miércoles, 22 de noviembre de 2023

Sánchez, reelegido


El pasado jueves se produjo finalmente la reelección de Pedro Sánchez como presidente del gobierno al ser investido con los votos a favor de Sumar, Junts, ERC, Bildu, PNV, BNG, CC, etc. Una reelección que culminó al día siguiente con la toma de posesión de Sánchez ante el rey por tercera vez consecutiva. Por cierto, un rey al que se le vio con cara de enfadado mientras Sánchez tomaba nuevamente posesión de su cargo. Supongo que será por indicaciones de sus asesores de Zarzuela para que parezca que le preocupa la situación y le importa España. Por otro lado debo añadir que con esta toma de posesión, Sánchez consigue igualar a Adolfo Suárez y a Felipe González como uno de los presidentes del gobierno que más veces ha tomado posesión de su cargo, ya que José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy lo hicieron dos veces, mientras que Suárez lo hizo tres veces consecutivas (Al igual que Sánchez) y González cuatro. Sólo Leopoldo Calvo Sotelo juro el cargo una única vez.

Dicho esto debo felicitar a Pedro Sánchez, ya que ha conseguido por sus santos cojones salir reelegido contra viento y marea, aunque ello suponga la destrucción de España. Pero como ya he dicho en otras ocasiones, eso a él le trae sin cuidado, ya que lo único que le importa a su persona es el poder y solamente el poder. Un poder que veremos a ver cuánto le dura, ya que el escenario sobre la amnistía parece que no va a ser un camino de rosas para el jefe del gobierno. Que la amnistía va a salir adelante está fuera de toda duda, otra cosa es lo que sucederá tras la aprobación y posterior sanción del rey de dicha amnistía. Porque aunque todavía a algunos monárquicos a ultranza no lo asimilen, éste va a firmar todo lo que le pongan por delante con tal de permanecer en el trono y no arruinar el futuro de su hija.

De momento hoy se ha producido en el Parlamento Europeo un debate sobre la misma que, en mi opinión, lo único que ha provocado es dejar aún más por los suelos la imagen de España de cara al exterior. A mí como español me ha dado vergüenza propia y ajena ver parte de este debate, ya que éste sólo ha servido para lanzarse todo el personal una serie de descalificaciones y reprimendas en vivo y en directo, las cuales se han visto desde toda Europa; mientras desde la Comisión Europea se ha afirmado de una forma completamente tibia que "Se van a vigilar los pasos que dé el gobierno español con respecto al futuro del Estado de Derecho en España". En definitiva, discursos que caen en saco roto y que sólo ha servido para intuir lo que yo ya afirmé en mi última entrada: La Unión Europea no nos va a sacar las castañas del fuego. Algunos se han empecinado en exteriorizar la grave situación que vive España para denunciarlo ante las instituciones europeas y sólo han recibido una respuesta fría e insuficiente por parte del comisario de Justicia, Didier Reynders.

Ya dije, y lo vuelvo a decir hoy, que la única forma de paralizar esta locura es a través del Poder Judicial; y si éste finalmente permanece inactivo podemos darnos ya todos por jodidos. Pero que nadie se crea que la solución a la grave crisis política que vive España en estos momentos va a venir desde Europa. De hecho, y si me apuran, espero y deseo que la solución no venga del exterior, ya que el problema que padece España es una cuestión interna y debemos ser los españoles los que busquemos la solución, sin necesidad de recurrir a instituciones supranacionales de las que deberíamos de estar ya más fuera que dentro. Que nadie se engañe, ni desde Bruselas ni desde Estrasburgo se va a mover un solo dedo para frenar un problema que es nuestro, no de ellos.

Y reitero que si desde el Poder Judicial no se produce ninguna actuación que paralice todo esto, entonces quedará confirmado que el problema es el propio sistema político y judicial en sí, el cual no otorga ningún mecanismo nítido, independiente y eficaz para hacer frente a los abusos que desde el poder se realiza por parte de los individuos que lo conforman. No puede ser que el presidente del gobierno de España haga y deshaga a su antojo como si de un monarca absolutista se tratase y aquí nadie pueda hacer nada para detener a este individuo. Cuando llegamos al punto de que el personal se pregunta "¿Es que nadie puede parar a este tío?" significa que las cosas han ido ya demasiado lejos. Y eso es un problema cuyo origen está en la Constitución y en el resto de la legislación española al no prever este tipo de escenarios, los cuales deja a la ciudadanía desamparada frente a la actitud déspota y tiránica de los gobernantes de turno. De momento ya nos hemos llevado hoy una humillación en vivo y en directo desde Europa, veremos a ver qué será lo siguiente.

Volviendo a la reelección de Sánchez debo decir que me resultó curioso cuando el presidente anunció antes de ayer la composición de su nuevo gobierno. Algunos comentaban que iba a haber muchas sorpresas con los nombres de los nuevos ministros, pero nada más lejos de la realidad. Quitando el nombramiento de Óscar Puente como ministro de Transportes (Es descarado que Sánchez le ha devuelto a su leal palmero la defensa férrea que éste realizó en nombre de su jefe en el debate de investidura de Feijóo), los demás nombramientos son los de personajes desconocidos, inexpertos y aduladores de un tipo que no desea bajo ningún concepto que nada ni nadie le haga sombra. Algunos, incluido yo, creí en los rumores que señalaban al nombramiento de Zapatero como vicepresidente del gobierno o ministro de Asuntos Exteriores, como se ha comentado por ahí; pero es natural que ningún presidente (No sólo Sánchez) quiera fichar como vicepresidente o ministro a un ex-presidente del gobierno, ya que eso le quitaría protagonismo al actual jefe del ejecutivo, y eso es algo que ningún inquilino de la Moncloa está dispuesto a aceptar, y Sánchez mucho menos.

También se mencionó nombres como los de Ada Colau y otros, pero igualmente han quedado en nada. Eso sí, lo más llamativo ha sido (Aparte del nombramiento de Puente), el nombramiento de Mónica García (Médica y madre según ella) y la confirmación de Felix Bolaños como nuevo hombre fuerte del gobierno. Bolaños ocupa desde ayer los ministerios de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. El hecho de que un solo ministro sea el encargado de las gestiones de Presidencia (Poder Ejecutivo), Justicia (Poder Judicial) y Relaciones con las Cortes (Poder Legislativo) demuestra hasta qué punto la separación de poderes en España es más ficticia que el gobierno honrado y trabajador que el gran Martin Sheen lideró como presidente de Estados Unidos en la célebre y mítica serie "El Ala Oeste de la Casa Blanca". Con esta vacilada por parte de Sánchez con respecto a la separación de poderes, el presidente del gobierno se sitúa a la altura de su archienemigo interno, Alfonso Guerra, cuando el entonces vicepresidente del gobierno pronunció aquella polémica frase "Montesquieu ha muerto" tras aprobar el PSOE la Ley del Poder Judicial, la cual se cargaba de forma clara la independencia de los jueces en España.

Por otro lado, Yolanda Díaz se mantiene como vicepresidenta segunda a la vez que, acordado previamente con Sánchez, se ha quitado de en medio a Ione Belarra e Irene Montero y ha rematado definitivamente a Podemos al expulsarlos del gobierno. De esta forma Sánchez, a través de Díaz, ha conseguido fulminar a los de Pablo Iglesias y dejarlos en la irrelevancia más absoluta, algo impensable hace apenas cuatro años. Y es que Pedro Sánchez agranda su listado de enemigos abatidos por él, esta vez con aquellos con los que él dijo una vez que "No podría dormir tranquilo si los tuviese en el gobierno". Todo esto con la ayuda de su querida Yolanda. Una relación la de estos dos sujetos que, debo confesar sinceramente, que cada vez me deja más dudas sobre hasta qué punto llega. Sólo hay que ver la foto que he subido con esta entrada para ver la emoción y las ganas con las que Yolanda (Como la llama el propio Sánchez en público) se abalanza para abrazar, besar y tocar al jefe del gobierno cada vez que tiene ocasión. Yo si fuese Begoña me andaría con cuidado y agacharía la cabeza al pasar por las puertas de la Moncloa.

Con respecto a los pactos ya hablé sobre ello en mi última entrada. Mientras Sánchez haga efectivo sus pactos con Puigdemont, Junqueras y el PNV, la legislatura seguirá su curso. Si por el contrario Sánchez se echa atrás en un momento dado, la convocatoria de elecciones generales estará asegurada como consecuencia de la retirada de apoyo de sus socios. Ya he dicho que no doy a Pedro Sánchez más de dos años al frente del nuevo gobierno, aunque todo podría ocurrir y sorprendentemente Sánchez acabe disfrutando del Falcon hasta 2027 para postularse nuevamente en los próximos comicios y mantenerse en el poder tras ellos (Con independencia de que gane o pierda), lo cual nos llevaría a la perpetuidad del Sanchismo hasta el año 2031.

Y con respecto a Alberto Núñez Feijóo debo decir que aunque parezca que tiene los días contados (Que los tiene), no va a tirar la toalla tan fácilmente. Aunque Feijóo llegó en su momento para ir a la Moncloa y no a la oposición, también es consciente de que viene una legislatura infernal en la que están en juego muchas cosas, lo cual le dará la excusa perfecta para ir ganando apoyos mientras se mantiene al frente del PP afirmando que él garantiza la estabilidad y la tranquilidad. Pero por supuesto eso serán palabras que se llevará el viento si en algún momento Isabel Díaz Ayuso decide dar el paso y mandar a Feijóo de vuelta a Galicia, algo que no parece que vaya a ocurrir ni a corto ni a medio plazo.

En definitiva, tras vender España a cambio de los siete votos que le faltaban para lograr la investidura, Sánchez consigue salir reelegido mientras nombra un nuevo gobierno de aduladores e inútiles. Todo ello mientras las protestas en las calles comienzan a menguar, la tramitación del proyecto de ley de amnistía sigue su curso y ya se comienzan a elaborar los Presupuestos Generales del Estado mientras los socios del PSOE comienzan a prepararse para exigir el resto del botín a cambio de su aprobación; y sin dejar de lado el intento de asesinato contra Alejo Vidal-Quadras, donde uno de sus sicarios ha sido asesinado en un piso de Granada cuyo propietario es militante del PSOE. Comienza pues una legislatura en la que España se juega su futuro y su unidad territorial mientras Sánchez, como hizo con Feijóo durante el debate de investidura, se descojona vivo mientras la situación se le escapa de las manos. Como ya dije en mi última entrada, esto no ha hecho más que empezar, y viendo el desarrollo y la velocidad de los acontecimientos, nada presagia que vaya a terminar bien.

lunes, 13 de noviembre de 2023

Sánchez claudica ante Puigdemont


Hace un par de años salió a la venta un libro titulado "El proceso español", donde se narraba que con la moción de censura a Mariano Rajoy y la posterior llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa en junio de 2018 con el apoyo de los independentistas y los etarras se inició la extensión del procés catalán al resto de España, llevando al país a una situación de desestabilización que hasta ese momento existía sólo en Cataluña. Cinco años después de aquel momento se puede confirmar que lo publicado en ese libro es cierto. Lo ocurrido en estas dos semanas, pero especialmente en esta, donde Pedro Sánchez ha claudicado completamente ante Carles Puigdemont para asegurarse los siete votos que le faltan para ser reelegido presidente del gobierno, ha llevado a España a uno de sus momentos más trascendentales desde la instauración del sistema constitucional de 1978. 

