablo Iglesias y Podemos la formación del primer gobierno izquierdista en la historia de España tras el desastroso antecedente del Frente Popular en 1936, el cual llevó a España a la Guerra Civil. Todo esto tras haber anunciado pocas semanas antes que no podría dormir bien pactando y gobernando con Podemos. 

Pues bien, dos años después de aquel pacto y tras la caída de Pablo Iglesias y la llegada de Yolanda Díaz como nueva y flamante vicepresidenta del gobierno, Sánchez pretende una vez más llevar a España al abismo con la aprobación de unos presupuestos generales cuyas negociaciones para su aprobación serán las más altas y costosas que nuestro país haya visto nunca. Los etarras y los independentistas saben que están ante una ocasión única para conseguir sus fines, que no es otro que el del debilitamiento y posterior extinción de España, y saben que están ante un psicópata sin escrúpulos capaz de ello con tal de mantenerse en el poder un poco más. 

La situación actual es favorable para los socios del actual presidente del gobierno, los cuales saben que estos serán los últimos presupuestos que se aprueben en esta legislatura, ya que los del año que viene podrán ser prorrogados por Sánchez, si es que éste continúa como presidente dentro de un año. De momento ya hemos visto que Sánchez ha pactado con podemitas y compañía la persecución de aquellos actos posteriores a la dictadura de Franco, lo cual abre un peligroso antecedente que hace poner en cuestión el propio régimen del 78, la constitución y las instituciones que nacieron a partir de su promulgación. Con esto se puede decir que Pedro Sánchez está haciéndole el trabajo a enemigos de España y socios del propio presidente como Arnaldo Otegui, Carles Puigdemont u Oriol Junqueras. Sánchez será pues el encargado de enterrar el régimen del 78 y de traer a España un futuro más negro del que ya estamos padeciendo. Probablemente el año que viene o en 2023 tenga que dejar el gobierno, pero el daño causado a nuestro país será de tal calado que difícilmente podrá repararlo el próximo presidente, el cual mucho me temo que no será Casado, ya que éste está más pendiente de destruir a Isabel Díaz Ayuso que de prepararse para entrar en Moncloa de un momento a otro. 

Por ello, con un gobierno y un PSOE declarados oficialmente como enemigos de España (Lo que por otra parte siempre han sido) y una oposición que ni está ni se le espera ¿Cuál será el futuro que nos deparará como nación a medio/largo plazo? No lo sé, pero vista las circunstancias todo hace presagiar que será de todo menos bueno. Nunca España ha estado tan débil en los últimos 100 años, ni nunca hemos estado en manos de un tipo tan peligroso, dispuesto a todo por obtener y/o mantener el poder como el actual presidente del gobierno. Pedro Sánchez es un hecho que es desde hace mucho tiempo un grave peligro para España, ahora la cuestión radica en cómo y cuándo sacarlo del poder. Visto el panorama cualquier opción de echarlo de la Moncloa pasa por el descontento y posterior abandono de los etarras e independentistas hacia Sánchez (Algo bastante improbable), y esto debe de ocurrir en estas negociaciones para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2022, de lo contrario tendremos Sánchez hasta el 2023, una fecha demasiado lejana todavía en la que el inquilino de la Moncloa puede aguantar pero España no. 

Aún así y aunque la banda de Sánchez decida seguir apoyándole, la inflación y la crisis económica siguen en caída libre, lo cual podría provocar que Sánchez un día de estos decida que es mejor pasarle la patata caliente a otro u otra miembro de su partido o adelantar las elecciones para que sea el PP quien se coma nuevamente el marrón de comerse su tercera crisis económica y sacar a España del atolladero por tercera vez en su historia. ¿Qué hará Sánchez y cuándo? Es toda una incógnita, pero de lo que no cabe duda es de que hará nuevamente lo que más le favorezca solamente a él. A España mientras tanto solo le queda esperar a que Pedro se canse de la Moncloa y del Falcón cuanto antes, aunque la situación en la que deje el país, con independencia del momento que abandone el poder, ya se ha demostrado que será irreversible. Este será el legado de uno de los personajes más negativos e impopulares que hemos tenido al frente de la gobernabilidad de este país y el fin de una etapa oscura repleta de división, odio y enfrentamiento en la historia de España.

sábado, 23 de octubre de 2021

10 años de ¿La derrota de ETA?


Decía Fernando Savater que "El terrorismo etarra existió por algo y ahora estamos en ese algo", y lo dijo en el décimo aniversario del comunicado en el que la banda terrorista vasca anunció su intención de abandonar las armas definitivamente. Era el 20 de octubre de 2011 y ese mismo día había sido asesinado Gadafi. Yo me disponía a ir para clase cuando leí por internet que se esperaba un anuncio inminente de ETA para ese mismo día. Intuyendo que se trataría del abandono definitivo de las armas, se lo comuniqué a mi madre y me fui. Al volver a casa todos las cadenas de televisión hablaban de lo mismo y mi madre me confirmó lo que yo le había anunciado: ETA dejaba para siempre las armas. El comunicado se emitió poco después de yo salir para clase, sobre las siete de la tarde de aquel ya lejano 20 de octubre de hace diez años.

