domingo, 23 de noviembre de 2025

El Fiscal General, condenado


Este pasado jueves se hizo pública una de las noticias del año y, probablemente, una de las más importantes de la historia reciente de España: el Tribunal Supremo condenaba al Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, a dos años de inhabilitación (lo que supone su destitución inmediata como máxima autoridad del Ministerio Fiscal), a indemnizar con 10.000 euros a la pareja de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador, por daños morales, así como al pago de una multa de algo más de 7.000 euros en un fallo judicial sin precedentes que condena al hasta ahora Fiscal General del Estado por un delito de revelación de datos reservados mientras ejercía como alto representante del Ministerio Fiscal. 

Esta condena, la cual, insisto, no deja de ser histórica, puede suponer, a su vez, pan para hoy y hambre para mañana. ¿Por qué llego a esta conclusión? vayamos por partes. Las reacciones del gobierno y de todos los grupos de izquierdas han sido unánimes: el Tribunal Supremo ha dado un golpe de Estado judicial contra el gobierno y contra la propia Fiscalía al condenar al Fiscal General del Estado. 

Este fallo judicial, cuyo contenido condenatorio no esperaba el gobierno socialista de Pedro Sánchez, supone un duro revés para el PSOE y para el propio Pedro Sánchez, ya que el presidente del gobierno ha puesto en todo momento la mano en el fuego por su Fiscal General, ha hecho de este juicio un pleito contra él mismo y ha reiterado una y otra vez que el Supremo dictaminaría una sentencia favorable hacia García Ortiz. 

Como se puede ver, esto último no ha ocurrido, lo cual nos lleva al escenario que estamos presenciando desde el jueves pasado: un ataque sin precedentes por parte del gobierno, de los partidos izquierdistas y de los medios de comunicación favorables a éstos hacia el Tribunal Supremo y, prácticamente, hacia la mayoría del Poder Judicial. Términos como "golpistas", "fascistas", "políticos con toga", "inquisidores", "lawfare" o "indecentes" han sido algunos de los muchos descalificativos que los Magistrados del Tribunal Supremo han recibido en estos días como consecuencia del polémico fallo judicial. 

Pero la cosa no acaba aquí, ya que incluso se han fundido rumores en estos días donde, según parece, desde el PSOE y otros partidos de izquierdas estarían enviando Whatssaps con el objetivo de que sus votantes se manifiesten y protesten delante de la sede del Tribunal Supremo. Una especie de "pásalo", como ya ocurrió en 2004 contra las sedes del PP tras los atentados terroristas del 11-M pero en una nueva versión y cuyo objetivo sería ahora el Poder Judicial. 

Cuando estamos ya a día 23 de noviembre, dichas protestas no se han producido aún, pero nada exime de que éstas no vayan a producirse más pronto que tarde. De hecho en el día de ayer, la vicepresidenta Yolanda Díaz ha llamado a la izquierda a movilizarse frente a los, según ella, "togados reaccionarios". Y para colmo, los medios de comunicación favorables al PP y a VOX hablan de una victoria del Estado de Derecho frente al totalitarismo autocrático que representa Pedro Sánchez junto a todos sus secuaces.

Dicho esto debo añadir que no se puede ser más imbécil que aquellos que están lanzando estos vítores. No hay ninguna victoria por parte del Estado de Derecho contra la autocracia de Sánchez. Ya dije en una entrada publicada este mismo mes que fuese cual fuese el fallo judicial, la reputación y el nombre del Ministerio Fiscal, y con ello el de todo el Estado de Derecho en España quedaría estigmatizado por este juicio. Si hubiese habido un fallo en favor de García Ortiz, el daño sería tan inmenso como el que se ha producido.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que un Fiscal General del Estado, cuyas funciones son las de velar por la independencia judicial, así como por el interés público, no puede bajo ningún concepto sentarse aún en el banquillo como máximo representante del Ministerio Fiscal, ya que dicha imagen daña de forma irreversible no solo al Poder Judicial sino al propio Estado de Derecho y al ya agónico sistema constitucional de 1978. Habrá quienes digan "pero afortunadamente ha sido condenado" Sí, pero ello no exime que la imagen del Estado de Derecho quede arrasada, con independencia del fallo proveniente del Supremo. 

Los Magistrados han cumplido con su deber, como debía ser, pero ello no excusa que la imagen institucional de la Justicia y de la Fiscalía hayan salido heridas de muerte cuando el máximo representante del Ministerio Fiscal ha filtrado datos personales de un anónimo como consecuencia de que ese anónimo es pareja de una adversaria política del gobierno, en este caso Isabel Díaz Ayuso. Si esto lo hace la Fiscalía con la pareja de, en este caso, la presidenta de una Comunidad Autónoma ¿Qué no hará con cualquier otro ciudadano, ya sea anónimo o personaje público? 

En el caso que nos ocupa hablamos ya de sucesos en los que se persigue, por parte de la Fiscalía, a opositores políticos o a familiares de éstos; y todo por ordenes provenientes del gobierno, lo cual es propio de un sistema totalitario o dictatorial. Álvaro García Ortiz ha sido pues la cabeza de turco que ha pagado, como Fiscal General que era, la filtración ilegal de los datos privados del novio de Ayuso, pero todos sabemos que las órdenes que recibió para que dichos datos se filtrasen provenían de Moncloa, y ahí García Ortiz ha sabido ser leal, sumiso y discreto con Pedro Sánchez.

Volviendo al fallo, insisto, los Magistrados del Supremo han hecho bien su trabajo y les felicito por ello. Pero del mismo modo que el fallo ha sido desfavorable hacia Álvaro García Ortiz, podría haber sido perfectamente favorable, y más cuando desde el propio gobierno se ha presionado sin éxito a los miembros del Poder Judicial (en este caso a los Magistrados del Tribunal Supremo) para que absolviesen al Fiscal General, lo cual empeora aún más el escenario. 

Todo ello mientras el ejecutivo alardeaba que todo se trataba de "una caza de brujas", "lawfare" o "bulos ultraderechistas". Ahora, tras el fallo, el gobierno no solo no se ha quedado callado sino que ha salido en defensa del propio Fiscal General alegando que no comparten dicha sentencia, que García Ortiz es inocente y que el Poder Judicial está politizado. Una lucha institucional sin precedentes entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial que veremos hasta dónde llega. Lo que está claro en estos momentos es que la guerra entre el gobierno y la Justicia ha comenzado y no tiene vuelta atrás.

Pero volviendo a lo que expuse al principio, reitero de nuevo en que todo esto puede quedar en nada. ¿Los motivos? García Ortiz puede recurrir la sentencia, e incluso elevarla, como ya hicieran con éxito hace unos meses Manuel Chaves, José Antonio Griñán y toda la pandilla de los ERE de Andalucía, al Tribunal Constitucional, compuesto mayoritariamente por Magistrados en favor del gobierno y, por ende, de la izquierda española. En el momento en el que García Ortiz presente un recurso ante el Tribunal Constitucional, podemos dar por hecho de forma anticipada que el fallo de dicho Tribunal será favorable hacia el condenado. 