El acuerdo hecho público este pasado jueves entre el PSOE y Junts confirma que Sánchez va a por todas a la hora de asegurarse su permanencia en la Moncloa hasta 2027, sin importarle lo más mínimo las graves consecuencias que, no ya para el país, que eso ya sabemos que le da igual, sino para él personalmente, le pueden acarrear en términos legales cuando comience a hacer efectivo los acuerdos alcanzados con el independentismo catalán y vasco. Unos acuerdos con Junts y ERC que van desde la aprobación de la famosa ley de amnistía (Que incluye el ya famoso término "Lawfare" o persecución judicial) hasta la celebración de un referéndum para decidir el futuro de Cataluña, pasando por la condonación de 15.000 millones de la déuda catalana y la inclusión de un mediador internacional a la hora de abordar las futuras negociaciones entre Sánchez y Puigdemont, así como la cesión de todos los impuestos a Cataluña y otras cuestiones.

Eso por un lado, por otro está el pacto al que se ha llegado con el PNV, en donde se ha acordado la reforma del Estatuto de Gernika, un referéndum para el reconocimiento del País Vasco como nación, la creación de una Seguridad Social vasca, así como tener éstos su nacionalidad propia, etc. En definitiva, una claudicación sin precedentes por parte del actual presidente en funciones hacia el independentismo catalán y vasco con el único propósito de permanecer en el poder a toda costa. Todo ello en medio de unas protestas sociales sin precedentes que desde hace poco más de una semana se llevan produciendo en la sede del PSOE por parte de la ciudadanía, la cual contempla atónita e indignada cómo Sánchez encamina al país a una grave crisis constitucional de enormes proporciones que veremos a ver cómo acaba, aunque nada indica que vaya a terminar bien.

A todo esto hay que sumarle las manifestaciones convocadas por el PP en contra de la amnistía, las cuales se han producido hoy en toda España y que algunos aseguran que han sido de las más multitudinarias que se han producido desde la instauración de la Constitución española en 1978. Por otro lado está también el intento de asesinato que el mismo jueves se produjo hacia el que fuera presidente del PP catalán, Alejo Vidal-Quadras, lo cual empeora aún más si cabe la grave situación que en estos momentos atraviesa España y que todo presagia que sólo es el inicio de lo que está por venir. Todo ello mientras se rumorea que mañana el PSOE registrará en el Congreso de los Diputados la ley de amnistía, conociéndose por fin el texto que ha redactado y acordado el gobierno con Puigdemont y ERC. Sólo entonces se sabrá hasta dónde ha capitulado Sánchez con Puigdemont y Junqueras. 

Personalmente debo decir que todo lo que está ocurriendo no es más que la confirmación, una vez más, de la ambición ilimitada de Pedro Sánchez por continuar en el poder al precio que sea. ¿Debe esto sorprender? A mí, desde luego, no. Si por algo se ha caracterizado Sánchez desde su llegada a la primera línea política hace ya casi diez años es por su absoluta falta de moralidad, escrúpulos y principios. Lo que se está viviendo en estos momentos no es más que otro capítulo de lo que Sánchez denomina "Cambios de opinión" dentro de su "Manual de supervivencia". Una supervivencia que, en mi opinión y contradiciéndome a mí mismo de lo que afirmé en julio, va a llegar a su fin más pronto que tarde. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Sánchez ha cruzado ya todas las líneas rojas y se ha situado a sí mismo frente a la Justicia, la cual es la única institución en España que en estos momentos puede detener los planes del actual presidente del gobierno. 

Y es que Pedro Sánchez ha decidido abiertamente imitar a Puigdemont cuando éste decidió en 2017 hacer volar por los aires España al celebrar el referéndum del 1 de octubre y la posterior declaración de independencia del 27 de ese mismo mes. Sánchez, al igual que Puigdemont en 2017, se ha montado en el tren del desacato a la Constitución y ha cruzado el Rubicón cual Julio César se tratase, sabiendo ya que no tiene vuelta atrás. Lo ocurrido estos días, que insisto, es sólo el inicio de lo que está por venir, únicamente puede acabar con Sánchez destituido de su cargo y rindiendo cuentas ante el Tribunal Supremo acusado de alta traición o bien con el fin de la unidad territorial de España; no hay más. No contemplo en absoluto ni una moción de censura, que con toda seguridad sería fallida, ni una repetición electoral a estas alturas de la historia. Sánchez sabe que no puede ir de nuevo a elecciones en enero teniendo a una gran parte de la población en su contra y con las calles ardiendo figuradamente y literalmente. Su oportunidad para seguir en el poder es ahora o nunca.

Si al desacato de Sánchez le sumamos las protestas diarias en las calles y el intento de asesinato contra Vidal-Quadras tenemos como resultado una situación insólita y peligrosa que va a tener consecuencias devastadoras más pronto que tarde. El futuro de España está ahora mismo en peligro por la ambición desmedida de un tipo que personalmente creo que ni él es consciente del peligro en el que ha metido, no ya al país, sino a sí mismo al asegurar su continuidad en el gobierno a cambio de hacer volar por los aires la legalidad vigente. Ya dije en su momento que todos los presidentes del gobierno hasta la fecha se han ido de la Moncloa por "La puerta grande" y Sánchez no iba a ser menos. Ahora puedo decir que este tipo se va a ir por "La puerta suprema", superando a todos sus predecesores en el cargo. Y es que si Sánchez cree que a pesar de haber pactado con Junts, ERC, Bildu y el PNV no ya un pacto de investidura sino de legislatura va a acabar su mandato en 2027, e incluso salir reelegido para permanecer en el gobierno hasta 2031, como si aquí no hubiera pasado nada es que está más loco de lo que pensaba. 

Sánchez podrá permanecer en el gobierno hasta 2024 o, como mucho, hasta 2025. Después de ahí ya se puede ir olvidando de la Moncloa, puesto que el Poder Judicial será con toda seguridad el que lo haga caer; y si finalmente no es así, entonces es cuando debemos agarrarnos, ya que nada ni nadie detendrá a este sujeto, el cual ya ha demostrado abiertamente ser un peligro público. O Sánchez da con sus huesos en la cárcel gracias a la intervención judicial (Que ya se está movilizando) o España se va a la mierda; no hay otro escenario posible. De nada sirven las continuas súplicas de algunos paletos hacia el rey para que éste actúe como garante de la unidad de España, ni las llamadas constantes hacia el PP y VOX para que tomen medidas contra el jefe del gobierno, ni los ruegos diarios al paje de Page para que sus diputados castellanomanchegos voten en contra de la investidura de su propio jefe, ni los constantes auxilios a la Unión Europea para que intervenga. 

Ni el rey va a actuar, ya que ni lo desea ni puede hacerlo, aunque quisiera, puesto que la Constitución le incapacita para ello, ni Feijóo ni Abascal van a recurrir al artículo 102 de la misma para que el Congreso debata y apruebe la responsabilidad criminal del presidente del gobierno, ni García-Page va a jugarse su chiringuito y su futuro político para autosacrificarse por el bien de la patria, como algunos imbéciles provenientes de la derecha política y mediática le piden, creyendo éstos que el barón socialista es un "Hombre de Estado" y antagónico a Sánchez, ni la Unión Europea va a mover un dedo por nosotros. Que se olvide todo el mundo de ello. La única solución la tiene el Poder Judicial, lo cual deja patente las graves lagunas que tiene este sistema, el cual como ya he dicho en otras ocasiones es el origen de todos los males que tenemos, aunque eso ya es otro tema. 

En definitiva, España se sitúa en estos momentos más allá del abismo como consecuencia de la sed de poder de una sola persona, algo más propio de una república bananera que de un país europeo, lo cual deja que pensar sobre lo que opinarán los países de nuestro entorno en estos momentos. Supongo que el primero en haberlo pensado ya será el canciller alemán Olaf Scholz, el cual se quedó durante casi tres horas encerrado junto a Sánchez en la subdelegación del gobierno en Málaga como consecuencia de las protestas que había fuera del edificio contra el presidente del gobierno. Como ya he dicho anteriormente, esto es sólo el principio, y aunque el debate de investidura y la formación del nuevo gobierno será con toda seguridad esta semana, esto no va a suponer más que el inicio de unas concesiones extremas por parte de Sánchez hacia sus socios de forma diaria. 

Unos socios que tienen atado a Sánchez de pies y manos y saben que a la más mínima duda por parte del presidente a la hora de hacer efectivas sus concesiones, éstos lo dejarán caer a la primera de cambio, sobre todo Puigdemont, que es quien tiene la llave de la mayoría y quien desde Bruselas decide el futuro de España y del gobierno en estos momentos. Así pues, este es el grave y lamentable escenario en el que se encuentra España en estos momentos: en la de un país y un presidente del gobierno en manos de un prófugo de la Justicia, junto con terroristas y delincuentes. Esto es lo que los españoles han votado en julio (Por mucho que algunos se la den ahora de estafados) y esta es la España de 2023: la de Sánchez y Puigdemont, o lo que es lo mismo: las dos caras de la misma moneda. 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Leonor de Borbón, ¿Reinará?


La jornada de hoy en la que se ha vivido el juramento a la Constitución de la princesa de Asturias, Leonor de Borbón, coincidiendo con su mayoría de edad (Felicidades, por cierto) es una muestra más de cómo este país es tan fácil de manipular por parte de unos y de otros. Y es que lo celebrado hoy en Madrid supone algo más que una mera ceremonia donde la hija mayor de Felipe VI y Letizia Ortíz se convierte de forma oficial en heredera de su padre. Lo vivido hoy supone la confirmación de la continuidad de la Monarquía Borbónica en la persona de Leonor de Borbón cuando ésta asuma la Jefatura del Estado español dentro de unos años.

Buena prueba de ello ha sido el aplauso interminable de casi cinco minutos en el que los miembros del Congreso y del Senado han ovacionado a la princesa y a toda la familia real tras el juramento de la joven que hoy ha cumplido dieciocho años. Un aplauso que demuestra que aunque los gobiernos de turno destruyan España sin compasión ni disimulo alguno, ello no llevará implícita la destrucción de la Monarquía que a día de hoy encarna Felipe VI y que con toda probabilidad y visto los últimos acontecimientos encarnará el día de mañana su hija Leonor.

Hace treinta y siete años, cuando el entonces príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, juró la Constitución ante su padre, el rey Juan Carlos I, este acto supuso la puesta de largo del heredero y el comienzo de su actividad pública. Lo de hoy va más allá, ya que no son pocos los que hoy han definido la jornada como el comienzo de "Un tiempo nuevo". Cualquiera que escuchase estos comentarios y viese la relevancia que se le ha dado a este evento creería que estábamos presenciando no ya el juramento de Leonor como princesa heredera, sino su juramento como nueva reina de España, o al menos el juramento de una joven que de forma inminente será la nueva Jefa del Estado español. 

Y es que los continuos comentarios de los cortesanos (Que no periodistas) halagando las virtudes de la princesa de Asturias (Que las tendrá, seguramente. No seré yo quien critique a una cría de dieciocho años) y recordando que va a ser sí o sí nuestra futura reina, la cual simboliza el periodo de una nueva era para la Corona española, demuestra hasta qué punto algunos anhelan de forma desesperada y por encima de todo la continuidad dinástica de los Borbones en España, a pesar del fracaso que ha supuesto el liderazgo de la Monarquía sobre el régimen del 78, el cual sigue desangrándose por momentos como consecuencia de las ambiciones desmedidas de Pedro Sánchez por continuar gobernando al precio que sea. 