Nada de lo que ocurrió aquella tarde me sorprendió. Se hablaba desde hacía tiempo de la posibilidad de que ETA anunciase su intención de dejar de matar antes de la celebración de las elecciones generales de 2011, y yo que soy bastante mal pensado supuse que esto ocurriría para darle un empujón al PSOE y a su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior y vicepresidente del gobierno hasta pocos meses antes del comunicado.

Cuando escuché la noticia supuse que estábamos presenciando una noticia tan histórica como falsa, puesto que aquella misma tarde salieron el entonces presidente del gobierno saliente, José Luis Rodríguez Zapatero, el inminente vencedor de las elecciones, Mariano Rajoy, y el candidato socialista para anunciar que "La democracia había triunfado y el terrorismo había sido derrotado". Nada más lejos de la realidad. ETA triunfó aquella tarde mientras la democracia española cayó rendida ante la banda terrorista después de cuarenta años de masacres, asesinatos, secuestros, extorsiones, etc. No, ETA no había sido derrotada, sino todo lo contrario. Desde la llegada de Zapatero a la Moncloa en 2004 se creó y desarrolló una hoja de ruta que consistía en llevar a cabo el fin del terrorismo etarra con unas concesiones a cambio bastante apetitosas. De esta forma todos saldrían ganando: Desde los partidos políticos se anunciaría una derrota sin condiciones y desde el mundo etarra y abertzale se reconocería esa derrota para dar paso a una nueva etapa.

¿Y qué era esa nueva etapa? Lo que llevamos viendo desde 2011, e incluso antes (Desde la primera negociación de Zapatero con ETA en 2006), la legalización de la izquierda abertzale y los partidos proetarras, su entrada en las instituciones y organismos tanto locales y regionales vascos, como en el ámbito nacional, así como el acercamiento de presos y posterior salida de las cárceles de los terroristas encarcelados. En definitiva la humillación de la España constitucional frente al terrorismo vasco.

Una humillación que como se ha podido ver en las actas que se publicaron hace un par de años, así como las que se publicaron hace unos días en el periódico "El Mundo" confirman que todo el aparato del Estado estaba detrás de esta negociación, amparándola y apoyándola. No era solo una locura que se había desatado en el PSOE de Zapatero para poner fin al terror a cambio de lo que exigiesen los terroristas, sino una operación respaldada también por el PP de Rajoy para llegar al objetivo que finalmente se consiguió el 20 de octubre de 2011 y que se corroboró el 2 de mayo de 2018 con la disolución de ETA, poco antes de la salida del PP del gobierno.

De hecho la otra noche pude ver cómo desde TVE entrevistaban a los ex-presidentes del gobierno, Zapatero y Rajoy, los cuales reafirmaban una y otra vez que lo vivido el 20 de octubre de hace una década fue una derrota sin concesiones a los terroristas. Todo lo contrario de lo que llevamos viendo desde entonces. Desde el anuncio de ETA en octubre de 2011, al PP de Mariano Rajoy le tocó liderar la etapa que llevase hasta la disolución de la banda terrorista, hecho que como acabo de añadir ocurrió poco antes de la salida de Rajoy de la Moncloa. Para conseguir este segundo objetivo, el gobierno del PP siguió la hoja de ruta que en teoría planificó el PSOE de Zapatero y que los populares tanto criticaron en público durante aquellos años de negociación y bajada de pantalones de los socialistas frente a los asesinos.

Pues bien, la hoja de ruta siguió durante los siete años posteriores de gobierno de Rajoy sin cambiar ni una sola coma. De esta forma se conseguiría que en 2018 ETA se disolviese con el PP aún en el gobierno, mientras el comunicado del abandono de las armas se producía poco antes de la salida del PSOE de la Moncloa en 2011. Un triunfo sin paliativos del bipartidismo en el que las víctimas y los verdugos acabarían situándose en la misma balanza por mucho que se repitiese desde Madrid que solo había un bando ganador: El constitucional. Pero eso no es lo que ha venido ocurriendo desde entonces, ya que las víctimas del terrorismo han tenido que soportar toda clase de humillaciones y ver cómo se situaba junto a ellos en la misma posición de víctimas a los terroristas y a sus familiares. De hecho los homenajes a los asesinos ha sido algo cotidiano en el País Vasco durante todos estos años, para vergüenza de las víctimas del terrorismo y de todos los españoles, frente a la inacción de los políticos desde Madrid. Todo ello mientras los partidos proetarras con Bildu al frente ganaban posiciones y cargos públicos tanto en el territorio vasco como en el resto de España.

Un escenario que se ha venido recrudeciendo desde hace tres años con la vuelta del PSOE al gobierno de la mano de Pedro Sánchez. Un aprendiz y alumno aventajado de Zapatero, el cual se ha convertido en el tercer y puede que último presidente en culminar el proyecto iniciado tras los atentados del 11-M que dieron la victoria contra todo pronóstico al entonces líder del PSOE y con ello el inicio de la negociación con los etarras. Sánchez ha pisado el acelerador y está dispuesto a culminar el proyecto iniciado hace casi veinte años con el fin de mantener a salvo su puesto en la Moncloa a largo plazo. Por ello no sorprende, o al menos a mí no, que Sánchez haya negado en público que vaya a sacar de las cárceles a los doscientos etarras que están en prisión a cambio de que Bildu apoye los presupuestos generales del Estado y con ello la permanencia de Sánchez en la Moncloa.