¿Qué ocurrirá entonces? Que con ello se suspenderá el fallo dictaminado por el Supremo a través de un Tribunal cuyas competencias no son en absoluto las de absolver o inculpar a ningún ciudadano por hechos que deben de ser juzgados y dictaminados por la justicia ordinaria, no por un Tribunal cuya única función es la de interpretar y velar por la Constitución, el cual no forma parte además del Poder Judicial. 

Eso, obviamente, es la teoría que establece el Derecho español y la Constitución, pero en la España de Sánchez todo es susceptible de ser invertido. De esta forma, si este escenario se cumpliese, estaríamos ante dos escenarios devastadores. El primero, el de la condena al Fiscal General del Estado, el cual es un escenario justo pero a la vez devastador para el Estado de Derecho, y el segundo ese hipotético recurso de García Ortiz ante el Constitucional, el cual le daría con toda probabilidad la razón a éste, dando con ello un nuevo golpe mortal a la ya devastadora situación política, judicial y social que vive el país. 

Pase lo que pase, es seguro que nada va a quedarse así. Ni el gobierno se va a quedar de brazos cruzados, ni Álvaro García Ortiz va a resignarse con la sentencia del Supremo. La izquierda ha prometido dar la batalla contra el Poder Judicial y en los próximos días o semanas veremos hasta dónde escala ese conflicto político-judicial. Un conflicto que empeorará la ya agónica situación que atraviesa España y en la que se encuentran de por medio los escándalos de corrupción y los informes de la UCO, los cuales tienen cada vez más arrinconados al gobierno del PSOE y a todos sus socios parlamentarios. 

Hay quienes dicen que esta sentencia contra el Fiscal General ha sido un duro revés contra Sánchez, el cual, aseguran, está en shock por un fallo judicial que él no esperaba. Hay, incluso, quienes aseguran que ya no descartan nada, ni siquiera un adelanto electoral. Si alguien a estas alturas piensa que con toda la mierda en la que está el gobierno inmerso, Sánchez va a suicidarse políticamente convocando unas elecciones en las que, según las encuestas, se llevaría un batacazo histórico, no saben después de once años quién es Pedro Sánchez.

El gobierno, y la izquierda en general, aprovecharán para rodear las sedes judiciales, e incluso el Tribunal Supremo, y exigirán que sus votantes salgan a las calles para protestar contra el Poder Judicial. Sinceramente, no sé cuándo podrá ocurrir esto, pero acabará pasando tarde o temprano. Dicho esto, debo reconocer que si hay algo que admiro de la izquierda española es su forma de polarizar y de llamar a las calles a la gente para que vayan a por todas contra quienes ellos consideran "un peligro que hay que erradicar". 

Todo un discurso totalitario y sectario (lo que es realmente la izquierda) pero que tiene su efecto tanto en España como en otras partes del mundo. La propaganda y la movilización izquierdista es pues inigualable, y de todo ello todavía no se han enterado los partidos inútiles y deplorables de la derecha española, los cuales consideran que la izquierda les entregará el poder sin dejarse antes la piel en el camino.

Volviendo a Pedro Sánchez insisto en que este revés del Tribunal Supremo, con independencia de cuál sea el fin de este asunto (si se recurre o no ante el Constitucional), ha provocado que Sánchez se atornille más fuerte que nunca en la Moncloa ante el temor de que todos los casos que afectan a su mujer, Begoña Gómez, a su hermano, David Sánchez, así como a todos los miembros de la trama de corrupción que salpica al PSOE: José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García, etc, tengan el mismo final que ha tenido, al menos en el Supremo, el caso del Fiscal General del Estado. 

Sánchez sabe que, ahora más que nunca, es cuando debe permanecer en el poder a toda costa para autoprotegerse. Si eso conlleva ir a un choque contra el Poder Judicial e incendiar las calles, así será; si ello conlleva ir a una situación de bloqueo y de crisis institucional que acabe llevándose a gran parte del aparato del Estado por delante, bienvenido sea. Sánchez está más decidido que nunca de ir a por todas y nada ni nadie lo va a detener. 

Su expulsión del liderazgo del PSOE en 2016 será una broma con respecto a la forma en que, con independencia del tiempo, salga del gobierno en su día. Como dice la Ley de Murphy, de la cual soy un gran fan, "toda situación, por muy mala que sea, es susceptible de empeorar". Eso es precisamente lo que va a ocurrir a partir de ahora. La batalla final del sanchismo ha comenzado.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Cincuenta años de la llegada de Juan Carlos I


Si hace un par de días escribí sobre los cincuenta años del fallecimiento de Francisco Franco, hoy, 22 de noviembre de 2025, escribo sobre el acontecimiento histórico que tuvo lugar en esta misma jornada hace cincuenta años: la proclamación como rey de Juan Carlos I y con ello el regreso de los Borbones al trono de España cuarenta y cuatro años después de la salida abrupta del país de Alfonso XIII y la familia real tras la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931.

Medio siglo nos separa pues del momento en el que Juan Carlos de Borbón se convirtió en rey de España. Hoy, el propio Juan Carlos lleva ya once años como ex rey (o rey emérito, como queramos llamarlo) y cinco exiliado en Abu Dabi como consecuencia de los constantes escándalos que de una década hasta ahora vienen salpicando a la familia real española. La misma familia real que durante los cuarenta años que Juan Carlos I fue rey de España era intocable para la prensa y apenas teníamos los españoles información sobre los escándalos y la corrupción que se originaban en el Palacio de la Zarzuela. 

Personalmente debo decir que, como ya he añadido en múltiples ocasiones, soy republicano. En mi adolescencia sí era monárquico, ya que dentro de mi ingenuidad juvenil y mi corta edad creía que un rey neutral por encima del poder político era lo mejor que podía ocurrir, ya que el rey podría intervenir si el gobierno, con independencia del partido político que estuviese, se pasaba de los límites que establecía la Ley. 

Eran los últimos años de Aznar y los primeros de Zapatero en el gobierno y pensaba que el rey podía intervenir si el gobierno "se pasaba de la raya" (Guerra de Irak, Estatuto de Cataluña, Ley de Memoria Histórica, proceso de negociones con ETA, etc). Para mi sorpresa me fui dando cuenta con el tiempo que a pesar de que el gobierno se sobrepasaba la línea de lo permitido, el rey no era más que una figura decorativa, la cual no tenía potestad para decir u hacer nada, aunque la situación nacional estuviese en el límite. El caso Noos lo cambió todo y fue cuando practicamente me di cuenta que era más valioso un presidente de la República con funciones ejecutivas, con independencia de su ideología política, que un monarca decorativo que encabezaba una familia y una institución corrupta. 

