Cuando ya ha pasado casi una semana de la tragedia vivida en Urda, todavía no se ha depurado ninguna responsabilidad por parte de las autoridades. En mi última entrada dije que por respeto a las víctimas y a sus familias y porque habían pasado escasas horas del accidente, no iba a hablar sobre ello; pero creo que esta noche sí debo hacerlo, ya que lo que llevamos visto desde el miércoles pasado hasta ahora merece una seria reflexión.
Cuando estamos ya en el día de los difuntos, 2 de noviembre, ni el ministro de transportes, Óscar Puente, ni el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, ni los responsables del centro de control de Atocha han sido cesados de sus puestos. Produce auténtica vergüenza que en un país donde, entre la tragedia ocurrida en Adamuz y la ocurrida ahora en Urda se ha sumado más de un centenar de muertos no haya dimitido absolutamente nadie.
Todo apunta a que lo ocurrido en Urda obedece a un fallo general del sistema ferroviario, y por ello era más necesario que nunca que tanto el ministro del área como el presidente de Adif, así como el personal responsable en Atocha asumiesen su responsabilidad, sin embargo, en lugar de dar un paso atrás, éstos se han atrincherado en sus cargos y se niegan a dimitir bajo ningún concepto. Se habla ya de que probablemente, en los próximos días, el gobierno fuerce la dimisión del presidente de Adif para evitar la de Puente.
Un Óscar Puente que salió hace unos días afirmando en rueda de prensa que de poco serviría su dimisión, ya que eso no reconfortaría a quien ha perdido "un hijo, un padre o una pierna". Solo por esas palabras, Puente debería haber sido fulminado de inmediato, pero eso en un país repleto de desgracias como España es inasumible e inviable. Es ya un hecho cotidiano que en España surjan desgracias cada pocos meses y nadie asuma su responsabilidad. Lo vimos con la Dana (a excepción de Carlos Mazón un año después), lo vimos con el apagón general y lo hemos visto en los respectivos accidentes de Adamuz y Urda.
No voy a entrar en los detalles técnicos ya que ignoro cómo funciona el procedimiento y no soy un experto en la materia, pero es una evidencia que lo vivido en Toledo ha sido, como ya he comentado anteriormente, el resultado de un fallo general del sistema de seguridad, y por ello había que asumir responsabilidades. En lugar de eso vemos a los responsables aferrarse a sus respectivos cargos y a faltar al respeto e incluso a la memoria de los fallecidos con tal de no dar un paso atrás ninguno de ellos.
España está pues en una situación agónica donde en un accidente con setenta víctimas mortales, nadie hace una declaración honesta y dimite como gesto de responsabilidad. En las empresas privadas, quien ha cometido una negligencia es despedido, cuanto menos. En la Administración Pública, por el contrario, es protegido y blindado para que su salida no se produzca bajo ningún concepto. Esta es la España de Pedro Sánchez.
Una España que se revuelve contra un gobierno que margina y desprecia a la población. A cuatro semanas de las elecciones generales, a los responsables de lo ocurrido les importa más cómo va a afectarles todo esto de cara a las elecciones generales del 29-N que a asumir su propia responsabilidad. Que no se preocupen por ello, ya que al menos yo no voy a olvidar en absoluto nada de las desgracias ocurridas cuando deposite mi voto en la urna.