Pero todos sabemos que Sánchez es cualquier cosa menos una persona de palabra, lo cual refuerza la idea que desde el País Vasco le ha lanzado el líder etarra, Arnaldo Otegi a Sánchez al advertirle que Bildu solo apoyará los presupuestos a cambio de la salida de los terroristas de prisión. De hecho ya hay convocada una manifestación por parte del entorno etarra para presionar al gobierno de Sánchez y conseguir la liberación de los asesinos. Una manifestación apoyada por el independentismo catalán, así como por Podemos y el resto de la izquierda.

De esta forma no es de extrañar que tras hacer el paripé de cara a la galería, Sánchez acepte lo que ya tenía pactado y acuerde con Bildu la liberación de los etarras encarcelados. Si no ¿De qué otra forma se interpretaría el hecho de que Sánchez haya cedido al gobierno vasco las competencias en materia penitenciaria? Todo está hablado y escrito, como así lo están las actas que demostraron que Zapatero en primer lugar y Rajoy posteriormente traicionaron a las víctimas y a España en su conjunto con la cesión a los asesinos y criminales. Ese es el verdadero legado de lo que ocurrió el 20 de octubre de 2011. Un legado que hemos pagado caro los españoles durante esta década y que aún nos queda por seguir pagando.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Adiós, Merkel


Con independencia de quien gane y/o forme gobierno tras las elecciones del próximo día 26, Alemania y Europa ponen fin a una era: La era de Ángela Merkel. Tras 16 años ejerciendo como jefa del gobierno alemán, la canciller pone fin a su etapa como máxima mandataria no solo en su país sino también en todo el continente europeo, la cual ha gobernado de facto la Unión Europea desde que tomase las riendas del gobierno alemán en noviembre de 2005. Se puede decir pues que la figura de Merkel no deja indiferente a nadie. Querida y odiada a partes iguales, la canciller alemana ha estado en el centro de la polémica durante los años más duros de la crisis económica, aquella en la que algunos bautizaron a la canciller como "La dama de hierro del siglo XXI".

Y es que no es para menos, ya que Merkel fue una de las principales promotoras de que los países del sur de Europa, entre ellos España, solicitase cuanto antes el rescate ante los organismos europeos. Una forma de poder capitanear desde Berlín las políticas que se ejercían desde Lisboa, Atenas, Madrid, Roma... por no hablar de los cambios de gobierno que se produjeron durante la peor parte de la crisis, en la que Merkel jugó un papel destacado al destituirse a Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, o a Yorgos Papandreu como jefe del gobierno en Grecia. Todos ellos cesados en favor de tecnócratas como Mario Monti en Roma o Lukas Papadimos en Atenas.

Podemos decir pues que Merkel ha sido la líder de facto de Europa, no solo de Alemania. Una Europa que ha padecido los recortes económicos y sociales que desde Berlín imponía la canciller para seguir prestando dinero a los países caídos en desgracia durante la crisis. Una forma bastante peculiar de tomar la soberanía de otros países sin disparar una sola bala, ya que esa era la idea original que tuvo su predecesor, Helmut Kohl cuando decidió pasar de la Europa económica a la Europa política tras la reunificación alemana. En este sentido, Merkel ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha conseguido desde su despacho convertirse en "Emperatriz de Europa" y regir los destinos de todos los países del continente mientras éstos padecían las consecuencias de la crisis económica. Para más remate ha nombrado antes de su despedida a su ex ministra, Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea, una última prueba de su extenso poder dentro de la UE. 

Por mi parte puedo decir que no seré yo quien eche de menos a Merkel después de 16 largos años gobernando Alemania y Europa. Ha conseguido pasar a la historia no solo por igualar en años de gobierno a su tutor político, Helmut Kohl, sino que ha ido creando una imagen de liderazgo como pocos casos se han dado en Europa en las últimas décadas. Pero también deja un país y un continente asolados por los atentados perpetrados por el Estado Islámico y por la crisis de los refugiados que ella tanto ha apoyado y que tan caro le ha costado electoralmente a su partido. Un partido que en nada se diferencia ya del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) ideológicamente hablando. Merkel ha entregado el CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania) por completo a la izquierda y nada hace presagiar que su sucesor en el partido vaya a cambiar de política. Merkel deja pues una Alemania muy fuerte, sobre todo política y económicamente, pero deja a su vez una Europa más débil que nunca. Tras casi 20 años gobernando, nada hace pensar que Merkel haya mejorado los graves problemas que persiguen desde hace años a Europa. Ahora le toca dejar en manos de su sucesor una Alemania y una Europa cada vez más fragmentadas entre sí. Por todo esto y por mucho más, adiós, Merkel, no te echaremos de menos.