En pleno 2025, y a mis casi 33 años, sigo pensando lo mismo e incluso mis ideas se han acentado aún más a este respecto. Dicho esto, y después de cincuenta años de la proclamación de Juan Carlos I como rey y la reinstauración de la Monarquía por parte de Franco cabe preguntarse: ¿Qué legado ha dejado realmente el rey Juan Carlos a España? Como todos sabemos ya, hace unos días se han publicado en Francia las memorias que el ahora rey emérito ha escrito con motivo de los cincuenta años de su proclamación como monarca. 

Unas memorias que no saldrán aquí en España hasta el próximo mes de diciembre, pero de cuyo contenido ya se ha hablado y mucho en nuestro país. Una de las declaraciones más controvertidas del libro, y que más críticas ha generado en España, son los elogios que Juan Carlos hace de Franco, de quien el propio ex monarca afirma que "si pude ser rey, fue gracias a él", lo cual no deja de ser verdad, a pesar de la polémica suscitada.

Dice también Juan Carlos en sus memorias que su legado y su herencia son el de haber traido la Democracia a España. Unas declaraciones que yo discrepo absolutamente, ya que como añadí en mi última entrada sobre el fallecimiento de Franco, creo firmemente que quienes trajeron e hicieron posible la llegada de la "Democracia" (si es que lo que tenemos se puede llamar así) fue precisamente el propio aparato franquista con Franco como tutor póstumo de esa llegada. 

Ya dije en mi última entrada que Franco dejó constancia en su testamento que se guardase fidelidad a Juan Carlos del mismo modo que se le había guardado a él. Franco sabía perfectamente de las intenciones de Juan Carlos y aún así dejó como última orden al aparato franquista que fuesen fieles al nuevo rey. Fue el propio franquismo y no Juan Carlos, ni Adolfo Suárez ni Torcuato Fernández Miranda quienes lideraron la Transición.

Entonces, dicho esto, cabe preguntarse nuevamente: ¿Cuál es el legado que ha dejado Juan Carlos I a España? En mi opinión, Juan Carlos de Borbón dejó en 2014 una España fragmentada, inmersa en una crisis económica, social, moral, política y territorial de la que en pleno 2025 no solo no nos hemos recuperado sino que hemos empeorado. La España feliz y próspera de la que nos hablan Juan Carlos, sus cortesanos y aquellos de su quinta nunca existió o, en el mejor de los casos, fue un espejismo. ¿Acaso España no ha ido perdiendo soberanía nacional a través de estos cincuenta años? ¿Acaso la entrada en la UE y la OTAN no ha supuesto una pérdida de soberanía progresiva interna de la cual Juan Carlos y sus sucesivos presidentes del gobierno se han enorgullecido? 

¿De qué España feliz y próspera estamos hablando? ¿De la España que él dejó en 2014, con su hija y su yernos imputados por el caso Noos? ¿De la España que en 2014 estaba ya inmersa en una polarización absoluta cuyo origen se remonta al 11-M y la llegada contra todo pronóstico de José Luis Rodríguez Zapatero? ¿De la España que en noviembre de ese mismo año, 2014, vivió el primer referéndum orquestado por los independentistas, entonces con Artur Mas a la cabeza? ¿De esa España que en 2014 vivía, y sigue viviendo aún, en un declive constante de sus instituciones y de un Estado de Derecho que se desintegra por días? ¿De esa España repleta de corrupción en todas y cada una de sus instituciones empezando, como ya he añadido, por la de su propia institución?

El legado de Juan Carlos I no se puede considerar que haya sido, ni mucho menos, ejemplar; así como tampoco lo fue su reinado desde noviembre de 1975 hasta junio de 2014. ¿Acaso fue ejemplar la conducta del rey en sus escándalos matrimoniales? y no lo digo en el sentido privado, ya que personalmente, lo que cualquier persona haga en su vida privada me importa entre cero y nada; pero sí me importan sus relaciones cuando éstas afectan a las cuentas del Estado, y sus relaciones sentimentales/sexuales con Marta Gayá, Bárbara Rey o Corinna Larsen costaron bastantes millones a las arcas públicas con tal de que éstas mantuviesen la boca cerrada. 

En el caso de Bárbara Rey ha sido, de hecho, para nada, ya que treinta años después de su chantaje a Juan Carlos, donde éste fue grabado en la misma casa de la por entonces vedette, manteniendo relaciones sexuales con ella y hablando con ésta de cuestiones políticas y familiares, finalmente ha reconocido públicamente dicha relación e incluso ha hablado de ella en un libro y en la propia televisión. 600 millones de pesetas (el dinero que el Estado pagó a Bárbara Rey por su silencio) tirados a la basura. 

Lo de Corinna Larsen es otra cuestión mucho más profunda, ya que con ella hubo una relación sentimental donde incluso el propio Juan Carlos le aseguró a Mariano Rajoy en 2012 su deseo de divorciarse de la reina Sofía y casarse con la empresaria alemana, algo que finalmente no pudo llevar a cabo, muy a su pesar. Eso sí, las comisiones y los negocios ilícitos que ambos realizaron con Juan Carlos aún en el trono, eso sí llegó a consumarse, de tal forma que Juan Carlos y Corinna, a pesar de romper su relación, tienen las espaldas bien cubiertas económicamente, sin que ese dinero haya sido declarado a Hacienda hasta la fecha. 

El reinado de Juan Carlos de Borbón no se caracterizó pues ni por la discrección ni por la ausencia de escándalos en sus casi cuarenta años en el trono. Buena prueba de ello es su controvertido papel en el 23-F y en la denominada Operación Armada. Aquella jugarreta en la que toda la clase política, encabezada por la Monarquía, pretendió hacer limpieza como consecuencia de los graves errores cometidos durante la Transición y el gobierno de Suárez. Por cierto, el mismo Suárez que hace años reconoció que no quiso en plena Transición someter a referéndum la forma de Estado porque, según él, "hacían encuestas desde el gobierno y siempre perdía la Monarquía". Muy democrático todo. 

Pero volviendo al 23-F, cuarenta y cuatro años después de aquellos acontecimientos, todavía hay personas que creen de forma ingenua que Juan Carlos nos libró aquella noche de febrero de 1981 de la llegada de una nueva dictadura militar, cuando el objetivo último del 23-F era todo lo contrario. En este caso, la idea era la de designar al mentor y mano derecha del rey, el general Alfonso Armada, como nuevo presidente de un gobierno de concentración nacional que llevase a cabo las reformas oportunas, incluyendo la Constitución de 1978, para "hacer limpieza" de los errores cometidos en los años atrás.  

Obviamente, todos sabían que el 23-F era una farsa, excepto el propio asaltante al Congreso, el teniente coronel Antonio Tejero, el cual creyó de forma ingenua que aquella operación era realmente un golpe de Estado militar y que de ahí saldría una Junta Militar encabezada por Jaime Milans del Bosch como nuevo presidente del gobierno. El resto de la historia ya la sabemos todos. 

