Hace justo una semana escribí acerca del devastador accidente ferroviario de Adamuz, el cual le ha costado la vida a cuarenta y cinco personas. Ese mismo día que escribí dicha entrada se produjo posteriormente otro accidente ferroviario, esta vez en Barcelona. El resultado fue el fallecimiento del maquinista y varios heridos, algunos de gravedad.
Más de una semana después de los hechos ocurridos en Adamuz, el accidente encierra muchos interrogantes y todo hace indicar que ha sido como consecuencia de una rotura del carril de la vía, la cual no estaba en buenas condiciones y que solo fue parcialmente renovada el año pasado por una empresa que "casualmente" está relacionada con contrataciones previas en el denominado caso Koldo.
En la entrada que escribí el pasado 20 de enero dije que aún no quería hablar sobre responsabilidades, pero a tenor de lo visto desde ese día hasta la jornada de hoy creo que es bueno decir varias cosas. La primera es la negligencia criminal y absoluta del gobierno de Pedro Sánchez en esta tragedia. Una tragedia que podría haberse evitado si el ministerio de Transportes hubiese realizado una reparación íntegra de las vías afectadas y no una mera renovación.
Se ve que eso es pedirle demasiado a Óscar Puente, el cual ha estado más dedicado a insultar, calumniar y bloquear a usuarios de Twitter o X que en reparar la red ferroviaria española, la cual se está demostrando en estos días que está en una situación devastadora a nivel nacional. Debido a esta devastadora situación, los trenes de alta velocidad Madrid-Andalucía siguen suspendidos hasta que se completen las reparaciones que en estos momentos se están realizando. Lo mismo ha ocurrido en Cataluña, donde el accidente de Barcelona ha supuesto durante unos días la suspensión temporal de los trenes de cercanías y la convocatoria para febrero de una huelga general ferroviaria en España como consecuencia de la muerte de los dos maquinistas fallecidos en Adamuz y Barcelona.
La segunda cuestión es la actitud frívola, maligna e incluso insultante de los políticos y las instituciones con los familiares de las víctimas. La actitud del rey Felipe VI en su visita a Adamuz, donde en primer lugar se anunció que daría el pésame a los familiares de los fallecidos y posteriormente canceló dicho acto demuestra el cinismo y la nula empatía de las instituciones con los ciudadanos.
Varios familiares de los fallecidos han sido los que han denunciado la actitud del rey de irse, ya que la presencia de los políticos a su lado podría provocar alteraciones entre éstos y las víctimas. Lo realizado por Felipe VI es un ejercicio de cobardía extrema y una actitud insultante hacia los familiares de las víctimas, por mucho que los medios ahora intenten lavar su imagen anunciando que acudirá a la misa que se celebrará en Huelva el próximo 29 de enero.
Por si esto fuese poco, tenemos las declaraciones de Pedro Sánchez respaldando a su ministro de Transportes en esta negligencia criminal y señalando que "los accidentes ocurren a veces", lo cual demuestra no solo la arrogancia de este sujeto para con las víctimas y todos los ciudadanos sino también el insulto y la frivolidad con la que el presidente del gobierno trata a la población.
En otro país de nuestro entorno, dicha desgracia habría supuesto, como también habría supuesto la dana o el apagón, la dimisión del gobierno actual. Sin embargo, aquí nos encontramos con unos individuos amorales que desprecian a los ciudadanos mientras hacen campaña política con la desgracia ocurrida. Una situación anómala en la que de gobernar en estos momentos el PP habría provocado ya protestas masivas y disturbios en las calles.
Luego está también la actitud del propio gobierno de anunciar un funeral de Estado laico en Huelva para el próximo 31 de enero, el cual ha sido suspendido cuando los familiares de las víctimas han anunciado que no irían a un homenaje orquestado por los verdaderos responsables de esta desgracia, en este caso el gobierno. Un homenaje cuyos familiares han criticado por su carácter laico, ya que deseaban un funeral católico, al cual se negaba el ejecutivo y que finalmente tendrá lugar, como ya he dicho anteriormente, el próximo 29 de enero en el Palacio de Deportes Carolina Marín. Veremos qué ocurre entonces, ya que con la presencia del cobarde de Felipe VI el gobierno se ha visto obligado a acudir igualmente a dicho funeral.
No quiero extenderme mucho más, ya que de hacerlo escribiría una entrada bastante extensa que seguramente podría llevar a censurarme el blog. Desde aquí traslado de nuevo mi pésame a los familiares de las víctimas y todo mi apoyo en estos durísimos momentos. Unos momentos en los que, al igual que ocurrió en la dana de Valencia, se ha demostrado que solo el pueblo salva al pueblo, ya que la demora con la que Renfe y Adif tardaron en dar la voz de alarma a los servicios de emergencias supuso que muchas víctimas fallecieran cuando ya podían haber sido atendidas por los sanitarios. En lugar de esto, fueron los propios vecinos de Adamuz los que salieron a socorrer a las víctimas. Una situación abominable por parte de las entidades ferroviarias y ejemplar por parte de los ciudadanos que acudieron a ayudar a los afectados.
Ello demuestra una vez más que, tal y como aparece en la ya famosa foto que acompaña a esta entrada, las instituciones y los organismos van por un lado y los ciudadanos por otro. Ha habido una desgracia en la que han muerto muchas personas y cuya responsabilidad recae en aquellos que están al frente de las entidades y administraciones públicas. De momento hace unas horas se ha sabido que la Audiencia Nacional ha abierto diligencias contra Óscar Puente, veremos en qué acaba.
Por mi parte solo espero que los miserables que están al frente de las instituciones del Estado paguen por lo ocurrido y se haga Justicia con las víctimas, pero al igual que sucedió con la dana, el volcán o el apagón, estoy convencido de que ninguno de ellos pagarán las consecuencias ni mucho menos asumirán responsabilidades. Buena prueba de ello es que el gobierno de Sánchez está intentando a la desesperada buscar una versión alternativa a las ya publicadas y en evadir desde el minuto uno cualquier responsabilidad en el asunto, en este caso por la falta de mantenimiento de las vías ferroviarias.
Negligencias gravísimas, reparaciones vinculadas a empresas relacionadas con casos de corrupción, falta de empatía y solidaridad de las instituciones con las víctimas, retrasos a la hora de socorrer a los afectados... muchos son los factores que se han acumulado en esta tragedia, lo cual demuestra que estamos, al igual que con los trenes, en una nación cuyo Estado ha descarrilado y cuyas consecuencias están siendo devastadoras para el país.
Como ya dije en la entrada del 20 de enero, España se merece algo mejor que lo que venimos sufriendo, pero por desgracia todo hace indicar que el mal que venimos padeciendo lo seguiremos soportando a pesar de todo. España está en una situación irreversible y agónica y nada ni nadie nos puede sacar de este abismo.