Un Pedro Sánchez que es sólo una parte de los graves problemas que arrastra este país desde hace ya cuatro décadas y media y que refleja las enormes lagunas de un sistema que nació hace cuarenta y cinco años con el abuelo de la protagonista de hoy y que en estos momentos seguramente esté abandonando España de nuevo tras haber pasado sólo unas horas con su nieta al habérsele prohibido asistir a su toma de juramento. Una decisión que personalmente (Y quien me haya leído alguna vez sabe que no soy monárquico) no comparto, ya que por muchas que sean las razones por las que el rey Juan Carlos lleva tres años exiliado de España, eso no exime que se le niegue el tratamiento de un ex Jefe del Estado que ha sido rey de este país durante cuarenta años. 

Yo he sido el primero que he criticado y sigo criticando los actos y el comportamiento desvergonzado de Juan Carlos durante todos sus años de reinado, pero el hecho de tratar ahora a éste como el abuelito molesto al que es mejor dejar en casa y sacarlo a pasear solamente de noche demuestra hasta qué punto se le ha dado la vuelta a las cartas para presentar a Juan Carlos I como un demonio personificado a la par que se expone a Felipe VI como un ángel lleno de virtudes y ejemplaridad, el cual no ha cometido un sólo fallo jamás, ni sabía bajo ningún concepto de las actividades corruptas y delictivas realizadas por su augusto padre. Otra prueba más de cuán fácil de manipular es la sociedad española. 

Seguramente los cortesanos y miserables que viven del sistema de 1978 crean completamente que Felipe VI no ha cometido ningún error en estos nueve años que lleva al frente de la Jefatura del Estado, y que si se produce la amnistía que hace sólo un par de horas han acordado el PSOE con ERC no habrá ninguna justificación para culpar al monarca cuando éste sancione la ley que reconocerá a su vez a España como un Estado fallido y represor. Si el rey es un mero florero que no tiene capacidad jurídica dentro de la legalidad para vetar una ley que va en contra de lo que representa una democracia occidental y europea no pasa nada, ya que todos menos el rey tendrán la culpa de lo que haya ocurrido, incluida la ciudadanía. 

Ya lo dejó caer la ex portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, hace unas semanas cuando dijo que al rey no se le debe de exigir que haga algo cuya obligación es de los españoles. Una mentalidad que no es propia siquiera de la Edad Media. Es decir, si el gobierno del PSOE y sus socios están legislando en contra de la legalidad y están poniendo en grave riesgo la reputación de España, deben ser los ciudadanos los que se echen a la calle para partirse la cara; eso sí, al rey hay que dejarlo descansar tranquilo y no molestarlo para salvar el país, ya que de eso se debe de encargar el populacho plebeyo. 

Y no hablemos ya de las Fuerzas Armadas, cuyo único cometido es el de ser enviados bajo el mandato de Naciones Unidas a tierras perdidas de la mano de Dios donde hay "Guerras pacíficas". Lo dicho, ni en la Edad Media se tenía esa mentalidad tan retrógrada y elitista que algunos defienden abiertamente y con orgullo con el simple propósito de caerle en gracia al rey y evitar que éste se moje en un asunto que es de extrema gravedad. Al menos en la Edad Media los monarcas eran los primeros en ir al campo de batalla al frente de sus ejércitos para defender sus reinos; aquí ni eso. 

Aún así, y a pesar de la inutilidad obvia que ha demostrado tener a un Jefe del Estado que está atado de pies y manos ante lo que decida el gobierno de turno (Aunque esas decisiones vayan en contra de los intereses generales de España), la Monarquía española no parece que vaya a desaparecer ni a corto, ni a medio ni a largo plazo. Algunos llevan ya tiempo trabajando incesantemente en hacer creer en la utilidad de una institución inútil, y con lavados de cara hacia esa institución por parte de los medios y la promoción insistente que se está haciendo con respecto a una chiquilla que, es de justicia decirlo, es inocente de los errores y las gestiones que sus mayores han realizado, tenemos ya el plato servido para que el populacho trague durante al menos otros cuarenta años más con la Monarquía Borbónica. 

Y es que ya lo decía muy sabiamente mi profesor de Historia cuando yo estaba estudiando en la Universidad y debatíamos sobre por qué los franceses tardaron tanto tiempo en acabar con la Monarquía tras el estallido de la Revolución Francesa: "Los pueblos son muy tolerantes y permisivos con sus reyes" decía; y qué verdad es. Para que el populacho asalte Versalles o el Palacio de Invierno debe existir una situación límite que haga que el pueblo no perdone más a sus reyes y decidan que la única solución es destronarlos, y eso en un país como España en donde la manipulación y el sectarismo forman parte de la vida cotidiana del país, hace imposible que avancemos hacia una sociedad que tenga la autocrítica suficiente para saber a dónde estamos llegando, quiénes son sus responsables y cuáles son las soluciones que hay que llevar a cabo. 

En definitiva, y como respuesta a la pregunta de esta entrada, yo mismo me autorespondo a la misma: Sí. Leonor de Borbón llegará a reinar en España dentro de unos veinte años, más o menos. Quizás antes, durante y después de que llegue ese momento se vuelva a repetir la operación que desde hace diez años venimos sufriendo con respecto a la imagen tan diferente que se algunos quieren transmitir de Felipe VI con respecto a Juan Carlos I. Machacar, cuando llegue el momento, la imagen del monarca saliente (Felipe VI) en favor de la imagen de la monarca entrante (Leonor). Es por eso que hoy, al ver en directo la sesión del juramento de la princesa de Asturias y contemplar cómo el padre besaba orgullosamente a su hija dije "Padres e hijos hoy, rivales mañana", ya que, por desgracia, ese es el desenlace en la mayoría de las relaciones entre un monarca y su heredero: la lucha de un heredero por arrebatarle el trono a su padre el día de mañana. 

Está claro que con los aplausos tan interminables como vergonzosos que hoy se han realizado hacia la familia real se corrobora una vez más que la columna vertebral del régimen del 78 es la Monarquía que encarna actualmente Felipe VI. La Corona es la representación suprema y visible de este sistema corrupto que nos ha llevado al desastre como Estado-Nación, y si por salvar la Monarquía y por ende al sistema hay que pegarle un tiro en el pie al rey como si de Froilán se tratase, se hará (Por cierto, aprovecho para felicitar a Froilán de Todos los Santos, ya que en los momentos que escribo estas líneas estamos ya en noche de Halloween y por ende en festividad de Todos los Santos; aunque este sí que no tiene de santo ni de inocente nada, por mucho que sus nombres ocupen todas las onomásticas del año). Todo vale a la hora de salvaguardar el sistema y a todos los que viven de él. Ya se hizo hace nueve años y nada ni nadie impedirá que se vuelva a hacer si las circunstancias así lo exigen. 

Por ello quienes crean que Felipe VI es una especie de Alfonso XIII del Siglo XII, el cual pondrá el fin definitivo a la dinastía de los Borbones en España está muy equivocado. Esa misma percepción tenía yo hasta hoy al ver el acto de juramento. Cuando terminé de verlo llegue a la conclusión de que hay Borbones para rato. Ni Felipe VI es Alfonso XIII ni la situación actual nos va a llevar a una nueva República en España, por mucho que Sánchez y toda la izquierda independentista y terrorista destrocen el país. Y es que si de algo se puede sacar claro con la jornada histórica que se ha vivido hoy es que desgraciadamente España puede ser destruida, pero la Monarquía y el régimen del 78 no.

Y es que ni al PSOE, actualmente en el gobierno, ni al PP el día de mañana les conviene que en España haya un cambio de régimen, ya que, entre otras muchas cuestiones, es más fácil para ellos tener a un Jefe del Estado monigote que al estar falto de legitimidad democrática no tiene ninguna función constitucional para vetar las leyes que le remite el Parlamento, que sufrir a un presidente de la República de un partido político distinto al del partido que ostenta el poder ejecutivo, el cual sí puede ejercer esa función como consecuencia de su legitimidad democrática al ser elegido por el pueblo o por el Parlamento y darle más de un quebradero de cabeza al Jefe del Gobierno de turno cada dos por tres.
 
En resumen, Adolfo Suárez sabía muy bien lo que hacía cuando en 1976 camufló la monarquía dentro de la Ley para la Reforma Política con el objetivo de querer legitimar por la puerta de atrás a una Monarquía que según reconoció él en una entrevista en 1995, todas las encuestas daban por perdida en favor de una República si se celebraba un referéndum en aquel momento. Unas encuestas (Las poquísimas que salen sobre este asunto) que actualmente vuelven a situar a la República por encima de la Monarquía en caso de celebrarse un referéndum sobre la forma de Estado en estos instantes. Pero como ya he dicho antes, y con el objetivo último de salvaguardar los intereses de la Monarquía y del sistema de 1978, ya hay y habrá muchos Adolfos Suárez en el presente y en el futuro que se encargarán de que las aguas vuelvan a su cauce; o como dicen algunos, se encargarán de "Cambiarlo todo para que todo siga igual". En definitiva, un escenario de terror, propio e idóneo de esta noche de Halloween en la que escribo esta entrada.

jueves, 21 de septiembre de 2023

Todos los escenarios están abiertos


No tenía pensado escribir sobre la situación actual hasta que la cosa se esclareciese tras la presumible investidura fallida de Feijóo, pero dada las circunstancias que llevamos viviendo desde hace unos días quiero hacer varios comentarios sobre lo que estamos viendo últimamente. Todo ha empezado a calentarse desde que Puigdemont exigiese a Sánchez la amnistía antes de que éste sea investido nuevamente con sus votos como presidente del gobierno, en el eventual escenario de que Feijóo fracase la semana que viene y el rey designe esta vez al actual presidente del gobierno como candidato a una nueva investidura. Por otro lado se ha ido tensando la cuerda aún más tras la entrevista hace unos días del que fuera secretario general del PSE (Partido Socialista de Euskadi), Nicolás Redondo Terreros, hijo del que fuera secretario general de la UGT (Unión General de Trabajadores) y uno de los adversarios políticos internos dentro del PSOE a Felipe González: Nicolás Redondo Urbieta. Una entrevista en la que Redondo se posicionó en contra de la amnistía y de la postura actual del PSOE, lo que le valió que a las pocas horas la dirección socialista decidiese expulsarlo del partido.

Pues bien, todo esto ha ocasionado una revuelta dentro del constitucionalismo a lo largo de estos días, que ha respondido con olas de críticas hacia Sánchez y el PSOE por su actitud sumisa a favor de las exigencias de Puigdemont, así como por la postura que los socialistas han adoptado contra Redondo por sus declaraciones en el periódico "El Mundo". Todo ello mientras aquí en Sevilla era galardonado el ex presidente del gobierno Felipe González en un acto al que asistieron políticos de toda índole (Los primeros, los del PP); en dicho acto, Felipe González se mostró crítico con la dirección del PSOE por el hecho de haber expulsado a un militante que difiere con la postura oficialista del partido. En dicho homenaje a González, el ex presidente sevillano afirmó "Que ni a él se le ocurrió expulsar a Redondo padre cuando éste le montó a él una huelga general". Pues bien, tras aquellas declaraciones (Las cuales no han sentado muy bien dentro de las bases del PSOE, hasta el punto de que algunos están exigiendo ya la expulsión del propio González del partido que un día él lideró), tanto Felipe González como su ex vicepresidente del gobierno, Alfonso Guerra, han hablado hoy en Madrid en la presentación de un libro publicado por el propio Guerra. En dicha presentación (A la cual han asistido gran parte de los políticos actuales del PSOE que supuestamente difieren con las políticas de Sánchez, como también gran parte de los miembros de la denominada "Vieja guardia socialista"), tanto González como Guerra han criticado al propio Sánchez por su disposición a la hora de aprobar la ley de amnistía, así como por su aptitud abiertamente favorable para pactar con el independentismo catalán y vasco a cambio de mantenerse en la Moncloa. 