Fue el propio Tejero el que, al conocer la trampa que le habían tendido, impidió que Armada entrase en el hemiciclo para ser investido presidente del gobierno. De esta forma fue Tejero y no Juan Carlos en su ya famoso mensaje de televisión quien abortó el golpe, que no era más que un contragolpe de Estado diseñado por el CESID con el objetivo de abortar definitivamente cualquier intento real de golpe de Estado, ya fuese por lo militar o por lo civil.

Volviendo a las memorias que Juan Carlos ha publicado, en ellas afirma que es el único español que después de cuarenta años de servicio no recibe una pensión del Estado. Debo reconocer que nuestro ex monarca es inigualable en lo que respecta a cinismo y sinvergonzonería. Que esas afirmaciones las realice el mismo ex rey que durante cuarenta años ejerciendo como Jefe del Estado fue el único español que judicialmente era inviolable, según la Constitución de 1978, es de un sarcasmo espectacular proveniente de este tipo. Un tipo que envió una carta en 1977 al Sha de Persia para pedirle diez millones de dólares para la campaña de financiación de la UCD de Suárez (incumpliendo con ello su neutralidad como rey) y cuyo dinero nunca se supo a qué bolsillo llegó realmente, tiene la desfachatez de pronunciar estas palabras. 

Un tipo que por cada barril de petróleo que se exportaba de Arabia Saudí a España cobraba un millón de euros por cada barril, tiene la caradura de atreverse a quejarse públicamente. Un tipo que después de cuarenta años como rey de España está viviendo el final de su vida en el exilio por los continuos escándalos tanto financieros como sentimentales que de unos años hasta la fecha se han publicado, tiene la poca vergüenza de quejarse de su situación económica. Un tipo que tiene cuentas millonarias en paraísos fiscales como consecuencias de esos "servicios" que él mismo se cobrabra siendo rey, tiene el descaro de poner el grito en el cielo.

Por cierto, un exilio cuyo primer interesado en que continúe allí es el rey Felipe VI, su propio hijo. Como se puede comprobar, en los genes de los Borbones está el hecho de que el hijo traicione siempre a su padre. Lo hizo Juan Carlos en julio de 1969 cuando Franco, aconsejado por su entonces vicepresidente, Luis Carrero Blanco, lo designó sucesor a título de rey, aceptando Juan Carlos dicho nombramiento y traicionando a su vez a su padre, Don Juan de Borbón, el cual era el legítimo heredero a la Corona española tras el fallecimiento de Alfonso XIII en 1941. 

Una traición que el Conde de Barcelona nunca perdonó a su hijo y que ahora está pagando el propio Juan Carlos con su hijo Felipe VI, el cual no quiere ver a su padre ni en pintura por España. Es por ello por lo que Juan Carlos ha criticado duramente a su propio hijo, así como a su nuera, Letizia Ortiz, e incluso al gobierno de Sánchez en sus memorias por este hecho mientras alega su deseo de volver por fin a España. 

Como es obvio, Felipe VI y el gobierno de Pedro Sánchez jamás permitirán el regreso de Juan Carlos I a España. El destino del ex rey parece estar ya sellado, y no es otro que el de fallecer en el extranjero, del mismo modo que en el extranjero nació en enero de 1938. Juan Carlos volverá a España, sí, pero después de su fallecimiento (Que esperemos sea dentro de muchos años), cuando su cadáver vuelva a nuestro país para recibir los honores y el funeral de Estado correspondiente al cargo que ha ostentado como Jefe del Estado. Ese es el trágico e irónico destino que a todos los reyes de España, excluyendo a Alfonso XII, le ha deparado la historia: reinar, exiliarse y morir en el extranjero. 

Por otra parte cabe añadir que si Felipe VI cree que él quedará exento de esa traición y de ese destino, está muy equivocado. No estará lejos el día en el que su propia hija lo traicione, del mismo modo que él ha traicionado a su padre y éste en su día a su abuelo. Si Leonor, llegado el momento, debe traicionar a su padre para ocupar su cargo, lo hará sin ninguna duda; del mismo modo que lo enviará al exilio si en el futuro, Felipe VI no tiene ya cabida en España y comienzan a salir escándalos sobre él que actualmente están ocultos.

En lo que a mí respecta, no puedo destacar ningún acierto de Juan Carlos I en sus casi cuatro décadas al frente de la Jefatura del Estado. Al igual que hice en mi última entrada con respecto a Franco, hablé de sus aciertos y sus errores. En el caso de Juan Carlos he mencionado muchos errores, pero no puedo, o al menos no consigo encontrar ninguna ventaja en sus largos años de reinado. 

De hecho, por errores se pueden incluso mencionar los que realizó siendo aún príncipe de España y Jefe del Estado en funciones mientras Franco agonizaba, capitulando ante Marruecos junto a Arias Navarro y entregando el Sáhara Occidental en plena Marcha Verde con el objetivo de evitar una guerra contra los marroquíes a cambio de regalar parte de nuestro territorio a un país hostil hacia España, teniendo que salir de forma urgente y amedrentada los españoles y nuestras tropas allí establecidas. 

Dicho esto, y volviendo a los posibles aciertos de Juan Carlos I, probablemente su mayor logro haya sido el de, a través de sus muchos contactos, lograr buenos acuerdos comerciales y económicos con España, lo cual no es poco, pero lo mismo que usaba sus contactos para lograr dichos acuerdos, también los utilizaba para enriquecerse ilícitamente, lo cual era, como se suele decir, desnudar a un fraile para vestir a otro. De esta forma, los pocos aciertos en política exterior de Juan Carlos I se ven ensombrecidos nuevamente por su propia corrupción. 

En lo que respecta al papel que la historia le tendrá deparado a Juan Carlos I creo que será parecido, salvando todas las distancias posibles, con el de Alfonso XII, el cual fue el artífice junto a Cánovas del Castillo del sistema de la Restauración de 1876. Juan Carlos quedará, obviamente y a pesar de lo que yo opine, como el artífice de la Transición y del denominado régimen del 78 junto a Adolfo Suárez. Un régimen que al igual que el de 1876 se descompone por momentos. Hace cien años fue Alfonso XIII el que sepultó el sistema caciquil que su padre había levantado junto a Cánovas, en esta ocasión será o bien Felipe VI o bien Leonor en un futuro quien entierre el actual sistema para dar paso a otro peor.

En el futuro, la historia hará mención también a su relación con los diferentes presidentes del gobierno que tuvo bajo su reinado, y probablemente con el tiempo se sepa más aún sobre dichas relaciones. Unas relaciones que empezaron mal con Carlos Arias Navarro, el cual se negaba a reformar nada, comenzaron extraordinariamente bien y acabaron catastróficamente mal con Adolfo Suárez, fueron respetuosas aunque frías con Leopoldo Calvo Sotelo en su breve periodo de gobierno, fueron absolutamente amistosas, tanto en lo político como en lo personal, y de apoyo mútuo entre Felipe González y él (incluso en los peores tiempos de la corrupción felipista). 

