lunes, 20 de julio de 2026

Hartazgo absoluto


Hace poco más de doce horas, España ha ganado por segunda vez en su historia el Mundial de Fútbol. Un hecho histórico en el deporte español y también en la sociedad española, la cual está celebrando por las calles a estas horas el campeonato, a la espera de que llegue a Madrid esta tarde el equipo de la Selección Española con la copa del Mundial. Lo que estamos viviendo a lo largo de estas horas es, por supuesto, un acontecimiento feliz y colectivo, en un país que se desangra por momentos como consecuencia de la corrupción que sacude al presidente del gobierno, Pedro Sánchez, a su familia, al PSOE y al gobierno que preside.

Con el triunfo en la noche de ayer de nuestro país quiero aprovechar para hacer la única entrada que tengo pensado escribir sobre la situación que vive España en estos momentos. Y no me refiero a la euforia por la victoria del Mundial, sino por el hartazgo absoluto en el que nos encontramos los ciudadanos como consecuencia de la corrupción política. Hace pocos días se conoció el fallo de la Audiencia Provincial de Badajoz, el cual condenaba a nueve años de inhabilitación para ejercer un cargo público al hermano del presidente del gobierno: David Sánchez, el cual vive junto a éste en la Moncloa. Una condena que lo libra de prisión, a diferencia de lo que pedían las acusaciones particulares, y lo deja tal y como estaba antes, es decir, sin ejercer ningún cargo público, aunque sí cobrando por ejercer un cargo "fantasma".

Pero aquí no acaba la historia. La decisión de la Audiencia Provincial de Madrid de sentar a Begoña Gómez frente a un Jurado Popular en primavera de 2027 (prácticamente, cuando sean las elecciones municipales); las graves informaciones que vienen saliendo en los últimos días sobre la Guardia Civil, donde un teniente general de la Benemérita denunció que la cúpula le había presionado bajo coacciones para que no participase en actos donde estuviese presente Isabel Díaz Ayuso.

El caso de Zapatero, el cual se le complica conforme van pasando los días y las semanas, y en donde ya están imputadas también sus dos hijas y todo hace indicar que la participación del ex presidente es solo la punta del iceberg de algo mucho más grave y extenso geopolíticamente; las informaciones que están saliendo día sí y día también con respecto al caso de Leire Díaz, en el que se habla de financiación irregular al PSOE, así como la condena del Tribunal Supremo a veinte años de cárcel a José Luis Ábalos y Koldo García son solo algunas de las muchas noticias con la que los ciudadanos nos levantamos todos los días relacionadas con la corrupción política.

En lo que a mí respecta debo añadir que el año pasado escribí varias entradas acerca de la corrupción que afecta al PSOE y a la familia de Pedro Sánchez, pero a día de hoy creo que no merece la pena seguir escribiendo sobre casos de corrupción, ya que si hoy sale una grave noticia, mañana nos encontraremos con otra mucho más grave, y así indefinidamente hasta Dios sabe cuándo. No merece la pena. Seguiré escribiendo sobre ello pero solo cuando haya circunstancias excepcionales que la gravedad de la situación lo requiera.

Ya estoy hastiado de ver por todas partes casos de corrupción, los cuales ya son innumerables e incluso imposibles de escribir uno tras otro en un blog. Ya basta. Hice una excepción en mayo con respecto a la imputación de Zapatero, ya que era algo inaudito hasta la fecha que un ex presidente del gobierno (y actual presidente en la sombra) fuese imputado; pero una cosa es eso y otra es escribir día tras día sobre casos de corrupción en los que ya hasta se pierde uno. 

De nada sirven además todas las informaciones que están apareciendo. Pedro Sánchez ya ha dejado muy claro que no piensa dimitir ni convocar elecciones anticipadas. Si a esto le sumamos la miserable e impresentable medida de regulación de más de un millón y medio de inmigrantes, así como la puesta en marcha de otorgarle la nacionalidad española a descendientes de los exiliados españoles tras la Guerra Civil, todo hace indicar que Pedro Sánchez está orquestando un amaño electoral similar al que intentó realizar hace diez años en la sede del PSOE, donde se descubrió que tras una cortina, Sánchez y sus correligionarios estaban introduciendo papeletas en las urnas. 