Claro, todo lo que dicen ambos está muy bien teóricamente, pero no hay que olvidar que fue durante la Transición cuando estos dos personajes fueron los primeros en diseñar y apoyar una Constitución y un sistema político que ellos mismos siguen defendiendo y que ha sido el causante de los graves problemas que tenemos como nación cuarenta y cinco años después. ¿O acaso no fue el PSOE liderado por González y Guerra el que apoyó abiertamente el modelo autonómico (Creando con ello un reino de Taifas), así como la cabida del nacionalismo e independentismo dentro del sistema del 78? ¿Acaso no fueron los propios González y Guerra los que apoyaron firmemente una Constitución que reconocía, entre otras cosas, el término "Nacionalidades" a la hora de referirse a las regiones históricas? ¿Acaso no fueron ellos los que fueron cediendo competencias estatales en favor de las autonomías (Entre ellas Cataluña y País Vasco)? ¿Acaso no fue el PSOE de Felipe González el que pactó con la por entonces Convergencia del todopoderoso presidente y virrey de Cataluña, Jordi Pujol y con el PNV de Xabier Arzalluz para continuar en la Moncloa en 1993? ¿Acaso no fue el propio González el que le dijo a Redondo hijo en la campaña electoral vasca del año 2001 que con quien debía pactar el PSE era con el PNV y no con el PP? 

Creo pues que quienes menos deben de hablar son precisamente Felipe González y Alfonso Guerra, los cuales fueron los responsables, entre otros, de crear y mantener un sistema que nos ha traído hasta el panorama que estamos viviendo en el año 2023. Un panorama que no hubiese sido posible sin la complicidad que el PSOE ha ido manteniendo con el nacionalismo catalán y vasco desde los tiempos de la Transición hasta el compadreo y colegueo actual entre el socialismo y el independentismo. Por mucho que ahora quieran ir de dignos, esta postura del PSOE con los enemigos de España la empezaron González y Guerra hace cuatro décadas (Aunque la complicidad de los socialistas con los enemigos de este país viene desde mucho más atrás), la estrechó aún más un tipejo sectario y divisorio llamado Zapatero a la hora de firmar los famosos Pactos del Tinell hace ahora veinte años con los que posteriormente serían sus socios en el gobierno de España, y lo ha culminado otro tipejo siniestro y despreciable llamado Pedro Sánchez, el cual se ha caracterizado desde primera hora por ir de la mano de aquellos que quieren destruir este país. El hecho de que personajes tan dañinos para España y su convivencia como Zapatero hace veinte años y ahora Sánchez hayan sucedido a González es precisamente porque éste les enseñó el camino a seguir cuando el PSOE se jactaba de pactar con los nacionalistas. Eso sí, eran los tiempos en los que el nacionalismo era leal a España, según los socialistas. Lo peor de todo es que habrá quien se crea todavía semejante chiste (O insulto, según como queramos tomarlo cada uno). ¿Acaso era leal a España el PNV de Arzalluz, aquél que dijo que mientras ETA sacudía el árbol, ellos recogían las nueces? ¿Acaso era leal a España la CIU (Convergencia i unió) de Pujol cuando éste aprobó en 1990 el doctrinario y famoso "Programa 2000"?

Seamos serios, el nacionalismo catalán, vasco, gallego, andaluz, etc jamás ha sido leal a España, ni lo será; y eso lo saben perfectamente tanto González como Guerra, por mucho que ahora pongan el grito en el cielo por lo que ellos definen como un desvío anticonstitucional que el nacionalismo catalán lleva ejerciendo en los últimos años. Aquí no hay ningún desvío, sino una estrategia trazada por el nacionalismo/independentismo (Para mí ambos términos representan lo mismo, por mucho que algunos quieran diferirlos) desde el momento en que se creó la Constitución y el Estado de las Autonomías, cuyo objetivo era el de aprovecharse del sistema del 78 para debilitar al Estado en favor de sus respectivos territorios. El propio Régimen del 78 que González y Guerra defienden fervientemente es el mismo que ha ido alimentando durante todos estos años a ese monstruo denominado nacionalismo, el cual es ya tan grande y tan fuerte que ya es imposible detenerlo; y ahora ese régimen está herido de muerte por aquellos "Hijos" que el propio sistema ha alimentado, criado y mimado. Y ahora lo único que buscan algunos es, parafraseando a Cánovas sobre el debilitamiento del sistema de la Restauración "Apuntalar el techo para que no se nos caiga encima".

Siguiendo con Felipe González debo decir que me parece, cuando menos sorprendente, la forma en la que el PP no ya ensalza, sino que adula al que fuera presidente del gobierno del PSOE durante catorce años y secretario general del partido durante casi veinticinco años; cualquiera que lea las declaraciones de un político del PP hablando sobre la figura de González creería que éste es miembro de las filas populares y no socialistas, lo cual dice mucho sobre el perfil de los populares, y no precisamente para bien. No hay político del PP actual que no idolatre la figura de González; desde Rajoy en su día hasta llegar a Feijóo, pasando por personajes como Moreno Bonilla, Cuca Gamarra, María Guardiola, etc. La idolatría llega hasta tal punto en el que uno ya no distingue de qué partido es cada uno. Es lo que tiene un partido que está repleto de socialistas y/o socialdemócratas reprimidos, comenzando por el propio Feijóo, lógicamente. Un tipo que está más preocupado por la deriva del PSOE que de la propia España, y que se siente más cercano ideológicamente al propio González (Del cual dice de forma constante y orgulloso que fue votante suyo) que a su padrino político, Manuel Fraga, debería hacerse seriamente una reflexión sobre si verdaderamente está en el partido correcto; aunque viendo y oyendo a sus correligionarios y a sus bases quizás la reflexión que deberían hacerse es la de cambiar el nombre del partido por el de Partido Socialista Popular. 

¿Acaso alguien se imagina a los socialistas elogiando a Aznar o a Rajoy? Personajes ambos que tienen todo el desprecio de la izquierda, y no tan izquierda española, y a los cuales se les tiene un odio bastante considerable dentro de las filas socialistas, especialmente contra Aznar. ¿En qué piensa el PP cuando realiza acciones de este tipo? Supongo que dentro del universo popular y de la mente progre de Feijóo, todo lo que sea arrodillarse ante aquél a quienes ellos mismos consideraban hace treinta años como "El principal y primer responsable del clima general de corrupción en España" (No lo digo yo, lo dijo Aznar) es poco a la hora de agradecerles los servicios que prestó durante casi década y media a España; los mismos años en los que el propio González despreciaba al PP y amenazaba a la población sobre la llegada de un gobierno de derechas. Seguramente y al paso que vamos, dentro de quince años el PP elogiará y definirá como "Un hombre de Estado" al mismísimo Zapatero, y quizás dentro de treinta hagan lo mismo con el propio Sánchez. De hecho ya lo hicieron con el propio Rubalcaba, que pasó de ser uno de los personajes más oscuros de la política española a ser considerado un "Estadista" a la altura de Cánovas y Sagasta. Ahí es nada. Eso es un cambio de criterio y lo demás tonterías. Con estos antecedentes, todo es posible en este PP que ocupa ya de facto el espectro del centro-izquierda en España, mientras el PSOE ocupa el de la extrema izquierda. 

La postura del PSOE en realidad no debe de sorprender, ya que siempre (A excepción de la época de Felipe González al frente del socialismo y el gobierno español) ha estado posicionado más cerca del extremismo que del centro a lo largo de su larga, polémica, criminal e interesante historia. Pero lo del PP es todo un cambio de chaqueta bastante considerable; y más si tenemos en cuenta que estamos hablando de un partido que deriva de la antigua AP (Alianza Popular) de Fraga, la cual era junto a su por entonces líder el principal partido de la derecha, así como los grandes representantes y referentes del nacionalismo español. Cuarenta y cinco años después se ha convertido en un partido cuyo espectro político representa a todo menos a la derecha española y cuyo líder es un nacionalista gallego que posiblemente más de una vez acabe hablando en su idioma natal desde la tribuna del Congreso, con el fin de reafirmar sus orígenes y las singularidades de su tierra; de momento Borja Semper ya se ha estrenado hablando en vasco. Quién ha visto a este partido y quién lo ve. 

Pero claro, estamos hablando ahora mismo en un contexto histórico en el que el PP es ideológicamente lo mismo que el PSOE hace veinte años, un partido progre que acepta y respalda el concepto político que desde la izquierda se tiene de España, así como el programa que el PSOE adoptó en su día acerca de las cuestiones sociales, económicas, territoriales, de memoria histórica, etc. Y hablamos en un contexto en el que el constitucionalismo se está uniendo a favor, no ya de España, la cual a éstos les importa un carajo, sino del sistema constitucional de 1978, el cual es el origen de los males que padece nuestro país. Todo el espectro político, partidario de lo que se viene denominando el "Régimen del 78", está uniéndose para detener lo que Sánchez y su banda (Como diría Rivera en su día) están planeando: la destrucción del sistema en favor de algo que ni ellos mismos se ponen de acuerdo ni saben qué es. 

Por un lado está Urkullu, el cual escribió hace unos días en "El País" el famoso artículo en el que propone el desmantelamiento de la Constitución y del sistema autonómico sin necesidad de recurrir al proceso de reforma que establece el artículo 168 de la misma. Urkullu hacía mención a la disposición adicional primera de la Constitución para, a través de este mecanismo, avanzar hacia un Estado Confederal que le otorgue los derechos y reconocimientos pendientes a las llamadas "Nacionalidades históricas". Eso ha provocado un quebradero de cabeza a más de uno, ya que algunos consideran que lo que propone Urkullu, aunque de manera bastante retorcida y rebuscada, sí entra dentro de la Constitución; mientras que otros defienden que esa opción es inadmisible y no tiene cabida legal.
 
En resumen, Urkullu y el País Vasco apuestan por ir hacia el Estado Confederal, algo que ni el propio Iñigo Urkullu ni el PNV habrían propuesto de momento si no fuera porque los etarras de Bildu le están comiendo a los de Sabino Arana las tostadas y tienen a su alcance la victoria para gobernar en el País Vasco de la mano del PSOE el año que viene (Sinceramente, jamás creí que escribiría sobre este escenario, pero es un hecho triste y preocupante que la ETA tiene un respaldo electoral bastante fuerte dentro del territorio vasco y que su llegada al poder en Vitoria se producirá tarde o temprano).