Con José María Aznar, en cambio, fueron completamente penosas y tensas, aceptables e institucionales con José Luis Rodríguez Zapatero (a pesar de ser con él cuando se comenzó a cuestionar la Transición) así como cordiales y respetuosas con Mariano Rajoy. Puede que con el tiempo sepamos más sobre dichas relaciones, y que incluso Juan Carlos ofrezca algunos detalles de ellas en su libro cuando éste llegue a España en diciembre.

Lo que sí queda claro es que, con independencia de las opiniones que cada uno tengamos de Juan Carlos I de Borbón, no hay duda de que su reinado marcó un antes y un después en la historia de España. Primero con la instauración del sistema constitucional de 1978 y el denominado Estado de las Autonomías y posteriormente tras el escenario que se abrió en España a partir de 2004, el cual dio inicio a la decadencia institucional y política, a la corrupción generalizada y al enfrentamiento social y territorial, así como a la reapertura de las viejas heridas de la Guerra Civil y a la polarización entre españoles. Cincuenta años después de su proclamación como rey, España es, a diferencia de lo que era en 1975, una nación en decadencia, y de eso tiene gran responsabilidad, aunque él no lo quiera asumir, el propio rey Juan Carlos I. Medio siglo después de aquél 22 de noviembre de 1975, será pues la historia la que lo juzgue en el futuro. 

jueves, 20 de noviembre de 2025

Cincuenta años sin Franco


Hoy, 20 de noviembre de 2025, se cumplen cincuenta años del fallecimiento de Francisco Franco Bahamonde, casi con toda seguridad el personaje histórico más relevante de la historia de España en el siglo XX. Un siglo XX que no estuvo exento de personajes relevantes e incluso polémicos: Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera, Manuel Azaña, Francisco Largo Caballero, su propio sucesor, Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Felipe González, etc. Sin embargo, y a pesar de todo, Franco ocupa, y sigue ocupando, un lugar en primera fila tanto en la historia como en la actualidad española. 

A lo largo de estos doce años de blog he hablado muchas veces sobre la figura histórica y política de Francisco Franco, pero quizás no tanto como lo voy a realizar hoy. Y es que la ocasión no es para menos, ya que en este día que escribo esta entrada se cumplen, como acabo de decir anteriormente, medio siglo de ausencia de aquél a quien para muchos representa (o representó) lo mejor de España en muchas décadas, mientras que para otros es la personificación de los males que padece nuestro país desde hace ya casi un siglo.

En lo que a mí respecta voy a ser bastante claro. Nací en noviembre de 1992, casualmente justo un siglo después del nacimiento de Franco, el cual nació en diciembre de 1892. Cuando se produjo mi nacimiento, el Caudillo llevaba fallecido exactamente diecisiete años, los mismos que llevaba Juan Carlos I reinando y catorce años desde la promulgación de la Constitución española de 1978. 

No he vivido la II República, ni viví la Guerra Civil, ni tampoco la dictadura franquista ni los años posteriores de la denominada Transición Española. De hecho mis primeros años de vida coincidieron con la última etapa de gobierno de Felipe González. Pero el hecho de que no haya vivido los cuarenta años de gobierno de Francisco Franco, no son excusa para no tener criterio propio sobre los acontecimientos que ocuparon casi medio siglo en la historia contemporánea de España en el siglo XX.

En mi propia familia la Guerra Civil se vivió intensamente. Mientras por mi familia materna, dos de mis tíos abuelos, ambos hermanos, luchaban cada uno en un bando diferente, por parte de mi familia paterna mi bisabuelo fue fusilado por el bando nacional, su propio hijo, llevado al paredón junto a él, fue herido durante el fusilamiento, llegando a escapar tras contemplar el cadáver de su padre muerto a su lado. 

Tras conocerse que mi tío abuelo, hermano de mi abuelo paterno, había conseguido escapar, la Guardia Civil se llevó a mi tía abuela, de tan solo dieciocho años y la fusilaron, siendo rematada con un tiro en la cabeza para asegurarse que, a diferencia de su hermano, estaba muerta y no herida. Mi otro bisabuelo por vía paterna fue encarcelado durante la Guerra Civil en Valladolid por sus vínculos con el PSOE, siendo liberado pocos años después, bajo el gobierno de Franco. Volviendo a mis tíos abuelos maternos, ambos lucharon, como ya he añadido, en bandos distintos, con la diferencia que mi tío abuelo republicano consiguió huir a Toulouse, permaneciendo allí hasta su muerte en 1977. Mi otro tío abuelo (al cual yo conocí), militar del Ejército de Tierra y combatiente en el bando nacional, continuó viviendo el resto de su vida en Madrid hasta su fallecimiento en 2001.

Tras esto podrá haber alguien que diga ¿Y para qué me cuentas tu vida y la de tu familia? Por la sencilla razón de que a pesar de no haber vivido personalmente el franquismo, el hecho de tener a familiares que han vivido en primera persona el conflicto nacional iniciado en 1936 y ser a su vez algunos de éstos familiares víctimas mortales del mismo, me da a la misma vez la legitimidad moral suficiente para posicionarme a la hora de hablar de un tema tan controvertido como es el franquismo, lo cual es sin duda alguna surrealista en pleno 2025. 

¿Alguien se imagina que en 1915, con Woodrow Wilson como presidente de EEUU y cincuenta años después de la Guerra Civil americana y del asesinato de Lincoln, éste siguiese siendo actualidad en aquel entonces? Estados Unidos estaba en aquel entonces lo suficientemente ocupada con la Primera Guerra Mundial (finalmente entraron en guerra en 1917) como para remover heridas del pasado; un patrón que no se repite en España después de casi un siglo de la Guerra Civil y justamente cincuenta años del fallecimiento de Franco. Al contrario de lo ocurrido en EEUU, la polarización social y el removimiento histórico de estos hechos van cada día a más, sobre todo tras reabrirse en 2007 el debate con la mal llamada Ley de "Memoria Histórica" con Zapatero y secundada posteriormente en 2022 con Sánchez con la denominada Ley de "Memoria Democrática". 

Estas leyes, cuyo único objetivo fueron siempre el de remover viejas heridas y reabrir las brechas que quedaron cerradas en su momento, han hecho que la figura de Francisco Franco esté más presente una vez muerto que vivo. Para muchos, sobre todo para aquellos que no conocieron el franquismo ni han tenido la decencia de abrir un puñetero libro de historia en su vida, o tan siquiera leer la Wikipedia o consultar a ChatGPT, el personaje de Franco representa, como así lo quiere presentar la izquierda, la demonización y la encarnación del mal absoluto sobre la tierra. 

¿Esto quiere decir que Franco fue un santo? Claro que no, pero tampoco fue la bestia que la izquierda española trata de perfilar desde hace casi veinte años hasta la fecha. ¿Franco aprovechó su asalto al poder con la intención de perpetuarse en la Jefatura del Estado de por vida? Totalmente ¿Franco cometió errores? Por supuesto que los cometió ¿Qué persona no comete errores y más si lleva cuarenta años gobernando un país? ¿Tuvo aciertos en su largo periodo de gobierno? Absolutamente ¿Estuvo España mejor con él que con los gobiernos democráticos? A partir de la segunda etapa del franquismo en los 50, indudablemente que sí. En el momento de su muerte, España era el segundo país más próspero en términos económicos, con unas tasas de crecimiento del PIB más altas a nivel global. 