Aquel descubrimiento supuso su destitución inmediata como secretario general del PSOE. Ahora, cuando han pasado ya diez años y Sánchez no solo controla con más poder la organización interna de su partido, sino que también controla el aparato del Estado y el BOE desde la Moncloa, todo hace indicar que su salida del gobierno no será ni fácil ni inmediata. Personalmente creo que, a tenor de la situación, es bastante posible que las elecciones generales de julio de 2027 (no creo en absoluto que Sánchez las adelante) den una mayoría ajustada para que el PSOE pueda seguir gobernando de la mano de sus actuales socios. Unos socios que no lo dejan caer porque saben que su oportunidad para destruir lo poco que queda de España es posible solo con la permanencia del PSOE y de Pedro Sánchez en la Moncloa.

Debo añadir que, en lo que respecta a mí, me molesta bastante que cuando llegue el momento de cerrar este blog no haya podido narrar en él la caída del actual gobierno y las medidas que realice el sucesor de Sánchez en la Moncloa, ya sea del propio PSOE o del PP. Por desgracia creo que no veremos eso. Sánchez está dispuesto a todo con tal de permanecer en el poder, ya que la presidencia es lo que le garantiza cierta inmunidad ante el futuro que le espera por delante. 

Algunos hablan ya de una inminente imputación del PSOE por financiación irregular, e incluso de una futura imputación al propio Pedro Sánchez. Si esto se produjese estaríamos ante el primer presidente del gobierno imputado en la historia de España. Hace unos días, Sánchez hizo historia con su hermano al ser el primer presidente en ejercicio cuyo familiar era condenado por prevaricación. Todo ello mientras el juicio de Begoña Gómez continúa su trámite y se teme la imputación de Sánchez.

Este es pues el escenario tan devastador que nos encontramos hoy, 20 de julio de 2026. Un escenario de hartazgo general y personal con respecto a los casos de corrupción que vemos todos los días en los medios de comunicación y/o en las redes sociales. ¿Cuál va a ser el desenlace de todo esto? A día de hoy apuesto a una convocatoria electoral en 2027 junto a una posible reelección de Sánchez en el poder, aunque no sea la lista más votada, lo cual provocará una situación de inestabilidad absoluta mientras el actual jefe del gobierno se perpetúa en el cargo sin posibilidad de ser derrocado. 

Ni la propia oposición es capaz ya de hacer nada contra él. El PP de Alberto Núñez Feijóo solo espera que la manzana caiga por su propio peso, sin presentar siquiera una moción de censura ni la activación del artículo 102 de la Constitución española, la cual lleva consigo la moción de responsabilidad criminal hacia el presidente del gobierno. VOX y Santiago Abascal ya hablan abiertamente de un posible pucherazo como consecuencia de las deleznables medidas de regularizaciones masivas de inmigrantes y nacionalización de descendientes de españoles en el exilio. Todo ello sin que pidan la presencia de observadores internacionales para las elecciones del próximo año. 

Todo lo que hace la oposición es nada o nulo, como así ocurrió hace unas semanas, cuando PP, VOX y Junts votaron a favor de una proposición no de Ley en la que se pedía que el presidente del gobierno se sometiese a una cuestión de confianza. ¿El resultado? la votación salió adelante ante la risa de Pedro Sánchez y los diputados socialistas, los cuales aplaudían felices dicha proposición porque saben perfectamente que, a efectos legales, esa competencia es responsabilidad del presidente del gobierno y éste jamás activará ese botón. 

En definitiva, España vive en estos momentos un paréntesis de felicidad como consecuencia de nuestra victoria en el Mundial. Eso sí, la felicidad es pasajera, y una vez concluida la celebración de la victoria volveremos a estar viendo día tras día los innumerables casos de corrupción que salpican al gobierno, al PSOE y a la propia familia del presidente Sánchez. Disfrutemos pues, al igual que ya hicimos en 2010, con la victoria de nuestra Selección. 

Hace dieciséis años, España estaba prácticamente en la quiebra como consecuencia de la nefasta gestión de la crisis económica por parte del entonces presidente Zapatero. Aquella victoria sirvió para festejar aquella primera victoria en medio del caos de la crisis. Esta segunda victoria será igualmente un paréntesis en medio del escenario devastador de corrupción en el que nos encontramos. Al igual que en 2010, disfrutemos de nuestra victoria en el Mundial, ya que cuando todo vuelva a la calma seguiremos viviendo en el peor de los escenarios. 

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