Por otro lado está Puigdemont, al cual ya no le basta la promesa del PSOE de otorgar la amnistía una vez conseguida la investidura. Puigdemont, como buen zorro que es, busca sacarle a Sánchez la investidura estando todavía como presidente en funciones, lo cual le imposibilita a éste para llevar a cabo dicha proposición de ley desde el gobierno, pero sí desde su propio partido junto con Sumar y demás morralla. Hace unos días dije que lo más probable es que Sánchez otorgase solamente la amnistía a Puigdemont y al resto de condenados por el procés, olvidándose del acuerdo para convocar el referéndum de independencia. 

A día de hoy no tengo tan claro que eso (La amnistía) se vaya a producir. ¿Por qué? Por el simple hecho de que desde la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña) ya se ha anunciado que en el momento en que la amnistía entre en vigor, los independentistas reactivarán la declaración de independencia suspendida en 2017. Claro, una cosa es lo que algunos pregonaban, que era la amnistía con la vuelta a España de un Puigdemont ya completamente impune, y otra cosa son los planes secretos desde algunos sectores independentistas de reactivar la independencia haya o no acuerdo sobre la convocatoria de un referéndum.

Si esto se produjese, el Estado no tendría ya base legal para recurrir los actos ilegales que supondría una declaración de independencia, ya que con la amnistía, el propio gobierno enmendaría todo el proceso judicial y sus resoluciones sobre este asunto, dándole la razón a su vez a los independentistas, los cuales serían los que tendrían ahora a la ley de su parte. De la misma forma, si los catalanes optasen por declarar (O reactivar en este caso) de forma unilateral la independencia sin tener ya repercusiones legales, el mismo escenario podría repetirse en cualquier parte del país, ya que la amnistía supondría reconocer a su vez el hecho de que la declaración de independencia de Cataluña no fue un acto delictivo ni contrario a la ley, puesto que el hecho mismo de la amnistía hacia los participantes del procés es un reconocimiento a su vez de que los actos perpetrados en 2017 no eran ilegales. Si se llegase a este punto, cualquier parte del territorio español podría declarar de forma unilateral la independencia sin tener estos actos consecuencias judiciales, ya que el gobierno mismo habría dejado sin validez las repercusiones legales de perpetrar un acto de tal calibre con la aprobación de la amnistía. Mucho cuidado pues con esto, ya que de ser así, este escenario supondría el fin mismo de España como Estado-Nación. 

Por otro lado, el hecho mismo de aprobar la amnistía sería reconocer de forma automática por parte del gobierno que España es un Estado no democrático y represor, el cual tiene presos políticos y persigue a las personas por el mero hecho de tener opiniones que difieren de las del resto de la población. Hay que tener cuidado también con esto porque aquí lo que entraría ya en juego es la propia reputación de España ante el resto del mundo, el cual sería considerado un país sin democracia (Esto en parte es verdad, ya que como he dicho en otras entradas España no es un estado democrático sino partitocrático) y sin respeto a las libertades de expresión y al pluralismo político. En definitiva, lo que provocaría todo esto sería acabar con el sistema del 78 sin necesidad de reformar de forma íntegra la Constitución. 

Es aquí donde los intereses de Urkullu y Puigdemont comienzan a ir por separado, ya que mientras Puigdemont estaría teóricamente a favor de un referéndum, pero también de una reactivación de la declaración de independencia de 2017 si las cosas no salen como él espera, Urkullu es partidario de retorcer aún más la Constitución para desde la misma encaminarse hacia el Estado Confederal, lo cual daría el reconocimiento pleno al País Vasco, Cataluña, Galicia, Navarra, Aragón, Andalucía, etc para convertirse en Estados-Nación, pero dentro de una asociación de países que sería España, o lo que queramos llamar que fuese eso si finalmente se llegase a ese escenario.

En definitiva, Puigdemont va nuevamente a por todas, mientras que Urkullu es partidario de darle un último revolcón a la Constitución para cargársela. El sistema del 78 está pues herido de muerte y por ese motivo, entre otros, aquí todos los constitucionalistas están posicionándose claramente en contra de los pactos de Sánchez con toda esta morralla. Insisto en que la posición de los constitucionalistas no es porque les preocupe el futuro de España, sino porque verían peligrar sus sillas si Sánchez (Al cual le da exactamente igual todo con tal de seguir) decide reeditar su gobierno con los mismos que en 2020, con la diferencia de que ahora la banda sí va ya a por todas.

Por si acaso, ya hay algunos que están lavando la imagen del rey con la estúpida noticia que ha salido hace unos días acerca de un reciente encuentro semanal entre Felipe VI y Pedro Sánchez como presidente del gobierno en el que teóricamente el jefe del Estado se habría negado a firmar la ley de amnistía, lo cual habría provocado un enfrentamiento entre éste y el jefe del gobierno, el cual habría terminado con Pedro Sánchez amenazando al rey si no firmaba la ley, lo cual provocaría que Felipe VI hubiese llamado a la Guardia Real para que expulsase de la Zarzuela a Sánchez. A ver, seamos serios ¿Quién coño se cree esta noticia? Porque yo desde luego no. Para empezar, por mucha repugnancia que me dé Sánchez y compañía es de Justicia decir también que el rey no ha podido negarse a firmar la ley puesto que ésta no existe todavía (Al menos que nosotros sepamos); por ello es imposible que haya habido un encontronazo entre ambos por esta cuestión. 

Por otro lado, si hubiese habido tal discusión (Cosa que no me creo, insisto), el rey no se habría negado en absoluto en firmar la ley cuando ésta se presente en su mesa. Primero porque constitucionalmente no puede negarse a ello (Por muy dudosa que sea la constitucionalidad de esa norma), ya que su negativa a firmar cualquier ley supondría una grave crisis constitucional cuyo único precedente en Europa fue el del rey Balduino de Bélgica en 1990, cuando el monarca belga se negó a firmar una ley del aborto, ya que según él "Iba contra sus principios morales y religiosos". 

¿Qué ocurrió entonces? Que en Bruselas el rey fue declarado incapacitado para ejercer su cargo durante unas horas; las precisas para que el gobierno belga firmase en su nombre la ley y ésta entrase en vigor, tras lo cual volvió el monarca a su puesto en la Jefatura del Estado de Bélgica. Si esta situación llegase a España, que no va a llegar, la situación sería mucho más complicada, ya que el rey tendría dos salidas: o abdicar o ser declarado incapaz (Dos salidas que Felipe VI no va a aceptar jamás, y menos viendo el panorama tan hostil que desde el gobierno y sus socios existe contra él); y esto en un país con pequeños pero diversos partidos republicanos podría suponer una oportunidad de oro para éstos, los cuales podrían aprovechar para que la abdicación o incapacitación del rey fuese definitiva y no temporal, lo que nos llevaría a un escenario aún más complejo y peligroso si cabe. 

Pero ese escenario no creo en absoluto que se vaya a producir. Ya dijeron muchos imbéciles monárquicos hace dos años que el rey jamás firmaría el indulto que Sánchez estaba ultimando para Junqueras y compañía, ya que eso desacreditaría su discurso del 3 de octubre de 2017. ¿Qué ocurrió? Que el monarca firmó, y a otra cosa, mariposa. Esos mismos que hace dos años decían que el rey se negaría en rotundidad a firmar los indultos (Los cuales luego lo excusaron manteniendo que el monarca debe cumplir con sus obligaciones constitucionales) son los que ahora van por ahí salvando la cara del jefe del Estado y poniendo la mano en el fuego por Felipe VI, alegando que jamás firmará la amnistía, puesto que dicha ley va en contra de la Constitución. Ya veremos qué ocurre. Y ya por último está la amenaza de Sánchez al rey y la expulsión de éste de Zarzuela a través de la Guardia Real por orden de Felipe VI. Como chiste está bien, pero nada más. 

Quienes crean que el rey (El mismo que lleva el pin de la Agenda 2030 al igual que Sánchez) va a expulsar al presidente del gobierno de la sede de la Jefatura del Estado como consecuencia de una amenaza del socialista al monarca es que también creen en los príncipes y princesas de Walt Disney y en los Reyes Magos. Parece que aquí al personal se le olvida que a la familia Borbón le es indiferente lo que ocurra en España, siempre y cuando esos acontecimientos no afecten a su continuidad al frente del trono. Pero bueno, sigamos creyendo que Sánchez es el malo de la película (Que lo es), pero que tiene enfrente a un rey noble que se preocupa por sus plebeyos y por el futuro de los territorios de su reino. Según parece, algunos están viendo por dónde pueden ir los tiros dentro de no mucho tiempo, y ya están algunos lavando la imagen de los Borbones por lo que pueda pasar. En fin, cuando el río suena, agua lleva. Algo se cuece en Madrid que el resto de españoles ignoramos.

Dicho esto, y como consecuencia de todo lo que está ocurriendo, creo que nada es descartable en estos momentos. Estamos a justo una semana para la investidura de Feijóo (La cual va a ser todo un circo, puesto que el Congreso, con el PSOE a la cabeza, ha aprobado ya el uso de las lenguas cooficiales en el hemiciclo) y no sé cuál va a ser el resultado por mucho que algunos den ya la investidura por fallida. Me explico: la unión de los constitucionalistas, con independencia de su partido, es un síntoma de que puede haber sorpresas de última hora durante la investidura del líder de la oposición. ¿Cómo? Con el escenario de un nuevo tamayazo pero a nivel nacional, en el que diputados socialistas comprados por determinados sujetos se ausenten durante el debate de investidura, lo cual provocaría la aprobación de Feijóo como presidente en segunda vuelta el día 29 de septiembre. Otro escenario posible sería que esos mismos diputados socialistas comprados se abstengan, permitiendo la investidura de Feijóo y la salida de Sánchez del gobierno, lo cual podría provocar un tsunami dentro del PSOE que llevaría a algún presidente autonómico que cuente con el visto bueno de los constitucionalistas a descabalgar a Sánchez y liderar el partido (Sí, me estoy refiriendo a García-Page). 

La cuestión es que Sánchez, con independencia de que siga o no de presidente, optará por seguir al frente del PSOE para recuperar el gobierno más pronto que tarde y eliminará a cualquier adversario interno que se le oponga; siempre y cuando se produjese ese escenario, claro está. Yo siempre he dicho que el problema no es Sánchez (Que también), sino el propio PSOE, el cual es un partido que no debería haber sido legalizado durante la Transición como consecuencia del daño que ocasionó a España desde su fundación en 1879 hasta el final de la Guerra Civil en 1939. Un daño del que algunos durante la Transición hicieron oídos sordos y optaron por volver a llevarlos a la arena, lo que ha ocasionado que en estos cuarenta años hayan rematado la faena que no consiguieron acabar durante la Restauración y la II República. 

Volviendo al escenario que he planteado, también cabría la posibilidad de que si saliese elegido Feijóo, Sánchez purgaría de inmediato a los diputados "Traidores" y colocase en sus escaños a otros que fuesen inquebrantablemente fieles a él. En caso de producirse esto, Sánchez podría hacer algo que hasta la fecha no se ha producido desde la aprobación de la Constitución: la presentación de una moción de censura en cuanto el nuevo presidente del gobierno, que en este caso sería Feijóo, tomase posesión del cargo. Hay que recordar que la Constitución no dice en ningún momento a partir de cuándo debe presentarse una moción de censura desde la constitución de un nuevo gobierno, lo cual podría dar alas a Pedro Sánchez de registrar la moción de censura una o dos horas después de que Alberto Núñez Feijóo entre en la Moncloa. 