España a su vez conoció durante el segundo periodo de la dictadura lo que se conoce históricamente como "El milagro español", con el desarrollo en el sector automovilístico, el aumento de la producción energética, la apertura del turismo como una de las principales bases del crecimiento económico, la creación de una clase media que conoció bajo el gobierno de Franco la estabilización social y la mejora destacada en los servicios públicos (Sanidad, Educación, Seguridad Social, etc), así como el asequible acceso a un hogar a través del Instituto Nacional de la Vivienda, la destacada mejora de los salarios, los escasos impuestos que los españoles tenían que pagar en aquellas décadas, el bajo nivel de desempleo, así como la protección y los derechos laborales obtenidos durante el franquismo.

Desde la izquierda se hace especial hincapié, entre otras cuestiones, en el hecho de que España estaba aislada del resto de los países de nuestro entorno durante el franquismo, pero la reapertura de las relaciones de nuestro país con EEUU a mediados de los cincuenta, secundada por la entrada de España en la ONU poco después y la normalización de las relaciones de nuestra nación con los países europeos en la segunda mitad del franquismo desmienten estos bulos. 

Por no hablar del papel destacado que jugó Franco cuando, siendo en aquel entonces España aliada de la Alemania Nazi de Hitler y de la Italia Fascista de Mussolini, el llamado Generalísimo desechó la posibilidad de la entrada de nuestro país en la Segunda Guerra Mundial, lo cual habría acabado literalmente con nuestra nación, la cual estaba todavía en shock y en medio de la más absoluta miseria tras tres años ininterrumpidos de Guerra Civil. Una miseria de la que España no saldría hasta bien entrada la década de 1950.

Una vez dicho los pros, entremos ahora en los contras. Por el contrario, los principales errores y defectos cometidos bajo el mandato de Franco fueron la censura, la escasez de hambre, la falta de productividad durante los primeros años de la dictadura, la emigración española, la persecución política, el papel tan activo que la Iglesia tuvo durante el régimen (la cual Franco salvó de la izquierda), la "santificación" de Franco por el propio Catolicismo (llevarlo bajo palio, etc), el encarcelamiento de opositores al régimen (algunos pacíficos, otros no), la reinstauración de la Monarquía, el exilio de muchos españoles al extranjero e incluso la ejecución de personas contrarias al mismo. Con respecto a esto último debo añadir que es verdad que durante el periodo franquista hubo, según cálculos de varios historiadores (aunque la cifra difiere según otros), aproximadamente unos 50.000 fusilamientos durante la dictadura. 

Muchas de esas criaturas eran inocentes y/o solo eran simples opositores pacíficos al régimen, otros sin embargo eran terroristas y asesinos que alteraban la paz social en pos de unos objetivos que iban más allá de la simple lucha contra el franquismo. ETA y el GRAPO son solo algunos de esos ejemplos de sanguinarios que perpetraron sus primeros atentados durante la dictadura y que posteriormente, sobre todo los últimos fusilados, han pasado a convertirse en mártires de la dictadura; un adjetivo que en nada se corresponde con lo que esos miserables eran y cuyas figuran han edulcorado y dramatizado la cultura popular izquierdista tras la muerte de Franco. 

Una vez enumerados los pros y los contras cabe añadir ¿Por qué se sublevó Franco y gran parte del Ejército en 1936? ¿Por capricho? ¿Por aburrimiento? ¿Porque eran antidemócratas? Nada más lejos de la realidad. Si el bando nacional se sublevó fue porque personajes como Manuel Azaña, Juan Negrín, Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto, Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri (la Pasionaria) y muchos más habían convertido a España y al sistema de la II República en un régimen izquierdista que tenía como objetivo el de entregar nuestro país a las órdenes de Stalin y de la Unión Soviética. 

Esto mismo no solo lo digo yo, sino que lo secunda en 1933 Francisco Largo Caballero en una de sus frases más célebres: "Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral y ese periodo es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos". Tampoco es verdad que Franco, Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano, Yagüe, etc, se sublevasen contra la República, sino contra aquellos que la habían descuartizado. Y esto tampoco lo digo yo solamente, sino que lo dijo también el propio Manuel Azaña: "Franco no se rebeló contra la República, sino contra la chusma que se había apoderado de ella". 

Sin embargo, a pesar de todo lo expuesto, muchos seguirán creyendo que Franco y gran parte del Ejército se sublevaron contra la "bienaventurada" República porque eran unos malvados enemigos de la libertad. La simpleza es el factor donde se refúgian los ignorantes, y éstos aceptan sin más este argumento tan pobre como falso. En lo que a mí respecta, la sublevación militar del 18 de julio de 1936 estaba completamente justificada, y más si tenemos en cuenta que solo dos años antes el PSOE había intentado perpetrar su propio golpe de Estado, el cual se saldó con más de 2.000 muertos. 

¿Estaba pues la sublevación justificada? absolutamente ¿Lo estuvo la Guerra Civil? en absoluto. Nadie desea una guerra, ni mucho menos en tu propio país. ¿Hubo crímenes por parte de ambos bandos? totalmente. ¿Estaban justificados? en absoluto. Pero por desgracia, España, como ocurre en pleno 2025 aunque en otros términos, era en 1936 una olla a punto de explotar, y cuando lo hizo en julio de 1936, tras muchos secuestros, asesinatos, violaciones y violencia por parte de la izquierda, el caos y la anarquía estaban, por desgracia, garantizados.

Dicho esto, quiero ahora hacer hincapié en otra cuestión bien distinta. Una cuestión no menor, esta vez ocurrida tras la muerte de Franco. Tras su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975, su sucesor a título de rey, Juan Carlos I, comenzó a desmantelar los cimientos sobre los que se sustentaba el régimen franquista, presionando en julio de 1976 a Carlos Arias Navarro a dimitir como presidente del gobierno y a designar posteriormente a un joven y ambicioso Adolfo Suárez como nuevo jefe del ejecutivo. 

Muchos creen después de cincuenta años que la denominada Democracia que nació con el régimen del 78 cayó milagrosamente del cielo y que ésta fue un regalo de Dios. Nadie parece percatarse de que quien precisamente maniobró en silencio los hilos para que ese escenario se produjese fue el propio Franco y las Cortes Franquistas. Franco no era imbécil y sabía perfectamente que detrás de su muerte no habría una prolongación de su régimen. 

Sabía más o menos cuáles eran las intenciones del entonces príncipe Juan Carlos y era consciente en todo momento que lo que vendría después de él sería lo antagónico de lo que él había mantenido durante su dictadura. Es por ello por lo que, a pesar de todo, mantiene el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como su sucesor, y además añade en su testamento político esta orden a sus colaboradores "Os pido que rodeéis al futuro rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado, y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido". 

