martes, 29 de septiembre de 2026

Más allá de la vida


"Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre, como el mar. Libre como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar". Estos versos de la mítica canción del gran Nino Bravo están basados en la historia de un alemán que, en un intento desesperado por cruzar el muro de Berlín hacia Alemania Occidental, es disparado por las autoridades de la frontera, quedando muerto en el acto. En su canción, Nino Bravo hace de alguna forma un reconocimiento a la teoría de Platón sobre el alma y el cuerpo humano, el cual sería esa "prisión" en la que nos encontramos los seres humanos mientras vivimos y de la cual salimos cuando la muerte ha llegado a nosotros. 

De eso quiero hablar esta noche; de un tema que ya traté en este mismo blog hace ya doce años pero del cual quiero volver a pronunciarme cuando ya los años y las vivencias de uno han hecho mella en mí. ¿Qué es la muerte? ¿Es acaso algo que nos conduce a otro mundo o a otra dimensión? ¿Es quizás un estado inconsciente en el cual quedamos tras pasar por la vida? ¿Es quizás un escalón más dentro de nuestra existencia? De la muerte se ha dicho mucho pero no se ha demostrado nada. El ser humano, dentro de su ilusión por mantenerse con vida, cree que seguimos existiendo en otro plano físico; que no todo acaba cuando dejamos aquí nuestro cuerpo o, como diría Platón, nuestra cárcel. 

¿Puede haber algo más allá? Es posible, claro que es posible, sin embargo nadie ha vuelto para narrarnos lo que experimentamos cuando el alma abandona nuestro cuerpo. Lo único a lo que podemos ceñirnos es a las experiencias cercanas a la muerte que muchas personas han tenido y de la cual aseguran en la mayoría de los casos haber visto "una luz" o "un túnel luminoso". 

Muchas de esas personas aseguran que se han visto a sí mismos fuera de sus cuerpos; otros aseguran que han visto la reacción de médicos y familiares mientras ellos se encontraban en coma o en muerte cerebral. Otros aseguran haber visto a sus propios familiares difuntos, los cuales, antes de que el alma regrese al cuerpo, les han advertido que "todavía no es su hora". Hay muchos casos, a cual más sorprendente de las experiencias que narran estas personas. 

Otra pregunta que también nos formulamos es si nuestros seres queridos, una vez que ya no están entre nosotros, nos protegen. Personalmente, en este asunto, sí soy bastante escéptico, ya que nuestros familiares y/o amigos no son ángeles ni seres sobrenaturales que tienen la potestad de protegernos frente al peligro en el que los vivos estamos inmersos día a día. En mi opinión, nuestros seres queridos pueden estar a nuestro lado, quizás sufriendo en muchas ocasiones cuando la vida nos hunde, o sonriendo con nosotros cuando esa misma vida dura e injusta nos ofrece alguna alegría. Esa posibilidad si es, en mi opinión, factible. 

Hay también una verdad bastante dura, y es que la vida se ve muy distinta cuando estás en un hospital. Cuando te asomas a la ventana de un hospital y ves la vida en la calle y la angustia de estar en un lugar donde la muerte es la protagonista principal en ese recinto. Sí, claro que la vida se ve de otra manera, sobre todo cuando hablas con personas que están en esos lugares y que, quizás de forma consciente o inconsciente, saben que están en un lugar donde son trasladadas las personas que están en fase terminal. ¿Se puede aprender algo en ese tipo de situaciones? Absolutamente.

Pero como ya he dicho anteriormente, la vida es dura e injusta, y por eso lloramos sin parar cuando un ser querido, un familiar o un amigo fallece, ya sea después de una larga enfermedad o de una forma imprevista. Una vez escuché a alguien decir lo injusta que había sido la vida por haberse llevado tan pronto a un ser querido. Debo decir que esa percepción es verdadera pero a medias, ya que no solo la vida es injusta con la propia víctima, que es quien peor sale parado, sino con los familiares más cercanos, e incluso en algunos casos, aunque en menor medida, con sus amigos. La vida es dura e injusta con toda una familia y con toda una serie de individuos cuando alguien se nos va sin habernos podido despedir siquiera de esa persona. En otros casos, cuando los familiares están junto a la persona moribunda sí tienen la posibilidad de despedirse de ella.

En mi caso, cuando tuve la ocasión de despedirme de mi padre sin que él lo supiera, lo hice con estas palabras "Nos vemos". Esa advertencia o esa despedida temporal puede hacerse real cuando a mí me llegue mi hora, o quizás no. Nadie sabe a dónde vamos si hay algo más allá. Hay personas que aseguran, cuando fallece alguien, que ya está junto a su pareja, padres, hijos, hermanos, abuelos, etc. Una tesis que no tiene ninguna certeza, ya que nadie sabe si nos volveremos a encontrar o no. Y si en algún momento es verdad esa teoría, nada nos hace confirmar que nuestro reencuentro sea tan alegre y precioso como si estuviésemos plenamente vivos. 

Lo que sí es seguro es que nuestros difuntos no mueren o desaparecen del todo si los nombramos continuamente y nos acordamos de ellos de forma cotidiana. Ese es el mejor acto de amor hacia aquellos que ya no están entre nosotros. Los difuntos "viven" en cierta forma, siempre que son recordados por sus allegados. Cuando mueren definitivamente es cuando absolutamente nadie los recuerda o los menciona siquiera.

En definitiva, y en lo que respecta a la posibilidad de un más allá, creo que puede haber algo después de la muerte, pero desde luego lo que nos espera no es, ni por asomo, algo parecido a lo que dejamos aquí. Por un lado mantengo esa tesis, pero de la misma forma me pregunto a mí mismo una cosa: ¿Si venimos de la nada antes de nacer, quién nos dice que no volveremos a irnos a esa nada? 

Quizás la vida sea solo un paréntesis de existencia entre la nada y tras haber cumplido nuestro ciclo vital en este mundo (hay quienes sostienen que venimos a la tierra con un propósito) volvemos a la nada. Sea como fuere, lo cierto y verdad es que estas preguntas solo las podemos saber cuando nos vamos, y ahí, como ya he dicho anteriormente, no hay nadie a quien poder comunicárselo en el mundo de los vivos. 

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