Y aquí es donde estaría lo gracioso, ya que con Feijóo en la Moncloa, los constitucionalistas respirarían aliviados al menos de momento, ya que verían que el peligro de Sánchez junto a sus socios separatistas y terroristas habría pasado ya a mejor vida y el Régimen del 78 no correría peligro, al menos a corto plazo. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de Pedro Sánchez, un Lázaro político que está acostumbrado a resucitar más veces que ir al water en plena diarrea. Aquí podría darse el escenario de que con la moción registrada y estando nuevamente en la oposición, Sánchez exigiese el voto a Puigdemont a cambio de la amnistía, el referéndum y todo lo que quiera, sin tener margen de maniobra el ex presidente catalán en exigirle un pago por adelantado, ya que en esas circunstancias Sánchez ya no estaría en el gobierno. 

En realidad y analizándolo fríamente, la llegada de Feijóo al gobierno para de forma automática presentarle Sánchez una moción de censura sería el escenario ideal para el líder del PSOE, ya que en las circunstancias actuales en las que ERC, Bildu y Junts deciden no ir a la Zarzuela a comunicarle al rey sus apoyos, Sánchez siempre estaría como ya he dicho en clara desventaja de votos frente a Feijóo en una eventual investidura. Con la presentación de la moción de censura, Sánchez sólo necesita las firmas de sus diputados para registrar la moción y de paso no podría comprometerse con Puigdemont a aprobar la amnistía antes de la moción, ya que en este caso Sánchez estaría en la oposición y su gobierno no podría refrendar ante el rey la ansiada amnistía de los catalanes. De esta forma, la única opción que le quedaría a Puigdemont es la de confiar (Si es que este término se puede utilizar entre semejantes personajes) en la promesa de Sánchez de aprobarle todo lo que exija en ese momento para devolverlo a la Moncloa. Es, insisto, el mejor escenario para Sánchez, aunque eso suponga su breve salida del gobierno, ya que la moción de censura es el único mecanismo en la Constitución en la que el candidato a la presidencia del gobierno no necesita la designación previa del rey para ir a una investidura. 

Si este escenario se produjese, Puigdemont podría darle los votos a Sánchez en la moción de censura y de esta manera descabalgar a Alberto Núñez Feijóo, el cual se convertiría en el presidente del gobierno más breve en la historia reciente de España, pero que a su vez se quedaría con el pequeño consuelo de haber sido presidente, aunque sea de una forma breve, y defendería que él ha intentado frenar la situación al llegar a la presidencia gracias a los votos tránsfugas del PSOE y de los constitucionalistas, pero que con la moción de Sánchez con el apoyo de los separatistas y los etarras, esa posibilidad se ha extinguido. 

Una vez recuperada la Moncloa por parte de Sánchez, la cuestión sería ¿Y la amnistía y el referéndum? Ahí ya cabe la duda de lo que podría hacer el secretario general del PSOE, que o bien podría devolverle el favor a Puigdemont con la amnistía (Lo cual nos volvería a situar al punto cero de la situación actual), o bien una vez restituido en la presidencia del gobierno dijese "Digo" donde antes dijo "Diego". Sería lo que según el propio presidente del gobierno considera un "Cambio de opinión" y este podría ser uno más. Sería sin lugar a dudas una buena jugada de Sánchez a Puigdemont, la cual sería sin embargo pan para hoy y hambre para mañana, ya que con la composición actual del Congreso, el PSOE seguiría necesitando los votos de Junts para continuar en el poder, si no quieren ir a unas nuevas elecciones el año que viene. De esta manera el escenario continuo por parte de Puigdemont durante toda la legislatura sería amnistía y referéndum, o dejar caer a Sánchez para ir otra vez a las urnas. 

Otro escenario podría ser el de una investidura fallida de Feijóo la semana que viene, lo cual nos llevaría de nuevo a una ronda de consultas del rey, en la que seguramente vuelvan a ausentarse los partidos independentistas y etarras. Esto provocaría que Felipe VI siga sin tener conocimiento pleno por parte de los separatistas y etarras de apoyar a Pedro Sánchez, lo cual volvería a dejar al todavía presidente del gobierno en situación de desventaja frente a Alberto Núñez Feijóo a la hora de sumar apoyos frente al monarca. Ante este escenario, el cual ya se vio en agosto, el rey tendría varias opciones: o bien volver a encargar al presidente del PP que vaya a la investidura, o bien encargarle la misma a Sánchez (Aunque volvería a tener oficialmente ante el rey menos votos que Feijóo), o bien esperar a que los partidos negocien y se pongan de acuerdo para ir a una nueva ronda de consultas, o bien esperar a que los plazos se cumplan y llegue noviembre para disolver las Cortes Generales e ir de nuevo a las urnas el 14 de enero de 2024. 

También podría darse el escenario de que tras una teórica investidura fallida de Feijóo, el rey convoque una nueva ronda de consultas en las que el monarca finalmente decida designar a Sánchez como candidato. En este escenario podría darse el caso de que o bien el presidente en funciones salga investido con los votos de toda su morralla, o bien que (Volviendo a la hipótesis del tamayazo) diputados socialistas previamente comprados decidan o bien no asistir a la segunda votación, o en cambio decidan abstenerse, o simplemente voten en contra de su propio líder. Esto podría suceder como consecuencia de lo dicho hace unos días por García-Page sobre los tránsfugas, por lo que esa situación dejaría las cosas tal y como están, es decir, mantendría a Sánchez como presidente del gobierno en funciones y el reloj seguiría corriendo hacia una nuevas elecciones en 2024. 

Cabe decir que con este hipotético transfuguismo, el PSOE saldría bien parado tanto si se produce en una eventual investidura de Sánchez como si se produce en la segunda votación en la investidura de Feijóo la semana que viene, ya que daría de cara al personal la estúpida idea de que una parte del PSOE mantiene su compromiso con la Constitución y su postura de Estado. De producirse una supuesta sublevación de algunos diputados socialistas contra Sánchez en una hipotética investidura de éste, podrían desencadenarse dos escenarios: Que el líder socialista y presidente en funciones purgue a los diputados "Sublevados" para asistir posteriormente a una nueva ronda de consultas del rey en la que le confirme al jefe del Estado que esta vez sí tiene los apoyos atados y bien atados, o bien que ante tal escenario, Sánchez decida dejar pasar el tiempo para que en noviembre Felipe VI convoque nuevamente elecciones mientras él refuerza su estrategia desde Moncloa. 

Unas elecciones donde Sánchez se jugaría nuevamente a cara o cruz si consigue una mayoría que deje fuera del pacto a Puigdemont y sus exigencias (Amnistía, referéndum, etc), o pierde la mayoría y con ello la oportunidad de seguir en la Moncloa tras el 14-E. Habría que ver qué sucedería entonces, ya que de ir nuevamente a elecciones, Sánchez volvería a perder dichos comicios casi con toda seguridad. La cuestión está en si el PSOE sube en votos y mantiene la mayoría, dejando a Puigdemont fuera (ERC no supondría un problema para el jefe del ejecutivo, ya que tragan con todo), o por el contrario pierde las elecciones y también la mayoría para formar gobierno. Tal escenario sería bastante interesante, y lo sería aún más si el PP baja en votos y no consigue formar mayoría con VOX; lo cual nos llevaría a un nuevo escenario de ingobernabilidad total que sólo podría resolverse con la abstención de uno de los dos partidos mayoritarios en favor del otro, o bien con un gobierno de coalición entre PP y PSOE. 

Tampoco habría que descartar que si Felipe VI decide designar a Pedro Sánchez como candidato en la supuesta nueva ronda de consultas que se ha de celebrar tras la teórica fallida investidura que le espera a Alberto Núñez Feijóo la semana que viene, el líder del PP decida, como buen socialista reprimido que es, regalarle sus votos a su camarada para que éste no dependa de los votos de los independentistas, etarras y nacionalistas. Eso sí, los populares lo venderían como un sacrificio por el bien de España, mientras que los socialistas, como bien agradecidos que siempre han sido, lo catalogarían como una bajada de pantalones de Feijóo frente a Sánchez, el cual podría o bien aceptar la capitulación del PP, o bien rechazarla, profundizando aún más la humillación de éstos. No sería de descartar ningún escenario, incluido este que acabo de describir, ya que Sánchez podría ver que tiene mayores posibilidades de éxito si vamos otra vez a unas elecciones generales en enero.

Un escenario que los constitucionalistas desearían como agua de mayo para votar casi con toda seguridad al PP de forma mayoritaria e intentar desalojar a Sánchez y a toda la bazofia que le acompaña. El problema está en que aquellos que votarían al PP frente al PSOE en enero lo harían no para garantizar la supervivencia de España, que insisto, le es indiferente a todos ellos, sino para asegurar la continuidad del Régimen del 78 ante un Sánchez capaz de todo por seguir en el poder y sus socios, los cuales quieren por un lado cargarse el sistema y por otro, cargarse el país. Yo, por mi parte ya garantizo que si hay elecciones en enero no votaré ni a Dios (Un escenario que personalmente sigo sin ver viable a día de hoy, ya que estoy convencido de que habrá gobierno, sea quien sea).

El pasado 23-J voté a Feijóo, pero no para asegurar la continuidad de este sistema corrupto, sino para evitar que España siguiese en manos de Sánchez y compañía. Como ya hemos visto, Feijóo no se diferencia mucho con respecto a Sánchez, ya que no ha dudado en intentar negociar hasta con Puigdemont para sacar adelante la investidura. De hecho, en el Senado, el PP (Que tiene en esta cámara mayoría absoluta) ha aprobado que tanto Junts como ERC tengan grupo propio, una aprobación que va teóricamente en contra de lo que defendieron los populares cuando el PSOE hizo lo mismo en el Congreso. En definitiva y por desgracia, el futuro de España pasa sí o sí por los separatistas y los terroristas; y eso es algo que tanto el PSOE como el PP asumen y aceptan encantados. Por ello desde aquí digo que si hay nuevas elecciones en enero, este que está aquí no votará a nadie. Que pase lo que tenga que pasar y que el que pueda permitírselo, como ya dije en otra entrada, que salga cagando leches de aquí. 

Habrá algunos que sigan diciendo de forma ingenua y estúpida que la única solución es VOX. No. VOX no es ninguna solución, es parte del sistema, y como tal jamás actuará en contra de sus intereses. ¿O acaso alguien ha visto a VOX manifestarse en contra de que Feijóo intentase negociar con Puigdemont mientras ellos le confirmaban al rey su apoyo en la investidura? Si Junts es un partido golpista y separatista lo es tanto si negocia Sánchez como si negocia Feijóo, por mucho que salgan los González Pons de turno afirmando que "Junts y ERC son partidos democráticos y legítimos". A este paso, dentro de unos años el PP acabará diciendo lo mismo de Bildu, mientras que sus votantes y los votantes de VOX seguirán tragando, al tiempo que los líderes de sus respectivos partidos pactan al igual que la izquierda con los enemigos de España. 