Esto era prácticamente una última orden al aparato franquista para que éste cumpliese con el propósito de Juan Carlos, una vez como rey. Esa obediencia se consumió el 18 de noviembre de 1976, con Suárez ya en el poder y justo un año después de la muerte de Franco. Es el momento en el que las Cortes Franquistas se hacen el harakiri político en favor del Proyecto de Ley para la Reforma Política, la cual abolía de un plumazo el sistema franquista y daba paso a la transición política, que tendría como culmen la instauración del régimen del 78. ¿Con esto quiero decir que gracias al franquismo hoy tenemos "Democracia" (o como queramos llamarlo)? totalmente. 

Sin el apoyo del aparato franquista a aquella Ley (la última de las Leyes Fundamentales del Reino), hoy España probablemente no viviría bajo el sistema que tenemos ni la transición hubiese sido tal y como ocurrió. Probablemente, de haberse negado las Cortes Franquistas a suicidarse políticamente, el frágil reinado de Juan Carlos I y el entonces débil gobierno de Suárez habrían fracasado y probablemente hubiese habido, o quizás no, una nueva sublevación militar, y quién sabe si con ello una nueva guerra civil. Sea como fuere, lo cierto y verdad es que el escenario posterior a la muerte de Franco con la llamada Transición Española fue todo un éxito gracias precisamente a aquél a quienes hoy muchos intentan borrar de la historia y a los políticos que en aquel entonces le secundaban. 

Se cumplen hoy pues cincuenta años de la muerte de Franco, precisamente en el momento que más vivo está (en espíritu, obviamente). Como diría Juan Carlos I el 22 de noviembre de 1975 en su proclamación como rey "Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea". 

Sin ser monárquico, secundo completamente estas palabras, quizás las más certeras de las que ha dicho Juan Carlos I a lo largo de su vida. Con sus luces y sus sombras, el nombre y la figura de Francisco Franco estarán siempre presente en la historia de España, por mucho que algunos intenten por todos los medios despojarlo de ella. Con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y sus errores, Francisco Franco Bahamonde es ya, por mucho que algunos se empeñen en eliminarlo, una huella imborrable en la historia de España. DEP.

martes, 4 de noviembre de 2025

Un país en estado irreversible


Después de doce años escribiendo en este blog, reitero lo que ya dije hace un tiempo: cada vez me dá más pereza hablar sobre la política nacional y sobre la situación de decadencia sin frenos que atraviesa España. En lugar de eso prefiero escribir sobre religión, historia o política internacional. Aún así, hay veces que la situación en España demanda que escriba algo sobre lo que ocurre en nuestro país. La entrada de hoy la voy a dividir en tres temas interesantes que se han producido hoy, y que demuestran hasta dónde hemos llegado como Estado-Nación. 

En primer lugar me referiré a la dimisión con un año de retraso del todavía presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, en segundo lugar me referiré al juicio sin precedentes que ha comenzado hoy en el Tribunal Supremo contra el Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, y en tercer lugar haré hincapié en en informe de la UCO sobre el ministro de Política Territorial, Víctor Ángel Torres, y su relación con la trama de corrupción que salpica de lleno al PSOE cuando éste era aún presidente de Canarias. 

Comienzo con el anuncio de dimisión que hoy ha anunciado el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, después de los abucheos recibidos el pasado miércoles en el homenaje que se les dio a las víctimas de la DANA un año después de la tragedia. Unos abucheos que, en mi opinión, estaban más que merecidos; pero he aquí que cuando escuché los abucheos que recibía, y con toda justicia, el propio Mazón, no se escuchaban a la vez ni uno solo hacia el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, también presente en el homenaje junto a los reyes de España. 

Para empezar debo hacer un comentario que puede que compartan muchas personas o puede que no. No entiendo qué hacían las víctimas de la DANA y los familiares de los fallecidos secundando un acto organizado por el Estado; ese mismo Estado que hace justamente un año se lavó las manos mientras el presidente del gobierno rechazaba las ayudas ofrecidas por parte de países vecinos, entre ellos Francia, y pronunció en aquella famosa rueda de prensa la frase por la que pasará a la historia: "si quieren ayuda, que la pidan". Y por si esto fuese poco y el Estado, así como la Comunidad Valenciana, no activaron el Estado de Alarma que la situación requería, Sánchez convocó otra rueda de prensa tras salir corriendo de Paiporta ante la posibilidad de que la población acabase allí mismo con él y acabase colgado boca abajo como Mussolini. 

Es entonces cuando en aquel momento, donde las familias estaban buscando a sus familiares fallecidos o desaparecidos y Valencia inundada y desamparada por parte de todas las administraciones públicas, Sánchez pronunció aquella otra frase por la que pasará a la historia: "yo estoy bien". ¿Qué más daban los muertos y los desaparecidos y todas aquellas personas y familias que lo habían perdido todo? Lo importante y urgente era saber cómo se encontraba nuestro amado presidente, y para ello convocó aquella aberrante rueda de prensa en la que demostró no solo su perfil más psicópata sino también su egocentrismo más peligroso. 

¿Por qué entonces la población valenciana no se ha echado a las calles con tanto entusiasmo para pedir la dimisión de Pedro Sánchez, así como la de Carlos Mazón? Por la sencilla razón de que el PSOE tiene un nivel de propaganda tan exitoso y bueno (todo hay que reconocerlo) al nivel de los nazis en Alemania. La idea de que el desamparo y el abandono de las administraciones públicas se limitan solo al gobierno de Mazón y no al gobierno de Sánchez igualmente, es algo que la izquierda se ha encargado de propagar durante 24 horas en estos últimos 365 días. 

Toda persona, con dos dedos de luces e imparcial, sabe que el 50% de la nefasta y criminal gestión de la DANA de Valencia fue por un lado responsabilidad del gobierno de Mazón, pero el otro 50% fue responsabilidad del gobierno de España al no asumir su deber como Administración General del Estado y tomar las riendas de la situación, con independencia de que la Generalitat valenciana lo solicitase o no. La idea de que Mazón, y con ello el PP, son los únicos responsables de aquella tragedia ha calado y mucho en la sociedad española gracias a la propaganda de la izquierda, que en eso son unos fenómenos. 

De esta forma, y tras más de un año oculto y sin querer asumir su propia responsabilidad, Mazón hoy ha anunciado por fin su dimisión, de la cual caben ahora dos posibilidades: que VOX vote a favor del próximo candidato del PP a la presidencia de la Generalitat (lo cual sería meterse los de Abascal un tiro en el pie) o bien que VOX rechase votar en favor de dicho candidato, lo cual llevaría al escenario más propicio para la Comunidad Valenciana: unas elecciones autonómicas anticipadas. 