De momento, y para disimular, el PP tiene convocada para este domingo en Madrid una manifestación contra la amnistía de Sánchez a los independentistas que contará con la presencia de Aznar, Rajoy y Feijóo (Justo dos días antes de la investidura del líder del PP), mientras que Sociedad Civil Catalana va a hacer lo mismo en Barcelona el día 8 de octubre; una manifestación a la que Isabel Díaz Ayuso ya ha confirmado su asistencia. Un teatro el de este domingo en el que muchos españoles de bien participarán manifestándose abiertamente contra esta tropelía y creyendo que el partido que la convoca está también en contra de la misma. Pero si esto fuese así, ¿Por qué PP y VOX no presentan una responsabilidad criminal contra el presidente del gobierno en el Congreso de los Diputados? Si Sánchez, aun estando de presidente en funciones, está cometiendo desde el gobierno un delito de alta traición contra los intereses generales de España (Que lo está haciendo, es obvio), lo más lógico y sensato es que se abra la vía del artículo 102 de la Constitución junto con una moción de censura tan pronto como forme gobierno nuevamente, si es que el escenario acaba con Sánchez investido tras un pacto con los separatistas, etarras y nacionalistas, lo cual está por ver. 

¿Por qué no lo hacen? Eso habrá que preguntárselo a los mismos que estos días defienden con uñas y dientes el sistema constitucional pero se olvidan de que lo verdaderamente importante es la defensa de España, lo que demuestra que a todos éstos les importa un carajo su propia nación y en cambio mucho la supervivencia de un sistema que les garantice sus sillones y sus mamandurrias. O quizás no lo hacen simplemente porque todos (Incluido el rey, por supuesto), están a favor de la amnistía y de lo que venga después, aunque públicamente muestren sus discrepancias para mantener engañado y manipulado al personal, para que así continúen creyendo que en esta historia hay buenos y malos, ignorando que sólo existen malos.

Aún así y tras todo lo que he comentado anteriormente debo decir que no creo que la amnistía se vaya a producir (No hablemos ya del referéndum), ya que hay muchos movimientos (Más internacionales que nacionales, en mi opinión) para que no se llegue a ese escenario. Quizás Sánchez, en su ambición y egocentrismo, creía que esto iba a ser para él un paseo militar en el que Puigdemont acabaría agachando la cabeza al igual que Junqueras y cedería a la primera de cambio. Quizás por eso envió a Yolanda Díaz a Bruselas para que se entrevistase con él, dejando el gobierno la imagen de España por los suelos al reunirse el ejecutivo con un prófugo de la Justicia, y creyendo a su vez que el líder de Junts acabaría echándose en brazos de Díaz como ella misma hace cotidianamente con Sánchez. 

Por cierto, una imagen bastante lamentable la de la propia Yolanda besando y echándose en brazos de Sánchez cada vez que éste aparece en escena, la cual va en paralelo con la imagen de Podemos/Sumar, un partido que según sus fundadores se diseñó para combatir al sistema y a la casta que en su momento representaban según ellos PP y PSOE y que ha ido convirtiéndose poco a poco en una sucursal de este último para que finalmente su nueva y feminista líder acabe chupándole el culo (Y quién sabe si algo más literalmente) al líder del PSOE y actual presidente del gobierno; a lo mejor hay líos de alcoba dentro del palacio de la Moncloa y Begoña, entre tanta gestión con las saunas homosexuales de su padre y sus polémicas empresas de las que tanta información dispone Marruecos, aún no lo sabe.

En definitiva, estamos en una situación que a mí personalmente me recuerda bastante a la de septiembre de 2016 y septiembre de 2017. En la primera fecha, Sánchez andaba ya negociando con Puigdemont, Junqueras, Bildu, Podemos, etc para ir a una investidura con sus apoyos y derribar a Rajoy. Finalmente, y tras las continuas voces críticas que fueron surgiendo en el PSOE por esos días (Felipe González entre ellos, al igual que ahora), se produjo el famoso Comité Federal del PSOE del 1 de octubre de 2016, en el que tras la escandalosa y bochornosa situación que se vivió en aquella jornada con Sánchez metiendo papeletas con su nombre detrás de las cortinas en un claro intento de pucherazo, éste fue forzado a dimitir aquella misma noche. La segunda fecha es la que se vivió al año siguiente en el parlamento catalán, con Puigdemont aprobando las leyes de desconexión ante la atónita mirada del resto de España y dispuesto a ir a por todas en su objetivo de realizar el famoso referéndum del también 1 de octubre, esta vez de 2017, el cual se acabó realizando y que tuvo como desenlace la declaración de independencia ese mismo mes. 

Como se puede comprobar, varios años después de estos dos sucesos, tanto Pedro Sánchez como Carles Puigdemont vuelven a ir a por todas con tal de conseguir sus respectivos objetivos, los cuales uno depende del otro: la investidura de Sánchez sólo será posible si éste claudica ante el prófugo y ex presidente catalán, lo cual tampoco es muy difícil para un personaje sin moral y sin escrúpulos como es el presidente del gobierno. La pregunta es ¿Lo hará ante la presión en contra que se está produciendo en los últimos días? Como ya he dicho, no creo que la amnistía se produzca, aunque también puede darse el escenario de que Sánchez apruebe esa ley de amnistía sin que reciba ese nombre, lo cual tampoco es descartable, aunque los efectos serían iguales de letales con independencia del nombre que reciba la ley. Lo único claro es que de aquí sólo uno acabará claudicando, si es Sánchez o es Puigdemont es lo de menos, ya que el futuro de España está igualmente oscuro con independencia de quién se salga con la suya. Pase lo que pase, pierde España. 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Cien años del golpe de la Restauración


En estos días se conmemora el centenario de uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de España durante el Siglo XX: El golpe de Estado liderado por el general Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923. Un suceso que ocasionó un antes y un después en el ya agónico Sistema de la Restauración, ya que tras los convulsos acontecimientos que sufrió España en 1917 (Una revolución fallida similar a la rusa en la que se rebeló parte de la clase política, una facción del ejército y por último gran parte de la sociedad española), la degradación del Sistema, la grave crisis política y social que sufría el país, la crisis militar del Annual en 1921 durante la Guerra del Rif en Marruecos y por último la apertura del famoso Expediente Picasso proporcionó que en 1923, parte del ejército se sublevase contra el gobierno y decidiese poner ley y orden en un país donde el caos reinaba en todos sus rincones. 

Y es que no era para menos, ya que la deriva que llevaba tomando el Sistema desde 1898, y sobre todo, desde 1917 exigía que alguien con determinación y coraje se pusiese a la cabeza del Estado para cortar de raíz todos los problemas que el país venía sufriendo desde hacía años. Ese alguien fue el general jerezano Miguel Primo de Rivera (Padre del futuro fundador de La Falange, José Antonio Primo de Rivera), el cual lideró el levantamiento que parte del ejército realizó en aquel convulso año 1923. Un golpe que tenía por objetivo el de remediar los males del país, pero por otro lado el de parar la hemorragia que amenazaba con llevarse por delante el Sistema de la Restauración. 

Sobre este escenario son muchas las voces que han discrepado en estos cien años sobre la posibilidad o no de que el entonces rey Alfonso XIII estuviese implicado en el golpe de Estado militar. Personalmente creo que sí lo estaba. ¿Las razones? La situación era límite para España en aquel momento, pero también para el propio monarca, que se vio implicado en aquel entonces en el ya denominado Expediente Picasso (Expediente en el que se depuraba a los responsables militares de la crisis del Annual dos años antes). En dicho expediente se reflejó como últimos responsables al propio Alfonso XIII como Jefe del Estado y Capitán General de las Fuerzas Armadas y al por entonces Alto Comisario de España en Marruecos (Una especie de gobernador en el territorio), el general Dámaso Berenguer. 

Pues bien, tras el pronunciamiento de Primo de Rivera la madrugada del 13 de septiembre desde Barcelona (Por aquel entonces era Capitán General de Cataluña), el rey Alfonso XIII (El cual se encontraba en San Sebastián de vacaciones) regresa de inmediato a Madrid y el día 15 de septiembre destituye al gobierno presidido por Manuel García Prieto y respalda el golpe de Estado, nombrando a Primo de Rivera (Que llega ese mismo día a Madrid procedente de Barcelona) presidente del gobierno. Tras tomar posesión como jefe del gobierno, lo primero que hace Primo de Rivera es formar un Directorio Militar, disolver las Cortes, suspender la Constitución de 1876 redactada por Cánovas y poner fin al corrupto y caciquil Sistema de la Restauración, convirtiéndose España en una monarquía dictatorial. 

Eso por un lado, por otro cabe destacar que una de las primeras medidas de Primo de Rivera fue la de dar carpetazo al Expediente Picasso, lo cual corrobora mi tesis de que la implicación de Alfonso XIII en el golpe es clara y notoria, ya que uno de los principales sujetos que se vieron beneficiados de las consecuencias del golpe fue el mismo rey al ver cómo las Cortes jamás llegarían a analizar y discutir un expediente en el que el propio monarca figuraba como responsable último del desastre militar ocurrido en Annual. Algo peor le fue a Dámaso Berenguer, el cual sí fue declarado culpable por lo ocurrido en Annual por un Tribunal Militar en 1924, pero amnistiado pocos días después por el propio Alfonso XIII (En realidad la amnistía iba dirigida no sólo a Berenguer sino también a todos los implicados y condenados en la derrota de Annual).

Volviendo a Primo de Rivera hay que destacar la creación del único partido existente durante su régimen: la Unión Patriótica, un partido con el cual buscaba dejar atrás el caciquismo y la corrupción sistemática hasta entonces, siendo esta una de las decisiones más relevantes que el militar jerezano realizó durante el periodo que comprende el Directorio Militar (1923-1925). Posteriormente se produce la segunda y última etapa del dictador andaluz al frente del gobierno: el Directorio Civil (1925-1930). Es a partir de entonces cuando Primo de Rivera decide crear la Asamblea Nacional Consultiva, una especie de Parlamento (De hecho la sede era el propio edificio de las Cortes) pero sin capacidad decisoria y que sólo servía como asesoramiento al gobierno. 

Por otro lado decide crear el único sindicato existente durante todo su periodo de gobierno: la Organización Corporativa Nacional; y por último decide poner en marcha un proyecto para una nueva Constitución, la cual no llega a entrar en vigor finalmente como consecuencia del creciente rechazo y oposición que este proyecto llegó a provocar debido a los amplios poderes que el documento ya redactado le otorgaba al rey, un poder aun más amplio del que ya disfrutaba Alfonso XIII con la Constitución de 1876, que no era más bien poco. También decide suprimir en 1925 la denominada y polémica Mancomunidad de Cataluña (Institución creada en 1914 y compuesta por las cuatro diputaciones provinciales catalanas); mientras que en 1927 se produce el fin de la Guerra del Rif, lo cual provoca un respiro en la sociedad española, cuya economía (Basada en la nacionalización y el proteccionismo) también mejora considerablemente; a lo que se suma la Exposición Iberoamericana de Sevilla y la Exposición Internacional de Barcelona, ambas celebradas en 1929 y que mejoró la imagen de España a nivel mundial.

Sin embargo las cosas comienzan a torcerse cuando ese mismo año estalla el Crack del 29 y la economía tanto en España como en el resto del mundo se hunde. La dictadura comienza progresivamente a perder apoyos en el propio sistema (Aunque ya ésta arrastraba un declive de pérdida de apoyos desde mucho antes) y se producen varios intentos de golpes de Estado a lo largo del año 1929. Es entonces, quizás incluso antes, cuando Alfonso XIII ve peligrar su puesto al ver cómo la dictadura que él mismo había apoyado se va deteriorando a pasos acelerados. Y es ahí cuando Primo de Rivera se ve traicionado por el rey al darse cuenta de que los intereses del monarca van por libre y decide buscar apoyos a última hora para dar un nuevo golpe de Estado en enero de 1930 a través del ejército, con el fin de mantenerse en el gobierno, expulsar a Alfonso XIII del poder e instaurar una República. 