Con la dimisión de Mazón, Sánchez se carga políticamente al responsable parcial de aquella catástrofe, mientras él mismo, el otro responsable parcial de aquella desgracia que se llevó por delante más de doscientas vidas, sigue impoluto en Moncloa, sin que nada ni nadie pueda acusarle de nada, ni mucho menos poner de una vez por todas fin a su permanencia en la Moncloa. Sánchez vuelve a demostrar con ello que es invencible mientras Feijóo cree que con la dimisión de Mazón, las aguas volverán a su cauce en Valencia. Nada más lejos de la realidad. Esto es solo el principio de una pesadilla para el PP, no solo valenciano sino nacional, que Feijóo aún no es consciente de su gravedad. 

Dicho esto, paso ahora a analizar el segundo tema que ha sido ampliamente debatido hoy en toda España, como es el inicio del juicio contra el Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, por su implicación en la revelación de secretos sobre Alberto González Amador, novio de Isabel Díaz Ayuso, en la investigación que se está desarrollando contra éste por un delito de fraude a Hacienda. Con la apertura del juicio en el día de hoy en el Tribunal Supremo se produce uno de los sucesos más surrealistas de la historia contemporánea de España: la de un Fiscal General del Estado sentado en el banquillo de los acusados por revelación de secretos mediante órdenes procedentes de Moncloa. Ya saben aquella famosa frase que Sánchez pronunció de forma egocéntrica en su momento: "¿De quién depende la Fiscalía?". 

Cabe recordar que según el artículo 124 de la Constitución española, el Ministerio Fiscal tiene por misión "promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la Ley, de oficio o a petición de los interesados, así como velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social". Como se puede apreciar, es surrealista, irónico e incluso cínico que la mayor autoridad del Ministerio Fiscal en España, que es a su vez un organismo jurídico a nivel estatal encargado de supervisar la independencia judicial y velar por el interés público sea quien se siente en el banquillo de los acusados por un delito de revelación de secretos; y todo para encubrir al inquilino de la Moncloa, lo cual es doblemente preocupante a la par que surrealista.

Con este juicio, y con independencia del fallo judicial que salga del mismo, está claro que la reputación y el nombre del Ministerio Fiscal quedan ya completamente estigmatizados como consecuencia de los delitos perpetrados por su mayor autoridad. ¿En qué lugar del mundo se ve a un Fiscal General del Estado sentado en el banquillo y sin haber dimitido aún de su cargo? ¿En qué país medianamente sensato (España, por desgracia, no lo es) un Fiscal General del Estado se sienta en el banquillo mientras el abogado del Estado le representa e incluso el propio fiscal del caso sale en defensa de su jefe, quebrantando así la independencia y la promoción de la acción de la justicia en defensa de la legalidad de la que debe hacer gala el Ministerio Fiscal?

Nadie tomará en serio el Poder Judicial después de este bochornoso y abominable espectáculo que no solo afecta a las instituciones judiciales sino a todo el aparato del Estado e incluso al Estado de Derecho en sí. Pero a fin de cuentas, ¿Qué más dá eso a estas alturas? en unas circunstancias donde el Estado, la Constitución y el propio régimen del 78 hace aguas por todos lados mientras se hunde de forma imparable el país como si del propio Titanic se tratase, con los políticos emulando a los violinistas del barco hundido en medio del Atántico en 1912.

Y ya para finalizar, me centro en el tercer y último tema a comentar: el informe de la UCO que hoy ha aparecido y en donde se hace hincapié en la implicación del actual ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, en la trama Koldo, en la venta de las mascarillas del COVID y en su relación con Aldama, el propio Koldo, Ábalos, etc. Un informe que no dice nada en especial, al menos en mi opinión, y que demuestra que, como ya he dicho anteriormente, nada ni nadie logrará sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa. 

¿A quién le interesa lo que Ángel Víctor Torres hiciera o dejara de hacer en una trama de la cual todos sabemos quién es el "número 1"? ¿A quién le interesa las informaciones constantes sobre los trapicheos de Ábalos, Koldo y Cerdán? A mí me es completamente indiferente los negocios ilícitos y las comisiones que Torres se llevase en su etapa como presidente de Canarias junto a Ábalos, Koldo, Aldama, etc. Me interesa saber qué es lo que hacía o dejaba de hacer Pedro Sánchez en ese momento y qué papel jugaba en aquella trama. De nada sirve sacar públicamente informes que incriminen a ministros, diputados, fontaneros del PSOE o miembros de la ejecutiva del partido. 

Todo lo que no sea publicar informes claros y directos que impliquen de lleno a Pedro Sánchez es papel mojado. ¿O acaso alguien piensa que Torres va a dimitir o Sánchez lo va a cesar por esto? ¿Acaso Francina Armengol ha dimitido como presidenta del Congreso tras saberse hace meses que ella, en su época como presidenta de las Islas Baleares, hacía lo mismo de lo que ahora se acusa a Torres? ¿Por qué no sale nada que implique de lleno al "número 1"?

Probablemente porque estamos ante una partida de ajedrez en la que quien maneja los hilos está poniendo nervioso al propio Sánchez y juega con la posibilidad de sacar o no las informaciones que le incriminan a él. O quizás porque nadie tiene realmente nada sobre Sánchez y están presionando a Ábalos, Cerdán y Koldo para que canten "La Traviata" en un momento de presión extrema. Si esa es la estrategia de quienes están detrás de todo esto, ya les digo que no van a conseguir nada. Todos los implicados hasta la fecha preferirían ahorcarse antes que confesar toda la verdad, aunque eso supusiese llevarse por delante a su jefe. Ya lo hemos visto en los juicios que se han celebrado hace poco con Ábalos y Koldo, los cuales se han negado a declarar judicialmente cuando todo el mundo creía que por fin confesarían. 

Seamos serios. El PSOE es una mafia y como organización criminal que es, sabe que los subordinados no van a cantar nada que pueda afectar al líder, incluso si las acusaciones se extienden ya a familiares de los imputados, como es el caso de Ábalos y Koldo. Si Pedro Sánchez no ha caído hasta ahora por haber dejado morir a más de doscientas personas en una catástrofe natural en Valencia, ni por tener a su Fiscal General del Estado enjuiciado en estos momentos, ni por las tramas de corrupción que afectan a su propia familia, ¿Quién se va a creer que va a dimitir por informes que involucran a terceros de su partido, por muy allegados que éstos sean del presidente del gobierno? 

Admitámoslo de una maldita vez. Pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, tenemos, para desgracia de España, Sánchez por los siglos de los siglos, y eso es una realidad, por mucho que algunos hablen desde sus programas o canales en Youtube, día sí y día también, de que el final del actual presidente del gobierno está cada vez más cerca. Sánchez, a pesar de la ruptura fake de Junts con el PSOE, no solo va a aguantar hasta 2027, sino que formará nuevamente gobierno tras las próximas elecciones generales, con independencia de que las gane o las pierda. El régimen del 78 se hunde y Sánchez es el capitán (como él mismo se definió en junio) perfecto para hundir este barco en las últimas llamado España.