Lógicamente ese golpe de Estado nunca se consumó, ya que los militares estaban hartos de Primo de Rivera y deseaban pasar página cuanto antes de su periodo al frente del gobierno. Tras verse traicionado por todos, Primo de Rivera presenta su dimisión al rey a finales de enero de 1930, el cual acepta encantado, y nombra, ni más ni menos, que a Dámaso Berenguer (Que desde la amnistía había ejercido como Jefe de la Casa Militar del Rey) como nuevo presidente del gobierno con el objetivo de volver al Sistema de la Restauración y a la reactivación de la Constitución de 1876, la cual seguía suspendida tras el golpe de Estado de septiembre de 1923. Tras sentirse traicionado, decepcionado y desengañado con todos, especialmente con el rey, Primo de Rivera decide exiliarse en Francia, muriendo en París de forma súbita e inesperada pocas semanas después. Una muerte bastante sospechosa que pilló por sorpresa a todo el mundo y de cuya extrañeza no se ha hablado nunca, pero que encierra, en mi opinión, bastantes interrogantes.

Alfonso XIII, por su parte, buscó sin éxito durante 1930 y 1931 volver a la situación previa a la del golpe de Estado de 1923, pero tanto los políticos, los militares y la propia sociedad española consideraban al rey un traidor al haber suspendido la Constitución de 1876 y un cómplice de la dictadura al haber respaldado a Primo de Rivera hasta que éste se fue quedando sin apoyos y lo cesó para asegurarse su supervivencia. Con Berenguer al frente del gobierno, Alfonso XIII quería a través de una dictadura (El gobierno de Berenguer seguía siendo parte de la dictadura originada en 1923, aunque algunos la denominasen como "Dictablanda") volver al escenario previo surgido en septiembre de 1923 como si el paso de Primo de Rivera por el gobierno jamás hubiese ocurrido. Con esto Alfonso XIII quería volver al corrupto sistema caciquil (Que el propio Primo de Rivera combatió durante sus años en el gobierno) mientras hacía oídos sordos a lo que todo el mundo exigía a gritos: un cambio urgente de régimen, cuya llegada inminente se visualizó con el llamado Pacto de San Sebastián en agosto de 1930, donde toda la oposición republicana, desde la derecha hasta la izquierda, pactó la transición inmediata de la Monarquía a la República.

Tras un convulso año 1930 en el que todo el mundo conspiraba contra Alfonso XIII (Hubo hasta un intento fallido de proclamación de la República en diciembre de ese mismo año), el propio rey decide en febrero de 1931 destituir a Berenguer y nombrar al almirante Juan Bautista Aznar como nuevo presidente del gobierno. Es entonces cuando Aznar traza un plan que consistía básicamente en la convocatoria de unas elecciones municipales para el 12 de abril de 1931 y unas posteriores elecciones generales para junio de ese mismo año. Todos daban por hecho que las elecciones municipales iban a ser un plebiscito Monarquía-República; pero Aznar, partidario del sistema caciquil al igual que el rey, confiaba en que la corrupción electoral en las zonas rurales darían un resultado favorable en toda España a los cada vez más debilitados y solitarios partidos monárquicos. 

La sorpresa viene el 12 de abril de 1931 cuando, efectivamente ganan los partidos monárquicos en las zonas rurales gracias al sistema caciquil, pero en las grandes ciudades (Donde el caciquismo no tenía poder ni influencia alguna) ganan las formaciones republicanas. Es entonces cuando tras sondear a la Guardia Civil liderada entonces por el general Sanjurjo y comprobar cómo la Benemérita también le da la espalda, Alfonso XIII se da cuenta de que no tiene ni un sólo apoyo para poder seguir en el trono y hacer frente a una Guerra Civil contra los republicanos. Finalmente el 13 de abril lanza un comunicado a la nación anunciando su salida del poder y al día siguiente abandona España desde el puerto de Cartagena, marchando al exilio como el propio Primo de Rivera hizo un año antes. Ese mismo día, 14 de abril, la Monarquía cae y se proclama en España la II República. Finalmente, y tras tomar parte en la Guerra Civil y financiar al Bando Nacional con el fin de que Franco le restaurase en el trono de España una vez finalizada la guerra (Escenario que no se produjo y que provocó que Alfonso XIII se sintiese traicionado por Franco), el que fuera jefe del Estado español muere de una angina de pecho en un hotel lujoso de Roma en 1941; diez años después de perder el poder a través de un plebiscito no oficial, siendo este uno de los peculiares casos en los que un rey abandona el poder a través del veredicto de las urnas. Lo que vino después de Alfonso XIII ya es otra historia que he contado por aquí en más de una ocasión.

Volviendo al tema que nos ocupa (El golpe de Estado de 1923) debo decir que a pesar de los errores de Primo de Rivera, creo que sus intenciones y sus logros fueron buenos en términos generales (España necesitaba urgentemente en 1923 un giro de timón y Primo de Rivera, en parte, lo consiguió), pero pecó al confiar en un tipo sin escrúpulos como Alfonso XIII. El golpe de Estado que propició su llegada al gobierno sólo sirvió para retrasar la caída de la Monarquía española ocho años más tarde. Quizás sin el golpe de Estado de 1923, el Sistema de la Restauración hubiese caído entre 1924 y 1926, aunque creo que la II República, con independencia de cuándo hubiese comenzado, hubiese sido igual de desastrosa, sectaria, polarizada, divisoria y tensa como la que se instauró en 1931. Una República cuya llegada se daba por descontada quizás incluso desde la revolución fallida de 1917, la cuestión era el momento en el que se iba a producir su instauración.  

Por otro lado debo añadir el hecho de que uno de los principales apoyos que tuvo Miguel Primo de Rivera desde la oposición fue el del propio PSOE, liderados por Francisco Largo Caballero y Julián Besteiro. Algo que quizás deberían anotar en su larga historia los propios socialistas, ya que son muy dados a reivindicar su pasado (Del cual no deberían sentirse tan orgullosos, pero ese es otro tema). Por no hablar del poco respeto que han tenido con la memoria del hijo de aquél a quienes los líderes del PSOE apoyaron en su momento. Sí, me estoy refiriendo a José Antonio Primo de Rivera, al que los socialistas primero fusilaron y luego han exhumado, demostrando con ello un enorme desprecio hacia la figura del fundador de La Falange e hijo de un dictador que ellos mismos apoyaron. Supongo que no les será demasiado fácil explicar a su electorado cómo apoyaron en su momento a un régimen que tanto el propio Primo de Rivera como Alfonso XIII comparaban con el régimen fascista liderado por Benito Mussolini. De hecho fue el rey Alfonso XIII el que, en una visita de Estado a Italia acompañado por Primo de Rivera, le dijo al rey Víctor Manuel III la famosa frase "Ya tengo a mi Mussolini" (En referencia al militar andaluz, lógicamente). 

Personalmente no encuentro grandes similitudes entre Primo de Rivera y Mussolini, ni entre el régimen que el dictador español lideró en sus seis años como jefe del gobierno frente al que ejerció durante veinte años Mussolini como dictador en Italia. Por no hablar de las profundas diferencias tanto de origen como ideológicas de cada uno: Primo de Rivera provenía de una familia aristócrata, militar y de ideología conservadora; mientras que Mussolini era de origen obrero y de ideología socialista (Su padre era socialista y el propio Mussolini también lo fue hasta que fundó el Partido Fascista tras ser expulsado del Partido Socialista Italiano). Como se puede apreciar, ambos dictadores no tenían mucho en común en lo que respecta a sus procedencias sociales y a sus ideologías políticas. 

Y ya para finalizar, con respecto a Alfonso XIII, debo decir que siempre me ha parecido uno de los personajes más nefastos que ha dado la historia reciente de España. De hecho en noviembre de 2017 ya hablé sobre él en profundidad. Considero que fue uno de los personajes principales que más hicieron por traer el caos y la división a este país tanto durante sus años de reinado como durante sus años en el exilio. Ya he comentado antes que estando exiliado en la Italia de Mussolini apoyó la Guerra Civil, financió al Bando Nacional, envió al propio Juan de Borbón al frente, aunque Franco cuando lo vio lo mandó de vuelta por donde había venido, e incluso se sabe que Mussolini mandó aviones a la guerra en apoyo a Franco gracias a la intervención del propio Alfonso XIII. Algo que se supone iba en contra de lo que los monárquicos siempre habían defendido cuando el rey abandonó el poder y España, como era el hecho de que el rey optó por retirarse para no causar una guerra civil en nuestro país; un pretexto que ha demostrado ser absolutamente falso con los datos que se han publicado por los historiadores posteriormente acerca del papel activo que jugó Alfonso XIII en la Guerra Civil desde el exilio. 

Seamos serios, Alfonso XIII se fue en 1931 porque nadie estaba dispuesto a defenderlo, absolutamente nadie. Algo comprensible si tenemos en cuenta que hay autores de biografías sobre el monarca que destacan que tras los sucesos de 1917 y en medio de la Guerra del Rif, el rey barajó la posibilidad no ya de apoyar un golpe de Estado, sino de liderarlo él mismo, con el objetivo de erigirse como rey-dictador; una posibilidad que en Madrid le desaconsejaron de inmediato. Algo bastante grave si tenemos en cuenta que la Constitución de 1876 ya otorgaba amplios poderes al rey; poderes que parece ser que no le resultaban del todo suficientes a Alfonso XIII, ya que en lugar de reconocer sus errores a lo largo de su reinado desde 1902, creía por el contrario que él, que había sido el causante de los muchos problemas que ya padecía España, debía ser el que los corrigiese pero realizando un golpe de Estado para erigirse como dictador absoluto y ampliar aún más su poder. Lo cual demuestra una vez más que los Borbones nunca han sido gente de fiar y que quizás Fernando VII no fue el único rey pésimo con aires absolutistas que ha tenido nuestro país. Cabe destacar también, con respecto al golpe de Estado de 1923, que existe constancia de que Alfonso XIII, ya en el exilio, nunca reconoció que se había equivocado al apoyarlo. Todo lo contrario; se reafirmó en su decisión y reconoció que el único error que había cometido fue el de no activar el golpe mucho antes. 

Esto que he comentado anteriormente son datos que vienen recogidos en libros biográficos sobre Alfonso XIII y que son en mi opinión de extrema gravedad. Pero en fin, creo que a las cosas se les dan la importancia que cada uno quiera darle, y aquí al personal no le interesa por los motivos que sean darle la relevancia y la importancia que en mi opinión tiene el papel que ha desempeñado en la historia reciente de España el rey Alfonso XIII. Pero es lo que tiene vivir en un país donde la mayoría cree que nuestra historia comenzó con la II República, la Guerra Civil y Franco. Seguramente el hecho de muchos de descubrir que existe historia más atrás de estos acontecimientos les resultaría, cuando menos, paradójico. Supongo que como dice el refrán "El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla", y quizás eso es lo que tenga que ocurrir (Y que sin duda ocurrirá más pronto que tarde, visto los acontecimientos) para que algunos descubran que la historia de España se remonta más atrás de 1931 y que por ende hay más acontecimientos y personajes de nuestro pasado que se deben conocer.